lunes, 31 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN RATO EN MI PARQUE

Querida Mariana: esta carta la iba a titular: “Una mañana en mi parque”, pero renuncié, porque jamás he estado una mañana ahí, voy por ratos, quienes sí permanecen toda la mañana son los boleros. Ya todo mundo se dio cuenta que en estos días es imposible caminar por el pasillo exterior, hay muchas carpas que impiden el paso, tanto de los pies como de la vista. Decidí que caminaría por el pasillo interior y así lo hice. Una vuelta que le doy significa ciento cincuenta pasos, así que si camino diez vueltas acumulo mil quinientos pasos. Me divertí. Me topé con gente que estaba sentada en ese circuito, los primeros eran una pareja sentada al lado de un basurero, pensé decirles que no era el lugar más adecuado, sobre todo porque ella comía papas de un cucurucho, de esa empresa que tiene como logotipo un mono; más adelante me topé con una pareja de jóvenes, novios, sin duda, él acariciaba el cabello de ella, que se dejaba hacer; en la siguiente banca una señora fumaba, pensé que había decidido usar su tiempo libre en ese vicio malévolo; en la siguiente banca (todos ellos en la sombra de árboles, de las nueve de la mañana) estaba un muchacho que veía su celular y mordía un vaso de unicel, tal vez el vaso contuvo atol de granillo o jocoatol, no lo sé, su costumbre se me hizo rara, mordisquear el vaso, luego recordé que ahora hay vasos que se comen, sirven el café en vasos comestibles, casi casi como cuando una niña pide una nieve en un barquillo, es un acto maravilloso, comer un pedazo de barquillo mientras se disfruta el helado; más adelante un señor, con una cachucha roja, no hacía más que ver hacia el frente, cada vez que me acercaba su vista me escaneaba. Esas eran todas las personas que vieron mi caminata de mil quinientos pasos, a la mitad del recorrido llegaron tres niños, dos varones y una niña, se sentaron en una banca y ahí estuvieron muy formalitos, sin moverse, sin platicar, uno de los niños jugaba con una bolsa de plástico, le abría un agujero, pero no más. Cuando estaba a punto de terminar mi recorrido escuché una canción que, indefectiblemente, me lanzó al recuerdo de los años setenta, cuando era estudiante de la preparatoria. La canción de “philosopher” apareció y fue muy famosa. Nunca aprendí inglés, pero la primera frase sí la recordé: “All of the children in the park…” (todos los niños en el parque). Es una canción muy bella. Terminó la rola y comenzó una de Los Beatles. Comencé a ver el origen de la música y me di cuenta que provenía de un lugar donde estaba Jesús, el bolero. Me acerqué y vi que, en efecto, tenía un pequeño aparatejo con un USB. Me contó que un guatemalteco le vendió la memoria con música, como tenía música de los setenta y de los ochenta, la compró. Esa mañana de domingo había decidido escuchar un poco de música, de sus tiempos jóvenes, Jesús nació dos años después que yo, en 1959, en el Distrito Federal, muy joven se echó a rodar por muchas ciudades del país y desde hace veinticinco años radica en nuestro pueblo. Me dijo que es requinto, que fue rockero en su juventud y que ahora tiene un cuarteto. Llegó a Comitán hace veinticinco años y acá se quedó, me dijo que se terminó su espíritu aventurero, vive solo, nunca tuvo familia. Le pregunté si le gustaba Comitán, alzó los hombros y dijo que no le queda de otra. Le dije que yo sí disfrutaba mi pueblo, mi parque, me vio y sonrió. Posdata: me despedí y me encaminé al mercado primero de mayo, pero hice el recorrido de mi ruta inicial, todas las personas seguían ahí, sólo los niños ya estaban acompañados por una mujer. El compa del vaso de unicel ya le había hecho algunos agujeros en la base, se divertía jugando con ese material, la mujer del cigarro ya había prendido otro (¿alguna impaciencia quería mitigar? Pensé que también el compa del vaso deslizaba su impaciencia en esa actividad). ¿Cuántas piedras se topa uno al caminar en el desierto? ¿Cuántas en un bosque? ¿Cuántas si pudiéramos caminar en la superficie lunar? Me gusta caminar un rato, hacerlo en mi parque. Mi parque lo presto para que Estrellita le ponga figuritas, pero ahora, diría Flash Informativo, ¡ya ta mucho! Decenas de carpas que no permiten caminar, son como piedras al paso, en un lugar donde el tránsito para peatones debería ser fluido, tranquilo, armonioso, es pues el corazón del pueblo. En fin, dicen los expertos, que peores cosas se verán. ¡Tzatz Comitán!