miércoles, 9 de septiembre de 2026
LA REINA HUIXTLECA DE COMITÁN (parte 1)
En Arenilla tenemos un podcast que se llama “Platicatorio”, se asemeja a los Conversatorios, pero lo que lo distingue es el concepto signado por su nombre: es una plática, sin pretensiones, como si se charlara en una sala de casa. No sé cuántos Platicatorios hemos hecho, ¡muchos! y todos han sido pláticas sensacionales, las personas con las que he platicado me han dejado un grato sabor de boca y sé que quienes han visto los programas lo han disfrutado. ¿Elegir uno? Ah, qué difícil, todos han sido grandes testimonios de vida. ¿Difícil? ¡No, sencillo! Perdón, querida mía, pero hay afectos que no pueden esconderse, al contrario, hay que bulbuluquear, para que llegue la cinta de luz a todo el mundo.
El 9 de marzo de 2022 tuve el altísimo privilegio de platicar con mi mamacita, en ese momento tenía 92 años de edad, estaba lúcida, su estado físico era óptimo y su espíritu estaba lleno de un camino con huellas luminosas.
Ese día, ella, mi Paty y yo, seguíamos confinados por la pandemia. Hicimos uso del Zoom para llegar a los usuarios de redes sociales. ¿Cuánta gente vio y escuchó nuestra plática? No lo sé. Mi mamá y yo estuvimos sentados en un sofá, bien juntitos. Este Platicatorio es mi consentido, porque ahora que ya falleció mi mamá puedo recordar sus palabras y sus gestos, ahí está como fue: linda, bella. De mi papá no tengo más que unas cartas, su letra es la que conservo y, como he platicado, poseo muchos dichos que él repetía, como el de “jodidos por mil, jodidos por mil quinientos”, que decía cuando se tenía que agregar algo para darle un poco de oxígeno a una acción cansada, que no era de buen presagio.
Atesoro la plática que tuve con mi mamá, en la noche de la ausencia ella sigue plena, como una burbuja de aire bueno.
Lo que haré ahora es trasladar a palabras su pensamiento y sus ideas. Ahora que dije pensamiento recordé que ella me contaba que cuando llegó a Comitán le causó sorpresa lo que decía Sara, la sirvienta de casa: “Qué piensa usted” que es una forma coloquial de nuestro dialecto comiteco, que es una frase casi sin sentido, un agregado a lo que se contará después, mi mamá lo traducía en el plano literal y pensaba que debía decirle a Sara qué pensaba. Le molestó al principio que Sara quisiera conocer lo que pensaba, hasta que mi papá le explicó la forma en que los comitecos usaban esa frase.
En el Platicatorio sí contó su pensamiento y me lo dejó como herencia. Como tengo una memoria endeble hago uso de la escritura para que quede para siempre. Lo hago como un mínimo homenaje a su cariño. Para ella yo fui la niña de sus ojos, la ciudad donde caminaba a diario, la nube que llovía sobre el jardín de su cariño.
Al inicio del Platicatorio le pregunté cómo estaba y respondió: “Estoy bien, hijo, estoy bien”. Respuesta grata, esperada, playa que siempre alimenta las orillas de los cercanos. Mucha gente dice que cuando alguien dice que está bien lo hace por cortesía, para no vomitar las dolencias y la tristeza que se cuela como agua en las grietas del techo. Sé que la respuesta de mi mamá fue honesta, porque esa mañana estaba bien, muy bien. Cuando la escuché yo también me sentí muy bien. Vos sabés que, en lo diario de la vida, cuando las querencias están bien uno también lo está, hay un sistema de vasos comunicantes que llevan la savia del árbol mayor a todas las ramas. Si mi papá estaba bien, yo estaba bien; si mi mamá estaba bien, yo estaba bien. Ahora él y ella ya no están vivos, pero al honrar su memoria cancelo el desamparo y me siento bien.
“Nací el 24 de marzo de 1930, en Huixtla, Chiapas”, dijo mi mamá. Vivió en su pueblo natal toda su infancia y parte de su adolescencia. Esto que escribí parecería una línea de la biografía de Rosario Castellanos. Mi mamá vivió una infancia similar. Luego de su etapa huixtleca viajó en tren hacia la Ciudad de México y allá se quedó a vivir, trabajó de secretaria en un negocio de españoles, mi papá la conoció y sostuvo con mi mamá un romance a través de correspondencia postal (algún día escribiré una novela con esa historia). Mi papá y mi mamá se casaron el 19 de marzo de 1955, en la Ciudad de México.
1955 fue el año en que la princesa de Huixtla llegó a vivir a Comitán.
“Me casé el 19 de marzo en México, luego nos fuimos de paseo de bodas por parte de Veracruz, casi un mes estuvimos ahí, tomamos el camión para irnos a San Cristóbal, pero yo tuve mala experiencia al ir a San Cristóbal, me fue muy mal, mucha curva”.
Mi mamá y mi papá no llegaron a Comitán, como tenían programado, porque se asomó una desgracia que los obligó a cambiar la ruta.
