viernes, 11 de septiembre de 2026
LA REINA HUIXTLECA DE COMITÁN (parte 2)
En el Platicatorio del 9 de marzo de 2022, donde platiqué bien sabroso con mi mamá, ella contó que llegó muy mal al hotel en la entrada de San Cristóbal por el curverío que había, y hay, en la vieja carretera de Tuxtla a la ciudad colonial, tierra donde nació mi papá. Una vez instalados en el hotel, mi mamá tuvo una grata sorpresa, “de casualidad me encontré con unas amistades que yo conocía. Eran de Huixtla, estaba el señor, que fue presidente de allá, con su esposa. Me atendieron muy bien.”
Mi mamá no dijo, o yo no le pregunté, cuál era el nombre del ex presidente. Ahora revisé en el Internet y pudo ser Gonzalo Guillén o Armando Serma, quienes fueron presidentes más o menos en la época que mi mamá refirió.
Cuando mi mamá platicó del encuentro con sus paisanos, le pregunté por qué la conocían y ella dijo que en una ocasión estaba en la escuela cuando llegó el presidente municipal en busca de “una muchacha que estuviera alta, para que fuera la abanderada del desfile del 16 de septiembre”. Mi mamá, de jovencita, fue muy espigada (lo fue toda su vida, sus amigas comitecas, con las que se reunía a desayunar ya en los años veinte de este siglo XXI siempre admiraron que ella caminaba bien derechita, con un gran porte, con el porte de una princesa). El presidente buscó entre las niñas de la escuela y, por supuesto, quien destacó fue mi mamá. No sé en dónde, pero por ahí debe estar la fotografía donde mi mamá porta un uniforme de gala y lleva la bandera en alguna calle de su pueblo natal. Se ve hermosa, digna. No es la mirada de un hijo, sino la mirada de alguien que de manera objetiva califica el garbo con que porta la bandera. Ahora, muchos años después, puedo decir que el presidente municipal de Huixtla no se equivocó, eligió a una de las niñas más bellas de aquella ciudad calurosa, que se siente orgullosa porque en lo alto de un cerro hay una gran piedra, la Piedra de Huixtla.
Luego contó mi mamá lo siguiente: “Ya que cumplí quince años fui la reina de Huixtla, de la feria comercial, y me coronó el presidente, entonces, por eso los conocía, me trataron muy bien”. Oh, ¡reina! Mi mamacita fue reina de su pueblo natal, qué orgullo para ella y qué orgullo para Huixtla. Ah, nadita, una linda chica fue la soberana. Ahora que lo pienso debo confesar que me da un poco de pena haberla bajado de su pedestal, porque yo la he bautizado como la Princesa Huixtleca de Comitán, siempre la vi así, pero, ya contó que fue reina, a la altura de la reina Isabel II del Reino Unido, pero luego ya me siento feliz, porque la coloco a la altura de la Princesa de Gales, tan bonita, tan discreta, tan bella, tan de pueblo, sin tufos rancios.
Parece que el encuentro con sus paisanos, personajes ilustres de Huixtla, hizo que olvidara el malestar que tenía mi mamá por el viaje. Ya se puso a platicar con ellos, sin duda que presumió que estaba recién casada y contó cómo había dejado el pueblo de Huixtla y vivido en la gran Ciudad de México.
Luego mi mamá retomó el tema del viaje y me contó que, antes de subir al camión que los llevó de Tuxtla a San Cristóbal “se encontró tu papá con un sobrino”, él se acercó a saludarlos, mi papá presentó a su esposa con el sobrino y éste le dijo: “tío, te quiero hablar a solas”.
