miércoles, 4 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN EQUIPO DE FÚTBOL

Querida Mariana: ¡mentira! No es un equipo de fútbol, aunque hay dos integrantes con playera deportiva y somos once los que estamos en la fotografía. Es una fotografía tomada en los años ochenta, en el Río Grande. Se aprecia la generosidad de los árboles y se distingue un pequeño riachuelo (todavía llevaba un poco de agua ese arroyo). No fuimos a jugar fútbol. ¡No! Fue una reunión de esas que se daban sin prepararlas. Un día viernes, al término de las clases, alguien aparecía con la genial idea de ir a tomar unas cervezas. Ese día decidimos ir al Río Grande. De inmediato sacamos los billetitos para comprar algo de botana y bebidas. Tal vez más bebidas que botanas. Por esto nadie tiene un chicharroncito en la mano, pero ¿qué tal los vasos y las cervezas? Dije que la fotografía es de los años ochenta, ahora me llegó un rayo de iluminación. ¿Y si es 1986? Esto justificaría las dos playeras verdes, playeras de la Selección Mexicana de Fútbol, que portan el profe de Español y el hijo de Ricardo. Digo que puede ser 1986, porque en ese año se realizó el Mundial de Fútbol en nuestro país. El Internet dice que el campeonato se efectuó del 31 de mayo al 29 de junio, así que es muy probable que esta fotografía haya sido tomada en los primeros días de junio, cuando México participó y alcanzó a llegar a cuartos de final donde fue eliminado por Alemania. Tal vez sea cierto lo que deduzco. Si no, ahí disculpás. Como ves, la foto fue tomada ya en la tarde, el sol se dispone a descansar, por esto envía sus rayos de oro con tal belleza que dora las frondas de esos árboles que han crecido a la orilla del río. Esta imagen era común en aquel tiempo. Entiendo que todavía sigue siéndolo, muchos amigos y parientes se ponen de acuerdo para la convivencia. Doña Lolita Albores contaba que en los años cincuenta del siglo pasado era costumbre de las familias caminar hasta el Río Grande, llevando canastas con comida tradicional, no faltaban los paquitos de frijol o de chorizo con huevo, las llamadas gallinas paseadas y una botellita de Comiteco para meterse un pitutazo al salir de la nadada, porque hubo un tiempo en que el lecho del río tuvo la bendición del agua y había lugares donde la gente se echaba clavados. Recordá que en una poza hubo un accidente y un nadador se ahogó. Hoy la gente se ahoga de polvo cuando alguien corre sobre la tierra. Mi memoria pishcul no encuentra el nombre del profe de Español. Me da pena, pero nada puedo hacer para remediarlo. Ojalá uno de tus compas sepa y cincele el nombre en una piedra para que no se olvide nunca más. Mientras tanto te compartiré los nombres de quienes estamos acá, en el orden clásico, de izquierda a derecha: Manolo Nucamendi Pulido, Francisco Roberto Aguilar Alfaro, Jorge Gómez Solís (el famoso Coordi, en ese momento), Francisco Rustrián Herrera, Jorge Gordillo Mandujano, Antonio López Hernández, José Hugo Campos Guillén, Ricardo de Jesús Aguilar y tu amigo. Pienso que para ese tiempo ya no le metía al traguito, porque acá me veo muy decente. Esto no quiere decir que los demás se vean indecentes, pero yo estoy muy bien vestidito, muy formalito, estas dos características no me acompañaban cuando ya había tomado algunos alcoholes; cuando ya estaba con dos o tres entre pecho y espalda tomaba la horma que acá tiene el Coordi. Un día pensé que ya debía ir de regreso y dejé de beber trago y, como consecuencia natural, también dejé de ir a reuniones. Hoy es casi imposible que me encontrés en una fotografía similar. Posdata: estas reuniones eran simpáticas, fomentaban la convivencia, ahí brillaba el talento de los grandes contadores de anécdotas, en la foto hay varios excelentes conversadores, geniales improvisadores. Quienes tienen la fortuna de conocerlos saben que hay mucha vida en cada testimonio, que son personas que viven con intensidad. Yo me pegaba y disfrutaba sus ocurrencias. Ya no. Por esto, cuando paso por la mesa de la Esquina de Belisario y veo al grupo de amigos que se divierten pienso que ellos se llenan de vida. A todos los veo llegar día a día con puntualidad para tomar un refresco o un café (nada de trago, cuando menos ahí) y gozar de la comunión en comunidad. Bien por ellos. Bien por todos los amigos que se reúnen para vivir la hermosa experiencia de la convivencia. ¡Tzatz Comitán!