miércoles, 20 de mayo de 2026
CARTA A MARIANA, CON UNA AMIGA DE ROSARIO
Querida Mariana: en Comitán, cuando decimos Rosario la mayoría sabe que hablamos de la pichita consentida: Rosario Castellanos.
Anexo la fotografía de una amiga cercana de Rosario, mi tía Betty Córdova, de rostro bello. Acá está con un peinado especial, con caireles; con aretes que enmarcan su rostro; y con una blusa que tiene un peto en la parte superior.
Ella fue amiga cercana de Rosario, estuvo casada con mi tío Gil, que laboraba en Telégrafos de México. Te conté que de niño iba seguido a la casa de ella, jugaba con Gil, el hijo mayor. Cuando era cumpleaños de Gil, la tía nos invitaba a varios chiquitíos y hacía juegos, repartía premios a quienes ganaban, siempre me pedía que cantara una canción que le gustaba, era una canción que cantaba uno de los cantantes de la época de los años sesenta: “…por qué se fue, por qué murió…” Creo que el cantante era Enrique Guzmán o César Costa, cuenta la historia de un compa que sufre un accidente automovilístico.
Dicen algunas personas que la tía Bety contaba anécdotas que vivió en la convivencia de Rosario y que otros compas se apropiaban de las anécdotas y las contaban como si ellos hubieran sido los protagonistas. La tía Betty vivió de niña en una casa que está contra esquina del templo de El Calvario, así que para ir a casa de Rosario le bastaba caminar media cuadra, porque Rosario, de niña, habitó la casa que está frente al módulo turístico en el edificio donde está la presidencia municipal. He platicado que Gustavo Armendáriz hizo favor de enviarme el árbol genealógico de Fray Matías de Córdova y en una de las ramas apareció el nombre de mi abuela materna, Esperanza Córdova. Cuando mi abuela Esperanza venía al pueblo a estar en casa unos tres o cuatro meses iba con frecuencia a casa de mi tía Betty donde la recibían con mucho cariño, el afecto dictado por el apellido Córdova.
Mi tía ya falleció hace años. Ella sufrió mucho la ausencia física de Pepe, uno de los hijos, que fue un comiteco de hueso colorado, que escribió libros que aportan a la identidad comiteca, libros de cuentos con el lenguaje de la región y un libro esencial que da cuenta de modismos de Comitán. Mi tía Betty iba todos los domingos a casa de la tía Maty Bermúdez, ahí comía en compañía de Doña Maty Trujillo y de mi mamacita. Cuando terminaban de comer, mi mamá y mi tía iban al parque central, compraban una nieve, se sentaban en una banca y escuchaban la marimba. La tía Betty fue una ferviente admiradora del sonido de la marimba. Tenía una bolita en la parte superior del pecho, así estuvo durante mucho tiempo, cuando un médico se lo jugueteó, ella comenzó a sentirse mal hasta que falleció. Así partió una de las grandes amigas de Rosario, que compartió muchos momentos en la infancia. Es lógico de entender que Rosario, niña de familia de hacendados, sólo tenía permitido que la visitaran niñas, sus amigas y entre éstas, mi tía Betty era una de sus más cercanas.
Rosario se volvió famosa y el año pasado todo México celebró el cumpleaños número cien. Pensé que era buena manera de seguir honrándola mostrándote la fotografía de una de sus amigas, ahora que se presenta en Comitán el libro: “Rosario Castellanos. Nací de mi sueño. Iconografía”, libro de gran belleza, editado por Coneculta; libro donde viene una serie de fotografías de Rosario en diferentes etapas de su vida, en esas fotografías aparece al lado de sus afectos y de gente importante con la que se rodeó. Acá está la foto de una amiga entrañable, con quien compartió juegos en el patio de la céntrica casa comiteca.
Posdata: ya recordé, la canción que mi tía me solicitaba la cantaba el grupo “Los Apson”.
¡Tzatz Comitán!
