lunes, 14 de septiembre de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN DÍA CUALQUIERA

Querida Mariana: un día cualquiera. En Comitán, un día cualquiera puede ser de fiesta. El otro día fui a mi parque, el parque central. Voy seguido, casi todos los días, a veces me siento en una banca, en otras ocasiones lo camino porque voy a otro sitio, pero siempre lo disfruto. En este tiempo, Estrellita ya le puso figuritas alusivas a las fiestas patrias. Una mañana de estas saludé al presidente municipal, el Señor Fox, me invitó a la ceremonia del grito. Le agradecí el alto honor, pero le expliqué que soy como las gallinas, a las siete de la noche ya me enchamarro, porque, vos lo sabés, me levanto a las cuatro de la madrugada. Jamás he estado en una ceremonia de esas, debe ser algo bonito, porque, como dice Villoro, esa ceremonia es un buen pretexto para la convivencia, para estar unidos. Conmemoramos la independencia de la patria, pero como seguimos siendo dependientes de muchos aspectos, pues cuando menos gritemos ¡viva México!, en ánimo de darnos esperanza de un mejor porvenir. El día que hablo caminé por mi parque, vi a mi amigo Amín Guillén sentado en el asiento de un bolero, me acerqué a saludarlo. Bien, ya estoy bien, me dijo, me dio gusto. A veces nos ponchamos, pero una buena recarga, no sólo con aire, sino con nitrógeno, que es lo que está de moda ahora en las llanteras, nos pone en activo de nuevo. Platicamos sabroso. Cuando el bolero terminó de limpiar los zapatos de Amín, nos paramos y nos despedimos. Él caminó rumbo al café y yo rumbo a la oficina. De pronto escuché que alguien me hablaba. Me volví y hallé a mi amigo el licenciado Daniel Oswaldo, quien es primer regidor en el actual Ayuntamiento Municipal. ¿Una carnita?, ofreció. Aprecié, entonces, lo que ahora vos ves en la fotografía que anexo: una mesa de plástico, encima de ella dos cocotas, vasos y platos desechables, un kilo de tortillas y en una bandeja ¡carnitas calentitas! Daniel Oswaldo, con sombrero, a resguardo de una sombra galana invitaba a sus amigos boleros. Cada año lo hago, me dijo, mientras servía carnitas en los platos y convidaba a los compas y a quienes pasaban por ahí. Sabés que no le entro a las carnitas, así que me concreté a mirar la alegría de los compas que las disfrutaban. Daniel Oswaldo me dijo que él las había preparado, porque, como sabe todo mundo de acá, él tuvo una carnicería afamada en el barrio de la Cruz Grande, pero cuando se metió a la política abandonó su vocación primera. Alguien dijo: perdimos un buen carnicero. Yo pensé: ¿ganamos un buen político? Fui testigo del éxito de las carnitas, porque por ahí pasaron dos jóvenes, una chica y un chico, que aceptaron el ofrecimiento, comieron tacos de carnitas y al final el chico preguntó dónde podía comprar más. Daniel Oswaldo platicó lo que ya dije: tuvo su carnicería, pero ahora el primer regidor no se dedica a eso. Las delicias que ofreció a los compas boleros es una galantería anual. Así que al chico no le queda más que darse otra vueltita un día cualquiera, pero de los próximos años. En menos que maúlla un gato se terminaron las carnitas, estaban deliciosas, me dijeron, así se veían. Los taquitos fueron acompañados con vasos de Coca Cola y con una plática cotidiana, con el buen cotilleo comiteco. De broma le pregunté si había pedido permiso en el Ayuntamiento para poner esa mesa, pero luego me arrepentí, porque recordé que el dueño del parque soy yo, yo se lo presto a Estrellita para que ponga sus figuritas y yo, de igual manera, lo presto a Daniel Oswaldo para que realice, una vez al año, esta acción que disfruté. Daniel Oswaldo debía hacerla cada mes, digo. Seguro que a la vuelta de un año se volvería algo tradicional, algo que resultaría un gran acto, todo mundo hablaría de las carnitas de Daniel Oswaldo y de su generosidad, claro que ya no llevaría una sola charola, sino varias tinajas, lo que lo llevaría a ser considerado para el Récord Guinness y mi amigo se volvería famoso y aparecería en televisión nacional. Posdata: como en cualquier lugar del mundo, en Comitán, cualquier día toma una cara amable, como en esta ocasión, los compas boleros disfrutaron las carnitas, agradecieron que su compa Daniel Oswaldo siga con la tradición anual de convidarles unos tacos de riquísimas carnitas, preparadas por él, con la sazón particular que él posee. Me dijo el nombre de su afamada carnicería, pero lo olvidé. Debe haber mucha gente que recuerda el nombre. Algún día la historia recordará la leyenda del buen carnicero que llegó a ser primer regidor. ¡Tzatz Comitán!