martes, 15 de septiembre de 2026

LA REINA HUIXTLECA DE COMITÁN (parte 3)

Mi mamá quedó sorprendida, vio que mi papá se alejó con el sobrino que le había hecho una solicitud especial: “tío, te quiero hablar a solas”. ¿Qué puede pensar una recién casada ante tan inusual petición? ¡Mil cosas! Mi papá le dijo a mi mamá que esperara tantito y se alejó en compañía del sobrino, mi mamá los vio caminar a la parte trasera del camión. Mi mamá quedó sola en el asiento, estaba lejos. Sabe que una historia está ocurriendo en la parte trasera del autobús. Advierte una mano en el respaldo del asiento, mi papá se sentó, tomó la mano a mi mamá, y contó lo que el sobrino había dicho: “le dijo que su cuñado, quien había estado en México, en la boda, esposo de su hermana Lolita, ya se había muerto”. ¡Cómo! Él había estado en marzo en la Ciudad de México, había disfrutado el convivio que se había ofrecido en la terraza de una casa de allá y ahora, ¡Dios mío!, estaba muerto. Mi tía Lolita y su esposo vivían en la ciudad de Villaflores y tenían la sucursal de la cerveza Carta Blanca, la misma marca que mi papá expendía en Comitán. De hecho, la mayoría de cartas que mi papá le enviaba desde Comitán a su novia Hilda iban en sobres con membrete de la cerveza Carta Blanca, con la dirección. Mi mamá siguió contando y dijo: “¡Esa fue la gran sorpresa! La recibida que me dio San Cristóbal fue ir al panteón a enterrar al cuñado de tu papá”. El suceso fue inesperado. Mi mamá había estado conviviendo con el cuñado de mi papá, tal vez había brindado con él y ahora, en San Cristóbal, iba al panteón a acompañar a mi papá y a las demás amistades y familiares para la sepultura de su cuerpo. Tengo una ligera imagen del panteón coleto. Sólo en dos ocasiones estuve ahí, una vez para el entierro de mi tía Carmelita Molinari, hermana también de mi papá, quien fue una linda señora, que sólo cariño me dispensó las veces que estuve con ella; y el segundo entierro fue el de mi tío Juan Bermúdez, quien, durante muchos años, muchísimos, fue el sacerdote de Amatenango del Valle. En 1955 mi mamá fue a acompañar a mi tía Lolita Molinari viuda de Díaz, quien luego sería una gran amiga. Cuando mi tía llegaba a Comitán, desde San Cristóbal de Las Casas, lugar donde vivió después de Villaflores, iban juntas a La Línea a comprar telas y juegos de té. En el panteón, contó mi mamá, entre otros familiares, estuvo mi tío Manuel Molinari, “ahí nos encontramos con el hermano de tu papá, tu tío Manuel, que vivía en Huixtla”. Mi tío Manuel también estuvo en la boda de mi papá y de mi mamá, en la casa tengo una fotografía donde mi tío abraza a mi mamá, quien está linda con su vestido blanco. Mi tío también era distribuidor de una cerveza en el pueblo de mi mamá. Mi mamá dijo que el tío Manuel le dijo a mi papá que, como era distribuidor de la cerveza Carta Blanca y conocía la marca debía apoyar a la hermana Lolita y mi papá, en compañía de mi mamá, cancelaron sus planes originales, ya no llegaron a Comitán, sino que se desviaron a Villaflores, para que mi papá atendiera el negocio y mi mamá acompañara a la cuñada en su pena. Mi mamá contó que mi tía Lolita estaba con la pena del fallecimiento de su esposo y esperaba criatura para pocos días después. Mi papá y mi mamá estuvieron en los trajines del parto. ¡Qué historia!