martes, 31 de agosto de 2010

PROPUESTA


ARNULFO CORDERO ALFONZO, EX PRESIDENTE MUNICIPAL DE COMITÁN Y EX DIPUTADO FEDERAL POR NUESTRO DISTRITO ENVIÓ UNA CARTA AL PRESIDENTE ACTUAL, OSCAR EDUARDO RAMÍREZ AGUILAR, DONDE HACE LA PROPUESTA DE QUE EL TEATRO DE LA CIUDAD JUNCHAVIN LLEVE EL NOMBRE DE OSCAR BONIFAZ. ACÁ EL CONTENIDO COMPLETO DE LA CARTA.

lunes, 30 de agosto de 2010

INSTRUCCIONES PARA SUBIR A LA AZOTEA




1.- Jugar al Cristóbal Colón. Elegir “La Pinta” para rezarle a la “Santa María” por el prodigio de que “La Niña” se decida a navegar sueños.
2.- Nunca hacer reflexiones acerca del fin del mundo, más bien reflexionar acerca de la infinitud del universo.
3.- Tener cuidado cada vez que alguien “siembra inquietudes”, porque no se sabe bien a bien qué árbol crecerá. En ocasiones resultan manzaneros y en otras árboles de papaya.
4.-. Cambiar los cuentos de los genios. A partir de hoy ya no concederán deseos, únicamente servirán como diques cuando el agua del deseo asome en la mente.
5.- Entrenar a todas las aves para que sean mensajeras. Se nombrará decanas a las palomas y principiantes a los colibríes.
6.- Los lazos de los tendederos pueden usarse como hilos para enviar mensajes.
7.- Los que son iluminados usan las azo-teas para brillar con más intensidad.
8.- En noche de luna llena invitar a los compas para jugar golf en los hoyos del Mar de la Tranquilidad.
9.- Jugar a inventar los mandamientos que le faltaron a los Diez. Uno de ellos puede ser: “No desearás a tu prójimo sin aroma de mujer”.
10.- Cuando alguna muchacha bonita nos deje “plantados”, debemos asumirnos como renuevos dispuestos a crecer sin agua.
11.- Subir a un puente peatonal, sólo para advertir que el mundo se mueve de un lado para otro sin tener conciencia de que la inmovilidad es necesaria para construir caminos novedosos e inéditos.
12.- Bautizar las cosas como si no tuvieran nombre (ver qué pasa cuando el piano sea nombrado como árbol y la rosa sea nombrada azucena).
13.- Construir escaleras con escalones pares y nones. Los nones son para niños y los pares no existirán más que en la mente de los adultos (es reiterativo decir que sólo los nones conducen al nivel de arriba).
14.-Imaginar que las antenas parabólicas son naves interplanetarias y los tanques estacionarios son seres inteligentes de otras galaxias.
15.- Escribir guías de usuario para crear pararrayos sobre las chimeneas.
16.- Apagar la televisión y subir a la azotea para prender la pantalla de plasma del cielo.
17.- Para contar una buena historia es necesario que las llaves maestras estén colgadas sobre el cable coaxial de los sueños.
18.- Plantar una enredadera sobre los caireles de las niñas que todavía se conforman con jugar una muñeca de trapo.
19.- Hacer ofertas del “dos por uno” de vez en cuando: “Dos esfuerzos para un logro”; “Dos alientos para una inspiración”; o “Dos vuelos para un dragón”; y
20.- Si, de pronto, en el viaje al Desierto aparece una cobra, decirle que no tenemos sueños hipotecados.

sábado, 28 de agosto de 2010

AYER FUI SEMINARISTA


El Centro Cultural Rosario Castellanos me invitó a participar en el foro del Seminario de Radio Cultural. Para tal propósito escribí (y leí la tarde de ayer) un textillo. Paso copia.

Buenas tardes.
Desde siempre tuve conciencia de que en el principio fue El Verbo, por esto, confieso ante Dios Todopoderoso y ante ustedes, hombres y mujeres sonoros, que ¡no soy hombre de radio! Me asumo hombre de letras, me asumo escritor.
No obstante, en dos o tres ocasiones de mi vida me he descubierto metido en cabinas de radio. Ahí he descubierto porqué soy hombre de letras y no hombre de radio. Los escritores realizamos nuestro oficio en soledad. Por el contrario, los hombres y mujeres que hacen radio deben hacerlo con la total certeza de que lo hacen con otros, para otros. Yo escribo solo también para los otros, pero no necesito de nadie más para la posproducción, por ejemplo. No necesito de nadie que le ponga efectos especiales o haga labores de edición. Me seduce el mundo de la radio, pero no me hace suyo, por esto. Soy hijo único, ahora entenderán.
Quien se asuma como ser de radio debe asumirse como un ser social y saber que la comunicación depende del trabajo en equipo, más un equipo (antes se decían hombres bulbos, ahora son digitales y, entiendo, digital viene de dígito – dedo y pues con los dedos se hacen muchas más maravillas que con los delicados bulbos).
Ayer, un participante del Seminario preguntó si en radio ya todo está descubierto, si ya no tiene cabida la imaginación. Hace trece años me pregunté lo mismo, me lo pregunté con mayor conciencia, porque siempre rondó tal idea en mi cabeza. En Comitán, ah, pueblo querido, casi casi olvidado de la mano de Dios, los programas radiofónicos eran sosos en el inicio de la radio. En el principio no fue el verbo sino la voz repetitiva de Enrique Guzmán o de Leo Dan (¡por el amor de Dios).
Hace trece años le presenté un proyecto a Mario Escobar, gerente del IMER, que ayer participó en este Seminario. Él, al ver que la presentación del proyecto fue un simple: “¿Cómo lo mirás si me das una hora de radio para hacer un programa?”, me preguntó: “¿De qué va a tratar?”, y yo le dije: “No sé, bien a bien. Quiere ser un programa de imaginación”. Mario, que es imaginativo, saber qué imaginó ante tal propuesta, pero, generoso, dijo: “Sale” y una noche el programa “salió al aire”.
Ale Laguna que acá sigue enredada en este oficio (parece que es un mal que no tiene cura), hizo la entrada del programa, que más o menos decía “Imagina que te llamas, viento, mar, agua, libertad, casa, tren, pala, hoyo (sin albur)”, y bueno, por ahí se iba. Claro, trabajado con sus efectos, de tal manera que a la salida de la entrada (ah, qué bonita paradoja) había un conteo hacia atrás, como si estuviésemos en Cabo Cañaveral y el cohete despegaba y con ello el programa, que, ya ustedes adivinaron, se llamó “Imagina que te llamas”.
En medio del programa colocábamos algo que llamamos viñeta, término que, entiendo, no tiene algo que ver con el argot radiofónico, pero nosotros lo usábamos. En un instante determinado anunciaba: “Ahora va viñeta” y la viñeta aparecía.
(inserción)(Nota: acá el auditorio escuchó un fragmento del programa).
Claro, esto era como un complemento, porque el platillo fuerte era ¡nuestro invitado! Juan de las Pitas o Amanda de los estambres llegaba, se sentaba y, sin saber bien a bien qué onda (ahora sí empleé un término radiofónico) era invitado a jugar con nosotros.
Digo nosotros porque ya dejé en claro que este oficio no permite el acto individual. En esta aventura me acompañaron Luis Felipe Gómez Mandujano, Olga Alicia Montejo Baeza, Raúl Espinosa Mijangos, Monserrat y Fabiola Guillén Solís, Guadalupe García Gómez, Roberto Antonio Álvarez Solís y más compas, muchos más.
El invitado, entonces, tenía que imaginar que se convertía en el objeto que le señalábamos. Era divertido, lúdico, cachondo.
Oímos la inserción del programa donde jugamos el juego de “Imagina que te llamas ojo”. Ahora es bien sencillo. Imaginen que son nuestros invitados y los invitamos al juego. Imaginen que se llaman ojos, imaginen que son ojos. Shhh, cuidado, no se metan el dedo, porque se pueden infectar. El que se puso colorado en este instante es porque es aficionado a fumar de esas matitas verdes que ahora existen en muchos sitios de las casas comitecas.
Esto era el programa. No recuerdo el día de transmisión, pero se transmitía de noche. Creo que de 8 a 9. Francisco Nucamendi, el famoso Nuca, también colaboró porque, él, igual que ustedes, es hombre de radio y, todo mundo lo sabe, en vida pasada fue un hombre que en lugar de tener la barba negra que tiene hoy, la tenía roja porque le encanta hacer radio pirata.
Gracias por su atención.

viernes, 27 de agosto de 2010

TARDE DE PALOMITAS




Me mandó un correo con dos preguntas: “¿Si fueras película cómo te llamarías? ¿Qué clasificación?”.
En mi niñez y adolescencia fui cinéfilo de hueso colorado. El Cine Comitán y el Cine Montebello fueron extensiones de mi casa. Casi casi iba diario. El domingo entraba a la matiné de las diez de la mañana, salía a las dos de la tarde (después de haber visto las tres películas que exhibían), corría a mi casa a comer y regresaba para la función de la tarde. Así pues, la ración era: cinco películas domingueras. Mis amigos iban al Club Campestre, a los ranchos, viajaban a San Cristóbal con sus papás o iban a los campos cercanos a volar papalotes o a bañarse en las pozas. Yo era más modesto. A la matiné iba solo, pero a la función de la tarde iba acompañado de mis papás. Mis domingos eran maravillosos porque me los pasaba al lado de Clark Gable, Sophia Loren, Vivien Leight, Marcello Mastroianni, Jorge Rivero, Pedro Infante, Sara García, Enrique Guzmán, Angélica María y demás Corte Celestial (ya en la adolescencia me gustaba estar al lado de Meche Carreño y de Isela Vega, actrices generosas en eso de mostrar el misterio del cuerpo).
El crítico de cine, Emilio García Riera decía que “el cine es mejor que la vida”. Yo siempre he sostenido que la vida es el cine, el cine ¡es la vida! Mientras permanecía adentro de la sala el mundo funcionaba tal como debe funcionar para que se llame mundo. El actor que moría en lunes en una película de vaqueros aparecía vivito y coleando en la película romántica del viernes. Nueva York bien podía desaparecer en un ataque extraterrestre, pero películas más tarde aparecía deslumbrante con su Empire State Building y sus calles llenas de vidrieras y luces. Nuestra vida tendría que ser esta maravilla y no la no maravilla que es.
Si fuera película, ¿cómo me llamaría? Me llamaría “Película”, porque esto ha sido mi vida, esto seguirá siendo. He descubierto que soy un actor maravilloso del único papel que me ha sido asignado. No pretendo interpretar algún otro papel. No me muero por interpretar a Goethe o a Jesús o a Marx ni a Saramago o algún otro personaje histórico famoso. Me conformo con interpretarme a mí mismo con la mayor intensidad que me permite “Ser” a la hora que “me meto en mi personaje” para dar mi mejor interpretación.
Como en la ficción se vale todo, me gustaría ser una película clasificación “para todo público”, porque creo que la vida, como el aire, no hace distinción a la hora de respirar, que es lo mismo que decir ¡a la hora de vivir!
Hoy, por cuestiones de monopolios y de complejos culturales, es difícil que una película mexicana tenga las mismas oportunidades de ser exhibida en los circuitos comerciales como lo hace una película norteamericana (¡bestia, como si no viviéramos en México!). Pero me gustaría que mi película “Película” sea vista en cine clubs, no sólo por mis familiares y afectos. Me gustaría ser una función de esas que, en los años sesentas, se exhibían en alguna pared. El camión con el proyector se estacionaba enfrente y en cuanto la noche aparecía, la vida se mostraba plena ante nuestros azorados ojos.
Me gustaría que la función fuera de “permanencia voluntaria” para que dos o tres espectadores no tuvieran necesidad de regresar a casa, a esa rutina que, algunos, llaman vida.
Como la vida de cualquier hombre, mi película también está escrita por renglones torcidos y por la mano insólita de un guionista fabuloso que no veo, pero que intuyo está detrás de la cámara y que es el mejor director del universo porque me permite, de vez en vez, que yo improvise.
Igual que la famosa cinta “Arca rusa”, la mía también está rodada en una sola toma infinita, sin ediciones. Por esto, mi película no admite cortes ni la inclusión de efectos especiales, si acaso, de vez en vez, algún cohete que estalla en el cielo.
Sólo esas dos preguntas me envió. Yo le respondí y agregué una pregunta: “Si fueras Vivien Leight, ¿qué dejarías que el viento se llevara?”.

miércoles, 25 de agosto de 2010

CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA CÓMO HAY REYES TODAVÍA




Querida Mariana, el sábado fui al parque de Guadalupe. El jardín está sembrado con rosales. No me gustan las rosas, prefiero las orquídeas u otra flor sencilla. Pero entiendo que el jardín tiene rosas porque éstas fueron las flores que eligió la Virgen. El viento de la tarde acariciaba las plantas que, humildes, se inclinaban ante él.
Según don Pancracio, el hombre tiene armonía en la medida que vive en el lugar de sus sueños y de sus deseos. No hay peor destino que vivir en un lugar mientras soñás vivir en otro; no hay peor decisión que trabajar en algo mientras tu vocación se columpia en otro árbol. Algún día comprobarás que no hay peor alianza que estar con un amado mientras deseás estar con otro, con el improbable hombre de tus sueños y de tus deseos.
Vos, así lo percibo, sos feliz viviendo en este pueblo. Hubo un tiempo que soñé con otros lugares y no viví a plenitud en Comitán. Hoy me siento pleno, porque cuando me retiré de acá supe aquel dicho clásico de que no sabés lo que tenés hasta que lo mirás perdido. Soy afortunado por haber regresado a recuperar este viento. Hay muchos que nunca logran recoger sus huellas, porque tienen miedo de que les suceda lo mismo del personaje bíblico que se convirtió en estatua de sal. A veces, así lo creo, es bueno echarse para atrás. Reconocer que uno se equivocó y rescatar los cielos abandonados, los vientos que otorgan vida.
Ayer, Javier me dijo que, si pudiera, compraría el templo de Santo Domingo de Guzmán, en Comitán. Lo compraría para que fuera su residencia. Sueña con poner su comedor en la nave mayor y colocar su recámara en la capilla donde ahora está la Virgen de la Concepción. ¡Ay, Mariana! Juro que he oído deseos de toda índole, pero jamás, jamás, había conocido un sueño similar al de Javier. Imaginé a Javier al despertar, al abrir los ojos y recibir los rayos de Sol filtrados a través de los vitrales que han tamizado el incienso de los años. Luego que me repuse de la sorpresa, le pregunté a Javier qué haría con la pila bautismal, qué con el altar, qué con las imágenes de San Martín de Porres y de la Virgen de Guadalupe. No sé si alguien en el mundo tiene algún deseo que se acerque al de Javier. ¿Alguien en Tuxtla sueña con comprar la Catedral de San Marcos? ¿Algún tipo Slim sueña con comprar el Vaticano, para hacer de la Capilla Sixtina un “spa”?
Te juro que sigo en estado de gracia por la confidencia de Javier. Él me dijo que está consciente de la imposibilidad de su deseo, pero le gusta imaginar el juego. Hoy en la mañana pasé por el templo y vi la puerta abierta y pensé que Javier, tal vez, ya siendo propietario, mantendría la puerta cerrada, porque no faltaría la beata que no se enterara del cambio de propietario y al entrar y ver a Javier sentado en la inmensa mesa de caoba gritara como poseída “¡milagro, milagro!” y cayera en estado catatónico, creyendo que Javier era Jesús redivivo.
PD. Nunca, querida Mariana, he tenido un deseo como el de Javier. Nunca lo he hecho, porque un poco al estilo de aquel mendigo de la película “Cinema Paradiso”, yo, siempre que paso por el parque de Comitán, voy repitiendo, en maravilloso italiano, aquello de “La piazza è mía, la piazza è mía”; y cuando bajo por la calle que va rumbo a San Sebastián rezo los versos de un poema de Mirtha Luz: “Yo no soy de Comitán, Comitán es mío”. Nunca he necesitado hipotecar algo para poseer lo que alcanza mi mirada. Las posesiones materiales nunca han sido mi deseo. Por esto digo que no me gustan las rosas y prefiero la flor sencilla. ¿Ser dueño del templo de Santo Domingo de Guzmán? ¡Qué alcance el de Javier!

martes, 24 de agosto de 2010

lunes, 23 de agosto de 2010

INSTRUCCIONES PARA DIBUJAR OJOS


Con un abrazo para Raúl Espinosa Mijangos,
por celebrar veinte años de caricaturista.



1.- Cerrar los ojos con fuerza y no abrirlos hasta que se visualice, con nitidez, el par de ojos de la amada.
2.- Imaginar que el tiempo da vueltas en sentido contrario. Como si fuese un viaje en Metro bajar en la Estación Juan Sebastián Bach. Escuchar, en vivo, una de sus sonatas. Como recuerdo del viaje pedirle un autógrafo. Al regresar ponerse en contacto con Sotheby’s y vender el autógrafo auténtico por diez mil dólares. Al tener el dinero en mano, cerrar los ojos.
3.- Da Vinci estaba seguro de que era posible construir un aparato volador. Los genios del siglo XXII buscarán volar sin aparato (dicen que los ángeles ya encontraron la solución desde hace tiempo, pero son muy díscolos y no quieren revelar su secreto).
4.- Las normas de buena educación dictan que antes de dibujar un par de ojos, es necesario practicar el dibujo de manos y de escorzos de rostros. Una vez dominada la técnica ya pueden dibujarse círculos pequeños.
5.- Siempre que se dibuje un par de ojos es necesaria la presencia de testigos de honor a fin de evitar que alguna niña de los ojos se queje de acoso y el dibujante sea condenado por pederastia.
6.- Alimentar con alpiste las miradas de todas las muchachas bonitas, a fin de que cuando estén con un ojo al gato y otro al garabato puedan cantar como un canario.
7.- Imaginar que el ojo es un oso y que hiberna durante seis meses (esto es muy recomendable si no se desea mirar a puro tonto durante el día).
8.- Los que nacen siendo príncipes no necesitan lacayos para “echarse un taco de ojo”.
9.- Cuentan que los ojos de los muertos no descansan hasta que la luz de las veladoras deja de ofenderlos.
10.- Los ojos de los expertos son como abejas que forman panales llenos de luz.
11.- Desconfiar de la mujer que acepta un camafeo; preferir aquellas mozas (sic) que son felices en la cama aunque su amado sea feo.
12.- Colocar, alrededor de los ojos, una ensarta de ajos y un corazón de ámbar a fin de evitar el “mal de ojo”.
13.- Comprar una butaca de cine. Colocarla a mitad de la sala y dormir sobre ella. Las butacas conservan imágenes cinematográficas en su memoria.
14.- Abrir una panadería cuya exclusividad sean los panes llamados “ojos de Pancha”.
15.- Nunca tener envidia de las cataratas del Niágara, conformarse con las nubes que se estacionan en los ojos propios.
16.- Cuando alguien diga que los celos te enceguecen, recítale el proverbio de “la paja en el ojo ajeno”.
17.- Jugar un juego de ajedrez en la más completa oscuridad (este juego sólo debe realizarse si el jugador oponente es una niña bella y uno es un hombre armonioso).
18.- Pescar salmones en plena avenida central de Tuxtla (esto debe hacerse cuando la corriente del río inunde Chedraui y el departamento de pescadería salga al exterior, con el riesgo de que algún “ojo de pescado” termine con la visión atrofiada).
19.- Caminar por la Vía Láctea como si uno fuese un pensamiento de Jesús, y
20.- Pintar grafitis sobre la cara oculta de la luna (esto para evitar sanciones administrativas).

domingo, 22 de agosto de 2010

PORQUE NO TODOS SOMOS NIÑOS DE LA CALLE


Ramiro dice que en La Pila el viento azota con fuerza. Es así porque viene "desde" La Ciénega, desde El Río Grande.
Ramiro y yo sabemos que el viento viene de más allá. Así como, de más lejos, nos viene el afecto.
A veces me siento en el parque central y, de pronto, siento un viento que viene desde las épocas de la primaria y de la secundaria.
Nunca me sentí bien fuera de mi casa. Siempre me atemorizó lo que había en las calles, en los parques, en los mercados y en las otras casas con balcones de madera y cuartos que, desde fuera, se miraban oscuros. Las escuelas también me atemorizaron. Ya en secundaria odiaba que llegara el sábado porque era el día de Educación Física. Yo, ¡Dios mío!, no estaba hecho para hacer "lagartijas" ni para poner a prueba mi físico delicado. Si el maestro Temo nos hacía correr del parque de San Sebastián hasta el panteón, por la empinada calle, a mitad de ésta yo me sentaba en una piedra a llorar, porque no podía más. Veía con coraje y con impotencia cómo los compañeros y, oh, tragedia, las compañeras corrían como gacelas.
En casa me sentía a gusto. Ahí estaban mi papá y mi mamá, quienes siempre me cuidaban y me protegían.
Aún hoy, a mis cincuenta y tres años de vida, me causa cierto escozor todo lo que huele a exterior.
Disfruto cuando voy al parque o camino por las calles de mi pueblo, pero hay instantes en que regresan los fantasmas. Me molesta mucho cuando estoy sentado en una banca, leyendo o mirando a los niños que juegan tranquilos, y llega un borracho impertinente. Me causa desasociego mirar al mismo borracho cuando se acerca a interrumpir el diálogo de una pareja de enamorados que acudió al parque a bordar algo parecido al cielo.
Mi papá murió hace veinte años, pero yo lo sigo teniendo a mi lado. Lo siento más, sobre todo, cuando estoy en casa. El rebumbio de afuera altera un poco su presencia (en ocasiones casi casi la borra).
Soy feliz cuando estoy en el campo. Pero, a veces, cuando camino solo entre árboles y sonidos de pájaros y de bichos que reptan por las sendas o trepan a las ramas, escucho un aterrador silencio que me conmueve y me paraliza. En ese instante un destello de temor me alumbra y dejo de sentirme confiado. Pienso en que detrás de cualquier árbol puede estar uno de esos vándalos que, en siglos pasados, acostumbraba asaltar a los príncipes que se atrevían a salir sin sus guardias.
No obstante que las escuelas nunca me cayeron bien por su capacidad de reunir a mucha gente. Ahí fue donde conocí a algunos amigos que aún hoy me siguen dispensando su afecto.
Es en la calle donde se da la vida, pero yo siempre, al estilo del programa de Chabelo, ando catafixiando la vida por lo que sucede en mi cueva.
Es en casa donde me siento bien; es en la soledad donde siento más cerca el universo; donde puedo meditar.
Pero, como cualquier hombre, debo salir a la calle para buscar el pan de cada día. Cuando estaba vivo mi papá yo no me preocupé por algo más. Él llevaba el pan a la mesa.
El viento es juguetón y atrevido. Sin ningún empacho nos envuelve y como si fuese un viejo amigo nos abraza con su abrazo de oso. Es así porque el viento es un niño acostumbrado a andar por las plazas, por los patios de todas las escuelas, por todas las frondas y ramas de los árboles. A veces he intentado ser como el viento, pero apenas salgo a la calle me conmueve el mar de afuera y reculo.

viernes, 20 de agosto de 2010

DIEZ PARA ANTES DE DORMIR




1.- Dicen que en la “Tierra de Nunca Jamás” el pleonasmo es cosa de todos los días y la gente está acostumbrada a “subir arriba”.
2.- Cuando alguien conoce a otro comienza a tratar de conocerlo, consciente de que nunca llegará a conocerlo.
3.- Era un lente obrero prepotente y autoritario, por lo que cuando solicitó su ascenso a “lente de contacto”, la respuesta de su jefe fue obvia: “No, compa, vos tenés muy poco tacto”.
4.- Cuando un viejo dice que “todo tiempo pasado fue mejor”, Mariana me confiesa que no entiende cómo puede ser eso, cuando en el pasado la gente guardaba sus mocos y esputos en pañuelos de tela.
5.- Era un cuerpo, se llamaba XO. Hasta que cumplió cuarenta y dos años había estado satisfecho con su vida, pero cuando comenzó a enfermarse pensó que era tiempo para aspirar a algo más. Veía que su compadre, el alma, tenía la misma edad que él y no le dolía nada. Así que deseó mutar en alma. Buscó en archivos algún conjuro para hacer la modificación y una noche de luna llena se roció con alcohol y se prendió fuego. Cuando volvió en sí, vio que su cuerpo ya no le molestaba y se sintió feliz, pero un espíritu que pasaba por ahí le dijo: “Parece que se te pasó la mano”. Se dio cuenta que tampoco era alma y es que para lograr la transmutación es necesario no pasarse del punto exacto de cocción. El jardinero lo usó para abonar una planta de menta.
6.- Hubo un tiempo en que los cuentos comenzaban con “Erase que se era” o “Había una vez”, pero luego llegaron los posmodernos y dijeron que no era posible seguir preservando fórmulas añejas. Desde entonces los cuentos no tienen una señal de inicio que les indique el camino correcto, por lo tanto terminan en “finales abiertos”.
7.- Dicen los que saben que cuando hay muchas tragedias en el mundo es que el orden Divino está en su “año sabático”.
8.- Los mensajeros humanos también han cambiado con el paso del tiempo. Cuentan que un mensajero de Cuauhtémoc -el Emperador, no Blanco- recorría grandes distancias por todo el reino y tardaba días en llegar al Valle, desde la región de la costa del Golfo. Ahora basta teclear algo en la computadora para que al instante el mensaje llegue a cualquier parte del mundo. El único que no cambia es el mensajero del universo. Su mensaje es el mismo y los humanos creen que tarda mucho en llegar, y esto es así porque el universo no distingue el concepto de tiempo.
9.- El mundo intenta ser más natural y menos agresivo con el medio ambiente. No lo logra, a pesar de que la ciudad de Nueva York es La Gran Manzana y la Ciudad de México es La Gran Cebolla, porque al abrirla todo mundo llora. Y
10.- Dice El Nuka que “El Poder” nos está jodiendo. Lo que antes eran Principios ahora son Valores. Subliminales ¿no?

miércoles, 18 de agosto de 2010

EL VIAJE QUE HARÉ AYER


Un abrazo para la familia Nájera,
por la ausencia física de Doña Alicia Nájera de Guillén.



Este título bien podría estar firmado por Julio Cortázar. Alguien lee que a Cortázar le gustaba el jazz y le gustaban los viajes (además de los juegos que terminaban con “tura”, sobre todo los de la literatura y de la buena calentura).
Cortázar viajaba, pero no ero viajero intrépido. Todo mundo, a su manera, es un viajero. Hay algunos que no pasan de la esquina de la casa y otros que se aventuran a subir al Everest. Cortázar nunca fue un intrépido. No existe registro que se aventara de un avión para ejercitar el paracaidismo; ni tampoco existe registro de que haya caminado por la Selva del Amazonas. Alguien cree que Julio fue un viajero de lugares insólitos, sí, pero donde la civilización olía a tabaco y a churrasco. Por esto, sus aficiones están relacionadas con el mundo de la cultura (el jazz, la pintura y la literatura).
No fue, tampoco, un hombre que permaneciera en su habitación leyendo, realizando “el viaje” a través de los libros. No. Alguien dice que él también es como Julio. Le gusta el jazz, le gusta leer, escribir y también le gusta viajar. Siempre y cuando el viaje no sea muy lejos; siempre y cuando el lugar de destino tenga los mínimos necesarios para sobrevivir con dignidad. Y es que Alguien cree que no hay cosa más indigna que renunciar a los servicios que este siglo aporta. No existe registro que Cortázar fuera un tipo que gozara bañarse en ríos. No hay una sola foto donde aparezca al lado de un caudaloso río, en traje de baño (bueno, parece que ni siquiera existe una en donde esté al lado de una alberca). A Alguien tampoco le gusta bañarse en ríos (no le gusta porque no sabe nadar). Él disfruta su baño debajo de una regadera, con agua caliente. De igual manera no disfruta dormir en hamacas o hacer una necesidad fisiológica a mitad del campo.
Cortázar viajaba en tren, en avión, en auto o en autobús. Hay viajeros que disfrutan el viaje en cayucos o sobre el lomo de una mula. Alguien dice que preferir viajar sobre un caballo en lugar de hacerlo sobre un helicóptero es regresar a la Edad Media, es negar la evolución del mundo. El Metro (subway) fue un transporte que fascinó a Julio. No sólo por la certeza de la contemporaneidad sino por la posibilidad de alterar el tiempo. Julio aseguraba que bajar al Metro era entrar a un mundo donde el tiempo de arriba era muy diferente al de abajo.
El viaje sólo se entiende cuando hay conciencia del tiempo alterado. El que viaja entra a una burbuja diferente del que sigue en la rutina de todos los días. Por esto es que a Alguien también le gusta viajar. Pero lo hace a lugares cercanos a su residencia. Le gustan los viajes de un día, los que permiten salir temprano de casa y regresar antes de que el Sol se oculte. En el entendido de que cada viaje altera el tiempo, le causa cierto sobresalto pensar que en un viaje más largo pueda alterar “su” tiempo de tal manera que cuando regrese a casa ya no encuentre lo que dejó al salir. Y no se refiere a objetos materiales, sino al espacio modificado. Alguien, a veces, ha leído historias en que el viaje de un hombre altera para siempre sus referentes remotos. Hubo una vez un hombre que salió de viaje. Dos días dilató el viaje, pero “la dilatación” del tiempo fue mayor, como si hubiese entrado a una burbuja en donde el pasado fuera una madeja enredada en el futuro. Cuando regresó, metió la llave en la puerta y abrió, el interior de su casa era una cueva habitada por un anacoreta del siglo XII. Entendió que él no era el hombre del Siglo XXI que hasta entonces había creído sino el anacoreta que había dado un paso adelante en el futuro. Todo por hacer viajes de más de un día, todo por atreverse a subir a montañas que están reservadas para las águilas y para las nubes. Por esto, a Alguien, igual que a Cortázar, le gusta viajar, pero siempre y cuando el viaje sea de pocas horas y a destinos donde haya un sanitario con agua corriente y papel higiénico.

martes, 17 de agosto de 2010

AUTORIDADES LIGHT


Llegan de fuera y traen la novedad. Hubo un tiempo que en Comitán los niños de la escuela no tomaban refrescos a la hora del recreo. La costumbre era consumir "atole" a la hora del recreo. No soy especialista en nutrición (no soy especialista en algo), pero asumo que tomar "atol" es más sano que tomar esos famosos refrescos embotellados light que, según las autoridades educativas y de salud, serán permitidas en las escuelas secundarias, a partir del próximo ciclo escolar. Se supone que la medida es porque dichas bebidas "light" no son perjudiciales para la salud. Pero basta una mirada en este chunche para comprobar que dichas bebidas son perniciosas y provocarán dolencias físicas a futuro en los actuales consumidores.
Es una pena que la educación en México esté supeditada a los intereses comerciales de empresas transnacionales.
Para lavarse las manos, las Secretarías de Salud y la de Educación repartirán dieciséis millones de folletos con información nutrimental.
El mundo camina hacia un despeñadero. La salud de la población en general está en manos de la Coca Cola y de la Pepsi. Los seres humanos "caen" ante el avasallante bombardeo comercial. En cualquier esquina encontramos anuncios de la Coca Cola que nos dicen que esta bebida es "la chispa de la vida". Ante este brutal bombardeo los niños y jóvenes no aceptan que una limonada es más sabrosa y, por supuesto, más benéfica para su salud. ¿Qué sucedería si en las escuelas ofrecieran limonadas higiénicas y vasos de "atol"?
Oh, Dios mío, ¿quién podrá defendernos?

lunes, 16 de agosto de 2010

CON LETRAS DE ORO




Jan de Vos nos dijo que eso de Los Chiapanecas lanzándose al Cañón del Sumidero ¡es un mito! Ahora los historiadores José Luis Castro, María Trinidad Pulido Solís y el cronista municipal de Comitán: José Gustavo Trujillo Tovar, nos dicen que Josefina García Bravo no existió.
A los comitecos, esta declaración no nos cae en gracia. No nos cae en gracia porque este hecho “histórico” es parte de nuestro orgullo. En la primaria, nos enseñaron que doña Josefina era una trinchona, al estilo de Josefa Ortiz de Domínguez. Al maestro se le llenaba la boca de pétalos de orquídea a la hora que enseñaba la clase de Historia de Chiapas y nos decía que dona Chepina, en el instante en que los hombres habían titubeado ante la arenga de Fray Matías de Córdova para iniciar el movimiento de la Independencia de Chiapas, había dicho algo más o menos así: “Si los hombres no quieren ¡que se queden en casa cuidando los hijos! ¡Vamos las mujeres!”. Ah, maravillosa muestra de valor civil. Los niños de esos tiempos quedábamos maravillados ante la imagen donde una mujer se paraba ante el auditorio lleno de barracos y pronunciaba esas palabras. Imaginábamos los aplausos de las otras mujeres, apoyándola y luego veíamos a los hombres ponerse colorados ante ese acicate; los veíamos prenderse y retomar el orgullo, coger sus sombreros y recuperar la dignidad.
Ahora resulta que los investigadores nos dicen que doña Chepina es un ¡exquisito invento! La posibilidad de que las mujeres anduvieran metidas en borlotes ¡es remota! Las costumbres comitecas no permitían que las mujeres se enredaran en fandangos propios de varones.
Todos los historiadores coinciden en que ¡no existen datos biográficos de Josefina que comprueben su existencia física, que de menos su participación en el acto!
Ahora resulta que un genial “cuentero” la inventó. La nombró Josefina para tener un referente de cercanía ante doña Josefa Ortiz de Domínguez; le puso el apellido García que es común por estas tierras y que tiene raíces en el barrio de San Sebastián, barrio en donde inició el movimiento de Independencia de Chiapas. Tiempo después alguien más (ya no el inventor del mito) le adosó el segundo apellido: Bravo -porque, ni modos que no tuviera madre. Y el Bravo va como anillo al dedo con el simbolismo y la cercanía, nuevamente, con los apellidos libertarios.
Acá en Comitán es cosa sabida que el busto de doña Josefina que está en el parque de San Sebastián tuvo como referencia la fotografía de una mujer de la época que sí existió. ¡Claro, ahora lo vemos ídem! Tuvo que recurrirse a la fotografía de otra mujer, porque ¡fue imposible hallar una donde estuviera la famosa Josefina!
El día de la entrega de la medalla “Rosario Castellanos” a la Poniatowska, veía la ceremonia por la televisión cuando vi el nombre de doña Josefina, en el muro de honor del Congreso del Estado de Chiapas, abajito del nombre de Jaime Sabines.
Ahora resulta un tanto irónico que aparezca dicho nombre al lado de nombres de personas que sí existieron y tuvieron participación en actos históricos del estado. ¿Es correcto que el nombre de doña Chepina siga ahí o los diputados deben resarcir el error y con gran pena (sobre todo para los comitecos que nos sentíamos chentos con esta paisana singular) eliminar el nombre de alguien que, según decir de los conocedores, es mera ficción? No sé, ya la Comisión del Congreso Local decidirá si nuestra historia sigue nutriéndose de personajes irreales o no.
¿Y ahora qué enseñarán los maestros a los niños de este pueblo? Pues no queda más que enseñar los datos históricos que son comprobables. Total, nuestra historia tiene pasajes emotivos que no necesitan de artificios.
En estos tiempos en que “Discutimos México”, como una reflexión propiciada por el festejo del Bicentenario, es justo poner los puntos sobre las íes y decir que la historia debe estar cimentada en la certeza.
Dejemos que la leyenda sea el hilo conductor de la imaginación y contemos la “Leyenda de Doña Josefina García Bravo” como tal, sin pretender llevarla a los más altos altares de la Patria. ¡Gulp!