jueves, 6 de diciembre de 2018

CARTA A MARIANA, DONDE SE CONSIGNA LA CREACIÓN DE UNA PÁGINA PARA LA CRÓNICA MUNICIPAL (Crónica Municipal de Comitán de Domínguez, Chiapas)




Querida Mariana: Hago una pregunta: ¿Cómo los chiapanecos se enteran de lo que hacen los cronistas municipales?
El trabajo de los cronistas, todo mundo lo sabe, es consignar los hechos relevantes de una comunidad. ¿De dónde, el cronista, obtiene la información para redactar sus crónicas? Pues de la vivencia diaria, pero también de la investigación documental y de campo.
Comitán ha gozado de excelentes cronistas. Todo mundo recuerda a la gran Lolita Albores. Ella escribió el libro: “Así te recuerdo Comitán”, libro que, como indica su título, es una recopilación de recuerdos memorables que dan una idea de cómo era el Comitán de antaño; además, están las crónicas que publicó en el boletín “Imaginarte”, una publicación muy importante para la identidad comiteca.
Armando Alfonzo Alfonzo, quien sin nombramiento oficial fue un gran cronista de la vida comiteca, nos legó varios libros importantes, entre los cuales, “Comitán 1940”, “Sólo para comitecos”, y “Uninajab, la feliz niñez” (libro que reúne testimonios de otros tres comitecos: Ramiro Gordillo García, Eugenio Cifuentes Guillén y César Gordillo Vives), son esenciales para el rescate de la cultura local.
Raúl Espinosa Mijangos ha realizado una espléndida crónica visual a través de la serie de caricaturas de personajes comitecos. Su obra también apareció en el boletín “Imaginarte” y la hallamos en libros que él ha editado.
Óscar Bonifaz legó al pueblo el importantísimo libro “Arcaísmos, regionalismos y modismos de Comitán, Chiapas”, libro que es un compendio de las voces empleadas en la región; de igual manera hizo un brillante análisis de la transformación arquitectónica que ha sufrido Comitán con el libro “Semblanzas”, en el que hace un ejercicio de comparación con fotos antiguas y fotos modernas (la modernidad correspondía a los años setenta).
José Gustavo Trujillo Tovar escribió un libro que es uno de los tesoros más sublimes de la crónica comiteca: “Comitán de Domínguez en efemérides” e impulsó la publicación de dos libros con textos de integrantes del Consejo Municipal de la Crónica: “Diez ramas de un árbol” y “De ayer y hoy”; además de un libro non que da cuenta de la historia de la marimba y de los marimbistas comitecos. En “Diez ramas de un árbol” hallamos crónicas de Rosa Hortensia Aguilar Trujillo, Ricardo de Jesús Aguilar Gómez (con su estilo inconfundible que le hace decir que escribe dos cuartillas, cuatro almudes y su mojol. ¡Ah!, qué estilo tan sabroso, como si la lectura fuera un pedazo de chicharrón de hebra), Cuauhtémoc Alcázar Cancino, Óscar Efraín Albores Cancino, Juan Roberto Becerril Macal, Bonifaz, María Antonia Carboney de Zebadúa, Roque Gil Marín Vasallo, María Trinidad Pulido Solís y José Gustavo.
Doña Tony Carboney, de igual manera, nos lega sus crónicas a través de libros que ha publicado; lo mismo sucedió con María Trinidad Pulido Solís. Ellas publicaron valiosos libros que son de gran interés para nuestra identidad comiteca; lo mismo se puede decir con respecto al trabajo valioso de investigación de Amín Guillén.
De lo anterior se concluye que las crónicas, como sucede en la mayoría de los casos en este país, se concentran en libros y revistas especializadas y se dan a conocer en congresos nacionales e internacionales.
Tal vez, digo sólo que tal vez, las crónicas más leídas fueron las escritas por doña Lolita y que fueron publicadas en el boletín IMAGINARTE, que tuvo un tiraje mensual de mil ejemplares. Pero ahora, y esto es una pena, ya el boletín no existe y no hay un boletín que sustituya esa generosidad que se debió al talento de Lourdes de La Vega y de Xavier González Alonso. Esta gaceta se convirtió en el más eficaz difusor de la crónica comiteca.
La crónica se concentra en círculos muy selectos. Puede decirse que no todo mundo tiene acceso a ella. Por ello, aprovechando la tecnología de estos tiempos, a partir del día de hoy pongo a disposición de todos los paisanos y de los lectores del mundo una fanpage (¿mirás qué moderno estoy?), en donde subiré las crónicas que redacte. Las iré subiendo poco a poco. El trabajo, lo saben todos mis compañeros cronistas, exige una redacción atenta. No se trata de redactar Arenillas. El trabajo es más complejo, demanda un mínimo proceso de investigación para apegarse a los hechos reales.
Hoy, con los avances tecnológicos, todo mundo tiene la crónica inmediata que realizan los periodistas a través de sus notas y en la transmisión en vivo de los actos más relevantes. Mi trabajo se une al de muchos cronistas, periodistas, historiadores e investigadores que, a diario, consignan la historia local. Lo hago con pasión y con mi personal estilo de escribir, estilo que aprecian muchos lectores.
El ayuntamiento de mi pueblo me honró con el nombramiento de Cronista Municipal. Sé que el ayuntamiento se debe al servicio del pueblo que, de igual manera, lo eligió. Así pues, al poner las crónicas a disposición del pueblo honro a Comitán y con ello honro a la autoridad que me concedió esta noble encomienda.
Posdata: A partir de hoy todo mundo podrá dar respuesta a la inquietud acerca de qué hace Molinari en su encargo de cronista municipal. En esta fanpage irá apareciendo el trabajo (@molinaricomitan). Los interesados puede escribir @molinaricomitan en el buscador del Facebook y, en viaje instantáneo, viajarán hasta el lugar de la crónica municipal de Comitán de Domínguez. A quienes les guste mi trabajo pueden darle me gusta y, de inmediato, se convertirán en seguidores de la página.
Poco a poco iré subiendo las crónicas actuales, para que, en diciembre de 2019, por ejemplo, quien entre a la página pueda hallar cincuenta o sesenta crónicas con los sucesos más relevantes del año.
No sé si algún cronista de Chiapas tiene una propuesta semejante. En Comitán, en la presente administración 2018 – 2021, sí la hacemos. En Comitán siempre hacemos diferencia.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

LECTURA DE UNA FOTOGRAFÍA




Sí, los lectores comitecos identifican al personaje. Para los lectores del mundo diré que esta fotografía define en mucho lo que pienso de él: Un hombre que se da una pausa en el trajín del mundo. A don Nereo lo veo, frecuentemente en un carro con altoparlantes, mientras maneja el auto por las calles de este pueblo las bocinas lanzan mensajes publicitarios. Don Nereo anda de arriba para abajo muchas horas del día (así se lo obligan las subidas y bajadas). En estos tiempos, este oficio no es tan sencillo. ¡Don Nereo debe soportar el calor, los atrancones de autos, cada vez más frecuentes! Pero ahí lo veo (en su carro de publicidad) bajando las subidas y subiendo las bajadas, respirando el humo que avienta el camión que va delante de su carro. ¿Trabaja todo el día? ¡No! Por supuesto que no. Si así fuera, el personaje no sería un hombre sabio. Don Nereo es sabio. Actúa como esas personas que comen cinco veces, en lugar de tres, como lo hace la mayoría. El alimento hace más bien si se consume en porciones breves, pero continuadas.
Siempre que veo a don Nereo pienso en la disciplina que tenía el escritor Carlos Fuentes. Don Carlitos trabajaba todas las mañanas, entraba a su estudio y hojeaba libros, los dejaba sobre la mesa o los colocaba en un atril y leía y luego escribía, escribía, escribía, pero a la hora de la comida salía del estudio e iba a un restaurante y ahí departía con Silvia o con sus amigos, que los tenía por cientos, y por las tardes iba al teatro, a la ópera, al cine, al salón de baile. Bueno, pues don Nereo es igual de sabio que Carlos: Trabaja, pero se da sus pausas, abandona su auto y va a tomarse un café con los amigos en “La esquina de Belisario”. El bastón que le sirve para caminar con seguridad, lo abandona al lado de la silla y ahí, frente al parque central de Comitán, se dedica a beber café y a beber el aire de las mañanas que, como colibrí, revolotea en las cabezas de los hombres pausados. Sí, don Nereo, una o dos o tres o cuatro veces al día se pone en “Modo pausa”. Ya laboró, ya sudó la gota gorda, ya cumplió con su responsabilidad, ya llegó el instante en que debe dar sosiego a su cuerpo y a su espíritu, el momento en que abandona el rebumbio del tráfico y entra, como gato, al deleite de treparse sobre una silla mullida y recibir la bendición de la calma.
Así, en la tercera o cuarta pausa hallé a don Nereo, una tarde en que la calle que va a San José se volvió andador. Estaba así, como pájaro de las seis, ¡de las seis de la tarde y no de la mañana! Estaba en busca ya del árbol para descansar. Dejó su bastón en la diagonal perfecta, para que se sostuviera y no resbalara, y él se sentó en una banqueta de un local comercial que tenía su puerta cerrada. Yo lo vi así, desde la banqueta de enfrente. Yo caminaba apresurado, pero cuando lo vi decidí hacer lo mismo que él, a veces tengo destellos de luz e imito a los hombres verdaderos. Me senté en la banqueta y en el instante que quedé frente a él sentí un gran sosiego, algo de su luz me iluminó. Hice una pausa en mi vida y vi la calle como el río que, esa tarde, fluía con calma, sin la furia que, por lo regular, avienta mil carros desbocados.
Ahí estaba don Nereo, quitado de bullas, de arguendes. Ese día estuvo en la chamba diaria del carro, estuvo en el cotilleo del café con los amigos, pero antes de ir a su casa, decidió darse otra pausa, una inédita, se sentó sobre esa grada y desde ahí columbró el mundo de todos los días. Vio (lo mismo hice yo) cómo los demás pasaban como hormiguitas.
Cuando veo a don Nereo, lo veo tranquilo, pausado. Camina lento, apoyado con su bastón. ¿Qué prisa hay por llegar? ¿A dónde? La vida, parece decir don Nereo, hay que tomarla sin prisa, tomarla a tragos pausados, para que uno no se atragante.
Siempre que lo veo recuerdo a Carlos Fuentes. Sé que ya trabajó, que ya cumplió con el oficio; sé que ya está en el disfrute de la vida, así, con una gran dignidad, siempre bien vestido, hermoso pepenador de luz, de savia.

martes, 4 de diciembre de 2018

IDENTIDAD




Comitán celebró 490 años de su fundación. Recibí una invitación para compartir un textillo en el acto que se efectuó el sábado 24 de noviembre, a las diez y media de la mañana, en la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez. Paso copia.

Perdón, comenzaré con algo muy elemental, casi obvio. Lo hago, disculpen, para mí, para aclararme esto que me atrevo a platicar con ustedes esta mañana. En realidad, vengo a compartir una idea muy sencilla, apenas un destello. Compartiré una charla que abarca muchas aristas. Hoy, porque así lo dicta el respeto hacia ustedes, expondré sólo la primera de varias partes.
Cuando me invitaron a participar en este ciclo dije, así, de primera impresión, que me gustaría hablar acerca de identidad. Creo que el festejo lo impone. Si celebramos cuatrocientos noventa años de este pueblo, será bueno reflexionar tantito en los rasgos que nos otorgan identidad; es decir, ¿qué hemos hecho los comitecos desde el principio de los tiempos para ser considerados verdaderos comitecos y no tuxtlecos y no parisinos y no neuyorquinos? La reflexión ayuda a vislumbrar qué sociedad formaremos cuando se cumplan los quinientos años, qué sociedad cuando se cumplan los quinientos cincuenta. Sí, tienen razón, este último festejo ya no lo veré.
Busqué, por lo tanto, en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la definición de Identidad y hallé esto: “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás”.
Para nuestro objetivo nos interesa retomar lo segundo; es decir, lo que habla acerca de la colectividad. Por lo tanto, podemos decir que la identidad de nuestro pueblo son los rasgos propios que nos caracterizan frente a los demás.
¿Podemos decir que los rasgos que nos caracterizan son también rasgos que nos hacen diferentes? Yo digo que sí, no sé qué opinen ustedes. Somos lo que no son los otros.
¿Cuáles son esos rasgos que nos hacen diferentes, casi únicos en el mundo y, sin duda, en el universo? Si desmenuzamos la madeja hallamos muchos hilos diferenciadores.
Todas las sociedades humanas tienen rasgos comunes, simples. Somos semejantes en las generalidades y diferentes en las particularidades.
Comitán, como cualquier pueblo del mundo tiene singularidades. Son muchas ramas las que hacen único a este enormísimo árbol. ¿Cuáles son esas diferencias? ¡Muchas! Tenemos rasgos auténticos en la gastronomía, en la arquitectura, en las costumbres, en los festejos, en el modo de hablar, en la música, y en muchas otras ramas. Pero, sin duda, son las personas las que han logrado este prodigio. Somos los hombres y mujeres quienes hacemos las sociedades. Son los hombres y las mujeres quienes conviven en sociedad y construyen arquetipos únicos.
Permitan, entonces, que comparta con ustedes un retablo de nombres que aluden a este enormísimo árbol, a esos gajos prodigiosos que nos otorgan identidad. Deseo dejar constancia que cada comiteco de buena cepa está incluido en este grandioso árbol, pero acá privilegio nombres de aquellos que, por una u otra razón, sobresalen en el podio de honor. Muchos, tal vez, pensarán que puede ser práctica inoficiosa repetir nombres que son conocidos de sobra. Bueno, cuando gentilmente me invitaron a compartir esta charla, pensé que el objetivo del encuentro es el de reflexionar acerca de los cuatrocientos noventa años de Comitán y recordar algunos personajes que han aportado, en su momento, ese cordel de luz que nos sigue iluminando.
Hablemos entonces de lo bueno. Digamos que el lema del ya próximo ex presidente de la república sí tiene sustento en esta historia: Lo bueno también cuenta. Contemos lo bueno, de los tiempos más recientes.
Digamos que hay dos figuras esenciales en el desarrollo político e intelectual de nuestro pueblo. Los comitecos hemos crecido bajo el amparo de estas dos figuras: Belisario Domínguez y Rosario Castellanos. Ambos personajes nos otorgan identidad cultural. El lado político de tío Belis (como le decimos coloquialmente acá) es muy conocido y sobre usado por los políticos, por ello, en este momento histórico para Comitán, debemos reflexionar en el lado humanitario del doctor Domínguez. Los tiempos actuales están escasos de héroes. No esperamos de acá en adelante hechos relevantes y heroicos. ¡No! La esperanza de México y de nuestro Comitán es más modesta, pero más efectiva. Belisario Domínguez realizó una labor humanitaria excepcional. Hay biógrafos que refieren que el doctor brindaba una atención especial a los menesterosos. Es digno de considerar, entonces, que un médico que estudió en París extendía la mano generosa a la gente pobre de su Comitán.
¿Qué rescatar de Rosario Castellanos que no se haya dicho en todo el mundo? A nosotros, los comitecos, nos corresponde privilegiar la capacidad de apropiarse del entorno y volcarlo luego en sus obras literarias. Los grandes de la literatura siempre han dicho que la obra mayor se logra cuando un creador convierte lo local ¡en universal! Esto fue lo que Rosario hizo. Si abrimos la novela “Balún-Canán” hallamos el Comitán de su infancia y adolescencia, el Comitán de los grandes dueños de haciendas enfrentados a la nueva disposición gubernamental del reparto de tierras. Los grandes terratenientes tiemblan, están a punto de perder sus fincas y con esto perder sus privilegios. ¿Cómo es posible que los indios terminen siendo dueños de una tierra que, por siglos, después del despojo, pertenecieron a sus familias, familias de abolengo?
Rescatamos, entonces, la capacidad de Rosario para pepenar las miradas y las actitudes de sus familiares y de los comitecos que llegaban a su casa. El mundo de los mayores lo traspasó a sus códigos de niña inteligente. Todos los objetos y las calles y las plazas y los templos y los silencios y bullas de Comitán las conservó para siempre. Ya dije que los grandes escritores siempre hablan de sus pueblos y universalizan tal conocimiento en sus obras. Pongo sólo dos ejemplos internacionales, el primero, el colombiano Gabriel García Márquez, y el segundo, el norteamericano William Faulkner. Ambos realizaron una obra monumental y, con su genialidad, hablaron de sus pueblos: Gabo habló de Aracata, pueblo de Colombia; y Faulkner habló de Yoknapatawpha, pueblo del sur de Estados Unidos. ¿Necesitaron algo más para alcanzar la gloria mundial? No. Bueno, por supuesto, estuvo presente el genio, el genio de los grandes, pero es digno de mención, para la reflexión que hoy hacemos, que Rosario, de igual manera, habló de esta tierra, de su Comitán, de nuestro Comitán. Nuestra escritora hizo universal lo local.
Comencé diciendo que hoy están ausentes los grandes actos heroicos. Hoy, la patria está en un periodo de confusión. Todo mundo voltea hacia otras partes y deja de sentirse orgulloso por lo propio. En esta celebración deseé presentar sólo el lado humanista de Belisario Domínguez y la capacidad de identidad literaria de Rosario, para decir que los comitecos debemos regresar al camino de humildad y sencillez de los comitecos de antaño y al camino del orgullo de haber nacido y crecido en esta tierra.
Cierro mi participación compartiendo con ustedes esta reflexión: Celebramos los cuatrocientos noventa años de la fundación de nuestro pueblo reconociendo que Comitán es único por la preservación de los elementos que conforman nuestra identidad. Los amigos que hoy participan en este acto no harán otra cosa que lo que yo he hecho, hablar de los rasgos culturales de nuestro pueblo, los actos que nos dan sentido y que hacen que Comitán sea eterno.
Nosotros igual que Rosario estamos obligados a hacer universal lo local; estamos obligados a preservar nuestro legado de identidad cultural. No sólo a preservarlo, también debemos fortalecerlo. En tanto nuestra identidad se mantenga, Comitán vivirá la gloria que le corresponde.
Muchas gracias.

lunes, 3 de diciembre de 2018

EN NOMBRE DE LA GUADALUPANA




Dicen que uno reconoce el inicio de la primavera: Los campos se llenan de flores, el pasto asoma su cara por en medio de la tierra y los pájaros aletean con más fuerza sobre el mar lleno de aire; dicen que uno reconoce el inicio del invierno: El campo se llena de nieve. Bueno, esto es en el norte. Acá, no hay más nieve que la de vainilla que sirve el nevero del barrio.
Ahora, con ese batidillo del Calentamiento Global, ya no es posible determinar las estaciones con las señas de la naturaleza, que anteriormente fueron tan pródigas. Antes, por ejemplo, acá en Comitán las personas sabían que la primavera estaba próxima cuando los árboles de tenocté se llenaban de flores blancas. Ahora, ¡ay, Dios mío!, el tenocté anda bien desorientado, florea a todas horas y, a veces, en época de floración está todo triste.
Las señales naturales fueron canjeadas por las señales comerciales. Ahora, nuestro termómetro ambiental está regido por el calendario comercial. Ahora sabemos que el invierno está próximo cuando vemos que los centros comerciales y tiendas diversas se llenan de objetos navideños: horribles gorros rojos, inflables con la imagen de un santa clos descolorido, campanas doradas de plástico, series de focos y tiras de hojas verdes, también de plástico. Bueno, en México, por fortuna (por aquello de la identidad cultural) el festejo de la virgen de Guadalupe hace el contrapeso a la maquinaria mercadotécnica que nos avienta toneladas de basura proveniente de Estados Unidos, de Taiwán o de China. Aunque ya no nos salvamos al ciento por ciento, porque las imágenes de la Guadalupana nos llegan de esos mismos países.
Bueno, en Comitán todavía tenemos una ligera rosa de los vientos, porque sabemos que la navidad está cerca cuando arrecian los vientos helados que nos llegan de por el rumbo de La Ciénega, lugar en donde ahora contamos con un Orquidario, que es como una mariposa parada sobre una flor en medio de un lodazal. El Orquidario es la punta de lanza que pretende rescatar los humedales que, actualmente, están muy contaminados. Ojalá la luz contagie a la oscuridad.
Los mexicanos sabemos que el invierno está a la vuelta de la esquina cuando vemos en las calles las procesiones con la imagen de la virgen al frente o por los altares adornados que hay en muchísimas casas. La virgen mexicana es una presencia constante, infinita, en el imaginario popular de nuestro país, pero se potencializa cuando inicia el mes de diciembre y llega a su éxtasis el día doce, el día de su día.
En esta fotografía se aprecia una procesión en donde la imagen de la virgen es el motivo esencial. Este tipo de tradiciones aún mantiene un cabito prendido. Alguien comentó, por ejemplo, que el día en que la patria festeja el inicio de la revolución se comete un sacrilegio, porque las escuelas participantes van acompañadas por carros que llevan música estridente de otras culturas. Es imposible imaginar a las adelitas con short y moviendo la cadera al ritmo del reguetón. La Guadalupana, la Guadalupana, bajó al Tepeyac, desde el cielo una hermosa mañana. Esta tradición está tan arraigada, está metida en lo más profundo del ser católico mexicano que ha impedido la ruptura de la herencia; al contrario, el culto Mariano se ha intensificado de tal manera que ahora, en todas las carreteras del país se efectúan las llamadas Antorchas. Millones de guadalupanos han inventado porras que gritan a la hora que corren por caminos de terracería y por autopistas en las que los demás autos pasan a velocidades superiores a los ochenta kilómetros por hora. Porras con rimas casi ingenuas: La luna, la luna, la luna, como la virgen no hay ninguna (pues no, dice el abusivo de René, ahora en la prepa están ausentes las vírgenes). Hay porras muy veganas: “Manzana y pera, la virgen nos espera”, y ahí van los antorchistas, con los pies hinchados, con las caras tiznadas, con los trajes de manta todos grises, llenos de hollín. Ahí van, agotadísimos en el plano físico, pero vigorosos en el plano espiritual, porque saben que la virgen los espera.
Acá un pequeño grupo sube por la avenida de San Sebastián. Los músicos presiden la procesión, ella (muchacha bonita) toca una tarola; él, mayor de edad, hace los acordes principales con un pequeño acordeón; el otro acompaña el ritmo con un tambor tojolabal; y otra muchacha bonita lleva la bandera mexicana, mientras un grupo de muchachos carga en andas la imagen de la virgen.
En Comitán sabemos que diciembre llegó cuando sus calles se llenan con grupos en procesión, interrumpen el tráfico regular de los autos, porque caminan con paso lento; contaminan el aire y ensucian la calle a la hora que el hombre (con gorra azul) se para en una esquina y prende la tira de triques que asusta a todos los perros y gatos de las casas vecinas. Los comitecos sabemos que la navidad está próxima cuando oímos villancicos en las bocinas de las tiendas de ropa. A cada rato oímos esa de los peces que beben y beben y vuelven a beber, y esa del burrito sabanero en la que aparece un coro que todo mundo sabe: Duki duki duki duki, duki duki duki da. ¡Ay, por Dios!
Las temporadas llegan y lo sabemos porque en el aire aparecen todavía algunos signos identificables.

sábado, 1 de diciembre de 2018

CARTA A MARIANA, CON MUESTRA DE TALENTO




Querida Mariana: Anexo fotografía de una repisa en la que hay botellas. Lo menos que podrás pensar es que es extraño. Me conocés, por lo regular, comparto contigo fotografías de libros. ¿Por qué ahora te mando una fotografía con botellas, con botellas de licor? Ah, bueno, porque vos sabés que el traguito también es cultura. En Comitán sabemos mucho de esto. Los comitecos hemos disfrutado, desde siempre, el arte del buen beber. No hacemos más ni menos que lo que hace todo el mundo. Siempre se comenta la cita bíblica en la que María llega a decirle a Jesús que, en las bodas de Caná, se agotó el vino. Jesús, de manera generosa, hace un milagro y convierte barricas llenas de agua en vino. Lo mismo sucede cada vez que, en el templo, se realiza la misa. A la hora que el sacerdote consagra el vino dice las siguientes palabras: “Esta es la sangre de Cristo”; es decir, el ritual más importante de la religión católica está imbuida del aroma del vino.
Todo mundo sabe que cuando alguien cuenta la historia donde Jesús convirtió el agua en vino, no falta el compa bolencón que, para justificar su gusto por el traguito, dice: “Ahí está, ¡ahí está!, Chusito hizo vino del agua, ‘caso lo volvió horchata”. El compa bolito tiene razón: El vino ha sido parte esencial de la cultura del ser humano.
En las comunidades indígenas de Chiapas, el licor siempre es parte de los rituales más importantes. En el interior del templo vemos cómo las personas, frente a la imagen religiosa, agradecen los favores de la divinidad y piden su protección, y en medio de las velas, del incienso y de los rezos en lengua original, se echan buches de trago. Tal práctica va tan ligada al alcohol que incluso a los niños también les dan algunas gotas, un poco como para que desde niños se vayan acostumbrando a la tradición ritual. Después de dos o tres horas de haber vaciado su espíritu, ya bolos, ya recostados en el piso, ya agotados al haber desarmado tantos lamentos, los indígenas están borrachos. No tienen conciencia, la han perdido. Su voluntad la han dejado en las manos de su Dios. El alcohol les ha servido de puente hacia lo desconocido.
¿Y en las comunidades urbanas? Ya comenté lo del ritual religioso, pero el traguito también está presente en todos los rituales sociales, desde la recepción de amigos en casa hasta la del festejo importante. Los comitecos de antes abrían la puerta, decían: “Pasen, pasen, están en su casa” e invitaban a los amigos a pasar a la sala; los amigos no terminaban de sentarse cuando ya la muchacha de servicio, que era llamada salera, entraba con una charolita con copitas y una botella de comiteco, del bueno, de ese que hacía cordón. “¡Salud, compadritos, salud!”, y los anfitriones e invitados hacían tzilín tzilín las copas y decían: “Traguito, divino tormento, qué hacés afuera, vonós pa’ dentro”, y tococheaban la copita o la bebían de un solo envión.
Sí, el traguito es parte del ritual de las sociedades, es muestra de afecto, de cordialidad y de convivencia sana (bueno, siempre y cuando los bebedores no tengan mal beber, porque quienes tienen mal beber terminan quitándose la camisa y retándose a los mandarriazos a media calle o, algunos, los más abusivos, se lían a golpes en pleno patio de la casa, provocando los consiguientes destrozos: sillas y mesas de madera quebradas, gritos histéricos de las mujeres, botellas quebradas, tías desmayadas e intervención de los amigos que, en intento de desapartar a los rijosos, terminan con un golpe en la cara y, por lo tanto, enzarzándose en el pleito ajeno. El traguito es una bendición, pero en su espíritu lleva escondido el demonio de las siete cuerdas.)
Por eso, acá, en esta fotografía, va la luz de la bendición. ¿Ya viste las botellas pintadas al óleo? Son obras únicas, pintadas por Martín Abadía, artista de Tzimol. Martín recientemente participó en la exposición “Vive Chiapas en la Ciudad de México”, en la que artesanos chiapanecos mostraron sus creaciones y que fue un acto promovido por el senador de Chiapas Eduardo Ramírez Aguilar. Un compa que asistió al acto dijo que vio cuando una señora se acercó a la mesa donde estaban expuestas las creaciones de Martín y al ver unas hojas secas que él pinta, dijo: “Son mías”, y compró tres de las obras.
Pero acá no sólo vemos las creaciones de Martín, porque acá su obra no está pintada sobre hojas secas, ollas de barro o petates (que son algunos de los soportes que emplea), también está presente el espíritu del Dios Baco, porque estas botellas contienen la bendición divina del comiteco.
Ya te he contado que el comiteco fue una bebida de tradición mundial; te he contado que grandes escritores (basta mencionar al guatemalteco Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura, o al chiapaneco Eraclio Zepeda, Premio Nacional de Literatura) escribieron en sus obras literarias acerca del comiteco, bebida de gran calidad. Fue una pena saber que en algún momento esta industria (por múltiples factores) perdió su esencia y quedó relegada en mínimos barrilitos caseros, cuyos propietarios siguen conservando como lo que son: verdaderos tesoros etílicos. En otras zonas del país fueron más listos y lograron convertir las bebidas tradicionales en grandes industrias que aparte de aportar elementos culturales de prestigio fortalecieron una industria que ahora contribuye con ganancias de millones de pesos y es gran generadora de mano de obra. El comiteco bien pudo estar por encima del tequila, del bacanora y del mezcal, o, cuando menos, a la misma altura.
Por fortuna, en la actualidad varios empresarios han retomado la estafeta y vuelven a presentar el comiteco con la receta original. Se perdió mucho camino, pero bien puede volver a posicionarse dicha bebida. En esta fotografía mirás las botellas del comiteco “Nueve Estrellas”, empresa que Jorge Domínguez ha impulsado con gran empeño y cariño. Jorge ha emprendido una labor de rescate cultural de gran importancia. Y ahora, siguiendo la tradición de las grandes empresas vitivinícolas, ha invitado al pintor de Tzimol para que personalice las botellas, así, quien adquiere una de estas botellas no sólo adquiere una bebida comiteca de gran tradición sino que se lleva una obra única, un paisaje de esta zona pintado por las manos geniales de Martín.
Y digo que las grandes empresas vitivinícolas también han impulsado el conocimiento de la obra de los grandes pintores de México, porque una compañía de traguito, hace años, sacó una serie de botellas que traía estampadas obras del gran Francisco Toledo, por ejemplo. Acá hay más belleza, porque las obras son originales y únicas.
Acá, como dirían ustedes los jóvenes, hay un plus (un mojol, diríamos los comitecos). Jorge rescató la tradición del comiteco, que tiene mil historias en Comitán. Los jóvenes de los años sesenta y los más viejos recuerdan que antes, a la orilla de lo que ahora es el bulevar había grandes magueyales, en los que los muchachitos llegaban a robar el aguamiel y los propietarios extraían la savia que servía para producir una de las bebidas más selectas que probó el mundo: ¡el comiteco!
No por algo siempre hemos dicho que el comiteco más famoso es ¡el comiteco! Una vez que dije esto, un compa de la Ciudad de México me quedó viendo con cara de panal lleno de abejas, porque él esperaba que yo mencionara el nombre de algún personaje famoso nacido en esta tierra, tuve que explicarle porqué decía lo que decía y cuando le serví una copita del licor, él la bebió, cerró los ojos y vi que su cuerpo se llenó del espíritu de la bebida, supe que había entendido a cabalidad. No hay comiteco más famoso que el comiteco, y, por fortuna, varios empresarios han emprendido la tarea de darle vida; ellos, siguiendo el ejemplo de Jesús, están convirtiendo el agave en una bebida espirituosa de calidad. ‘Caso lo están haciendo horchata, ¡no!, lo están haciendo traguito, que ayuda a alegrar el alma de las personas y que, en la boca de una maravillosa curandera, también ayuda a curar del espanto. Sí, la bebida alcohólica ayuda a colocar una cortina al espanto de la vida y de la desgracia.
¿Te asustaste? Ah, metete un pitutazo de traguito. ¿Tenés una pena? No dudés, servite una copita de comiteco y decí ¡Va güitz! ¿Tu novio no llegó a tiempo y te enojaste? No hagás corajes, decí ¡salud! ¿Nació tu sobrinita? ¿Qué esperás? Andá a la cocina y sacá las copitas y la botella y serví traguito y compartí la alegría con todos los amigos y familiares. ¿Se murió el tío Andrés? No sufrás, echá trago, brindá por todos los que siguen vivos.
Posdata: Claro, en el caso de que comprés una de estas botellas, pintadas por Martín, no vayás a hacer lo que hace Romeo cada vez que termina de beber una botella, que se la coloca sobre la cabeza y comienza a bailar tratando de conservar el equilibrio de la botella. Romeo, todo mareado, tataratea y la botella termina quebrada en el piso. ¡No! Estas botellas son de colección, son el pretexto ideal para obsequiar ahora en navidad, la infinita gracia de colocarlas en el arcón navideño. Acá hay una muestra de talento, talento empresarial y talento artístico. ¡Lo bebamos! Sirvamos una copita y le metamos con gusto

viernes, 30 de noviembre de 2018

CUANDO EL NO CAE A UN POZO




A veces divido el mundo en dos. Ayer lo dividí en: Mujeres que caminan como sapos inflados, y mujeres que nunca dicen no.
La mujer que nunca dice no, tampoco siempre dice sí. Ella nunca le dice no a la vida. Tiene la capacidad infinita de recibir con piernas y brazos abiertos el río de agua limpia. Jamás escucharás un no en su boca, ¡nunca! Pero, por favor, amantes bobos, no crean que ella está dispuesta a complacer todas sus guarradas (¡No! Ella no comulga con hombres que son como el tal Taibo, que dice cosas desagradables en público. ¿Por qué la mamá de Taibo no le enseñó que todo puede decirse, pero hay cosas que deben decirse sólo en la intimidad, que sólo se emplean como parte del juego erótico?)
La mujer que nunca dice no, siempre está dispuesta a bailar, reír, tomar, beber, jugar juegos de día y de noche; es una flor que se abre al contacto con el agua y que recibe al travieso colibrí y le prodiga su mejor néctar.
¡Es hermoso estar cerca de ella! Siempre es un privilegio estar cerca de nubes que no fomentan truenos; siempre es delicioso estar en una playa que recibe olas tiernas; siempre es agradable estar al lado de una mujer que ha arrancado el no de su boca. Lo que crece en su boca es la luz del amanecer, la cuerda con que vuela el papalote, la tortilla que alza su panza en el comal, el pájaro que busca el Sur, el río que da vuelta a la esquina y no llega al mar.
¡A ver, a ver! Tranquilos. Identificar a la mujer que nunca dice no ¡es acción sencilla! Ni siquiera es necesario estar pendiente de sus palabras. Sería un acto interminable, desastroso, estar pendiente de la mujer que ha proscrito la palabra no en su diccionario particular. ¡No! Identificar a la mujer que nunca dice no es tan sencillo como pararse frente a un abismo y ver no hacia el fondo sino hacia el horizonte. ¿Ven? Por lo regular, los amantes bobos, cuando están al filo del abismo ven el fondo y sienten vértigo y piensan que caer ahí debe ser como la muerte. Los amantes bobos no acostumbran a ver más allá. No saben, ¡pobrecitos!, que la vista siempre debe estar a la altura de los ojos; no saben que siempre debe verse al horizonte. Los amantes verdaderos saben que, incluso estando al borde del abismo, la línea del horizonte es el ideal. Por esto, los amantes verdaderos ven a los ojos de la amada, jamás posan su mirada estilo Taibo en las profundidades. Los amantes verdaderos siempre se asoman a la ventana llena de luz y no al pozo donde vive la oscuridad.
La mujer que nunca dice no es como una flor sencilla, como una gaviota que se para en un poste del puerto, como un pan recién salido del horno, como una tortuga a mitad de una laguna. La mujer que nunca dice no es como una palabra guarra dicha en el oído del amado, como una palabra delicada dicha ante una multitud, con fragor de cañón de guerra.
A veces divido el mundo en dos. Mañana lo dividiré en: Mujeres que toman el toro por los cuernos, y mujeres que toman el cuerno del toro.

jueves, 29 de noviembre de 2018

DEFINICIÓN DE FILO




¡Ah, qué palabra! Desde niño la escucho en medio de una oscuridad indecible. ¿Qué significa estar al filo de la navaja? ¿Qué significa estar al filo del abismo? Siempre el filo de algo es como estar en el límite de lo horrible.
Jamás (no sé ustedes), jamás he escuchado que alguien diga que está al filo del éxito. Nunca escuché que un amigo dijera que estaba al filo de lograr el sí de su muchacha bonita. ¡No! El filo siempre refiere a las cosas negativas. Por esto, la palabra filo es una palabra que me provoca escozor, me deja al filo del acantilado, desde donde, a medianoche, el mar es una sábana negrísima que vomita agua fría y encabronada en contra de las paredes.
Siempre pensé que hincarse ante el cura, en el confesionario, era como estar al filo de la navaja, un poco como dicen los policías que todo lo dicho podía ser usado en mi contra. El catecismo me obligaba a decir todo en la confesión a fin de quedar limpio de espíritu, pero ¡cómo podía hacerlo si el cura, cuando platicaba con mi papá deslizaba algunas pistas que luego hacían que mi papá, al llegar a casa, me sometiera a interminables interrogatorios! Por eso comencé a odiar al cura y a odiar el instante en que debía someterme a ese tormento que era muy semejante a los que infligían los monstruos del Santo Oficio.
“Ave María”, decía el cura, y yo sabía que en ese instante estaba al filo de la navaja. Yo respondía: “Sin pecado concebida”, pero pensaba: “Alejandro, estás al filo del abismo. Todo lo que digás será usado en tu contra”. “¿Hace cuánto no te confiesas?”. Yo decía: “Hace un mes, padre”, pero pensaba: “Nada le digás a este cura infecto, cucaracha santurrona”. “Dime tus pecados”, decía el cura, y yo desgranaba los tres pecados que ya había aprendido de memoria: Dije mentiras a mi mamá, no hice la tarea, y desobedecí a mi papá. Estos tres pecados (lo sabía) no me ponían al filo del abismo, eran tres minucias. Cuando mi papá platicaba con el cura éste hablaba de otras cosas y al final decía que Alejandrito era un buen chico, había que ir pensando en la posibilidad de enviarlo al seminario, para que dedicara su vida a servir al señor; es decir, el cura deseaba que yo fuera igual que él (vade retro).
Cuando lo pienso bien, pienso que los seres humanos siempre estamos al filo de la vida. ¿Qué otra cosa es la vida sino el infinito caminar sobre una cuerda que está atada al filo del aire? El otro día caminaba con rumbo a mi casa cuando vi en la calle a un motociclista que iba delante de un auto, de pronto, al llegar a la esquina, el motociclista decidió (como si estuviera solo en el campo) virar hacia la derecha, esta acción hizo que detuviera tantito la velocidad, el automovilista metió el freno y dio un volantazo que logró esquivar al de la motocicleta, quien aceleró y se fue tan campante. Supe que en ese momento había presenciado a dos hombres al filo del abismo, de la vida. El motociclista no lo supo, porque la mayoría de motociclistas no sabe que siempre está al filo (¿no han visto a algún motociclista que conduce su máquina llevando el casco colgado en el brazo izquierdo, en lugar de ponérselo para la protección de su cabeza? ¿Verdad que sí lo han visto?) Vi la cara del automovilista, quedó casi sin sangre. Él supo que estaba al filo de la navaja. Por un pelito no atropelló al motociclista; su vida se hubiese convertido en una gran tragedia. Nadie habría dicho que el culpable había sido el tipo que se detuvo de improviso, como si estuviera solo en el campo.
La palabra filo es cortante como frágil hoja de papel. No nos damos cuenta, pero la llevamos pegada como sombra. Siempre nos acompaña, es la mala compañía que el destino nos adosó desde el momento en que nacimos, desde el momento en que estuvimos al filo de la vida, en el instante en que los papás se dieron cuenta que su cría no respiraba y comenzaba a ponerse moradita; en el instante en que, ¡por fin!, la criatura lanzó un berrido de cabrito desesperado y todos los familiares respiraron tranquilos, porque abandonaron la idea de que estuvieron al filo, siempre al filo.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

CARTA A MARIANA, DONDE APARECE UNA MARAVILLOSA DEFINICIÓN DEL ACTO DE PINTAR




Querida Mariana: En la Feria del Libro 2018, en Guadalajara, Orhan Pamuk dijo: “Pintar es como cantar bajo la regadera”. Reiteró que siempre deseó ser pintor. Actualmente pinta, pero la actividad que le permitió alcanzar la gloria mundial ha sido la escritura. Pamuk fue premiado con el Nobel de Literatura en 2006. Hay millones de lectores que lo consideran uno de los mejores escritores de estos tiempos (me incluyo, porque, vos sabés, me encantaron sus novelas “El museo de la inocencia” y “Me llamo Rojo”, así como ese libro de recuerdos que se llama “Estambul” y donde despliega un talento genial para describir la ciudad en que nació.)
¿Mirás qué dijo respecto al acto de pintar? Hay personas que prefieren bañarse con agua fría, otros con agua tibia, y hay muchos a quienes les encanta bañarse con agua caliente, pero ¿cuántos cantan bajo la regadera? ¿A vos cómo te gusta bañarte? (Este es un tema que a mí me apasiona. Imagino a mis amigas bajo la regadera, las imagino mariposas livianas en medio de la lluvia.) ¿Cantás bajo la regadera? No todo mundo lo hace. Yo fui una mañana a una casa de huéspedes cuando estudiaba en la Ciudad de México y cuando, un grupo de amigos, estábamos en el comedor escuchamos cantar a uno de los muchachos. Cantaba horrible. Elena, quien era mi amiga, dijo que su compañero estaba crudo, bueno, en realidad aún estaba borracho, así que no sabía bien a bien qué hacía. Los demás desayunábamos tamales (la casa era de una señora tuxtleca, que preparaba unos tamales bien sabrosos). El baño estaba arriba, la voz del amigo bolencón comenzó a oírse con más intensidad, yo imaginé que él se enjabonaba la cabeza cuando la voz, ya casi vuelta grito, cantó: “Nuestro amor siguió creciendo y con él nos fue envolviendo” y repitió la última palabra una y otra vez, una y otra vez, cada vez más alto. Hubo un instante en que debimos suspender la plática, porque los gritos superaban todo lo que decíamos, nos dedicamos a comer, los cristales comenzaron a vibrar, como si el cantante fuera un Plácido Domingo cualquiera. Llegó el momento en que el “envolviendo” nos envolvió de manera brutal. Vi que todos apretaban la mandíbula como si fueran caníbales o leones devorando una hiena, en lugar de degustar un rico tamal; los ojos iban como canicas de un lado a otro y los rostros parecían a punto de explotar como drenaje. Supe que todos estábamos en el límite, casi pude escuchar cómo todo mundo estaba a punto de gritar: ¡Ya, cállate, hijo de la china Hilaria! Por fortuna, no hubo necesidad, ya que de pronto el cantante pareció agotar el aire infinito de sus pulmones y el silencio se hizo. Vi que todos los que estábamos en la mesa expiramos una burbuja de sosiego, pero más tardamos en regresar a la armonía cuando el caos regresó, escuchamos unos gritos como de mono aullador, el muchacho estaba vomitando. ¡No! ¡Ya no, eso sí no podía soportarlo, porque sentí arcadas en mi estómago! Me levanté y me despedí. No había llegado a la puerta cuando una marabunta pasó sobre mí. Nadie de los que estaban en la mesa soportó tal martirio.
Esto recordé cuando oí la declaración de Pamuk. Entendí entonces que el disfrute está precisamente en quien canta debajo de la regadera, así cante horrible. El tormento es para quienes están a su alrededor.
Sí, yo, igual que Pamuk, también pinto. Y cuando lo hago es como si estuviera botado debajo de un árbol y recibiera una lluvia de pétalos.
Posdata: El gran caricaturista Abel Quezada también pintó muchos cuadros y él decía que el acto de pintar es la libertad total. La escritura tiene un corsé imposible de evadir. La pintura, en cambio, permite todo. No hay camino a seguir. La belleza de la pintura es que la creación abre miles de ventanas y todas son válidas. Claro, como sucede con las personas que cantan bajo la regadera, algunas cantan bonito, otras berrean y unas más vomitan. Lo mismo sucede con la pintura. Los espectadores disfrutan la obra o la aborrecen, porque las obras también cantan, algunas suenan como si las interpretara la Fourcade y otras como si las cantara Arjona.

martes, 27 de noviembre de 2018

CARTA A MARIANA, DONDE LA TRADICIÓN ES RECUPERADA




Querida Mariana: Podemos pasar de largo. Claro que podemos hacerlo. Pero hacerlo sería tanto como seguir echando tierra a la tradición.
Hubo un tiempo, todo mundo lo sabe, que Comitán se distinguió por tener una hermosa educación musical. Cuentan los mayores, que en muchas casas se realizaban tertulias con emocionante frecuencia. Los amigos y familiares se reunían en las salas y cantaban o tocaban piano o violín y los tríos o cuartetos se lucían tocando las guitarras, guitarrones y tololoches. De igual manera aparecía por ahí un ejecutante sensacional que le sacaba calor a la marimba. Comitán tiene una tradición musical que reúne brillantes nombres de ejecutantes y de creadores de instrumentos musicales.
Por desgracia, esta tradición está entrando a un túnel oscuro. ¿Qué enamorado lleva ahora serenata con marimba? En algún momento se extravió el hilo de las serenatas con marimba. Una noche, un grupo de amigos bolos acompañó al amigo que llevó serenata con mariachi, ¡de ahí para el real! Luego, los novios abrieron las puertas de su auto y le subieron volumen al estéreo; luego, aparecieron los tecladistas. Y todo mundo dijo que era más económico llevar serenata con un tecladista, con un estéreo o con un mariachi. Ah, pobres chicas comitecas. Sus amados dejaron de ser delicados con ellas por cuestiones económicas. Los comitecos se volvieron codos y mezquinos y cambiaron sus gustos musicales. Cambiaron la belleza del amor por la belleza del dólar (bueno, de los pesos sencillos).
¡De ahí para el real! Las marimbas sobreviven gracias (hay que decirlo) a la organizaciones religiosas que brindan marimba el día del santo o virgen, y al buen gusto de los mayores que aún se dan el gusto de pagarlas para que ellas amenicen las bodas de oro o los bautizos de los nietos. ¿Y los constructores de marimbas? Van desapareciendo con la misma rapidez con que los grupos de marimba quedan relegados y con la misma velocidad con que los jóvenes músicos eligen otros instrumentos para aprender y para ejecutar. La marimba creció en prestigio mundial pero perdió la esencia local. Le sucedió un fenómeno similar al tango. Éste salió de las barriadas y se instaló en los grandes salones de Argentina. Bueno, la marimba también dio el brinco altísimo, de las casas de barrios modestos brincó a las grandes salas de concierto. Hoy, la marimba es apreciada en festivales de música a nivel internacional. Acá mismo, en nuestro pueblo, el cuatro de agosto (día de nuestro santo patrono), los comitecos gozan el encuentro de marimbas. Los jueves y domingos, frente al palacio, decenas de personas mueve el bote al ritmo de la marimba municipal. Muchos jóvenes bailan. Esto es así porque el sonido de la marimba está en sus genes, su espíritu reclama esa tradición, aunque ellos, por el lazo aprehensivo de la mercadotecnia, piensen que la banda es lo chic.
La guitarra de esta fotografía es una guitarra de estudio. No está hecha en Paracho, ni en China. ¿Sabés quién las construye? Un artista de Yalumá, que es una comunidad rural de nuestro municipio. Xun Gabriel es egresado de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, es un destacado ejecutante de la guitarra y, también, un delicado luthier, palabra que, me cuentan, significa constructor de instrumentos musicales de cuerda. ¿Recordás al maravilloso grupo musical argentino que se llama Les Luthiers? El nombre significa, entonces, los creadores de guitarras o violines o violas o...
Xun es un hombre prodigioso, en su casa (al lado del horno donde su hermano Manuel de Jesús, otro excelso artista, crea obras de cerámica) construye guitarras, guitarras únicas.
Ya mencioné que los tiempos actuales, de abrumadora mercadotecnia, nos hace dejar de lado el amor y privilegiar el dinero. ¿Quién adquiere las guitarras que Xun crea, cuando las chinas son más baratas?
¡Ah!, podemos pasar de largo ante la belleza y deslumbrarnos ante lo uniforme. Las guitarras de Xun son obras únicas. Xun camina contracorriente, deja el camino donde anda la mayoría en estos tiempos. Dejar solo a Xun sería volver a cometer un equívoco, sería volver a echar polvo a la memoria de los grandes constructores de instrumentos musicales de antaño.
Xun, de manera modesta, pero grandiosa, retoma la tradición de la grandeza musical de Comitán. De nada servirá el reconocimiento si éste no va acompañado del apoyo económico.
Adquirir una de las guitarras que él construye es hacer patria, es recuperar el prestigio de los grandes ejecutantes y constructores de instrumentos musicales de la región; es decir ¡no! a la globalización y decir ¡sí! al talento propio.
Posdata: Podemos pasar de largo, pero no es forma de apoyar a los creadores locales, que hacen un gran esfuerzo en abonar a nuestra tradición musical de excelencia.

lunes, 26 de noviembre de 2018

EL JUEGO DE BELISARIO DOMÍNGUEZ




¿Ya vieron la fotografía? ¡No ésta! Por favor, vean la fotografía que estuvo expuesta la tarde en que, por iniciativa ciudadana, Comitán celebró los cuatrocientos noventa años de su fundación. La fotografía expuesta es obra de Toño Aguilar (quien aparece en esta fotografía). En el pueblo todo mundo sabe que nuestro paisano Toño es uno de los grandes fotógrafos de México. ¿Ya hicieron favor de ver la fotografía que él tomó? En primer plano está la estatua del doctor Belisario Domínguez y en el fondo aparece un mar de nubes. La fotografía es sensacional. La tarde que el Senado de la República quiera ilustrar de manera digna algún libro debe comprar esta fotografía para usarla como portada, digo, para que la imagen del doctor Domínguez recupere su sitial de honor y para que se reconozca el trabajo de este genial artista comiteco.
Esa tarde de celebración aproveché que el autor de la fotografía estaba en el lugar donde minutos después se inauguró la muestra y le dije que jugáramos tantito, le dije que se parara al lado de su obra y que imitara la pose de Belisario. Toño, siempre tomando la vida con su mejor rostro, se paró junto a su fotografía y colocó su brazo derecho sobre el pecho y soltó el brazo izquierdo, con la misma actitud de la estatua, estatua que acompaña a los comitecos desde los años sesenta. Los jóvenes ven esta estatua en el inicio del bulevar, en la entrada a Comitán desde San Cristóbal, pero no saben que, al principio estuvo en el parque central.
Como esa tarde era tarde de fiesta, Toño tiene como fondo una reja de papel de china. ¿Ven que ese es el juego que le propuse a Toño? En la fotografía que él tomó el fondo es un rebaño sublime de nubes, acá, en esta fotografía, hay un tapiz de papel de china.
Como todo juego, la sencillez va más allá del mero entretenimiento. Las nubes de Comitán también están hechas con papel de china, con el papel que los comitecos emplean para hacer “rejas” cada que celebran un cumpleaños.
Esa tarde se celebraba el cumpleaños cuatrocientos noventa de la fundación de Comitán. Para celebrarlo, la iniciativa ciudadana, presidida por Antonio Zamudio Blanco y María de Jesús Coutiño Vázquez, y apoyada por el senador Eduardo Ramírez Aguilar, organizó una serie de actos, en las que estuvo presente la reafirmación de la identidad comiteca.
Acá, en este juego con el fotógrafo Toño, él imitó la pose del doctor Domínguez. No fue un simple juego. El juego pretende ir más allá. ¿Imaginan que, sólo como juego, todo mundo de Comitán se parara junto a la fotografía de Toño e imitara la pose de don Belisario? Que todos, niños, adolescentes, adultos y viejos, imitaran, de principio, la forma en que el doctor Domínguez se enfrentó a los avatares de la vida cotidiana. Don Belisario fue un mártir, pero antes que eso fue un humanista. La historia recuerda los instantes gloriosos en que el médico preparado en París se brindaba en cuerpo y alma a los más pobres de sus paisanos. Don Belisario fue un médico humanista, comprometido con su profesión y consciente de que su presencia hacía mucho bien a su pueblo.
¿Imaginan qué sucedería si comenzáramos un homenaje permanente a la labor humanitaria del médico Domínguez? Esto significa colocar el puño derecho sobre el pecho, como si hiciéramos un pacto con nosotros mismos y con el pueblo y prometiéramos ser humanistas.
¿imaginan que, con esa pose, recordáramos el legado del héroe comiteco y nos apropiáramos del mensaje en que sugirió que cada uno de nosotros haga lo que le corresponde a fin de salvar a la patria?
El juego de Belisario Domínguez invita a tomarnos la foto al lado de la foto de Toño (bien de manera real o de manera imaginaria) para rescatar el legado de don Belisario. Después de todo, lo sabemos, la patria se salva por la acción modesta que realizan sus hijos, día a día. Por fortuna, en este pueblo muchos juegan el juego de Belisario, cada día cumplen sus labores con responsabilidad y con ello contribuyen a que Comitán recupere la dignidad que le corresponde.
Toño jugó el juego, porque todos los días él cumple con su oficio de manera encomiable. ¡Que todo mundo juegue el juego de Belisario y coloque la mano derecha sobre el pecho y jure que amará y trabajará por dar luz a la patria común! Comencemos, sólo como mero juego.

sábado, 24 de noviembre de 2018

CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA CÓMO AMÍN Y YO SOMOS PERSONAJES LITERARIOS




Querida Mariana: A ver, nos pongamos de acuerdo. Esta fotografía está alterada. Algún sinquehacer la hizo meme. Meme, qué palabra tan bonita. No sé de dónde procede. En mi infancia, después de tomar el vaso de leche tibia y comer una tostada con nata, iba a desearle buena noche a mi papá, quien estaba sentado en una silla de mimbre, escuchando música en la sala, y él, al darme mi beso, me decía: “A hacer la meme, mi hijito”. Y ahora resulta que muchos años después, el que hizo el meme fue otro (porque estoy casi seguro que fue hombre. ¡Ah, hombre sinquehacer!)
La fotografía nos la tomó Isabel, la esposa de Amín. Nosotros, porque habíamos recibido un diploma que nos nombra como “Héroes sin capa”, y que nos otorgó, junto a veinte o más compas, la Dirección de Prevención al Delito, del ayuntamiento comiteco, estamos chentos (orgullosos). Y ahora resulta que alguien editó la fotografía. A mí me puso un bombín de mago y agregó dos nombres: Gandalf y Bilbo Bolson. Dos nombres que ustedes los jóvenes reconocen de inmediato, pero que a mí me costó trabajo identificar. Al principio, viejo ya, leí Gandaya y Bilboard. Vos sabés que Bilboard es una revista que hace la relación de las cien mejores canciones. ¿Gandaya? Bueno, según el diccionario de la Real es “redecilla del pelo”, en una segunda acepción. Vi de nuevo la foto y pensé que por eso el compa “memeador” me había puesto un sombrero en la cabeza, para que no se me cayera el pelo (que cae ya como agua de la Cascada El Chiflón). ¡Ah!, pensé, que simpático meme. Corrí a mostrárselo a mi Paty (el meme) y ella se botó de la risa, como estaba sentada en el borde de la cama, se hizo para atrás y tuvo que agarrarse el estómago con ambas manos, por la risa. La perrita (Pigosa), que también estaba sobre la cama, se emocionó, comenzó a dar vueltas y vueltas y luego comenzó a lamer la cara de Paty. Yo reí también, igual que ellos estaba contento. Cuando cesó la risa, Paty se incorporó y me dijo que sí, que yo tenía parecido a Gandalf. Yo rectifiqué, dije gandaya. Ella dijo que no, tomó su celular, buscó algo y me enseñó la pantalla, ahí estaba un viejo con el nombre de Gandalf. “Éste sos vos”, dijo Paty, sonrió y continúo bordando la muñeca que hace ahora. Volví a ver la pantalla de mi celular y ahora sí leí los nombres sin equivocación: Gandalf y Bilbo Bolson, entonces corrí a la computadora y busqué quiénes eran los fulanos. Ambos son personajes literarios creados por el famosísimo escritor británico J. R. R. Tolkien. No, perdón, Mariana, no he leído “El señor de los anillos”, ni he visto la película. Por esto no sabía quiénes eran tales personajes. Bueno, ahora lo sé, Amín y yo somos la reencarnación comiteca de Gandalf y Bilbo. Pucha, sólo falta que a partir de ahora nos traben este apodo. Ya mirás cómo son los comitecos. Lo bueno, es que ni Amín ni yo hacemos caso a los dichos. Amín me dijo el otro día que es figura pública, por lo tanto está expuesto a que la gente diga lo que quiera de él. ¿El lodo? Como dijera Rosario Castellanos “Nada, en fin, que un buen baño no borre”. Hace muchos años dibujaba una serie de caricaturas con un personaje central que se llamaba Don Piedra, bueno, pues en pleno 2018 todavía José Antonio me encuentra en la calle y me grita: “Don Piedra”. ¿Me ofende? ¡Al contrario, me halaga! ¿Imaginás qué honor que reconozca mi obra?
Cuando me cayó el veinte de lo que había hecho el memeador (dije, memeador y no lo que interpretaste) pensé de inmediato en que la literatura mundial tiene muchas parejas famosas: Basta mencionar acá a dos: El detective inglés Sherlock Holmes y su ayudante Watson; y el español don Quijote y su fiel escudero Sancho. Por cierto, el otro día, Ramiro me dijo que todo mundo dice que el detective inglés decía a cada rato: “Elemental, querido Watson”, y dice Ramiro que todo mundo está equivocado, porque el autor jamás puso tales palabras en la boca de Holmes; y luego mencionó que todo mundo repite: “Ladran los perros, Sancho, señal de que avanzamos”, y Ramiro jura y perjura que Cervantes jamás escribió tal cosa. Bueno, pensé, son memes literarios que se han hecho tan famosos como famosos fueron los personajes que aparecen en esas novelas; como famosos son Gandalf y Bilbo; como famosos somos ahora Amín y yo, gracias al memeador sinquehacer.
Bueno, pero a todo esto, quiénes son Gandalf y Bilbo. Busqué de nuevo en el Internet y hallé que Gandalf (es decir ¡yo!) es uno de los magos más famosos de la literatura mundial. Pucha, en este instante me sentí muy orgulloso. Pensé de inmediato en otro de los grandes magos del mundo de la ficción: El mago Merlín, aquel maravilloso personaje que al final de la historia terminó siendo una especie de consejero del Rey Arturo. ¿Mirás? ¡Nadita! Ser comparado con un mago es un privilegio, es como decir que uno es capaz de realizar prodigios.
¿Qué más? Gandalf es un mago y un anciano. Bueno, bueno, debo reconocer que ya estoy en el territorio de los viejos, porque, como decimos en Comitán, ya estoy andando en los sesenta y dos. ¡Sesenta y dos!, pucha, ya me hice viejo, tan viejo como el famoso Gandalf.
¿Y Bilbo? (Es decir, Amín). De nuevo entré al Internet. Ahí hallé que Bilbo es un hobbit y los hobbits son gente pequeña. ¡Sí, sí! Amín es de talla física pequeña, pero brillante en su pensamiento y en su creación. Cuando él vea este meme hecho por el tal memeador se sentirá chento y brincará (no muy alto) porque él es hijo, ¿sabés de quién?, del maestro Víctor, que acá en Comitán todo mundo le dijo: “Maestro chaparrito” y que él, sabio después de todo, recibió con el mismo afecto con que el pueblo lo reconoció, porque igual que su hijo Amín, el maestro chaparrito era corto de talla física, pero era de una inteligencia sorprendente, era un matemático excelso. ¿Y qué más? El hobbit tiende a ser de vientre pronunciado. ¡Sí, sí! Amín es panzudito.
Bueno, pensé, después de todo, el memeador nos hace un gran elogio. Nos compara con una pareja sublime de la literatura y del cine mundial. A mí me dice que soy un mago y a Amín le dice que es un hombre armonioso, porque los hobbits han tenido la capacidad de formar una sociedad donde todos viven en armonía. El memeador nos colocó a la altura de las grandes parejas de personajes que han hecho la delicia de millones de lectores en todo el mundo. Amín (Bilbo comiteco) es un responsable cronista y un dedicado investigador que ha obsequiado a la comunidad una serie de libros que ayudan a comprender nuestra identidad. ¿Yo? Pues a diario escribo y comparto Arenillas, que van también en el mismo sentido: apuntalar la identidad comiteca, y ensanchar el mundo de la imaginación, el mismo mundo del que nacieron Gandalf y Bilbo, del que nacieron Sherlock Holmes y Watson; del mismo mundo del que proceden El Quijote y Sancho.
Sí, el memeador nos regaló una bellísima imagen. El sinquehacer dedicó tiempo a elaborar el meme que nos halaga. Pensé que bien pudimos también ser Holmes y Watson o el Quijote y Sancho. Si fuésemos los primeros Amín sería más Holmes que yo, porque él es quien investiga y descubre los misterios, él es quien anda con la lupa desentrañando los secretos de la historia local; si fuésemos los segundos, yo bien podría ser el Quijote, porque algo de su hermosa locura fecunda en mí. Pero ¡no! Somos Gandalf y Bilbo. Él por chaparrito y yo por anciano. Sí, eso somos. En esta imagen jugamos a ser seres venidos de otro mundo, un mundo que no es tan plano como es el mundo real.
Cuando me tope con José Antonio en el parque o en el café (donde permanece casi todo el día) le diré que ya no soy Don Piedra, ahora (e hincharé el pecho como guajolote) diré que soy Gandalf. Ni gandaya ni bilboard, Amín es Bilbo y yo soy Gandalf. Somos personajes maravillosos de la literatura mundial. Ah, qué elogio tan grande nos hizo el memeador.

Posdata: ¿Qué puedo decir en mi nombre y en nombre de Amín? En nombre de Amín decir que es un gran hijo del Maestro Chaparrito, y en mi nombre decir que soy un orgulloso hijo de mi papá, quien también fue chaparrito. Venimos de padres pequeños, en altura física, pero enormes en humildad.
El memeador nos hizo un gran elogio. Nos comparó con grandes personajes literarios; nos metió en un mundo de ficción fascinante; y permitió que, ahora mismo, pueda decir que Comitán también tiene mucho de Gandalf y de Bilbo, porque nuestro pueblo tiene magia, a pesar de que es pequeño en su extensión geográfica y en su población, y es inmensamente grande en su tradición cultural, incluso en la de poner apodos y, ahora, en estos tiempos tecnológicos, hacer memes simpáticos. Que Dios siga prodigando ingenio a los sinquehacer comitecos, que se pasan el día viendo a qué honra joder.

jueves, 22 de noviembre de 2018

LECTURA DE UNA FOTOGRAFÍA




Sí, quien camina a mitad de la avenida es Óscar Bonifaz. ¿Por qué camina a mitad de la avenida? ¿Por qué no tiene precaución con los autos que ahora son manejados como si fuesen caballos desbocados en la estepa rusa? ¿Acaso no recuerda aquella anécdota que él cuenta en la que estaba parado en una esquina esperando cruzar la calle cuando alguien, un muchacho sonriente, con el pelo engominado, detuvo su auto, movió el brazo cediendo el paso y dijo: ¡Ah!, sería un privilegio atropellar a tan destacado escritor?
Sí, quien camina a mitad de la avenida es Óscar Bonifaz. Avanza y supera una ligera pendiente. ¿A pesar del riesgo camina por la avenida porque ésta tiene el nombre de su amiga Rosario Castellanos? ¿Acaso es como una manda para recordar la memoria de su amiga? El maestro siempre se ha sentido orgulloso de la relación personal que llevó con la famosa escritora. El pasado domingo dieciocho de noviembre, estuvo en el encuentro del gobernador electo de Chiapas con algunos (más de doscientos) integrantes de la comunidad intelectual y artística del estado. Cuando pidió la palabra se presentó así: “Señor gobernador, soy Premio Chiapas, Óscar Bonifaz, amigo de toda la vida de Rosario Castellanos”. ¿Ven? Ninguno de los otros participantes que hizo uso de la palabra en el encuentro “chenteó” amistad con alguna persona ilustre de Chiapas. Óscar sí lo hizo. Su amistad con Rosario ha sido una carta de presentación para él. Ha dicho que todos los biógrafos de Rosario (que son varios y muy inteligentes) no conocieron a Rosario en edad temprana. Bonifaz cuenta que sí, que fue “amigo de toda la vida”. Él insiste en decir que los otros biógrafos ya conocieron a Rosario cuando ésta vivía en la Ciudad de México.
Pero no, Óscar Bonifaz camina a mitad de la avenida Rosario Castellanos, porque es veinte de noviembre y las autoridades de vialidad de Comitán no permitieron el paso de autos para que el desfile transcurriera con fluidez. Es veinte de noviembre, se conmemora el Día del inicio de la Revolución Mexicana. A la hora que Bonifaz camina por la avenida, acompañado por su asistente y por el maestro Sergio Peña (y casi protegido en la retaguardia por el artista Raúl Espinosa, quien va acompañado de su esposa y de uno de sus hijos), el contingente de avanzada del desfile pasa por el parque central. Aún falta que los grupos participantes del desfile lleguen a este punto, frente a la casa donde se puede contratar a la marimba orquesta Teclas Comitecas. Lo que se ve al fondo es el cerro donde está (mero en lo alto) la Piedra de la Ametralladora.
El señor que está parado y el joven que está sentado sobre la banqueta, son personas que esperan el paso del desfile. En el parque central cientos de personas están, como pájaros alegres a las seis de la tarde, viendo el paso de los participantes del desfile.
Mientras tanto, Bonifaz, Premio Chiapas y amigo de toda la vida de Rosario Castellanos, camina tranquilo por la avenida. ¡Ah!, es tan agradable caminar por lugares que son territorio natural de los autos. Es tan bonito volver andador a las casi ya pistas de Le Mans. Bonifaz caminaba apoyándose con el bastón que, insiste, emplea por recomendación médica, pero que no necesita y lo demuestra a cada rato al subir el bastón hacia su hombro y caminar dando saltitos como si fuera un grillo alebrestado, juvenil. Porque medio mundo ve que camina ya cansadito, pero sigue teniendo la misma vitalidad de siempre. Cuando sus ex alumnos ven una fotografía de grupo de los años setenta en la preparatoria, no les queda más que decir: “Los viejos somos nosotros”. Todos piensan: “El maestro sigue igual”. Los ex alumnos ya han perdido parte del cabello, sus vientres han crecido como globos y sus rostros coleccionan arrugas y cicatrices. La carita de Óscar es la misma carita de tiuca sonriente, llena de luz; su complexión física es la misma. Sólo sus piernas están un poco cansaditas y ya no camina con la misma velocidad de antes, pero, en esta fotografía se advierte, él ahí la lleva, sigue caminando solo, sin ayuda. Cuando se le antoja sube el bastón a su hombro y da saltitos como de grillo asombrado y feliz.
¡Ah!, qué bonitas son las calles y avenidas cuando se vuelven andadores y los autos vomitan su rabia en otros territorios. ¡Qué bonito es caminar con tranquilidad, al lado de amigos! La cara del pueblo se llena de armonía, lo cotidiano queda tirado en la esquina del aburrimiento.
Bonifaz debe sentir bonito caminar a mitad de la avenida que lleva el nombre de su famosa amiga. ¿Cuándo la autoridad nombra una calle con su nombre para que sus amigos sientan bonito caminar a mitad de la calle Óscar Bonifaz?
Esa mañana del 20 de noviembre amaneció chispeando, pero luego el sol salió. Óscar también salió y caminó por esa avenida llena de luz y de murmullos suaves y afectuosos.