sábado, 9 de noviembre de 2019

CARTA A MARIANA, LLENA DE LUZ




Querida Mariana: Sé que vos sos de las niñas que sacan diez en la escuela. A vos no te cuesta algún trabajo, sos lista de por sí, se te da.
Muchos papás exigen que sus hijos saquen diez, aunque sus entendederas no sean las más recomendables. Hay chiquitíos a quienes se les dificulta el aprendizaje. Yo pegaba de brincos cuando sacaba un ocho, pegaba de brincos de alegría. Carlos Conde pegaba de brincos cuando sacaba un ocho, pero él pegaba brincos de coraje, porque estaba acostumbrado a sacar diez.
¿Puede una institución educativa obtener diez? Pues yo digo que, en días pasados, el Campus VIII, de la Universidad Autónoma de Chiapas, obtuvo un diez, porque tuvo la genial idea de organizar un Foro Empresarial, donde acudieron diez empresarios exitosos de Comitán para compartir experiencias. Los alumnos tuvieron la oportunidad de recibir algo así como el secreto para el éxito. ¡Claro! El asunto no es tan sencillo como te lo cuento, pero cuando vos estás frente a alguien que, como en carrera de relevos, te pasa una estafeta con la experiencia de vida, podés tener una visión más clara del camino. Muchísimos universitarios (jóvenes, inexpertos) dudan. El porvenir los confunde, no saben bien a bien por dónde va la luz que puede orientarlos.
De los diez ponentes, hubo uno que tiene cinco años de experiencia empresarial y hubo uno que tiene más de cuarenta años. ¡Más de cuarenta años! Sí, ya adivinaste: Víctor Manuel Albores. Y Víctor, que es un poco escaso, llegó y compartió con gran generosidad los conceptos que han sido el baluarte para lograr hacer una empresa exitosa.
Estuve presente en esa ocasión en el Auditorio Belisario Domínguez, lugar donde se realizó el foro, y pude presenciar las caritas emocionadas de los universitarios. Sabían que esa oportunidad era una oportunidad única.
¿Imaginás el caudal de experiencia que tiene Carlos Slim, el propio Donald Trump? Son dos viejos lobos de mar. Bueno, pues lo mismo sucede con los empresarios exitosos de nuestra región. La pregunta que flotaba en el ambiente fue: ¿Cómo se logra el éxito empresarial? Trátese de la empresa que se trate. Ya sea en el comercio, en los servicios, en materia intelectual. Hay empresas en el mundo que han logrado ser exitosísimas, ¿cuál es el secreto? Víctor compartió conceptos esenciales de su éxito. Sin duda que muchos jóvenes fueron tocados. Quienes reflexionen en esos conceptos y los lleven a la práctica, sin duda, hará que, de igual manera, sean ¡exitosos! Víctor compartió sus conceptos e ideas sin ínfulas, lo hizo con la verticalidad de su carácter sencillo y humilde. Por esto, su testimonio fue uno de los más bien recibidos. Los muchachos (de igual manera que cuando participó Mauricio Guillén, propietario del Hotel Casa Delina, empresa de servicios que, en el rubro de restaurantes y hoteles, fue nombrado como uno de “Los tesoros de México”) estuvieron muy atentos y se botaron de la risa con la exposición clara y bien comiteca.
El Campus VIII de la UNACH sacó un diez. Un diez, de igual manera, obtuvo Víctor en su charla. Oportunidad única y especial para los muchachos. Cuando los estudiantes salieron del Auditorio bien pudieron decir: “Nosotros estuvimos frente a uno de los empresarios más exitosos y nos compartió sus secretos.”
En realidad, Víctor no hizo más que compartir los secretos que provienen de la tradición; lo que hizo fue remarcar los principios esenciales de la administración. A menos que uno sea hijo de Slim o de Trump, los demás debemos “echarle ganas”. En el Auditorio no vi a ningún hijo de Slim o de Trump, vi a cientos de muchachos deseosos de servir a la patria y de convertirse en seres exitosos. Bueno, los diez ponentes les dieron los secretos. De manera especial, Víctor, con más de cuarenta años de empresario, se prodigó de manera generosa. Sus palabras, igual que el reconocimiento del Hotel Casa Delina, bien pueden nombrarse como “Tesoro de México”. Los muchachos se llevaron ese tesoro a su casa. Si son listos y saben aprovechar el conocimiento, esas palabras los harán grandes, también.
Vos, que sos muy inteligente, habrías aprovechado mucho dicho testimonio. Como seguís en Guadalajara (me alegra saber que ya está cerca diciembre y que ya volverás) te pasaré la estafeta, compartiré con vos dos o tres conceptos que Víctor obsequió esa mañana. ¿Va?
¿Sabés cómo comenzó? Comenzó de esta manera: “Buenos días, soy el más anciano del foro…” Esta entrada hizo que todo mundo riera, que se relajara. ¿Mirás qué buena entrada? Los muchachos comprendieron que Víctor era como uno de esos mayores que llegaba (en buena onda, dirían ustedes los chavos) a platicar como si estuviera en la sala de la casa, rodeado de amigos. Cuando la risa multitudinaria cesó, Víctor siguió de esta manera: “…entonces, me creo con el derecho de invitarlos a ser triunfadores…” ¿Mirás? Cada una de sus palabras no tuvo desperdicio, cada una de sus palabras fue una joya para conservarla, para tenerla en el altar de lo bien dicho. Asumió el derecho que nadie puede negar a una persona mayor, el derecho otorgado por la experiencia, por el esfuerzo de toda una vida. Vos sabés que cada persona mayor ha pasado por multitud de actos en su vida, actos que transitan por la recta vital, desde experiencias ingratas, hasta experiencias sublimes y llenas de felicidad. La vida no es sencilla, esto lo comienzan a percibir los jóvenes, por esto, todo mundo reconoció la nobleza de este foro organizado por las autoridades universitarias de la UNACH, acá en Comitán.
Cuando yo estuve ahí, pensé que miles de comitecos debían estar también, para pepenar esas piedritas luminosas que, como si repartiera panes, Víctor fue depositando en el corazón de la audiencia; pensé que debías estar ahí conmigo, vos que pintás para ser una de las mujeres más exitosas de nuestro pueblo.
Víctor asumió su derecho de persona mayor y luego, con modestia, hizo una invitación: “Los invito a ser triunfadores.” El maestro Jorge Gordillo (intelectual exitoso, también) siempre dice que, a una invitación, se va o no se va. Así pues, Víctor Manuel lanzó una invitación general, ¿cuántos, de manera sencilla, pero orgullosa, tendieron la mano para recibir la invitación, para aceptar ese convite y convertirse en exitosos, en triunfadores? ¿Mirás? Lo importante del mensaje de Víctor es que fue totalmente incluyente, invitó a todos, ¡a todos!, a ser triunfadores, porque, así lo asumió, así lo dicta la naturaleza, todos pueden ser exitosos.
A mí me encantó estar presente en ese foro, porque entendí que Comitán es grande. No era necesario importar a Slim o a Trump, no era necesario, porque en nuestro pueblo hay multitud de ejemplos de personas exitosas que, además, son generosas y comparten sin regateo su experiencia, su talento y su visión de la vida. Acá, tal como sostiene el lema de la empresa de Víctor, fueron comitecos compartiendo su talento con los comitecos. Víctor dice en su empresa: “Los comitecos compran con los comitecos”, acá, en el foro, los comitecos compartieron con los comitecos. Víctor dijo: “…Soy comiteco de origen y de corazón, amo a mi pueblo…” y con esto quedó dicho todo, con esto rubricó las tres primeras líneas de su discurso. ¿Mirás, querida niña, cuánta luz en tan poco tiempo, en tan poco espacio? Esto es lo que se llama experiencia. Vos y yo somos grandes lectores y sabemos que cuando un escritor es grande le bastan pocas líneas para decir mucho. Víctor, como si fuera un gran orador, dijo mucho en pocas líneas y, como ya lo dije, lo hizo sin pretensiones, lo hizo siendo él, comiteco de corazón, que ama a su pueblo. Víctor es ejemplo de comiteco que invierte en Comitán, que apuesta por su pueblo.
“Soy de una cuna muy pobre, lo que tengo, ha sido fruto de sudor, de lágrimas, de lucha constante. Esto quiere decir que, entre ustedes, hay muchas personas que pueden hacer lo mismo…”, dijo Víctor.
Winston Churchil (exitoso político inglés), en 1940, mencionó que el triunfo en la guerra exigía sangre, sudor y lágrimas. Víctor, luchador por la vida, mencionó que sus logros están teñidos por sudor y por lágrimas, aderezadas por una lucha constante. En ningún momento Víctor ha cedido ante los embates del infortunio, al contrario, ante la adversidad ha aparecido el genio del hombre. Víctor es ejemplo de un gran luchador. La vida, a final de cuentas, es un campo de batalla, donde los que triunfan son aquellos que le echan agua cada día, cada instante, a la planta de sus sueños.
Posdata: Sí, tenés razón, querida mía, esta carta debería contener mil folios para desmenuzar los conceptos vertidos por Víctor. Las autoridades universitarias tuvieron razón al realizar este foro empresarial. Los jóvenes universitarios necesitan del faro que ilumine su camino. Víctor, al lado de los demás empresarios exitosos, les proveyó de una tea infinita. ¿Cuántos aceptarán su invitación a ser triunfadores? ¿Cuántos reconocerán que el camino del éxito exige sudor, lágrimas y una lucha constante e inteligente?
Víctor ya cumplió, los demás ponentes ya cumplieron, la UNACH cumplió. Todos ellos obtuvieron diez de calificación. ¿Y los demás alumnos de la vida? ¿Qué calificación obtendrán?

viernes, 8 de noviembre de 2019

CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA QUE CIRITO MURIÓ




Querida Mariana: Murió Cirito. Medio mundo de Comitán lo conoció con este nombre: Cirito, así de cariño, porque se llamaba Ciro, pero Ciro suena muy fuerte. ¿Cómo atenuar este latigazo? Colocándole el hilo afectuoso de los comitecos, nuestro proverbial diminutivo. Así pues, todo mundo lo llamó Cirito, Cirito por aquí, Cirito por acá.
Ahora que se supo de su muerte, medio mundo lo recordó. Muchos lo recordaron por su labor de sacristán, en el templo de San Sebastián; y otros lo recordaron por ser el fiel acompañante de la Madre Mercedes, la mera mera del santuario del Niñito Fundador. Sí, Cirito fue un fiel servidor de la madre Mercedes, del padre Carlos, del padre Raúl y de los últimos sacerdotes que atendieron la parroquia. ¿Amigos? Pocos, muy pocos. Su oficio no le permitía andar en la tertulia. Todo mundo lo recuerda haciendo su labor de sacristán, desde la mañana hasta la noche. Era tal su compromiso que, un día antes de su muerte, estuvo en el templo, atendiendo lo que debía atender.
Murió Cirito; Cirito que nació en Tzimol, pero vivió muchos años en Comitán. Digo que muchas personas lo recuerdan por su oficio de sacristán, pero muchas otras personas lo recuerdan por ser el “hacedor de gorditas”. En tiempos que las gorditas no eran comunes en Comitán, él, en un local de las madres, vendía esas delicias culinarias que fueron conocidas como “Gorditas de Cirito”, porque ni modos de llamarles “Las gordas de las madres”. En los años sesenta, los alumnos del Colegio Mariano N. Ruiz (la escuela del padre) salían a receso, en el parque. Así pues, muchos estudiantes iban a comprar las gorditas de Cirito y luego las comían sentados en una banca del parque. Cirito, quien siempre fue delgado, fue como el rey de las gordas, en tiempos donde las gorditas no eran tan comunes en nuestro pueblo. Ahora, medio mundo disfruta las gorditas “El güerito”. Siempre ha sido así, los creadores de las gorditas exigen el diminutivo afectuoso. Las gorditas de Cirito llevaban un relleno de carne molida con papa, repollo y salsa roja picante. Las servía en un pedacito de papel estraza. ¡Nada de unicel! ¡Ah, esas gorditas eran delicia de delicias!
Cirito fue un entrañable personaje del barrio. Su recuerdo perdurará por siempre. A partir de hoy, su ausencia será notable. En los últimos tiempos medio mundo lo vio caminar de su casa al templo, apoyado en un bastón.
Digo que tuvo pocos amigos, pero tuvo uno que fue de la misma categoría moral que él, don Abraham Navarro fue su amigo por más de cincuenta años, ¡cincuenta!
En los años setenta, Cirito padecía de ataques, había ocasiones que quedaba tendido en el piso del templo, al lado del altar. Don Abraham, en 1977, le dijo a Cirito que lo llevaría a la Ciudad de México para que le hicieran estudios neurológicos: “Pero a la hora que le sacaron líquido de la columna ¡se me puso de muerte! Por fortuna la libró. Él se iba a morir en 1977. Dios permitió que viviera hasta el 2019. Aquella ocasión dijeron que le colocarían una válvula en el cerebro. La válvula alemana (de metal) costaba quince mil pesos, de aquel tiempo, nosotros no teníamos más que diez mil pesos, así que no alcanzó para la válvula alemana, nos conformamos con una válvula mexicana, de plástico. Muchos años después hubo una reunión de sobrevivientes de operaciones de cerebro, que había realizado el doctor Manuel Velasco Suárez, Cirito fue y se enteró que muchos de los operados con válvulas alemanas habían muerto, la mayoría de sobrevivientes eran los operados con válvulas mexicanas, las alemanas se habían oxidado.”
Así pues, Cirito sobrevivió muchos años. El pasado martes fue a ayudar en la misa de la tarde, ahí se sintió mal, pero soportó. Cuando llegó a su casa dijo que le dolía mucho el pecho, se recostó y mal durmió. En la mañana del miércoles tuvieron que llamar al médico, éste dijo que estaba grave, que debían llevarlo al hospital, así lo hicieron, a las cinco y media de la tarde, su campana interna dejó de llamar a misa. Calló para siempre.
En los últimos tiempos hizo imprudencias. Tenía una gotera que caía justo sobre su cama. Un día no aguantó más y trepó al techo y subió a trastejar. Dicen que sólo porque Dios es grande no se cayó, pero, como tenía gripe, esta simple enfermedad se convirtió en algo más delicado. Decimos que calló para siempre la tarde en que su corazón no aguantó más.
Posdata: Todo mundo le dijo Cirito. Él fue hijo de doña Ernestina Gómez Figueroa. “Como el papá no se presentó, a él lo registraron con el apellido de su mamá. Cirito se llamó Ciro Gómez Figueroa.”
Sí, medio mundo lamentará su presencia. El pasado jueves, las campanas de la iglesia de San Sebastián llamaron a muerte a la una de la tarde. Cirito no estuvo ya para prender las velas, él ya se había convertido en parte del fuego, del fuego eterno.

jueves, 7 de noviembre de 2019

CARTA A MARIANA, CON VUELO




Querida Mariana: Roxana dice que el parque central más bonito de Chiapas es el de Comitán. Ayer estuve en San Cristóbal de Las Casas y estuve en el Cerrillo. El Cerrillo tiene una plaza bellísima, como está en un altito, permite que el espectador tenga una vista sorprendente, alcanza a ver la cúpula del templo de Santo Domingo, que es una joya de la arquitectura coleta. Llamó mi atención que la plaza del Cerrillo está en la calle Comitán. Si querés hallarle alguna asociación maravillosa la podés hacer.
Todos los demás parques centrales de ciudades chiapanecas tienen su particularidad y su toque de belleza, pero el parque central de Comitán es de una belleza especial. Mi mamá (oriunda de Huixtla) siempre habla bellezas del parque de su lugar de origen, en los años cuarenta. Dice que estaba lleno de árboles que, los podadores, daban forma de animales. Dice que cuando ella (jovencísima, espigada, bonita) caminaba por los andadores se sentía como si lo hiciera en medio de un bosque encantado lleno de animales mitológicos; dice que pensaba que en cualquier instante esos animales tomarían vida, correrían por los andadores y platicarían con ella.
Cuando botaron la manzana de la discordia, en Comitán, muchos manifestaron su desagrado, pero cuando vieron cómo la plaza ganó en amplitud, no sólo física, sino, sobre todo, ganó en amplitud estética, el desagrado cedió paso a una conformidad armoniosa.
¡Sí! El parque central de Comitán es un parque soberbio, porque, igual que el Cerrillo, en San Cristóbal de Las Casas, tiene altura, altura física. El parque comiteco posee dos niveles y esto, en tierra de mayas, logra el prodigio visual que posee quien está en un nivel superior. Quien se para frente al templo de Santo Domingo y lo hace en la parte superior del parque tiene ante sí un remate visual que seduce la mirada y sublima al espíritu.
Los que vivimos el parque de los años sesenta perdimos parte de nuestra identidad con el derrumbe de la manzana de la discordia, pero, en feliz compensación, ganamos un parque generoso, un parque que tiene una vista sorprendente.
Sí, basta pararse en el borde de la plataforma superior para ver la semilla de vida que germina al lado de la fuente, ahí donde las palomas picotean el arroz, beben el agua y, sólo como manifestación de vida, emprenden el vuelo en bandada, para pasar como saeta frente a los ojos del espectador.
El vuelo, ¡sí!, el vuelo está en la línea del horizonte. Quien se para en el borde superior no tiene necesidad de alzar la vista para observar el vuelo, éste se manifiesta frente a la mirada, porque el caminante está a la altura del vuelo.
Sí, Roxana tiene razón, el parque central de Comitán es un parque bello, por esto, los comitecos se molestan cuando el parque está sucio, cuando la vista se nubla con plásticos; por esto, Roxana dice que el parque central es el corazón de nuestro pueblo, porque es la síntesis de las subidas y bajadas que otorgan personalidad a Comitán. El barrio de Guadalupe está arriba y el barrio de La Pila está abajo. Comitán tiene esta particularidad en su carácter, por esto, su parque central también tiene esta personalidad. Roxana (quien asiste a misa todos los domingos) dice que el parque se llama Benito Juárez, pero sólo la parte de arriba, donde está el busto de don Benito, donde están las esculturas de Luis Aguilar. Ella dice que la parte de abajo es como el atrio del templo, así que ahí el nombre de Juárez pierde su nombre. Ya dije que ella es católica y pelea sus espacios. Dice que la parte de abajo, donde está la fuente, donde los niños corren detrás de las palomas tiene otro nombre. ¿Cómo se llama?, pregunto. Ella sonríe y con los ojos de niña frente a una paloma, dice que cada comiteco puede bautizarlo como quiera, porque, insiste, este parque es de los comitecos, e imitando al personaje de la película “Cinema Paradiso”, comienza a mover los brazos y dice: “La plaza es mía, ¡la plaza es mía!”
Posdata: Roxana va muy seguido al parque central, lo camina, lamenta cuando encuentra una laja suelta o cuando sobresale un clavo que dejaron olvidado los que colocan carpas. Y ¡cómo no! Este parque debe protegerse como si fuera de cristal. Estamos hablando del parque central ¡más bello de Chiapas! ¡Nadita!

lunes, 4 de noviembre de 2019

CARTA A MARIANA, CON UN PLATO DE PAPAYA




Querida Mariana: A veces se da la conjunción de dos nuncas. Cuando dicha conjunción se da por primera vez, uno puede decir: ¡Nunca se habían juntado nos nuncas!
Eso pasó ayer en casa de Sandra. Toqué, abrió su mamá y, cuando pregunté por mi amiga, su mamá, como si yo fuera uno de sus amigos de la universidad, dijo: “Pase, profesor, está en su recámara”. ¡Nunca se había dado tal escena! Estuve a punto de preguntar: ¿De verdad? ¿Puedo pasar a su recámara? Callé. Dije gracias, caminé al lado del altar de muertos y subí. Mientras subía los escalones, de uno en uno, en puntillas para no hacer ruido, olía el aroma de las flores del altar y rogaba a todos los dioses de la manzana jugosa, porque mi ex alumna y amiga estuviera descansando en su cama, sin zapatos, sólo con el blusón y los calzoncitos que, seguramente, usa cuando duerme. Abrí sin tocar y asomé mi cabeza. ¡No se cumplió mi deseo! Sandra, Sandrita, estaba sentada al lado de la ventana, la que da a la calle, sin zapatos, pero vestida con unos pantalones de mezclilla y un suéter cuyas mangas escondían sus manos y escondían todo lo demás de su cuerpo.
Me vio, se paró y me abrazó. Lloraba. Fue cuando escuché el segundo nunca. “¡Nunca había venido mi abuelo a visitarme!”, dijo, se limpió los mocos y las lágrimas con las gigantescas mangas del suéter y dijo que me sentara. ¡Qué bueno que viniste!, dijo, y, enseguida, con cara de rata frente a una pila de quesos, preguntó: “¿Quién te dejó pasar hasta acá?”. Le conté, le conté todo. “Cabrón”, dijo, cuando le conté mi deseo. Luego rio, señaló la puerta abierta de su baño interior y dijo que ella hace pis con la puerta abierta. Pues sí, dije yo, como estás en tu recámara. Pero no volveré a hacerlo, dijo, a menos que yo le ponga seguro a la puerta de mi recámara. Nunca se sabe cuándo un cabrón entrará subrepticiamente a mi cuarto, dijo y me golpeó en el hombro. Fue un golpe afectuoso. Yo le dije que los viejos no hacemos daño, por eso, tal vez, su mamá me había dejado pasar. ¡Su mamá! Los pasos de su mamá se escucharon afuera, subiendo por la escalera. La vimos asomarse por la puerta. Yo vi su cara de alivio, tal vez ella, al subir las gradas de dos en dos pedía a todos los dioses de la decencia que nada indecoroso estuviera sucediendo. Preguntó: “¿No quiere una tacita de café, profesor?” A punto de aceptar, escuché la voz de Sandra: “No, mamá, no quiere. No queremos nada. ¿Podés dejarnos solos?” Sí, dijo la mamá, pero llamó a Sandra al pasillo. Escuché que la mamá decía: “Ya va a venir tu papá y no le gustará saber que estás en tu recámara con un señor, con un hombre casado”. Oí que Sandrita, en voz baja, con mucha decencia le dijo: “Andate a la caca, mamá, Alejandro fue mi maestro y es mi amigo”. Oí un resoplido, como gruñidos de danta, y luego pasos como de soldado bajando la escalera, y el portazo que dio Sandra al cerrar su cuarto. Creo que tu mamá tiene razón, mejor vonós a la sala, dije, y me paré (porque me había sentado en la orilla de su cama). Volvé a sentarte, dijo Sandra. Si salís de acá ¡no vuelvo a hablarte! Me senté en un sofá, al lado de la ventana que da al patio interior. Comencé a sentirme incómodo, pero recordé que el segundo nunca no estaba aclarado y le pregunté si su llanto era porque nunca su abuelo había llegado a visitarle. Dijo que sí, volvió a poner su carita de pajarito empapado. Y me contó que, en la mañana, cuando bajó a la cocina para prepararse un vaso de jugo de naranja, encontró a su papá revisando su celular y tomando una taza de café. ¿Vas a ir a trabajar, hoy?, preguntó Sandra. Su papá dijo que no, que pasaría a la oficina para ver si todo estaba en orden, pero que luego iría al panteón a dejar flores a la tumba del abuelo. ¿Me querés acompañar? No, dijo Sandra. Le dijo que había quedado con Irma para ir a tomar un café en el café Luvia. Está bien, dijo el papá, y siguió viendo su celular. Sandra partió tres naranjas en dos y las pasó por el exprimidor eléctrico. Entró la mamá, abrazó a su esposo y dijo: “Tu papaya no la corté”. No te preocupés, dijo él.
En este momento, Sandra hizo una pausa y sus ojos volvieron a aguadarse. Yo no me paré para consolarla, no fuera a entrar la mamá. Después de uno o dos minutos, ella se controló, se limpió los ojos con un movimiento rabioso, y dijo que era una estupidez, pero que desde que oyó lo que dijo su mamá no había dejado de llorar. Le dije que no había entendido la relación, ella, molesta, me dijo que yo era un pendejo, ¿no que muy inteligente? Y me explicó: Su mamá dijo: “Tu papaya no la corté”, así en comiteco, usando el posesivo. En Comitán, por ejemplo, la hija pide: “Mi papaya” y la mamá dice que sí: “Ahora preparo tu papaya”, así con cualquier cosa. Los comitecos usamos mucho el posesivo. Sandra escuchó “Tu papá ya no…”; y ella pensó, de inmediato, en su abuelo, y completó la frase: “Tu papá ya no viene a vernos”. Y Sandra no pudo más. Se quebró. Al pasar por el altar de Día de Muertos, lo primero que vio fue la fotografía del abuelo, al lado de un crucifijo y de un plato con jocotes. El abuelo, con bigotes a la Dalí y ojos transparentes, de tan verdes, a pesar de que la fotografía es en color sepia; el abuelo, el papá de su papá. Tu papá ya no viene a vernos, pensó que había dicho su mamá. Y Sandra lloró. Y cuando la hallé en su recámara, ella dijo que nunca había llegado su abuelo a visitarla. Y Sandra me contó que había llamado a Irma y había cancelado la cita y que a la hora que llegué estaba a punto de tomar su bolso e ir al panteón a visitar la tumba de su abuelo.
Nada dije, porque Sandra estaba muy sensible, pero pensé que la vida es simpática. La mamá había dicho: “Tu papaya no la preparé” y la hija, tal vez por el ambiente de Día de Muertos, había escuchado sólo las tres primeras palabras y las había traducido: Tu papá ya no…, y la había completado con una piedra llena de culpa. Simpático, pero no podía decirle esto a Sandra, porque me aventaría un zapato en plena cara.
Posdata: A final de cuentas, yo comencé esta carta también con un absurdo lingüístico: ¡Nunca se habían juntado dos nuncas! Sí, la vida es simpática y a veces está llena de ternura y de culpas y de risas y de llantos bobos.
Cuando salí de casa de Sandra, ya había llegado su papá. Se alegró cuando su hija le dijo que lo había pensado bien y que iría al panteón a dejar flores a la tumba del abuelo. La mamá, por su lado, parada al lado del sofá donde estaba el papá, quedó viendo a su hija y, un poco molesta, dijo: “Al panteón, al panteón, sí, al panteón”, y me lanzó una mirada que traduje como: “Viejo cabrón, ojalá cuando se muera se pudra en su tumba y nadie vaya a dejarle flores en Día de Muertos”. ¡Muda! Si ella fue la que me dijo que subiera a la recámara de su hija. ¡Nunca lo había dicho! ¡Muda!

sábado, 2 de noviembre de 2019

CARTA A MARIANA, DONDE APARECE LA ESCRITORA BRENDA NAVARRO




Querida Mariana: La escritora Brenda Navarro estuvo en Comitán. La librería Lalilu la invitó a presentar su primera novela “Casas Vacías”, publicada en la editorial Sexto Piso. ¡Nadita!
Acá, en esta fotografía, mirás a Samy (dueño de la librería) echándose el rollito de presentación, a Angélica Altuzar (quien fue una de las presentadoras), a la autora (quien nació en la Ciudad de México, en 1982. Sí, muy joven. Fernanda Melchor dice de Brenda: “quizá uno de los secretos mejor guardados de la literatura mexicana.”), y a Alejandra Laguna (quien fue la otra comentarista.)
¿Y sabés qué día fue la presentación? Fue al mediodía del uno de noviembre. Sí, el mero Día de Todos los Santos. Brenda, al final del acto, antes de la firma de libros, dijo que le había emocionado que muchos lectores la hubiesen acompañado a esa hora y en ese día. ¡Claro! La mayoría de comitecos andaba, o caminando por el puente de “el puente” o en los preparativos de la celebración del Día, porque todo mundo tiene un santo que celebrar, bueno, con decirte que hasta algunos agnósticos y no creyentes tienen como nombre propio el nombre de un santo católico (peores cosas se verán, dice La Biblia). Otras personas, la mayoría, andaba en el panteón limpiando y pintando tumbas para celebrar el Día de Los Muertos, o en las casas arreglando los altares, con veladoras y vasos de agua y flores de jutús, para que los difuntitos lleguen a visitar y se harten con los platillos que, dicen los clásicos: “disfrutaron en vida.”
Y ahora que escribí disfrute de vida, digo que por ahí va la novela de Brenda. Roxana dice que los muchachos de prepa deberían leer esta novela, porque, como dice el texto de contraportada: “La maternidad, que casi siempre asociamos con la felicidad, también puede ser una pesadilla…” Emiliano Monge es puntual: “Casas vacías” está destinada a convertirse en la obra fundamental sobre la realidad que se esconde bajo la idea que tenemos de la maternidad.”
¿Mirás por dónde va la novela de Brenda? Roxana dice que hay mujeres que sueñan con ser madres y la sociedad las ve con agrado, porque siguen el patrón universal de la maternidad, pero ¿qué sucede con aquellas chicas que no quieren ser madres? ¡Ah!, la sociedad las rechaza, las ve feo. Ahí andan las tías, jodonas, exigiendo a la sobrina que tengan un hijo; hay algunas que incluso se atreven a decir que, si la sobrina no quiere casarse, estar con un hombre para toda la vida, que cuando menos se embarace (así por afuerita) para que tenga un hijo. Sí, Roxana tiene razón, que esta novela la lean las chicas de bachillerato cuyos sueños de porvenir no están en el camino de la maternidad. Pero esta novela es más, mucho más, también es la historia de la desaparición de un hijo, acto detonante de toda la trama, la llama primera del infierno, el pretexto para escribir una novela brillante.
Ya no te cuento más, sólo digo que fue un acierto que Samy trajera a Brenda a Comitán (Brenda, “la última gran noticia de las letras mexicanas.”), que la trajera para presentar su primera novela (“Una novela brillante y devastadora.”), y que llegara en un día donde todos los santos andaban en la celebración, pero donde los demonios estaban detrás de los árboles. Brenda llegó para embarrarnos en la cara una realidad, la realidad que Yuri Herrera escribió: “Brenda Navarro ha escrito un estudio del dolor como quien sabe que detrás de cada afecto hay un demonio escondido.”
Posdata: No lo dudés. Corré rápido a la librería que tengás más cerca y comprá la novela de Brenda. Sé que la disfrutarás y la sufrirás. Es una novela tocadora. Ya cuando regresés a tu pueblo la comentamos (¡ya, niña, ya! Regresá ya. ¿Qué tiene Guadalajara que no tiene tu Comitán?)

viernes, 1 de noviembre de 2019

CARTA A MARIANA, CON DOS FESTEJOS





Querida Mariana: Fui invitado para estar en un conversatorio (charlatorio, platicatorio), al lado de Roberto González Alonso, Marco Antonio Moya y el maestro Jorge Gordillo Mandujano, con la moderación de Arbey Rivera, director del Centro Cultural Rosario Castellanos. Esto ocurrió la tarde del 30 de octubre. El acto se efectuó en el auditorio Roberto Cordero Citalán. Como conversar no es mi fuerte, pedí permiso para leer un textillo que preparé para la ocasión. Te paso copia:

Buenas tardes:
Permitan que comparta con ustedes dos momentos ocurridos el lunes pasado, en este mismo escenario. El primer momento es el siguiente: el maestro Óscar Bonifaz contó que cuando este edificio quedó vacío, porque la escuela secundaria y la escuela preparatoria tuvieron sus locales propios, él tuvo la osadía de apropiarse del edificio, para convertirlo en un espacio dedicado al arte que sirviera a la sociedad comiteca. Así nació la Casa de la Cultura, la primera casa de cultura del estado de Chiapas. El segundo momento ocurrió minutos después de lo dicho por Bonifaz, José Roberto Arriaga Gómez subió al escenario y declamó el poema 20 de Pablo Neruda.
Esta tarde quiero compartir con ustedes la siguiente reflexión: El acto prodigioso que realizó Bonifaz se debió a que el edificio quedó vacío; es decir, si la secundaria y la prepa no hubieran tenido ya sus propios planteles, hoy no estaríamos celebrando los cuarenta y cuatro años de la casa de la cultura.
Roberto Arriaga perteneció a la última generación que tuvo clases en este edificio. Roberto González Alonso, quien está con nosotros en esta charla, también perteneció a dicha generación. ¿Y? Bueno, más que recordarlos por ser integrantes de esta última generación, nuestra historia debe reconocerlos por ser parte de la generación de estudiantes que logró la construcción de los nuevos edificios. La generación de Roberto Arriaga y de Roberto González iniciaron un movimiento de lucha y de justo reclamo. ¡No era posible que los estudiantes de esas gloriosas instituciones recibieran clases en salones húmedos! ¡No era posible que los estudiantes de la secundaria y de la preparatoria no tuvieran laboratorios dignos, jardines espaciosos, cafeterías y canchas para practicar el deporte! Estos muchachos iniciaron un movimiento de huelga que obligó a las autoridades educativas a cumplir sus justas peticiones (si mantuvieron retenido a Javier Espinosa Mandujano, entonces Secretario de Educación, de Chiapas, fue porque, a veces, la autoridad sólo entiende de razones con un poco de presión multitudinaria).
Sí, la casa de la cultura tuvo su inicio gracias al arrojo generoso de Bonifaz, pero los que abrieron el hueco para que la semilla pudiera ser sembrada, fueron los integrantes de la generación de Los Robertos. Así pues, hoy, a la hora de levantar el vaso para celebrar el cumpleaños de la casa de la cultura hay que hacerlo también por esa generación de muchachos que logró que este edificio quedara vacío y en silencio, porque las nuevas generaciones de estudiantes comitecos abonarían otros árboles en los nuevos edificios de la secundaria y prepa del estado.

Posdata: Termino diciendo que el maestro Jorge se aventó un diez, porque antes de expresar sus comentarios sacó una violineta (armónica) y tocó las mañanitas para celebrar los cuarenta y cuatro años de la Casa de la Cultura. La misma calificación obtuvieron Roberto y Marco Antonio con sus intervenciones. Roberto, maestro de inteligencia preclara, hizo un recuento puntual de algunos aspectos vitales de los años de la generación 71-74 (la primera con bachillerato de tres años). Me sentí chento, porque en este acto celebratorio, Roberto Arriaga y Roberto González, mis compañeros y amigos, fueron los representantes de la generación que, como dijo Roberto González, propició el cambio, la generación que debe ser recordada como la que creó los dos nuevos planteles donde hoy acuden los estudiantes de estos tiempos. ¡Plena y fructífera vida a ellos!

jueves, 31 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, CON EL ESCENARIO GANADOR DEL “JUTÚS DE ORO”




Querida Mariana: La fotografía que te envío muestra la explanada del parque central de Comitán, al lado de la astabandera, frente al palacio municipal, el espacio que puede llamarse la pista de baile, porque los bailadores, todos los jueves y domingos, mueven el cuerpecito al ritmo de la marimba municipal.
Es del día martes 29 de octubre, como a las tres y media de la tarde, y se aprecian los adornos de la festividad de muertos, ya que, en Comitán, igual que cientos de pueblos en México, se prepara para la celebración, porque (todo mundo lo sabe) en nuestro país, el concepto de muerte tiene una connotación cultural especial, que puede resumirse en la frase: “A mí, ¡la muerte me pela los dientes!” El mundo se sorprende ante la creencia de que los muertos regresan a comer los platillos que se dejan en los altares, los platillos que al difunto le gustaban en vida. Por supuesto que esos platillos deben acompañarse con la bebida de preferencia, por eso la mayoría de altares dedicados a los difuntos debe llevar una botellita de trago, desde una de Charrito, hasta una de Champaña (recordemos que según el sapo occiso es la pedrada al hígado).
Mientras estaba frente a este escenario, escuché que una señora dijo: “Como si no hubiera cosas más importantes qué hacer”. Recordé entonces la fotografía que una tarde me enseñó mi tío Pablo, cuando yo le dije que en lugar de estar regando las flores debía hacer cosas más importantes, él me llamó, me condujo a su cuarto, abrió una gaveta y buscó, en medio de un hato de fotografías, un recorte periodístico donde había la fotografía de un violinista que tocaba el instrumento, en medio de una habitación destruida por una bomba en la segunda guerra mundial. Cuando la vi, me dijo: “Siempre es bueno sembrar flores.”
Entendí la lección. Celebrar la vida es cosa importante. A la señora del comentario quise decirle que hay muchas cosas por hacer, una de ellas es continuar con las tradiciones mexicanas; una de ellas es alimentar el espíritu con la cultura.
Todo México se prepara para la celebración de Día de Muertos. Comitán no podía ser la excepción. Me dio mucho gusto hallar en el parque central a la licenciada Estefanía, presidente del DIF municipal, supervisando personalmente la colocación de los arreglos. Me dio gusto, porque, tal vez, la señora criticona hubiese dicho: “Para eso le pagamos”. ¡Cierto!, pero cuando un funcionario agrega el resto (¡el plus!, dicen ustedes los jóvenes), la patria recupera una melodía armoniosa.
Muchos pensarían que México no está para celebraciones, hay inseguridad. Pero, muchos más saben que México “No se raja”, saben que “Como México no hay dos”, reconocen que, a nosotros, los mexicanos, “La muerte nos pela los dientes” y, los mexicanos, debemos abonar para que sigan creciendo los árboles de aire.
Y acá en Comitán las autoridades municipales no se equivocaron: La banca con dos calaveras, frente al letrero de Comitán, adornado con flores de jutús (cempasúchil), ha sido ¡un éxito! ¡Ah, no sabés cuántas personas han pasado por ahí, para sentarse y tomar la foto del recuerdo! No hay estadísticas para estos actos, pero estoy casi seguro que este escenario ha sido el más fotografiado del año. Se debe llevar el “Jutús de oro.”
Posdata: Me encanta pensar que acá, en nuestro pueblo, la armonía es parte de nuestra tradición; me encanta pensar que Comitán sigue alimentando las tradiciones; me encanta saber que muchos niños, frente al altar, recordarán al abuelo fallecido y comerán “Quinsanto”, palabra compuesta que proviene del tojolabal: K’in: fiesta. ¡Ah!, en estas temporadas no hay dulce más sabroso que la calabaza con panela.
¡Que viva la tía! ¡Que viva!

miércoles, 30 de octubre de 2019

HOMENAJE A FRANCISCO




Cuatro días de festejo, porque se celebran cuarenta y cuatro años de edad; cuatro días de fiesta, de reflexión y de homenajes; del 28 al 31 de octubre de 2019, se le cantan las mañanitas a la máxima institución cultural comiteca y se ofrecen actos literarios, dancísticos, teatrales, música, conferencias, exposiciones plásticas, conversatorios, inauguración del Jardín de la Lectura, y homenajes, homenaje a uno de sus directores, Francisco Rodolfo Gordillo García, poeta y cineasta, quien falleció muy joven, en plena etapa creativa. Todo esto está permitiendo este sabroso guateque.
El poeta Arbey Rivera, director del Centro Cultural Rosario Castellanos, y su equipo de trabajo organizaron cuatro días de fiesta para celebrar cuarenta y cuatro años de su fundación. Al principio se llamó Casa de Cultura y fue la primera casa de cultura de Chiapas.
Óscar Bonifaz ha estado presente en los actos celebratorios, él fue el fundador de dicha institución, él fue quien puso los cimientos a esta casa, casa que es de todos, que ha dado abrigo a cientos de muchachos que han pasado por sus talleres.
El festejo ha permitido que, como expresó Arbey Rivera la tarde de homenaje a Francisco, se reflexione en la siguiente pregunta: “¿Por qué no se le ha dado la difusión necesaria a la obra poética de Fraancisco?”. De igual manera, Lupita, hermana de Francisco, al agradecer el homenaje a su hermano, mencionó que en esta ocasión se trataba de “honrar a las letras”, pero queda pendiente la revisión de su obra cinematográfica, porque las dos grandes pasiones de Francisco fueron ¡la literatura y el cine! Bueno, su otra gran pasión fue ¡la vida! Vivió pocos años, pero de manera intensa, uno de sus hermanos lo definió como ¡un gran parrandero!, a Francisco le encantaba la bohemia, la vida en convivencia, porque sabía que la esencia de la vida está en los libros, en el cine y, sobre todo, en la vida cotidiana. Era un gran lector y un gran cinéfilo.
La tesis para titularse como licenciado en Ciencias de la Comunicación tiene el siguiente título: “Sustancia fílmica de Andréi Tarkovsky”; al recibir su título de licenciado se inscribió en la Universidad Autónoma Metropolitana, para estudiar literatura.
La tarde de homenaje estuvo presente su primo Roberto, el famoso cantante Roberto Rojo, quien mencionó que cuando supo de este acto memorable pensó que debía estar presente, para cantarle, para bajar las lianas de aire que juntos vivieron. El cantautor dijo que su primo fue “tenaz, terco”. Sí, ante sus pasiones no bajó la guardia ni un instante, escribió libros de poesía y novelas, su primera novela, mencionó su sobrino Óscar, lleva el sugerente título de “Pequeñas campanas”.
Ya lo dijo el poeta Arbey: No se le ha dado la suficiente difusión a su obra literaria. De igual manera queda pendiente una revisión de su obra fílmica, porque, cuando muy pocos comitecos pensaban en hacer cine en este pueblo, Francisco convocó a un grupo de actores y realizó cintas, cintas que conserva su hermana Lupita, quien está dispuesta a prestar el material (en VHS o Beta, tal vez) para que se “trasvase” a los medios tecnológicos actuales y pueda realizarse un ciclo de exhibición, donde la historia del cine comiteco quede registrado en la memoria, porque ya Arbey dijo que la casa de la cultura comiteca “tiene memoria” y esta memoria debe crecer como un árbol para que siga dando frutos.
En el homenaje a Francisco afloró la “Sustancia vital”, brotaron rasgos de su carácter y de su personalidad, así como capullos de su creación. Francisco fue pretensioso, no se anduvo por las ramas, ni por las cuerdas invisibles de la medianía. Aspiraba a ser, y en esta aspiración compartía, porque muchos comitecos deben recordar las noches de proyección de películas, donde él daba una reseña introductoria. Deseaba compartir con sus paisanos el conocimiento adquirido.
¿Algo más? Sí, su hermana Lupita dijo que era celoso, muy celoso, un día antes que ella se casara todavía, al estilo comiteco, le preguntó: ¿Ya lo pensaste bien?
¿Algo más? Sí, Lupita lo definió como un ser “perfectamente imperfecto”.
Queda pues para la memoria de la casa común ciertos rasgos de vida de uno de los directores de la Casa de la Cultura, de Comitán. Tuvo tres grandes pasiones: la literatura, el cine y ¡la vida!
Queda pendiente la atenta lectura de su poesía y de su narrativa, queda pendiente la atenta revisión de su obra cinematográfica.
Por el momento, ya Arbey Rivera cumplió con regresarlo a la memoria, a la memoria colectiva, a la memoria de nuestra memoria.

martes, 29 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, CON UN HASTA SIEMPRE




Querida Mariana: Trino dijo adiós. Por el momento no volverá a aparecer su tira cómica “Fábulas de Policías y Ladrones”, uno de los hitos de la caricatura mexicana.
En la tira de despedida dice que después de botar al experto en Simón Bolívar (porque ese wey no aporta nada) en un bote salvavidas con muchos náufragos, el siguiente botado es “el que hace chistes.” ¿Entonces, por qué botaron a Trino del barco? Trino jamás ha sido el chistoso, el payasito de la caricatura, ¡no! Trino es un humorista, y el humorista es todo ¡menos el que hace chistes! Me encanta el último cuadro de la última tira de Trino. Uno de los personajes dice: “¡Qué bonito, como película de Chaplin!”, y digo que me encanta porque el humorista Trino hace un homenaje a uno de los grandes humoristas del mundo.
Trino es un gran humorista. El que hace chistes es un tipo “experto en Simón Bolívar” que hace reír a la gente a lo wey. La risa boba es dañina para el espíritu, por el contrario, la risa nacida de la inteligencia es abono para la armonía del mundo.
Es una pena que Trino haya sido botado de este bote absurdo que es el sistema que posee los medios de producción. Ahora que la existencia de las redes sociales permite democratizar la cultura y hacer más accesibles los contenidos, Trino debería crear su propia página y ofrecer suscripciones. Estoy seguro que miles de fans se suscribirían a su página y pagarían una módica mensualidad. El humor le hace bien al mundo, a este mundo lleno de chistes sin chiste.
Un amigo me preguntó si yo ganaba paga por las Arenillas que subo a diario en este muro. Dije que no. Él me sugirió que “monetizara” mi esfuerzo permanente. ¿Por qué regalaba mi trabajo?, fue su argumento. Propuso que abriera un portal electrónico, a imagen y semejanza del portal del periódico Reforma. Dijo que estaba seguro que los lectores admiradores de mis textillos pagarían una mensualidad para tener acceso a las Arenillas.
Yo quedé pensando. Después de un segundo me reí. Le dije a mi amigo que su humor era como el de Trino: ¡sensacional! Él se puso serio, como si le hubiese refregado un chayote espinudo en su espalda, dijo que hablaba en serio. Yo volví a reírme. ¿Cómo podía explicarle a mi amigo que mis fans leen mis textillos porque son gratuitos?
En muchos lugares de Chiapas es costumbre que los lectores pidan libros regalados con sus amigos escritores. He visto en redes sociales algunas etiquetas donde fulano de tal, narrador o poeta, invita a la presentación de su libro más reciente, y, de inmediato, una amiga le dice: “Espero mi libro, autografiado. Felicidades.”
En muchos lugares de Chiapas es costumbre que los autores regalen libros a sus amigos y, ¡el colmo!, a políticos que no son lectores consuetudinarios. ¿Para qué o por qué -siempre me he preguntado- los poetas y narradores regalan libros a políticos? No sé la respuesta precisa, pero quiero pensar que es una manera de acercarse a los todopoderosos. Es una relación desventajosa, digo yo. El político nunca hace más que “regalar” sonrisas de aparador.
Cada año publico un libro. Cada año, por lo tanto (por compromiso moral) hago una presentación en mi pueblo. Cada año, lo sé, llegan pocos amigos y lectores a la presentación; y cuando digo pocos, digo ¡pocos! Cada año, lo compruebo, vendo pocos, poquísimos libros. Cada año, lo resiente mi bolsillo, gasto dinero en ediciones de autor, dinero que no me sobra, dinero que me falta, dinero que debería utilizar para ponerle losetas a la entrada de mi casa, por ejemplo.
No obstante mi experiencia personal, estoy seguro que si Trino se animara a publicar sus tiras cómicas de “Fábulas de Policías y Ladrones”, muchísimos lectores pagarían por leerlas.
El humor sí vende. Bueno, también el chiste vende, sobre todo el chiste barato. He visto carteleras de ferias pueblerinas donde contratan a chistosos malcriados, al estilo de “Guerra de chistes”, que son patéticos, por absurdos y carentes del más mínimo humor, porque todas sus rutinas tienen como eje fundamental el albur y la palabra grosera.
Posdata: Y resulta que en este bote de salvamento botan al experto en Simón Bolívar y luego botan a Trino, con sus “Fábulas de Policías y Ladrones” y nos quedamos, ¡Dios mío!, con tipos como Radamés de Jesús (¡Señor, por qué nos has abandonado!) y Juan Carlos Casasola (¡ábranle un hueco al bote para que se vaya a pique, de una vez!)
¡Qué lamentable que nos quedemos solos en esta isla! ¡Qué lástima que nos quedemos con los bobos que hacen reír a lo wey!

lunes, 28 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, CON UNA PROMESA



Querida Mariana: ¡nos vemos dentro de quince! Es el mensaje de la fotografía que te anexo. En esta fotografía aparecen la maestra Liliana Moreno Cancino, directora del Instituto Tecnológico de Comitán, y el ingeniero Ricardo Morales Moreno, subdirector de planeación de la misma institución. ¿Mirás cómo levantan sendas revistas, como si éstas fuesen banderas? ¿Sabés de qué revista se trata? ¡Sí! ¡Atinaste! Es ARENILLA-Revista. La directora muestra las páginas donde nuestra revista celebra (con toda la comunidad del Tecnológico) los treinta y cinco años de la fundación en Comitán de esta prestigiada institución.
A la hora que se escribe la cifra 35, es como de matemáticas de jardín de niños. Apenas dos cifras. Si le agregamos que son años, ya indican más tiempo, pero tampoco tanto. Los que saben, dicen que una generación abarca 25 años. En un siglo se producen cuatro generaciones. Esto, hablando en el plano familiar; porque en el plano educativo, si hago cuentas de primaria, del Instituto Tecnológico de Comitán han egresado en estos treinta y cinco años de vida académica ¡más de treinta generaciones! (la cuenta la hice contemplando que debió pasar un lapso de cuatro años para que egresara la primera generación, pero de ahí en adelante, cada año ha egresado una generación de alumnos que se incorpora al campo productivo.)
Cuando hacemos así las cuentas, la cifra sencilla de dos dígitos (35) toma otra dimensión, porque ya hablamos de un semillero de profesionistas, porque ya decimos que estos treinta y cinco han sido años de siembra fértil. La cifra de 35 se multiplica de manera exponencial, al contabilizar la cantidad de alumnos que ha egresado. Los treinta y cinco se convierten en miles, es como aquella bíblica parábola de la multiplicación de los panes. El Instituto Tecnológico de Comitán ha multiplicado sus dones en estos treinta y cinco años.
Ahora recuerdo que una tía (no digo nombre, para no manchar honras) comentaba que uno de sus hijos ya era un varejón de cuarenta años y nada había hecho en su vida. En esta histórica fotografía hay una historia diferente: los treinta y cinco años del Tec han sido pródigos. En sus treinta y cinco años ha hecho ¡muchas vidas! Vidas productivas, vidas de bien.
Pero, comencé esta carta diciendo que ¡nos vemos dentro de quince!, porque lo que revela esta fotografía es el instante donde los directivos del Instituto Tecnológico de Comitán levantan ejemplares de ARENILLA-Revista, ejemplares que fueron depositados en la cápsula del tiempo. Esta cápsula, dentro de quince años, será abierta para celebrar los cincuenta años del Tecnológico de Comitán.
La vida, querida Mariana, nos ha dado el privilegio de estar presentes en este acto simbólico; la vida nos ha permitido compartir la alegría de la comunidad tecnológica y de echarles porras y de manifestar nuestros mejores deseos durante los años por venir.
Dentro de quince años, la maestra Liliana y el ingeniero Ricardo acudirán a la apertura de la cápsula del tiempo. Los estudiantes de ahora serán ex alumnos y regresarán para ser testigos del acto, y los alumnos de entonces (como los de ahora) se sentirán orgullosos por pertenecer a su institución. Dentro de quince, una serie de objetos hablará del paso del tiempo. Los rostros de los asistentes se iluminarán con sonrisas ante el recuerdo y no faltarán algunos deslumbres de nostalgia; no faltarán los comentarios de: “¿Te acordás de fulanito o de lo que hicimos la tarde que tuvimos el examen de...?” Los recuerdos aflorarán y (me da alegría desde ahora), en algún momento, unas manos tomarán ARENILLA-Revista y alguien verá entre sus páginas el reportaje donde celebramos con la comunidad estudiantil sus treinta y cinco años.
Posdata: Nos vemos dentro de quince. Nos vemos para ser testigos del crecimiento de esta institución educativa que tanto bien ha hecho a la región; nos vemos para saludar a la maestra Liliana y para saludar al ingeniero Ricardo; nos vemos para reconocer que la vida es una acumulación de instantes y que todos son decisivos en el desarrollo del mundo.

sábado, 26 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, CON NOTICIAS AGRADABLES




Querida Mariana: Todos los días ocurren sucesos agradables en nuestro pueblo. Yo he visto (sin duda, vos también) a muchos visitantes de Comitán que alaban las bondades de esta tierra. ¡Claro!, Comitán ha perdido muchas de sus virtudes, pero continúa alimentando esencias divinas. Ayer me topé con un señor en la fila del cajero automático de Banamex, del centro. Fui a sacar un billetito que necesitaba. Eran las tres de la tarde, el sol nos pegaba directo. Nos cubríamos el rostro para que no nos diera tan de lleno. El señor le dijo a un muchacho que conducía una camioneta que “se parqueara”. El muchacho daba vueltas para levantar al señor en cuanto terminara el movimiento bancario. Me comentó: “Han tardado mucho”, se refería a quienes estaban adentro, en el cajero. Luego agregó: “Comitán ha cambiado mucho”, como yo había escuchado que él había pronunciado la palabra “parquear”, en lugar de estacionar, le pregunté si tenía mucho tiempo de no estar en Comitán. “Sí -dijo-, me fui en 1997”. Hice cuentas y le dije que tenía más de doce años fuera. Él insistió: “Me fui en 1997”. Yo volví a hacer cuentas y dije que tenía más de doce años. Él dijo: “Estamos en 2019”. Sí, dije y volví a hacer cuentas. Ahí fue donde me di cuenta que estaba haciendo mal las cuentas. No eran doce, ¡eran veintidós! Con mi cara de Leibnitz orinado dije que estaba reprobado en matemáticas. “Sí -dijo él-, eso le iba a decir”. Agregó que cuando se fue de su Comitán el clima era templado. Sí, Comitán ha cambiado, pero aún conserva muchos rasgos bondadosos. Y como el clima ha cambiado en todos lados, Comitán sigue teniendo uno de los climas más benignos del estado de Chiapas. Si Tuxtla es un infierno, Comitán aún conserva un zaguán donde corre un viento sabroso.
Y por estas bondades, en Comitán, todos los días, suceden actos agradables, que son como caída de flores amarillas sobre el césped.
El jueves llegaron las delegaciones participantes en el Encuentro Nacional Deportivo Indígena 2019, que se celebra en nuestra ciudad. Deportistas indígenas de toda la república participan en la justa nacional. ¡Ah, qué maravilla de intercambios culturales! Comitán fue elegida como sede de este Encuentro Nacional.
Asimismo, Comitán celebra el trigésimo quinto aniversario de la creación del Instituto Tecnológico de Comitán, institución que ha brindado un gran servicio a jóvenes de la región.
Y, de igual manera, el jueves llegó a su término el Diplomado en Derechos Humanos para Organizaciones Sociales, Campesinas y Líderes Comunitarios, que fue convocado por La Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Escuela Nacional de Trabajo Social, de la UNAM, y la Red Nacional de Instituciones de Educación Superior en Trabajo Social. La Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar, de nuestra ciudad, fue una de las seis sedes elegidas en la república para impartir dicho Diplomado.
¿Mirás cuántas líneas agradables? Y la lista de actos afectuosos es interminable. El viernes estuvo en Comitán el poeta Balam Rodrigo, para compartir su poesía, su enorme acto poético; de igual manera, el jueves se inauguró la espléndida muestra fotográfica “Haciendas de Chiapas”, acervo fotográfico de María Trinidad Pulido Solís y de Jorge Pineda Martínez; y la próxima semana el Centro Cultural Rosario Castellanos celebrará los cuarenta y cuatro años de su fundación con una serie de actos culturales de relevancia. Serán cuatro días de guateque. ¡Ah, qué alegría tan de aire limpio! En fin, le paro, porque no acabo. Esta seguidoña de actos bondadosos en este pueblo bondadoso es muestra de la armonía de nuestro entorno, entorno que debemos proteger, porque es un tesoro invaluable.
En el acto de clausura del Diplomado en Derechos Humanos (que se efectuó en el salón de actos de la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar) hubo dos oradores: el maestro José Hugo Campos Guillén, rector de la universidad; y la licenciada Guadalupe Gordillo, presidente de Ixuk’e, Asociación para el Desarrollo Integral de las Mujeres, y quien fue una de las treinta y seis personas que asistió al diplomado con duración de 120 horas. Ambos mensajes fueron puntuales y emotivos, se entiende porque se referían a una materia esencial en la convivencia social: los Derechos Humanos. El rector, a la hora de hacer la declaratoria oficial de clausura, invitó a quienes recibieron su diploma a aplicar con responsabilidad y vocación de servicio los conocimientos adquiridos. En nuestro país, muchos derechos son vulnerados, pisoteados, sobre todo, por ignorancia, porque los ofendidos no saben cuáles son sus derechos, derechos garantizados en la Constitución Política de Los Estados Unidos Mexicanos.
Por su parte, la licenciada Guadalupe Gordillo, en nombre de sus compañeros, agradeció a las instituciones convocantes y a la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar, de manera especial al rector, por la oportunidad de recibir estos conocimientos, de manera gratuita, expresó, con emoción: “Fue un honor convivir con diversidad de profesionistas. Gracias por el respeto vertido a quienes no somos abogados, pero que, desde nuestras trincheras, luchamos por mejorar las condiciones de vida de quienes se nos acercan para ayudarles. Mucho lo hemos realizado en la práctica y nos hacía falta fortalecer nuestros conocimientos a través de la cantidad de sabiduría que fue vertida por tan grandes especialistas que tuvieron a bien disertar en este diplomado. Estoy segura que podemos desarrollar políticas públicas que pueden beneficiar a poblaciones diversas para mejorar su calidad de vida.”
¿Mirás, querida Mariana? En nuestro pueblo, a diario, se realizan acciones a favor de la dignidad, de la vida. Mencionar cada acto es labor titánica. Cada acto generoso apuntala nuestra identidad cultural, fortalece las bondades naturales.
¿Ha cambiado el clima de Comitán? Sí, el calentamiento global (causado por los humanos) es una plaga mundial. ¿Se vulneran con más frecuencia los Derechos Humanos de los comitecos? Sí, nuestra sociedad ha crecido y se ha vuelto más compleja. ¿Se puede hacer algo para revertir tales efectos negativos? Por supuesto que sí. Es difícil, pero no imposible. Si todos sembramos arbolitos y los cuidamos, el clima puede tener un rostro más agradable. ¿Es posible hacer algo por los valores esenciales de la comunidad? Sí, es posible. La licenciada Guadalupe Gordillo terminó su pieza oratoria, con el siguiente mensaje: “Felicidades por este gran inicio, ya que somos tan sólo un grupo de valientes defensores de los Derechos Humanos.”
Bien, ¿a poco no? Un grupo de valientes defensores de los Derechos Humanos. Quienes, todos los días, abonan para este tipo de actos en nuestro pueblo forman parte de ese grupo de valientes defensores de nuestra identidad cultural, de nuestra dignidad. Ellos, desde su trinchera, siembran una semillita pequeña, que bien cuidada, puede alcanzar a ser un gran árbol, que dé sombra, que aporte oxígeno y que alimente el espíritu esencial.
Posdata: La semana pasada, un grupo de comitecos bien intencionados se reunió con la secretaria de turismo, de Chiapas, Katyna De la Vega, para solicitar que en su secretaría se impulse la reactivación de vuelos comerciales desde el aeropuerto El Copalar, asimismo dicho grupo solicitó la culminación de la ampliación de la carretera Comitán-San Cristóbal de Las Casas. El licenciado Segundo Guillén manifestó, en redes sociales, su deseo de que la zona residencial del cerro Nehuestic muestre una imagen armoniosa, a través de la pintura de las fachadas (en San Cristóbal de Las Casas ya lo hicieron en un cerro de la entrada y la imagen urbana mejoró mucho). Yo estoy a favor de tal iniciativa, pero sugeriría que no fuera un tachilgüil hermoso de colores como sucede en Brasil. Nuestra identidad tiene colores menos explosivos. En Grecia existen poblaciones cuyas casas están totalmente pintadas de blanco, este color es parte intrínseca de su carácter. ¿Cuál es el color con más identidad en nuestro pueblo? Tal vez los expertos del INAH pudieran sugerir cuál sería la paleta más adecuada para este proyecto sensacional. ¡No! Reculo, ¡no tal vez!, con seguridad, los expertos del INAH darían elementos para hacer de esa zona una vista armoniosa.
Digo, querida Mariana, lo que dicen los clásicos: ¡Somos más los buenos! En Comitán somos muchos los comitecos que amamos este pueblo. Nos hace falta un ligero empujón para reunirnos en torno a ideas benéficas. Comitán merece un mejor destino. Hay personas que abonan para fortalecer nuestro enormísimo árbol.

viernes, 25 de octubre de 2019

LECTURA DE UNA FOTOGRAFÍA




La lectura podría ser: “Quédate con quien te cuide, como el teporocho cuida a su amigo.”, aunque acá no se sabe bien a bien quién cuida a quién. La imagen es inusual, pero común. Inusual, porque el teporocho de chamarra blanca quedó dormido en el regazo del teporocho de la playera morada, quien también duerme; y es común, porque cada vez, con mayor frecuencia, grupos de hombres y mujeres se quedan tirados de borrachos en las calles de Comitán (no es característica de este pueblo, sé que, en todos los pueblos de Chiapas, de México, proliferan los grupos de teporochos).
En esta imagen, los dos teporochos duermen su borrachera, lo hacen en medio de un afecto de hermandad. Uno se recostó en los muslos de otro y éste lo abraza como si con este abrazo lo protegiera de los peligros del exterior. Y digo del exterior, porque se alcanza a ver los pedazos de cristales en el borde de la barda residencial. Estos cristales se colocaban en las bardas de las casas del Comitán del siglo pasado. Se sabe, la delincuencia ha sido tema de todos los tiempos. En estos tiempos, la serie de cristales cortados en el borde superior de las bardas ha sido sustituida por gigantescas serpentinas de alambres de púas o con cercas electrificadas.
La lectura podría ser: “Quédate con quien te proteja de los peligros del exterior.” La imagen es engañosa, porque, el visitante de un país de primer mundo podría pensar que en este pueblo hay teporochos, pero éstos son apacibles y el pueblo, en general, también es apacible, porque todo está tranquilo, pero si uno analiza los diversos elementos nota que hay signos de advertencia (además de los cristales cortados, que sirven para protegerse de la delincuencia). Los expertos en seguridad harían notar elementos que soportan la Teoría de la Ventana Rota, que establece que la delincuencia prolifera en lugares descuidados. La ventana rota es signo de indiferencia y descuido. En zonas poco cuidadas, la delincuencia crece.
Acá se advierte un grafiti, una banqueta descuidada; la proliferación de maleza también es signo de descuido, la misma rejilla oxidada del medidor de energía eléctrica abona en la indiferencia, y, como cereza del pastel, la pareja de teporochos habla de una degradación de la sociedad. No es bueno, para nadie, la presencia de estos grupos de borrachines en vía pública. Los espacios públicos deberían ser lugares limpios para la convivencia social. Las calles deberían ser espacios sanos, donde las mamás y papás pudieran caminar tranquilamente con sus hijos. Los mayores conocían el secreto de la convivencia. El hecho de que, temprano, salieran con una escoba y barrieran el pedazo de calle que les correspondía, era parte del cimiento contra la violencia; con la misma escoba, las abuelas corrían a los ocasionales borrachitos que se quedaban a dormir en la banqueta o les daban una moneda para que cortaran la hierba que, necia, crecía en medio de las piedras o del cemento. Los tiempos actuales han degradado la convivencia. Los grupos de teporochos se incrementan en el horizonte de la sociedad, y dichos grupos abandonan la periferia y se adueñan, poco a poco, de espacios céntricos.
La imagen podría quedarse en una lectura chusca, porque los teporochos están como una pareja afectuosa, donde un hombre duerme en los muslos del otro y éste lo abraza afectuosamente. Pero, la imagen dice más, habla de una degradación social que se acrecienta.
Los expertos en protocolos de seguridad recomiendan que las juntas vecinales realicen acciones a favor de la limpieza de sus entornos: que se pinten las fachadas, que se coloquen elementos de seguridad (como cámaras de vigilancia), que se quite la maleza de las banquetas, que se prendan lámparas durante la noche, que se barran los espacios de calle que corresponden, que exista una comunicación permanente, que se alerte a la policía cuando aparezcan grupos de teporochos que, en la banqueta, platiquen y beban; en pocas palabras: ¡Que se quiten las ventanas rotas y se coloquen ventanas completas, transparentes, limpias!