domingo, 3 de marzo de 2024
CARTA A MARIANA, CON CHISTORETE
Querida Mariana: no hay peor cosa que te cuenten un chiste que no tiene chiste. Perdón, sí hay algo peor: que te destrocen el supuesto chiste.
El otro día me enviaron un “chiste” en el WhatsApp. Un abuelo dice que está agüitado porque su nieto reprobó todas las materias, concluye diciendo que su mayor tristeza es porque él le hizo todas sus tareas. Tan tan.
No me causó gracia. Y ya luego, viejo gruñón que soy, pensé que el chiste tenía un mensaje que cancelaba el supuesto chiste, el niño reprobó porque él no hizo las tareas, que se supone son ejercicios para reforzar el aprendizaje, así que a la hora de presentar exámenes no supo qué responder.
Dije que soy un viejo cascarrabias, que a todo le encuentro hilo para jalar. Sé que hay adultos que consienten a los hijos “ayudándolos” con las tareas, haciéndoles los trabajos que deben entregar. En los años ochenta del siglo pasado les dejaba una actividad a mis alumnos, con lo que cerrábamos el ciclo escolar: hacer la maqueta, de un determinado tema.
En una ocasión, alguien me presentó una maqueta impecable. ¡No, no puedo aceptarlo!, dije ¿Quién la hizo? Al final salió a relucir la verdad, le había pagado a un arquitecto para que le hiciera el trabajo. ¡No! El objetivo era que la imaginación se activara, estaba permitido que los papás participaran, en afán de fomentar la convivencia. No quiero maquetas de diez, pueden ser de cinco de calificación, dije, pero hechas con pasión. El chico entendió y luego hizo otro trabajo, muy digno, y cuando me la presentó vi en su mirada un vuelo de satisfacción: “ahora sí, la hice yo, profe”, dijo. Y, por supuesto, obtuvo diez de calificación.
El abuelo del chiste no le hizo favor alguno al hacerle sus tareas.
Pero cuando miré el video de pronto me brincó algo con lo que ahora no estoy de acuerdo: ¡las tareas!
No sé si te tocó o has sabido de algún profesor que deja tareas en periodos vacacionales. Sí, cuando es periodo de descanso por Semana Santa, deja que los alumnos lean tal libro y hagan una síntesis. ¡Dios mío!
No sé cuáles sean las propuestas del magisterio ahora que están haciendo foros para armar el próximo plan de gobierno, pero digo que en los foros de educación deberían participar con propuestas los padres de familia y, sobre todo, los involucrados.
La anécdota que contó Alejandro Jodorowsky llama a la reflexión, dice que un compa se lamentó con otro porque su hijo había reprobado en matemáticas, mientras en dibujo había obtenido diez. ¿Y qué harás?, preguntó el otro. Pues meterlo a clases de regularización de matemáticas. ¡No, hombre!, dijo el otro, debes enviarlo a clases de dibujo.
El proceso educativo es de lo más complejo, no es materia sencilla, pero la experiencia me ha dictado que cada niña y niño tiene sus propias fortalezas, sus propios gustos, sus propios intereses, sus propias aficiones. ¿No sería bueno potenciar esas capacidades? ¿No se trata acaso de prepararlos para la vida? La mayoría de seres humanos debe trabajar para ganar la paguita que permita comprar el pan y demás necesidades vitales, este trabajo (lo dicen los sabios) debe ser algo que le guste al oficiante para que sea un disfrute.
Como dije al principio: hay chistes sin chiste. Un trabajo no deseado es un mal chiste. Dedicar la vida a hacer algo desagradable es el peor chiste del mundo. Todo mundo debería dedicarse a hacer algo que le guste, a lo que es su pasión. No me estás preguntando, pero yo, en la vida ahí la llevo cascareando en el plano económico, pero tengo lo necesario para la subsistencia y hago lo que me gusta, soy feliz. Doy gracias a Dios por eso.
Posdata: cuando el abuelo del chiste dijo que su mayor tristeza era porque él había hecho las tareas del nieto, los de la producción insertaron las clásicas risas (que ponían en los programas de Chespirito) para dar a entender que todo era muy gracioso. No le hallé la gracia. Todo mundo me dice que soy un amargado, que hasta un simple chiste lo vuelvo tragedia. El mundo tiene razón, porque los chistes simples me desagradan. Soy un admirador del humor y éste está a mil cuadras de los chistes sobados de carpa.
Pienso que el ideal de la educación sería que los alumnos aprendieran el conocimiento en el aula, que ahí realizaran las actividades. Si las maquetas que dejaba como trabajo final las hubieran desarrollado en clase, ningún arquitecto habría metido su mano negra.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 2 de marzo de 2024
CARTA A MARIANA, CON PREMIADOS
Querida Mariana: lo que quiero decir es que la literatura es un baluarte. En forma coloquial la palabra baluarte se usa como sinónimo de defensa. ¿Defensa de qué es la literatura? De la libertad, bien tan escaso en el mundo. La literatura es como un pájaro que vuela por todos los cielos sembrando la palabra libre. Porque la escritura es uno de los máximos actos libertarios de la humanidad.
Recordá que en la carta de hace una semana hice una relación de personas que han merecido la gloria de la Medalla Belisario Domínguez, máximo reconocimiento que entrega el Senado de la República.
En la relación sólo incluí a personas que se han dedicado a la literatura, porque la lista de premiados incluye a muchas personas con otras profesiones. Por ahí asoma Fidel Velázquez, quien fue un líder de la CNOP. Hasta la fecha muchos estudiosos de la historia se siguen preguntando cuál sería el mérito para que recibiera tal distinción. Bueno, parece que el único mérito fue el de estar muy cercano al poder, de que en lugar de luchar por los derechos de los trabajadores se puso al lado de los opresores. ¡Bonita historia! En fin, dijimos que de todo hay en la viña del señor y que en la relación de premiados hay gente con más merecimientos que otros.
Disculpá, pero en la relación de personas que enlisto hallo pura gente de bien. Insisto, su pasión fue la literatura y ésta ayuda a ennoblecer a la patria. Los regímenes autoritarios le tienen miedo a la palabra escrita, en el transcurso de la historia hemos conocido casos de gobiernos que mandan a quemar o prohíben la circulación de libros entre la población. Le tienen miedo a la palabra. No importa que los libros sean simples libros con cuentos o con novelas. Los poderosos autócratas saben que el libro es el principal producto cultural que fomenta la democracia. El libro es un chunche al alcance de los lectores, es como el pan o como el arroz, está a disposición de todos. Claro, siempre y cuando la persona sepa leer y escribir. Por lo mismo, en los países tercermundistas los dictadorzuelos no se preocupan por fomentar campañas de alfabetización, saben que los lectores se informan, llegan a poseer el conocimiento. A los regímenes autoritarios les conviene que la mayoría sea analfabeta, que no lea, que no se informe, que viva en el limbo.
Desde lejos reconozco que uno de los avances de la revolución cubana fue alfabetizar a toda su población, pero si leo el cuento “El lobo, el bosque y el hombre nuevo”, del escritor cubano Senel Paz, me entero que el régimen cubano prohibía la circulación de libros, por ejemplo el de “La guerra del fin del mundo”, de Vargas Llosa, famoso escritor que al principio se mostró afin al régimen y luego terminó alejado.
Por eso, cuando me entero que el Senado de la República entregará la Medalla Belisario Domínguez a una persona que se dedica a la escritura me da gusto, porque hay un reconocimiento a la inteligencia, a la labor de siembra en el aire. La libre circulación de ideas permite que haya un halo de esperanza.
¿Con quién me quedé la semana pasada? Dije que me faltaba hacer un recuento de los premiados del siglo XXI. ¿Ves bien que le entremos? Con tu permiso, acá va.
En el 2000 el premiado fue Leopoldo Zea Aguilar, eminente filósofo mexicano, eminente de verdad. Don Leopoldo escribió muchos textos acerca de la vaina filosófica, todo su pensamiento lo volcó en libros y su mirada continúa vigente para todos los estudiosos. Don Leopoldo sí mereció el reconocimiento.
El reconocido periodista Miguel Ángel Granados Chapa fue reconocido con la medalla en 2005. Por ahí encontré un libro que él escribió con el título: “Francisco Zarco y la libertad de expresión”, esto da una idea del campo donde se movía Granados Chapa.
En 2007 fue reconocido Javier Barros Sierra, ilustre pensador, que tiene libros publicados y que la mayoría de mexicanos recuerda porque fue rector de la UNAM en 1968, cuando se dio el infausto movimiento estudiantil que culminó con la matanza de Tlatelolco. Uf. Este recuerdo habla de congruencia y verticalidad, pero, asimismo, de tragedia y prepotencia. Qué mezcla tan jodida.
En 2012 (me pongo de pie) la Medalla Belisario Domínguez le fue otorgada a Ernesto De La Peña Cruz, un verdadero viejazo sensacional. Ganó, asimismo, el premio Xavier Villaurrutia, el mismo que obtuvo nuestra paisana Rosario Castellanos. El Villaurrutia se lo dieron al maestro Ernesto por un libro de cuentos que se titula: “Las estratagemas de Dios”. ¿Sabés qué dice la mínima biografía del maestro De La Peña Cruz? Que tenía conocimiento de treinta y tres lenguas. Pucha, treinta y tres idiomas. Lo que sí puedo decir es que fue un exquisito conocedor del lenguaje español y contribuyó al respeto de nuestro idioma. Era un hombre de gran sapiencia, fino hablante del castellano.
Vuelvo a ponerme de pie, querida mía, porque en 2014, la medalla le fue entregada a nuestro paisano Eraclio Zepeda Ramos, el gran Laco, maravilloso cuentero y cuentista. Ya te conté que en dos o tres ocasiones estuve cerca de él; una vez, con Manolo Nucamendi y Marco Puig fuimos especialmente a San Cristóbal de Las Casas a escuchar una plática que dio; en otra ocasión fuimos mi mamá, mi Paty y yo al auditorio de la presidencia de Puebla; otro día fui a escucharlo platicar en un espacio (no recuerdo bien dónde) en la ciudad de Xalapa, ciudad donde Laco fue muy querido; otra ocasión memorable fue cuando los amigos de la “Rial” Academia de la Lengua Frailescana entregaron el sombrero de la ocurrencia a Javier Espinosa Mandujano y a tu amigo. En esa ocasión Laco estuvo en la mesa siendo testigo de honor; y también en Comitán, en Casa de Cultura, tuve la oportunidad de escuchar su voz genial, simpática e inteligente.
Carlos Payán Velver es el fundador del periódico de La Jornada, fue un gran escritor y destacado intelectual. Él recibió la medalla en el año 2018.
Ifigenia Martínez es una reconocida política, fue senadora de la república, fundadora del PRD, pero también es una destacada escritora de ensayos políticos. Ella recibió la medalla en 2021.
Y en 2022, todo mundo lo sabe, la escritora Elena Poniatowska Amor mereció la gloria de la Medalla Belisario Domínguez. La Pony es muy talachera, muchísimos años los ha dedicado a la literatura, tanto testimonial, como ficcional. Te he dicho que me gustan varias de sus novelitas, sobre todo la de “Querido Diego, te abraza Quiela”, donde, haciendo uso del género epistolar, cuenta la relación de Diego Rivera con Angelina Beloff.
Celebré la entrega para la Pony, aunque, como muchos comitecos, lamenté que la medalla no se la hubieran entregado al querido doctor Roberto Gómez Alfaro, quien estuvo propuesto ese año para recibirla. En fin. Ya luego, gracias al tesón de mi compadre Roberto Álvarez, junto con familiares y muchos amigos y amigas, el doctor recibió la Medalla Rosario Castellanos, en el Congreso del estado de Chiapas.
Sí, la Pony también recibió, años antes, la Medalla Rosario Castellanos; ella fue amiga cercana de nuestra paisana. ¿Quién escribió el prólogo del libro “Cartas a Ricardo”? Elena Poniatowska, por supuesto.
Te he dicho que me ha tocado ver cómo en ocasiones, Doña Elena se le sube eso de que es descendiente de la nobleza polaca y trata con desprecio a la gente que se le acerca, pero eso no resta los méritos literarios que posee. Uno no es monedita de oro para caerle bien a todos. La entrega de la medalla reconoció en ella a una gran escritora, múltiples premios en el mundo han avalado su trabajo de creación, su compromiso con la palabra escrita.
Posdata: así llegamos al final. ¿Quién recibirá la Medalla Belisario Domínguez en 2024? Falta tiempo para saberlo, pero estoy seguro que, en los años por venir, escritores y escritoras serán reconocidos, porque el ejercicio literario es un ejercicio de libertad suprema, y nuestro paisano Tío Belis siempre luchó por darle alas al pensamiento libertario.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 1 de marzo de 2024
CARTA A MARIANA, CON ESQUINEROS
Querida Mariana: no me sorprende que alguien diga: “doblé la esquina”, porque hago lo mismo. Sí, también doblo las esquinas de las páginas de los libros, así sé dónde quedó mi lectura.
No doblé el primer libro que mi tía Emelina me trajo de la Ciudad de México, en un viaje. Aún no sabía leer, así que mi mamá me leyó los textos brevísimos y me mostró las imágenes a color. De una sentada nos echamos ese libro, así que no hubo necesidad de señalar dónde había quedado la lectura pendiente. Esa vez fue un instante sublime. Ah, mi primer acercamiento al libro. Jamás imaginé que el libro iba a ser el gran acompañante en todas las vueltas de la vida.
Tampoco doblaba las esquinas de las revistas de monitos, porque, de igual manera, las leía de un jalón. Pero, cuando entré a la secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz y compré mi primer libro en la Proveedora Cultural (“La tía Tula”, de Unamuno) hice mi primer “doblamiento”. Leí un buen fragmento, alucinado, y cuando fue la hora de la cena, busqué la manera de indicar dónde había quedado mi lectura, como estaba recostado en la cama, dejé el libro como casita de campaña, ah, fue una imagen bonita. Desde la puerta vi cómo la casa de campaña quedaba sobre la campiña. Fui a cenar un tamal de dulce y chocolate. Caminé por el corredor, con una luz de luciérnaga cansada, y continué con la lectura. Cuando el sueño llegó, como si ese conocimiento me hubiese sido injertado por mis ancestros lectores, tomé una esquina de la página del libro y la doblé tantito. Cerré el libro y comprobé que la marca había quedado, cuando, al día siguiente, tomara de nuevo el libro buscaría la muesca y la lectura seguiría cabalgando.
No pensé (como muchos piensan) que estaba dañando al libro, que lo estaba desacralizando. No pensé que lo dañaba, no. Siempre vi a los libros como mis compañeros, como mis juguetes. Los carritos y los soldaditos y las pelotas se llenaban de polvo y lodo a la hora de jugar con ellos y eso no significaba no quererlos, no cuidarlos. Se me hace que sería una incongruencia que un juguete permaneciera impoluto, sin mancha. La vocación real de un juguete es la de saltar la cuerda, trepar los árboles, bajar a los zanjones, deslizarse por los toboganes. Así mis libros, desde siempre.
A la mañana siguiente abrí el libro, hallé la esquinita doblada y busqué la línea donde había quedado mi lectura. Pensé, juro que lo pensé, tener un lápiz a la mano, para poner una flechita en la línea leída, eso me daría el lugar exacto, pero luego pensé que no siempre anda uno con lápices, además la relectura era como volver a caminar un sendero ya conocido. Yo, que soy tan de memoria escasa, me servía como recordatorio, volver a sentir el calorcito de la senda.
Desde entonces (hablo de más de cincuenta y cinco años) he sido un gran doblador de esquinas de página, todos mis libros tienen huellas del camino andado.
Si, de chavo, me hubiera topado con un “separador”, tal vez me habría acostumbrado, ya mirás que las personas somos animales de costumbres, pero no lo topé. Fue ya hasta muchos años después que me topé con un libro que traía integrado un “señalador”. Se me hizo la cosa más sensacional del mundo, como si de pronto descubriera que los grandes velices que usábamos los viajeros podían ser sustituidos por maletas con rueditas. El libro que saqué en préstamo de la Biblioteca Central Universitaria (como todos) era encuadernado, pero el encuadernador le había agregado el mojol de una cinta de color rojo que servía para colocarla en medio de las páginas donde se había suspendido la lectura. Por primera vez no tuve necesidad de doblar la esquinita superior, me bastó tomar con índice y pulgar la cinta y dejarla caer a mitad de las páginas antes de cerrar el libro. ¡Qué maravilla! El gran descubrimiento. Pero resulta que los libros que compré desde entonces a la fecha no están encuadernados ni tienen esa cinta maravillosa, así que he continuado doblando esquinas, he sido un gran doblador de esquinas, a veces, cuando el tiempo es magro leo dos o tres páginas y doblo esquina; en ocasiones (domingo, sobre todo) la lectura avanza y la doblada de la esquina la hago una o dos horas después.
Posdata: mis calles de lectura, entonces, son de distancias diversas. A veces son calles pequeñas, a veces son calles que parecerían interminables. Ah, cuántas calles he caminado, con un gran disfrute, con disfrute inigualable. Cuando debo suspender, entonces, “doblo la esquina”. Pero esto es ficticio, porque al regresar a mi lectura continúo caminando por la misma calle. Lo de doblar la esquina es un mero ejercicio, como si diera un paso en la avenida y luego retrocediera.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 29 de febrero de 2024
CARTA A MARIANA, CON FOTOS MARAVILLOSAS
Querida Mariana: en mi blog tengo cuatro mil ochocientos textos. ¿Cuántas fotografías tenés en tu computadora? Miles, también. Cada texto, cada fotografía, son testimonios de vida. En la fotografía que anexo hay un nutrido grupo de alumnos de nuestro Colegio Mariano N. Ruiz. La foto no es clara, como si el tiempo pasara su mano y la cubriera con la niebla eterna.
Pienso en todo el tiempo que he dedicado a escribir los textos que están en mi blog. ¡Más de cuatro mil ochocientos! Pienso en todos los instantes que detienen las fotografías. Siempre que reviso un álbum (ahora, archivo de computadora) pienso en cómo los seres humanos insistimos en detener el tiempo, aunque sea a través de palabras o de imágenes.
La vida es un grifo descompuesto, por más que intentemos arreglar el grifo es imposible detener el goteo. Nuestra medida del “desperdicio” es el segundo. Tac tac tac tac. No es posible parar el tiempo. Así se va la vida. Tengo sesenta y seis años de edad y parece que fue ayer que estaba sentado en el Cine Comitán al lado de mis papás. Hoy, el Cine Comitán no existe y mi papá falleció hace treinta y cuatro años. Sólo mediante las fotografías y los testimonios orales y escritos es que recuperamos esos instantes, instantes que nos devuelven un poco de vida. Los textos y las fotografías son el tapón que impide que el agua se vaya a la coladera inmisericorde, pero (¿lo has visto?), los lavabos tienen un hueco para evitar que el agua rebose, así pues, la vida está irremediablemente condenada a ir al caño.
No me preguntés de cuándo es esta foto que anexo. No lo sé. Lo único que sé es que es el patio trasero del edificio de la primaria, la del barrio de San Sebastián. No sé qué acto fue, pero veo una multitud de niños y niñas bien atentos a lo que sucede al frente. El fotógrafo hizo que el goteo del tiempo se detuviera, acá está la prueba, hubo un día (en un remoto pasado) que la multitud de alumnos se concentró en el patio posterior. Acá está la prueba, esta imagen revive el pasado, lo retrotrae, lo hace presente. Puedo escuchar el rumor de los niños. Sólo puedo decir que esta imagen es del tiempo A. C. ¿Antes de Cristo? ¡No! Antes del celular. Por esto, te mando la imagen, porque es única, irrepetible, es del tiempo de las cámaras analógicas, es un testimonio valiosísimo de una época que se fue al hueco eterno.
Los niños y niñas que acá están (segurísimo) ya crecieron, ya son adolescentes o adultos. Tal vez alguno recuerda este momento vivido. Si viera la foto recordaría el instante y podría decir qué suceso los convocó. Una de las más grandes ventajas de las escuelas y colegios es la posibilidad de compartir vida con los compañeros. Cuando hay una gran plebe todo se vuelve fiesta. Si un mago se presenta en el escenario, todo mundo está pendiente de los malabares que hace con las manos y cuando aparece algo inesperado decenas de chicos y chicas lo celebran, como los de la plaza avientan un olé de emoción, éstos avientan un ¡oh!, de admiración, y sonríen y aplauden.
El festejo de la fotografía fue un acto especial. Las banderitas que cruzan de un extremo a otro son muestra de que hubo un festejo inusual. En la parte posterior se distingue algunos adultos, pero la masa compacta del frente está integrada por niños y niñas, alumnos de nuestro colegio.
¿De qué año es la fotografía? No lo sé. Lo que sí puede asegurarse es que no es de este siglo XXI, es del siglo XX. ¿Mirás el prodigio de la fotografía? Nos avienta una cubetada de luz en la mirada y en el espíritu.
Posdata: la foto la encontré en el Archivo del Colegio Mariano N. Ruiz, en cuanto la vi, así un poco borrosa, sin más datos, pensé que debía compartirla con vos, porque sé que puede servirte para un guion de corto cinematográfico, hacer que el instante no se pierda, que crezca, tal vez esto sea el motivo principal de la creación artística: pepenar una fracción de luz del pasado para iluminar nuestro presente.
Reviso mi blog y me sorprende la cantidad de textos que he escrito, ¡miles! La escritura es parte significativa de mi vida y esta vida la comparto en esos cachitos que, espero, también den vida. Si es así ¡ahí la llevamos!
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 28 de febrero de 2024
CARTA A MARIANA, CON UN COMITECO ARGENTINO
Querida Mariana: los argentinos y los comitecos hablamos de vos, bueno, de vos vos más en Comitán.
En el pueblo hay un “comiteco” tan famoso como la bebida. No todo mundo sabe el nombre, pero sí todo mundo lo ha visto en el parque de San Sebastián. Es el toro de acero inoxidable, que está casi frente a la bajada de Doña Mariana.
El gran escultor argentino Manuel Eduardo Solís bautizó a su pieza escultórica con el nombre de “Comiteco”. Gesto sensacional.
La ficha dice que este toro mide 1.80 m x 80 de base.
El escultor, quien lamentablemente ya falleció, dijo que fue el toro más grande que construyó en acero inoxidable y lo tenemos en Comitán.
Recordá que nuestro paisano Luis Aguilar Castañeda impulsó tres simposios internacionales de escultura, en los primeros años de este siglo.
El tercer simposio se efectuó del 4 al 22 de noviembre de 2007. Muchas personas de Comitán deben recordar el fastuoso acto, muchas plazas del pueblo se llenaron de luz (y de polvo, con los residuos de la madera, del mármol y del metal). Muchos grandes escultores del mundo estuvieron en Comitán, trabajando al aire libre, a la vista de todos. Manuel Eduardo estuvo esos días, trabajando el toro “Comiteco”.
Al final de la intensa y fascinante jornada de más de quince días, los escultores posaron para la foto del recuerdo y dejaron sus obras para el patrimonio cultural del pueblo.
Ya hemos dicho que, por desgracia, muchas de estas obras están desperdigadas, sin bases dignas, sin placas que den cuenta del título de la obra, características y nombres de autores. ¡Es una pena! Luis hizo su esfuerzo titánico, que fue respaldado por la autoridad en turno. ¿Qué decir de los artistas? Ahí están sus obras como muestra de su talento y dedicación.
Luis dice que el “Comiteco” está en un lugar que recuerda cómo los batanecos tenían una gran afición por la fiesta brava.
En realidad, la fiesta de San Sebastián se llenaba de luces y colores con la presencia de toreros y toreras, con espectáculos bufos, en la improvisada plaza, hecha con tablones de madera. Recordá que el famoso dicho de “Está cuajado el chulul” viene del tiempo donde el árbol se llenaba con aficionados que no habían alcanzado lugar en el graderío y trepaban al chulul. Ah, debió ser majestuoso ver el árbol lleno de gente disfrutando desde la altura del acto que sucedía en el ruedo. Recordá que la Rosario Castellanos, en uno de los cuentos del libro “Convidados de agosto” cuenta detalles de estas corridas de toros y del inevitable derrumbe de la plaza. Sí, las corridas de toros le daban vida al festejo al santo.
La fiesta se sigue celebrando en el barrio, en el 2024 colocaron carpas alrededor del parque y en la calle lateral al templo instalaron juegos mecánicos, pero, la verdad, es que el festejo no es ni la sombra de lo que fue. Ahora el festejo da flato. Pocas gentes se animan a bajar a San Sebastián para comer los tradicionales curtidos o jugar al tiro al blanco o comer una paleta de chimbo. ¿Quién baja para comer un pedazo de pizza todo frío, cagoteado por moscas?
El toro de Manuel Eduardo es una bella pieza, llena de movimiento. La parte de la espalda tiene un arco espectacular, tal comba le otorga una gran dignidad a todo el frente, que es majestuoso. Sastre genial, Manuel Eduardo dejó visibles las puntadas, el espectador ve cómo fue el proceso de creación, la manera de ir embonando las piezas, dándoles forma. El toro “Comiteco” muge con voseo, porque radica en nuestro pueblo y fue realizado por un maravilloso argentino.
Nuestro Comitán dio una gran acogida a los artistas, valoraron el esfuerzo realizado, la generosidad con que se entregaron. Por ahí me pasaron copia del diploma que recibieron los artistas, dicho reconocimiento fue firmado por Jorge Constantino Kánter, en nombre del Ayuntamiento de Comitán, y por Luis Aguilar Castañeda, en nombre de Cultura y Arte para Chiapas, A. C.
Manuel Eduardo era un hombre fuerte, serio, con barba blanca y escasa cabellera, también de color blanco. Usaba lentes. Su mirada era de búho atento, curioso.
Posdata: cuando caminés por el parque de San Sebas detenete tantito y mirá la belleza de “Comiteco”, un toro de maravillosa estampa, toro que nuestro pueblo indultó para la eternidad.
¡Tzatz Comitán!
martes, 27 de febrero de 2024
CARTA A MARIANA, CON EMOCIONANTE ENCUENTRO
Querida Mariana: ¿te conté que el otro día el conductor de un autobús de pasajeros abrió su ventanilla y me gritó: “viejo, mueve tu carcacha”? No me molestó lo de viejo sino lo de carcacha. Pucha, mi tsurito está medio abolladito, pero es hijo del siglo XXI, modelo 2000. El conductor, como andaba trepado en un gran autobús, bien lavadito, me vio desde su altura. Nada dije, ¿qué iba a decir? Así como abrió la ventanilla, así pudo abrir el grifo de su coraje y soberbia y recurrir a la violencia. Puse reversa y dejé que su monstruo pasara rozando mi carrito, mientras acariciaba el tablero (empolvado) y le decía que no le hiciera caso, que no es una carcacha, que es un carrito joven, porque apenas tiene veinticuatro años de edad, pucha, está en la plenitud de su vida.
Y digo esto, porque el otro día saludé a Don Javier Rojas, propietario de esta belleza de camioneta compacta. Don Javier es un gran aficionado a los autos, le viene de familia, porque su hermano Pepe Rojas es el fundador de la pista de arrancones. Él me dijo que esta camioneta es una Ford Courier, modelo 70. ¿Qué habría comentado el bobo conductor del autobús? ¿Habría admirado la belleza de la línea de esta camioneta, que, dice el Internet, fue la primera camioneta compacta? No todo mundo admira las arrugas que el tiempo impone a los objetos y a las personas. He escuchado que algunos jóvenes insolentes se refieren a nosotros, los viejos, como carcamanes.
Saludé a Don Javier y de entrada me dijo que hay personas que le ofrecen cien mil pesos por su camioneta, pero él no la vende. ¿Cien mil? Al principio dudé, pero luego entendí que la persona que ofreció esta cantidad sabe lo que significa la camioneta, si la mete a un taller mecánico para una buena “chaineada” tendría un auto de colección. Don Javier nada le ha hecho, nada de ponerle bótox, de arreglarle la trompa así como ahora se la arreglan las chicas fifí. ¡No! Su camioneta está como la compró hace 25 años, sólo le ha agregado un cojín de hule espuma en el asiento, porque éste ya está un poco sumido.
Don Javier fue trailero toda su vida. Digo pues que su familia es amante de los autos. Ahora se dedica, por ratos, a comprar fierro viejo y llantas usadas. La mañana que lo saludé, al lado del bulevar tenía una llanta vieja en la góndola.
Me contó que su abuelo fue dueño de todo Jatón, desde donde está Radio IMER hasta donde termina la colonia.
Nada sé de carros. Soy de los que abren el cofre cuando el auto no enciende, sólo para que los demás automovilistas sepan que hay auto averiado, pero veo el interior como si estuviera frente a un pizarrón de la universidad de Harvard que explicara el origen del universo. Pero sé que hay personas que aman los autos, que los coleccionan, que se pasan horas y horas en las muestras y exposiciones, que reconocen todas las piezas, que lavan y enceran sus autos todos los domingos, que tienen aspiradoras manuales para que no haya ni una sola mota de polvo en las alfombras. Don Javier no llega a tanto, porque su camioneta anda empolvada, pero lo que casi puedo asegurar es que su motor funciona como corazón de quinceañera enamorada.
Y ahí estaba la rojita, con matices hechos por el tiempo. Pensá en los caminos que ha transitado. Desde 1970 ha andado de arriba para abajo. Estamos hablando de 53 años y ahora sí que como decimos los comitecos: “está andando en 54”. ¿Es una camioneta viejita? Sí, pero con la fortaleza de una chica veinteañera. Estas camionetas tienen la marca Ford en la parte delantera, la de Don Javier ya sólo tiene la F, las demás se le cayeron, pero eso no es problema, porque alguien (andá a saber quién) le pintó el letrero que dice Ford, con letras rojas y como no alcanzó para todas, la “erre” y la “de” se quedaron con un simple perfil de pluma. Esto le otorga una personalidad única.
Posdata: me dio mucho gusto conocer a Don Javier Rojas, platicador de los meros buenos, hombre de trabajo, de vida. Me dio mucho gusto conocer a su Ford 70.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 26 de febrero de 2024
CARTA A MARIANA, CON EL NÚMERO 39
Querida Mariana: ¡la emoción del vuelo! ¡El papalote flotando! Así es la experiencia de leer Arenilla. Ya distribuimos el número 39. En este número contamos con una afortunada colaboración de mi querido amigo el ingeniero José Octavio Galindo Albores, quien creció en el mero Yalchivol, y que nos regaló un maravilloso recuerdo de cuando volaba papalotes, de cuando los hacía, de cuando cortaba el hilo y lo despedía en la inmensidad.
Y en este vuelo tenemos, como siempre, más, muchas más bellezas. Portada de lujo, con una fotografía del gran artista Jorge Frankof, mero mero del restaurante “Tata Lampo”. Portada donde aparecen dos de los promotores de la celebración de la Fundación de Comitán. Rosa Godelva Cancino Meza y José Antonio Zamudio Blanco aparecen en portada, ambos comprando las tradicionales nieves en el parque de La Pila. Rosy ya anda con la nieve en la mano, mientras Toño, en un pasito bien chévere, saca la cartera de la bolsa trasera del pantalón. El sol desparrama sombras de la ceiba en el graderío del templo de San Caralampio. ¡Ah, qué imagen tan bella! Y en interiores Toño nos comparte dos textos que dan cuenta de los festejos de la fundación de nuestra ciudad. Con una palabra, ¡lek! (que significa bueno), nos recuerda la maravilla de nuestra identidad en uno de los textos, y en el otro hace un recuento de las celebraciones que ellos han impulsado para festejar nuestra identidad. Ellos, ¡en buena hora!, tuvieron esta iniciativa y ya se encaminan a celebrar los siguientes años, para llegar al 2028 donde se conmemorarán los quinientos años de nuestra ciudad.
Pero este papalote vuela alto, altísimo, también presentamos un reportaje donde aparece una mínima hoja de vida del gran Fernando Cuéllar González, quien es un niño que tiene once años de edad y ya es un gran campeón en Taekwondo. Pronto viajará a Puebla para participar en un torneo nacional y tal vez más adelante viaje a Brasil, para un torneo internacional. Te invito a que leás nuestra revista y te enterés de las maravillas que ha logrado nuestro amigo Fer, gracias al apoyo de sus papás, el doctor Fernando Cuéllar e Irma Aracely González García. ¡Felicidades!
¿Más? ¡Por supuesto que sí! Gracias al patrocinio de diez empresas, instituciones y personas relevantes honramos a Rosario en el quincuagésimo aniversario de su fallecimiento. Comitán está presente para honrar a nuestra paisana. King Long; Rosa Cancino; Campus VIII-Unach, Comitán; G+C Arquitectura & Valuación, del arquitecto José Alberto Gómez Conde; cirujano dentista Jorge Antonio Ruiz Mandujano; Galo Agro; Auditivos de Comitán; Notaría Pública 34; Jardín Botanero 340; y Casa Rosario están presentes en esta conmemoración fastuosa.
No puede faltar la carta que siempre te escribo, en esta ocasión me aventé un doblete, una carta habla de Rosario Castellanos y la otra de una gran comiteca: Doña Zoilita Guillén de Teutli, quien cumplió noventa años con un gran guateque que le organizaron sus hijos e hijas. ¡Felicidades!
El Anaquel de Paty Cajcam, gran narradora comiteca, editora ejecutiva de Arenilla y mi amiga durante más de trece años, nos trae una interesante añoranza de dos grandes escritores recientemente fallecidos: el mexicano José Agustín y el serbio Goran Petrovic.
Como ves, este número está de lujo. Gracias a Dios, en cada edición nos superamos, todo en beneficio de nuestra sociedad, a la que nos debemos, por la que trabajamos en forma incansable y apasionada.
¡Y hay más! Martha Emma Orrico Vera nos compartió fotografías y testimonios para que honremos la memoria de su papá: Don Rodolfo Orrico Caparroso, quien (nada más y nada menos) fue el fundador de la primera colonia de Comitán: la colonia Miguel Alemán. El nombre de Don Rodolfo no puede estar oculto en el libro de historia de nuestro pueblo. En este número contamos una síntesis de cómo se fundó la colonia, maravilloso espacio que ahora es uno de los lugares más bellos de la ciudad, con muchos negocios y una oferta gastronómica sensacional.
No podía faltar la crónica del gran maestro Benito Vera. En esta ocasión comparte detalles de cómo los trinitarenses recibieron en 1950 la presencia de los automovilistas que participaron en la primera carrera panamericana. Leélo, está de lujo. Y, como mojol, hablando del mismo tema, en nuestras páginas consignamos cómo el gremio del transporte de La Trinitaria recibió concesiones en diferentes modalidades del transporte. ¡Cabal!
Posdata: cerramos con el cuentito para que los papás y mamás compartan con sus hijos e hijas. ¡Cumplimos! Siempre lo hacemos. Sembramos buena semilla en tierra fértil.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 25 de febrero de 2024
CARTA A MARIANA, CON EJERCICIO DE VIDA
Querida Mariana: el ejercicio es sencillo: ir al parque de San Sebastián, puede ser sábado, al mediodía. Al llegar debe buscarse una banca, de esas de hierro, de color verde. En esa posición, con las piernas levemente extendidas, el espíritu debe prepararse para beber la esencia. Los expertos recomiendan “soltar”, soltar para pepenar.
La mirada tiene mil y un motivos para regodearse, para sentirse en columpio. Ahí está el árbol cascarudo, quebradizo, con ramas truncas (lo que habla de su vejez); ahí están las hojas secas tiradas en el suelo, haciendo figuras.
Cuando son las once con cincuenta de la mañana, de un día luminoso, con el cielo azul sin nubes, hay manchones de sombras, que provoca el sol al contacto con las frondas de los árboles. Estas sombras no están como estatuas, ¡no!, son como esas sombras que nacen de las veladoras, se mueven. Claro, no se mueven las grandes manchas, el movimiento está en las pequeñas hojas al final de las ramas. Se mueve lo más frágil. Así es siempre en la vida, los abuelos, los troncos, los racimos gigantescos parecen inmóviles. Algunos están cansados, otros piensan: ¡qué hueva!
La mañana que hice el ejercicio de vida me senté en el andador frente a la casa de los hermanos García, quienes fallecieron en un lamentable accidente automovilístico, viniendo de la Ciudad de México al pueblo. Venían de vacaciones. Qué pena.
En el andador del otro extremo hay un bazar, caminé por ahí y vi un libro en venta: “Testimonios sobre Mariana”, de la escritora Elena Garro, quien fue esposa de Octavio Paz. Compré el libro. Fue una ganga: cien pesos. El prólogo lo escribió Emmanuel Carballo, uno de los mejores críticos literarios de México. Emmanuel cuenta que Elena era perversa, una adorable perversa. Su novela “Los recuerdos del porvenir” está considerada como una de las mejores novelas mexicanas. Otro día nos metemos en la burbuja del morbo y platicamos acerca de la relación que sostuvo con Octavio. De terror.
Al lado de la casa de los dos García, hay una inmobiliaria, y en la siguiente casa (una de dos plantas), pintada en amarillo y rojo, con herrería en blanco, funciona una institución universitaria. Vi salir a un grupo de chicos y chicas, regresar luego con refrescos y comida. Pensé que estos muchachos gozan del mismo privilegio del que gozamos los estudiantes de secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz, en los años sesenta: el parque es su patio de convivencia a la hora del receso. El placer que tuvimos los chicos de once, doce y trece años hoy sólo pueden disfrutarlo chicos y chicas de dieciocho años o más. Los tiempos han cambiado.
Bueno, el parque de San Sebastián no ha cambiado tanto, y esto es así porque está rodeado de casas, esto hace que sea un parque muy íntimo, que no permite el rebumbio de los años veinte del siglo XXI. En el andador donde estoy sentado hay algo como una burbuja protectora. A pocos pasos hay una funeraria, tal vez por eso, los autos pasan con velocidades moderadas. En la calle del otro lado, donde está el Colegio Mariano N. Ruiz y la casa del Niñito Fundador hay más trasiego, ahí transitan los camiones urbanos.
Ahora está en venta la casa de los difuntos García. Deben pedir millones. Ahora tiene puertas metálicas, pero el techo es el mismo de teja que tenía cuando mis compañeros y yo jugábamos la cascarita de fútbol en la calle. Ya te dije que jugaba de portero.
Como un bálsamo todavía se escucha el parloteo de los pajaritos, las risas de los niños, los pasos de los andarines y corredores que dan varias vueltas al parque, lidiando con las placas levantadas que imposibilitan una carrera segura. ¿Por qué, señor, los constructores no tienen métodos para pavimentar los espacios públicos sin esos “levantamientos”?
Los vecinos disfrutan el parque. Doña Rosita Guillén de Cristiani camina acompañada de su chofer. El bolero mueve sus manos con el trapo que da brillo al calzado. Dos chicas se toman una selfie, una de ellas estira el brazo con el celular y las dos sonríen, se ponen en pose de divas. Ven el resultado y quedan satisfechas.
En el andador del bazar colocaron una bocina, se escucha un sonido lejano: “…el bongoro, quiña, quiña…”, ah, es la Sonora Santanera.
¿Y las ardillas? Busco infructuosamente. No veo asomarse sus caritas detrás de los árboles, no veo sus espléndidas colas. Por ahí deben andar trepadas en lo más alto de los árboles.
Cuando el viento se encabrita tira hojas de los árboles, las hojas cambian la figura que había en el piso. Mañana, muy temprano, el personal de limpieza barrerá todas las hojas con sus enormes escobas de palma. El viento volverá a hacer travesuras y durante el día formará figuras de hojas en el piso.
Posdata: el ejercicio de vida es sencillo: ir al parque de San Sebastián, sentarse en una banca verde y pepenar esencias. Después de media hora puede uno levantarse, comprar un helado con el nevero tradicional o en “Helafrut” o en el local de Doña Esthelita. Ah, las paletas de chimbo ¡son riquísimas! La esencia de la vida es sencilla.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 24 de febrero de 2024
CARTA A MARIANA, CON GANADORES
Querida Mariana: la Medalla Belisario Domínguez es uno de los más altos reconocimientos que puede recibir una persona en México; asimismo, es una honra para Comitán, lugar de nacimiento de Tío Belis.
Es larga la lista de hombres y mujeres que han merecido tal distinción. Ahora, por fortuna, la relación de nombres de galardonados está actualizada en la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez. De esta manera, los visitantes tienen un panorama completo de las personalidades laureadas. Vos y yo lo hemos comentado, en la relación de premiados hay de todo, como en botica, como en cenaduría (así con c) hay verdes, rojos, de rajas y de dulce. Algunos con más méritos que otros, pero todos conforman el grupo de privilegiados en ese sitio de honor.
Vos sabés que me fascina el mundo de la literatura, este mundo tiene representantes dentro de la relación de premiados, lo que indica que la literatura está muy cercana a los ideales de libertad que siempre pregonó Belisario Domínguez.
Está de más recordar que Belisario hizo uso de la palabra, oral y escrita, para llevar su mensaje libertario a todo mundo. En la Casa Museo hay ejemplares de su periódico “El Vate” y, por supuesto, una copia del discurso que escribió contra Victoriano Huerta, discurso que es ejemplo de valor y de congruencia.
Digo pues que algunos escritores han sido premiados con la Medalla Belisario Domínguez, que se entregó por primera vez en 1954, en este año se cumplen setenta años de vida.
Si me apurás bien puede decirse que todos los galardonados han hecho uso de la palabra escrita, pero cuando digo que un grupo de escritores ha sido galardonado me refiero a los profesionales, a quienes tuvieron a la palabra escrita como su mejor escudero en el derribe de los molinos de viento.
Así entonces, hallamos que un año después de creada la medalla, en 1955 le fue entregada a Don Erasmo Castellanos Quinto, quien, dice su biografía, nació en Santiago Tuxtla, Veracruz, y entre otras bellezas fue escritor y dedicó su vida a la enseñanza de la literatura. Genial. Viejazo sublime.
Isidro Fabela fue el galardonado en 1960. En la Biblioteca Central Universitaria, de la UNAM, me topé con un librito de Fabela: “La tristeza del amo”, colección de cuentos. Claro, Fabela no fue solamente escritor, la historia lo recuerda como político, pero sus cuentitos son una mirada interesante al mundo rural mexicano del siglo XIX.
Ya llevamos dos que anduvieron en el ajo, aunque no fue el ingrediente principal de sus guisos de vida.
En 1967 le entregaron la medalla a Franciso L. Urquizo, cuya ficha biográfica señala que fue secretario de guerra y marina, pero, ¡oh, sorpresa!, Don Pancho, que cualquiera diría que sólo andaba metido en humos de cañones, escribió varios libros, de las personas mencionadas, Urquizo es el que tiene más títulos publicados. Nada he leído de él, pero en Internet encontré los siguientes títulos: “Tropa vieja”, “Memorias de campaña”, “Fui soldado de levita” y “3 de diana”. Como mirás, Urquizo narró su mundo. Suena interesante. Un día de estos le podemos entrar.
En el año 1968, año de las Olimpiadas en México y de la masacre de Tlatelolco, la medalla fue para Miguel Ángel Cevallos, quien escribió cuentos, fue crítico literario y escribió una novela, que se titula: “Un hombre perdido en el universo”, la página “Enciclopedia de la literatura en México”, dice que es una novela autobiográfica. Igual, se antoja leerla.
En 1970 la Medalla Belisario Domínguez le fue entregada a Rosendo Salazar, quien fue periodista y escritor. Sus restos reposan en el mismo lugar donde está enterrada Rosario Castellanos, la Rotonda de las Personas Ilustres. Tiene publicados muchos libros, no ficcionales.
El siguiente año (¡me pongo de pie!, diría el cronista deportivo) la medalla fue para Jaime Torres Bodet, escritor que perteneció al grupo llamado Los Contemporáneos. Lo más destacado de su obra literaria son los ensayos que escribió. Ya ni decimos que fue uno de los más grandes intelectuales del país, que cumplió con la patria, en los diversos encargos públicos que tuvo.
En 1990, la medalla fue para nuestro paisano Andrés Serra Rojas (nació en Pichucalco, Chiapas). Andrés fue especialista en derecho, así que sus libros tienen a esta disciplina como columna vertebral. Algunos amigos me comentan que en la UNAM varios de sus libros eran libros de texto.
En 1993 la gloria cubrió al gran oaxaqueño Andrés Henestrosa Morales, tipazo, que vivió más de cien años, ¡pucha! Don Andrés es un reconocido poeta, narrador, ensayista. De los mencionados podemos decir que fue quien más aportó a la literatura mexicana, pues la labor de rescate de los mitos zapotecos fue proverbial.
Al siguiente año, 1994 (vuelvo a ponerme de pie), el honor le cupo a nuestro poeta chiapaneco Jaime Sabines Gutiérrez. Vos no lo conociste, yo sí, de lejitos, cuando vivió en su rancho Yuria, camino a Los Lagos de Montebello, venía a Comitán y un día me topé con él en el Pasaje Morales, le obsequié un ejemplar de “Ensayos”, semanario que publicábamos un grupo de amigos en el pueblo. Dijo que esos intentos de periodismo eran de gran riqueza para los pueblos de Chiapas. Eso dijo. Nos despedimos, lo vi alejarse, por el pasaje, rumbo al parque central. Pucha, había estado cerca del gran poeta, del que luego recibiría la Medalla Belisario Domínguez, en el Senado de la República. ¿Mirás cómo la relación se va puliendo? Acá ya tenemos a un gran poeta, reconocido por medio mundo, digo medio mundo, porque tal vez en China no se saben el poema de “Los amorosos”, ellos se lo pierden.
¿En 1995? La medalla es para Miguel León Portilla, experto en literatura náhuatl. ¡Nadita! Tiene varios libros que son clásicos, basta mencionar dos: “La visión de los vencidos” y “Quince poetas del mundo náhuatl”. Un gran rastreador de huellas milenarias. ¡Tipo genial!
Griselda Álvarez Ponce de León recibió la distinción en 1996. Griselda, lo consigna la historia de nuestro país, fue la primera mujer gobernadora de un estado de México. Pero, de igual manera que los nombrados, fue escritora, sí, arrastró el lápiz con fe, anduvo en el ajo. Escribió poesía, conoció a nuestra Rosario Castellanos, como la paisana, fue defensora de los derechos femeninos.
En 1999 la Medalla Belisario Domínguez le fue otorgada a uno de los más representativos narradores mexicanos (que en realidad no nació en México) ¡Carlos Fuentes! María Félix no podía mirarlo y le decía ¡mujerujo! La Félix era tremenda. De todos los mencionados, con excepción de Sabines, pienso que Carlos Fuentes ha tenido mi atención como lector. Pienso (es lo que pienso) no es el gran narrador, pienso que está medio infladito, pero no puedo negar (sería un bobo si lo hiciera) que Carlos Fuentes es uno de los pilares del edificio literario del país. Fue un tipo con una gran disciplina, se entregó con toda su pasión a escribir. Para los libros históricos tenía un equipo que le buscaba la información y él, con su genio, armaba la novela, sabía que en la forma de contar está el chiste. Los que saben dicen que ya todo se ha dicho, la gracia está en cómo se cuenta. A mí me encanta su cuento largo (sin albur) que se llama “Aura”, es un texto de gran calidad literaria, donde la imaginación camina con soltura sobre el terreno de la realidad.
Carlitos Fuentes fue amigo cercano de Mario Vargas Llosa, de mi querido Julio Cortázar, de Gabriel García Márquez. ¿Mirás? Estoy mencionando a tres representantes del Boom literario. Lo hago para decirte que de los cuatro enlistados, coloco al paisano (que nació en Panamá) en el cuarto lugar de mis preferencias literarias. ¡Qué malinchista! Mario, Julio y Gabo tenían muchísimos más registros, y digo tenían porque se supone que Mario, quien aún vive, ya escribió su última novela, ya está cansado. Ha escrito una obra muy digna.
Posdata: querida mía, se acabó el espacio. Uf. Llegué hasta el fin del siglo XX. ¿Y el XXI, ‘apá? Si lo mirás bien, si tenés tolerancia, nos miramos la próxima semana para terminar con este comentario, donde aparecen los escritores que han sido galardonados con la Medalla Belisario Domínguez. Gracias.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 23 de febrero de 2024
CARTA A MARIANA, CON CINCUENTA GLORIOSOS AÑOS
Querida Mariana: ¿cuántos académicos conocés que cumplan cincuenta años de laborar en una institución educativa? Dejá que te cuente, el licenciado David Esponda me envió un video, por el celular, donde se ve a un paisano recibiendo un reconocimiento por cincuenta años de ejercicio profesional, en la Universidad Veracruzana. Hablo del doctor Romeo Antonio Figueroa Bermúdez.
Dejá que te presuma, Romeo es mi primo, es hijo de mis padrinos Romeo Figueroa y Clarita Bermúdez. Los que saben dicen que el Figueroa es el mismo de Rosario Castellanos Figueroa, puede ser. Ahora, el Bermúdez es del mismo árbol del Arenillero, porque mi madrina Clarita fue hija de mi tía Juanita Bermúdez y ésta fue hermana de mi abuelita María Bermúdez, mamá de mi papá.
De niño llegué muchas veces a la casa de Romeo, aún no era el reconocido experto en comunicación. Tiempo después, ya en 1974, siendo estudiante de la UNAM, en la Ciudad de México, supe que Romeo estaba como docente en la UV. En esta universidad llegó a ser el director de la Facultad de Comunicación. ¡Nadita! Y digo nadita, porque Romeo ha publicado libros que hoy son textos para investigadores y estudiosos del fenómeno de la comunicación.
Ah, me dio mucho gusto ver a Romeo pasar a recoger el reconocimiento que le hizo su universidad por cincuenta años de trabajo.
Sé que a vos te interesa mucho el tema de la comunicación, es tu profesión, así que te paso títulos de los libros que Romeo ha publicado, sé que te interesarán. El primero que tengo en el librero es: “Cómo hacer publicidad. Un enfoque teórico-práctico”, que fue publicado en 1999, a fines del siglo XX. Los chunches tecnológicos del siglo XXI han modificado la mercadotecnia, pero la publicidad sigue conservando su principal objetivo: vender, y las estrategias de venta vienen desde tiempos en que se inventó el comercio: la semiótica del mensaje es fundamental. En el libro de Romeo están expuestas las principales herramientas publicitarias para radio, prensa, televisión. Todos los secretos del Marketing están en las páginas de este libro, escrito por nuestro paisano.
El otro libro que tengo es: “Introducción a las teorías de la comunicación”, que usan como libro de texto, los estudiosos de esta disciplina.
Ya te conté que en uno de los corredores de su casa, en Comitán, había dos elementos que jamás he olvidado: un par de argollas, sostenidas de las vigas, donde Romeo y su hermano Gustavo hacían “el cristo”; y una serie de jaulas con gallos de pelea, que no era la afición de Romeo sino de su hermano.
La casa era maravillosa, porque uno entraba en la bajada del mercado de primero de mayo y salía en la subida rumbo al templo de El Calvario. Sí, el terreno abarcaba de una a otra calle. Ahí vivía parte de la familia Figueroa, y mis padrinos tenían el comedor y jardín al final.
Romeo vivió a una cuadra del parque central, para llegar a la secundaria caminaba cuadra y media; y para ir a casa de la abuelita Juanita Bermúdez salía por la calle paralela al mercado, caminaba cuadra y media y llegaba al parque de La Pila y luego bajaba por la calle del Resbalón y llegaba hasta la majestuosa casa de los tíos Memito y Juanita, ambos de apellido Bermúdez.
Lo esencial siempre cerca, a final de cuentas la comunicación persigue el mismo objetivo. ¿Qué tanto pepenó Romeo de su vocación en las calles de Comitán? ¿Qué tanto le pepenaron sus alumnos durante cincuenta años de cátedra? La tía Gloria decía que Romeo tenía voz de locutor, porque, en efecto, tiene un registro grave muy educado, pero Romeo pensó que el micrófono llevaba mensajes y que el estudio del mensaje era su vocación. Romeo estudió la comunicación en forma apasionada y se convirtió en un experto.
Posdata: me dio mucho gusto ver el video. La maestra de ceremonias dijo: “cincuenta años de servicio. Cuánto conocimiento derramado en muchas generaciones. Pido un fuerte aplauso para el doctor Romeo Antonio Figueroa Bermúdez…”, y Romeo, que estaba sentado en primera fila, con camisa y pantalón azules, en forma casual, se dirigió a la mesa de honor para recibir el diploma, mientras se soltó una catarata de aplausos y gritos de “¡bravo, bravo!” Claro, se ve en el video un señor con los brazos cruzados que ni se inmuta, quién sabe por qué su actitud: ¿envidia? Nunca falta. Pero nosotros, en Comitán, sí celebramos el triunfo de nuestro paisano, mi primo, a mucho orgullo.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 22 de febrero de 2024
CARTA A MARIANA, CON MENSAJES LLENOS DE VIDA
Querida Mariana: el Facebook es generoso. Gracias a esta red social medio mundo se comunica con medio mundo. Ayer me topé con un mensaje que escribió José Delmar Domínguez Torija. Llamó profundamente mi atención.
Te paso copia de lo que escribió:
“En el 2018 estuve de vacaciones en mi lindo Comitán. Lo primero, ir a dar gracias por llegar con bien de mi viaje, a los tres grandes: el Niñito Fundador, Santo Domingo de Guzmán y San Caralampio. Al entrar a la iglesia de Tata Lampo me percaté que el acólito tenía fracturado parte de su cráneo, pedí permiso para su restauración, me otorgaron el permiso y lo restauré. Fue un gran honor para mí servir a mi querido Tata Lampo”.
Primero hago una aclaración por si pasás copia a alguno de tus amigos extranjeros. En Comitán todo mundo sabe que el “acólito” es una figura de bulto que sostiene una alcancía. Sí, hago la aclaración porque alguien podría confundirse y pensar que alguna persona tenía fracturado su cráneo.
Tal vez vos viste al acólito que, en efecto, tenía una fractura en la cabeza.
Dicho eso, ya podemos entender lo que José Delmar hizo, pidió permiso y arregló la cabeza de la imagen, que, ahora decimos, si no hubiera sido por el buen gesto de él así siguiera con la tzola rajada. La acción de José Delmar es positiva, pero luego desgrano lo primera parte de su mensaje y veo que también tiene una gran carga emotiva.
El mensaje está dictado desde la nostalgia, porque fue escrito en 2024 y habla del año 2018 cuando visitó el pueblo, él cariñosamente dice: “mi lindo Comitán”. Esto siempre me sorprende, a veces olvidamos lo que Comitán significa para muchos. Hay miles de paisanos que evocan con añoranza, a veces con tristeza, el pueblo que, por diversas razones, debieron abandonar. Los que acá seguimos tenemos como oración la parte de una canción de la poeta argentina María Elena Walsh, que se titula: “Serenata para la tierra de uno” (si no la has escuchado te recomiendo que lo hagás) y que en unos de sus versos dice: “…porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy…” Quienes se alejan de Comitán lo hacen con dolor, nosotros nos quedamos porque nos morimos si nos vamos.
José Delmar vino de vacaciones en 2018 y al llegar con bien lo primero que hizo fue agradecer a los tres grandes. Esto es una genialidad. Acá, con perdón de las feministas y de los adoradores de la paridad de género, debemos decir que muchas personas tienen el mismo sentimiento que José Delmar definió como ¡los tres grandes!
Sí, sí, tenés razón, mucha gente ama a la Virgencita de Guadalupe y demás santas amigas, pero en el pueblo existe una especial predilección por los tres santos mencionados. José Delmar nos dice que los tres son bien comitecos. He visto que muchos paisanos y personas de otras partes de la república o de otros países vienen especialmente a Comitán para visitar al Niñito Fundador y a San Caralampio, sobre todo.
Así como millones de personas viajan a Francia para visitar la gruta de la Virgen de Lourdes. Acá no vienen millones, pero sí miles de personas acuden a saludar al Niñito Fundador y a San Caralampio. José Delmar no le restó méritos a nuestro santo patrono. Él tiene una triada consentida y al llegar al pueblo va a los tres templos para agradecer la bendición de estar en su lindo Comitán. ¡Qué imagen tan bonita!
Debo decir que cuando viví una temporada en Puebla (casi nueve años) al regresar de vacaciones al pueblo, lo primero que hacía era ir al mercado primero de mayo a tomar un vaso de atol de granillo. Ah, qué bobo soy, me ganaba más la panza que el espíritu. Por eso, me quito el sombrero ante José Delmar porque él daba gracias a los tres grandes. Me encantó este triángulo divino.
¿Y ya miraste el mojol? Vio que el “acólito” andaba con la cabeza quebrada y la arregló, sólo para servir a su querido Tata Lampo.
Posdata: leí con emoción su mensaje, en cada palabra descubrí un corazón agradecido, un comiteco de prosapia, de buen genio, de magnífico espíritu. Que sus tres grandes siempre estén con él y lo bendigan.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 21 de febrero de 2024
CARTA A MARIANA, CON PAPELES
Querida Mariana: ¿te aprendiste el papel?, era la pregunta que hacía el director de teatro. Los parlamentos de los actores y actrices se llaman papeles. ¡Qué simpático! El inicio de una buena obra tiene su sustento en memorizar los papeles.
Recordé lo del papel, porque el otro día estábamos en casa de Eugenia, sentados en el corredor, tomando té, veíamos el jardín, había una llovizna leve, la orilla del corredor se mostraba húmeda. Vos sabés que en las reuniones los temas de plática con interminables. Alguien suelta algo y por ahí va la canica de la conversación y lo que comenzó en una esquina del parque termina en la habitación de un departamento o en una cancha de tenis o en el interior de un templo. La plática en grupo es una pelota que rebota en muchas paredes, todo es un gran juego.
Lucía se paró, extendió un brazo y dejó que el agua mojara tantito la palma de su mano, la llevó a su cara y remojó su rostro. Vimos que su semblante cambió, como si el agua hiciera el milagro de lavar todas las culpas.
“No hay mejor agua para el cutis que la de lluvia”, dijo Alicia. “¿Para el cutis de arriba y también para el de abajo?”, dijo Armando, con ese chaflán de picardía que siempre lo caracteriza. Tal vez la mención del cutis de abajo fue el resorte que activó a Roselia, se puso de pie, dejó la taza sobre la mesa y, con palmadas, solicitó nuestra atención, antes que hablara Armando lanzó un: “¿nos mostrarás los efectos del agua de lluvia en tu cutis?” Reímos. Roselia volvió a palmear y exigió atención. Todos la vimos y callamos. “¿Alguno de ustedes hace lo mismo que yo, sonarse la nariz con papel higiénico?” Todos sonreímos. Armando se vio en la necesidad de explicar lo que era muy obvio: “Es cierto, el papel que está destinado para el cutis de abajo lo usamos en el cutis de arriba”. Roselia se desquitó, sin ambages: “Quiere decir que sí, que vos, igual que yo, usás el papel destinado al tutís para tu nariz”. “Salió en verso, sin esfuerzo”, remató Alicia.
No faltaron los rostros alargados, las narices levantadas, porque, a pesar de que nadie había caído en el terreno fangoso de la vulgaridad algo nebuloso había aparecido.
Yo no sé vos, pero en casa hago lo mismo. Sé que hay papeles especiales para la nariz, los conocemos como Kleenex, apropiándonos de la marca, son pañuelos desechables.
Vos no lo sabés, pero hubo un tiempo en que los hombres usaban pañuelos de tela, si tenían mucosidad limpiaban sus narices con esos pañuelos, mismos que regresaban a las bolsas del pantalón. Eran antihigiénicos, por supuesto que sí. Los lavaban hasta llegar a casa.
Cuando lo comentamos en la reunión, Armando dijo que lo mismo sucedía con los pañales, eran de tela, cuando se ensuciaban los lavaban. Luego, comentó, con su ironía característica: “Qué bueno que los pañales no se usan para otra cosa, esos sí sólo se usan para el cutis de abajo”.
Algunos actores de esta obra que se llama vida no nos aprendemos bien los papeles.
Yo, admití (la verdad sin mucha pena), que uso el papel higiénico para sonarme la nariz. No compro los Kleenex. Claro cuando he laborado en oficinas públicas pues tengo una cajita de Kleenex sobre el escritorio, porque se vería horrible que recibiera a las visitas con un rollo de papel higiénico. Pero, de papeles a papeles no encuentro mayor diferencia.
Te he contado que en los años sesenta, en las letrinas de las casas, había un ganchito con hojas de papel. No recuerdo que en esos años la gente comprara papel higiénico. Las hojas de papel eran cuadritos bien recortados de revistas ilustradas, así que mientras hacías lo que debías hacer te entretenías en leer un fragmento de la historia y luego ya usabas el papel, un papel un poco rugoso, pues en realidad no era especial para el cutis sino para la lectura.
Posdata: a veces cambiamos el papel del papel, el genio infantil convierte una simple hoja en un avioncito o en un barquito. La lógica indica que el papel se moja y se deshace, no obstante, un barquito bien hecho flota y navega por el mar del tanque de la casa.
Al servir pedazos de pastel, Eugenia comentó que ya había parado la llovizna y con la mano derecha nos ofreció servilletas. Armando dijo: “son para la boca, ¿verdad?”
¿Y los actores y actrices? ¿Memorizan sus papeles? ¿Cuáles?
¡Tzatz Comitán!
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