viernes, 9 de agosto de 2024

CARTA A MARIANA, CON UN EQUIPO

Querida Mariana: ¿vos soñaste con ser integrante de un equipo famoso? ¿No? ¡Yo sí! En la edad de los sueños soñé con ser integrante de la selección mexicana de fútbol soccer. Yo, que nunca jugué en un equipo acá en Comitán. Ya te conté que jugaba solo, colocaba una silla pequeña en uno de los corredores de la casa y con una pelota, también pequeña, jugaba a tirar penaltis. Llegaba el momento donde Brasil y México estaban empatados a cuatro goles, el quinto jugador de Brasil había estrellado el balón en el travesaño, la oportunidad para México se presentaba en los botines del gran jugador comiteco ¡Alejandro Molinari! Si metía el gol, nuestro país, por primera vez en la vida alcanzaría la gloria del ¡campeonato mundial! Yo colocaba el balón en la marca, me hacía tantito para atrás, escuchaba el apabullante rumor del estadio, miles de aficionados hacían un impresionante silencio, mientras yo esperaba la señal del árbitro. Cuando escuchaba el sonido del pito avanzaba tres pasos y, con una gran tranquilidad, pateaba la pelotita que, como en cámara lenta, rodaba en busca de pasar por las dos patas delanteras de la sillita. Pero no sólo en juegos que soñaba, a veces, cuando escuchaba un partido en la radio, imaginaba que todo Comitán escuchaba el juego donde Molinari participaba, imaginaba la alegría de los paisanos por saber que un chico nacido en Comitán jugaba en equipos de leyenda. No recuerdo bien, pero pienso que algún día soñé con jugar con Las Chivas y, por supuesto, ser seleccionado. Yo, que jamás practiqué el deporte. Como justificación diré que soy un gran mirador de partidos de fútbol, en la feria de agosto, en los primeros años de los setenta, me encantaba ir al estadio municipal Dr. Roberto Ortiz a ver los cuadrangulares; y los domingos disfrutaba “la jugada” en el campo de fútbol de San José Obrero, después de dar doctrina a una bola de chiquitíos y chiquitías iba al campo de tierra roja, me paraba debajo de un árbol y disfrutaba el partido. Gocé como pocas veces la película con la vida de Pelé, cinta en blanco y negro, que exhibieron en el Cine Comitán. Por eso, ahora que aparezco en esta fotografía de un equipo me siento chento. No es un equipo de fútbol, por supuesto, es parte del equipo de trabajo del magnífico restaurante Mahi Mahi, cocina de mar. Acá estamos Roberto, Paty, Pablo, Jeni, Ingrid, Fabi, Tannia, José Luis, Amairani, Fredy, Mónica, Malena y yo. ¿Ya hiciste la cuenta de los integrantes de esta fotografía única, inédita, que jamás volverá a repetirse? ¡Trece! Ah, qué número tan cabalístico, hacé de cuenta un equipo de fútbol, con el entrenador (el maravilloso chef José Luis) y el aguador (el tal Molinari). El equipo de Arenilla trabajó en la producción de un videíto que mostrara las exquisiteces que preparan en el Mahi Mahi y al final a Roberto se le ocurrió que nos tomáramos la foto del recuerdo y ahora acá tenemos ese maravilloso instante, porque la foto fue realizada en las antiguas instalaciones del restaurante, el lugar donde se consolidó el sueño de un talentoso comiteco; ahora, el Mahi Mahi anda estrenando instalaciones, ya el otro día te conté del lugar tan espléndido que abrieron, un espacio donde, sin duda, se disfruta más la comida. Te platiqué que fuimos mi Paty, mi mamá, la Paty Cajcam y yo. Ah, nos pasamos un momento excelente, así vi que, en las demás mesas, las personas disfrutaban la plática, la comida y la vista formidable, donde el aire se vuelve una mariposa que se posa en las cabezas como si lo hiciera en una orquídea. Mi mamá aprovechó una hamaca y se sentó un ratito. Saqué mi celular y le tomé una fotografía, luego te la comparto. Esta foto es única. Aparece Doña Malena, quien dijo ¡ya hasta acá!, se retiró después de un trabajo de años, ahora dedicará su tiempo a salir, a estar sin la presión del trabajo, se entiende, pero ese día aún trabajó y posó con toda la dignidad que es parte de su personalidad. Acá, en realidad, están dos equipos: Arenilla y Mahi Mahi. Tuvieron un encuentro, pero amistoso, donde no compitieron, donde unieron talentos y esfuerzos para lograr un objetivo común: demostrar que lo comiteco es realmente sobresaliente; nuestras empresas y nuestras personas todo lo hacen a la comiteca; es decir, ¡bien hecho! Soy escaso, lo sabés, casi no ando en grupos, pero acá estoy de metidito, en pose de jugador de fútbol, hasta adelante, pucha ¡nadita! ¿Dónde se ha visto que el aguador esté hasta mero adelante? Pues acá se ha visto, la efectividad de un equipo de fútbol se debe, en gran parte, a que el aguador esté listo. El agua es vida. Claro, en Mahi Mahi, el agua que sirven va bien preparada, con frutas y, si el comensal lo demanda, con un poquito de alcohol. ¡Ah, bebidas riquísimas! Posdata: todos estamos contentos, así se miran nuestras caras, así quedamos después de trabajar, después de degustar los platillos exquisitos de Mahi Mahi. Confieso que después de ir con mi mamá y con mi Paty fui otra vez y comí un pulpo zarandeado, a sugerencia de mi querido licenciado Héctor. Ah, qué cosa más deliciosa. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 8 de agosto de 2024

CARTA A MARIANA, CON LA CONMEMORACIÓN DE CINCUENTA AÑOS LUCTUOSOS

Querida Mariana: lo hicimos por ella y también por él; es decir, por Rosario Castellanos, y por el pueblo de Comitán. Dicen que a toda capillita le llega su fiestecita; le llegó el tiempo a la gran catedral de la literatura: Rosario, y el mundo de acá le hizo su conmemoración. Cothy Soto dijo que era una conmemoración por los cincuenta años del fallecimiento de la escritora, pero también era una fiesta ¡y cantó! Todo dedicado a Rosario en la conmemoración del quincuagésimo aniversario de su lamentable fallecimiento. Hubo actos en el Centro Cultural Rosario Castellanos, en el Museo Rosario Castellanos y, en nombre de ella, el equipo de Arenilla-revista hizo un “en vivo”, en redes sociales. La conmemoramos en Comitán, su pueblo. Lo hicimos porque, a final de cuentas, todo es feliz pretexto para recordarla. Paty, la de Cajcam, y yo hicimos un “en vivo”, lo hicimos porque en su muerte, ella, la gran Rosario, demostró al mundo que está más viva que nunca, quien ha sido nombrada como la mejor escritora mexicana del siglo XX sigue vivita y coleando en la mente y el espíritu de miles de lectores, en todo el mundo. Porque el mundo, el de acá y el de allá, sigue pendiente de sus pasos, del caminar de su espíritu. Hugo Álvarez, comiteco de cepa, se comunicó desde Texas, USA, nos hizo saber que él estaba pendiente de lo que acá decíamos acerca de nuestra paisana. Así, nuestro “en vivo” llegó a muchas partes del mundo. En su pueblo, en el Centro Cultural que lleva su nombre, en el museo que lleva su nombre, y Arenilla, en su nombre, hicimos actos donde la recordamos. ¿Qué hicimos nosotros en el “en vivo”? Leímos lo que Samuel Gordon contó acerca de la muerte de su maestra. Sucede que Samuel (quien nació en Polonia) fue alumno de Rosario en la Universidad de Jerusalén y el día de la muerte de la escritora (el 7 de agosto de 1974), habló con ella horas antes de su muerte. Cuando el fatídico suceso aconteció, Israel (el chofer de la embajadora de México en Israel) llamó a Samuel y éste fue de inmediato a la residencia, luego al hospital donde no lo dejaron entrar, debido al estatus de la diplomática, pero ahí se enteró que ya había muerto. Al regreso, el chofer le narró lo sucedido: él había llevado a la embajadora a Jerusalén por unas mesas que había encargado, al regreso (en medio de lo que allá llaman “jamzín”, que son cincuenta infernales días, con un calor insoportable), en un auto de lujo, pero sin clima, Rosario entra a la residencia, se descalza, y, emocionada, imprevisible, va a “hacer un lugarcito” para que el chofer coloque las mesas, retira una lámpara (cuyos cables no están bien aislados) y recibe la brutal descarga eléctrica que la mata. Paty es del grupo de personas que afirman: el mejor homenaje para un escritor es leer su obra, así que leímos cachitos de su narrativa, Paty leyó un cachito de un cuento del libro “Convidados de agosto” y yo leí un cachito del capítulo cinco de “Balún Canán”. A cachitos, porque ha sido la forma en que el mundo ha ido reconstruyendo la vida, obra y pensamiento de nuestra escritora comiteca; a cachitos la honramos en Comitán a los cincuenta años de su fallecimiento. A cachitos nos hemos dado a la tarea de escudriñar en su biografía incompleta. Vos sabés que acá en Comitán somos expertos en armar historias, a veces falsas, en otras ocasiones verdaderas. La vida de Rosario ha dado para mucho. Cincuenta años después de su muerte alguien, así como si soltara un trompo en el patio de la casa, me dijo que Rosario tuvo una media hermana. ¿Qué? Sí, no llevó el apellido Castellanos, pero fue hija de Don César. En el pueblo, me aseguró, vive el sobrino. A cachitos, así se ha ido reconstruyendo el rostro de Rosario. El otro hermano de Rosario, quien sí llevó el apellido paterno: Raúl, dijo en una ocasión que los Castellanos Figueroa habían vivido en tres casas diferentes en el pueblo. ¡Dios mío! En el pueblo sólo conocemos dos. Se supone que de niña Rosario vivió en la casa que está frente a la lateral del palacio municipal; y su pubertad en la casa que está a la entrada del Pasaje Morales. En dichas casas hay placas que así lo confirman. ¿Una tercera casa? ¿En dónde? ¿Otra media hermana? A cachitos. Pero, como Paty y miles de lectores afirman, la manera de honrar en forma respetuosa a Rosario es a través de la lectura de su obra. Y Comitán cumplió con tal encomienda, el 7 de agosto de 2024, muchos paisanos y paisanas tomamos sus libros y leímos cachitos de sus ensayos, cachitos de sus poemas, cachitos de sus cuentos, cachitos de sus novelas. Ahora, en puerta, tenemos el festejo del próximo año. En el 2025, todo el mundo celebrará el primer centenario de su nacimiento. Los ojos del mundo estarán puestos en Comitán, la tierra de Rosario. Ella, a pesar de nacer en el entonces Distrito Federal, siempre se asumió comiteca, por eso nosotros la queremos y la reconocemos. Posdata: el día de la conmemoración apareció en redes sociales una carta abierta firmada por un grupo de personas que han recibido la Medalla Rosario Castellanos donde solicitan que el próximo año sea nombrado Año Rosario Castellanos. Vale la iniciativa. Lo malo es que no sé quién haya redactado el documento que firman grandes personas ilustres, porque se autodenominan “galardoneados”, Dios mío, ¿así se nombra a quienes reciben un galardón? ¡Tzatz Comitán!

martes, 6 de agosto de 2024

CARTA A MARIANA, CON UN SUEÑO

Querida Mariana: tuve un sueño, hace mucho tiempo, tuve un sueño. Caminaba por un bosque lleno de árboles y de los árboles colgaban libros como frutos, era un bosque lleno de árboles que daban libros, y estos eran como el bíblico fruto prohibido, pero toda la gente ignoraba la prohibición y trepaba a escaleras, miles de escaleras, y cortaban los libros maduros, apetitosos, saludables. Cuando desperté vi, sobre el buró, la lámpara, un frasco de árnica para el dolor y un rimero de libros, los libros que siempre dejo ahí para irlos leyendo poco a poco, como todavía andaba ensoñado pensé que esos libros los había traído del sueño, sonreí, era la famosa prueba del retorno del viaje por el tiempo que aparece en varias películas. ¿Querés verme feliz? Llevame a una feria de libro, a una biblioteca, a una librería, regalame un libro. La ingeniera Carolina Penagos, de Asesores en Seguros Penagos Ruiz, me obsequió un libro de arte, una bellísima edición publicada por el grupo Quálitas: "René Magritte - Alfredo Castañeda", de Lupina Lara Elizondo. Llegué a la oficina y hallé el presente, que, jugando, contiene el pasado y es vislumbre del futuro, porque esto son los libros, todos, los lectores de estos tiempos recuperamos muchísimos libros que fueron publicados hace años, y su lectura nos sirve para ir haciendo caminitos hacia el futuro, un futuro que nos dicen no existe y sin embargo es lo que nos hace estar vivos o, cuando menos, pensar que hacia allá caminamos, porque todos los seres humanos al vivir, lo que hacemos, es abandonar el pasado, los juegos infantiles, las cenas con los abuelos, las clases en las escuelas y nos encapsulamos en el llamado futuro. Todo está en movimiento, el presente, que es lo único que nos define, es huidizo, es como una mariposa que no se aquieta, que va de un lado a otro, hasta que el pinche gato le da un zarpazo y la deja sin alas, muerta. Así es la vida de los seres humanos. El futuro es la muerte, pero mientras tanto, el ser humano vive y sueña. Yo tuve un sueño, un sueño donde los árboles del bosque daban libros. La ingeniera Carolina me ha hecho feliz. Ella aparece en la portada de nuestro número más reciente de Arenilla, es una de las cuatro talentosas comitecas que ahí aparecen. Acabo de conocerla y de inmediato supe que es una mujer, como dicen ustedes los jóvenes, proactiva, echada para adelante. Carolina también sueña, como la mayoría de personas, pero ella lo hace poniendo ladrillos en cada circunstancia de la vida, pavimenta su futuro con la savia del entusiasmo y de la pasión, que son dos esencias que, de igual manera, definieron el trabajo de los artistas que aparecen en el libro de arte que me obsequió: Magritte y Castañeda, ambos artistas bordadores de sueños, hijos del surrealismo puro. Algunos teóricos asumen que el surrealismo ya no tiene el impacto que tuvo en el pasado, ¡mienten!, los sueños jamás dejarán de ser abono de la siembra de los seres humanos. El surrealismo continúa en el presente y estará sembrado hasta el fin del tiempo, porque hay personas (artistas) que, cansados de la monotonía de la vida, sin cerrar los ojos, sueñan otras imágenes y las plasman. ¿Ya viste las dos imágenes de portada? En la de arriba es como una lluvia de hombres, bien trajeados, que cae sobre una serie de casas uniformadas, o ¿es lo contrario?, ¿un grupo de hombres que levitan y ascienden? Esta imagen es producto del sueño. Y la imagen de abajo también está inscrita en el mundo onírico, en el fantástico surrealismo: un granjero (mirá que su mirada coincide con la línea del horizonte) carga un animal lanudo, lo hace en un bosque de miles de primos lanudos, de hermanos lanudos. Es un valle sin montes, sin árboles, sin maleza, sin rastro de construcciones humanas, el único ser que evita la monotonía es el hombre, el granjero de mirada de azucenas confundidas. Lo primero que asoma en la mente cuando vemos cuadros surrealistas es que esas imágenes no existen en la realidad, pero un segundo después reconocemos que son imágenes que aparecieron en sueños y no se quedaron en ese mundo, sino que se “corporeizaron” y se quedaron a vivir entre el mundo del presente, fueron como imágenes obtenidas de un pasado y dejaron de ser materia onírica para convertirse en alimento del futuro. Hacedme feliz y llévame al bosque de mis sueños. Carolina me obsequió un fruto de ese bosque y es un fruto lleno de color, de aroma, de sabor. Lo agradezco, porque, como dijo Paty Cajcam, los libros de arte permiten el viaje por museos, por colecciones privadas, para que nuestro mundo olvide, por un momento, su cara aburrida de todos los días. Posdata: tuve un sueño, hace mucho tiempo, tuve un sueño. A veces, como en esta ocasión, afectos me entregan frutos que me hacen regresar a ese sueño feliz, alegre, divertido. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 5 de agosto de 2024

CARTA A MARIANA, CON UN DICHO

Querida Mariana: en los juegos infantiles usábamos la frase: “el que a hierro mata a hierro muere”, lo habíamos copiado de las películas de vaqueros que veíamos en el Cine Comitán, donde el muchacho bueno atrapaba al malo, lo amagaba con tremendo pistolón y, antes de soltarle un balazo en el pecho, le decía la frase. Esta frase estaba copiada de la cita bíblica que dice: “con la vara que midas serás medido”. Jordán decía que eso era una bobera, que no siempre se cumple, decía que él tuvo un amigo jotito (gay) que tenía el pene pequeño y que la vara con que era medido no era del tamaño con la que él medía. Bobo, el Jordán. En los años infantiles andábamos en busca de las frases “matadoras”, imitábamos todo lo que ocurría en el cine. Y también en la juventud, recuerdo una película que vimos con la palomilla en el Cine Montebello, donde actuaba Sandro, de América, el famoso cantante que vestía pantalones de cuero negro, en esa cinta Sandro se despidió de la chica llevándose el dedo índice de la mano derecha a los labios y enviándolo hacia ella. Ah, pucha, toda la chaviza salió del cine imitando ese beso que no obligaba a abrir los labios, era nada más acercar el dedo y luego enviar el beso. Muchos amigos recuerdan que salían del cine directamente al sitio de la casa, para imitar lo que Tarzán había hecho en la pantalla, de inmediato trepaban a los árboles de jocote o de aguacate y se descolgaban de lazos imitando lianas. Los que saben dicen que en el Comitán de los años sesenta no había más entretenimiento que ir al cine, aún no había llegado la televisión. En las funciones del día domingo, las dos salas de cine se llenaban, se hacían grandes filas para comprar boleto y en ocasiones el cine cerraba porque ya no cabía un alma más, todas las butacas estaban ocupadas y en los pasillos laterales muchas personas se aventaban de pie las dos películas de rigor. El calor era infernal, porque lo único que permitía un poco de aire eran unos ventanales que abrían cuando ya no había luz natural. Nunca nadie imaginó qué podía pasar en caso de un incendio o de un temblor. Ahora que lo pienso cierro los ojos y una escena dantesca aparece, porque las puertas de emergencia siempre estaban cerradas con inmenso candado. Doy gracias a Dios por haber vivido mi infancia en una época que en Comitán no había más entretenimiento. Eso fue una bendición para mi vida, porque conocí y amé el cine. A medida que conocí el cine se convirtió en mi pan de todos los días. Si una buena parte de la población iba porque no había más qué hacer, yo iba porque sentía que ese mundo irreal era mucho más intenso y vivificante que el de todos los días. Cuando me topé con la frase del gran cinéfilo Emilio García Riera: “el cine es mejor que la vida”, sólo corroboré lo que había pensado desde siempre. Gracias a Dios nunca me tocó un incendio o un temblor, ni un suceso de consecuencias lamentables, siempre salí indemne de las salas cinematográficas, cosa que no sucedía en la realidad, la pinche realidad, mientras permanecía en casa todo era maravilloso, los sirvientes cumplían mis deseos y mi papá y mi mamá me amaban sin medida, me cuidaban y protegían, pero la realidad exigía salir e ir a la escuela y ahí aparecían los cabrones abusivos, ahí se jodía la cosa, las maldades que aparecían en la pantalla y nos divertían a todos, tomaban cuerpo y me fastidiaban la vida, la hermosa vida. Supe que hay personas que traen la maldad en sus genes y para sobrevivir se manifiestan en sus peores versiones. El malvado más malvado del cine se quedaba cortito ante el tipejo que me amenazaba que si no le daba mi gasto me golpearía. Yo temeroso, metía la mano en la bolsa del pantalón y sacaba la moneda de veinte centavos que mi papá me había dado para la hora de recreo, a esa hora me quedaba ya no con una sino con las manos dentro del pantalón viendo, desde lejos, cómo el hijo de la chingada tomaba “mi” coca y “mis” galletas saladitas. Soy un viejo de sesenta y siete y sigo prefiriendo el cine a la vida, sé que lo dicho es un absurdo, pero me gustaría ser un poco como vos, dedicar la mayor parte de mi tiempo a ver películas. Vos has elegido una hermosísima profesión. En alguna ocasión, en mi juventud, pensé que me encantaría dedicarme a la crítica de cine, escribir en revistas de prestigio y asistir a todos los festivales de cine del mundo. Ahora dedico mis tardes a ver cine en el celular. Si me invitan a ir a actos culturales me disculpo, porque, ya lo dije, como García Riera sigo pensando que el cine es mejor que la vida. Posdata: “puedes portarte como un hombre”, es una frase de El Padrino. Nunca la he empleado. Es una bobera. Los hijos de la chingada que joden al prójimo deberían portarse como seres humanos, o, cuando menos, los deberían medir con la misma vara que miden, pero multiplicado a la enésima potencia. La vida debería ser como en el cine, pero por estos mierdas no sucede así. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 4 de agosto de 2024

CARTA A MARIANA, CON UN LIBRO DE QUIQUE Y SU "COMITANIDAD"

Querida Mariana: de lujo estuvo el acto donde Quique Robles Solís presentó su segundo libro de cuentos, libro que tiene el título picarón de “Qué pensás que estoy contando”. Fue una gran fiesta. Nunca le he preguntado a Quique si es del equipo de Tata Lampo o de Santo Domingo. Tal vez en cosas de religión no se vale ser fanático de un equipo, como sí se vale serlo en el fútbol soccer, donde mi querido amigo fue el fan número dos de “Los Jaguares” (el número uno fue su amigo Pablo, el ex gobernador). En el festejo de la presentación de su libro se hizo acompañar de dos grandes intelectuales chiapanecos, grandes lectores y escritores de prosapia: el orgullo comiteco Juan Carlos Gómez Aranda y Alfredo Palacios, orgullo de La Concordia. ¿Por qué mencioné lo de los equipos de Tata Lampo y de Santo Domingo? Porque San Caralampio es el santo consentido de los comitecos y Santo Domingo es el santo patrono, pero Quique tuvo el privilegio que pocos comitecos y comitecas tuvieron en la vida: fue vecino de Santo Domingo durante toda su infancia. ¡Vecino, nadita! Pensá en algún niño o niña que la puerta de su casa esté justo frente a la puerta un templo católico de importancia. ¿En Yalchivol? ¡No! El caserío está retirado. ¿En el templo de San Caralampio? Tampoco, lo que está más cerca es la ceiba. La casa de Quique estuvo mero enfrente de la entrada del templo de Santo Domingo, hacé de cuenta que fue como la ceiba de San Caralampio; claro, él fue El Roble (tal vez el niño que se acercó al privilegio de Quique, fue nuestro querido amigo Jorge Pérez, pero la puerta del templo de El Calvario daba frente a la puerta de la bodega de su casa, la cochera, no como en el caso de Quique). Como dicen los jóvenes de hoy: “no lo diré, pero habrá señales”, porque la presentación de su libro lo hizo frente a lo que fue su casa y que hoy es el Centro Cultural Rosario Castellanos (Juan Carlos se emocionó porque dijo que en ese auditorio se aventó sus primeros rollitos políticos y participó como actor de teatro), pero no sólo eligió un lugar simbólico, sino que además lo hizo en pleno festejo de feria del santo, lo hizo el día tres de agosto de 2024, bueno, en la noche. ¡No podía ser de otra manera! Por eso, en uno de los cuentos que viene en el libro, “La mujer araña”, Quique cuenta una anécdota simpática que le ocurrió a él, junto con varios compas de su palomilla infantil, el texto inicia así: “En los primeros días de agosto, ahí frente a la calle de la casa y en el parque central, empezaba un gran argüende. Movimiento de gente, camiones, juegos mecánicos desarmados, carpas y todo lo que indicaba que se estaba instalando La Feria de Agosto…” ¡Ah, qué recuerdos! La nostalgia de Quique trepada en la rueda de la fortuna o en la “chica” de la rueda de los caballitos. La feria de agosto, la feria dedicada a Santo Domingo, se la ponían frente a su cara, frente a su espíritu. Por ello, como todo es símbolo (así nos lo dijo la querida Doña Lolita Albores), a la hora que concluyó la presentación del libro de Quique, en el parque, al lado de la fuente, muy cerca de donde estuvo su casa de infancia, una multitud se reunió para presenciar la quema de los llamados “toritos de petate”, alguien prendió la mecha y el “movimiento de gente” que Quique vivió en su infancia ¡se dio en forma espectacular! Luces, cachinflines, todo parecía en honor al santo y al espíritu del chiquitío que ahí pepenó tantas anécdotas felices. Juan Carlos instó a Quique a seguir escribiendo, a dar el legado cositía, que escriba sus recuerdos del Uninajab, de los años sesenta o las peripecias de los años setenta, vividas en la casa de huéspedes que atendía su mamá, la amada Doña Rome, en la Ciudad de México. Sí, mi querido amigo Quique tiene mucho por contar. En el prólogo del libro, Alfredo Palacios escribe que Quique cuenta anécdotas “con sensibilidad que hacen reír al lector”. En tiempos que todo Chiapas reflexiona acerca de un término interesante llamado “Chiapanequidad”, que nos invita a hurgar en la riqueza de nuestra cultura, Quique ya está hasta adentro del río llamado “Comitanidad”, para hacernos sentir orgullosos de lo que somos. Fue un festejo luminoso. Pienso, querida niña, que desmenuzaré en otras cartas lo que ahí sucedió, porque en una carta es imposible agotar todos los destellos que ahí aparecieron. Decir, por ejemplo, que tanto Juan Carlos como Alfredo contaron anécdotas que demuestran lo que Óscar Bonifaz le dijo al ex gobernador Juan Sabines Gutiérrez: “no toda anécdota se puede escribir”, porque una cosa es la hablada y otra “la escribida”. Las anécdotas que contaron fueron geniales. Hay mucha tela para cortar. Fue una velada amistosa, con grandes temas para reflexión, sin pedantería, todo transcurrió como suceden las grandes reuniones de amigos y amigas. Corré a comprar el libro. Ah, no sé dónde estará a la venta, anoche todo mundo compró en una mesa que puso la Librería Braulios, de Tuxtla. ¡Pucha! Pero estoy seguro que el libro estará a la venta acá, le preguntaremos a Quique y él nos dirá. En la contraportada aparece lo siguiente: “Después de leer estos cuentos, si sos comiteco confirmarás tu identidad, si no lo sos, lo serás”. ¡Todo está dicho! Posdata: Quique presentó su segundo libro de cuentos en el corazón de nuestro pueblo, donde su espíritu niño sigue brincando la cuerda, oyendo lo que los viejos cuentan. Quique, amante de su pueblo y de su cultura, sigue abonando a ese gran Roble de la identidad, de la “Comitanidad”. En la fotografía aparecen Juan Carlos, Quique y Alfredo. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 3 de agosto de 2024

CARTA A MARIANA, CON LA REINA DEL TEMPLO

Querida Mariana: en la fotografía está Evelyn Abarca Aguilar, Reina de la Fiesta Patronal de la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, del año 2024. Acá hizo favor de posar al lado de la imagen del Santo Patrono de Comitán. Evelyn obtuvo el triunfo en el certamen convocado. Un día, en redes sociales apareció la convocatoria, convocatoria inédita, porque jamás (hasta donde sé) hubo una invitación similar. ¿De verdad iban a nombrar a una reina para la fiesta de Santo Domingo? Todo mundo sabe que dicha tradición correspondía a la autoridad municipal. Durante muchos años el Ayuntamiento lanzó la convocatoria para que las chicas se inscribieran y participaran en un concurso, donde salía triunfante una de ellas mediante la decisión de un jurado. Así fue durante muchos años, las autoridades del templo siempre permanecieron ajenas. Hace dos años, la dinámica se modificó, siguiendo el ejemplo de otros municipios, las autoridades gubernamentales de Comitán eliminaron el concurso y, por decisión directa, eligieron a la soberana, la admirada Abril Guillén, quien recibió la distinción y llevó su reinado con responsabilidad. Este año la autoridad municipal hizo lo mismo, designó a la bella comiteca Fabiola Ruiz Abarca. La decisión de desaparecer el concurso fue tomada con beneplácito por la mayoría de la sociedad comiteca, ya que dicho certamen se prestaba a malas interpretaciones, por no decir malos manejos, no siempre la electa fue la que tenía mayor preferencia entre la población. Ya se evitó esa pasarela donde, así lo dijeron las feministas, se degradaba la imagen de la mujer. Pues resulta que este año, en hecho inédito, las autoridades del templo de Santo Domingo lanzaron una convocatoria para designar a su reina. Ya sabés que en el pueblo (como en los demás pueblos del mundo) todo está sujeto al escrutinio y a la crítica. No faltaron las personas que no recibieron con agrado la noticia, pero pronto las críticas se acallaron, porque en la convocatoria quedó bien establecido cuál era el objetivo de tal acto: reunir paguita que sería utilizada en la reconstrucción del techo de la parroquia, que ya anda necesitando una buena manita de gato. A mí se me hizo una genialidad la convocatoria, porque de inmediato me mandó a los años de mi infancia. Te cuento: resulta que antes, en la Matías de Córdova (entiendo que en las demás escuelas también) lanzaban convocatorias para elegir a la Reina de La Primavera. Las niñas bonitas eran llamadas para participar, porque la escuela debía tener una representante, pero, además, el concurso tenía un objetivo: recaudar paguita para mejoras de la escuela (que siempre las necesitaba), así que dos o tres compañeritas se apuntaban y desde el día que daban el banderazo de salida las veías con una cajita de zapatos, bien adornadita, solicitando monedas para obtener el triunfo, porque quien ganaba era la niña que más paga reunía. Ah, método genial de recaudación (ni Hacienda del Estado tiene método tan democrático). Claro, como de paga se trataba, cuando se acercaba la fecha de recuento y de elección, los papás y mamás de las chiquitías acudían a compadres y comadres para que éstos abrieran la cartera y soltaran paga, para garantizar el gane. Los estudiantes de la escuela no teníamos duda, bueno, ¡nadie tenía duda!, acá ganaría quien reuniera más dinero. Así, una mañana, en el patio de la escuela se hacía el festejo, las niñas candidatas, con sus vestiditos limpios, sus caritas lavadas y su cabello bien peinado, pasaban con la paga que habían reunido y los maestros y maestras contaban y daban a conocer la cantidad, un profe anotaba en el pizarrón al lado del nombre de la niña participante el dinero recaudado; luego venía la siguiente participante y todo mundo sabía quién estaba cerca del triunfo, porque acá mandaba la cantidad mayor de paga, la que había quedado fuera ya sabía que había perdido la oportunidad, pero, en compensación, tenía el orgullo de que, gracias a su entusiasmo, había juntado dinerito para mejoras materiales en su escuela, pucha, las niñas se ponían a la par de los más ricos de Comitán, quienes, a veces, se tocaban el corazón y soltaban paga para arreglos de las escuelas públicas o privadas. La emoción era grande, porque faltaba otra concursante, ¿lograría superar la cifra anterior o se quedaría en la orilla? (en ese momento ya no se valía que alguien levantara la mano y, como en subasta de arte, dijera: doy tanto). Todos esperábamos con emoción el desenlace, en ocasiones la última niña presentó más paga y otras veces la cantidad no superó a la anterior. ¡Listo! La elección ya estaba definida. La niña triunfadora recibía la felicitación de todos, y a partir de ese momento el papá y la mamá iban a ver a la modista para que les hiciera un traje bonito y una capa digna de toda una reina; además había que conseguir la corona que le imponía el director el mero día del inicio de la primavera. Ah, qué alegría. Recuerdo con emoción el día que mi vecina Cecy Kanter fue elegida y hubo comida en su casa, fui de chalequero, hasta que mi mamá (preocupadísima, porque no sabía dónde estaba) me fue a traer del pelo. Fue una de mis primeras pintas de casa. No sé por qué no pedí permiso, la alegría del instante me jaló con la plebe y olvidé que debía llegar a comer a casa. Algo similar ocurrió ahora y lo celebro, lo celebro por lo alto, porque he visto que desde la llegada del padre Manuelito, un joven bien entusiasta, la actividad del templo de Santo Domingo se ha intensificado. El techo necesita arreglos, dijeron los encargados, ¿qué hacer?, se preguntaron, y desde entonces han realizado diversas actividades para recaudar dinero y la más sonada y memorable ha sido la del concurso de chicas para obtener el reinado. Ahora ya comunicaron que las chicas participantes lograron recaudar más de ochenta mil pesos. ¡Pucha, genial! Las chicas participaron sabiendo que sólo una lograría el reinado, quien reuniera más paga, pero, igual que en el concurso que te contado, las chicas del templo de Santo Domingo se deben sentir profundamente orgullosas, porque contribuyeron (como si fueran mecenas) para la reparación del techo del templo. Casi puedo decir que nos pusieron la muestra, el templo católico es de todo Comitán. Pregunto, sólo pregunto: ¿la autoridad municipal ya dio paguita para la reparación del techo? ¿El gobierno federal -dueño del inmueble- ya soltó paga? No sé, por eso pregunto. Muchas personas bien intencionadas han puesto su granito de arena, pero el grano de oro fue puesto por las chicas participantes y el más luminoso fue el que aportó Evelyn, porque ella fue quien consiguió más paga y con ello obtuvo la satisfacción de ser elegida la primera reina del templo de Santo Domingo. Un hecho histórico en el pueblo. No sé a quién se le ocurrió tal idea, pero fue sensacional. Fue un acto con causa. Comitán debe agradecerlo, no sólo la comunidad religiosa, no sólo la comunidad católica, sino todo el pueblo, porque el templo de Santo Domingo es nuestra iglesia grande, edificio emblemático, es parte de nuestro patrimonio arquitectónico, símbolo de nuestra identidad. Evelyn es una chica estudiante del CBtis 108, es, por supuesto, creyente, católica, hoy está contenta por su nombramiento y cumple ya con gran entusiasmo su encomienda. Celebro cuando una persona hace lo que le corresponde, cuando no jode al prójimo, cuando su actuar es congruente con las ideas que manifiesta. En este caso, muchos católicos se muestran congruentes, aman al prójimo como se aman a sí mismos, porque la campaña que este grupo ha emprendido es digna de felicitación, están chambeando para arreglar el techo del templo, un edificio (ya lo dije) que es de todos los comitecos y comitecas. Luis Arturo, desde San Luis Potosí, se unió a la causa y donó una imagen religiosa para que fuera rifada, para que se consiguiera un poco de paguita; de igual manera, junto con el licenciado Greene, promovieron una nueva edición del libro “Así te recuerdo Comitán”, de la querida Doña Lolita Albores, pero ¿qué creés?, dicho libro no se ha vendido como se esperaba. Te juro que pensé que el libro iba a volar como pan caliente. ¡Naranjas! Esto es penoso, porque nos demuestra lo que siempre han dicho los sabios, los personajes del pasado ya no figuran en el presente. Hoy se lee poco y más poco lo que nuestros autores han escrito. Pero, bueno, una de cal por las que van de arena, las chicas participantes en el maravilloso concurso de la Reina de la Fiesta Patronal de la Parroquia de Santo Domingo consiguieron paguita y la que más consiguió fue Evelyn. Posdata: que su Dios siga bendiciéndoles y que les siga mandando paguita. En nombre del pueblo damos las gracias y estaría bueno que no sólo diéramos las gracias, sino también paguita para ayudar al mantenimiento de ese edificio. A ver si las autoridades gubernamentales se mochan tantito. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 29 de julio de 2024

CARTA A MARIANA, CON UN ELOGIO PARA EL CELULAR

Querida Mariana: todo mundo tiene celular, todo mundo en todo el mundo. No es sólo un teléfono, ¡no! Es casi todo. Soy un viejo de sesenta y siete años de edad y aprovecho muchas de las ventajas del celular. Vos y todos los chicos y chicas del orbe lo aprovechan al ciento por ciento, ustedes son la generación de las imágenes en pantallas. ¿Para qué lo uso? Lo uso para lo mínimo esencial. Hace tiempo seguía usando un teléfono cacahuate, pero Marito me dijo que debía actualizarme. Yo usaba el celular para lo que me había indicado su definición primaria: teléfono móvil. Marito advirtió la evolución, dijo que yo debía evolucionar también. Lo hice y no me arrepiento. ¿Cómo será el mundo tecnológico en el 2040? Mi mente no alcanza a imaginarlo. Este tiempo me basta para sorprenderme. ¿Para qué lo uso? Para hacer llamadas a los afectos, pero además con ello hago transferencias bancarias (¿qué pensaría mi papá de esto, él que fue corresponsal del Banco Nacional de México, en los lejanísimos años cincuenta y sesenta, del siglo pasado?), envío las cartas que te escribo a amigos y amigas, veo tiktoks (sí, Cielito me bajó la aplicación y ahora la veo en las tardes, la aplicación ya detectó qué me gusta y me da a “comer” lo que deseo, me da muchos videos de música de los sesenta y setenta (¡genial!), síntesis de películas, caricaturas con música de jazz y, por supuesto, chicas en playas (¡ah, me encantan las playas!). En el celular tengo la aplicación del Kindle y ahí leo los libros electrónicos que compro. También estoy suscrito a plataformas cinematográficas y veo cine, mucho cine (no tanto como vos, pero sí he recuperado mi maravillosa afición que inició cuando mi papá y mi mamá me llevaban al Cine Montebello y al Cine Comitán). Hace poco descubrí MUBI y es una plataforma que tiene una extensa relación de buenas películas de muchos países, así que ahora me he dedicado a programar mi personal Muestra de Cine (como las que vi en la Cineteca Nacional, en los años setenta). Puede ser una exageración, pero el celular es un chunche que me provoca mucha felicidad. Nunca imaginé que un pinche aparatito pudiera provocar tanta alegría. Claro, a veces abro el chunche y encuentro el mensaje de un amigo que me informa que fulanito de tal falleció. ¡Uf! La información está al instante, al toque de un dedo. Sé que este aparato también es causante de una y mil desgracias, hay gente que no suelta el celular ni cuando va al baño (hay testimonios de amigos que han perdido el aparato (me refiero al celular) porque se les cayó en la taza). Además, y esto sí es penoso, muchos accidentes vehiculares han ocurrido porque los conductores, en lugar de ir pendientes de su camino, iban viendo el celular. A mí me resulta difícil entender el porqué de tal comportamiento, pero el mundo es mundo y hay de todo en la Viña del Señor. Además, me cuenta el primo de un amigo, que muchas relaciones se han roto por “culpa” del celular, envío de “packs” a la persona equivocada, o conversaciones donde el supuesto destinatario resultó Romina en lugar del Romeo que anunciaba. Ah, miles de conversaciones entre amantes han sido descubiertas y han sido la chispa que inició el incendio. Yo, gracias a Dios, no mando packs (qué voy a estar mostrando mis vergüenzas), pero sí he visto (todo se ve en estos tiempos). En Puebla tuvimos un negocio de impresiones y de fotocopias frente a Ciudad Universitaria, de la BUAP. Muchos alumnos y alumnas llegaban a solicitar nuestros servicios, un día, una alumna que era cliente frecuente llegó apurada y me dio un USB y me dijo que, por favor, imprimiera un archivo y me dio el nombre, llegaría a la siguiente hora, que también lo engargolara. Se fue. Cuando quedó tranquilo el negocio, metí el USB y vi que había una serie de archivos. ¿Qué nombre había dicho? ¡Dios mío! Pensé que la lógica me ayudaría, descarté los que tenían nombres como “fiesta”, “bautizo de mi sobrinito Ameth”, me quedé como con diez archivos con nombres relacionados a su carrera profesional: educación física. ¡Uf, eran muchos! Pero Dios que es grande me iluminó: “buscá por fechas, niño”, así acomodé los archivos y abrí el que tenía la fecha de un día anterior: ¡Sí, era ese, sin duda! Imprimí y engargolé. Puse el engargolado al lado de la impresora, iba a retirar el USB cuando hice algún movimiento extraño y en la pantalla apareció el perfil de la chica y en su boquita estaba la mitad de un pene. Me chiveé, de inmediato cerré el archivo. Ya me conocés, tuve la intención de volverlo a abrir, pero resistí la tentación. Saqué el USB y lo coloqué al lado del engargolado, en ese momento entró la chica, le entregué el trabajo y pregunté si estaba bien, sí, bien, dijo ella, claro, muy bien, ¡excelente!, dije yo al recordar la imagen. Ella me vio con ojos de Eje Cartesiano, donde la X fue ella, porque yo tenía en mi mirada la imagen donde ella… Posdata: supe que el amado había insistido en tomar la foto en el acto, “sólo para nosotros”, dijo, nunca imaginaron que el señor de las impresiones ¡se impresionaría! No, no me salí del tema, cuento esto, porque la foto ¡impresionante! (diría Zagüiño) fue tomada con un celular. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 28 de julio de 2024

CUENTITOS PARA LEER UN DOMINGO EN LA MAÑANA

CUENTITO UNO Los lectores no podemos saberlo, porque apenas iniciamos la lectura del texto, pero el hombre que entra ahora a la estación lleva algo adentro de la maleta. Cuando decimos algo no nos referimos a pantalones, shorts, calcetines y laptop, ¡no!, el hombre lleva algo que es inusual, que si la maleta es sometida al scanner detendrán al hombre. ¿Qué es lo que lleva? Nadie puede saberlo, nadie de los que esperan en la terminal pueden siquiera imaginar lo que va adentro de la maleta, por eso todos los viajeros esperan con tranquilidad el aviso de abordaje, aquella chica ve una película en su celular, los otros dos chicos platican lo que vivieron anoche, la señora teje, el señor dormita, la chica que está sentada en posición de flor de loto tiene los ojos cerrados y no sabemos si medita o simplemente escucha música por los audífonos. ¡Nadie puede saber qué lleva el hombre en la maleta! Nosotros los lectores siempre somos los últimos en enterarnos. Dijimos que nadie sabe qué lleva, ¡es falso! El hombre sí sabe qué lleva, bueno, él y Dios, por eso la gente, en todo el mundo, cuando hay algo que se ignora, responde: Sólo Dios lo sabe. Pero qué ha pasado ahora en la terminal, ¿por qué todo ha quedado como en suspenso, como si un gas hubiese hipnotizado a todos? Una luz impresionante aparece en la puerta que da acceso a los andenes, una figura brilla. Los lectores podríamos pensar que esa figura es, ¡no, no puede ser!, ¡Dios! Que la sola mención de su nombre hizo que apareciera para reforzar la teoría que dijimos antes: sólo Dios y el hombre saben qué lleva este último en su maleta, y parece que algo de esto es cierto, porque ahora la aparición luminosa camina hacia donde está el hombre que, apenas se percibe por el movimiento de sus manos sobre el pantalón, está nervioso. Dios le exige que abra la maleta, el hombre se lleva la mano a la oreja y hace señas para indicar que no oye, que es sordo; Dios sonríe (tiene un bigote como de morsa) y le dice “Y mudo, también sos mudo” (¡Dios mío, Dios sí habla, y habla con una voz grave, clara y con voseo, como si fuera comiteco!) Dios pone una de sus manazas sobre el pecho del hombre y con la otra mano abre el cierre de la maleta, da una orden y dos ángeles panzudos, con pistolas al cinto, se presentan. Uno de los ángeles se lleva la maleta y el otro levanta al hombre tomándolo de la camisa, lo obliga a darse la vuelta y le coloca unas esposas. Todo mundo estuvo pendiente de los movimientos, los dos chicos que platicaban ¡aplauden! Los lectores pensamos que este cierre no es el adecuado, porque nunca sabremos qué es lo que llevaba el hombre dentro de la maleta. Y lo peor, tampoco sabremos quién fue la presencia brillante que logró detener al hombre. A los lectores no nos queda más que pensar que sólo Dios sabe quién es él. CUENTITO DOS La chica subió al camión ADO, con rumbo a Tuxtla. Salió de Comitán a las cinco con veinte minutos. A las cinco con quince se despidió de su novio, quien, él le entregó un ramo de flores (eran rosas) y un papelito doblado. La chica tenía el asiento número quince, dejó su mochila en el portamaletas superior, colocó su suéter color rosa en el asiento y fue al sanitario, al llegar al último asiento tiró las rosas. Los demás pasajeros vieron que entró, nosotros, los lectores, podemos saber qué es lo que hizo adentro. Se bajó el pantalón y el calzón (de color rosa), se sentó y buscó algo adentro de la bolsa de su pantalón, lo halló (era el papelito, ay, qué fastidio, también de color rosa), leyó el mensaje que tenía, luego metió su mano, como concha, y, como había retenido el chorro, orinó su mano y el papel que se humedeció hasta borrar lo escrito, al final hizo bolita el papel mojado y lo tiró en el agua, se paró, se lavó las manos, se subió el calzón y el pantalón, se vio en el espejo y bajó la palanca de la taza. Salió del baño, caminó por el pasillo, en su lugar ya estaba sentada otra chica, la saltó y se sentó, movió la mano al ver que su novio le enviaba besos desde el andén. Sacó su celular y mandó un mensaje: "Yo también te quiero”, el novio sacó su celular a la hora que vibró y leyó el mensaje, sonrió, mandó más besos. El camión salió hacia la calle, la chica colocó una almohadilla en su cuello y envió otro mensaje: “Ya salgo, te deseo. Llevo puesto el chon que te enloquece”.

sábado, 27 de julio de 2024

CARTA A MARIANA, CON UNA POSTAL

Querida Mariana: te mando una fotografía, no la vayás a perder, ya mirás que Carmen perdió la cadenita. Es un retrato de Don Alfredo Franco Alfonzo, fotógrafo de Comitán. Él comenzó el oficio cuando tenía quince años de edad; es decir, lleva más de cincuenta años tomando miles y miles de fotografías. En los festejos no puede faltar dos tipos de personas: los chalequeros; es decir, los que no tienen invitación, pero se cuelan para comer, bailar y beber; y los fotógrafos, quienes fijan la memoria de los instantes. Ya comentamos el otro día que como la vida es finita y el tiempo se va como agua, el ser humano inventó la fotografía para hacer eternos los momentos. Muchas personas son felices al revisar álbumes fotográficos. Me incluyo. A mí me gusta ver fotografías. Vos también sos una persona que ama la fotografía, no sólo la llamada fotografía fija, sino también la que tiene movimiento: el cine, tu pasión. Ahora, los celulares dan la posibilidad de tomar fotos o videos. Todo mundo tiene celulares, todo mundo toma fotos. ¿Cómo es que en estos tiempos aún sobrevive el oficio de fotógrafos como nuestro amigo Don Alfredo? Una posible respuesta es que todo mundo tiene cámaras ahora, pero no todo mundo tiene el ojo entrenado que tienen los profesionales. La fotografía es una ciencia. No siempre reflexionamos en ello. En estos tiempos todo se hace en automático, sacamos el celular y tomamos una fotografía y al instante vemos el resultado. Tengo amigas (mujeres dejarían de ser) que cuando les tomo una foto, de inmediato me piden ver la pantalla para corroborar que salieron bien, y algunas, de broma, dicen: ahí le das una retocadita con Photoshop. Don Alfredo inició el oficio en tiempos de cámaras analógicas, lejos estaban los tiempos en que llegarían las cámaras digitales. Don Alfredo recuerda que el oficio lo aprendió con Don Augusto Caralampio Ventura Moreno, quien era fotógrafo en los lejanos años setenta del siglo pasado. Vos sos muy joven y no podés dimensionar cómo eran esos tiempos. Ahora, todo mundo toma fotos y el álbum del Comitán cotidiano es un archivo completísimo de fotografías. En el tiempo que Don Alfredo comenzó no todo mundo tenía cámaras, así que si querías conservar la foto del recuerdo de algún evento especial o de una persona querida debías acudir a algún fotógrafo de la población. Recuerdo que la foto de mi generación de secundaria fue tomada al lado del templo de San Sebastián, con el padre Carlos presidiendo al grupo. El fotógrafo oficial del Colegio Mariano N. Ruiz era Don Roberto Gordillo. Esa mañana de julio de 1971 todos los integrantes de la generación nos paramos frente a la cámara y vimos directamente al lente. Por ahí, mis compañeros tienen la foto del recuerdo, donde estamos vestidos con el traje de gala del colegio. Pasaban días y luego pasábamos al Estudio de Don Roberto a comprar la foto impresa. Hace días se llevó a efecto la ceremonia de graduación de alumnos y alumnas del Colegio Mariano N. Ruiz, la ceremonia fue en el Teatro de la Ciudad. En la mañana fue la graduación de los estudiantes de preescolar y primaria; en la tarde acudieron los estudiantes de secundaria, bachillerato y universidad. Llegué al teatro en la tarde, media hora antes del inicio. Me quedé en el vestíbulo y ahí tuve la oportunidad de platicar un ratito con Don Alfredo. Conocés que me gusta hacer travesuras, así que invité al fotógrafo a que, por un momento, abandonara su lugar detrás de la cámara y se pusiera frente al reflector. Aceptó, flexionó tantito una pierna, recargó el brazo izquierdo sobre un pretil y con su mano derecha sostuvo el instrumento que ha sido su eterno compañero. Siempre lleva la cámara en una bolsa. La cámara digital que ahora tiene es una cámara Nikon (“es una chulada”, me dijo, sonriendo). ¿Y cuál fue la primera cámara que tuvo? Ah, me dijo, fue una Retina, de la marca Kodak. En esos años, la Kodak era la que partía el queso en el mundo de las cámaras fotográficas, hoy el mercado se ha ampliado y pocos jóvenes conocen las cámaras Kodak. ¿Mirás el nombre de la cámara que tuvo de joven? ¡Retina!, que está relacionado con la vista. Las cámaras Retina eran cámaras pequeñas que tenían (como la mayoría) dos rueditas en la parte superior, que se manipulaban para “correr” el rollo donde quedaban impresas las fotografías. Dije que la fotografía es toda una ciencia, en ese tiempo, el fotógrafo enfocaba y oprimía el botón que abría la ventanita donde pasaba la luz que quedaba impresa sobre la película. Los fotógrafos profesionales compraban rollos (también de marca Kodak) con treinta y seis exposiciones; es decir, no había más oportunidad que tomar treinta y seis fotos. Cuando el número se agotaba, se enrollaba el rollo al final para que la película quedara en lo oscurito, porque si no se velaba. El fotógrafo sacaba el rollo y lo llevaba al lugar donde sería el revelado y la impresión, proceso que tardaba varios días, porque en los años sesenta, en Comitán no había un lugar donde hicieran ese trabajo. Hermilo Vives recibía los rollos y los enviaba a la Ciudad de México para el proceso. El rollo viajaba en paquetería, en camiones, era sometido al proceso y al final enviaban las fotos en un sobre. ¡Días y días! ¡Padre eterno! No había para dónde hacerse. Por esto, Don Alfredo cuenta que los fotógrafos comitecos fueron felices cuando “Casa Marín” abrió sus puertas, en Tuxtla Gutiérrez, y brincaron de gusto cuando la misma empresa abrió sucursal en San Cristóbal de Las Casas (“estaba ya a vuelta de casa”, dijo Don Alfredo). Ya no había necesidad de mandar los rollos hasta la Ciudad de México. Y un día, el prodigio llegó a Comitán y hubo empresas que se dedicaron al revelado de rollos (“Foto Marín”, “Foto Claudia”, “Foto Chantiri”, estudio que está al lado de la casa donde vivió la escritora Rosario Castellanos, frente a la entrada del Pasaje Morales). ¡La luz se hizo!, se hizo en otras ciudades en los inicios de la fotografía, en Comitán la luz nos llegó un poco tarde, pero llegó. Esa tarde de graduaciones me invitaron a sentarme en la mesa de honor, estuve al lado de integrantes de la Asociación Civil del Colegio Mariano N. Ruiz; del Rector Maestro José Hugo Campos Guillén; del supervisor de educación secundaria Maestro Adolfo Pineda; y de la profesora Virginia Gordillo Rojas, quien recibió un homenaje por su jubilación. Desde ahí vi a todos los estudiantes graduados en compañía de padrinos y madrinas, maestros de la institución, sentados en las butacas; y a mi izquierda, una fila de fotógrafos profesionales que hacían su chamba, indicándoles a alumnos y alumnas en qué lugar debían colocarse, al lado de los padrinos y madrinas para tomar la fotografía del recuerdo, el instante sublime. El grupo de fotógrafos y fotógrafas están de acuerdo en formar fila para que todos tengan oportunidad de trabajo. Los he visto en templos, en oficinas, en parques, en auditorios, en salones de fiesta, en estadios, en cementerios, en todos lados donde se efectúan actos especiales ¡ahí están los profesionales de la cámara! Toman la foto y anotan en una libreta los nombres y direcciones. En cuanto están listas las impresiones suben a las motos, van a los domicilios y entregan las fotografías del recuerdo, así van juntando su paguita para cubrir sus necesidades. Ellos y ellas son parte esencial de nuestra vida cotidiana. Siempre los vemos con las cámaras sobre sus pechos, sostenidas con unas bandas que, por lo regular, tienen el nombre de la marca. Don Alfredo ha tenido varias cámaras en el transcurso de su vida, tuvo una Retina, luego una cámara Minolta, posteriormente una Cannon y ahora tiene una chulada: una Nikon. Todas estas marcas nos remiten a países lejanos, Inglaterra, Japón, Alemania… ¿No hay cámaras hechas en México? ¡Hay! Grandes maestros de la fotografía hacen cámaras caseras, las llamadas cámaras estenopeicas. Basta una caja de cartón para hacer una cámara fotográfica, la ciencia no siempre está adentro de los grandes laboratorios, a veces en los juegos infantiles se hace “comidita”. Posdata: Don Alfredo es uno de los grandes fotógrafos camineros de Comitán, su chamba está lejos de los grandes estudios profesionales, él toma las fotografías casuales, las que aparecen en los grandes actos de todos los días, porque todos los días hay maravillosos encuentros deportivos. No todo se da en las Olimpiadas. Te mando una foto, guardala en tu carterita. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 25 de julio de 2024

CARTA A MARIANA, CON FOTO DE PICHITO

Querida Mariana: el envés de la foto dice: “Con todo cariño para mis padrinos Romeo y Clarita, al cumplir mis seis meses. Alejandro Molinari T. 4 de octubre de 1957”. La foto tiene historia. Me la obsequió el licenciado Fer Gómez, quien es un apasionado coleccionista de fotos del Comitán antiguo. La historia parece ser sencilla. Mi papá y mi mamá obsequiaron esta foto a mis padrinos Romeo y Clarita. Algún día anterior, ellos acudieron al templo de Santo Domingo para que me convirtiera en su ahijado. Momento importante de mi vida. Conociéndome como me conozco sé que lloré a la hora que el sacerdote regó agua sobre mi cabeza. Lloro por todo y, además, los sacerdotes son inclementes porque sueltan sin decir ¡agua va!, un chorro de agua fría (al tiempo, dicen). Ingratos, ellos debían pensar en la delicadeza de los bebés y regar agua tibia, tantito calientita. Mi madrina Clarita (sin duda fue ella) guardó la foto en un cajoncito y ahí permaneció desde 1957. Un año, ya de este siglo, mi primo Romeo (hijo de mis padrinos) se topó con la caja de fotografías familiares y decidió que ese tesoro debía permanecer en manos de su gran amigo David Esponda, y éste a su vez pensó que no podría estar en mejores manos que en las de Fer, el famoso “Pina”. Y así fue como la foto llegó a mis manos, completó su círculo de navegación, un día de 1957 salió del puerto Molinari Torres y casi sesenta y siete años después volvió a casa. ¡Ah, qué viaje tan deslumbrante! (bueno, ni tanto, porque permaneció en la semioscuridad de un álbum o de una caja de cartón o de un baúl). Volvió el pichito. Cuando Fer me regaló la foto la tuve entre mis manos y me vi niño de seis meses de edad. Pensé que mi papá (la letra del reverso es de él) y mi mamá me llevaron al estudio del fotógrafo (casi puedo asegurar que fue Don Enrique Cancino), para el registro de ese instante. Mi mamá me puso como muñequito de Sololoy, con la firma de casa, porque mi papá siempre utilizó chalecos tejidos, era una pieza que amaba, tal vez porque le cubría el pecho y la espalda de los fríos, pero dejaba libres los brazos, donde (otra característica de la personalidad de mi papá) se arremangaba la camisa, para ponerse a trabajar. Acá, pichito bonito, viste un chaleco bordado con las barbillas en el extremo inferior, un pañal de tela, una camiseta con manga larga y bien peinado, casi con el mismo peinado que tengo en la actualidad, con raya al lado (una vez cambié, pero la fuerza de la costumbre me obligó a regresar al peinado con que mi mamá me arreglaba desde niño). Te comparto la foto, porque es ejemplo de la costumbre de los años cincuenta del siglo pasado. La gente acostumbraba regalar este tipo de fotografías a las personas cercanas, bien fuera un recuerdo del bautizo, de la primera comunión, de los quince años, de una graduación o de la boda. En la parte posterior de la fotografía se escribía una dedicatoria. Como en este caso, las personas que recibían la postal la conservaban entre sus pertenencias más amadas (había otras historias, sobre todo en casos de novias y novios, donde, por ruptura, las fotos pasaban a formar parte del basurero o eran quemadas). Gracias a esta costumbre, Comitán (y todo el mundo) puede tener piezas del rompecabezas de su historia, porque en esas fotos aparecen rasgos del carácter del pueblo y de la personalidad de los protagonistas. Con estos elementos podemos hacer ejercicios comparativos. En este 2024, ¿quién obsequia fotografías impresas con dedicatorias? Es difícil hallar ejemplos. Hoy, todo mundo envía fotos por WhatsApp (pocas personas imprimen las fotos digitales) y el álbum del mundo fotográfico está en La Nube (que aún no logro comprender cómo funciona, pero funciona). Hoy, las fotos “se bajan”. Las fotos no permanecen guardadas en baúles ni en álbumes. Tengo amigos que cuando quieren mostrar una foto abren el archivo de su celular, mueven el índice sobre la pantalla hasta hallar lo buscado. La gente comparte fotos en las redes sociales. No tenemos mucha conciencia de que dichas fotos puede “bajarlas” cualquier persona del mundo. Por fortuna, vos sos de esas personas que no suben fotos personales en el Facebook, así nadie puede tener fotos tuyas. Posdata: la historia que te comparto es una de millones que se dan. Una vez mostré a una amiga una foto de unos tíos que caminaban en la Avenida San Juan de Letrán, en la Ciudad de México, la foto también era de mediados del siglo XX. Recordá que en esos años había fotógrafos callejeros que tomaban fotos a todos los peatones y luego las vendían como recuerdo. Pues bien, mi amiga vio la foto, explotó en una cascada de emoción y, señalando con el índice, dijo: “el de atrás es mi papá”. Por simple y maravillosa coincidencia su papá caminaba detrás de mis tíos. Nadie lo hubiera imaginado. Ahí estaba su papá, con traje y sombrero. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 24 de julio de 2024

CARTA A MARIANA, CON PARÍS

Querida Mariana: muchos amigos y amigas han estado en París, comparten fotos al lado de la Torre Eiffel, que la Marita le decía la Torre Infiel, porque su marido tenía el apellido de La Torre. Las Olimpiadas del 2024 se celebrarán en París, oh, la la; París, la llamada capital del amor, la del famoso río Sena, de los Campos Elíseos (saludo a Eliseo Palacios, Cheo). París, la de “Rayuela”, de Julito Cortázar; París, la de César Vallejo (“…me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo…). París, la ciudad donde reposan los restos de Porfirio Díaz y los restos de Carol Dunlop, la última compañera de Julito. París, la de cabellera con aroma de menta, la que me deslumbró en los años noventa, la que fue mi sueño alado, la de los tambores, la de los grandes arcos, la de música de acordeón, la ciudad de Edith Piaf (non, Je ne regrette rien), con sus erres arrastradísimas, como si jalara un inmenso ramo de flores de lavanda. La París de Hemingway, la de Diego Rivera, la del gran Picasso, la del no menos genial Modigliani (¡salve, oh, maestro!) La París de la bellísima Brigitte Bardot, la del cineasta Truffaut (sí, también la de las trufas). La enormísima ciudad que una amiga en Puebla me dijo que la hicieron para enamorar a todos los que llegaran a ella, la que seduce, la que es como una gran ventana, la de los lentes oscuros, la que tiene a Cannes a la orilla. La de Kieslowsky, con su rojo, blanco y azul, los colores de la bandera de tul. Desde cualquier lugar del mundo se ve la Torre Eiffel, basta trepar al Mirador de Comitán, pararse de puntillas, sosteniéndose en el barandal, para ver la punta de la Eiffel (si no todo mundo la ve es porque no tiene un sextante para ver dónde está ubicada, a veces la gente se confunde y lo que ve es una torre de transmisión en lo alto de Los Cuchumatanes). Cada persona tiene su París particular, esencial. Quienes ya estuvieron de visita tienen sus lugares favoritos, no falta el que ama una sala del Louvre (puede ser donde está La Gioconda), otros recuerdan al Museo d’Orsay, porque se fascinaron con un cuadro de Renoir donde los azules son la esencia. París es la de todos los gustos, la de todas las miradas. No hay ser humano que no caiga rendido a sus pies. Cuentan, no sé si sea cierto, que cuando fue invadida por los alemanes hubo orden de colocar bombas en muchos edificios y hacerlas explotar y los encargados de cumplir la orden se rebelaron, porque no era posible destruir tanta belleza. Andá a saber si es cierto lo que cuentan, pero da idea del portento de ciudad que es. Desde Comitán hay mucha gente que ama la Ciudad Luz. El otro día fui al café de La Flor de México, en la Colonia Miguel Alemán, y al entrar lo primero que vi fue una serie de litografías que muestran lugares de París. Hay chicas que se llaman Paris (así, sin tilde), el nombre es prodigioso, es como si el agua de su bautizo las acompañara en las cascadas de luz de todos los días. París es un acordeón (por eso, lo usamos mucho en los salones), pero también es un piano, un bongó, una guitarra eléctrica, es un coro monumental, es una lluvia de reflectores, un lago recostado en el lado izquierdo del espíritu; París es una batería, un solo cantado por Charles Aznavour. Todas las chicas de los setenta estarán de acuerdo en decir que París estuvo sintetizado en el divino Alain Delon, el chico más bello del mundo (Julito Cortázar escribió un maravilloso cuento donde narra una pelea de box, organizada por el actor Alain Delon. Sí, el cuento se llama “La noche de Mantequilla", recordá que Mantequilla Nápoles fue un excelente boxeador). Pero, ahora que escribí mantequilla recordé también la película de Bertolucci, que se filmó en París, donde la bellísima María Schenider recibe el dedo del enormísimo actor Marlon Brando, lleno de mantequilla (¿fue el dedo?) Esto también es París, el Crazy Horse y el Molino Rojo y los dibujos sublimes de Toulouse Lautrec. Posdata: a mí me encanta ver y rever la cinta de mi admirado Woody Allen que se llama “Medianoche en París”. Woody también es París y es Manhattan y ahora que lo menciono, también es Comitán. A huevo. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 22 de julio de 2024

CARTA A MARIANA, CON RENUEVOS

Querida Mariana: todos de pie, los árboles y los renuevos azules. Luego de la misa de acción de gracias, por un ciclo concluido, los docentes y los estudiantes del Colegio Mariano N. Ruiz se apropiaron, temporalmente, de las gradas principales del parque central. Ah, parvadas de chiquitíos y jóvenes volaron para pararse en las ramas del aire. Los papás y las mamás levantaron los celulares y tomaron la foto del recuerdo. Si ponés atención a esta foto que me robé del muro de Preescolar del colegio, verás muchas manos que detienen los celulares para inmortalizar el instante, instante supremo, de sentimientos indecibles: ¡la graduación de sus hijos e hijas! Los pichitos y pichitas terminaron su educación preescolar, ya pasarán a primaria, ¡ah, qué momento! Y los de sexto de primaria van a secundaria y los de secundaria a bachillerato y los de bachillerato a universidad y los de universidad a los posgrados. Alas para el vuelo, para la vida. Los Marianitos y las Marianitas estuvieron juntos, pero no revueltos, la misma posición indica la esencia de la vida: los de preescolar están en el primer escalón, los universitarios están en la parte de arriba, ya cerca de las frondas de los árboles. Algunos universitarios continuarán su educación, estudiarán diplomados, maestrías, doctorados, otros se integrarán ya de lleno al mercado laboral y comenzarán a sembrar semillas sapientes. De pie, como los árboles, siempre tendiendo hacia las alturas. Esos árboles del parque también estuvieron un día en el preescolar de la naturaleza, fueron pequeños y, gracias al cuidado, a la lluvia y al sol ahora están enormes y dan sombra a los paseantes y ponen ungüento en la mirada para acariciar el espíritu. ¡Árboles que dan oxígeno! Así, los estudiantes se nutren de la savia del conocimiento y de los valores. De pie, siempre. Cada uno de estos chicos y chicas tienen historias sublimes. Sus papás y mamás decidieron inscribirlos en un colegio particular, esto significó destinar una cierta cantidad de dinero para cubrir las mensualidades. Pregunté a una mamá por dicha decisión y me dijo que ese dinero había sido invertido en lo mejor de la vida: la educación de su niña, y que así continuará en la secundaria y todo lo demás. Ella es maestra y me confió que tiene un apartadito de su salario mensual, está ahorrando para cuando la hija llegue al nivel profesional, me confió que desea poder ofrecerle la mejor opción del país o del mundo. Cuando me lo contó vi su carita llena de una luz majestuosa, su rostro era una montaña con muchos árboles, con mucho aire. Le deseé mucho éxito, mucha vida, que se cumplan todos los sueños, ella no gasta en su hija, ella invierte en su educación para garantizarle una vida más plena. El cielo comiteco fue testigo de este momento, una lluvia de luz fue la salva para celebrar el instante. ¡Que vivan estos chicos y chicas que, como corredores de cien metros, llegaron a la meta! Más carreras les esperan, por eso, ellos deben continuar con su preparación, cada día es un peldaño para alcanzar la cumbre. El colegio les provee las herramientas para construir sus mundos, los universos alternos. ¡Que vivan los padres y madres de familia! Porque ellos son quienes jalan el hilo del papalote y controlan los vientos, para que la hoja no suspenda su vuelo. A veces, la vida es así, los hilos se cortan, pero siempre existe la posibilidad de injertar nuevas alas. ¡Que vivan los maestros, las maestras y el personal directivo! Son ellos quienes facilitan las alas, he sido testigo que las costuran con el mejor hilo, no están pegadas con Diurex ni con cera cantul, las alas de estos estudiantes son bordadas con hilo de oro, por eso los bordados que consiguen son tan bellos como los que hacen las artesanas chiapanecas. ¡Que viva Comitán y la región! ¡Que viva Chiapas! Estos chicos y chicas, estoy seguro, abonarán para que nuestro estado tenga un mejor destino, ellos se apropian ahora de la esencia que, como alquimistas, abrirá la ventana de la ciencia en forma plena. Posdata: cada año en todos los planteles del mundo se dan fotografías similares. Millones de niños y niñas son felicitados por sus amigos y familiares y les desean parabienes. Acá, en esta foto, una célula de nuestra sociedad posó para que los celulares de los amigos se activaran, para que se activarán los corazones en una plegaria de agradecimiento. ¡Tzatz Comitán!