miércoles, 29 de julio de 2015

LECTURA DE UNA FOTOGRAFÍA CON CRUZ A CUESTAS




“Caminante no hay ciclo vía. Se hace al pedalear”. Es una carretera sin guarniciones. Este dato es importante para saber que es una carretera de Chiapas. Es un tramo bendito, porque no tiene baches (más adelante brotan como hongos). A los lados hay montones de arena, que la gente de ahí emplea para construir bloques de cemento (en la foto logra verse algunas hileras de bloques). Además de la arena (qué bueno) hay árboles y muchos cables. Los cables sirven para indicar que ahí ya llegó la civilización, aunque quién sabe si los moradores pagan el consumo de energía eléctrica, porque (también es costumbre) muchas comunidades chiapanecas están en rebeldía y no pagan el servicio.
Si la fotografía sólo tuviera los elementos anteriores sería una fotografía común. Lo que hace atractiva a esta foto es la presencia de los ciclistas. Bueno, como decía el tío Armando: “Eran muchos y no hacían yunta” o como decía la tía Artemia: “Estamos arando dijo la mosca” (La mosca, aclaraba la tía, iba parada en la oreja del toro). Pareciera que quien realiza el esfuerzo es el que pedalea la bicicleta que tiene las llantas bien puestas en la tierra (porque la otra bicicleta desvió tantito su vocación y no rueda ¡vuela!), pero si se ve bien, el niño que va en la retaguardia también hace el esfuerzo, un esfuerzo doble: guardar el equilibrio y cargar una bicicleta. No sabe uno, entonces, quién hace más esfuerzo. Uno puede imaginar el cansancio del niño que pedalea. No debe ser sencillo ir en una cuesta (ligera, pero subida al fin) con un niño atrás y con el agregado de una bicicleta.
La pregunta inicial (aparte de otras que asoman) es: ¿por qué hacen lo que hacen? Uno entiende que si un auto se descompone es preciso llamar una grúa de “Servicios Castillo” (la que brinda el mejor servicio en la región), pero si la paga es escasa entonces no queda más que llamar a un amigo con camioneta, hacer uso de una cuerda resistente y jalar el auto descompuesto al amparo de las sombras de la noche, porque si el Federal de Caminos se entera, ¡uf! Pero, ¿por qué el “copiloto” de esta bicicleta carga el aparato que se supone está descompuesto? No hay una razón de peso (bueno, de peso sí, el peso que carga el niño de la gorra). ¿No pudo llevarla rodando? ¿Es imposible hacerlo en el supuesto caso de que tiene ponchadas las dos llantas? Tal vez sí. Aunque, viendo bien la foto, tal vez estos niños no hacen más que jugar al transbordador y saben que para que éste vuele es necesario trepar el aparato sobre el lomo de un avión que lo lleva a la estratósfera para que agarre impulso. Sí, tal vez es lo que hacen estos niños, ¡juegan! Tal vez la bici de atrás es un papalote y lo que hacen es avanzar, como el aire, para alcanzar el viento y soltarla a volar por esos cielos azules apenas matizados con cintas blancas que parecen lagos de cebolla. Esto debe ser, porque los niños van divertidos, se escuchan sus risas que se mezclan con los cantos de los pájaros que, bulliciosos, también alebrestados, ya buscan sus camas en los árboles, porque ya van a dar las seis de la tarde, aunque la sombra del árbol sobre la carretera y la sombra de los dos niños dice que son apenas las cinco. Pero en horario de verano la cosa se transforma y hay muchos pájaros que lo respetan, aunque, siempre, la mayoría de pájaros se rebela y sigue con la hora “de Dios”.
De todos modos, esta fotografía no es una fotografía que aparezca todos los días y en todas las carreteras. Es un hallazgo encontrar en un camino vecinal a dos niños que juegan el juego sencillo y simple de “la bici descompuesta”. Por lo regular, los niños de la ciudad van al parque, dan de comer a las palomas, se mojan con el agua de la fuente, comen elotes asados con limón y polvo juan o revientan pompas de jabón. Los niños de la ciudad no tienen la costumbre de inventar ciclo vías. ¡Hay tantos carros ya en Comitán!