Arenilla
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lunes, 6 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, DONDE SE PREGUNTA: ¿Y LOS QUINIENTOS AÑOS DE COMITÁN, ‘APÁ?
Querida Mariana: ¿ya viste que en San Cristóbal de Las Casas comienzan a preparar la celebración de los 500 años de su fundación? El acto será en 2028. ¿Y los quinientos años de Comitán, ‘apá?
Comitán, igual que San Cristóbal, es una ciudad con traza española. Claro que sí. La característica es: un trazado reticular, con calles paralelas y perpendiculares que forman manzanas cuadradas, teniendo una plaza mayor o plaza de armas en el centro, rodeada por los principales edificios públicos. Date una vueltita por el pueblo y verás que esto es así y es así porque Comitán fue fundada por un conquistador español, Don Pedro de Portocarrero, quien, según Luis Armando Suárez Argüello, fue el Conde de Medellín y era un gran lector. Cuando me enteré de esto, me sentí orgulloso. ¿Cómo no? El fundador de nuestro pueblo fue un noble, un hombre culto, por eso, cada vez que alguien dice que Comitán es la capital cultural de Chiapas parecería que se honra la memoria de su fundador, quien no fue un pelagatos, sino un hombre brillante.
Ahora bien, ¿cuántos paisanos reconocen en Portocarrero al fundador de Comitán? Pocos, mi niña, muy pocos. Y esto tiene una razón histórica. En San Cristóbal todo mundo reconoce el nombre de Diego de Mazariegos, por eso ya preparan la celebración para 2028. En Comitán son pocas las personas enteradas. Sucede que Portocarrero llegó de Guatemala y fundó este pueblo, pero poco tiempo después fue desterrado por sus compas conquistadores, ávidos de poder y de grandeza, por lo que su nombre cayó en el olvido, territorio donde ahora continúa.
Si alguien le preguntara ahora a Comitán, al mero estilo de nuestro pueblo: ¿hijita de quién sos? Todo mundo quedaría callado. ¡Por el amor de Dios, qué poca conciencia histórica! En San Cristóbal de Las Casas, todo mundo sabe que la ciudad es hija de Diego de Mazariegos.
Ahora tenemos una gran oportunidad de desempolvar el nombre de Pedro de Portocarrero, conocer su mínima biografía y reconocer en él al conquistador español que sembró el primer hijuelo en nuestra tierra.
La historia oficial cuenta que las dos primeras ciudades fundadas por conquistadores españoles en Chiapas son: Chiapa de Los Indios (hoy Chiapa de Corzo) y Villa Real (hoy San Cristóbal de Las Casas). Bueno, es momento de incluir en esta relación a Comitán, porque como bien señala la investigadora Gudrun Lenkersdorf: “la primera villa de españoles en la región fue fundada por Portocarrero antes de la llegada de Mazariegos”.
Chiapa de Corzo celebrará sus quinientos el 1 de marzo de 2028, San Cristóbal de Las Casas el 31 de marzo, y ¿Comitán, ‘apá? No tengo la fecha precisa, pero el sentido común, signado por los datos, indica que tiene que ser antes de marzo. Los estudiosos nos pueden dar luces y señalar el dato preciso; pero de que es antes de Chiapa de Corzo y antes de San Cristóbal ¡es! Llegó el momento de decirle a todo mundo que Comitán fue el primer poblado de Chiapas fundado por los españoles.
Sólo como soporte de lo que acá digo, te transcribo un fragmento de lo que escribió Doña Gudrun, en su libro “Génesis histórica de Chiapas. 1522-1532. El conflicto entre Portocarrero y Mazariegos”, publicado en 2001, por la Universidad Nacional Autónoma de México (poseo un ejemplar que me obsequió el ex magistrado Ramiro Antonio García Macías). Va fragmento:
“En diciembre de 1527, justo al mismo tiempo en que en España Pedro de Alvarado se convirtió en legítimo gobernador de la mayor parte de lo que iba a ser la futura Chiapa, se puso en marcha desde Guatemala una expedición militar rumbo a ese mismo territorio con el propósito de ocuparlo y poblarlo. El teniente de gobernador, Jorge de Alvarado, encargó esta tarea al más destacado jefe militar, don Pedro Portocarrero (…) la expedición salió hacia un destino determinado, según se desprende de las declaraciones de los conquistadores que siguieron a Portocarrero. Todos atestiguan en sus méritos que fueron mandados a Los Llanos de Chiapa o al Valle de Comitlán (…) ciertamente tenían noticias previas de Comitán, lugar importante por su ubicación estratégica en el cruce de caminos entre tierras altas y bajas y, por tanto, propicio para fundar allí un centro de control regional…”
Posdata: ¿cómo lo mirás? ¿Verdad que está muy claro? No hay vuelta de hoja, esto es la verdadera historia de la fundación de nuestro pueblo. Así pues, la primera piedra, el primer ladrillo, no fue puesto ni en Chiapa ni en San Cristóbal, fue en este bendito pueblo que hoy habitamos los cositías, orgullosos mestizos.
El otro día el licenciado Ulises González Gordillo nos invitó a desayunar a Robertito, a Dora Patricia y a mí y el tema giró precisamente en la celebración de los quinientos de Comitán, él lo tiene muy presente. Sin duda que ya, un día de estos, arrancará la planeación de lo que debe ser un gran festejo, que siga dando lustre a esta ilustre ciudad. Saludé en el parque central de Comitán al doctor Segundo Guillén, secretario de turismo de Chiapas, y me preguntó: ¿Platicaste con Ulises? Parece que el tema ya entró en agenda. Bien.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 5 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON SESENTA Y TRES Y SESENTA Y NUEVE
Querida Mariana: el poeta Gustavo Ruiz Pascacio cumplió sesenta y tres años hace días. Ayer cumplí sesenta y nueve. Seis años de diferencia y pocos días. Gustavo siempre manda luz, más luz. Como si fuese el poeta Goethe, quien a la hora de despedirse de este mundo dijo: ¡luz, más luz! ¿Pedía o veía? Luz es lo que rodea a la vida. Luz envío a Gustavo en su cumpleaños.
Gustavo y yo somos del mes de abril. Él nació en Tuxtla Gutiérrez y yo en Comitán. Él creció en el barrio de San Roque y yo en el mero centro de Comitán, muy cerca del templo de Santo Domingo. El otro día jugué con las palabras y dije que Gustavo había nacido en el barrio de Santo Roque y yo en el barrio de San Domingo. ¿Qué ley universal hizo que Roque sea san y Domingo sea santo? ¿Qué fuerza tiene la erre de Roque que bota la última sílaba de santo? ¿Cuál es el misterio del lenguaje, del lenguaje que es misterio para todos los creadores?
El otro día releí el libro de cuentos de Gabriel Hernández “Fragmentos del gran zoo y otros cuentos invitados”, donde, en un ejercicio inédito y divertido, escribe un “Antiprólogo obligatorio” y dice de Gustavo: “Gustavo Ruiz Pascacio, insigne ensayista, activo participante de la vida literaria tuxtleca, y amante de la práctica del deporte. Bicampeón en torneos de frontenis en cancha chica. Los tres destacados poetas”. Los otros dos poetas que menciona son: Carlitos Gutiérrez Alfonzo y Luis Guichard Romero. De mí dice: “en cuanto a los narradores, sobresale el comiteco, por ahora escondido (no desaparecido) Alejandro Molinari Torres; tránsfuga cultural actualmente en búsqueda de ‘La gran ventana’”. El libro fue publicado en 2003. En efecto, estaba lejos de mi pueblo.
Hubo un tiempo donde los creadores fueron identificados por grupos. Recordemos Los ocho, donde participó Rosario Castellanos; los de la Espiga Amotinada, con Laco Zepeda, Juan Bañuelos, Óscar Oliva, Jaime Augusto Shelley y Jaime Labastida; los del Crack; los de La Onda. Gabriel, en su libro, nos unió a cinco creadores: Gustavo, Carlitos, Luis, Gabriel y yo, quienes fuimos, entre otros, integrantes del Centro Chiapaneco de Escritores. Pienso ahora que tal vez fue esa institución cultural la que unificó a los creadores de fin de siglo XX, la que nos hizo grupo; pero fue Gabriel quien bautizó a este grupo de cinco creadores, número icónico de la Espiga. Ellos fueron los espigos y nosotros somos los Gabriel. Gabriel nació el 13 de octubre de 1957, en Tapachula; Carlitos nació el 29 de febrero de 1964, en Comalapa; y Luis Arturo nació en 1973, en Tuxtla Gutiérrez. Sí, el pichito del grupo nombrado es Luis Arturo, un pichito talentosísimo. Muy pronto, Gabriel cumplirá los sesenta y nueve que ya cumplí.
Gustavo cumplió sus sesenta y tres en este 2026, centenario del nacimiento de su paisano Jaime Sabines; yo cumplí sesenta y ocho en el 2025, centenario de mi paisana Rosario Castellanos.
¿Qué hacemos ahora los integrantes del Grupo Gabriel? Luis Arturo trabaja en la Universidad de Salamanca, España; Carlitos está en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, misma institución donde labora Gabriel. El cumpleañero Gustavo labora en la Universidad Autónoma de Ciencias y Artes de Chiapas y yo trabajé en la Universidad Mariano N. Ruiz y ahora dirijo la revista impresa Arenilla, desde hace ocho años.
Todo seguimos creando, todos seguimos acá, recibiendo la luz que nos envía Gustavo y nosotros siendo espejo para que la nuestra también ilumine su camino. Los Gabriel deberíamos reunirnos cualquier día del siglo (que es título del primer libro de poesía de Gustavo). Sugiero que la reunión sea en Comitán, acá los recibiré con gusto. Tal vez se pueda aprovechar un día que Luis Arturo se descuelgue de España a México. Ese día Gustavo pasará a San Cristóbal por Gabriel y por Carlitos y llegarán a Comitán, para que la historia consigne que los integrantes del Grupo Gabriel pisaron esta tierra y bebieron su aire. Somos el Grupo Gabriel, a mucha honra. Muchas anécdotas nos unen, varios viajes, lecturas, sugerencias, talleres. Somos el Grupo Gabriel, por obra y gracia de su mano.
Posdata: Los Gabriel somos moradores de los llamados quinto y sexto piso. Somos del gran zoo, del selecto zoo. Seguimos creando, sabemos que la vida es fugaz, apenas brizna de luz. Somos un grupo que nació gracias a la visión de Andrés Fábregas y Jesús Morales. Por desgracia, el proyecto no continuó, fue un proyecto que unió a la creación, que le dio camino. Cada uno de los becarios del Centro Chiapaneco de Escritores siguió su camino. Yo, dice Gabriel, fui “tras la gran ventana”, aún la sigo buscando, tal vez nunca la encuentre, pero tal vez desde el piso 69 algo encuentre (y no vayás a llevar este número al terreno de lo cochino erótico. Uy, qué fiero).
¡Tzatz Comitán!
sábado, 4 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON EXCESOS
Querida Mariana: el mundo sosegado advierte que nada debe hacerse con excesos, que todo exceso es malo. Ah, qué mentes tan disciplinadas, pero tan alejadas de la realidad. Todo mundo advierte que el exceso es malo, las empresas cerveceras recomiendan “Nada con exceso, todo con medida”. Terreno para que el mexicano bromee con una regla midiendo el vaso de cerveza. En realidad, todas las empresas andan por el mundo con su cara de santas, pero en el fondo (en el Fondo Monetario Internacional) lo que más promueven es el exceso, porque la profusión de anuncios va dirigido al consumo desmedido, porque cada cerveza de más significa dinero para sus bolsillos.
¿Y qué sucede con el arte? Parece que también es producto del exceso, las más excelsas obras pictóricas, literarias, cinematográficas fueron dictadas en el terreno del exceso, porque no se puede hacer una gran obra en la burbuja de la moderación.
¿Has pensado que el universo, como tal, también es obra del exceso? El universo es inconmensurable, inalcanzable. Ahora el mundo se sorprende porque un grupo de astronautas norteamericanos fueron a darse una vueltita por la luna. Por el amor de Dios, la luna está a la vuelta de la esquina. El universo, casi puede decirse, que es infinito. Las medidas del universo son excesivas. A veces leemos que tal galaxia está a millones de años luz. Pucha. El tiempo con que se mide el universo es un exceso.
Todo en la vida es un exceso, incluso lo más pequeño. ¿Cuántas células en nuestro cuerpo? ¿Cuántas hormigas en un sencillo hormiguero? Basta ver el trenecito de hormigas llevando sus hojas verdes para darse cuenta que todo es vasto. La vastedad es prima hermana del exceso. Basta pararse frente al mar para entender el concepto.
Nada en la vida es moderado. Los amigos que se reúnen a disfrutar una copa se ríen en exceso. Hay personas que sostienen que es malo reírse mucho. ¿Mirás? Hasta en la risa existe la recomendación de no excederse y esto es como si alguien pusiera diques a la vida.
“Nada con exceso, todo con medida”. Decile esto al niño que no quiere dejar el videojuego, al que no quiere entrar a casa porque juega fútbol soccer con su plebe; decile esto a la chica que no quiere abandonar la plática con el novio. ¿Cuántos besos son los justos para que no se entienda como un exceso en la pareja?
El tío Eugenio decía que el exceso es la medida exacta del deseo. ¿Exceso? ¡Los voladores de Papantla que se descuelgan al vacío sólo detenidos de una cuerda atada a los pies! ¡La tía Petra que se despierta todas las mañanas, a las cuatro de la madrugada, para regar las plantas del patio! ¿Exceso? La mesa del tío Armando, llena de platitos con tostadas, chorizos, longanizas, chicharrón de hebra, salpicón, chile güero y decenas de cervezas de bote, bien helodias.
En el Polo Norte hay exceso de hielo; en la selva exceso de verdes alborotados; en el trópico exceso de biquinis. El exceso está presente en todas las lianas de la vida. La sentencia responsable dice: “nada con exceso, todo con medida”. La regla de tío Cheno habría servido para los apasionados, porque él construyó con madera una regla de un metro de dos metros. Ahora que mencioné la palabra metro recordé que un ejemplo de exceso es el Metro de la Ciudad de México a las horas pico en una estación de trasbordo, hacé de cuenta la estación Pino Suárez.
Los médicos y el sentido común dictan que el exceso en los alimentos es causa de muerte. La gordura es muestra palpable de un exceso en la ingesta. Pero, en este país pocos son los que comen porciones modestas, nos encantan los platos “copeteados”, llenos de grasa. Mi mamá fue ejemplo de mesura, ella siempre fue una mujer alejada de excesos, comía de todo, pero en porciones moderadas, nunca fue lo que se dice una “atacada”, ella siempre se comportó como lo que fue: la princesa huixtleca de Comitán. Ella nunca se excedió en nada. Bueno, tal vez en las oraciones se pasó tantito, porque rezaba todas las tardes, pero el exceso, tal vez, estaba en que pedía por la bendición de todo el mundo. ¿También por aquéllos? También.
¿Qué hacer ante la palabra próvida que recomienda mesura? Medio mundo es chucho para comer, para beber y para todo lo que termina en la sílaba er. Parece que el exceso fuera la medida.
Posdata: ¿y por qué toda esta monserga? Porque ayer descubrí que el universo existe, no por el exceso, sino por lo próvido. Salí al patio en la noche (casi no lo hago, salí porque activé la bomba para subir agua), vi el cielo y descubrí, tal vez por primera vez que allá arriba las estrellas tienen un orden donde no se arraciman como uvas, hay mucho espacio entre cada una de ellas, lo que permite jugar a descubrirlas y nombrarlas. Me quedé un ratito viendo el cielo, pensé que el exceso haría que el cielo perdiera su encanto.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 3 de abril de 2026
IMAGINÁ QUE TE LLAMÁS VIERNES
Si imaginás que sos viernes, podrás ser personaje de novela. ¿Recordás a Viernes, en la novela “Robinson Crusoe”? Pero también podés ser día de la semana. Algo tiene el viernes que seduce al mundo. ¿El lunes? No, no, todo mundo lo odia, por eso se dice que el “Lunes ni las gallinas ponen”; me cuentan que el viernes, sobre todo en las noches, en los antros, hay muchas gallinitas ponedoras.
¿Recordás la película “Fiebre de sábado en la noche”? En esa cinta se privilegia el sábado como el día para el reventón. Todavía recuerdo el ritual de Travolta antes de salir de su casa. El Travolta caminaba por la calle como si bailara, era todo un galán.
En Chiapas, los empleados públicos ya gozan de los viernes por las tardes. El gobernador decretó que sólo trabajaran en la mañana de los viernes, para que tuvieran oportunidad de convivir con su familia o con los amigos.
¿Imaginás que la luna se llamara Viernes? Los enamorados le bajarían el viernes a sus amadas. Sería permitido hacerlo cualquier día de la semana, menos el viernes, porque si más de un millón de amados bajaran a viernes a la misma hora el cielo perdería ese satélite.
¿Imaginás que la iglesia católica decretara que el día de guardar sería el viernes? Todo mundo iría a misa de doce el viernes. ¿Por qué digo esto? Porque el día más importante de la semana santa es el Viernes Santo. ¡No, mentira! Es el domingo de resurrección.
La película más fregona es “Gracias a Dios es viernes”. Esta frase la siguen repitiendo miles y miles de oficinistas, quienes ya no ven la hora que sea viernes para ir al botanero, para disfrutar una “Kawasaki” bien fría, con carraquita, chorizos, longanizas, chile güero y demás bendiciones para el paladar.
Imaginá que te llamás viernes y que sos invocado por millones de personas que desean que llegués, como el campesino desea a la lluvia, como la Torre Eiffel desea la altura y las nubes. Si te llamás viernes serás el más deseado. Jodidos los que son lunes.
Si sos viernes serás como una cobija, como una rosa sin espinas. Oh, viernes, día consagrado al descanso, a la convivencia, a la melancolía por los buenos tiempos, por los tiempos donde había reuniones con los amigos y amigas, reuniones donde todos se sentaban alrededor de una fogata y comían bombones asados.
Oh, viernes, día consagrado al amor. He dicho que debemos hacer una encuesta para ver qué día es el más concurrido en los moteles. Yo apuesto por el viernes, por el día donde las fatigas de toda la semana las colocamos en un regazo de alarido.
Si el mar se llamara viernes, todas las olas del mundo vendrían a refrescar las playas de los sábados, les quitarían la cara de aburrición a los domingos.
Imaginá que sos viernes, que sos uno de los siete días de la semana. Hablamos de un privilegio, porque siempre serás mencionado en los calendarios. Tu día será marcado con un lápiz rojo. Preguntale a los niños y niñas cuál es el día que más les gusta: ¡el viernes!, responderán, porque el viernes abandonarán la cárcel del salón, al llegar a casa botarán la mochila y jugarán videojuegos o saldrán con la palomilla a jugar básquetbol en la cancha de la colonia o echarán un cascarita de fútbol en la calle.
Imaginá que sos viernes, que sos una sentencia no juzgada, que lo prohibido asomará su carita por la ventana. Todos tus sentidos se activarán para crear mil sueños en el mundo.
Si una flor se llamara viernes, todo mundo la deshojaría con la oración de siempre: “me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere”.
Imaginá que sos viernes, que sos viernes ingenuo, dúctil, que sos el beso, no de Judas, sino de la Magdalena.
jueves, 2 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON LIBROS
Querida Mariana: Kira Galván es poeta y narradora. Estuvo en Comitán, hace años. Dora Patricia Espinosa platicó con ella y la charla se publicó en la Gaceta “Kujchil”, de la dirección de cultura, en la administración del licenciado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez.
La querida amiga Marvey Altuzar, también poeta y narradora, está en Comitán y llamó para decirnos que nos había traído dos libros de poesía de Kira.
Kira ha sido muy reconocida en los últimos tiempos, por todos lados le realizan homenajes, que responden a su bien ganado prestigio literario.
Kira estuvo en Comitán, hace años. Hasta donde recuerdo vino a un encuentro literario organizado por Socorro Trejo, su esposo Fernando y su hijo Fernando Trejo.
Recuerdo haberla saludado en el espacio donde ahora está el Restaurante Botanero Tío Javi, que es una hermosa casa tradicional comiteca.
Tal vez porque Marvey es muy amiga de ella me aparecen muchas publicaciones del muro de Kira. Así me enteré que vendió su casa en Cuernavaca (tuvo casa en Cuernavaca, igual que nuestra Rosario Castellanos), asimismo me enteré que falleció su esposo y desde acá lamentamos esa muerte ingrata, casi boba. Uno de los libros que Marvey trajo habla precisamente de ese proceso. El libro se llama: “La vorágine, lo visceral, el vértice filoso y lo vacante fatuo”. En la contraportada viene un textillo de Ethel Krauze, otra gran escritora mexicana. Me enamoré de Ethel cuando leí, hace muchos años, su libro “Cómo acercarse a la poesía”, que es un texto muy difícil de conseguir en la actualidad. Y, como me sucedió con Kira, también tuve el gusto de saludarla en un encuentro literario en Zacatecas, cuando le entregaron el Premio Internacional de poesía al gran Óscar Oliva. Mario Nandayapa y yo viajamos desde Chiapas, en 2013, para acompañar al maestro en ese reconocimiento. En una de las actividades, el comité organizador nos invitó a Jerez, pueblo mágico, tierra del poeta Ramón López Velarde, estuvimos en su casa museo y luego en una plaza simpática donde hay un busto del poeta, ahí saludé a Ethel, sólo le extendí la mano y ella correspondió. Traigo a colación a Ethel por el texto que aparece en la contraportada del libro de Kira. Ethel no se va por las ramas, mirá como comienza: “Me he quedado temblando. El poema me ha dado un mazazo en la cabeza, cuyos fragmentos me dejan en la antesala del llanto…”
Sí, cuando leí el poemario de Kira sentí lo mismo. Lo que ahí narra es un mazazo que remueve todo el ser. Kira ha buscado palabras en el basurero del mundo, las ha limpiado y nos las entrega como renuevos. En la poesía mexicana un tema recurrente es la muerte. No todo mundo logra trasmitir el dolor de la pérdida. Ahora que celebramos por lo alto el centenario del nacimiento de nuestro poeta Jaime Sabines recordamos el poema “La muerte del Mayor Sabines”, donde hace un registro pormenorizado de la dolencia física de su padre; hace varios días, la poeta Mirtha Luz Pérez Robledo también nos regaló un poemario: “Lázara”, donde revive a su hija, fallecida en un acto violento. A Kira se le fue el esposo en cuarenta y ocho horas. Así fue, así lo dice en este poemario. “Sí, adiviné que tenías algo en el hígado porque esa mañana te veías amarillo, pero no estaba asustada. Reposo, alguna medicina, me convencí”. Eso pasó el día que lo internó. En la noche le avisaron que los riñones de su esposo habían dejado de trabajar. “¿Cómo? ¿Acaso no era el hígado lo que estaba mal?” En el poemario Kira lamenta no haber llevado a su esposo al hospital de avenida Universidad y Churubusco: “el gastroenterólogo atendía ahí, por eso te llevé a ese hospitalito de mierda”. Todo es una revisión a toro pasado. Lo cierto es que Kira, al día siguiente de internar a su esposo, recibió la noticia de que él había fallecido.
Su pesar, su dolor, nos los entrega desollados, como res en canal. Tiene razón Ethel, el poema es como un mazazo en la cabeza, los fragmentos la dejaron en la antesala del llanto. Kira, orfebre de la palabra, ha hecho un poema con lágrimas, ha traído de nuevo a la vida a su amado esposo. Y ahí estamos sus lectores, Ethel en CDMX y nosotros en Comitán, parados en la antesala del llanto.
Posdata: Marvey pensó en nosotros. Fuimos a su casa, nos sentamos en el recibidor donde corre el aire libre, cotorreamos el punto (el punto y seguido y el punto y aparte) y ella nos entregó los dos libros de Kira. El que habla de su esposo lo presentó Kira en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería 2026, en febrero. Vi fotos, en una de ellas está Marvey. La compañía es la flor del misterio, con ésta puede hacerse un té, una infusión que sirva como bálsamo al espíritu.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 1 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON DOMINGOS
Querida Mariana: vos, que sos apasionada del cine, ya escuchaste esta pregunta: “¿Qué vas a hacer el resto de los domingos de tu vida?”
La pregunta aparece en el cartel de la película española “Los domingos”, cinta de 2025, que ha obtenido varios premios de la crítica.
No me referiré a la película (ni la he visto), porque eso es tema para expertos, como vos. Diré, querida mía, que la pregunta me cimbró: ¿qué hacer el resto de los domingos de la vida? Vos, ¿qué hacés los domingos?
Recordé lo que hacía los domingos de mi infancia. Ahora pienso que mis domingos han estado relacionados con el cine. ¡Sí, desde siempre!
En mi infancia iba a misa temprano, con mis papás; buscaba al señor que repartía la programación de los Cines Comitán y Montebello; regresábamos a casa (a media cuadra del parque central), desayunábamos los tamales de azafrán (¡riquísimos!), que habíamos comprado una noche antes con tío Jul; recibía mi “domingo”; es decir, la paga que me destinaban y corría hacia la matiné del Cine Comitán. Ah, qué delicia, por una mínima cantidad disfrutaba tres películas (Tarzán; Santo, el enmascarado de plata; o alguna estilo “Allá en el rancho grande”, con balaceras, cantinas, paisajes desérticos y polvaredas). A las dos de la tarde salíamos de la sala todos “lampareados”, nuestros ojos, acostumbrados a la penumbra, eran golpeados por los rayos del sol. Caminaba a mi casa, comía (me encantaban los baldados de cueza con queso, acompañados con frijol de olla y tortillas recién salidas del comal) y regresaba al cine, ahora al “Montebello”, donde exhibían las películas extranjeras, con subtítulos en español. Antes del Intermedio iba a la dulcería para comprar dos tortas con un vaso de refresco, o una bolsa de cacahuates japoneses con un vaso de refresco, o una orden de tacos dorados (también riquísimos) con un vaso de refresco, regresaba a mi asiento y cuando la luz se prendía y todo mundo se arremolinaba en la dulcería, ya tenía lo que consumiría en cuanto iniciara la segunda película. Esos eran mis domingos de infancia; en la adolescencia seguí con la costumbre, sólo que ya iba con los amigos de la palomilla (en prepa, comíamos en el Restaurante Lupita, que estaba al lado del Cine Montebello, pedíamos milanesas, acompañadas con frijolitos refritos, rebanadas de jitomate y picles, que los bajábamos con cerveza o, a veces, con unas cubas. Por esto, Saborío luego dio la orden de prohibirnos la entrada, porque ya bolitos hacíamos bulla, como entrar de trenecito haciendo el sonido característico).
En la Ciudad de México, en los años setenta, se modificó la rutina dominguera, con los compas del departamento íbamos a comprar carnitas y veíamos los partidos de fútbol en la televisión (en ocasiones fuimos al Estadio Azteca o al de los Pumas a ver los partidos en vivo, gran experiencia). Rodolfo se quejaba que todo el día veíamos fútbol en la tele, incluso en la noche: el mejor partido de la semana.
Al volver a Comitán retomé la costumbre: los domingos iba al cine o a beber trago. Un buen día dejé de beber trago, pero jamás la asistencia religiosa a las salas. Antes de pandemia, los domingos íbamos con mi Paty a alguna sala de Cinépolis. Cedía a los gustos de ella y entraba a ver unos bodrios Hollywoodenses de antología. Llegó la pandemia y ello obligó a quedarnos en casa. Desde entonces no hemos vuelto al cine. Ahora, a través de Streaming, veo cine casi todas las tardes, incluidas las del domingo.
¿Qué vas a hacer el resto de los domingos de tu vida? Entiendo que los seres humanos formamos dos grandes bloques: los que disfrutan su casa en domingo y los que salen de sus casas. Ahora soy del primer grupo: me encanta quedarme en casa, leo, dibujo, pinto, escribo, veo películas (estoy suscrito a la plataforma MUBI donde encuentro una oferta atractiva de cintas inteligentes, de varias partes del mundo).
Los del otro grupo tienen el mundo a su disposición: van a encuentros deportivos, a templos, a plazas, a cafés, hacen fila para entrar a museos o a estadios o a salas de cine; van a sus ranchos (acá es costumbre ir a Uninajab) o se echan una resbaladita a San Cristóbal para caminar en Los andadores, repletos de gente.
Posdata: la pregunta no es irrelevante, al contrario, demuestra nuestros gustos, nos define en nuestra personalidad. Claro, hay mucha gente que no tiene opción, que sigue en la rutina del trabajo. Mencioné a Saborío, que era el proyeccionista en los cines de Comitán, él debía presentarse en la sala, incluso los domingos. Te platiqué que cuando estaba de novio con Nelly, Saborío bajaba a platicar un rato con ella y luego se trepaba a la cabina de proyección, para cumplir con su chamba. Corrijo entonces, los seres humanos elegimos los domingos entre quedarnos en casa, salir al campo o ir al trabajo. ¿Quiénes son los más afortunados? Pienso en el trabajo de Saborío y pienso en el proyeccionista de la película “Cinema Paradiso” y me doy cuenta que él iba al cine todos los días, aparte de su trabajo era su pasión.
¡Tzatz Comitán!
martes, 31 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON EL NÚMERO MÁS RECIENTE DE ARENILLA IMPRESA
Querida Mariana: ya distribuimos el número 51 de nuestra revista ARENILLA. Como siempre, ¡estamos satisfechos! En cada número llevamos a nuestros lectores un cachito de la grandeza de nuestro pueblo y de la región.
En portada tenemos al chef Walter Aguilar Rovelo, joven talentoso, mero comiteco. En 2025 obtuvo una de las becas que promueve el maestro Ricardo Muñoz Zurita, uno de los más relevantes chefs del país. Fruto de la investigación que realizó, el chef Walter presentó el libro: “Comitán y su herencia panadera: sistematización y preservación”, donde honra el trabajo de su abuela, la famosa Doña Cuca, del barrio de La Cruz Grande. No te cuento más acerca de esta maravillosa historia, mejor conseguí tu ejemplar y leé completo el reportaje.
En este número celebramos el cumpleaños número cien de personajes relevantes de Chiapas: Armando Alfonzo Alfonzo, comiteco que amó esta tierra y, con sus libros, dibujos y pinturas, preservó nuestra identidad en forma inteligente y simpática; Límbano Vidal Mazariegos, quien llegó a Comitán, proveniente de Socoltenango, y acá formó la gran marimba internacional Águilas de Chiapas; y Jaime Sabines, el gran poeta que, Iván Ibáñez ha definido como el Rockstar de la poesía mexicana, porque sus poemas son de los más leídos en el país.
Leé la crónica del maestro Benito Vera, cronista municipal de La Trinitaria. En esta ocasión cuenta la historia de dos personajes: Arturo y tía Nati, donde se demuestra que “nadie escapa de su propio destino”.
En el Anaquel de Paty Cajcam hallarás una recomendación literaria. Dora Patricia Espinosa sugiere que todo mundo lea la novela “Raíz que no desaparece”, de la gran escritora mexicana Alma Delia Murillo. Ya tuve oportunidad de leer la novela de la Murillo y, en efecto, es una gran novela, que trata un tema difícil, que deseáramos no existiera, pero la vida es la vida.
En las páginas de este número nos enteramos de los avances de los ayuntamientos de La Trinitaria y de La Independencia, municipio éste último donde el artista plástico Antún Kojtom pinta un mural en el edificio municipal.
Enterate: el gran escritor mexicano, reconocido en muchos países, platicó con nosotros. En la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, caminamos con él del hotel “Sombra del agua” hasta el edificio que hoy es el Museo de la Ciudad. Ahí nos contó que conoció a Rosario Castellanos, cuando él era adolescente. ¿Qué nos dijo de ella? Ya dije, querida mía, conseguí tu ejemplar y caminá con nosotros al lado del enormísimo Juan Villoro.
También te contamos que nuestra revista se puede conseguir en Casa Chiapas, un pedacito de Chiapas en la Ciudad de México. Te enterarás cómo desde Casa Chiapas se vive la cultura chiapaneca en la gran CDMX.
Te he contado que en los años setenta llegaron el padre Mejía y el padre Joel al templo de Santo Domingo. En este número platicamos del emotivo acto donde el padre Joel cumplió los sesenta años de su vida sacerdotal y se recordó las maravillosas Misas de la Juventud que se celebraban los domingos en el templo de El Calvario. ¡Gran época!
Gracias a la generosidad del químico Enrique Solís Cancino verás una fotografía, lograda con óptica Plan Apocromática, donde apreciarás tres células del organismo humano. Gracias a la tecnología podemos observar la maravilla de nuestro cuerpo.
Muy chentos, compartimos un testimonio del viaje que realizamos a la ciudad de Guadalajara, para estar presentes en la Feria Internacional del Libro, donde presentamos un ejemplar de nuestra revista y fuimos embajadores de Comitán, lo hicimos con gran dignidad y con un enorme gusto. Hablamos de las maravillas de nuestra región con grandes personajes que acudieron a la gran fiesta del libro.
Hablamos del libro “Cronología de Chimusinique”, de William Florencio Ramírez Recinos, autor guatemalteco, que se presentó en Huehuetenango; asimismo publicamos un breve texto de Octavio Galindo Albores, quien comparte sus recuerdos de las tradiciones comitecas.
Posdata: y para los chiquitíos el cuentito infantil que publicamos es uno escrito por Rosario Castellanos, nuestra pichita amada, quien lo escribió especialmente para su hijo Gabriel, pero que ahora está dedicado a toda la niñez del mundo. ¡Hacemos patria! Lo hacemos con el apoyo de nuestros amigos patrocinadores, quienes le apuestan a Comitán. ¡Que la cultura nos una, nos haga un pueblo con la grandeza que se merece! Salud.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 30 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON EL MERO MODO COMITECO
Querida Mariana: los viejos reconocemos que nuestro dialecto comiteco es único, es un elemento fundamental de nuestra identidad. En la medida que lo olvidan los chicos y chicas de estos tiempos perdemos nuestra forma de ser, lo que nos da personalidad.
Una mañana que saludé a Olivia Bonifaz, en una de las calles de Dios, le dije que apreciaba lo que hace por dar a conocer las investigaciones de su papá Óscar. Los dos grandes aportes del maestro son la preservación de dos elementos de identidad de nuestro pueblo: nuestras palabras y la anécdota.
Olivia va a escuelas y comparte con los estudiantes palabras que su papá se encargó de preservar en un libro. Lo que hizo Bonifaz fue poner en un frasquito esas mariposas y Olivia, cada vez que difunde la obra de su papá, abre el pomo y las echa a volar. Es tarea de nuestra sociedad seguir abonando ese terreno lingüístico, porque nos hace únicos. Si un día Comitán perdiera esas piedritas dejaríamos de ser nosotros, nuestro rostro se igualaría a los demás rostros del mundo.
Rosario Castellanos, nuestra amada pichita, siempre se asumió comiteca y esta identidad la respaldó con sus palabras. Según los expertos, Rosario tuvo también dos líneas fundamentales en su creación: el mundo indígena chiapaneco y el tema de los derechos de la mujer. A esto, los comitecos debemos agregar, su compromiso con el lenguaje de esta tierra.
Rosario es, hasta hoy, la comiteca que más ha aportado al conocimiento de nuestra tierra en el mundo. Lo hemos dicho, más que otras presencias destacadas nacidas en Comitán, Rosario puso en el cielo las nueve estrellas para que todo mundo las admire. Ningún otro personaje puso en boca de miles de personas el nombre de Comitán, a través de “Balún Canán”. Nuestro pueblo es conocido en muchas partes del mundo gracias a su talento narrativo. A veces es bueno hacer un ejercicio de comparación. Perdón. ¿Quién conoce a Belisario Domínguez en Japón? Sólo en esferas oficiales, tal vez; en cambio Rosario Castellanos es mencionada por cientos de lectores japoneses, gracias a la traducción de su novela “Balún Canán”. Ya que mencioné a Olivia, ella tiene en la biblioteca de su casa un ejemplar de la novela de Rosario traducida al japonés. Digo esto, porque el otro día leí una carta poco conocida que Rosario le envió a su papá, Don César Castellanos. Ella le escribió desde su casa en la Ciudad de México, Don César andaba en Comitán, tal vez revisando lo de sus haciendas. En la carta, Rosario le pide a Lolita Albores, nuestra amada cronista, que vea si es conveniente que la carta llegue a manos de su papá, porque ahí, Rosario le cuenta al papá la condición de salud de su mamá, le dice que la mancha que había aparecido en una radiografía anterior se ha hecho más grande, que el cáncer de pulmón que padece la mamá es irreversible. Y Rosario dice que sabe que la noticia puede ser dañina a la salud del papá, porque éste padece del corazón, pero se atreve a darla porque no considera honesto que Don César ignore el estado de salud de Doña Adriana.
La carta está llena de estas intimidades, unidas a las cosas cotidianas, las pedestres. Llamó mi atención que Rosario le cuenta a su papá lo siguiente: “La calle sigue en un ser. No han hecho nada y como ya te contaba en cartas anteriores es un polvo muy molesto”. La carta está fechada el 10 de diciembre de 1947. Nos enteramos que la calle de la casa está sin arreglo, lo que hace que sea una polvareda de Dios padre. Pero, ¿ya viste cómo lo dijo Rosario? Dijo: “la calle sigue en un ser”, nadie que no fuera de esta tierra hubiese utilizado dicha frase. Los comitecos de entonces la usaban con asiduidad y todo mundo lo reconocía. Por ejemplo, si alguien estaba enfermo y no manifestaba mejoría se decía de él: “está en un ser”. La palabra ser se emplea como sinónimo de inerte, de que nada ha cambiado. “En su ser”; es decir, sin cambio alguno. Acá Rosario lo utilizó para decir que las autoridades nada le habían hecho a la calle y seguía sin arreglo, lo que causaba una gran polvareda. Vemos que la palabra se emplea para objetos y para personas.
Según el diccionario, “ser” es cualquier criatura viviente, por eso hablamos de los seres humanos; y también se aplica al estado de existir, de ser. El gran William Shakespeare dijo pues: “ser o no ser” y es tan famosa la frase que la sabemos en inglés aunque no sepamos inglés: “to be or not to be”. Resulta que en Comitán la usamos para decir que nada ha cambiado, que todo sigue “en su ser”. Rosario la empleó en la carta que dirigió a su papá, sabiendo que ambos hablaban el mismo dialecto.
Posdata: la mamá estaba enferma en diciembre del 47, falleció el uno de enero del 48 y el papá murió, precisamente de un paro cardiaco, veinte días después. Uf. ¿Tremendo impacto para Rosario? Pues sí, pero también ello le permitió hacer su vida en forma independiente, le permitió ser.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 29 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON PRESENTACIÓN DE LIBRO
Querida Mariana: el sábado 28 de marzo 2026, Dora Patricia Espinosa y yo fuimos presentadores del libro “Mi deuda con Franco”, en la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez. La directora del recinto, licenciada Margarita Cancino Crocker, dio la bienvenida y luego hice el papel de moderador, cedí el uso de la palabra a Dora Patricia, dio su mensaje; luego leí el textito que escribí para el acto; y el autor, Javier Trujillo López, muy en confianza, platicó acerca del origen del texto. Al final hubo preguntas y comentarios. Así se llevó a cabo un acto histórico más en este pueblo. Te paso copia del textillo que leí:
Tomen el libro de Javier, ábranlo en cualquier lugar, a manera de juego, busquen el inicio de un capítulo y léanlo. Estoy seguro que no quedarán indemnes, algo habrá sucedido. El juego les permitirá lo que todo buen juego propicia: alegría; nostalgia; lágrimas gozosas y llenas del misterio universal. La lectura les dirá algo al oído del corazón. Esto es lo que logra el libro de Javier, toca al lector. Toca al lector porque el autor cubre una deuda pendiente. Todos aquellos que tienen alguna deuda saben que cuando se paga aparece una nube tranquila, una que llueve armonía.
Después del juego, así como sugería el gran escritor Julio Cortázar, con su novela “Rayuela”, lean el libro de Javier siguiendo el orden numérico, de la página cinco a la ciento noventa y seis, donde, sin decirlo aparece la palabra Fin, que es como decir: ¡deuda cubierta!, cubierta con creces, con intereses generosos.
Javier ha escrito un libro amoroso, lleno de vida, de sustancias con las que está hecho el día a día. Pienso que no existe un escritor comiteco que haya abierto el árbol de su intimidad con tal largueza, con tal honestidad. Javier ha hecho un gran homenaje a su padre, acá entrega la flor con que el hijo agradecido habla de un padre difunto. Franco no debió morir tan joven, había regresado a su pueblo: Comitán, acá jugaba el deporte de su preferencia: el básquetbol, había vuelto a reunirse con sus amigos de siempre, estaba al lado de su familia, tenía trabajos que le compensaban con monedas y con emociones. De pronto algo comenzó a cambiar en su organismo y la vida agarró otro rumbo. Su esposa y amigos se preocuparon, el hijo, Javier, lo tomó de la mano y, sin saberlo bien a bien, ese contacto fue el inicio de una historia plena de vida, en medio del sufrimiento. Esta historia es lo que hoy entrega a todos los lectores.
En un país donde el Día de la Madre es glorificado y el Día del Padre es apenas un curita en un dedo torcido, Javier ha escrito una obra dedicada a la figura del padre, donde él demuestra que la presencia del padre es fundamental, porque un cristal está completo cuando la esencia (la madre) se alía con los reflejos (el padre). Cuando un hijo ve que el río del padre se seca, se pregunta cómo regará las orillas del espíritu. ¿Cómo hacerle? En el libro “Mi deuda con Franco”, Javier brinda una respuesta, nos cuenta qué hizo, cómo acompañó a su padre.
Los críticos literarios han dicho que este país, sin gritarlo, es un país donde Pedro Páramo está presente. Todos, de una o de otra manera, llegamos a Comala, porque nos dijeron que ahí vivía un tal Pedro Páramo, el padre ausente. Muchas familias se quedan sin padre, porque éstos huyen, abandonan a sus familias, por mil causas. Javier se quedó sin padre, porque éste enfermó y falleció. Javier rescata al padre que se despidió del mundo sin quererlo. En este libro Javier comprueba el milagro que Jesús hizo con Lázaro. Gracias a su talento narrativo nos regresa a su padre, lo vuelve humano, le rinde el mejor homenaje que hijo alguno pudo hacer.
Ya Dora Patricia habló de creadores que han abordado en la literatura mexicana la imagen del padre. El gran escritor mexicano Juan Villoro escribió el libro: “La figura del mundo”, donde, igual que nuestro autor comiteco, plantea un acercamiento con su padre, también ya fallecido.
Franco trabajó en la Facultad de Ciencias Administrativas de la hoy Benemérita UNACH y su universidad le rinde un homenaje permanente al bautizar con su nombre el auditorio anexo al patio central. Eso fue muy emotivo; hoy, el papá de Javier recibe el mayor homenaje que jamás tuvo: su hijo le dice al mundo que él lo amó, con tal intensidad que su cariño lo ha volcado en un libro. Las palabras le han servido a Javier para entonar un canto de gratitud, lleno de hojas de vida. Acá está el renuevo, la planta que brota con hojas verdes, emocionadas.
Y nosotros, los lectores, agradecemos a Javier su entrega, ha escrito un libro lleno de destellos luminosos. Lo que un día fue sombra ahora es como un paraguas donde la vida se resguarda. El hijo le ha cumplido al padre. La deuda ya no existe, se ha cubierto en forma maravillosa. El lector o lectora que lea “Mi deuda con Franco” sentirá el aire fresco de un viento grácil, reirá, soñará, reflexionará, llorará, sentirá cómo su alma recibe una cubetada de vida, vida que creó el talento narrativo de Javier. Nuestro autor, con su primera novela, se coloca en el sitio más alto de los creadores literarios de Comitán y de Chiapas. Estoy seguro que su libro tendrá una gran recepción, que el libro hallará lectores inteligentes y sensibles que lo recomendarán con medio mundo. Mi deseo es que el libro de Javier llegue a muchas manos y a muchas mentes. Lo merece el autor y lo merece el mundo. Javier ha escrito una bella obra. Aplausos para el autor: Javier Trujillo López.
Posdata: postrecito y café acompañaron a la audiencia que se reunió en un corredor de la casa museo para la convivencia después del acto protocolario. La casa es bella, a pesar de la remodelación que le restó la identidad al patio central. Siempre estoy pendiente de la llegada de los colibríes, vuelan con gran amplitud en el generoso patio.
En la foto aparecemos: la directora, Dora Patricia, Javier y yo.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 28 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON BARRIOS
Querida Mariana: no podemos negar de qué estamos hechos. En Comitán, hasta el más agnóstico, el más ateo, vive o camina por barrios que tienen nombres de santos católicos.
Te cuento, yo crecí (lo sabés) a media cuadra del parque central (mi parque). Todo mundo dice que es el centro, pero, al ladito, apenas a cuadra y media, comienza el barrio de El Calvario.
Llama la atención que siendo Santo Domingo el santo patrono del pueblo no exista un barrio que así se llame.
Digo que viví en el centro, muy cerca de El Calvario; luego me tocó ir a vivir a una casa en el barrio de Guadalupe, que todo mundo reconoce se llama así porque por ahí está el templo dedicado a la virgen de Guadalupe.
Por circunstancias de la vida he vivido, temporalmente, en otras casas, una que rentaban mis suegros y que está en el barrio de San José; también, cuando mandé a hacer una ligera remodelación a la casa donde ahora vivimos mi Paty y yo, el maestro Huguito me prestó una casa que está al lado de las instalaciones de la primaria del Colegio Mariano N. Ruiz, en el barrio de San Sebastián.
Tengo varios amigos que son cristianos y varios que son agnósticos, y sin embargo mencionan los barrios con nombres de vírgenes o santos. Ni los evangélicos ni los ateos creen en la existencia de santos o vírgenes, pero ¿qué le pueden hacer si Comitán tiene herencia española? La cultura española nos injertó, además del precioso lenguaje castellano, la religión católica, religión que profesan millones de personas en este país, cada vez tiene menos adeptos, pero ahí sigue.
Hemos comentado en ocasiones anteriores que el Estado (en su chamba) ha procurado limitar la influencia de la iglesia católica, pero no lo ha logrado, porque, sólo como un ejemplo, el parque Libertad, nadie lo conoce con tal nombre oficial, todo mundo le dice parque de Guadalupe, ya que está al lado del templo dedicado a la virgen. El Estado, también, en estos últimos tiempos ha procurado descolonizar nuestra cultura. ¡Dios mío! ¿Cómo borrás tu pasado? No hemos comprendido (bueno, muchos sí, afortunadamente) que el México de hoy es producto de un mestizaje. Basta decir que la mayoría de mexicanos hablamos el castellano y ninguna de las lenguas originarias. Ya te conté que Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, mencionó que el castellano es el idioma que le dio unidad a América, con razón dijo que cuando estás en Europa más vale quedarte mudo a menos que seás políglota, porque pasás de un país a otro donde hay un idioma diferente, en cambio, en América viajás de México hasta Argentina y entendés perfectamente lo que hablan en otros países, porque hablan español (salvo en Brasil, donde hablan la lengua de Saramago, el portugués).
Debe ser que a mis compas agnósticos no les produce mayor escozor pronunciar esos nombres, pero debe ser una mala jugada de la vida que alguien de ellos tenga que decir que vive en el barrio de Guadalupe, tal vez a la hora de pronunciarlo piensan en otra Guadalupe, la tía Lupe, la de las tortas.
Asimismo, pienso ahora, que las ateas no piensan mucho en que sus nombres están sacados del santoral, que mi amiga Rosa, la gran agnóstica, no sabe que su nombre corresponde al de Santa Rosa de Lima y que cuando bebe su traguito al celebrar su santo, lo está haciendo el día que se celebra a la santa. ¡Qué cosas!, ¿no?
Millones y millones de mexicanos llevan nombres de santos católicos. Cuando los mexicas llegaron a estas tierras le llamaron Comitlán; cuando los españoles llegaron le cambiaron tantito el nombre, ¡faltaba más!, y le llamaron Santa María de Comitán. Hoy, nuestro pueblo se llama Comitán de Domínguez, porque el gobierno quiso eliminar toda rémora de la evangelización y poner en el altar de la patria a los políticos. Decenas de comunidades les cambiaron el nombre. Recuerdo una comunidad a la que iba de niño: San Francisco, que ahora se llama Abelardo L. Rodríguez.
Posdata: los agnósticos nombran a sus hijos con nombres que no se relacionen con el santoral católico. Hace poco estuvo en las noticias el nombre de un funcionario de la Secretaría de Educación, a nivel federal, que se llama Marx. Sin duda que su papá fue amante del socialismo. Tengo un amigo que bautizó a su hijo con el nombre de Lenin. Nombres que vienen de la Rusia comunista.
Ahora vivo en el barrio de Guadalupe. Para ir al barrio de El Calvario camino por el parque de Guadalupe, paso frente al templo de Guadalupe, que, en la temporada de diciembre, se llena de antorcheros que vienen de diferentes lugares del estado de Chiapas. Son legiones de seguidores de la virgen. En un país donde se idolatra a Benito Juárez, quien hizo la Reforma que separó al Estado de la Iglesia, cientos de manifestaciones religiosas se realizan fuera de los templos.
Es imposible que no convivamos con herencias recibidas. Vivimos en una sociedad donde conviven los agnósticos con los creyentes religiosos. ¿Y luego? Debemos ejercer la tolerancia, respetar el pensamiento y la ideología del otro.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 27 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON EL MAESTRO BETO
Querida Mariana: acá está el maestro Alberto Gómez con su familia. El arquitecto José Alberto Gómez Conde, su nieto, me envió esta fotografía maravillosa. El maestro Beto fue mi maestro en tercer grado de primaria, en la Escuela Fray Matías de Córdova. Fue hijo del famoso boticario, Don Conrado Gómez.
El maestro Beto, además, fue amigo de mi papá. Ya te conté que en ocasiones llegaba a casa o mi papá iba a la suya y echaban sus tragos. El maestro fue un gran bohemio, fino ejecutante de piano. Tal vez por esto, mi papá decidió que yo recibiera clases de piano con él. Así que una tarde me envió con un lápiz y un cuaderno pautado, que era el material que el maestro había solicitado. Llegué a su casa, toqué la puerta y me recibió. Entré a la sala donde había un piano vertical, maravilloso. Me senté en el piso ante la mesa de centro y el maestro me puso una plana con símbolos, corcheas, fusas y demás arañas. ¡Ah, me decepcioné! Sobre todo cuando entró Lupita, su hija menor, y con ambas manos levantó la tapa, dejó visibles las teclas blancas y negras y se puso a hacer una serie de ejercicios musicales. ¡Yo quería eso! ¡Tocar el piano! ¿Qué no eso era lo que mi papá me había dicho? Llevarás clases de piano. ¿Por qué entonces, mi maestro me ponía a pintar puntitos y rayitas en un cuaderno? Bastaron dos sesiones para que hiciera mi berrinche y le dijera a mi papá que no quería aprender piano. Mi papá, quien quería que su hijo tocara algún instrumento musical, compró una marimbita, muy bella, y contrató al maestro Cruz, marimbista excelente, para que me enseñara a tocar la marimba. Como ya tenía el instrumento en casa, entonces el maestro llegaba en las tardes a darme clases. Pucha, me sentía como un príncipe en su castillo, esperando a que llegara el tutor a enseñarme. Mi papá usaba una frase que Doña Lolita Albores popularizó: “Puro fracaso ‘tamos mirando”. Así que yo seguí fiel a mi berrinche y dos o tres clases después le dije a mi papá que no me gustaba tocar marimba. Mi papá nada dijo, me quedó viendo y yo interpreté su silencio: “piano no, porque hacías planas de símbolos, y ahora ¿qué? Acá sí estás tocando el instrumento”. Pues sí, pero no, no quiero, no quiero. Y se truncó el deseo de mi papá de que yo fuera como Roberto Martínez, como el maestro Beto o como el maestro Límbano Vidal. A edad temprana me despedí de las grandes salas del mundo, donde, tal vez, mi papá soñaba con verme. ¿Y yo? ¿Yo qué soñaba? La verdad, ¡nada! Nunca me vi en un escenario tocando piano, marimba o campanitas. Nunca soñé con ser seleccionado de México en fútbol, básquetbol o clavados (nunca aprendí a nadar). Mi gusto, lo sabés, era leer, tal vez por eso un día, el director de mi primaria, el maestro Víctor Manuel Aranda León, me honró al nombrarme el lector oficial en algún acto cívico en el parque central del pueblo. El 21 de marzo 2026 acudí al acto donde se recordó el nacimiento de Benito Juárez y un alumno de la escuela que lleva el nombre del héroe leyó una reseña biográfica y lo leyó muy bien, recordé cuando yo, casi a la misma edad representé a mi escuela Matías de Córdova.
En prepa, sólo por el argüende me inscribí en el coro de la rondalla de la escuela y ahí volví a toparme con mi maestro Beto, porque él era el director de la rondalla. No tuve mucha relación con él, pero cuando me saludaba lo hacía con el afecto de siempre. Yo había crecido, mi sentimiento de gratitud y cariño hacia él seguía incólume (como hasta hoy), pero ya guardaba distancia ante los mayores, como muchos adolescentes desorientados me había vuelto un “mamila”.
La fotografía que te comparto me la envió el arquitecto José Alberto, agradezco la gentileza de compartir una fotografía familiar que, entiendo, debe ser de los años sesenta, acá mi maestro está con su esposa, Doña Lucita Abarca, y sus tres hijos, dos niñas y un varón. El varón luego estudió Educación Física y se casó con la maestra Geny Conde. ¿Mirás? El árbol familiar siempre ha estado enredado en vainas educativas. Ahora, el arquitecto José Alberto imparte conferencias, acerca de su especialidad, en varios países del mundo.
Posdata: ¿puedo seguir con la relación del arte? Sólo diré que Marianita, hija del arquitecto José Alberto, es escritora de ensayos y practicante de la acuarela. Ella es rama renovada de la ceiba que fue su bisabuelo, mi querido maestro de tercero de primaria. Honra y gloria por siempre para él.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 26 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA QUE ESTUDIÉ EL QUINTO GRADO DE PRIMARIA EN LA MATÍAS DE CÓRDOVA
Querida Mariana: ahora comparto la foto del quinto grado. Ayer compartí la foto del tercero de primaria. Según Cristóbal Albores, esta fotografía corresponde al año 1967. Cristóbal ya tenía trece años de edad, yo tenía diez años. He contado que en ese tiempo era costumbre que algunos chicos entraran mayores. Yo estaba en la edad correcta, había entrado a estudiar la primaria a la edad de seis años. Muchos tenían mi edad, pero había algunos viejazos, la edad los hacía tener mañas que nosotros no poseíamos, pero que luego aprendíamos. Bien decía la tía Arminda: las cosas buenas no las aprenden, pero las malas parece que las mamaran.
Esta fotografía nos la tomaron ya en el patio del edificio de la “nueva” escuela, donde actualmente está la Escuela Primaria Fray Matías de Córdova, la que, en el año 1968 llegó a inaugurar Gustavo Díaz Ordaz, el presidente de la república.
Cristóbal conserva las dos fotos. Están viejas, me dijo, luego reímos, también nosotros ya estamos viejos. Echale pluma, querida mía, esta foto nos la tomaron hace cincuenta y ocho años. ¡Ja, bestia! Dos o tres de los compas que acá están ya no viven, la mayoría (gracias a Dios) ahí la llevamos y, por fortuna bien, con algunos dolores por acá y otros por allá, pero acá seguimos.
El maestro es Juanito Pérez, a quien queríamos mucho. El maestro Juanito es el papá de la poeta Mirtha Luz Pérez Robledo, entiendo que llegaron a Comitán provenientes de Comalapa.
Le pregunté a Cristóbal en dónde vivía y me dijo que vivía a la vuelta de la escuela, de la casa que estaba en Jesusito, así que cuando estrenamos edificio tuvo que caminar más cuadras. A mí me sucedió lo contrario, porque el nuevo edificio estaba a cuadra y media de mi casa.
El papá de Cristóbal era dueño del rancho “Solferín”, me contó que se encargaba de criar muletos que vendía en la zona de Tzimol. El rancho lo vendió a Don Arnulfo Cordero Mora. Cristóbal fue hijo único de mamá, tuvo otros hermanos, pero éstos tuvieron otras mamás.
¿Y en dónde estás en las fotos?, le pregunté. Se puso los lentes, señaló al racimo de la derecha y dijo que por ahí. No se identificó bien. Dora Patricia y yo confirmamos que sí, que tenía horma del chico que está en la última fila, el tercero de derecha a izquierda. En esta fotografía los chicos de las dos últimas filas treparon sobre algunas bancas. Los chicos de las tres últimas filas estamos de pie, los de la segunda fila, hincados, y los de la primera fila sentados.
Digo que he hecho un ejercicio de identificación. Labor imposible. Mi memoria no identifica a todos, ni a la mitad, ni un mínimo porcentaje. Claro, hay algunos que sí identifico, aunque sea de cara, aunque ya no de nombre.
Me impuse la tarea de identificar, cuando menos, a uno de cada fila, parece que lo logré. En la primera fila, antes del compa que sostiene el letrero del grupo está Beto Becerril. Siguiendo la fila está en penúltimo lugar Jorge Domínguez (“el casquitos”) y en último lugar Amín Guillén Flores.
En la segunda fila, el chico sonriente que tiene suéter es Víctor Domínguez, nada menos que hijo de Belisario Domínguez, no el héroe sino alguien a quien le decían “Güito”; tres lugares después está Lalo Flores (que le decíamos Lalo “el hermoso”, porque era bonitío), y al final está el fallecido Marco Antonio Constantino Kanter (hermano del Quirino, quien fue presidente municipal de Comitán y ahora tiene un puesto relevante en gobierno del estado).
En la tercera fila detecté, en el tercer lugar, de izquierda a derecha, a Fernando Avendaño y más adelante estoy yo. ¿Sí me identificás?
En la cuarta fila, en primer lugar está Pepe Poo Ramírez y en tercer lugar un compañero que tenía un gran lunar que le circundaba todo el ojo izquierdo, de apellido Villegas. ¿Quién más? En sexto lugar mi primo Gil González Córdova.
¿Quién en la última fila? Dios mío, me cuesta mucho identificar a alguien. Cristóbal me salvó, porque parece que es el octavo chico.
Posdata: este recuerdo me hizo caer en un pecado que me consume, porque no soy dado a decir apodos, pero que confirma algo que le sucede a medio mundo cuando ve una foto de generación. Es difícil recordar las caras y luego los nombres, pero, de pronto, un destello aparece: el apodo. ¿Qué querés? Vivimos en Comitán, pueblo donde los apodos sí hacen honor al nombre, porque son sobrenombres; es decir, están por encima del nombre.
¡Tzatz Comitán!
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