lunes, 20 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, CON COMITÁN

Querida Mariana: ¿quién recuerda un poema dedicado a Comitán? Sólo los lectores y los lectores son una pequeña cofradía. En cambio, la música arrostra multitudes. Así que el “poema” más mencionado, más recordado, más cantado, es “Comitán de Las Flores”, canción cuyo autor es Roberto Cordero Citalán, quien alcanzó la gloria en el momento que el auditorio del Centro Cultural Rosario Castellanos fue bautizado con su nombre. Acá no valió el derecho de origen, porque el nombre de Roberto se encaramó por encima de dos destacados músicos comitecos: la soprano Isabel Soria y el autor Esteban Alfonzo (Esteban tiene un busto en el patio central de la Biblioteca Pública Regional Rosario Castellanos, Isabel no alcanzó ni eso, en el pueblo su nombre no existe. El arquitecto Pepe Trujillo y el escritor Omar Ruiz, en su momento, propusieron que se le rindiera homenaje a dicha cantante, pero hasta la fecha su nombre sigue sin pena ni gloria, la gloria que le corresponde por derecho). Pero, el tapachulteco Roberto Cordero se ganó el derecho de que su nombre persista en el pueblo, porque todo mundo reconoce en su canción algo cercano a nuestra identidad, a tal grado que, se dice, es el himno de Comitán. Todo mundo reconoce la canción, la tararea, la canta: “Comitán, Comitán de Las Flores, donde están mis amores, donde quieren de verdad (...) siempre tendré presente este recuerdo, la esperanza divina de mi vida, este inmenso deseo que conservo, de volver a la tierra que me inspira…” ¡Pucha! Cada vez que se escucha dicha canción ¡va pitutazo de comiteco, va ojos húmedos! Ahora, en abril de 2026, apareció una canción más, dedicada a nuestro pueblo. La semana pasada recibí muchos mensajes en el WhatsApp donde me compartían una canción que habla del pueblo, por supuesto, en forma elogiosa. ¡No puede hablarse de Comitán en otra forma! Su belleza y su riqueza cultural sólo admiten flores, frescas, coloridas. También en redes sociales compartieron una canción dedicada a Comitán, que no fue muy bien recibida. Un grupo musical del Norte del país rimó “playa” con “Guatemala” y convirtió a una pichita comiteca en una “morra moviendo el culito”. Bastó escuchar la palabra morra para decir que eso no iba con nuestra identidad. Ahora bien, se entiende el intento, porque Comitán, como lo dijo Roberto Cordero Citalán, “inspira”. Por eso, la canción que reenviaron la semana pasada se agrega al archivo de canciones dedicadas al pueblo. En los años setenta se escuchó con profusión, en la radio, una canción de Ernesto Monzón: “Así es Comitán, rayito de sol, como en San Sebastián o en Yalchivol…” Con una melodía pegajosa y letra sencilla, casi simple, muchos la cantaban. En 2012, organizaron el Primer Concurso de Autores y Compositores “Roberto Cordero Citalán”, donde el talentoso Carlos Gordillo Alfonzo, autor de música y letra, obtuvo el segundo lugar con la canción “Entre Tejas”, que es un bello homenaje a nuestra ciudad. En algunos versos dice: “Entre tejas vive mi pueblo, brotan suspiros y sueña mi gente. Y un rayito de luna blanca, se cuela entre tejas y acaricia el alma…” Es, lo mirás, una letra más plena, más trabajada. También está en el archivo de canciones dedicadas al pueblo una rola que también ha sonado mucho: “Un buen comiteco sos”, de Luis Ignacio Avendaño Albores, donde aparece hasta la tía Lola, mujer muy recordada por el hombrerío de los años sesenta y setenta. Por cierto, el próximo 1 de mayo de 2026, Luis Ignacio Avendaño Albores se presentará en el restaurante botanero Tío Javi, al lado del gran cantautor Carlos Macías. Y ahora, en 2026, asomó una canción sin título. La poeta Mirtha Luz Pérez me compartió el audio (digo que muchos amigos también lo hicieron) y ella dijo que el autor de la letra y música es Luis Felipe Gordillo Alfonzo y es interpretada por Roberto Gordillo (Roberto Rojo). Luis Felipe es hermano de Carlos, el autor de la canción Entre Tejas, y Roberto, amigo de ambos, es un gran cantante. Si la canción fue tan compartida sólo indica una cosa: causó revuelo y fue apreciada. Posdata: “Comitán de campanas y flores, cuna viva de la libertad, pedacito de patria en el alma, luz antigua que me hace cantar…” Así comienza la letra de la más reciente canción dedicada al pueblo. La tradición continúa. Ya no sólo es Comitán de las flores, ahora es Comitán de campanas y flores. Un eco de bronce recorre nuestros cielos, mientras en los jardines crecen las flores. Sí, cuánta razón tuvo Roberto Cordero Citalán, nuestro pueblo es un pueblo que inspira, que inspira nobles sentimientos y sus artistas lo plasman sobre el manto del aire. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 19 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, CON MARAVILLOSA NOTICIA EDITORIAL

Querida Mariana: ¡la gran noticia! Muy pronto será la presentación del libro “Rosario Castellanos. Nací de mi sueño. Iconografía”, edición del gobierno del estado de Chiapas, a través de Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas. Mirá qué dice el gobernador en el exordio: “Este libro que hoy presentamos en el marco del centenario de su nacimiento rinde homenaje a una vida dedicada a un solo oficio”. ¿Cuál fue ese oficio? ¡La escritura! Nuestra amada pichita se volcó a escribir en todos los géneros y en todos los géneros ¡la hizo! Escribió poesía, cuento, novela, ensayo, teatro. ¡Bárbara, qué vocación tan deslumbrante! Por su parte, la directora de CONECULTA, la maestra Angélica Altuzar Constantino, dice: “Me ha conmovido mucho la selección fotográfica y preciso agradecer la generosidad de Gabriel Guerra Castellanos, así como de las instituciones cuyos archivos están aquí presentes. Agradezco también al gobernador del estado de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, con quien he tenido el gusto de intercambiar impresiones sobre nuestras lecturas de la obra de Rosario Castellanos, y quien no dudó en impulsar y apoyar la edición conmemorativa del centenario del nacimiento de la autora, con el entusiasmo y la energía que lo caracterizan”. Hace años, querida Mariana, en casa de Marirrós Bonifaz, con un álbum fotográfico en sus manos, el maestro Julio César Avendaño Tovar dijo: “a mí me encanta revisar álbumes fotográficos”. A todo mundo le gusta ver fotografías. En estos tiempos de fotografías digitales también se perdió la costumbre de colocar fotografías en los álbumes, ahora mostramos nuestro archivo en la pantalla de un teléfono celular o en la pantalla de la computadora. ¿Ya no hay álbumes fotográficos? Digo que son escasos, pero ahora, gracias a la iniciativa de CONECULTA, el álbum personal, personalísimo, de Rosario Castellanos estará en nuestras manos. El próximo 25 de mayo de 2026, en el auditorio del Centro Cultural Rosario Castellanos, se realizará la presentación de esta Iconografía, trabajo realizado por dos grandes intelectuales: Rafael Vargas y mi maestro José Martínez Torres. Rafael dice en una Nota Bene del libro: “Una iconografía aspira a ser una suerte de biografía en imágenes”. En este libro tenemos una serie de fotografías donde vemos el crecimiento de Rosario, desde niña en Comitán; su paso por los colegios en la CDMX; su ingreso a la universidad y su espléndido crecimiento intelectual; su paso por la UNAM, en el piso once de Rectoría, donde fue jefe de prensa y difusión; su nombramiento como embajadora plenipotenciaria de México en Israel y su desgraciada muerte. Acá está, en maravillosa síntesis, ¡su vida! Su vida, como jamás se había visto. La gran iniciativa de las autoridades estatales logró el prodigio de que todas las personas lectoras podrán tener el álbum fotográfico personal de Rosario ante la vista. Todo mundo hará lo que hizo el maestro Julio en la casa de Marirrós, se sorprenderá ante cada imagen. Tiene razón Angélica al agradecer el apoyo del gobernador y la generosidad de Gabriel al compartir el archivo que estuvo guardado durante tantos años. Rosario, como el Cid, regresó después de muerta y nos vuelve a mostrar su intimidad. Era necesario este libro. Te conté que en la FIL 2025, en Guadalajara, Dora Patricia Espinosa y yo compramos el libro, editado por la UNAM: “Este minuto único y eterno. El archivo privado de Rosario Castellanos”, donde, de igual manera, hay una muestra del gran acervo fotográfico que se mostró en una espléndida exposición en el Colegio de San Ildefonso. Ahora, el libro chiapaneco, honra la memoria de Rosario, y complementa el otro libro. ¡Qué prodigio! Y digo que complementa, porque, en manos chiapanecas, hay información más fidedigna. Recuerdo que vi una fotografía donde está Rosario en primer plano, sentada ante una mesa, y luego está un hombre ante un micrófono, en la expo de San Ildefonso apareció que ese hombre era el esposo de Rosario: Gabriel Guerra. ¡No! En la iconografía vemos lo real verdadero: el hombre es el poeta chiapaneco Enoch Cancino Casahonda. Es que en ningún otro lugar hay más cercanía que en Chiapas. Asimismo, en la expo de San Ildefonso, en una fotografía donde está al lado de su amiga, nuestra Lolita Albores, apareció “personaje no identificado”. Posdata: el libro “Rosario Castellanos. Nací de mi sueño. Iconografía” se presentará el 25 de mayo de 2026, en el cumpleaños ciento uno de nuestra amada pichita, la consentida. Es de agradecer al gobierno del estado de Chiapas y a la máxima instancia cultural oficial de nuestro estado este aporte editorial, porque nos entrega una Rosario muy cercana, muy íntima, muy viva. ¡Felicidades! ¡Están haciendo patria con el mejor objeto cultural del mundo: el libro! Desde Chiapas para el mundo. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 18 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, RUMBO A LOS QUINIENTOS

Querida Mariana: ya estamos a la vuelta de la esquina. En 2028, Comitán celebrará los quinientos años de su fundación. La historia consigna que, en 1528, Pedro de Portocarrero, el conquistador español, caminó de Guatemala al valle donde ahora está Comitán y fundó este pueblo. De entonces para acá, Comitán ha crecido como ahora lo ves. Ya somos una ciudad que tiene más de ciento cincuenta mil habitantes. Vos y yo sabemos que uno de los orgullos de nuestra ciudad es el bulevar, el Bulevar de la Federación. Honra la tradición, somos habitantes (así lo conoce medio mundo) del pueblo llamado Comitán de Las Flores. La leyenda consigna que este nombre apareció por la belleza de las flores de los jardines y por la belleza de sus mujeres, que son las flores de nuestro Paraíso. Por lo que sea, el bulevar honra la tradición. A ver, a ver, dije que nuestro bulevar es nuestro orgullo, tal vez debí decir: el camellón del bulevar, porque las laterales no son para enorgullecerse, el caos impera. Es una pena, porque todo está puesto para que, en efecto, el bulevar sea un espacio digno del cual podamos sentirnos orgullosos y podamos vivirlo a plenitud y mostrarlo con emoción. Si vos caminás tantito por el bulevar (no lo harás por el camellón, sino por las banquetas) verás que está sucio, anárquico. ¿Así celebraremos los quinientos de Comitán? Ay, cuánta razón tiene el licenciado Héctor: orden es lo que le hace falta al pueblo, ¡orden! Nuestro bulevar maravilloso, con un camellón lleno de belleza, está desordenado en sus laterales. ¡Qué caos! Vos sabés que cuando hay fiesta en casa todo mundo barre, arregla, adecenta los espacios. ¡Cómo no, el guateque exige que se reciba con dignidad a los invitados, bien de casa o de otros lados! ¿Cómo será el festejo de los quinientos años de la fundación de Comitán? ¡Cinco siglos! El otro día tuve oportunidad de conocer un proyecto que realizaron comitecos comprometidos con la ciudad. Tal vez vos ya viste algunas imágenes que han circulado en el Internet. Es un proyecto hecho por personas que aman el pueblo, que están de acuerdo en decir que Comitán es una ciudad bellísima, de gran tradición cultural, que merece dignificarse. Ellos elaboraron un proyecto para que el bulevar, ahora sí, sea un gran orgullo para nuestra ciudad, que sea una arteria que dé vida y no que dé pena, como ahora. Caminá por el bulevar, caminá por donde está la Central de Abasto y me das tu opinión. Ya me dirás si la sociedad comiteca se merece eso o por el contrario se merece un bulevar a la altura de las grandes ciudades, las civilizadas. Digo que Comitán es una joya en el panorama mundial, nos hace falta orden, orden es lo que proponen los amigos arquitectos que presentan este proyecto, un proyecto que tiene tradición, porque ya se han hecho intentos anteriores, pero ninguno ha cuajado. ¿Será que ahora sí se hará una realidad? El proyecto ya se sociabilizó; es decir, ya fue presentado a diversos grupos de nuestra sociedad para que lo conozcan y lo aprueben o desaprueben. Como dicta el sentido común, la mayoría ha recibido con beneplácito la propuesta, claro, no faltan los que están en contra, porque no piensan en el bien común sino en sus magros intereses particulares, pero, ahora sí, como en programa televisivo: ¿qué dice la mayoría? Cuando tuve oportunidad de ver el proyecto (perfectamente explicado) sentí orgullo por mis paisanos, pensé que debemos echarle montón a la propuesta para embellecer y dignificar nuestros espacios. Comitán se lo merece. Somos uno de los pueblos más hermosos del mundo, como dirían los chavos, del mundo mundial. ¿Por qué no podemos ser un pueblo ordenado, donde vivamos a plenitud? Posdata: el proyecto es una iniciativa ciudadana, nació del pensamiento sustantivo de vivir en una ciudad afectuosa; explicaron que no es una imposición, sino, al contrario, una propuesta que busca generar diálogo y análisis. ¿Imaginás un bulevar remodelado, con bases urbanísticas de alto nivel? ¿Imaginás un transporte eléctrico que vaya desde tío Belis hasta la Plaza Las Flores? ¿Imaginás un servicio de transporte público digno y no el “combiero” lamentable que padecemos hoy? Comitán camina rumbo a los quinientos años de su fundación. Es deber moral de los comitecos limpiar nuestra casa, para que recibamos de manera magnánima a los invitados y a los nuestros. Que la tradicional hospitalidad comiteca se manifieste, pero con decoro. Tenemos una casa hermosa, la han construido muchas generaciones de ciudadanos honestos, sólo, como dice el licenciado Héctor, nos falta orden. La ordenemos pues. Anexo una foto que demuestra cómo quedaría nuestro bulevar, ¿a poco no sería algo espectacular? ¡Tzatz Comitán!

viernes, 17 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN JUEGO

Querida Mariana: juego. Soy un juguetón. A nadie le hago daño. A veces pienso que hay gente que jugó con nosotros y dañó a la sociedad. Digo que juego, mirá las dos imágenes que te comparto. La de la izquierda es una fotografía real, la de la derecha es de la IA. Jugué. Pienso que esta banqueta, como muchas más, tiene una pendiente resbalosa. ¿Por qué? Porque es una pendiente y la laja hace que sea más resbalosa todavía. Entré al Internet y busqué ciudades con pendientes en el mundo. ¡Son muchas! No pensés que sólo Comitán tiene subidas y bajadas. Fui a una ciudad en Portugal, con pendientes como las nuestras y hallé que en lugar de seguir con la vocación original de la pendiente ¡le cambiaron de vocación! ¿Sí lo ves? Lo que es una pendiente se volvió una escalera con espacios horizontales. Ah, qué bendición. ¿Quién resbala en la escalerita, sobre todo si tiene pasamanos? Pensé (sólo como juego) y ¿si ahora que Comitán celebrará sus quinientos años comenzamos a cambiar las pendientes más pronunciadas y hacemos un ejercicio similar? ¿Se vale? Pues no sé qué digás vos. Ya, ya sé qué estás pensando. Este ejercicio no es incluyente, desplaza de entrada a las personas en silla de ruedas. Ah, pues, estamos chupando tranquilos. ¿Quién sube a alguien en silla de ruedas en estas banquetas enlajadas? He visto a una persona, en silla de ruedas, que la suben en esta calle. Lo hacen por el arroyo. Cuando los autos vienen lejos, la persona que empuja se atreve a trepar la pendiente. Los automovilistas se detienen y permiten que la operación se realice. No sé qué digas vos. ¿No se te hace más segura la banqueta que diseñó la IA? Fui al INAH en Comitán y me recibieron muy bien. Aclaré que era mero juego, pero me sorprendí al escuchar a la encargada decir que se veía más segura la banqueta de la IA. Yo digo que sí. Pienso que evitaría muchos desaguisados, torceduras, caídas, raspones o lesiones mayores. Digo que todos en Comitán conocemos a alguien que ha resbalado en las banquetas de laja. Nos dijeron que así se ve muy bonito el pueblo. ¿De qué nos sirve la “belleza” si provoca tantos accidentes? ¿Autorizarían un cambio de banqueta?, pregunté. Sí, me dijeron, habría que ver con el ayuntamiento. Pensé entonces que tampoco habría oposición. El problema fue el siguiente: se puede hacer esta modificación, siempre y cuando se siga usando el material permitido: la laja. ¡Qué! No, no puede ser. Sí, me explicó la funcionaria y me dijo algo que no sé si sea correcto. El pegado de la laja (en 1994) lo hicieron a lo mudo (ella no me dijo esto, esto es mi traducción), pero la laja es un material muy noble (esto sí me lo dijo así) y me enseñó en la pantalla de su computadora una serie de ejemplos recientes donde han colocado laja en banquetas y está bien pegado, sin las chibolas que encontramos en la mayoría de banquetas. Acepté lo que ella me dijo, pero pensé que el material de la región no es el más adecuado para pavimentar espacios. Las lajas se quiebran, provocan huecos, estos huecos son antiestéticos y peligrosos. ¿Qué autoridad está pendiente del cuidado, del mantenimiento de banquetas? ¿Por qué no hacer uso de materiales que sean antiderrapantes? No sé si es mi obsesión, pero pienso que la mayoría del pueblo está en contra del uso de la laja. Ya te conté el otro día que he visto en algunas banquetas muestras de rechazo, algunos particulares conscientes colocan de esas cintas antiderrapantes y mandan a hacer rayados a fin de que el zapato tenga algo de agarre y no resbale. ¿Imaginás esta acción que tiene signos de un movimiento de rebeldía ante algo que fue un juego malévolo? El otro día un amigo me envió la lista de los integrantes del patronato que realizó el trabajo de remodelación de la ciudad; es decir, de quienes pusieron la laja en las banquetas, respetando los lineamientos de los pueblos mágicos. ¡Qué maldad! Nunca pensaron en hacer una ciudad digna, una ciudad segura, una ciudad disfrutable. Nos dejaron una ciudad “bonita”, pero peligrosa, atentatoria. Llevamos más de treinta años “soportando” estas banquetas, toboganes de la muerte. Posdata: llegaremos a los quinientos años. ¿Seguiremos así? Yo juego. En el juego, auxiliado por la IA, encontré que es posible cambiar la vocación de tobogán infernal a una acera más segura. Pienso que si el pueblo votara a favor de este cambio lograríamos una ciudad más afectuosa, la que nos merecemos. No sé qué digás vos. ¿Qué decís? ¡Tzatz Comitán!

jueves, 16 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, CON VERDADES DE A KILO

Querida Mariana: hay conceptos que no están sujetos a discusión. La escritora Margaret Atwood, autora de la famosa novela “El cuento de la criada” y del maravilloso libro “Nueve cuentos malvados”, dice que el novelista Robertson Davies comentó en alguna ocasión una verdad lapidaria: “La gente… muere”. Así lo dijo, abarcó al género humano, hizo una pausa y dijo: muere. ¡Verdad incontrovertible! Ya te comenté que a mis sesenta y ocho años de edad (ahora tengo sesenta y nueve) descubrí ese principio universal: la gente muere. Todos vamos a morir. No hay vuelta de hoja. En la ficción hay textos que hablan acerca de la búsqueda de la Eterna juventud; es decir, el proceso mediante el cual el ser humano no envejecería. Falsa ilusión, inalcanzable, imposible. Acá en el pueblo saludo seguido al maestro Temo Alcázar, a quien el pueblo ha nombrado como El eterno joven de Comitán, él goza, en efecto de muy buena salud, porque es un hombre metódico, que siempre ha hecho ejercicio, pero, la palabra eterno es un buen deseo, pero tampoco él lo alcanzará y digo esto porque el otro día, hace poco tiempo, la escritora Elena Poniatowska, La Pony, fue a palacio nacional y saludó a la presidenta Claudia (estuvieron acompañadas también por Jesusa Rodríguez). Ya sabrás, Claudia manifestó su cariño a La Pony y ésta hizo lo mismo, casi al principio de su plática, la escritora dijo: “Ya estoy viejita”. Otra verdad inobjetable. La gente envejece y luego muere. Uf. Parecería un tema difícil de digerir, sin embargo, he comentado que mientras yo no tuve conciencia de que todo mundo morirá viví como si estuviera en una banda de esas que hay en los aeropuertos, fui una maleta que se dejó desplazar en esa ruta de la inercia. Mi mamacita murió en 2025, a la edad de noventa y cinco años de edad, supe entonces que sí, que, como la Pony, la gente envejece y después muere. Lo primero no es una cuestión general, porque hay personas que mueren jóvenes, algunos muy jóvenes. No todo mundo llega a la edad de mi mamá, no todo mundo llega a la edad de la Poniatowska. La Pony nació dos años después que mi mamacita, ella nació en Francia, mi mamá nació en Huixtla en 1930. Pronto La Pony cumplirá la edad de mi mamá, pero el día que estuvo con la presidenta Claudia dijo: “ya estoy viejita”. La Pony es conocida como “la princesa roja”, mi mamá fue la princesa huixtleca de Comitán. Mi mamá envejeció, a sus noventa y cinco años estaba muy bien, física y mentalmente, pero dos meses antes de morir le brincó una enfermedad que la fue desgastando, nunca perdió el buen humor, su pasión por vivir (ella siempre dijo que le echaba ganas a la vejez; es decir, admitía que ya estaba viejita, pero yo la veía muy joven, muy dinámica, muy echada para adelante, pero la ley universal hizo que su cuerpo, siempre esbelto, se cansara y un día Dios la llevó, gracias a Él su muerte fue en casa, tranquila, un día antes todavía bromeó, al final ya tomó un poco de leche y no más, al día siguiente ya no se levantó, su cuerpecito entró al proceso de estertores, que le llaman estertores de muerte). Todo mundo morirá. No todo mundo llega con plenitud a la edad que tiene el maestro Temo. Su gran amigo, el maestro Jorge Gordillo ya no llegó a los noventa, que cumpliría el próximo año. El maestro Jorge se murió. Te comenté que un día de agosto del 2025, en el plantel de la primaria, en una reunión donde se dio a conocer a la nueva directora del nivel, el maestro dijo a todos los integrantes de la mesa de honor que nos sentáramos y como yo estaba cerca de él lo vi apoyar sus manos sobre la mesa y vi que le temblaban, supe que algo estaba pasando en su cuerpo, algo que no era normal. Meses después falleció, por fortuna lo hizo en su casa, sin las grandes tragedias miserables de los hospitales. El maestro Jorge estaba muy fuerte, estaba entrando a la etapa de envejecimiento con gran dignidad, pero, igual que a mi mamá, una enfermedad le atravesó el pie, cayó y murió. Posdata: acá está la fotografía de las manos de mi maestro Jorge en esa mañana que las vi temblar. Estaba comenzando a cansarse. Todos moriremos. No todos envejecen, no todos lo hacen en plenitud, hay gente que envejece con dolor, hay otros, en cambio, que lo hacen con gran entusiasmo, llenos de vitalidad. Davies dijo algo irrebatible: la gente… muere; la Pony le dijo a Claudia: ya estoy viejita. Todos vamos hacia la muerte. Mientras tanto, dicen los clásicos, los expertos, vivamos, vivamos a plenitud, echándole ganas a la vida, como decía mi mamá. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 15 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN CUADRO DESLUMBRANTE

Querida Mariana: ¡ah, los mercados! Todo mundo repite lo que Octavio Paz manifestó: en los mercados está la síntesis cultural de los pueblos. En Comitán tenemos varios mercados que son manifestación de lo que es nuestra sociedad. Es una pena, pero nuestros mercados no son pulcros, al contrario, son sucios. Esta fotografía fue tomada en el mercado Primero de Mayo, el que está a media cuadra del parque central (mi parque, me caigo mal por repetirlo a cada rato, pero, disculpá, ¡la piazza e mía!). El mercado habita un edificio construido en 1900, sí, ya es un edificio vetusto, pero ese no es motivo para el deterioro que ostenta. Le hace falta un poco de orden. Pucha, si hablo de orden me quedé corto porque en la Central de Abasto lo que impera es el desconcierto. Mi compa Quique dice que es una bomba de tiempo. Sí, caminar por los pasillos son muestra de un gran desorden. No somos un pueblo ordenado, es una pena reconocerlo pero así es. Somos un pueblo sucio. Dicen que hubo una época que los propios y extraños presumían una ciudad limpia, sin basura. ¿Ahora? Ay, Dios padre. La autoridad se queja de que los ciudadanos no hacemos caso al anuncio de: “no saque su basura hasta que escuche la campana”, pero (insisto) esto es ganas de echar la culpa a la sociedad de la incapacidad de la autoridad para poner orden. A cada rato te he dicho que pensés en una persona de la tercera edad que tenga que esperar el paso de la campana el día domingo cuando, se supone, la ruta establece que ese día pasará el camión. ¿Debe esperar todo el día a ver a qué hora pasa el famoso camión? ¿Y si pasa a la hora que fue a misa? ¿Y si ese día desea ir de paseo al campo? No, no puede salir porque debe esperar la campana. No hay orden en el protocolo. Si la ruta establece que a las siete pasará el camión, pues al diez para las siete puedo sacar mi basura y ¡listo! Pero como la ruta anuncia que pasará a las siete, pero no pasa a esa hora, el ciudadano debe, por obligación, esperar horas y horas, como si no tuviera otra cosa para hacer. Me gusta ir al mercado de El Cedro, porque está más ordenado, además, hay un espacio especial destinado para Las Canasteras. Ya te conté que ahora ninguna vendedora llega con canastos, como antes, pero es lindo saber que la tradición de las canasteras sigue y la autoridad lo propicia al colocar un letrero que dice “Canasteras”. ¡Genial! Genial, porque ahí encontrás frutos, verduras, tostadas, pepita molida, tamalitos de momón, pitaules, chinculguajes, huevos de rancho y flores de huertos familiares, de Yalumá y de Los Riegos. Digo que esta fotografía la tomé en el mercado Primero de Mayo, el del centro, y alcanzás a ver la belleza de la imagen, colorida, generosa y divertida. Digo divertida, porque este puesto propone un juego genial. ¿Ya viste que al fondo hay chile morrón y chile poblano, además de manzanas? Como está muy lejos para que una mano lo alcance, el vendedor tiene un palo con una jaladera para que el cliente elija la pieza que quiera y la atraiga hacia el siguiente nivel, que ya está muy cerca de la persona. Es un juego maravilloso. Esto lo permite el mercado y jamás el centro comercial de postín, donde (hay que reconocerlo) hay orden e higiene, pero le falta la picardía de la persona de a pie, de la que disfruta la vida en su forma más simple. Si los mercados comitecos tuviesen un poquito más de orden y fueran más higiénicos medio mundo llegaría, porque, ya lo hemos dicho hasta la saciedad, ahí está sintetizada lo mejor de nuestra cultura. ¿Ya viste esos canastitos de palma? Son artesanías de una gran belleza, están colocados al lado de canastitas tejidas con plástico (ya te conté que en sexto de primaria, el maestro Luis Vila nos enseñó a tejer esas canastas con cintas de plástico, recuerdo que después de un amarre usábamos un cerillo prendido para pasar la cinta en la flama y pegar un extremo). ¿Imaginás un mercado donde la tarea de elegir frutos y verduras se convierte en un juego de feria? Si se vino hacia abajo una pieza no elegida, la gente la toma y, con movimiento preciso, la vuelve a colocar en el montón de arriba. Ah, qué lecho de razones alegres, qué espacio de luz tan danzante. Me encanta ir al mercado. Los domingos, a las ocho de la mañana, hay una gran fila, enorme fila, de personas que esperan pacientes llegar ante la vendedora del atol de granillo o jocoatol. Mientras avanza la fila, la plática se desprende y se ve a gente que ríe, que muestra cara de sorpresa ante la noticia infausta. Posdata: todo se concentra en el mercado, la vastedad se muestra desnuda o con sus mejores galas, porque los extremos se tocan, como si, en forma amistosa, se dieran la mano. La naturaleza hace un nido provisional y los vendedores de frutas pintan un prodigioso cuadro móvil, siempre en movimiento. Ya lo dijo el licenciado Héctor, este pueblo tiene todo, sólo le falta orden, ¡orden! ¡Tzatz Comitán!

martes, 14 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN RECUERDO

Querida Mariana: acá estoy trepado en una barca. En un lateral se alcanza a leer el nombre del lugar donde estoy: Santa Rosalía, Baja California. Me cuelga al hombro el estuche de la cámara. Con esa cámara mi papá tomó la foto. Al mero estilo de mi papá estoy con la camisa arremangada. ¡Cómo no! Hacía un calor del infierno de Dante y, además, como estoy remando debo tener toda la libertad de movimiento de brazos. Estamos en Santa Rosalía porque fuimos de visita a la casa de mi tío Mario, hermano de mi mamá, casado con mi tía Eloy y papá de mis primos hermanos: Nora, Yoli, Gaby, Mario Enrique y Carlos. Mi tío, ingeniero, trabajaba para el gobierno federal y lo enviaban a muchos lugares del país para supervisar la construcción de carreteras. Gracias a eso, conocimos Santa Rosalía, Baja California; Matamoros, Tamaulipas; y Tuxtepec, Oaxaca. Esta fotografía la tenía mi papá en su cartera. En una ocasión, Quique llegó a la casa, se despidió porque viajaría a la CDMX, donde estudiábamos y como era costumbre, preguntó si mandaría algo para mí. Mi mamá preparó una cajita de cartón con chorizos, butifarras y tostadas, mientras mi papá sacó la foto y la enseñó a mi amigo, Quique me dijo que le ganó la emoción a mi papá y sus ojos se llenaron de lágrimas, se acordó de su pichito, que estudiaba en la gran ciudad. En 1968 estuve en Matamoros, viajé solo con mi mamá, lo recuerdo porque allá estaba mi primo Pedro, hijo de otro hermano de mi mamá. Yo no estaba acostumbrado, pero ahí debí bañarme, al lado de mi primo, a cubetazos. Un día fuimos a un parque y vimos en un expendio de periódicos la noticia que celebraba todo el país: el Tibio Muñoz, nadador mexicano, había obtenido una medalla de oro. Ah, qué gran celebración. Ya luego vimos la noticia en la televisión, en blanco y negro, y revivimos la emoción de los últimos minutos donde el nadador mexicano le echó el turbo y tocó el extremo de la alberca, en primer lugar. Esta fotografía es de principios de los años setenta, el capitán Molinari trepó a la barca y comenzó a remar en el aire, esperando que la barca se moviera, no hacia el mar, porque el marinero (es uno de los casos raros en el mundo) no sabe nadar, así que tenía la pretensión que la fuerza de sus brazos hiciera tal remolino que lograra hacer que el aire formara una burbuja y lo impulsara hacia arriba y navegara por el cielo, por encima de las palmeras. Ya estudiaba en la UNAM cuando viajé a la casa de Tuxtepec, la casa, de madera, estaba muy cerca del río, así que en temporada de lluvias había que estar preparado porque el río se salía de madre e inundaba una amplia región del pueblo, un pueblo caluroso. Recuerdo con emoción los días que iba de vacaciones, mi tía Eloy (gran cocinera) me atendía con generosidad y mis primos eran muy afectuosos conmigo. En Tuxtepec murió mi tío Mario, de un infarto, casi fulminante. Murió en su casa, como debe morir todo mundo. Es lamentable que alguien muera lejos de casa; son lamentables los casos de quienes se accidentan o mueren en una guerra, muy lejos de su familia. Mi tío murió cerca de los suyos, así como murió mi papá (en su casa en Comitán, también de un infarto) y así como murió mi mamá, en casa. Ahora, mi tía Eloy vive en Xalapa, Veracruz, desde hace mucho tiempo, allá viven mis primos y sobrinos. A final del siglo XX fui a visitarlos, estuve una temporada con ellos (ya te conté que ahí conocí al gran escritor Sergio Pitol, quien me recibió en su casa y luego me invitó a acompañarlo en una visita que hizo al pabellón de la feria del libro, realizada en una casa magnificente, con patio magnánimo y corredores llenos de libros). Posdata: no sé nadar, pero he trepado a algunas barcas, en momentos donde mi razón se ha quedado obnubilada. Una vez trepé a una barca para pasar de una orilla a otra en el río Grijalva, antes de que fuera presa; asimismo, una vez trepé a un barco en el embarcadero de Chiapa de Corzo para hacer el recorrido hasta la cortina de la presa, a través del Cañón del Sumidero; y una vez me trepé a una lancha para recorrer parte del Lago de Atitlán, en Guatemala, en compañía de mi compa Quique, Alicia, mi prima Sonia y mi Paty. ¡Cómo! ¿Cómo fue posible que el marinero que no sabe nadar se atrevió a desafiar el misterio del agua? Nunca, como en esta fotografía, pensé que podía remar, que podía hacer que la barca levitara y que bogara en el mar del aire. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 13 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, CON VOCES

Querida Mariana: esta fotografía es de los años cuarenta del siglo XX. Son quince chicas, porque catorce de ellas son damas de la muchacha que cumple sus quince años. La fotografía fue tomada en el patio de una casa de Huixtla. Sí, ahí está la princesa huixtleca de Comitán, mi mera madre. Todas las damas son muy bellas, pero, disculpá, la más linda es la chica que años después será la mamá del pichito bonito llamado Alejandro. A la distancia, ¿la identificás? Está en la primera fila. En el centro está la quinceañera (alguien de Huixtla podrá decir quién es) y mi mamá está a su lado. Sí, la princesa huixtleca de Comitán es la quinta chica, de izquierda a derecha. ¿A poco no es bella? ¿Verdad que sí? Ella, entiendo, aún no tenía quince años, era más jovencita. Siempre fue alta, esbelta, como una línea de luz. Mi mamá nació en 1930. Tal vez, digo sólo que tal vez, la quinceañera nació en 1929. ¿Vive alguna de estas chicas? Mi mamá falleció en el 2025, alcanzó a vivir noventa y cinco gloriosos años. Es probable que alguna de estas muchachas aún viva, tal vez viva en Huixtla. Esta fotografía, como todas, es testimonio de un momento, apenas un instante. ¿Qué fue de la vida de cada una de ellas? ¿Todas se casaron? ¿Cómo les fue en sus matrimonios? ¿Alguna quedó soltera? Mi mamá, más o menos en la edad que fue tomada la foto, abandonó su pueblo, trepó al tren (esperó el tren en un hermosísimo edificio donde estaba el andén) y viajó a la Ciudad de México, donde estudió contabilidad privada y recibió algunas clases de francés (ah, me encantaba cuando decía que su primera lección fue decir oui, alzaba la boquita como si besara el aire y demostraba cómo debía pronunciarse la palabra francesa). Trabajó en una empresa de españoles, en el centro de la gran ciudad. El destino hizo que regresara a Chiapas, porque se casó con mi papá (la historia del noviazgo está resumida en una serie de cartas que le enviaba mi papá y mi mamá conservó). Mi mamá y mi papá se casaron un 19 de marzo de mil novecientos cincuenta y tantos, en un templo en la CDMX. Para su luna de miel viajaron a Veracruz y cuando volvieron a Chiapas, ya para instalarse en la casa del centro de Comitán, mi tío Quito le dio una infausta noticia a ellos, el esposo de mi tía Lolita lo habían asesinado en Villaflores. Pero, ¡cómo!, si mi tía Lolita Molinari había estado en la boda de ellos, al lado de su esposo. Sí, la vida es apenas un instante, es frágil como el tallo de una violeta o de una margarita, basta un apretón de dedos para doblar el gajo. Mi mamá y mi papá desviaron su camino y fueron a Villaflores para ayudar a mi tía en el negocio que tenía al lado de su esposo: la distribución de la cerveza Carta Blanca. Hasta que quedó más o menos estable la condición familiar, mi papá y mi mamá llegaron a vivir a Comitán. No hubo un festejo especial para recibir a mi mamá, se entiende, el pueblo no sabía que llegaba una princesa a Comitán, no sabía que llegaba la princesa huixtleca, que está en esta fotografía de recuerdo. Todas las damas llevan un bouquet de flores frescas, están paradas frente a una puerta de madera, que, en la parte superior, tiene una ventila disimulada con maderitas verticales. Esta fotografía es un instante. En la vida, nadie sabe qué sucederá en el momento posterior. Mi mamá no sabía que se casaría con mi papá y sería mi madre. No lo sabía. Ninguna de estas chicas sabía qué seria de sus vidas. ¿Viven algunas de ellas? Tal vez sí, las sobrevivientes están a punto de cumplir cien años. ¡Ah, Dios bendiga! Ojalá gocen de salud, porque ésta es el tesoro más deseado. Si las sobrevivientes se casaron, ojalá disfruten la compañía de sus hijos, nietos y bisnietos. Mi mamá se casó, tuvo un hijo y cuando me casé tuvo una hija (porque mi Paty fue muy cariñosa con ella y ella recibió el trato de hija amada y mi mamá tuvo una hija), luego tuvo dos nietos varones. Al final de sus días, que los pasó en casa, Fer vino a acompañarla. Un día, mi mamá me dijo: ah, Fer es muy cariñoso conmigo. Posdata: tengo muchas historias para contar de mi mamá, las iré compartiendo con vos, poco a poco. El otro día en el Facebook vi fotos del inicio de la Colecta de la Cruz Roja en todo el país y recordé que cuando mi papá fue presidente de la Cruz Roja en Comitán, mi mamá fue la presidenta de las damas voluntarias y, como en todas sus iniciativas, hizo una gran labor a favor de la institución, en forma amable y desprendida. Sí, Comitán tuvo la oportunidad de tener en su seno a la princesa huixtleca de Comitán, quien aparece en esta foto, y se ve linda, bella, muy digna. Como en la película “La sociedad de los poetas muertos”, en esta fotografía todas las muchachas nos hablan a los de estos tiempos. Mi mamá lo hace, debo estar pendiente para escuchar algo que ella pronuncia. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 12 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN INÉDITO

Querida Mariana: ¿ya leíste el título del primer capítulo de esta novela? Algo se alcanza a ver en la fotografía que anexo. Dice: “Lo que no se publica también pesa”. Por el momento, no sé hasta cuándo, el texto está inédito; es decir, no se ha publicado, pero ¡ya pesa! Álex Flores me envió una copia de la novela sin título. La he leído con atención. Es ficción, por supuesto, pero el entorno es Comitán, el Comitán de estos tiempos, de redes sociales y de comportamientos. He dicho que estoy contento porque, cuando menos en narrativa (parece que no sucede lo mismo en poesía), en el Comitán actual hay una cantidad de muy buenos escritores. Te conté que en el 2025 y lo que va del 2026 aparecieron tres novelas fundamentales para la historia de la literatura comiteca. Son tres textos soberbios, cada uno en la senda elegida. Apareció la novela: “Espejo de los días”, de Mario Escobar, una novela apocalíptica de gran factura; también apareció la novela “Don Pedro de Portocarrero. Crónica de sucesos recuperados del olvido”, de Luis Armando Suárez Argüello, novela histórica que da cuenta del origen de nuestra ciudad, que, en 2028, cumplirá quinientos años; y más recientemente, la novela “Mi deuda con Franco”, de Javier Trujillo López, que es un recuento de la relación de un hijo con el padre, escrito en forma sencilla, pero prodigiosa. ¿Mirás? Pienso que jamás en el pueblo, en tan poco tiempo, aparecieron tres novelas con un esplendor único. Lo que parecía ser un coto cerrado ahora se abrió en un abanico y, lo más sorprendente, es que todas estas ramas son tan o más brillantes que las anteriores. Casi se podría apostar por esta generación del siglo XXI. Y ahora hay que agregar el nombre de Álex Flores, con la novela sin nombre, porque el inédito es de calidad. ¿De qué trata la novela de Álex? De un periodista comiteco que publica nombres, fechas y contratos que resultan una bomba que incomoda a las autoridades. El enojo crece a la par de las publicaciones y del número de lectores que comienza a interesarse por lo que él publica y quien comienza a ser conocido como “El fantasma”. La personalidad de este periodista trasciende a nivel nacional y toma mucha fuerza. El tema es apasionante y el autor tiene la malicia literaria suficiente para enganchar al lector. Hay un instante donde una diputada federal habla en tribuna a favor del periodista: “No me vengan a hablar de democracia si no son capaces de proteger una redacción que apenas tiene sillas estables. Comitán no sólo es tierra de poetas. Es tierra de periodistas valientes. Y uno de ellos, con seudónimo o sin él, les está ganando la partida sin disparar una sola bala”. Sí, ya sé, ahora querés conocer más de esta novela sin título. ¿La publicará Álex? Mientras tanto, comparto con vos el inicio de la novela: “Comitán huele distinto por las mañanas. No al atol recién preparado ni al café tostado del centro. Francisco Rosas lo sabe bien: es un olor más sutil, casi imperceptible, una mezcla entre el humo del primer carro encendido, el pan recién horneado en la esquina y la humedad que se cuela por debajo de las puertas. A veces cree que ese olor tiene que ver con la historia, como si la ciudad aún respirara lo que han callado tantos”. Posdata: celebro que la narrativa comiteca está en un gran momento. Por el momento han aparecido varones, aparecerán, sin duda, las mujeres narradoras. Como dijo la diputada, personaje del libro, Comitán no sólo es tierra de poetas, también lo es de periodistas valientes y, por supuesto, de grandes narradores. ¡Tzatz Comitán!

CARTA A MARIANA, RUMBO A LOS QUINIENTOS

Querida Mariana: por favor, mirá con atención la foto que anexo. Gracias. La tomé ayer. Es la imagen de un fragmento de banqueta enlajada. Mucha gente se queja de lo peligroso que es caminar sobre estas lajas. Hemos dicho que parecería que hubo personas que quisieron hacerle un mal al pueblo, cubriéndose con el manto de gente que hacía el bien. Y digo esto, porque nadie en su sano juicio colocaría este sendero en su casa particular, porque va contra toda lógica. ¿Por qué se permitió que se hiciera tal afrenta a nuestra casa común? En la novela “Balún Canán”, de Rosario Castellanos, escrita en 1957, la autora ya había dicho algo acerca de este peligro: “Mi nana me lleva de la mano por la calle. Las aceras son de lajas, pulidas, resbaladizas…” ¿Mirás? ¡Son resbaladizas! Digo que nadie pondría este tipo de material en su casa, porque ¿quién quiere caerse a lo bobo? En casa hay personas de edad mayor, que se desplazan con dificultad. ¿Qué pasa en nuestra casa común? En una casa donde hay decenas de subidas y bajadas. Caminar por las calles de Comitán es un auténtico riesgo. Así como se dice que en la gran ciudad de México todo mundo tiene historias sobre alguna persona cercana que sufrió un robo, así, en Comitán todo mundo tiene historias sobre alguna persona que ha resbalado al caminar sobre estas calles enlajadas. En ocasiones no pasa de una “azareada” y de un moretón, pero en otros casos el accidente provoca lesiones más severas, incluso quebraduras de huesos. La remodelación del Centro Histórico de Comitán, que incluyó el “enlajamiento” de las banquetas (aceras, diría Rosario) se dio en 1994. ¿Mirás? Llevamos más de treinta años soportando las consecuencias de tal remodelación. ¿Qué ganamos los habitantes de este pueblo con tal determinación? ¡Nada! Al contrario, perdimos una posibilidad de hacer un pueblo más afectuoso. Debo decir lo que ya muchos han dicho. En época del Comitán de Rosario (los años treinta y cuarenta), que también es más o menos la época donde se desarrolla la trama de “Balún Canán”, nuestro pueblo tenía la misma topografía actual de subidas y bajadas, pero no había las entradas a cocheras ni el tráfico fue tan intenso como ya lo era en los años noventa y mucho más ahora. Los expertos podrán corroborar o desmentir la idea de que las lajas tenían una consistencia diferente. Las actuales, querida Mariana, superan a las anteriores en lo resbaladizo. ¿En qué momento se les ocurrió regresarnos al infértil pasado? A partir de ese momento hubo una empresa que comenzó a generar muchas ganancias: los locales donde venden aparatos ortopédicos. Dios mío, no sé cuántas personas han sufrido accidentes en las banquetas. Tal vez, qué dramático, Comitán es una de las ciudades donde más gente se accidenta al caminar por banquetas; tal vez nos comparamos con ciudades sucias donde la gente resbala por cáscaras de plátano o de mango; tal vez llegamos a los niveles de ciudades donde nieva y la gente resbala por el agua, por no llevar zapatos especiales. En una ciudad donde hay bajadas y subidas los expertos sugerirían materiales antiderrapantes para prevenir resbalones, acá se hizo lo contrario. ¡Ahí te van las lajas para que caigás! ¡Qué mentes tan perversas, tan poco humanistas! Y llevamos más de treinta años soportando estas peligrosísimas banquetas. Presumimos nuestra ciudad, invitamos al turismo mundial a que nos visiten, pero nunca decimos que les ofrecemos una ciudad donde un resbalón puede acabar el plan de vacaciones tranquilas. Y digo esto porque he conocido casos de visitantes que, en el momento menos esperado, han hecho ¡pongoch! en una bajada y tuvieron que pedir auxilio de paramédicos. ¡Dios mío! La pregunta que se antoja es: ¿seguirá Comitán siendo una ciudad con banquetas de laja resbaladiza? ¿Por toda la vida? ¿Es lo deseable para la población? Ni me quedés viendo. No sé cuál sería lo mejor para este pueblo, pero pienso que como está, como lo dejaron, no es lo más conveniente. El otro día, en esta obsesión, entré a ver una calle con pendiente en Lisboa y vi que las banquetas tenían pasamanos adosados a las fachadas y graditas en el piso. Estas graditas hacen que la naturaleza inclinada tenga respiros y la bajada o subida se convierte en algo menos riesgoso, además, digo yo, el material no es resbaladizo, porque el sentido común indica que debe ser material rugoso, que impida el deslizamiento fatal. Dentro de dos años, Comitán cumplirá 500 años como ciudad. Llegamos con muchas deficiencias ambientales y urbanísticas. ¿Así seguiremos? ¿De verdad? ¿Nada hará nuestra sociedad para mejorar nuestro entorno? ¿Y si hiciéramos un gran compromiso social para ir mejorando poco a poco nuestro día a día? Toneladas de dinero se invirtieron en enlajar las banquetas, desenlajar se antoja como una tarea de titanes, pero ¿y si lo vamos haciendo poco a poco? Y cuando digo poco a poco estoy diciendo que lo primero a modificar serían las pendientes y las entradas de autos. Posdata: un día platiqué con Toñito Zamudio y hablamos de iniciar un movimiento social encaminado a hacer más digno el pueblo. Sólo para demostrar que es posible modificar nuestro entorno y hacerlo más amable, para todos, para visitantes y, sobre todo, para nosotros, para que disfrutemos a plenitud nuestra ciudad. Una vez hablé con autoridades del INAH y me dijeron que no habría mayor problema en tener el permiso para modificar una banqueta. Pienso que tampoco la autoridad municipal negaría su permiso. Sé que habría más de dos comitecos que apoyarían con paguita para que se hiciera. En menos de una semana lograríamos el objetivo y estoy seguro que sería muestra palpable de que unidos podemos hacer una ciudad más digna, más afectuosa. ¿Lo lograremos? Basta echarle montón. Luego te cuento si esto, como siempre, es pura llamarada de doblador o logramos hacerlo. ¿Viste la foto con atención? El hoyo es muestra de lo indigno que resulta ahora caminar por las banquetas. ¡Uf! Pero, mirá qué ha hecho la gente consciente, si ves con cuidado observarás que hay unas manchas negras sobre las lajas. Esos son fragmentos de cintas antiderrapantes que colocaron algunos buenos ciudadanos. ¿Qué más notás? En las lajas hay rayas. Sí, los mismos ciudadanos conscientes han rayado la superficie de las lajas para que no sean tan resbaladizas. ¿Qué lectura hacés de esto? Es una forma de protesta, con esto la gente nos dice que poner laja en las banquetas con pendientes, fue una gran… (poné la palabra que considerés la adecuada). ¡Tzatz Comitán!

viernes, 10 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL HOMBRE QUE VINO DE POLONIA

Querida Mariana: el papá de mi amado Gutmita es “El hombre que vino de Polonia”, así lo dice su hijo. Pucha, suena como a título de novela. El otro día platiqué con un amigo, cuando me preguntó sobre mis orígenes paternos, tomé lo que dice Gutman y dije que mi bisabuelo fue un hombre que vino de Italia. Viéndolo bien, todos los ancestros son personajes de novela, personajes geniales, con defectos y virtudes. Rascar en la herencia familiar es hallar sorpresas. Por eso mucha gente no se interesa por el tema, sin reconocer que el conocimiento es la sustancia que aporta vida. Hay gente que reniega del pasado familiar, hay otras personas que, por el contrario, se enorgullecen de sus raíces. Todo es válido, pero yo soy del grupo que rasca en los orígenes, hasta donde es posible. Buscar la savia que nos alimenta es como un gran viaje. Vos, ¿tenés idea de todas las vidas que se han tejido en torno a la tuya? ¿Sabés que sos parte de un gran entramado? Digo que nadie puede evadir el legado familiar, cada uno es producto de todos los nudos e hilos sueltos que han tejido los viejos. Don Abraham, papá de mi amado Gutmita, nació en Polonia y de allá se descolgó hasta llegar a tierras chiapanecas. Los ancestros de Gutmita están en aquella región del mundo. El abuelo allá vivió. ¿A qué se dedicaba? ¿Cuáles eran sus gustos? Gutmita sabe que él es la confluencia de tantos caracteres y personalidades. Gutmita estudió en el seminario, estaba a punto de recibirse como sacerdote cuando el mensaje divino le llegó, casi como si estuviera en el Monte Sinaí, escuchó una voz que le dijo: “Pichito, tu camino no está en seguir el manto de Cristo, sino en seguir las faldas de cientos de muchachas bonitas, sabrosas, jacarandosas”; y mi amado Gutmita, siempre obediente, despreció la casulla y se dedicó, como un zorro astuto, a perseguir a las chicas con la prédica del amor. El hombre que vino de Polonia tuvo hijos, uno de éstos fue mi amado Gutmita, acá, en este país del nopal, ha dado lustre al árbol genealógico que le fue entregado en herencia. Gutmita es un gran cuenta chistes, se sabe muchas anécdotas, todas las cuenta en forma pícara y simpática. Cuando lo escucho trato de imaginar cómo fueron su abuelo y su bisabuelo. ¿Habrán sido traviesos como él lo fue? ¿Mi amado Gutmita los superó? Él es hijo del hombre que vino de Polonia. ¡Ah, qué título tan bello! ¡Insuperable! Yo soy bisnieto del hombre que vino de Italia. Tengo muchos amigos cuyos árboles genealógicos vienen directamente de España. Mi apellido paterno es Torres, ni qué buscar. Los orígenes de tal apellido están sembrados en la madre patria. En algún momento de la historia mi ancestro llegó de España. Soy tataranieto del hombre que vino de España. De eso estamos hechos. Tengo amigos que quisieran borrar el pasado negro de la Conquista, les llaman asesinos. Sí, no es para celebrar tal afrenta que cometieron con los antepasados que vivían en el territorio de lo que hoy es México, pero yo siempre pienso que alguno de sus antepasados fue de ese grupo violento, porque los apellidos de esos compas son españoles netamente. ¡No! Me dicen. Pues no, puede ser que ellos sean descendientes, por ejemplo, de los emigrados que recibió Lázaro Cárdenas, que fueron españoles de abolengo, inteligentes, nobles. Pero, para eso, es necesario conocer y reconocer los árboles genealógicos. ¿Tenés apellido Anzueto, García, López, Espinosa, Ramírez…? Pues tus ascendientes están en España, la tierra de los hombres que nos conquistaron. No hay vuelta de hoja. ¿De qué lado se inclina la balanza? ¿Hacia la bondad, hacia la maldad? No lo sabemos. Tal vez todas las historias son una mezcla, un tachilgüil. Los seres humanos, lo dijo Nietzsche, estamos inclinaditos al mal. ¿Has pensado si alguien de tu familia, en 1700 o 1600, fue perseguido por la ley, por alguna travesura, mínima o trágica? ¿Qué se le va a hacer? ¿O lo contrario? Tal vez uno de tus ancestros llegó a ser un gran personaje que aportó dones a la humanidad. Posdata: y resulta que ahora somos ramas de esos grandes árboles y aportamos nuestras historias personales. Quienes tienen descendientes siguen brindando aportes al gran testimonio común. Somos gajos de esa leyenda. El agua inunda muchas orillas. El hombre que llegó de Polonia conoció a una mujer en Chiapas, se casó, tuvo hijos y escribió una historia que jamás imaginó. Así es el agua de la vida, a veces llega del cielo en forma de lluvia; a veces es arroyo que abona tierras; a veces es un tsunami que brota violento del mar. En Europa y en otros países del mundo hay mujeres que nacieron en México y al casarse con extranjeros formaron una familia; de ellas bien puede decirse que son mujeres que llegaron de México. Todo es una gran línea que se dibuja al paso del tiempo. En la foto está el hijo del hombre que vino de Polonia. Acá está, muy guapo, ayudado con la IA. ¿No que no tronabas pistolita? ¡Tzatz Comitán!

jueves, 9 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, CON CERCAS

Querida Mariana: compré otro libro de Javier Cercas. Te conté que leí un gran libro de él: “El loco de Dios en el fin del mundo”. ¡Un librazo! De lo mejor del 2025. Ahora tengo “Independencia” en la lista de espera. Y está en espera porque ahora leo a Xavier Velasco, el irreverente, locochón y buen narrador Xaviercito Velasco. De Xavier leo: “Mala espina”. Esta novela comienza con un cuerpo humano que cae de un edificio de siete pisos y se despanzurra. ¿Es un suicidio? Pero alguien nota que los pies del tipo están amarrados y se pregunta: ¿quién se amarra los pies antes de aventarse al abismo? Ahí comienza la novelita, bien narrada, picazón. Nada del otro mundo, pero disfrutable. Xavier va con equis y Cercas se escribe así. Digo esto, porque abundan los Javier con jota, acá tenemos al buen Xavier González, quien fue Xavier desde mucho antes que el Velasco, porque el escritor nació en 1964 y nuestro Xavier nació en los años cincuenta. Cuando Xavier González llegó a Comitán sorprendió al mundo, porque acá los Javier eran con jota y no con equis. Sucedía lo contrario que con la palabra México, que ya muy pocos la escribían con jota. Claro, los nativos de este país pronunciamos Méjico, sólo los extranjeros le dan ese acento de equis arrastrada: Méssico. Lo mismo sucede con Xavier, lo pronunciamos con jota, pero, lo que sea de cada quien, se ve más nice Xavier que Javier, tal vez porque es menos común. ¿Y qué vainas con Cercas? Es el apellido de Javier, con jota, pero debo decir que yo crecí en Comitán escuchando la palabra cercas. El maestro Beto me enseñó en el salón de clases que la palabra cerca se usaba para designar algo que estaba a corta distancia. Por ejemplo, el templo de El Calvario está cerca del parque central de Comitán (el llamado Benito Juárez, que en realidad, vos lo sabés, es mío, recordá que la piazza e mía). Pero resulta que, fuera del aula, medio mundo no pronunciaba cerca sino cercas. ¡Qué simpático, qué desorientador! Así, el fulano de tal decía: el templo del Calvario está “cercas” del parque central de Comitán. No sé el porqué, pero hay una propensión a agregarle una ese al final a ciertas palabras. ¿Lo “vistes”? ¿Lo “entendistes”? Ay, Señor, qué costumbre tan jodida. Lo mismo sucede con la palabra cerca, claro, la palabra cercas no se escucha tan mal como los dos ejemplos anteriores. Pero, ¿por qué la gente le agregaba la letra ese final a la palabra cerca? Es un poco como no tener idea de la precisión de las palabras, porque todo mundo sabe, ¡lo sabe!, que la palabra cercas se emplea para designar una división territorial. Cercar un terreno es ponerle cercas. ¿De dónde entonces decir “cercas” para señalar algo cercano? ¿Será porque el antónimo de cerca es lejos y como ésta tiene ese al final? No, no, ya estoy derrapando en el terreno de lo estúpido. Lo cierto es que el apellido del gran escritor español lo escuché desde niño. En ese tiempo, Javier Cercas tampoco era el gran escritor, ni había nacido, igual que Xavier Velasco nació en los sesenta. Xavier y yo somos de los cincuenta, acá hablo de Xavier González. En los años sesenta yo era ya un buen lector. Leí a varios escritores españoles, a los famosillos, al poeta Machado, y a los narradores Ana María Matute, a Cervantes, a Unamuno y también a Pío Baroja, a Pérez Galdós y a Camilo José Cela. De todos los nombrados, buenos escritores, sólo el Cela fue Premio Nobel de Literatura, era mal hablado, era fregón. ¿Y Cercas? Cercas era un niño lector, igual que yo, se cultivaba, ahora es un talentosísimo escritor, a veces es nombrado como posible ganador del Nobel de Literatura, no va lejos. En Comitán dirían: Cercas está cercas de ganar el Nobel. ¡Padre bendito! Posdata: ¿qué tanto nos definen los nombres? Imaginá, como mero juego, que yo no fuera Alejandro sino Alexandro o Halejandro o, como me dice un amigo: Alexandros, así, con la ese final. ¿Sería otro? ¿Qué tanto cambiamos cuando aceptamos el sobrenombre que nos dicen otros? Tengo un amigo que ahora se bautizó como Tezcatlipoca, cuando su nombre original es un nombre babilónico. ¿En dónde quedan todos los años en que fuimos lo que quisieron que fuéramos? No sé de dónde la costumbre comiteca de decir “cercas” en lugar del castellano cerca. Lo que no está lejos, en Comitán, está cercas. Ahora estoy muy cerca de Cercas, su narrativa es apasionante, es un gran escritor, digo pues que él está cerca de obtener, algún año del Señor, el Premio Nobel de Literatura, si llego vivo a ese momento lo disfrutaré, saldré al pequeño patio de la casa y diré que todo mundo siempre está cerca de alcanzar sus sueños, siempre y cuando abone el terreno; siempre y cuando coloque cada día un ladrillito. ¿Sueña Cercas con la obtención del premio Nobel? Pienso que eso no le quita el sueño. Hay tanto escritor glorioso que no ha necesitado tal reconocimiento para saber que su obra está muy cerca del Olimpo, “cercas”. ¡Tzatz Comitán!