martes, 10 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON ACTO DE EXCELENCIA

Querida Mariana: el dicho es conocido: “a toda capillita le llega su fiestecita”. El 7 de febrero 2026, a Comitán le llegó el día de un gran festejo científico. Como te había comentado, ese día se efectuó un magno acto: la Jornada Académica Medicina de Laboratorio QFB Enrique Solís Cancino, con dos ponencias. Fue un acto que nadie podía perderse, sin embargo, por desgracia muchos se lo perdieron. Todos los asistentes coincidieron en decir que el evento obtuvo un diez de calificación. Los dos conferenciantes demostraron en el escenario una gran competencia de exposición y de conocimiento en los temas expuestos. Fue una mañana de mucho aprendizaje. A mí me quedó brincando la idea que expuso el Doctor Eduardo Aguirre Langle: "Cuidamos la enfermedad, pero no cuidamos la salud”. ¿Mirás? Así como lo que expuso la Doctora Carla Santana Torres acerca de la importancia de la biología molecular en los análisis clínicos. Las dos conferencias fueron muy accesibles, debido a que los ponentes evitaron términos muy académicos, reconocieron que estaban frente a pares, pero también ante público lego. Todo mundo, sin duda, se llevó motivos de reflexión a su casa, comprendieron el salto cualitativo que ha generado la tecnología en los últimos tiempos. Quedo muy en claro que los tiempos actuales obligan a los laboratorios clínicos a actualizarse, ya que la medicina avanza a pasos rapidísimos. El Doctor Aguirre Langle puntualizó que estos tiempos presentan adelantos maravillosos pero que, además de buenos equipos, se necesitan los ojos entrenados, la mirada experta y acá rindió un homenaje al químico comiteco, pues dijo que él es uno de los mejores morfólogos del país. Ah, qué orgullo para nuestro pueblo, qué privilegio que el químico Enrique esté de nuevo en Comitán y ponga su conocimiento y capacidad al servicio de la comunidad. Digo que las dos ponencias fueron muy motivantes y cercanas al público, el Doctor Aguirre salpimentó su conferencia con chispas de buen humor, y la Doctora llegó a confiar algo íntimo, como que llevó a su mamá al hospital por una dolencia y al salir resultó que se había contagiado de un virus que tenía el respirador, dijo que el hospital fue uno de esos que cobran hasta por caminar por los pasillos. Ahora, la mamá de la Doctora ya le dijo que no vuelve a ir a hospital alguno porque, asegura, la próxima vez saldrá muerta. Este testimonio habla de carencias en el sistema de salud y fortalece la idea del cuidado que cada persona debe tener para su salud. Como lo dijo el Doctor Aguirre, en el país no cuidamos la salud, cuidamos la enfermedad; es decir, todo mundo olvida lo fundamental: si previniéramos no llegaríamos a casos extremos, y en la prevención está incluido el hacerse estudios clínicos en forma regular, para saber cómo está el cuerpo. Ahora, eso dijeron los expertos, los buenos laboratorios tienen la capacidad de presentar análisis con rapidez y eficacia, lo que garantiza una pronta atención al paciente. Como dije: ningún otro laboratorio clínico en Comitán había organizado una jornada académica de este nivel. Comitán tuvo su festejo y fue en grande, por la calidad de los conferenciantes, por la claridad en la exposición de ideas, en temas complejos de principio. Posdata: después de la primera conferencia hubo un receso de diez minutos, tiempo donde la audiencia pasó al vestíbulo para tomar un café, un vaso de agua o un bocadillo. Ahí saludé a mi compa Javier, a Jorge Pinto y a Guayo Bonifaz, los tres compañeros del químico en la mesa de la Esquina de Belisario. Me dio gusto ver la solidaridad del grupo. Me quedé platicando con Guayo y él, con su característico buen humor, me hizo botarme de la risa en varias ocasiones. Todo estuvo genial, todo fue una manifestación de vida, porque el cuidado de la vida fue el punto central. En la foto: Gino Fabrizzio Noris García, Carla Santana Torres, Enrique Solís Cancino y Eduardo Aguirre Langle. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 9 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON UNA BUENA SEÑAL

Querida Mariana: los servicios médicos son una demanda de la población. Celebré la noticia cuando supe que mi admirado Maestro Luis Ignacio Avendaño Bermúdez había sido nombrado director general del ISSTECH. El gobernador de Chiapas lo conoce, sabe de su capacidad y entrega al servicio, así que consideró que la presencia de Luis Ignacio en el ISSTECH le inyectaría (nunca tan bien aplicado el término) sangre positiva para revitalizar la institución. El Maestro Avendaño Bermúdez llegó al cargo, precedido por la relevante actuación que tuvo como presidente del Congreso de Chiapas. Supe que pondría toda su capacidad y su amor por el prójimo para bien de la sociedad. El otro día vi un video donde entrevistaron al doctor Octavio Antonio España, quien es jefe de servicios de imagenología. ¿Qué es la imagenología? Busqué en el Internet y hallé lo siguiente: “es una rama médica que utiliza tecnologías avanzadas -como rayos x, ultrasonido y resonancia magnética- para visualizar el interior del cuerpo humano con fines diagnósticos, terapéuticos y científicos”. Muy claro, ¿verdad? La imagenología es de gran ayuda para la detección de dolencias. Si el paciente llega y le dice al médico: “es que me duele mucho acá” y señala la parte del cuerpo donde tiene una dolencia interior, la imagenología entra en acción y, gracias a la tecnología, puede orientar para un buen diagnóstico. Por ello, el doctor España dijo que el gobernador del estado, el Doctor Eduardo Ramírez Aguilar, y el director general del ISSTECH, el Maestro Luis Ignacio Avendaño, renuevan los equipos obsoletos. El otro día asistí a una serie de conferencias en el Teatro de la Ciudad, en Comitán, donde los dos expositores (expertos en análisis clínico) nos dijeron a todos los presentes que, actualmente, la medicina tiene grandes avances, lo que exige una actualización en los equipos, en el caso particular de los laboratorios de análisis clínicos, para dar un resultado confiable y rápido. Bueno, mi admirado Maestro Luis Ignacio, de la mano del gobernador de Chiapas, han iniciado a renovar equipos de radiología. El doctor España dijo que con ello “se fortalece la capacidad diagnóstica del ISSTECH”. Con la nueva tecnología se puede tener resultados en dos o tres minutos. Esto, sin duda, ayuda a la efectividad de los servicios. Posdata: hay mucho por hacer, pero están haciendo mucho. Todo para el servicio de la comunidad. Hay algo que está por encima de toda la atención, la idea del humanismo, el compromiso de considerar que cada ser humano debe recibir un trato digno. Recordemos, querida mía, que cuando alguien tiene un padecimiento físico o mental necesita encontrar solidaridad y un acompañamiento con afecto y cariño. Hay mucho por hacer, pero están haciendo mucho. ¡Va por Chiapas! ¡Tzatz Comitán!

domingo, 8 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL LIBRO LÁZARA

Querida Mariana: la poeta Mirtha Luz Pérez Robledo vino a Comitán, su Comitán. ¿Recordás que ella escribió que no era de Comitán, que Comitán era suyo? Quienes vivimos en Comitán, vivimos en su propiedad. Como no es la clásica terrateniente de tiempos de Rosario Castellanos, ella es generosa y nos permite habitar su corpus y acá vivimos tranquilos, bueno, más o menos tranquilos, gozando de los dones de su pueblo. Mirtha no sólo nos permite vivir en su Comitán, generosa, nos regala árboles de palabras que son como frutos jugosos para calmar el hambre y la sed. Muchos adoradores de la palabra la reconocen, por esto, tiene muchos afectos en su pueblo, ya ciudad. Muchas de sus amistades la acompañaron la tarde del 6 de febrero 2026, que estuvo en Comitán. Estuvo en el auditorio Roberto Cordero Citalán, autor de la canción “Comitán”, que dice que el pueblo de Mirtha es “de Las Flores”, por esto el director del Centro Cultural Rosario Castellanos dijo que la poeta es una joya de este pueblo, una flor de este jardín pleno. ¿A qué vino Mirtha? A abrir las manos y regar palabras, vino a sembrar un testimonio de luz, en medio de la oscuridad; vino a sembrar esperanza de vida que conjure la desgracia. Hace muchos años, el genial Eduardo Matos Moctezuma (el equipo de Arenilla lo saludó en la FIL de Guadalajara 2025) descubrió el enorme tzompantli, que es un mural prehispánico con cráneos de víctimas sacrificadas. ¿Por qué hablo del tzompantli? Porque Mirtha, en el libro “Lázara”, en pleno siglo XXI lega al mundo un tzompantli con palabras. La gran poesía está relacionada con la vida y, sobre todo, con la muerte; el tema es Eros y Tánatos; Mirtha ha escrito un libro con palabras que oscilan entre esa dualidad, ha escrito su “Muerte sin fin”. Así como Rosario escribió “Memorial de Tlatelolco”, Sabines “La muerte del Mayor Sabines” y Miguel Ángel Godínez Gutiérrez “Aire, otra vez”, dedicado a la muerte de su hijito, Mirtha ha escrito “Lázara”. Fui a saludar a la poeta, quien estuvo acompañada por dos comentaristas: Chusy Coutiño, destacada promotora cultural, y por el poeta Arbey Rivera, director de cultura del Ayuntamiento de La Independencia; y por la moderadora Aurorita Avendaño. Cuando los visitantes se paran frente al tzompantli prehispánico hay una ficha que explica la cosmogonía de tal visión. Cuando llegué a casa, abrí el libro “Lázara” y hallé un breve texto escrito por Mirtha que habla de la concepción de su particular tzompantli. En ese textillo está explicado todo, no necesita agregarse una palabra más. Te lo comparto: “Lázara es una palabra que me dice “levántate y anda” y es también la palabra de mi hija, que a pesar de su caída sigue hablando y caminando. Lázara es ella y soy yo, somos las dos en una misma senda. Lázara es este mundo que he inventado a partir de las palabras donde habitamos las dos: juntas hemos llegado. Lázara es un libro y un mundo y un camino de luz que caminamos ella y yo, que invitamos a otras personas a caminar con nosotras, para que a partir de las palabras de este libro las personas puedan encontrar otras palabras, sus propias palabras y puedan decir lo que quieran decir, para que lo que les duela tome un camino a través de las palabras y salga de su cuerpo y de su alma y cada palabra les ayude a sanar” Posdata: Nadia Vera, hija de Mirtha, nació el 8 de febrero de 1983, en Comitán; y fue brutalmente asesinada el 31 de julio de 2015. El dolor de una madre no puede comprenderse a cabalidad, es una gruta donde cae puntualmente una gota fría, ácida, putrefacta, infinita. Mirtha comparte esa grieta y, generosa, advierte a quien pase por esa ingrata experiencia humana que puedan encontrar sus propias palabras y que “cada palabra les ayude a sanar”. Su tzompantli está hecho de palabras que van más allá de la cosmogonía de los mexicas, hay calaveras que gritan con voz muda, pero, además el muro de Mirtha advierte: “Resucitar es la consigna / aunque haya que morir mil veces”. Un mensaje puede ser que la esperanza, como el barco, debe navegar, aunque el viento sea contrario. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 7 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON DEPORTES

Querida Mariana: así como somos un país taquero, somos un país futbolero. Se practican muchos deportes: básquet, voleibol, natación, esgrima, canotaje, clavados, pero lo nuestro es el fútbol. Los sociólogos han explicado la razón: es un deporte que puede jugarse con un simple balón (Pelé niño y sus compas, en Brasil, fabricaban una pelota con trapos y jugaban en una calle de tierra). Cuando estudié la secundaria en el Colegio Mariano N. Ruiz, a la hora del recreo echábamos la cascarita en una calle lateral del parque de San Sebastián, las porterías se señalaban con piedritas. Es un juego sencillo, casi simple, no necesita redes, como el tenis, ni diamantes como el béisbol. Por todo y más, el país es futbolero. Esto lo pensé cuando trepé al Mirador de La Independencia (acá te paso copia de la fotografía que tomé). ¡Ciento un escalones! Eso fue lo que conté. ¡Ciento un escalones! Dora Patricia Espinosa y Robertito llegaron antes. Claro, son jóvenes. Yo hice una parada en dos descansos que tiene la escalinata. Hice como que disfrutaba el paisaje, lo cierto es que agarraba resuello. Llegué, después de contabilizar ciento un escalones. El maestro Temo Alcázar haría el ascenso corriendo, contento. La mañana era fría, pero con sol. Como sabe medio mundo, cuando subís a la cima de una montaña la vista es inédita, sorprendente. Me sentí alegre al estar trepado en el Mirador de La Independencia, ya con el pulso normal disfruté la vista. No me senté, estuve parado, caminé de un lado hacia otro para que mi mirada pepenara todo el paisaje. Vi, a la distancia, pequeños montículos, que son como una aureola que bendice el pueblo, pueblo que está trepado en un altito y que se desparrama hacia el valle. Miré lo que acá ves vos. Lo más visible es una laguna al lado de una carretera y los techos de un caserío, pero si ves con atención, en medio de los árboles hay campos deportivos, canchas de fútbol soccer. La primera está al pie de la foto, al pie del Mirador, al pie de tu mirada, se me antoja que es un campo con medidas reglamentarias, donde hay juegos de vez en vez y los espectadores se recuestan en la sombra de los árboles que son como el límite del campo de juego. Ahora, por favor, te pido que agucés la mirada y tomés tus ojos de las manos y los llevés casi al fondo, ahora el pie de las colinas de enfrente y veás dos tribunas (que en ese momento estaban vacías, pero que deben llenarse cuando hay partido, cuando hay “jugada”). ¿Ya viste el par de tribunas? Muy bien hechas, lindas. Bueno, pues al pie de esas tribunas está otra cancha de fútbol, sin duda que también reglamentaria. Ah, imaginé la algarabía de la gente cuando está sentada ahí, tomando un refresco y una torta, mientras en la cancha los jugadores de dos equipos se disputan el balón y hacen todo lo posible por llegar a la portería contraria y meter ¡gol!, porque, todo mundo sabe que también el último minuto tiene sesenta segundos, como dijo el gran cronista deportivo. Muy cerca de esa cancha está la otra, una que pertenece a la Escuela Secundaria, cuyos estudiantes se presentan a las doce del día y salen en la tarde. Es una escuela atípica, porque ni es matutina ni vespertina. Me cuentan que antes funcionaba como vespertina, pero los estudiantes ya salían muy tarde (ya de noche) y esto implicaba un gran riesgo, porque la mayoría de chicos y chicas viven en comunidades cercanas, pero que en bicicleta o caminando están distantes. Ahora, los muchachos llegan con sol y se retiran con sol, esto ayuda a la seguridad. ¡Bien! Bueno, pues la escuela tiene una cancha de fútbol soccer. La mañana que estuvimos en La Independencia fuimos a la secundaria y como nos tocó la hora del receso vimos cómo muchos chicos echaban la cascarita, reafirmando un poco lo que digo: México es un país taquero y futbolero. Basta decir que todo mundo está ya entusiasmado por la proximidad del Mundial donde nuestro país será sede, junto a Estados Unidos de Norteamérica y Canadá. Entiendo que es la primera vez que un Mundial de Fútbol se realiza en tres países a la vez; pero también es digno de considerar que de los tres países sedes el más entrado con el tema es México. En USA impera el fútbol americano, la práctica del soccer es reciente, pero eso sí, como hay mucha paga, le invirtieron y ahora la selección mexicana se las ve verdes para vencer a los gringos. Digo que hay tanta paga que en un momento de la historia contrataron a grandes futbolistas (Pelé incluido) para que sus prestigios ayudaran a hacer popular este deporte. Llamó mi atención que desde El Mirador logré ver así, a vuelo de pájaro, un espacio de la cabecera municipal donde se ve tres canchas de fútbol. Ah, qué buenos encuentros deben darse ahí. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 6 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON UNA NOTICIA SENSACIONAL

Querida Mariana: Dora Patricia Espinosa y yo fuimos a la Facultad de Ciencias Administrativas de la Benemérita UNACH. Fuimos la mañana del 5 de febrero, fecha donde se celebra la Promulgación de la Constitución. Fuimos porque se dio a conocer una noticia sensacional: del 24 al 28 de agosto de 2026 se celebrará en la ciudad capital de Chiapas la Convención Internacional UNACH (CIU 2026). Nuestra paisana, la Doctora Mary Carmen Vázquez, secretaria general de la UNACH, brindó un panorama general del acto; posteriormente la directora de la Escuela de Lenguas y la directora de la Facultad de Humanidades (mi facultad) puntualizaron los actos. Al final, el rector, Doctor Oswaldo Chacón Rojas, dio un saludo y explicó la importancia de la realización de la Convención Internacional UNACH. Todos los invitados de la sociedad comiteca estuvieron de acuerdo en felicitar a las autoridades universitarias por echarse este trompo a la uña, trompo que girará para fomentar la ciencia, la cultura y el desarrollo empresarial, que son los tres ejes del acto. A los asistentes nos ofrecieron una carpeta informativa donde está trazada la ruta. Ya dije que se celebrará del 24 al 28 de agosto de 2026, se espera una afluencia de doce mil personas y acudirán delegaciones de al menos diez países. ¿Viste lo que escribí? La representante de la barra de abogados comitecos definió el acto como un ¡eventazo! Sin duda, todo está perfectamente planificado, sin duda que será un éxito más de mi universidad. La Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, Cuba, será la invitada de honor. Cuando llegué a casa busqué algunos datos de la universidad invitada y encontré que fue fundada en 1952. ¿Mirás? Tiene una tradición académica de setenta y cuatro años. La Marta Abreu está considerado como el centro de educación superior más importante de la región central de Cuba. Ofrece 54 carreras, de las cuales 31 han sido evaluadas de excelencia. ¿Por qué se llama así la universidad cubana? El Internet cumplió su función y me dio los siguientes datos: Martha Abreu nació en 1845 y falleció en 1909, “fue una insigne patriota, filántropa y benefactora cubana”. ¡Genial! Honor a quien honor merece. La información agrega que financió obras esenciales como escuelas, asilos y el Teatro La Caridad, teatro donde actuó Caruso y la argentina-mexicana Libertad Lamarque. Ah, toda una gran historia. Pues todo esto y más es lo que ya comenzamos a vivir con esta noticia. Todo mundo reconoce la gran labor que realiza el Doctor Oswaldo al frente de la UNACH. Paty y yo tuvimos la oportunidad de saludar al rector en la Feria Internacional del Libro 2025, en Guadalajara, y lo saludamos la mañana del cinco de febrero. El 1 de julio se publicará el programa final y con ello iniciará el banderazo para la gran fecha del 24 de agosto, día que marcará la magna inauguración. Me dio gusto que en cuanto se sentó el Doctor Oswaldo en la mesa de honor lo vi abrir una servilleta con un pan compuesto y no evitó darle la mordida del antojo. La Doctora Mary Carmen reveló que ya están en pláticas con ponentes de gran nivel, lo que garantiza el nivel de excelencia de la Convención Internacional UNACH. El Doctor Oswaldo dijo que el “CIU 2026 será un hecho histórico para la Benemérita UNACH, la ciudad de Tuxtla Gutiérrez y el estado de Chiapas”. Su presencia en la Facultad de Ciencias Administrativas, Campus VIII Comitán, fue muestra del interés que él pone a cada acto que la universidad proyecta. En el aspecto cultural del CIU 2026 habrá conciertos de marimba, talleres de danza, exposiciones, muestras culturales, toquines de rock, presentación de un tenor, presentaciones de libros y una exposición titulada: “Los niños en la ciencia”. Posdata: y en el eje del Desarrollo Empresarial se llevará a cabo la Feria de Innovación Empresarial, con 25 stands en el Centro de Convenciones Dr. Manuel Velasco Suárez, quien fue el gobernador en los inicios de actividades de la UNACH. Fue una gran mañana, todo mundo salió fortalecido al apreciar el talento puesto al servicio de Chiapas. Se honra el lema de la UNACH: “Por la conciencia de la necesidad de servir”. ¡Bien! ¡Tzatz Comitán!

jueves, 5 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON CINE DE CALIDAD

Querida Mariana: ¿cómo se dice cuando el corazón está contento? ¿Se puede decir esa palabra simpática que es: Obnufecho? ¿Nunca has oído Obnufecho? Alondra Ruiseñor la decía frecuentemente cuando estaba alegre, es la mezcla de dos palabras conocidas: obnubilado y satisfecho. Si buscás en el diccionario verás que obnubilado se presta a confusión, porque se dice cuando alguien está desorientado, pero también se aplica al que anda enamorado. Alondra Ruiseñor la aplicaba en el último término, porque los enamorados andan como entre bosques llenos de nubes. Y, bueno, satisfecho no necesita mayor explicación, así que Obnufecho es como un enamoramiento casi perfecto. Pues cuando vi el cartel me sentí Obnufecho, al ciento por ciento. Pensé que es una de las grandes noticias con las que iniciamos el veinte veintiséis. ¿A qué me refiero? Angélica Altuzar Constantino, directora de Coneculta, vino a Comitán para anunciar que nuestro pueblo gozará de la 78ª Muestra Internacional de Cine. ¿Mirás lo que escribí? En nuestro pueblo, los cinéfilos podrán gozar de cinco películas que estuvieron en la programación oficial de la 78ª Muestra Internacional del Cine, que se proyectaron en las dos Cinetecas de la CDMX. Cuando nos conocimos te conté que yo, igual que vos, soy un apasionado cinéfilo; te conté que cuando viví en la capital del país a finales de los años setenta no me perdía la Muestra Internacional del Cine, que en aquel entonces proyectaban en la Cineteca Nacional que ya no existe, la que se quemó. “La Tierra de la gran promesa” era la película que se proyectaba la tarde del incendio de la Cineteca, en 1982. Ya te conté que Juan Villoro escribió una novela que aborda el tema, con el mismo título. La novelilla de Villoro es muy digna, muy leíble, disfrutable. Lo que quiero decir es que en los años setenta disfruté de las Muestras Internacionales del Cine. Compraba un abono para toda la Muestra y no faltaba un solo día. Ah, qué banquete tan espléndido. La gracia de la Muestra Internacional del Cine es que contiene algunas de las mejores películas del mundo, las que difícilmente entran a los circuitos comerciales. Por supuesto que no son cintas complacientes, muchas requieren un pitz de aplicación, son propuestas inteligentes, novedosas, incluso vanguardistas. Esto sucedía en los años setenta, cuando yo andaba por los veinte años de edad. Cuando salí de la CDMX (anteriormente Distrito Federal) esa magia se extravió y volví a enredarme con el cine comercial de todos los días. Ahora mi corazón está Obnufecho, porque me enteré que del 24 al 28 de febrero habrá buen cine en el pueblo; se exhibirán en el auditorio del Centro Cultural Rosario Castellanos cinco películas que integraron parte de la 78ª Muestra Internacional del Cine, que se exhibió en las Cinetecas Nacionales a finales del 2025. Las cintas programadas para exhibición en Comitán son producciones del 2024 y del 2025; es decir, están calientitas, recién salidas del comal donde se cocinan las mejores películas. Ya chequé la programación y la comparto con vos: “Ella y su hijo”, coproducción Irán, Francia; “Sueños (sexo-amor)”, de Noruega, que fue ganadora del Oso de Oro, en el Festival del Cine de Berlín; “O último azul”, de Brasil; “Un fantasma para servirte”, de Tailandia; y “Sirat: trance en desierto”, de España. Oh, la la. Tutto bene. Obnufecho. En los años setenta tuve que vivir en la CDMX para disfrutar la Muestra, treparme al Metro, comprar mi abono; ahora, en el bendito 2026 bastará con caminar unas cuadras, pagar treinta pesos y disfrutar de lo mejor del cine internacional. Posdata: qué buena noticia, qué buena iniciativa cultural. Los amantes del buen cine, como vos, no pueden perderse esta extraordinaria oportunidad. Entiendo que la programación es para personas con criterio bien formado. No vi cintas dirigidas a la niñez. Tal vez un día nos sorprendan con un ciclo de cine especial para pequeños, sería fantástico. Coneculta cumple así con su cometido de revitalizar la cultura en esta administración. Bien, muy bien. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 4 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN EQUIPO DE FÚTBOL

Querida Mariana: ¡mentira! No es un equipo de fútbol, aunque hay dos integrantes con playera deportiva y somos once los que estamos en la fotografía. Es una fotografía tomada en los años ochenta, en el Río Grande. Se aprecia la generosidad de los árboles y se distingue un pequeño riachuelo (todavía llevaba un poco de agua ese arroyo). No fuimos a jugar fútbol. ¡No! Fue una reunión de esas que se daban sin prepararlas. Un día viernes, al término de las clases, alguien aparecía con la genial idea de ir a tomar unas cervezas. Ese día decidimos ir al Río Grande. De inmediato sacamos los billetitos para comprar algo de botana y bebidas. Tal vez más bebidas que botanas. Por esto nadie tiene un chicharroncito en la mano, pero ¿qué tal los vasos y las cervezas? Dije que la fotografía es de los años ochenta, ahora me llegó un rayo de iluminación. ¿Y si es 1986? Esto justificaría las dos playeras verdes, playeras de la Selección Mexicana de Fútbol, que portan el profe de Español y el hijo de Ricardo. Digo que puede ser 1986, porque en ese año se realizó el Mundial de Fútbol en nuestro país. El Internet dice que el campeonato se efectuó del 31 de mayo al 29 de junio, así que es muy probable que esta fotografía haya sido tomada en los primeros días de junio, cuando México participó y alcanzó a llegar a cuartos de final donde fue eliminado por Alemania. Tal vez sea cierto lo que deduzco. Si no, ahí disculpás. Como ves, la foto fue tomada ya en la tarde, el sol se dispone a descansar, por esto envía sus rayos de oro con tal belleza que dora las frondas de esos árboles que han crecido a la orilla del río. Esta imagen era común en aquel tiempo. Entiendo que todavía sigue siéndolo, muchos amigos y parientes se ponen de acuerdo para la convivencia. Doña Lolita Albores contaba que en los años cincuenta del siglo pasado era costumbre de las familias caminar hasta el Río Grande, llevando canastas con comida tradicional, no faltaban los paquitos de frijol o de chorizo con huevo, las llamadas gallinas paseadas y una botellita de Comiteco para meterse un pitutazo al salir de la nadada, porque hubo un tiempo en que el lecho del río tuvo la bendición del agua y había lugares donde la gente se echaba clavados. Recordá que en una poza hubo un accidente y un nadador se ahogó. Hoy la gente se ahoga de polvo cuando alguien corre sobre la tierra. Mi memoria pishcul no encuentra el nombre del profe de Español. Me da pena, pero nada puedo hacer para remediarlo. Ojalá uno de tus compas sepa y cincele el nombre en una piedra para que no se olvide nunca más. Mientras tanto te compartiré los nombres de quienes estamos acá, en el orden clásico, de izquierda a derecha: Manolo Nucamendi Pulido, Francisco Roberto Aguilar Alfaro, Jorge Gómez Solís (el famoso Coordi, en ese momento), Francisco Rustrián Herrera, Jorge Gordillo Mandujano, Antonio López Hernández, José Hugo Campos Guillén, Ricardo de Jesús Aguilar y tu amigo. Pienso que para ese tiempo ya no le metía al traguito, porque acá me veo muy decente. Esto no quiere decir que los demás se vean indecentes, pero yo estoy muy bien vestidito, muy formalito, estas dos características no me acompañaban cuando ya había tomado algunos alcoholes; cuando ya estaba con dos o tres entre pecho y espalda tomaba la horma que acá tiene el Coordi. Un día pensé que ya debía ir de regreso y dejé de beber trago y, como consecuencia natural, también dejé de ir a reuniones. Hoy es casi imposible que me encontrés en una fotografía similar. Posdata: estas reuniones eran simpáticas, fomentaban la convivencia, ahí brillaba el talento de los grandes contadores de anécdotas, en la foto hay varios excelentes conversadores, geniales improvisadores. Quienes tienen la fortuna de conocerlos saben que hay mucha vida en cada testimonio, que son personas que viven con intensidad. Yo me pegaba y disfrutaba sus ocurrencias. Ya no. Por esto, cuando paso por la mesa de la Esquina de Belisario y veo al grupo de amigos que se divierten pienso que ellos se llenan de vida. A todos los veo llegar día a día con puntualidad para tomar un refresco o un café (nada de trago, cuando menos ahí) y gozar de la comunión en comunidad. Bien por ellos. Bien por todos los amigos que se reúnen para vivir la hermosa experiencia de la convivencia. ¡Tzatz Comitán!

martes, 3 de febrero de 2026

TARDE EN UNA POSADA

Vi al hombre, acodado en el pretil del pasillo. ¿Tercer o cuarto piso? El edificio era muy alto. Yo estaba en el patio central. En el último piso había un domo que permitía el paso de la luz. ¿Puedo decir que el edificio tenía la misma estructura de las casas comitecas antiguas? Las casas de mi pueblo, las de mitad del siglo XX, tenían un patio central rodeado por corredores. Este edificio, donde estábamos el hombre y yo, tenía la misma disposición espacial. Claro, era de varios pisos, era una casa comiteca con un chorizal de niveles. La diferencia más visible era que cuando llovía no se mojaba el patio central, porque el domo lo impedía. En las casas comitecas entraba el sol y también la lluvia, pero bastaba colocarse en uno de los corredores para refugiarse de la lluvia. En los años sesenta del siglo XX nadie se protegía del sol. El clima de Comitán era templado y el sol era afectuoso, acariciador. Vi al hombre. Conté los niveles: uno, dos, tres. Sí, el hombre estaba acodado en el pretil del tercer piso. Seguí contando: cuatro, cinco, seis. Seis niveles tenía el edificio. No estaba pintado. Todo el terminado era martelinado, digamos que el cemento estaba en bruto. Esta textura daba una sensación agradable. En el centro del patio había una fuente rodeada con macetas de barro y buganvilias. Cada piso tenía más macetas con buganvilias, ancladas a los pilares. La vista era bella. El hombre estaba acodado, tenía las manos unidas, vestía una playera color morado. Desde donde yo estaba vi que casi no tenía cabello, su cabeza era como un reflector, o más bien como un espejo cóncavo que reflejaba los rayos dóciles del domo. Yo vi al hombre desde el principio, pero él no me vio para nada. Su mirada estaba dirigida hacia el horizonte, rebotaba en el pasillo de enfrente. Busqué si había más personas en el edificio y no vi a nadie más. Podía decirse que en el amplísimo sitio sólo estábamos él y yo. Él viendo hacia el frente indefinido, con la mirada como extraviada, como si fuese un navío bogando en el mar del aire, y yo, viéndolo a él, preguntándome si él era huésped regular de esa pensión o tal vez era un visitante ocasional. Pensé que la pensión era agradable, sobria, decente. Pero, parecía casi vacía. Busqué en otros pisos y en los corredores alguna presencia humana. ¡Ninguna! Sólo estábamos el hombre del tercer piso, quien seguía en su mundo, sin ver hacia otro lado que no fuera lo de enfrente. Pensé que sólo él y yo habíamos coincidido en ese espacio y en ese lugar, así que, contra mi carácter, decidí saludarlo, desde abajo lo vi y dije, en voz alta: “Buen día”. “Buen día”, escuché como respuesta, una chica se asomó en una puerta de una recámara del primer piso. Me sorprendió. Ella se acercó y preguntó a quién había saludado. Sin señalar, dije que había saludado al hombre del tercer piso. “Ay, padre, ¿usted también vio al fantasma del viejo asesino? Ahora no hay más gente que usted y yo”. Volvió a reír y se metió a la recámara. Un aroma de humedad pareció brotar de ese cuarto. Miré hacia arriba, el hombre seguía inmovible. Decidí, contra mi carácter, subir para saludarlo. Busqué la escalera, me ayudé con el pasamanos de hierro. Al llegar al tercer descanso lo vi de espaldas. Era un hombre con un cuerpo modelado en un gimnasio, la playera la llenaba con una espalda musculosa. Tosí tantito, él no volvió la mirada. Me acerqué y lo saludé. Él dijo: “Lo oí decir buen día, ¿a quién saludó?” Le dije que lo había saludado a él, pero que una chica había respondido allá abajo. El hombre dejó su rostro de piedra, sonrió y dijo: “Ay, padre, ¿usted también vio el fantasma de la loca? Ahora no hay más gente que usted y yo”.

lunes, 2 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON ALBERCAS

Querida Mariana: nunca aprendí a nadar. No soy amigo del agua. Me baño todos los días, porque sé que no moriré ahogado. Procuro tener cuidado para no resbalar. De niño fui en muchas ocasiones a casa de mis tíos Juanita y Guillermo Bermúdez, en la mera esquina de la Calle del Resbalón. En esa casa prodigiosa había un par de albercas. Muchas personas llegaban a nadar ahí. Un poco más arriba, a mitad de la calle, había otro par de albercas. ¿Por qué tanta alberca en esa zona? Porque ahí estaba el manantial de La Pila, el que sigue alimentando los chorros. Las albercas de mis tíos fueron conocidas como Las albercas de Los Bermúdez, y las de la mitad de calle: Las Albercas de Los Morales. Una mañana de éstas pasé por la casa de mis tíos, ya difuntos, hallé a un hombre (Juan Ramón) sacando una serie de palitos que trepaba a un diablito cargador. Lo saludé. ¿Todavía existen las albercas?, fue mi pregunta. Su respuesta fue generosa, porque no sólo me enteré que ya no existen las albercas de Los Bermúdez, sino que él tiene 39 años que dejó de beber trago. Él, de chiquitío, fue bolero, cobraba diez centavos por boleada. Laboraba en el parque de La Pila y en el parque central. Con eso ayudaba a los gastos de casa, porque su papá los abandonó. Su mamá, gracias a Dios, aún vive, tiene más de ochenta años. Juan Ramón guardaba veinte centavos para entrar a nadar a las albercas. Desnuditos, dijo, así se bañaban, éramos niños sin malicia. Juan Ramón dijo: el dinero lo dábamos a dos mujeres que estaban en el corredor (pensé en mi tía Juanita y en mi tía Alicita o en mi madrina Elenita). Dijo que las albercas de Los Morales tenían trampolines de madera, juntó las manos e hizo el movimiento de aventarse de clavado. Más o menos a la edad de diecisiete años comenzó a beber trago. Su mamá, con lágrimas, le pedía que dejara de beber, pero Juan Ramón, molesto, envalentonado, tonto, le dijo: “¡déjame vivir!” y se fue de casa, viajó, trabajó como albañil en muchos lugares, dice que llegó hasta México. Las cantinas eran sus lugares consentidos. De niño se bañaban en las albercas de mis tíos; ya de grande se bañaba con trago. Un día regresó a Comitán y dice que encontró una su chaparrita, dejó de beber, comenzó a irle bien económicamente, su suegro lo llevó a ver un terreno y le dijo: es tuyo, construí acá tu casa. Juan Ramón y su chaparrita compraron varillas, cemento y ladrillos y Juan Ramón comenzó con la construcción, cuando ya estaba a punto de acabar dijo que cuando estuviera listo el colado invitarían a amigos y familiares para hacer una comida de festejo, su chaparrita dijo: si va a ser pretexto para que volvás a beber, mejor que quede sin acabar la casa. Juan Ramón, molesto, hizo su gusto y volvió a meterle al trago, hasta que un día encontró un amigo que lo invitó a ir a un grupo que estaba por las Siete Esquinas, ahí, alguien dijo: las puertas del grupo están abiertas, así como las de la cantina, vos decidís en dónde entrar y Juan Ramón dejó de beber trago. Ya cumplió treinta y nueve años de no beber, dijo que con su chaparrita tuvieron diez hijos y, con gran orgullo, me dijo: cinco son profesionistas. Posdata: sólo le pregunté si existían las albercas de Los Bermúdez y él se sintió cómodo conmigo y compartió parte de su vida, vida intensa, aleccionadora, dramática, alegre. Siempre he pensado que cada persona tiene un testimonio de vida que incluye la síntesis de la existencia. Actualmente somos más de ocho mil millones de personas en el mundo. El testimonio de Juan Ramón es una de esos millones de biografías. En estas biografías, como dicen de los tamales, hay de chile, de dulce y de manteca. Hay vidas que caminan más o menos derecho, hay otras que caminan en orillas peligrosas, muy cerca del vacío. Hay de todo en la Viña del Señor. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 1 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON SETENTA Y SEIS AÑOS

El tiempo siempre está en movimiento. Un poeta lo comparó con el agua y dijo que mucha agua ha corrido debajo del puente. Más agua, mucha más, ha corrido desde el momento en que el Colegio Mariano N. Ruiz inició su fértil labor. El 5 de febrero de 1950, gracias a la visión del Padre Carlos J. Mandujano, el colegio comenzó a servir a la sociedad comiteca y de la región. Estoy hablando, querida mía, de una institución educativa que cumple setenta y seis años; es decir, toda la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. ¡Cuánta vida! Mi amado Gutmita siempre me dice que fue uno de los alumnos fundadores. Se dice muy fácil, pero en este 2026 se cumplen setenta y seis años de vida de esta maravillosa institución. Te he contado que estoy muy ligado al colegio, he sido testigo de su desarrollo. Ahí estudié la educación secundaria. Tuve compañeros que hasta la fecha siguen estando en mi vida. Cuando llego a la oficina encuentro en forma frecuente a Jovita Briones, quien tiene su casa casi enfrente de Arenilla. Ahora que el equipo editorial estuvo en Guadalajara, para presentar el número 49 de nuestra revista en la Feria Internacional del Libro 2025, dos ex compañeros estuvieron muy atentos con nosotros: Luis Molina, quien nos acompañó la mañana de presentación, y Eva Morante quien hizo favor de recibir los paquetes con revistas que distribuimos en el Pabellón Chiapas. La amistad con Luis y Eva inició en los salones del Colegio Mariano N. Ruiz. Así, muchos más. Los integrantes de mi palomilla los conocí en el patio de juegos de la Mariano, en el edificio que está frente al Niñito Fundador. Cuando había examen, muchos alumnos cruzábamos la calle, entrábamos a la capilla y pedíamos al Niñito que nos ayudara a responder la prueba. Mariano N. Ruiz fue un gran maestro, nació en San Cristóbal de Las Casas, llegó a Comitán y acá fundó la escuela “La Industrial”. Carlos J. Mandujano fue su alumno. En 1950 el padre Carlos fundó su escuela y la bautizó con el nombre de su maestro, para honrarlo. Qué gran gesto de un alumno agradecido. Con ello, el padre reconoció el talento y sapiencia de quien es conocido como “El sabio olvidado de Chiapas”. La historia cuenta que un grupo de alumnos, para honrar la memoria del maestro Mariano, lanzó la iniciativa de erigir un faro en lo alto del cerro Nehuestik, pero la propuesta no prosperó, así que el padre Carlos dijo que fundaría un colegio con el nombre del maestro, que fuera un faro de luz espiritual y científica. Así ha sido, durante ya setenta y seis años, el Colegio Mariano N. Ruiz se ha distinguido por ser hogar de decenas de estudiantes que ahora son destacados profesionales que contribuyen al engrandecimiento de la patria: México. Setenta y seis años de gloria. Acá comparto con vos una fotografía que robé del muro de Francisco Gordillo, donde él está en el grupo de la maestra Matilde Mandujano. Ah, cuánto chiquitío inquieto, ahí hay muchas caritas conocidas. Ellos, como ya dije, han crecido y ahora fortalecen a nuestra sociedad. Son, orgullosamente, ¡Marianitos! El CBTis 108 cumplió en 2025 su aniversario número cincuenta. Muchas instituciones de prestigio han dado realce a la educación en Comitán. Hace días estuvo el gobernador de Chiapas en la colocación de la primera piedra de una nueva institución, el Colegio HAMPTON, colegio que se agregará pronto a la oferta educativa en Comitán. El Colegio Mariano N. Ruiz cumple setenta y seis años, lapso donde ha cimentado un gran prestigio, basado en principios esenciales, que honran la trayectoria de grandes espíritus. Posdata: no sólo estudié la secundaria en el colegio, al volver de la CDMX, me integré como catedrático en 1982 y, posteriormente, fui directivo. Llevo muchos años de vida ligados a esta gloriosa institución, por eso celebro y agradezco al universo por ser parte de la Mariano. Con orgullo digo: soy Marianito, como cientos y cientos de alumnos, así como los que acá están acompañando a la Maestra Mati. Felicidades a esta noble institución. Que viva el Colegio Mariano N. Ruiz. ¡Cuánta agua bendita! ¡Tzatz Comitán!

sábado, 31 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON EXVOTOS

Querida Mariana: ¿recordás el libro que tenía Lucía? ¿El de Exvotos? Ahí, hasta donde recuerdo, nos enteramos que fue con Hernán Cortés que llegó a México la tradición del exvoto; es decir, el exvoto nos llegó junto con la Conquista Española, en la misma maleta donde los misioneros traían el crucifijo. Se entiende que los misioneros hicieron su chamba dando a conocer los milagros que Dios o las vírgenes y los santos hacían a los fieles que tenían fe, así que era de gente agradecida entregar una muestra de gratitud a través de esas pequeñas laminitas pintadas, donde el pintor recreaba una imagen del santo o de la virgen (sobre todo vírgenes) con un texto que contaba el milagro recibido. Los exvotos se llevan a los templos y se cuelgan en las paredes como testimonio de la ayuda recibida. ¿Qué es un exvoto? Es una lámina pequeña pintada, donde un creyente católico agradece a un santo o a una virgen un favor recibido. Alguien lo ha definido como “el arte de agradecer un favor recibido”. ¿Mirás? ¡Un arte! Te he contado que cuando viví en Puebla y vendí mis cajitas pintadas en el bazar de Los Sapos tuve compañeros que se dedicaban a vender exvotos. Esos compas eran expertos en hacer pasar obras recién hechas como antigüedades. Ellos pintaban los exvotos y, mediante un proceso de envejecimiento falso, los mostraban como si fueran imágenes del siglo XVIII. Los turistas extranjeros se sorprendían ante esas laminitas simpáticas y bellas y las adquirían. Mis compas hacían buen negocio. No ofendían. Ahí estaba el talento de artistas contemporáneos. Los mexicanos sabíamos que no eran originales, pero los visitantes quedaban deslumbrados ante esa muestra de nuestra cultura. Tal vez, no lo sé, en toda América existe la costumbre de pintar exvotos que, como ya dije, son ofrendas que los fieles entregan como testimonio de agradecimiento por un favor recibido. Claro, las ofrendas son variadas, no sólo son laminitas pintadas, pero éstas son las más reconocidas, por el arte que conllevan. Vemos en los templos que mucha gente entrega pequeños chunches de metal (corazones, llavecitas, imágenes de personas hincadas, piernitas o bracitos), relacionados con el favor recibido. En Comitán es frecuente hallar al lado de esos objetos fotografías de los beneficiados. Nada causa tanto asombro como los exvotos pintados, porque la gente se entretiene enterándose de muchas historias íntimas. La mayoría se refiere a algún milagro por cuestiones de salud, se cuenta cómo la virgen o el santo intervinieron para que sanara la persona, aunque los motivos de agradecimiento son infinitos, con lo que se reconoce que la presencia divina está en cada instante de vida, en lo laboral, estudiantil, amoroso, social. No es infrecuente hallar testimonios donde fulana da gracias a Dios porque cuando llegó el esposo, Sancho había salido dos minutos antes, se había subido a la bicicleta y escapado por detrás de la casa (porque ese día no llegó en auto para no despertar sospechas). “Gracias, virgencita, por el favor recibido. Te ofrezco que ya nunca más veré a mi querido. Ya no lo veré en casa, mejor iremos a moteles”. A partir de estas historias que contienen mensajes simpáticos pensé pintar una serie de exvotos que llamé “Exvotos de fin de milenio”, porque el siglo XX estaba por terminar. Esta serie la pinté en Puebla. Una tarde, la directora de la Galería de Arte Síntesis se enteró de mi proyecto y me dijo que, como una mera casualidad, tenía una fecha libre, en la agenda repleta de compromisos de la galería. ¿Quería exponer ahí mi obra? Por supuesto que acepté. Me puse a escribir las historias y a pintar como poseído, no por el demonio, sino por los hados de la creatividad. Era el caricaturista político del periódico Síntesis, así que muchos lectores conocían mi propuesta. Invité al secretario de cultura de esos años a que inaugurara la exposición, el secretario era el reconocido escritor Pedro Ángel Palou. Cuando Pedro Ángel vio mi propuesta aceptó de inmediato y escribió un texto generoso, donde privilegiaba el sentido lúdico del proyecto, porque cada texto era picaresco, juguetón. Hice una muestra respetuosa, pero jugando con el sentido de agradecer momentos chuscos. La foto que anexo, querida mía, es de uno de los cuadros expuestos. Este exvoto estaba dedicado a la Virgen de Guadalupe y el texto alude a un momento donde la persona que hace la ofrenda le agradece su divina intervención para solucionar un conflicto. Al final, me llamó la secretaria del secretario para decirme que Pedro Ángel no asistiría porque ese día, a esa hora, tenía reunión con el gobernador, pero que acudiría el director de determinada área en su representación; la secretaria del susodicho director me llamó para decirme que también tenía una reunión que no podía cancelar, así que iría… Llegó una funcionaria de tercer nivel, pero todo fue glorioso porque leyó el texto del famoso Palou. Hubo una buena concurrencia, ofrecí vino de honor y mi mamacita preparó butifarras y canapés que, como se estila decir, fueron del gusto de la amable concurrencia. A esa serie de exvotos de fin de milenio le siguieron otras series, una dedicada a Santa Frida Kahlo, una más dedicada a San Julio Cortázar y una reciente (del 2025, que no ha sido expuesta) dedicada a Santa Rosario Castellanos. Las series de Frida y de Julio fueron realizadas con tinta china sobre papel y la de Rosario la hice con plumones acrílicos sobre papel. La exposición en la Galería Síntesis, en Puebla, constó de una serie de cuadros de más de un metro por lado, de óleos sobre tela. El texto de Palou privilegiaba el juego del texto. Pienso lo mismo, las series son sencillas, pero tienen la gracia de unir textos juguetones con la idea del exvoto. El mundo debe ser agradecido por tantas bendiciones de la naturaleza que se dan día con día. En las últimas series he canonizado a artistas y escritores que han hecho objetos sublimes. El concepto ha ido más allá de lo sagrado, porque me atreví a canonizar a la comunista y atea Frida, porque sus cuadros también forman parte de un cielo eterno. Posdata: en el Museo de la Basílica de Guadalupe existe una gran colección de exvotos originales, son pequeñas piezas que fieles han ofrendado a la morenita porque les hizo algún favor divino. Visitar esa colección es entrar a un terreno misterioso. Son pequeñas manifestaciones artísticas, realizadas por pintores anónimos, cuyo trabajo es precisamente especializarse en hacer los exvotos. ¿Mirás lo que significa cada exvoto? Cada uno está ubicado en el terreno del milagro y del agradecimiento. Con ello no se juega, es algo muy respetable. Lo que hago es algo juguetón. Le quito el rostro divino y canonizo, incluso, a la Frida Kahlo, al Julito Cortázar y a la pichita amada Rosario Castellanos, porque ellos, en su genio creativo, también fueron ángeles en la Tierra, con alas y con cola o sin cola, ángeles humanos. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 30 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON OPCIONES

Querida Mariana: te veo focus. Contenta con la profesión que elegiste. Vos no dudaste en ningún momento, tu vocación la tenías bien enraizada. ¿Por qué algunas personas tienen bien definido su vocación y otras no? A mí me costó. Es decir, no supe observarme. Me sobró soberbia. En bachillerato, cuando ya estaba a punto de terminar el tercer grado, siempre pensé: “puedo estudiar cualquier cosa, cualquier cosa puedo superarla”. Como te das cuenta, enfoqué mal mi lectura. Las preguntas correctas eran: “¿para qué sos bueno?, ¿qué te gusta hacer?” Tal vez estas dos preguntas son las que siempre evadí. Erré el camino. Puedo hacer cualquier cosa, dije. Era una soberbia ¡soberbia! No entendí que no podía hacer todo. Bastaba con que alguien me dijera: serás buzo, para desecharlo de inmediato, porque nunca aprendí a nadar, siempre he tenido temor al agua. Bueno, parece que me hizo falta hacer este análisis. Tenía que descartar, eliminar todas aquellas opciones que no estaban dentro de mis capacidades. No podía ser deportista, porque jamás me acerqué a tal actividad. Te he contado que en secundaria odiaba la clase de Educación Física. ¿Mirás? Ya he descartado dos sendas. Así que no podía estudiar cualquier cosa. Debí eliminar y luego analizar las opciones que me quedaran para analizar cuáles eran las más cercanas a mi gusto y a mi capacidad. ¿Química? No ¿Matemática? No (y en forma estúpida decidí, la palabra decidir no es la más conveniente) estudiar una ingeniería. ¿De dónde saqué esa determinación equívoca? De mi soberbia, de no destinarle tiempo a reflexionar. Era tan sencillo, pero a mis diecisiete años no lo pensé así, dejé que todo volara como un papalote sin rumbo. Y tal vez esto fue así, porque tampoco fui un niño que hiciera y volara papalotes. No era bueno para la pelota, no era bueno para la aventura, a veces iba de excursión, pero no era algo que me atrajera ni para lo que me distinguiera, como sí había compañeros que eran intrépidos y gozaban el contacto con la naturaleza. Siempre fui un príncipe cuidadito. ¿Qué me gustaba hacer, entonces? Ah, me encantaba ir al cine. Sí, eso lo disfrutaba. Igual que vos, desde temprana edad, me convertí en un cinéfilo. Bobo que soy jamás pensé que hay mil profesiones relacionadas con el cine. Bobo, mil veces bobo. ¿Qué más me gustaba hacer? Leer, leer era una de mis pasiones. Comencé a devorar las revistas de monitos, luego las secciones infantiles de periódicos y luego di el salto a la lectura de libros, de cuentos, de poesía, de teatro, novelas. Uf. El mundo era inmenso. Desde el pequeño pueblito de Comitán, gracias al cine y a los libros tenía contacto con todo el mundo visible e invisible, con el presente, el pasado y el futuro. ¿Mirás lo que digo? Iba al cine y veía películas dirigidas por Buñuel, por John Ford, por el Indio Fernández y cuando leía estaba en contacto con María Matute, con Miguel de Unamuno, con Camilo José Cela y con cientos más. Uf. Nunca me di cuenta que era un niño especial en el pueblo, mientras los demás jugaban fútbol, bajaban las pendientes en carretones, iban a nadar, reparaban radios, arreglaban bicicletas, miraban objetos a través de microscopios de juguete, jugaban a la comidita y a curar enfermos, yo disfrutaba el cine y la lectura. Muchos amigos también iban al cine y comían los sabrosísimos y únicos tacos dorados del Cine Comitán y, al salir, jugaban a las luchas en los sitios de las casas, pero (ahora lo sé) muy pocos niños de mi generación dieron el salto de las revistas de monitos a los libros de la Colección Básica Salvat. Lo mío, lo mío, era la lectura y el cine. De mudo me fui a meter a estudiar ingeniería en la UAM y en la UNAM. Por esto, en mi fuero interno no hice caso a lo que mi conciencia boba me impulsó cuando me inscribí en Ingeniería y te he contado que jamás falté a la universidad, pero en lugar de ir al aula a aprender circuitos electrónicos entraba a la Biblioteca Central Universitaria y leía, leía (viene la rima) ¡todo lo que podía! Y cuando me enteraba de ciclos de cine en auditorios de diversas facultades iba al cine. Así como en las tardes acudía a la Cineteca Nacional (en el edificio que se quemó) y me aventaba las Muestras de Cine Internacional. En la mañana cine y en la tarde cine. Era la herencia de mi pueblo, pues los domingos iba a la matiné del Cine Comitán y en las tardes me tocaba ver la doble función en el Cine Montebello. Todo estaba cantado, debería estudiar algo relacionado con el cine o con la literatura. Hay tantas opciones. Pero, el bobo de tu amigo jamás se dio cuenta de lo evidente. Posdata: un día un amigo se botó de la risa cuando se enteró que a su hermano le había dado la materia de “Orientación vocacional”. Pucha, dijo, vos ¿con qué preparación contás? Ah, le dije, soy el tipo que más puede hablar de ello, porque ya lo viví. Ahora quise compartir esta experiencia con vos, porque tu vocación fue elegida desde el primer momento, no dudaste. Yo di vueltitas por la orilla, pero, de igual manera, jamás dudé de mis gustos y de mis dones. El otro día, en Guadalajara, saludé al gran crítico de cine: Leonardo García Tsao, y pensé que él tampoco dudó. Si ha ido a cientos de festivales de cine en todo el mundo es porque supo que se podía vivir profesionalmente del cine, que el cine tiene mil senderos, todos maravillosos. ¡Tzatz Comitán!