Arenilla
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miércoles, 17 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON UNA PARTY
Dear Mariana: how are you? Dirás que estoy de mamila, ¡no! Hubo una gran fiesta en el Colegio Mariano N. Ruiz el otro día, el festejo se dio en el idioma inglés. El 12 de junio de 2026, el colegio fue sede de un acto cultural que se llamó “Pedagogical Scenarios”, donde participaron todas las escuelas de nivel secundaria de la Zona Escolar 004. Así como yo te saludé en inglés, el supervisor, en su mensaje inicial también saludó a la audiencia en inglés, ¡cómo no!, el secretario de educación de Chiapas también se avienta saluditos en lenguas originarias. Mi admirada doctora Mary Carmen Vázquez Velasco, secretaria general de la Benemérita UNACH, estudia actualmente el tojolabal. Bien.
Resulta que la mañana del 12 fui temprano al colegio, en su plantel Los Sabinos. Antes de las ocho de la mañana ya había un gran festejo, los maestros y alumnos de los diferentes planteles se apresuraban a dejar al ciento por ciento los escenarios donde momentos después presentarían sus proyectos, todo hablado en inglés. En cada salón había una serie de sillas para recibir a la audiencia. Los chicos y chicas ayudaban a los maestros en montar la escenografía de acuerdo a la temática que les había correspondido, pero lo hacían mientras practicaban en voz baja sus diálogos. Así escuché que en el salón 2, que correspondía al tema Airport, una chica practicaba cómo solicitar un pasaporte al viajero.
Vos sabés que siempre he alabado a los chicos y chicas que viven en comunidades rurales, cuya lengua materna es el tojolabal, por ejemplo, y que no tienen ningún problema en expresarse en castellano, ellos son ¡bilingües! La mayoría de comitecos (en serio) no pasa de medio hablar el español, en cambio esos chicos y chicas dominan dos idiomas. Por eso, celebramos este tipo de actividades que promueve el Comité de Mejoramiento Profesional de la Dirección de Educación Básica, que está a cargo de nuestro paisano, el licenciado José Hugo Campos Flores, porque promueve el aprendizaje de otro idioma. Mientras permanecimos en el patio, donde saludé a queridos amigos maestros, hablamos en español, pero al entrar a los salones, a la hora de la actividad, todos hicimos silencio para escuchar a los alumnos que se expresaron totalmente en inglés.
Vos también sabés que he dicho que llevé inglés los tres años de secundaria y luego en el bachillerato y no pasé de decir pencil y black. Ahora, pienso, los estudiantes tienen más oportunidad de aprender el idioma si lo practican, porque amigos me han dicho que todo aprendizaje tiene su esencia en la práctica. Mónica decía que si una chava se enamora de un chico inglés, a la vuelta de la esquina terminará hablando inglés.
Fue una gran fiesta, una maravillosa party. Todo en inglés, nada de español. Todo fue como si, en efecto, la gente estuviera en un espacio de un país donde el inglés fuera el idioma natural. ¿Cómo solicitar un pasaje de avión para viajar a México? ¿Cómo pedir un par de huevitos duros en un restaurante? ¿Cómo comprar manzanas en un mercado? ¿Cómo -oh, Dios mío, qué pena- pedir ayuda médica en una urgencia? ¿Qué hacer en un banco, en una estación de autobuses? 14 escenarios, 14 escuelas, 14 diálogos en inglés. Toda esta magia ocurrió la mañana del 12. Vi al personal del colegio muy activo, yendo de un lugar a otro, para atender a las instituciones visitantes, vi al Maestro José Hugo Campos Guillén, satisfecho por el desarrollo del acto; vi a todos los participantes contentos, orgullosos por realizar la actividad con toda la emoción que demanda un acto de esta naturaleza.
Posdata: vos, querida mía, no tenés problema con el idioma inglés, lo aprendiste desde pequeña (los expertos dicen que es la edad más apropiada para aprender una lengua), ahora andás empecinada en aprender francés. Me da gusto, cuando ves cine en inglés no perdés tiempo en leer subtítulos, te concentrás en la actuación y en la dirección, que es tu mero mole. Claro, para decir mole en inglés no hay traducción, el mole es mole, acá, en USA, en Londres y en China.
Fue un gran encuentro. “Pedagogical Scenarios” fue una gran party. Extrañé la presencia de la maestra Fanny Campos, quien fue maestra de inglés durante una buena temporada en el colegio, ella es una chica talentosísima y siempre dispuesta a servir a la patria. Sus ex alumnos la recuerdan con gran cariño. Ahora radica en la ciudad capital de Chiapas.
I love you, Marianita bonita.
¡Tzatz Comitán!
martes, 16 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON ANTOJOS
Querida Mariana: caminé por el parque de Guadalupe, el parque de mi pueblo. Ya te dije que el nombre oficial del parque es “Independencia”, nadie dice ese nombre. Bien dicen que la voz del pueblo es la voz de Dios, el pueblo es quien se apropia de las cosas y las nombra. Es un poco lo que sucede con la flora, todos los árboles y plantas tienen nombres científicos, sólo los expertos los llaman con dichos nombres, la gente de a pie usa nombres cercanos, cómo no va a ser bonito que a una flor le llamen “Huele de noche”, es un nombre pasional, el científico es Cestrum nocturnum. El lenguaje de la pasión no acepta nombres solemnes, se sublima con palabras llenas de aire, de vuelo. Así, los parques tienen los nombres con que los bautiza la gente de a pie. ¿Parque de La Corregidora? Ah, pues, estamos chupando tranquilos, medio mundo de Comitán le llama parque de San Sebastián.
Digo pues que caminé por el parque de Guadalupe, un mediodía de domingo de junio y encontré, debajo de carpas, a un buen número de gente emprendedora, sobre mesas ofrecían una serie de objetos diversos (amigurumis, juguetes, joyería, figuritas para el álbum del Mundial, suéteres, ropa para bebé) y una buena riqueza gastronómica (pan de Las Torres -con hamburguesitas; fresas con diversos acompañamientos, licores y pastas coreanas). Saludé a mi amiga Lorena Aguirre, a ella la conocí hace como diez u once años, cuando era integrante de un dueto artístico, al lado de un compa ella interpretaba canciones, con una voz exquisita. Hoy sigue cantando, es maestra de preescolar y por ratos, los fines de semana, acude al bazar y ofrece artículos para bebé. Saludé también a la maestra Nicté (la recordarás, es la maestra de la Escuela México, de San José Obrero, quien estimuló y preparó a un grupo de niñas que participaron en un torneo estatal de carrera y obtuvieron el subcampeonato estatal). ¿Qué anda haciendo acá?, pregunté. Ofrezco joyería y enseñó las que llevaba puestas y le quedaban muy bien. Ella no necesita contratar modelos. Después de curiosear (es una actividad bien bonita y relajante) llegué a la mesa donde Luis, Gina y Monserrat ofrecían galletas, manzanas caramelizadas y otras delicias. Estos tres amigos tienen dos emprendimientos que se unen, una es “Dulce antojo” y la otra se llama “Crumb’s and Co.” Con la primera no tuve problema, con la segunda sí. Todo mundo conoce los antojos, todo mundo es antojadizo, pero qué significa crumb’s, Gina me dijo que se puede traducir como migajas (¿en serio?) y explicó que el Co lo usan como una abreviatura de compañía; es decir, de company, pues todo está en inglés. Va. Ya me despedía cuando algo que estaba en la mesa y no había visto llamó mi atención: un recipiente transparente, con agua y un limón al centro. Leí el letrero: “Pon una moneda sobre el limón X 5 segundos y te llevas un premio”. Al fondo del recipiente había una serie de monedas de un peso y de dos pesos, de gente que intentó ganar el premio pero no lo consiguió. Pensé que ese era un gran emprendimiento, un jueguito simpático, atractivo, que apela a la eterna tentación. He visto en los grandes almacenes unas máquinas donde la gente introduce una moneda y juega para atrapar con unas pinzas un peluche. Acá, el juego del limón, consistía en colocar con mucha pericia una monedita en el centro pelado del limón, soltarlo con mucha precaución para ver si resistía los cinco segundos sin irse al fondo. Le pregunté a Monserrat si esa mañana alguien había conseguido la proeza y me dijo que no, que la casa no había perdido, que todo había sido ganancia. Pero, agregó, sí es posible conseguir que la moneda tarde cinco segundos sin caer, tiene su secreto. Pero como ellas no estaban dispuestas a compartir el secreto y yo tampoco a perder mi moneda ¡no jugué!, pero muchos, antes que yo sí habían caído en la tentación. Les comenté que era como en la Fuente de Trevi, donde, según la leyenda, los visitantes regresan a Roma si avientan una moneda en la fuente. Acá, así lo pensé, los que pusieron su moneda sobre el limón aseguraron que su futuro no sea tan ácido.
Disfruté el pequeño tour que realicé en los diversos emprendimientos, recordé cuando mi Paty y yo íbamos al Bazar de Los Sapos, en la ciudad de Puebla, a vender las cajitas que pintaba.
Posdata: Gina, Monserrat y Luis también son integrantes de un grupo de danza, les encanta bailar, ya cumplirán dos años de estar en una agrupación que se llama “Ollin Chanum Balam. Ensamble folclórico de Chiapas”. Son chicos muy agradables. Cuando llegó mi Paty para ir a comprar comida me despedí de ellos y los dejé con su limón travieso, en el parque de Guadalupe.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 15 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON GUILLERMO
Querida Mariana: estuvimos con Guillermo Montalvo. Ahora que escribí el título pensé en Guillermo Tell. Asociaciones que se dan en forma automática. Cada persona y cada pueblo tiene un Guillermo relevante. En el Comitán actual vive Guillermo Montalvo (yo le digo Memo, afectuosamente). Digo que apareció el nombre de Guillermo Tell sin saber bien a bien el porqué. Los que saben dicen que Tell encarna el símbolo de libertad. ¿Recordás el mito de la manzana sobre la cabeza de su hijo? Guillermo Tell tomó la ballesta y disparó una flecha, misma que dio en el blanco sin tocar un cabello de la cabeza del hijo. ¿Mirás? Este mito tiene mucha tela para cortar, muchos motivos para reflexión. De principio diré que alude a la confianza, tanto del padre como del hijo. No cualquiera se atreve a hacer esta dramática acción. Sólo de pensar en el fallo hace que uno sienta una especie de repeluzno. Pero, la moraleja es: la vida consiste en atreverse.
En el pueblo vive Guillermo Montalvo (quien llegó hace tiempo a Comitán), el otro día, Dora Patricia y yo estuvimos en la residencia que Memo habita (una señora residencia, en el mero centro del pueblo. Una casa, propiedad de una familia comiteca, que es un verdadero prodigio, porque mantiene su forma tradicional. Acá en la foto mirás parte del corredor de un patio trasero, enladrillado y los pilares que son de inicios del siglo XX). Pasamos a saludarlo y a pedir que nos vendiera su más reciente libro: “A toda velocidad”. Memo es un escritor talentoso y disciplinado. En su celular tiene un archivo con todas las colaboraciones que ha publicado (actualmente leemos sus artículos en el Diario Al Faro, que dirige el gran cartonista de Chiapas, el más grande: Enrique Alfaro). ¿Sabés cuántos textos tiene en su archivo? ¡Cerca de los seis mil! ¿Mirás qué prodigio, qué obra tan prolífica, tan generosa? Uno imagina el caudal de talento, de horas invertidas. Acá, como en el mito de su tocayo Tell hay muchos motivos de reflexión. Uno es el de la constancia y el otro es el de su prima hermana, la disciplina. Memo contó que su abuela era una mujer meticulosa, pulcra. Desde niño aprendió que todo debía estar en su lugar. Memo no sólo escribe a diario sus colaboraciones periodísticas, también escribe en forma precisa un diario. Casi estoy seguro que Dora Patricia y yo aparecimos en su diario al día siguiente de la visita. Este diario no lo publica, parece que es como un homenaje permanente a la vida y a su mamá, porque su mamá también practicaba el ejercicio de la diaria redacción. De hecho, Memo conserva en una caja de madera todos los diarios que su mamá escribió, fue su herencia, él declinó el derecho de recibir casas o menajes, cuando llegó su turno en la repartición, él dijo a los hermanos que no quería más que los escritos de su mamá. Acá, como en el mito de Guillermo Tell, también hay otro motivo de reflexión, uno que cuenta la personalidad del Memo comiteco.
Su más reciente libro: “A toda velocidad” fue impreso en los talleres de Alma de Letras Editorial, que es una empresa chiapaneca que nació en pandemia con un objetivo preciso: “fomentar la lectura a través de la expresión artística de cada individuo. Porque creemos firmemente que toda historia merece un lugar, que toda voz merece ser escuchada y que los libros tienen el poder de transformar, acompañar y sanar”. ¿Qué más se puede decir frente a esta exposición brillante de la magia del libro y de la lectura?
Posdata: en la foto Memo me dedica su libro, con una letra precisa, fina. Su dedicatoria fue cariñosa. Llamó mi atención que al cierre de la nota escribió: “Comitán, Chis. 13 enero, 2026”. En realidad, el día fue el 13 de junio del veinte veintiséis. ¿Por qué ese lapsus? Andá a saber. Su casa es un prodigio de arquitectura comiteca, con un patio central hermosísimo que tiene una especie de jardín japonés, con estanque con peces, dos caídas de agua y una vegetación pródiga, con nenúfares sobre el agua; al entrar uno tiene la sensación de acceder a un tiempo diverso, alejado del presente, es el centro histórico del Comitán bullicioso de ahora, pero su casa es una burbuja del tiempo, al entrar al zaguán y pasar por el arco que tiene la fecha de construcción, de principios del siglo XX, uno sabe que en la calle se quedó el mes de junio e ingresó al mes de enero de la historia, tal sensación fue confirmada por la mano, la mente y el espíritu de Memo quien, como su tocayo, todas las mañanas apunta con su pluma y da en el blanco.
Hoy comenzaré a leer el libro de Memo, sé que lo terminaré en una sentada, es una novela breve, que escribió en Tapachula, en 1997 y fue publicada en 2026. Digo pues que todo es un juego en el tiempo, todo está en una gran burbuja, donde la manzana del pecado original se convierte en la manzana de Guillermo Tell, pero sigue siendo la del deseo.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 14 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON LA TRADICIÓN
Querida Mariana: acá está Jaime Torres Gil (le digo Jimmy). Nos conocimos en el Colegio Mariano N. Ruiz. ¿Cuántos años, cuántos? No lo sé. Lo que sí, porque él lo dijo, es que en septiembre de 2026 cumplirá treinta años de trabajar en la radio. Treinta, treinta. ¿Cuántos años trabajó en la radio su papá, Don Romeo Torres Ventura? Tampoco lo sé, pero su voz fue escuchada durante mucho tiempo, por miles y miles de radioescuchas, en la mítica XEUI. Ahora, su hijo Jaime labora en la misma radio, pero con siglas diferentes, la XEUI, de amplitud modulada, mutó a Extremo 99.1 F.M.
El otro día estuve en Extremo 99.1, porque mi amigo Amín Guillén Flores me invitó a platicar acerca de mi creación literaria en su programa “Nuestras raíces”. Confianzudo como soy dije que no podía evitar hacer la comparación: en 2026, Jimmy estuvo sentado frente a una computadora y una consola de transmisión que nada tiene que ver con los chunches que, en los años sesenta, manejó su papá. Ya no hay tornamesas, ya no hay los discos de acetato, los grandes casetes donde estaban grabados los anuncios. Hoy todo es manejado por la computadora, ahí existen miles y miles de canciones. En la plática evité decir la marca Carta Blanca, a la hora que platiqué que mi papá era el distribuidor de esa cerveza en Comitán, estuve pendiente de no hablar de marcas comerciales, pero a la hora de hablar (porque en la plática con Amín fuimos de un tema a otro, como si fuésemos gatos brincando de un tejado a otro) de figuritas coleccionables se me fue la palabra Mundial, Jimmy, siempre atento, pendiente, movió una palanquita y bajó mi voz para que se disimulara, porque ya sabés que la FIFA, qué boba, ha querido apropiarse de la palabra, qué boba, las palabras son del pueblo, no le pertenece a ninguna asociación, pero Jimmy cumplió con la norma y me dio mucho gusto saber de su responsabilidad, labor que ha realizado durante tantos años, por eso, en septiembre de 2026 celebrará treinta años de honrar la memoria de su papá con su propio estilo, porque, ya lo dijo el poeta, el estilo es el hombre y éste es el estilo.
Amín confió en que escribirá un libro donde aparezca la historia de la radio en Comitán, porque esta historia tiene cientos de nombres de conductores y conductoras, así como miles y miles de anécdotas, alegres, divertidas, increíbles, tristes, infinitas. Platiqué que la Universidad Mariano N. Ruiz, en su serie “Cuadernos universitarios”, publicó un número dedicado a Don Romeo Torres Ventura, donde contó algunas anécdotas de su historia en la radio. Jaime entró a la estación radiofónica XEUI en 1996, desde entonces ha permanecido muchísimas horas llevando entretenimiento a la audiencia. Él no sabe cuántas personas han escuchado su voz, no sabe lo que su palabra ha significado para la audiencia, porque la magia de la radio es como ese apotegma de vida que dice que se sabe dónde nace uno pero no sabe dónde morirá, en la radio se sabe perfectamente el origen de la voz, pero no se tiene idea del lugar hasta donde llega. En el momento que Amín, Jimmy y yo hablábamos en el programa “Nuestras raíces”, un radioescucha llamó por teléfono y habló de que él es oyente frecuente de la radio y recordó las radionovelas que en los años sesenta y setenta fueron una de las principales aficiones de la audiencia de Comitán y de la región. Recordé (fue inevitable) a Kalimán (que decía al inicio: en la voz de Kalimán, el propio Kalimán. Años después nos enteramos que eso no era cierto, el que hacía la voz de Kalimán fue Luis Manuel Pelayo, que luego fue famoso con un programa televisivo: Sube Pelayo, sube, donde era un poco grosero con las personas que participaban). Muchos niños nos pegábamos al aparato para escuchar la radionovela. Hoy, la programación es otra, ya no hay radionovelas, Kalimán ya nada dice a los chicos de estos tiempos, hoy los héroes son, como diría el doctor Luis García, comentarista de fútbol, al referirse a un jugador sobresaliente: “de otro maldito planeta”.
Posdata: cuando hicimos la presentación del cuaderno universitario dedicado al papá de Jimmy, Don Romeo me preguntó: ¿será como un homenajito?, le dije que sí. Así fue. Sus amigos y admiradores llenaron el teatro de la Casa de la Cultura, fue una tarde llena de afecto. Ahora, estas líneas dedicadas a Jimmy son como un homenajito por sus próximos treinta años metido en el ajo de la comunicación radiofónica. La vida de Jimmy ha estado ligada a la radio, desde pequeño, pero en treinta de sus cincuenta años de vida ha sido protagonista importante en las transmisiones. ¿Hasta dónde llega su voz? ¿Hasta dónde llegará su trascendencia? Su historia profesional está ligada a la de su papá, ligada a la gran historia de la radio comiteca. Le envío un abrazo, con mis mejores deseos.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 13 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN MAGO
Querida Mariana: ¿has conocido a gente que hace magia? Tal vez, cuando niña, fuiste a un circo y viste a un mago. Yo recuerdo a uno. El típico mago con bombín y varita que aparecía un conejo del sombrero. A mí me encantaban los conejos. Pensé ser un mago para tener muchos conejitos, pero me faltaba la varita mágica, la que hacía el prodigio de aparecer conejos.
No hablo de esos profesionales, que se dedican a aparecer y desaparecer cosas. Cuando dije que hablaría de un mago me refería a esa gente que posee un don especial, gente que hace magia con la esencia de la vida. Hay gente que trae, por naturaleza, la varita que hace los prodigios, que con cualquier elemento de la vida hace magia. Vos y yo sabemos la historia de Jesús, el hombre que hacía los llamados milagros, él fue uno de los grandes magos de la humanidad. Ni tenía chistera, ni tenía varitas, le bastaba la mente y el corazón. Parece (no lo sé, ¡yo qué voy a saber!) que los grandes dones de la magia están en el corazón y en la mente, el espíritu es el hilito que los une. Por esto, tal vez has escuchado que alguien dice: “fulanita de tal tiene un gran corazón”, es una manera de decir que posee el don de la generosidad; tal vez vos has escuchado: “sutanito es una mente brillante”, lo que significa que su IQ no responde a medidas mentales, sino que está por encima del común de los mortales. ¿Qué es la inteligencia si no se aplica bajo las leyes del corazón?
Te comparto la foto de un mago, con barbita, lentes, sonrisa de chinchibul arrecho y collar de cuero enredado al cogote. Al fondo hay un cántaro de barro, que indica, como si fuese GPS, la tierra de origen; y al frente ¡el sol!, el sol de los mayas, es un pan de elote, presentado (dirían los chefs actuales) sobre una cama de gajos de la envoltura del maíz. Ya acá podés ver el acto de magia, la forma en que se presenta el pan. Si ya mencioné a Jesús debo decir que en la mesa que él compartía con sus compas colocaban el pan ácimo en el centro, sobre una sencilla mesa de madera. Algunos historiadores dicen que el pan se cortaba con las manos y se repartía en dosis iguales. Acá, el mago comiteco, mero comiteco, ante los ojos de los convidados preparó el pan (sin harina), colocó todo en las proporciones correctas en una licuadora de última generación, de esas que indican con foquitos y pantallitas el tiempo de mezclado fino. Mientras eso sucedía (porque las licuadoras también hacen magia, porque funcionan con un simple impulso eléctrico) el mago comiteco untó el molde y cuando la mezcla estuvo lista la colocó, con la misma maestría con que la mujer del atol del mercado vierte con un cucharón el preparado en el vaso. El mago explicó que la mezcla, como todo en la vida, tiene un tiempo justo, que no se pase, que la emulsión sea la precisa, si se pasa la magia no se cumple. Los magos y las magas saben que el tiempo es la medida exacta del prodigio, así es en todas las actividades humanas y sobrenaturales, el tiempo es el reloj sin manecillas que ordena el caos. Los convidados acompañamos al mago para llevar el molde al horno (que está en el corredor de la casa). El horno (también de última generación) ya estaba listo, la leña colocada con anterioridad, ya calentado el vientre para recibir el pan y cocerlo. Regresamos a la mesa y desde ahí el mago volvió a sorprendernos, porque preparó la comida, con sapiencia dijo: mientras comemos se cocerá el pan. ¿Mirás lo que dijo? Esto puede aplicarse para todo en la vida. Como en restaurante de cinco estrellas, en pueblo de nueve estrellas, preparó salmón a las finas hierbas; ensalada fresca primavera, con aderezo de miel y mostaza; una copa de espumoso blanco; y, para los abstemios, una jarra de limonada sin azúcar (fresca como la ensalada, como la plática que versó, entre otros caminos, en una síntesis de la encíclica del papa León XIV, que trata acerca de la Inteligencia Artificial. Todo esto sucedió en casa del mago, de inteligencia natural, de genio otorgado por la naturaleza). Y sin contar tres le entramos al salmón y demás exquisiteces. Yo, como niño asombrado, preguntaba a qué hora aparecería el conejo de mi niñez. No apareció. Bobo de mí. Ya dije que la magia tiene como ingrediente principal el tiempo, es mientras transcurre que se da el prodigio, entendí que en mí no ha pasado el tiempo, sigo siendo el niño de los años sesenta, pero el tiempo universal no deja de fluir como río infinito, por eso, ahora apareció un pan de elote en forma de sol o lo contrario, el sol en forma de pan. Recibí la luz eterna. Bobo de mí, no disfruté el pan, porque uno de sus ingredientes fue la mantequilla y evito ésta, en la medida de lo posible. Así que sólo me limité a recibir los rayos del sol, me dejé broncear el espíritu a través de la mirada.
Posdata: no todos los días está uno frente a un demiurgo que hace el pase mágico ante los ojos de la audiencia. Por lo regular, los magos hacen pases mágicos detrás de pañuelos o de complicadas estructuras. Sólo Jesús no necesitó de paneles para hacer sus prodigios, los hacía a la vista de todos, por eso mucha gente no cree en sus dones, porque es complicado, frente a simples mortales, hacer un pase que diga: “levántate y anda”. Nos levantamos, después de comer el salmón y beber la limonada sin azúcar, fuimos al horno y hallamos esta belleza que ahora comparto con vos. Igual que yo, disfrutalo a través de la mirada. Ahí será para la otra, cuando regresés de Guadalajara y el mago nos invite a su residencia y disfrutemos los pases mágicos que él realiza con esta mirada de tiuca traviesa.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 12 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CUANDO MÉXICO GANA
Querida Mariana: qué bueno que hay fútbol, que la gente se emociona, que se pone la camiseta de México. ¡Qué bueno! Qué bueno que también hay ciencia, conocimiento, estudio. El deporte entrena el cuerpo y el espíritu; el estudio, de igual manera, entrena la mente y la disciplina. En este 2026, el nombre de Gilberto Mora, chiapaneco, gran jugador de fútbol, se alía con el nombre de Mateo Sánchez Guillén, gran estudiante comiteco, estudiante del sexto grado de primaria, del glorioso Colegio Mariano N. Ruiz. Gilberto debutó en el Mundial de Fútbol y Mateo obtuvo el Primer Lugar en la Olimpiada de Conocimiento Infantil. Gilberto jugó en el Estadio Azteca y Mateo participó en el acto en Tuxtla Gutiérrez, donde se concentraron más de cuatrocientos alumnos de todo el estado de Chiapas para competir en un torneo de inteligencia.
Igual que Gilberto, Mateo ha tenido una gran disciplina en el estudio. Mateo nació en Comitán, es mero comiteco, estudia en el Colegio Mariano N. Ruiz desde preescolar; es decir, todo el conocimiento lo ha adquirido en esa noble institución, institución que celebra su aniversario 76. Así como las selecciones participantes lograron su pase al mundial después de vencer a rivales en eventos de clasificación, Mateo, gracias a su triunfo, obtuvo el pase para el Nacional, que se efectuará en fecha próxima en sede por revelarse.
Qué bueno que todo el país reconoce el valor del jugador que nació en Tuxtla Gutiérrez y, a sus 17 años debutó ya en un mundial. Así, nosotros reconocemos el talento de Mateo, quien nació el 3 de mayo de 2014. Él es hijo de dos grandes amigos: Paulo César Sánchez Góngora (del mero Tlaxcala) y de la comiteca Daniela Guillén Caballero.
Mateo venció primero en el torneo interno, luego en el de zona, éste triunfo le permitió acudir al regional y luego al estatal. Ahora, orgullosamente, irá a competir a nivel nacional, como decir ¡grandes ligas!
Mateo, en la etapa estatal, igual que los demás competidores respondió un examen con 80 preguntas (reactivos, le dicen ahora) y presentó un proyecto comunitario que tituló: “Raíces e historia de mi tierra”, donde dio a conocer personajes y valores de nuestra comunidad. Esto reafirma la identidad y el amor por la tierra, por el estudio, por la investigación. Mateo es experto en dribles en la cancha del conocimiento, es un gran centro delantero, jugador que anota goles de inteligencia, así como el paisano Gilberto anota goles en la cancha.
Posdata: en 1968 yo estudiaba en la primaria Matías de Córdova, recuerdo que un grupo de alumnos nos preparamos para el concurso de conocimientos. Nuestro representante no logró superar al estudiante del Colegio Mariano N. Ruiz (Carlos Conde, quien luego fue mi compañero en la secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz y ahora es mi gran amigo). Desde entonces, el libro de historia del colegio registra muchos nombres de alumnos brillantes que han obtenido triunfos a nivel estatal. Carlos, igual que los demás alumnos triunfadores en años consecutivos, visitó Los Pinos, en la Ciudad de México, que era la residencia oficial del presidente de la república. Las niñas y niños más destacados del país tenían el honor de ser recibidos por el secretario de educación pública y por el presidente de la nación. ¡Ah, qué enorme orgullo! El Colegio Mariano N. Ruiz siempre ha estado en los primeros lugares. El trabajo de padres de familia, directiva y maestros, más el talento y disciplina de los chicos y chicas, coloca el faro del éxito en el centro del patio, donde los juegos se desarrollan en convivencia sana. Felicidades a Mateo, a su papá Paulo, a su mamá Daniela, a su maestro Óscar Escandón, a la directora del nivel primaria, licenciada Verónica Solórzano Vera y al Maestro José Hugo Campos Guillén, quien es el representante legal de la Asociación Civil del Colegio Mariano N. Ruiz. ¡Éxitos por siempre!
¡Tzatz Comitán!
jueves, 11 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN RECUERDO DEL MUNDIAL
Querida Mariana: comparto con vos la fotografía de una gran amiga de mi mamacita: Doña Elva Cristiani de Torres, esposa de Don Polo Torres, dueño de la Joyería Tocris, que estaba al lado del Hotel Delfín, frente al parque. Don Polito y doña Elvita vivían en la planta alta del negocio, donde vendían joyas y artículos de fotografía. Ya te conté que Don Polo tenía una Polaroid que me impresionó, porque vi cómo tomó la fotografía (en el Paso del Soldado, en Los Lagos de Montebello) y salió una lengüeta del aparato, que Don Polo sacudió en el aire, para que, segundos después, apareciera la foto impresa, húmeda, pero de calidad excepcional, ¡en color!
Dejá que te cuente algo que está relacionado con el fútbol y con Doña Elvita, algo donde mi mamá también participó.
Un día apareció el grito: ¡Nos vamos al mundial! ¡Nos vamos al mundial! En los años setenta, mi palomilla y yo gritamos: ¡No vamos al mundial! ¡No vamos al mundial!
En 1970, vos no eras aún proyecto de vida, yo tenía trece años de edad, cursaba el tercer grado de educación secundaria, en el Colegio Mariano N. Ruiz. Nunca he sido aficionado al fútbol soccer, pero, igual que medio mundo, estaba interesado en el Mundial de Fútbol, que se desarrolló en nuestro país. En la CDMX todos estaban pendientes y en el resto de la república ¡también! Y nosotros, en Comitán, éramos parte del resto de la república. Así, el primer partido: México contra Unión Soviética lo escuché en radio, en casa de mi tío Gilberto Bermúdez, Mario, Miguel, Gil y yo escuchamos la transmisión del partido que terminó cero a cero; el siguiente partido que me tocó oír y ver fue el de México contra Italia, ahí la selección del país fue eliminada por Italia, cuatro a uno. El portero de México era Nacho Calderón que tenía el apodo de “Coladerón”, porque, bueno, la goliza de cuatro explica el porqué. Este partido lo vimos en casa del maestro Paquito, que estaba justo en la parte alta de la pendiente de San Sebastián. Alguien nos invitó (tal vez, Paco, hijo del maestro) y vimos el partido en una tele en blanco y negro. El maestro Paquito tenía una gran antena y captaba la señal de Guatemala. Todos estaban muy tristes al ver que Italia metía uno y otro gol y otro y uno más, yo (traidor) no sentía lo mismo que mis compas, porque muy dentro de mí tenía el orgullo que la tierra de mis ancestros paternos se llevaba el triunfo (cierta tristeza apareció cuando en la final, Italia fue vencida, por cuatro a uno, por el seleccionado de Brasil, donde jugaba el gran Pelé. Y digo cierta tristeza porque quién no iba a caer seducido ante el fútbol que jugaban los brasileños, de hecho, la mayoría de la afición que estaba en el estadio le iba a Brasil y vivieron el triunfo como si hubiera sido una victoria de México). Mi recuerdo termina ahí. Para mí no hubo más mundial, como si el desarrollo del torneo se hubiera reducido a las participaciones de México y como la selección de la patria había sido eliminada el juego había terminado. ¡Falso! El Mundial siguió y con grandes sorpresas.
Un día (ahora chequé la fecha en Internet: 17 de junio de 1970) llegué a casa por la tarde, saludé a mi papá y pregunté por mi mamá, aún no había llegado. ¿Cómo? Yo había pasado por la tienda de estambres que tenía y la señorita que trabajaba ahí me dijo que mi mamá había salido. Va, pensé, no tardará (en ese tiempo no teníamos teléfonos móviles, ni cómo preguntar por dónde andaba). Mi mamá llegó y al entrar a la sala, donde estábamos mi papá y yo, de inmediato me preguntó: ¿viste el partido? Mi papá rio y yo quedé impávido. ¿Qué partido? Sin duda que era algo del Mundial 70. ¡No!, dije. Te lo perdiste, dijo, y contó, contó que en el departamento de Doña Elvita, al lado del grupo de amigas cursillistas, la maestra Vicky Albores y la esposa de Don Jorge Pinto (gran amigo de Rosario Castellanos), habían visto (en tele) lo que luego se llamó “el partido del siglo”, partido donde jugaron Italia y Alemania. Pocas veces había visto tan emocionada a mi mamá, contó que el partido terminó empatado, así que se fueron a tiempo extra y en estos minutos sucedió algo maravilloso: “un equipo metía gol y luego el otro empataba”, contó mi mamá, dijo que las amigas se paraban de los asientos y coreaban el gol, ¡gol! Ah, imaginé a las señoras disfrutando de este partido que se volvió histórico.
Posdata: ¿mi palomilla y yo? Ni nos dimos por enterados, y eso que varios de ellos eran fanáticos de hueso colorado. Al otro día todo mundo hablaba de ese partido, súper emocionante, maravilloso. Yo platiqué que mi mamá lo había visto. ¿En dónde?, preguntaron. Y conté lo que ahora te cuento. Toda esta emoción se vivió en el departamento donde vivían Don Polito y Doña Elvita. Comparto con vos una foto de ella, gran amiga de mi mamá, gran amiga de muchos comitecos. En 1970 no todo mundo tenía televisión en su casa. En la Ciudad de México ya había televisores a color, acá teles pequeñas, en blanco y negro. Don Polito y Doña Elvita fueron gente de bien, de nobles sentimientos, muy trabajadores.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 10 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON EL MUNDO DEL SIGLO XXI
Querida Mariana: nunca imaginé decir lo que dije, pensar lo que pensé. ¿Sabés qué dije? “No quiero hablar con usted, quiero una máquina”. ¡Dios mío! Esto lo dije en un teléfono fijo. ¿Mirás? No quería hablar con una persona sino con una máquina. Lo dije con toda mi convicción. Al estilo de Juan Villoro ¡no soy un robot!, pero quería que un robot atendiera mi llamada.
A ver, te cuento: sucede que cada fin de mes marco a un cero uno ochocientos para pagar la línea telefónica de Telmex. Cada mes (ya me acostumbré) me responde una máquina. “Si estás hablando del número al que está registrado tu servicio, marca uno”. Me dice cuánto debo, qué día es el límite para el pago; me pregunta si quiero pagar y luego me da instrucciones: anota el número de tu tarjeta, la fecha de vencimiento y demás nimiedades hasta que dice: “tu pago fue exitoso” y me confirma el número de transacción, da las gracias por el pago y cuelga. Así cada mes. Tomo la libreta de mis pagos y anoto que ya cubrí lo del mes y quedo tranquilo. En realidad, no hago uso del teléfono fijo, ¡para nada! Ese teléfono era de uso exclusivo de mi mamá, ahí recibía las llamadas de sus amigas y comadres, ahí ella hacía sus llamadas. En casa, mi Paty y yo sabíamos que si sonaba el aparato era una llamada para mi mamá. Desde que falleció mi amada mamacita el teléfono suena muy de vez en vez, nosotros no respondemos. Sigo pagando la mensualidad de Telmex porque es mi proveedor del Internet que sí usamos en casa. El teléfono es ya como una pieza de museo, ahí está sentado sobre su negro trasero, de vez en vez aúlla, pero no le hacemos caso porque sabemos que es un fantasma, es del tiempo donde mi mamá vivió, de cuando lo utilizó para hablar con sus amistades, fue el medio por el cual se comunicaba con los demás, el medio con el que se ponía de acuerdo para ir a los desayunos quincenales con sus amigas. Ya nunca más. Lo empleo sólo para hacer el pago mensual, porque no sé cómo maniobrar con el teclado del celular (también vengo de otros tiempos, de tiempos donde el teléfono se marcaba en un circulito con agujeros, era muy bonito, metías el dedo (sin albur) y esperabas que el círculo regresara a su lugar, este movimiento hacía un sonido agradable).
Sucede que marqué al 01 800 y me respondió la máquina de siempre, hice lo que me ordenaba, de pronto, algo sucedió, escuché la voz de un hombre que preguntó qué deseaba, expliqué, pidió que le diera mi nombre y el número de mi teléfono, lo hice, dijo que me comunicaría al departamento de cobranza, esperé la comunicación y, en lugar de la máquina escuché una voz femenina que pidió mi nombre y número de mi teléfono, un poco molesto, respondí a lo solicitado, preguntó qué deseaba, le dije, comentó que me comunicaría con el departamento de cobranza, escuché sonidos cibernéticos y apareció otra persona, quien me preguntó mi nombre y mi número de teléfono, fue cuando dije, sin pensar, que no deseaba hablar con ella sino que esperaba hablar con la máquina. Colgué. En cuanto colgué pensé en lo ocurrido. ¿Mirás? Pedí un robot, no quería una persona de carne y hueso. Jamás de los jamases pensé decir eso, escuchar eso. Dios mío. ¿Cómo fui a pensar eso, decir eso? Fue como si frente a Eva y Adán esperara la aparición de un robot de la Guerra de las Galaxias. Recordé un textito que escribí hace muchos años (en los noventa del siglo pasado) donde los seres humanos habían cancelado su facultad de habla y se comunicaban exclusivamente con códigos cibernéticos.
Que Dios me perdone, lamenté escuchar una voz humana. Sé que, con el contexto que te di, estarás de acuerdo que yo esperaba la máquina de siempre, la que está programada para bajar mi paga. Nunca había dado tantas vueltas para un simple pago. Eso fue el motivo de mi enervamiento, tres veces pidieron mi nombre y mi número de teléfono. La máquina jamás hizo esto.
Posdata: digo que colgué, saqué mi tsurito, trepé y fui a la oficina y, en lugar de hacer fila, ante una caja atendida por un ser humano, fui al cajero, tecleé, metí un billete de quinientos en la boca de la máquina, recibí mi cambio y el recibo. Me sentí bien. Ah, bendita máquina, pensé.
Sé que las máquinas hacen travesuras de vez en vez y no hay cómo reclamar, pero cuando la máquina cumple con su cometido todo transcurre como viaje en el Tren Bala de Japón.
¡Tzatz Comitán!
martes, 9 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON ONDAS HERTZIANAS Y FUTBOLERAS
Querida Mariana: en los años sesenta oíamos el fútbol en la radio. En Comitán no había televisión. En la radio escuchábamos peleas de boxeo y partidos de fútbol. Los grandes comentaristas nos hacían vivir lo que sucedía en la cancha o en el cuadrante. Te conté que en los años setenta me sorprendía mucho que la señora que servía en el departamento de la tía Anita, en la colonia Roma, de la CDMX, escuchaba las corridas de toros. Era aficionadísima. No se perdía ninguna transmisión. Ya para ese tiempo, nosotros, estudiantes de la UAM y de la UNAM, veíamos los encuentros de boxeo y de fútbol en la tele, en blanco y negro, pero ya veíamos y escuchábamos. Ahora que lo escribí, pienso que también cuando oíamos los encuentros en la radio, escuchábamos y “veíamos” con nuestra imaginación, motivada por las palabras de los comentaristas. No sé cuándo ni quién fue el primer comentarista que se animó a narrar partidos de fútbol en Comitán. Por ahí debe estar su nombre extraviado en el libro de la historia. Entre los nombres de los grandes comentaristas de fútbol a nivel nacional aparecen tres en mi memoria pichancha: el gran Ángel Fernández, Don Fernando Marcos y, más recientemente, El Perro Bermúdez (tirititito). Tal vez el más grande de los tres fue Ángel Fernández, un mago de la palabra. En un libro de fútbol que escribió Juan Villoro cuenta anécdotas del maestro Ángel Fernández y en ello da prueba de la agilidad mental que poseía y del acervo cultural en el que se apoyaba. Fernández hizo escuela, gracias a un talento innato y a un maravilloso estilo, inconfundible. Muchos años después de su muerte, aún sigue hablándose de él y recordándose frases afortunadas, una muy sencilla, casi simple, es la de “me pongo de pie”, que él decía para confirmar que algún suceso era de tal relevancia que no podía seguir sentado (nunca supe si lo hacía en realidad o seguía sentado mientras decía la frase. Tal vez se ponía de pie, aunque se alejara tantito del micrófono). Don Fernando Marcos acuñó la frase “el último minuto también tiene sesenta segundos”, con lo que expresaba que al final del partido podía revertirse el marcador. De los tres mencionados, el menos afortunado, pero igual de famoso, es el Perro Bermúdez: “la tenía, era suya y la dejó ir”. Los tres comentaristas (y todos lo demás) reconocen la importancia de la reiteración. Pensá, querida mía, que ellos tenían la gran ventana de la televisión comercial; es decir, eran escuchados por millones de personas en el país, así que cuando repetían una frase la convertían en mítica, esa frase era repetida en muchos lugares, a toda hora. Recuerdo que Marcos enamoró a una chica muy bella, pero al final ella lo cortó, Ramón, gran aficionado al fútbol, resumió así la tragedia de Marcos: “era suya, ya casi la tenía y la dejó ir”. Marcos tomó con buena disposición lo dicho por Ramón así que, siguiendo en el argot futbolero, dijo: “me pongo de pie”, se puso de pie, tomó el vaso con ron y coca, se le embuchacó de un solo tiro y se puso a llorar, como si su equipo hubiese perdido la final, él había perdido el gran partido de su vida.
Además de los cronistas habladores, en radio y en televisión, hay los grandes cronistas deportivos en prensa escrita (cada vez menos, por los avances tecnológicos). Acá sí puedo mencionar al maestro Ricardo Gómez Aguilar, el gran Chuy, apasionado del deporte, que escribe crónica deportiva y se despide siempre con cinco palabras. Chuy, alguien lo dijo: escribe como habla, y como es un gran hablantín simpático, sus textos también gozan de esa habilidad. Desde hace tiempo Chuy permanece en su casa, casi no sale, desde ahí (estoy seguro) verá todos los partidos del Mundial de Fútbol y escribirá sus crónicas sabrosas, simpáticas, decidoras.
Reconozco también a Juan Carlos López Pinto, quien acompañó a la selección de veteranos de Chiapas, que obtuvo el campeonato nacional, en Michoacán. Él siempre ha estado en el ajo deportivo.
Los apasionados del deporte, los fanáticos, deben tener sobre la mesa todos los nombres de los comentaristas deportivos. Ahora hay nombres nuevos, la tradición continúa. A nivel nacional siguen apareciendo los nombres de famosos comentaristas, que trabajan en las grandes televisoras, por ahí se cuelan personajes que fueron futbolistas y que ahora hacen comentarios de encuentros, como Luis García, Jorge Campos y el súper famoso Zaguiño, súper famoso por el apodo de “Impresionanti”, debido a que se coló en redes sociales un video con el rifle que usaba, no en la cancha, sino en la cama.
Posdata: las transmisiones de televisión cambiaron cuando José Ramón Fernández incluyó en sus programas la participación de comediantes. La televisión dio un giro agradable con la aparición de Brozo, el payaso tenebroso, y con la destacadísima participación del doctor Chunga, Andrés Bustamante, uno de los mejores humoristas del país. También cambió el panorama deportivo cuando las televisoras invitaron a destacados intelectuales a participar en las transmisiones, todo mundo recuerda al gran escritor Juan José Arreola, quien se pintaba solo para el juego de la palabra inteligente. Ahora contamos con los análisis certeros, lúcidos, de otro gran escritor: Juan Villoro, quien ha escrito varios libros acerca del fútbol, donde comparte la mirada clarividente de un juego que suscita tanta pasión.
El juego del fútbol tiene mil aristas, está compuesto no sólo de los jugadores en la cancha, también la historia consigna nombres de los comentaristas y de aficionados que sobresalen entre millones.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 8 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON EL MUNDIAL
Querida Mariana: el recuento dice: México ha sido sede de tres mundiales de fútbol: 1970, 1986 y 2026. El último, compartido con Canadá y con Estados Unidos de Norteamérica (los expertos dicen que México es invitado menor, porque de más de cien partidos, acá sólo habrá trece partidos).
¿Cómo vive México el Mundial? Los mismos expertos aseguran que en forma tangencial, porque los directivos de la FIFA únicamente piensan en recaudar paga, por lo que el costo de las entradas está muy lejos del pueblo, de los de a pie, los verdaderos aficionados. Sí, he visto algunas publicaciones donde hay precios por encima de cien mil pesos para partidos de final. Por eso muchas personas preguntan ¿quiénes llenarán los estadios? Uno puede aventurar una respuesta fácil: los aficionados llenarán los estadios y la afición está constituida por todos los sectores sociales, porque el fútbol soccer es el deporte más seguido en el mundo y causa pasión en millones de personas. Desde siempre se han conocido historias donde gente de recursos económicos modestos hace hasta lo indecible para acudir a apoyar a la selección mexicana, ahora el fútbol mayor llegó a casa, así que viviremos historias de gente que vendió su carro para comprar un boleto. La pasión tiene siempre la firma del sacrificio. Juan Villoro ya dijo: si hubiese un campeonato de aficionados, México llegaría a la final, de donde nos aventuramos a decir que México tiene una buena herencia en materia de sacrificios.
El otro día estuve en el parque de la colonia Miguel Alemán, me acerqué a un grupo de muchachos que intercambiaban y vendían figuritas para el álbum. Recordé mi infancia, cuando en los años sesenta, los muchachitos íbamos a la Proveedora Cultural, en la Manzana de la Discordia, y echábamos volados "de paquete” de figuritas repetidas. Ahora, todo es más moderno, un chico avisó en las redes sociales que a tal hora estaría en el parque y ahí llegaron los muchachos y niños que deseaban comprar algunas figuras faltantes o intercambiar repetidas. Así es como en Comitán se vivió una etapa previa al mundial. Pregunté a estos aficionados si alguno iría a ver un partido en vivo y dijeron que no. Alguien dijo lo que escribí líneas arriba: el costo es insultante. Verán los partidos en la televisión, algunos en casa, otros se reunirán con amigos y unos más irán a restaurantes donde haya pantalla gigante, pero ellos viven su pasión pegando figuritas autoadhesivas en álbumes que presentan versiones para el pueblo, de pasta blanda, y para los fifís, de pasta dura. ¿Sabés cuánto cuesta una cajita con cien paquetes, porque ahora se compran las figuritas en una cajita, que al estilo de la famosa hamburguesa es como cajita “feliz”? Dos mil quinientos bilimbiques. Como siempre, los editores Panini reservan unas figuras que son las más difíciles de conseguir y que obliga a los coleccionistas a comprar más sobres, con la esperanza de que la figura deseada aparezca entre el mundo de las repetidas. Pero la emoción de coleccionar radica precisamente en esto, porque si no querés esforzarte, ni regresar a la época de la nostalgia, mandás dinero a Mercado Libre (más de ocho mil pesos y dos días después tendrás el álbum completamente lleno).
En los años sesenta, los editores pasaban a las escuelas y nos regalaban los álbumes para que pegáramos las figuritas (sí, había que pegarlas, así que medio mundo andaba con el fajo de figuras repetidas y una botellita de Resistol). Nunca nos tocó llenar álbumes con fotografías de jugadores de fútbol. Nosotros llenamos álbumes con figuras de flora y fauna, de luchadores, de personajes de Walt Disney y de una serie llamada “El amor es”. Conocí a varios amigos que completaron el álbum y lo cambiaban por balones o máscaras de luchadores. ¿Mirás? El álbum lleno se canjeaba por un regalo. Pregunté a los muchachos coleccionistas de ahora, me quedaron viendo con cara de tzisim adentro de una gota de ámbar y dijeron que el objetivo final es guardar el álbum, conservarlo para siempre, para que sus hijos y nietos tengan un recuerdo del Mundial de Fútbol 2026.
Posdata: los muchachos dijeron que al coleccionar “activan la vibra del mundial”. La vibra del mundial tiene mil formas de manifestarse, coleccionar figuritas es una de ellas. No recuerdo cuánto costaba el sobrecito de figuritas en mis tiempos de niño, pero jamás alcanzó los precios actuales. Ahora, los muchachos vendían las repetidas en cinco pesos o en diez pesos las más cotizadas. Ya no echan volados, todos consultan en su celular cuáles les falta de cada equipo. Sé que en todo el país está la fiebre del coleccionismo de figuritas de jugadores de fútbol. Como todo en la vida, hay figuras más cotizadas que otras. Entiendo que los jugadores sobresalientes tienen las figuritas más cotizadas, las que menos aparecen adentro de las cajitas.
Vos, ¿cómo activás la vibra del mundial? ¿Verás los partidos? ¿En dónde? ¿Con quién? Villoro dice que ir al estadio convoca, sobre todo, a la convivencia.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 7 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON UNA CANCIÓN SIMBÓLICA
Querida Mariana: la comitecada y gente de otra parte reconocen a la canción Comitán como himno de esta tierra. Ah, no hay guateque ni acto cultural o cívico donde no sea invitada de honor, porque la música y la letra han calado hondo en el espíritu de nuestro pueblo. Así como se dice que no hay comiteco más famoso que el Comiteco, bebida espirituosa, también se dice que no hay canción más cercana a nuestra identidad que la canción Comitán, que fue una composición del tapachulteco Roberto Cordero Citalán.
La historia cuenta que un buen día, en casa de Don Ulises Gordillo, comiteco de cepa, a Don Roberto le llegó la inspiración y escribió la letra de la canción dedicada a nuestro pueblo, no lo hizo como dictaría el sentido común en una hoja de papel sino sobre la pared. Tal vez lo hizo así, porque sabía que su canción estaba predestinada a ser grandiosa (es una pena que esa pared no se haya conservado).
¿Alguien sabe cuál fue la primera interpretación de su canción? Tal vez los historiadores puedan hallar el hilo, lo que sí sabemos es que de entonces a la fecha muchos artistas y grupos musicales la han interpretado y miles de personas la han disfrutado. Como es una canción que activa la nostalgia también provoca llanto en muchas personas que relacionan de inmediato la letra con su historia personal. Te he contado que, en los años setenta, cuando los de la palomilla estudiábamos en la CDMX, cuando echábamos trago poníamos un casete con la canción en marimba y el licor potenciaba nuestra nostalgia y los ojos se llenaban de agua.
Basta escuchar “Comitán / Comitán de las flores / donde están mis amores / donde quieren de verdad…" para que la añoranza aparezca. La hemos aceptado sin chistar, sin hacer mayor análisis de la letra, porque alguien podría decir que es un himno a la promiscuidad, porque habla de “amores”, así en plural. ¿Pues cuántos amores procura el pueblo? Luego, dice: donde quieren de verdad. ¿De verdad?
¿Ya viste que en la entrada lateral del auditorio que lleva su nombre en el Centro Cultural Rosario Castellanos hay un retrato de él, pintado al óleo? En una biografía hallé que Don Roberto falleció en 1978 y el otro día, Héctor Adolfo Tovar Fernández me dijo que sus restos mortales reposan en la capital de Chiapas. Mirá qué dijo Héctor: “Haciendo alusión al compositor de nuestro himno “COMITÁN”, sus restos mortales, se encuentran en un lugar muy abandonado del panteón Municipal de Tuxtla Gutiérrez, tengo la ubicación y fotografía de este lugar. Con todo respeto creo debería hacérsele un verdadero homenaje, contactando a algún familiar para tratar con nuestras autoridades sobre el tema”.
¿Mirás? Ahí queda la propuesta. Miles y miles de personas nacidas en el pueblo de Comitán alaban la canción de Cordero Citalán, pero, dice Héctor, su tumba está abandonada. El abandono es una de las peores lacras, no habla bien del espíritu, el abandono es primo hermano del olvido y éste es el polvo que entierra el genio humano. Entiendo que difícilmente la canción de Cordero Citalán caerá en el olvido, porque ya se adueñó del corazón de todos los de acá. Amamos su canción y alabamos su creatividad y no dejamos de cantarla. Sé que el mejor homenaje para su memoria es la interpretación de su canción “Comitán”. Algún poeta dijo que aspiraba a que algún poema suyo fuera interpretado por mucha gente, aún cuando su nombre no fuera identificado. La obra creada está por encima del creador. Dichosas aquellas obras que están aliadas al nombre de sus creadores, por ejemplo: la Torre Eiffel.
Posdata: sería bueno que hubiese una iniciativa que acuerpara la sugerencia de Héctor Adolfo, que se dignificara la tumba de Cordero Citalán. El tapachulteco que honró a Comitán terminó su peregrinar en Tuxtla Gutiérrez, bien dice la sentencia popular: uno sabe dónde nació, pero no en dónde terminará su vida.
“Donde yo / pude ver la belleza, / donde está la pureza / la hermosura en la mujer…”
Bárbaro don Robertito, qué manera de tratar elogiosamente a las paisanas que define como bellas, puras y hermosas. ¡Ya qué más pueden pedir!
¡Tzatz Comitán!
sábado, 6 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN LIBRO Y UN PRIMO HERMANO DE ROSARIO CASTELLANOS
Querida Mariana: la casa aún existe, es de dos plantas, en 2024 (según Google Maps) estaba pintada de amarillo crema y de un rojo quemado, en las cenefas y en los marcos de los ventanales. Está al lado de una casa gemela, la única diferencia es la distribución de los ventanales, de los portones y que uno de los portones está pintado de rojo quemado y el otro de negro (la del portón rojo es de la que hablo). La casa está en la CDMX y fue la residencia que habitó Don Jesús Figueroa Abarca y su familia. Como vos bien sabés, Don Jesús fue hermano de la mamá de Rosario Castellanos, Doña Adriana Figueroa Abarca. Don Jesús se casó con Doña Lupita Marín Orantes, hermana de la mamá de mi amigo Rogerio Román Marín, Doña Anita Marín Orantes, bella mujer, a quien conocí cuando iba a la casa familiar. Además de contar con la amistad de Roge, la vida me unió a su hermanito Miguel (ah, hermano del alma). Todos los de la palomilla llegábamos en los años setenta a la casa de Miguel y sus hermanos: Roge, Juan, Anita y Laurita; el papá, Don Roge, nos invitaba a tomar unos tragos con él mientras veíamos un partido de fútbol en una televisión en blanco y negro. Don Roge fue un gran conversador, era un hombre memorioso y gran lector, además fue un gran aficionado al fútbol, en estos tiempos ya estaría hablando del Mundial del 2026. ¿Por qué te cuento esta historia? Porque, el otro día platiqué con Roge, en la plática asomó el tema de un libro maravilloso que editó el gobierno del estado de Chiapas, a través de Coneculta, que dirige la paisana Angélica Altuzar Constantino. Le platiqué que el libro se titula: “Rosario Castellanos. Nací de mi sueño. Iconografía” y, como el título lo indica consiste en una selección de fotografías de Rosario Castellanos, desde fotos familiares siendo pichita, hasta documentos gráficos de su lamentable accidente. Como mirás, es un gran recorrido por su vida en imágenes. Fue cuando escuché la noticia que me sorprendió. Roge me dijo que es primo de Jesús Figueroa Marín, por la relación familiar que ya expuse. ¡Qué! Jesús Figueroa Marín es primo hermano de Rosario. ¿Mirás? Actualmente, Jesús vive en Monterrey, tiene más de ochenta años de edad, pero se conserva muy bien, física, mental y espiritualmente, es ingeniero civil y sigue en activo, gente de prosapia, de abolengo. Cuando me enteré de esta historia, que no todo mundo sabe, me puse en contacto con Lupita Gordillo, quien trabaja al lado de la directora de Coneculta y le dije que sería importante que el primo hermano de Rosario tuviera un ejemplar de ese libro. De inmediato, Angélica envió el ejemplar y me encargué de dárselo a Roge para que se lo enviara a su primo Jesús, porque ellos están en constante comunicación, seguido, Roge le envía tostadas y tamales para que allá disfruten de esas exquisiteces comitecas, la tierra bendita donde creció su prima hermana, nuestra pichita amada, la excelsa escritora Rosario Castellanos (como decía el cronista deportivo, Ángel Fernández: ¡me pongo de pie!).
Y el libro llegó hasta Monterrey, hasta allá llegó la iconografía de Rosario.
La casa donde vivió Don Jesús, Doña Lupita Marín Orantes y sus tres hijos está en General Zuazua 34, en San Miguel Chapultepec, residencia relativamente cerca de la de Rosario Castellanos, en Constituyentes. ¿Recordás que leímos en una biografía de Rosario que ella vivió un tiempito en la casa de su tío Jesús? Roge me cuenta que él conoció esa casa y, en efecto, en la parte posterior había una especie de departamento donde ella estuvo. Esto da una idea de la cercanía de nuestra escritora con sus tíos Lupita y Jesús, éste era nada más y nada menos que hermano de su bendita madre.
El libro ya se presentó en Comitán (el 20 de mayo), en Casa Chiapas, en la CDMX (el 25 de mayo) y en Casa Marie José y Octavio Paz (el 30 de mayo) y ya llegó hasta Monterrey, ya está en las manos del primo hermano de Rosario. Cuando el ingeniero Jesús recibió el ejemplar, de inmediato quitó el plástico protector y comenzó a hojearlo, mientras tanto, en la cocina calentaban los tamales chiapanecos. Asimismo, tomó su celular y envió un mensaje a Roge donde, emocionado, dijo “este libro me trae infinidad de recuerdos de cuando vivió Chayito en Zuazua” y comentó que, aunque haya sido en fotografías, tuvo la oportunidad de conocer a sus abuelos paternos (abuelos maternos de Rosario). Ah, qué bendición. Las coincidencias lograron hacer el milagro de que, mientras disfrutaba un tamal, también celebrara páginas de este hermoso libro. Recordó que sus papás fueron padrinos de la boda de Rosario y también contó una anécdota importante: sucede que el auto marca Ford, propiedad de la familia de Rosario, se “extravió”, entonces Don Jesús pidió ayuda a su compadre coronel José Guajardo y gracias a la intervención el auto se recuperó. En el libro “Este minuto único y eterno”, edición de 2025 de la UNAM, dedicado a Rosario, tiene en portada la fotografía donde la escritora está recargada en dicho automóvil, auto que le prestaba el ingeniero César a su hija Rosario, ésta lo manejaba e iba con su plebe intelectual a darse una vueltita por la cercanía de la Ciudad de México en los años cuarenta del siglo XX.
El libro siempre cumple su destino, siempre llega a manos donde despierta emociones y alienta la reflexión. Este ejemplar llegó a Monterrey, el primo hermano de Rosario lo hojeó y de inmediato lo definió, dijo que es un libro inconmensurable, que no se puede abarcar. Al hacer esta definición parecería que se refiere a la obra de su prima hermana, porque la obra literaria de nuestra pichita amada es también inabarcable, infinita, eterna.
Posdata: el ingeniero ya compartió un recuerdo de su casa, la casa donde vivió Rosario un tiempo; también nos obsequió una anécdota maravillosa. El libro no sólo despertó recuerdos, también pintó arcoíris en el horizonte de nuestra burbuja íntima. Las palabras del ingeniero Jesús son muy valiosas, porque él conoció y vivió cerca, muy cerca, de la gran Rosario Castellanos. Él era chico cuando Rosario vivió en su casa, recuerda que Rosario lo trataba con gran cariño. Jesús es el niño que recibió ternura por parte de la gran escritora. Jesús explicó que en la casa gemela vecina vivió una familia de alemanes de apellido Müller. Te invito a que entrés al Google maps, busqués Zuazua 34, en San Miguel Chapultepec y hallarás la casa donde, en un tiempo, vivió Rosario Castellanos (junto con las casas comitecas, es la única casa que aún se conserva, porque la casa donde nació, en la avenida Insurgentes, ya no existe; tampoco existe la casa de Constituyentes. En la casa de Zuazua las autoridades de gobierno o culturales deberían colocar una placa: “Acá, en la casa del comiteco, su tío Jesús Figueroa Abarca, vivió en una época la escritora Rosario Castellanos”).
En Comitán, más de tres personas mayores me han asegurado que Rosario heredó el talento y la ironía literaria del apellido Figueroa. No digo más.
¡Tzatz Comitán!
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