jueves, 22 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON CAJITAS

Querida Mariana: sabés que pinto cajitas. Existen personas que las disfrutan, que las compran. En el pueblo (¿cómo dice eso de no hay profetas en…) he vendido muy poco. Pero vendí mucho en Puebla, ¡en Puebla!, y vendí también en Oaxaca, ¡Oaxaca, la tierra de los grandes artistas plásticos! Sigo pintando, porque me divierte, porque lo hago con pasión, porque siempre habrá gente que disfrutará mis creaciones. ¿Te comparto una primicia? Participaré en el XXVI Festival Internacional de Las Culturas y Las Artes Rosario Castellanos 2026. No seré profeta a quien le compran obra, pero sí soy un artista reconocido en el pueblo, me aplauden, pues. ¿Qué fue lo que dijo aquel compa?, no podemos comer del aplauso. En fin, estoy muy quejitas, esta mañana. Es que lo hago, porque no creo en eso de que “alabanza en boca propia es vituperio”. ¿Qué significa vituperio? ¡Saber! Cuando hablo de mi obra lo hago convencido de que soy un artista único y no me interesa la opinión de mis detractores, que no saben de arte, ni son buenos lectores de la vida. ¡Qué bruto, sigo trepado en la cruz! Perdón, querida mía, pero si no vomito con vos, todo queda trabado en mi garganta. Si supieras que muchas personas han admirado mi obra, me ofrecen comprarla, cuando se enteran del precio ponen su cara comiteca acostumbrada al regateo. Digo: no compas, es mi trabajo, es mi inspiración, es mi talento, no hay una obra igual en todo el universo, ni siquiera en el planeta Xsirysio119. ¿Puede ser a pagos? Eso sí, pero que no sea pagos cada dos años. ¡No, cómo podés creer! Entonces se llevan el cuadro y no los vuelvo a ver. Vos sabés cómo son esas historias, un compa presta dinero y el que pidió prestado se evapora. No vuelve a dar la cara. Hay gente miserable. Uf. Ya vomité. Vos, qué necesidad tenés de estar soportando mis bilis. Lo hago para que la bilis no se enrede en mi hígado bonito, precioso, gran compañero de mi cuerpo. Digo que pinto y soy un pintor exquisito, único. ¿Torcidas las caras que pinto? ¿Torcidas las manos, los pies, los cuerpos? Sí, todo torcido. Es mi estilo. No hay cuerpo perfecto, aunque alguien pretendió decir, en los años setenta, que Bob Derek era 10, la mujer perfecta. Pero, como dijo nuestro amigo El Panda, hasta la mujer más guapa hace su bola de caca. Ay, perdón, qué vulgar soy, me convierto en un desagradable. Pinto cajitas, bien bonitas. Hace dos mañanas llegué a la oficina muy temprano y, en la banqueta de enfrente, estaban dos personas lijando unas cajitas de madera de pino. Me acerqué, como lo hubiera hecho si hubiese visto libros. Supe que eran comerciantes de Veracruz, preparaban las cajas que ofrecerían en el pueblo. Me encantó esa coincidencia, saber que madera de Veracruz estaba en esas cajitas que, amorosamente, habían trabajado. Vi que todas tenían chapa y llavecitas, muy sencillas, pero continuando con la tradición donde las cajitas sirven para guardar objetos preciados, no tanto de valor económico como sí de valor sentimental. Una prima mía, que un tiempo vivió en el estado de Veracruz, tenía una cajita bien bonita, con llave, ahí guardaba su Diario, donde consignaba los actos más relevantes de su día a día. ¿Cajitas jarochas pintadas por un artista comiteco? No lo pensé dos veces, revisé el bolsillo de mi pantalón y me alcanzó para comprar dos. Solamente dos, pero me emocionó la posibilidad de que esas cajitas emocionen a alguien más y las compren. Me emociona pensar que alguien pueda dar una cajita como presente. Posdata: ahora tengo dos cajitas de madera de pino, veracruzanas, las pintaré con emoción, como siempre lo hago. Soy feliz, recordá que cada día recuerdo lo que dijo el gran pintor y caricaturista Abel Quezada: “la pintura es la libertad total”. Cuando pinto ¡soy libre! Soy libre cuando leo, cuando escribo, cuando estoy con vos, cuando camino por nuestro Comitán, cuando voy a mi parque central, cuando veo que alguien se emociona con mis cajitas pintadas y las adquiere. Soy feliz cuando el mundo se acomoda muy cerca de mí, cuando se vuelve gato y me ronronea y, sin sacar las uñas, me da la manita y yo pienso en mi papá, quien amaba los gatos, porque, siendo niño, jugaba con un gatito en la bodega de la tienda del tío Víctor. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 21 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, COMO EN LOS TIEMPOS DE CORTÁZAR

Querida Mariana: Nos invitaron para dar un tallercito de redacción. Aceptamos. El lunes 19 de octubre 2026 fuimos al campus Comitán de la Benemérita UNACH. Fueron dos sesiones de dos horas cada una, de once y media a una y media y de cuatro y media a seis y media, más o menos. Los participantes del tallercito fueron estudiantes de la licenciatura en Administración. El primer grupo estuvo conformado por alumnos y alumnas de Administración y de Gestión Turística y el segundo grupo lo integraron estudiantes del quinto semestre de Administración. Siempre que hay una invitación similar hay un poco de inquietud. ¿Cómo recibirán los chicos la presencia de dos extraños? Por eso, al inicio les hicimos ver que se trataba de una actividad para beneficio de ellos y ellas. Nosotros ¿qué? Nada. Pero como siempre sucede, la interacción fue sensacional. Reconozco que mi amiga Dora Patricia Espinosa tiene una gran habilidad para incentivar a la juventud. Preparó un temario donde los participantes estuvieron atentos y cuando les tocó redactar lo hicieron en tal forma que nos sorprendieron. Nosotros y ellos estuvimos de acuerdo: tienen talento, sólo falta aplicarse. Así lo entendieron los talleristas y las dos sesiones resultaron muy gratas, todos estuvieron muy participativos, hasta contentos. Yo, me conocés, hice mi mejor esfuerzo. Dora Patricia me dijo que no lo dijera, pero ¡lo dije! El ensayo puede sintetizarse en tres pasos fundamentales, pasos que tienen mucha semejanza con el acto sexual: primero, la introducción; luego, el desarrollo; y por último, la conclusión. Y cuando terminé de decir el último paso bajé mi mano como si fuera un pájaro con el pico hacia abajo. Todos rieron. Yo aseguré que jamás olvidarían los tres elementos del ensayo. Cuando enuncié el primer paso, con una voz un poco de cabaret a media luz, un chico rio y dijo: ya le entendí. Vaya. Yo, como siempre, fui como el Teo González, Dora Patricia fue la académica formal, les puso ejemplos de Julio Cortázar y de Tito Monterroso, luego fragmentos de canciones donde los talleristas escucharon atentamente y luego redactaron tres líneas con lo que el ritmo les sugería. Hubo grandes ejemplos de imaginación, el texto de una alumna casi casi fue un cuentito redondo. Digo que Dora Patricia mostró un ejemplo de Cortázar en la pantalla. Cuando comenzaron a redactar las tres líneas de su imaginación, algunos participantes dijeron que no tenían pluma ni lápiz (lo que hemos dicho, muchos estudiantes actuales ya no escriben como lo hicimos nosotros en el aula). Una chica, Heidi Aguilar López, dijo que escribiría en la aplicación de su celular. Perfecto. Se trataba de hacer el ejercicio, de jugar con las palabras. La vi a distancia y ¡oh, la la!, ella, en lugar de escribir con los dedos gordos como la mayoría de personas, usó los índices, sí, igual como escribía Julito Cortázar en su máquina mecánica, máquina donde escribió sus cuentos y sus novelas. A diferencia de muchos escritores que usaban todos los dedos de las manos para escribir a máquina, Cortázar sólo empleaba los dedos índices, hay fotos que dan testimonio de ese procedimiento. Me encanta imaginar a Julio jugando con los dedos índice brincando de una tecla a otra, sin duda que esos dedos encallaron (uso el término para decir que terminaron con callos, no para decir que encallaron como navíos que no podían seguir, porque la imaginación de Julito fue un enorme trasatlántico que nunca dejó de navegar por los procelosos mares). Vi a Heidi y ahí mi mirada sí encalló en ese iceberg fabuloso. Vi que ella, con determinación movía sus dedos índices en busca de la tecla precisa para buscar la palabra o para buscar el signo de la coma o del punto. Desde que supe que Julio Cortázar escribía así no había visto a alguien hacerlo. Julio no creería que ahora Heidi escribe así en su teléfono celular. Sé que ella lo hizo así, porque tenía un soporte para colocar el chunche, porque cuando no hay sostén todo mundo detiene el celular con ambas manos para escribir mensajes y sólo nos quedan libres los dedos gordos y con ellos apretamos las teclas. Heidi me regaló un instante sublime. Cuando le pedí permiso para subir la fotografía, le expliqué que el gran escritor Cortázar, autor de “Rayuela”, escribía así en la máquina de escribir mecánica. Posdata: sabés que Julio Cortázar es uno de mis escritores favoritos de todos los tiempos. Me encantan sus cuentos. ¿Su poesía? No, su poesía no. ¡Tzatz Comitán!

martes, 20 de octubre de 2026

PARA BEBER EN EL VASO ROTO

A veces divido el mundo en dos. Ayer lo dividí en: mujeres que reciclan novios y mujeres que no levantan la chancla que tiraron. La mujer que recicla novios es un poquito indigna y un mucho olvidadiza. ¿Cuál fue la causa que la llevó a romper una relación? Por lo regular ella tiene memoria pichancha, no recuerda la grieta donde puso el pie y se fracturó. Ahí va otra vez, como si fuera la primera vez. La novedad que halló y fue el deslumbre vuelve a aparecer. ¿De verdad no se da cuenta que es la misma persona, que es el tipo que primero fue un deleite y luego se volvió un pastel de caca? Ahí va de nuevo. Los psicólogos no logran entender esos comportamientos, donde los rostros toman máscaras que disfrazan los verdaderos. Dicen, dicen, que el demonio tiene muchas formas de revelarse. Parece que cuando toma otra figura en el cuerpo del que fue una bestia es la peor de las formas donde el demonio se transfigura de mejor manera. La mujer recicla novios es como ciega, pero con una mirada deslumbrante, porque ve el cielo y descubre novas y supernovas, ve estrellas que se asemejan a ramos de luz infinita. La mujer recicla novios es tonta, porque, sólo una tonta, Sabines dixit, puede morirse tantas veces en el mismo desván castrado. La mujer recicla novios no escucha consejos, andando en la borrachera. Es una ebria de amor, de pasión, de pirámides ocultas, de trebejos que huelen bien, aunque provengan de los basureros más infectos. Zorrita, le dicen sus amigas en voz baja, pero ella se cree pavorreal porque está del brazo de quien ve como un actor de cine, como un hombre caballeroso, como un corazón lleno de rojos inmensos. Como ser prehispánico confunde el oro con las cuentas de vidrios llenos de color. Su novio reciclado debería estar en el basurero del fin del mundo, sin embargo, ella, amorosa, cándida, confiada, lo convierte, por instantes, en una artesanía que muestra al universo, satisfecha, dichosa. Pobre. La mujer recicla novios causa encono, coraje, todo mundo le advierte que está enredada, de nuevo, qué boba, en medio de un cactus de alambre de púas. Ella no lo ve, ella, hasta que se queme en el infierno de siempre, advertirá que la lejanía es la mejor receta del mundo. ¿Qué espera? Parecería que ella se piensa Madre Teresa y debe dar hasta que duela, el problema es que el dolor luego puede ser la inflamación que la conduzca al cadalso, al hueco misterioso, al pantano lleno de mierda. A veces divido el mundo en dos. Mañana lo dividiré en: mujeres que se apartan de los cisnes y mujeres que reclaman la lentitud de las tortugas.

lunes, 19 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON LIBRINCILLO

Querida Mariana: hay gente que no se lleva bien ni consigo misma. Yo me llevo muy bien conmigo, requetebién, me caigo bien, me gusto; pero, a veces, me caigo mal y entro al terreno de los otros, de los que les caigo mal. Me caigo mal, porque a veces me obsesiono. A ver si al final descubrís el motivo de mi más reciente obsesión. Te cuento, uno de estos días participaré en la Feria Internacional del Libro que organiza mi universidad, la UNACH. No es la primera vez, he participado en ediciones anteriores. El año pasado, Comitán fue sede y acá estuve, en este año sucede lo mismo. Qué bueno, porque ahora ya no iría a Tuxtla a participar. No, Dios no lo mande. Tres o cuatro horas de viaje de ida, lo mismo de regreso. ¿Todo este tiempo para la presentación de un librincillo? No, mejor ignórenme. Pero estaré porque treparé a mi tsurito y en menos de quince minutos estaré en la sala de presentación, hablaré unos cincuenta minutos y tan tan. Maravilloso. Presentaré mi libro de este año, cuyo título es un poquito largo: “Sabemos cómo murió Virginia Woolf, pero no sabemos cómo murió Rosario Castellanos”. Botada de la risa, Dora Patricia dice que también su tocaya Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura, tiene un título donde no escatimó palabras: “Historia del general Dann y de la hija de Mara, de Griot y del perro de las nieves”. Ah, título genial, casi reseña de la novela. Le dije a Dora Patricia que ahora que viene el escritor mexicano David Toscana leo su novela: “El peso de vivir en la tierra” (que es una gran obra literaria, obtuvo el premio de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. El premio Nobel de Literatura dijo que esta novela es una de las mejores novelas del idioma. Pucha, con eso está dicho todo). Cuando leí el título de la novela “El peso de vivir en la tierra”, por cuestión eufónica me llegó el título de una novela de Juan Gabriel Vázquez: “El ruido de las cosas al caer”. Claro, de manera automática hice un conteo de las sílabas y caí en la cuenta que ambos títulos tienen siete palabras y diez sílabas. Oh. La otra coincidencia, es la certeza de que ambas obras son muy buenas. En fin, yo me atreví a poner un título larguísimo. Como soy un snob pienso que mi título ya pasó a la historia de los títulos de las obras literarias comitecas como uno de los más extensos. Por ahí, nunca falta, debe haber alguien que insista en hacerme competencia. Mi libro es de relatos y en la contraportada se lee que consta de una serie de relatos breves a manera de divertimento, el más extenso y más pretensioso es el que da título al libro. ¿Qué cuento en ese relato? Una historia que se ha repetido mucho desde el día que falleció Rosario Castellanos. Todo mundo sabe que la versión oficial es que Rosario tuvo un lamentable accidente doméstico en su residencia, en Israel, y falleció electrocutada al agarrar una lámpara. Es la versión oficial. Fue un accidente. No faltó (nunca falta) alguien que pensara que la explicación era muy sencilla para ser cierta, ¿y si fue un suicidio?, deslizó la idea, porque ya Rosario, a lo largo de su vida, había intentado suicidarse. Corrió esta versión que muchos desecharon, cuando, al rato, apareció otra: ¡la asesinaron! Ah, pues, dijo la mayoría, estamos chupando tranquilos, dejen por la paz a la pichita amada comiteca, déjenla descansar. ¿Cuál es la verdad verdadera? Nunca se sabrá. Mi personaje literario, un compa que se llama Holmes, como el apellido del famoso investigador inglés, es un convencido de la teoría del complot y busca por todos los medios terrenales hallar una huella que le lleve a comprobar su teoría, pero como es imposible, realmente imposible, le hace caso a una amiga que, en plan de juego, de chunga, le recomienda acudir con un vidente, que es famoso porque logra tener contacto con espíritus de personas fallecidas. Pues sí, si en la tierra no hay manera de saber cómo murió Rosario Castellanos, tal vez las energías del más allá puedan dar una prueba. De eso trata este relato ficcional. Los demás relatos, ya lo dije, son divertimentos breves que espero diviertan al lector o lectora. Posdata: Rosario murió por tocar una lámpara. Jaime Sabines dijo que sólo las tontas se mueren por tocar una lámpara. Sabines tiene razón, sobrada razón. Yo entiendo lo que quiso decir: Rosario murió al tocar una lámpara porque se olvidó que era una princesa. ¿Quién, digo yo, siendo embajadora, hace la talacha de la servidumbre? Rosario jamás debió entrar a la sala para hacer a un lado la lámpara donde el chofer colocaría las mesas recién compradas. Rosario, pichita amada, debió dar órdenes a la servidumbre. Perdón. Me caigo mal al oírme, pero así debió ser, Rosario se olvidó de ser la princesa que era, eso la llevó a su desgraciada muerte, sí, desgraciada. ¿Por qué en la casa de una princesa había una lámpara mal conectada? ¡Tzatz Comitán!

domingo, 18 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON LIBRO RECIÉN SALIDO DEL HORNO

Querida Mariana: escribí: “libro recién salido del horno”, en realidad iba a escribir: recién salido del fogón, porque en este pueblo de Dios lo que era tradicional era el fogón, pero luego me di cuenta que el pan se hornea, nadie dice que se fogonea, así que dejé el título, como mucha gente lo dice en el mundo editorial. Libro recién salido del horno significa que está calentito, recién puesto a circular entre los lectores y lectoras. El libro de Marco Antonio Moya Martínez (el contador Moya) ya está en las manos de algunas personas que, sin duda, ya comenzaron a degustarlo. La imagen de portada, ya la viste, es un fotomontaje, que es síntesis entre lo contemporáneo y lo antiguo. La construcción del templo corresponde al siglo XIX y la escultura de “Las Lolas” es una obra del siglo XX. ¿Y el siglo XXI, ‘apá? Pues es este libro, que tiene miradas al pasado, deja huellas en el presente y advierte lo que el pueblo puede ser hacia el porvenir. Y digo que es una síntesis, porque la construcción del templo fue obra de muchos personajes anónimos, lo mismo puede decirse de la obra de Luis Aguilar, nuestro escultor, porque si bien su nombre aparece como el creador de esa obra icónica, en el taller hubo gente que ayudó a su factura, sin esos hombres expertos en modelar el bronce en el fuego, difícilmente tendríamos dicha obra en el parque central de Comitán, mi parque. Es una síntesis, porque siempre que veo un templo recuerdo la anécdota de aquellos dos albañiles que participaban en la misma obra, cuando alguien preguntó al primer albañil qué hacía, dijo que pegaba ladrillos, cuando la misma pregunta fue hecha al segundo albañil dijo: estoy levantando un templo. Sé que Luis Aguilar es un obrero de la estirpe del segundo, lo mismo Marco Antonio Moya. Ambos, con diferente materia prima, han hecho obras que aspiraron a más. ¿Recordás un poema de Sabines, de quien ahora celebramos el centenario de su nacimiento? Sabines tiene un poema que dice: “Estamos haciendo un libro, / testimonio de lo que no decimos. / Reunimos nuestro tiempo, nuestros dolores, / nuestros ojos, / las manos que tuvimos, / los corazones que ensayamos…” El contador Moya nos recuerda que él también “está haciendo un libro”, ya inició y entrega a sus lectores y lectoras este libro que se llama “Historias sin tiempo. Comitán entre la memoria y el cambio”. Igual que el poeta Sabines, Moya ha reunido tiempo, tiempo sin tiempo, sin medida, islas con primaveras urbanas. Acá están los “corazones que ensayamos”, que dice Sabines, porque uno es el corazón del autor y uno el corazón de los demás protagonistas; uno es el corazón de Comitán, reunido en este libro. Moya ha caminado, como una hormiguita tenaz, ha pepenado hojas verdes y ha hecho caminos por las enramadas. Desde la atalaya de los cafés al aire libre él ha viajado a través del esplendor del cielo comiteco, como un moderno vigía ha gritado “tierra, tierra”, grito que pinta de rojo granate las nubes que llueven segundos, horas, meses, años. Los libros están recién salidos de la editorial, de la Editorial Chiapaneros, de Ernesto J. Zúñiga. Ya tienen alas, ya comenzaron el vuelo, nadie sabe hasta dónde llegarán, el misterio del muro es que abre ventanas en cualquier instante. ¿Qué cruza por esas ventanas? Todo, desde un gato que se asoma, hasta una nube que flota inmarcesible, hasta un águila que viene o va hasta Sudamérica. El contador Moya ya tiene los libros en las manos, ha iniciado a regarlos como semilla en tierra fértil. Te sugiero que anotés en tu agenda el día 22 de octubre, porque ese día Marco Antonio Moya presentará su libro en la Feria Internacional del Libro 2026, de la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas. La cita será en la Sala Umbral, del Centro Cultural Rosario Castellanos, a las seis y quince de la tarde. Estará el autor acompañado por los comentarios de mi primo Gilberto Augusto Bermúdez Gordillo y la moderación de Elizabeth Culebro Gómez. Posdata: el 26 de agosto de 1978, Marco Antonio se presentó, a las diez de la mañana, en el Estadio Azteca para presentar examen de admisión en la Universidad Nacional Autónoma de México, años después logró el título profesional de contador público, profesión que ejerce en el pueblo, profesión que combina con la natación y con la escritura. A veces acude al parque a escuchar marimba, pero lo de él es sentarse en una mesa de un café al aire libre, para leer, observar y escribir lo que su aguda mirada advierte. No olvidés, la cita es el 22 de octubre del 2026, a las seis quince de la tarde, en el interior del Centro Cultural Rosario Castellanos, hallarás historias sin tiempo. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 17 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL JUEGO TRADICIONAL DE LA LOTERÍA

Querida Mariana: he jugado a la lotería. A veces, iluso, voy al puesto de venta de cachitos de lotería y compro dos o tres boletitos. Espero que llegue el día del sorteo para revisar si mi número obtuvo el premio mayor. Digo, en plan de broma, que compro cachitos para ayudar a la Beneficencia Pública, como presume la Lotería Nacional. ¿Quién sabe adónde va a parar la ganancia de los cachitos? No lo sé y no me interesa. Como todo mundo, juego porque deseo ganar un premiecito. A veces, soy humano, como cualquier jugador de lotería pienso que puedo ganar; a veces, chucho, pienso que “saco” el premio mayor y que me toca un dinerito con hasta seis ceros; pienso ¿qué haré con esa paga? Mis sueños se evaporan, se hacen caquita, cuando reviso la lista y veo que nada obtuve, el Premio Mayor “cayó” en Zacatecas. Chin, digo, la suerte no estuvo con Chiapas. Hago pedazos los cachitos y los tiro a la basura. Pienso en los compas zacatecanos que compraron el boleto premiado, ¿alguien compró la plana completa, los veinte cachitos? Ah, qué suerte, el país tiene nuevo millonario. Aunque luego pienso que tal vez el ganador es alguien que, de por sí, es millonario. La gente dice que dinero llama dinero. ¿Quién compra la sábana completa? Pues sólo un rico, los otros compramos pedacitos, por eso la vida nos arrima pedazos de trapos viejos. Digo que he jugado lotería, también la lotería tradicional, el maravilloso juego mexicano. Muchos cronistas han contado cómo, en los años sesenta, en la feria tradicional de agosto, don Enrique Constantino colocaba una gran carpa con mesas, bancas y premios colgados de la parte superior, la gente se sentaba, compraba el derecho de tener una tarjeta con imágenes de las cartas que eran “cantadas” por don Enrique, cada que una imagen correspondía con la cantada, el jugador colocaba un maicito o un frijolito, cuando alguien llenaba todas las figuritas gritaba ¡lotería, lotería!, y obtenía el derecho de elegir un premio. Mucha gente participaba. En la novela “Balún Canán”, escrita por Rosario Castellanos, se describe una escena de juego de lotería, en el pueblo sencillo de entonces. Ahora, no hay lotería en la feria, ni chingolingo. Siendo niño jugué lotería, me senté en una de esas bancas que colocaban frente al templo de Santo Domingo, me encantaba ver cómo don Enrique tomaba una carta del mazo y decía una frase alusiva a la figura: “el que le cantó a san Pedro. ¡El gallo!” Se decía que el lector “cantaba” las barajas. Jugué lotería, como millones de niños en el país y en lugares circunvecinos. El juego tenía figuras afortunadas y otras denigrantes. Siempre llamó mi atención que la figura de la sirena mostrara sin empacho sus dos tetas, tal vez el ilustrador pensó que todas las miradas se concentrarían en la cola de pez que tenía la hermosa mujer. ¡Se equivocó! Recuerdo que en el cartoncillo que le tocó a Ramiro apareció la imagen de la sirena y lo primero que señaló fueron las soberbias tetas de ella. Parece que Odiseo se amarró al poste del navío no tanto para no caer bajo el influjo del canto de las sirenas sino para no quedar seducido por las chichis de ellas. Yo puedo afirmar que la primera vez que conocí las tetas de una chica fue gracias al dibujo de la sirena de la lotería tradicional. Llama mi atención que la famosa Liga de La Decencia no le puso tache a esa imagen. Muchas personas de estos tiempos también critican la imagen de El valiente. ¡Qué pena! ¡Qué imagen de este país! La imagen de El valiente, recordarás, es la de un tipo, parado en forma retadora, que en una mano sostiene una daga. ¿De verdad esa es la imagen de una persona valiente? Cualquiera diría que la imagen del valor no corresponde a lo que nos enseñaba el inocente juego de la lotería tradicional. ¿Cuántos niños bebieron esa imagen y crecieron creyendo que el valiente es quien lleva una daga en la mano? En casa jugaba con mi mamá, con mi papá y con Víctor, el hijo de la sirvienta de la casa. Mi mamá, siempre que lo contaba, reía mucho al recordar que Víctor, en lugar de decir “el cantarito” decía: el carantarito. ¿Juego inocente? Pues, ni tanto. Yo siempre elegía el cartoncito que tenía la figura de la sirena. Perdón, Ulises. Todo esto para decir que actualmente hay personas que realizan juegos de lotería con diversas figuras, con muchas temáticas. El otro día platiqué con Rosy Velasco en el mercadito del entronque a Cajcam, ella llevó una lotería que creó con la temática de lo agroecológico. Una verdadera chulada de lotería tradicional. Hubo un rato donde se reunieron niños y niñas y jugaron esta lotería. Estoy seguro que pronto aparecerán las frases simpáticas e inteligentes que acompañarán a cada imagen que se “cante”. Posdata: me encantó la propuesta. Ella le llamó la “Lotería de La Milpa, una propuesta más del Mercadito de Innovación Campesina. La vida con sabor a maíz”. Genial, ¿verdad? En lugar que los niños estén viendo las tetas de la sirena, ellos repetirán los nombres del epazote, de los patzitos, del tecomate, el huitlacoche, el rastrojo, el pozol, el chipilín… ¡Tzatz Comitán!

viernes, 16 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON LOS ORÍGENES

Querida Mariana: no sabía. Dora Patricia Espinosa me lo dijo. El retorno al origen es fundamental en la vida de los seres humanos. Dicen los que saben que si tenemos conciencia del origen podemos tener una mejor ruta hacia el porvenir. Y acá escribo la palabra ruta con especial énfasis. Dora Patricia, lo sabés, es aficionada a montar bicicleta. Comenzó desde pequeña, porque en la comunidad donde vive era difícil el traslado hacia la escuela secundaria en el municipio de La Independencia. Muchos alumnos recurrían a la bicicleta para llegar a la escuela (hoy, me sorprendió hallar en el estacionamiento del Cobach 50 ¡decenas de motocicletas donde se trasladan los chicos y chicas! Antes era bicicleta el transporte de los alumnos. El papá de Dora Patricia le compró una bicicleta y la usó. Cuando estudió el bachillerato en el CBtis ya hizo uso de la combi, lo mismo en la universidad, pero el gusto por la bicicleta no cesó, así, un día adquirió una bicicleta más moderna y comenzó a hacer rutas por su pueblo, se levanta muy temprano y le da a la pedaleada, tiene un reloj que indica cuántos kilómetros recorre, a veces me enseña el récord, la felicito. Pucha, en ocasiones le da más de veinte o treinta kilómetros. Toma fotografías de amaneceres, me cuenta de los hallazgos y de la satisfacción que recibe. Un día, la ruta del pueblo no fue suficiente y le dio por unirse a un grupo de ciclistas en una carrera en plebe. Fue, se inscribió y le entró con pasión, pero, apareció el pero, ¿cómo llevar la bititeta (así decía mi sobrina Pau) al punto de origen? Y acá también escribo la palabra origen con especial énfasis. Tuvo que prestar un chunche que colocan en la parte trasera del auto para cargar la bicicleta. Total, llegó y participó. Ella dice, así lo dice, no lo hace para obtener un lugar en el podio, ¡no!, lo hace como mera diversión, no le importa el lugar en que llega, sino llegar. Y ha llegado. Ayer, entonces me dijo algo que yo no sabía. Dos palabras aparecieron en mi mente: ruta y origen. Dora Patricia me dijo que muchas carreras de bicicletas organizadas en la región retornan al origen, porque los nombres están identificados con palabras de las zonas originales. Me dio seis ejemplos, haré la relación para que las leás poco a poco, porque no se puede beber de un trago lo que exige un sorbo para apreciar. Mirá: • Guacanajaté, El Desafío. • Travesía Tacuatz • Perro Viejo MTB • Tzejeb XCM • Reto Zapaluta • Ruta del Tancoy Abrí mi boca como lo abren los que recibirán la ostia en la misa o como lo abren los que se quedan maravillados ante el vuelo de un colibrí. Esto es prodigioso. Estamos hablando de la segunda década del siglo XXI y en la región existen rutas ciclistas que invocan el origen, que honran la verdadera tradición de nuestros lenguajes. Siempre que escucho la palabra tacuatz (que refiere al animal que en otras partes le dicen tlacuache) pienso en la licenciada Frías, quien comentaba que salía a correr con paso tacuatzero; es decir, con un pasito tun tun, sin mucho esfuerzo, porque el tacuatz, se sabe, es un animal que se hace el muerto para que los enemigos pasen de noche. Mirá el prodigio de tantas palabras propias, únicas: Guacanajaté, Tzejeb, Zapaluta, Tancoy. ¡Qué bendición! Los organizadores de estas rutas ciclistas saben que estas palabras son esencia de nuestras culturas, que no hay necesidad de buscar anglicismos para sonar bien. Estas rutas son excepcionales, únicas, porque no hay otras similares en el mundo. Estas rutas sólo se dan por estos territorios maravillosos. Me encantó oír lo que Dora Patricia advirtió. Sí, le dije, es sensacional. Ella, entonces, me regaló esta mínima relación de carreras con nombres auténticos, que rescatan las palabras oro, las que son perlas, las que alimentan nuestros oídos y nuestros espíritus. Posdata: porque esto tiene repercusión, decenas y decenas de ciclistas participantes comentan con sus amigos y amigas que participarán en el Reto Zapaluta y la hermosa palabra vuelve a resonar fuerte, llega hasta La Trinitaria y vuelve a treparse a los árboles y las nubes, como si fuera un pájaro aleteando en el fogón de la historia. ¡Genial! Dora Patricia dice que algún día algún grupo de ciclistas hará la Ruta Tzatz y todo mundo repetirá la palabra tojolabal que significa ¡fuerza! ¡Tzatz Comitán!

jueves, 15 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL PARQUE MÍO DE MI PROPIEDAD

Querida Mariana: ¿cómo ves lo que dijo la poeta Mirtha? “Yo no soy de Comitán, Comitán es mío”. Genial. Pocas mujeres han tenido su osadía. Pero, debo decir algo que tal vez no le gustará. El parque central, el que lleva el nombre de Benito Juárez, el actual, el ampliado, ¡es mío y de nadie más! El parque central de Comitán es de mi propiedad. ¿Recordás al loquito de la película italiana “Cinema Paradiso”? ¿Lo recordás? A cierta hora de la noche comenzaba a correr a todas las personas que estaban en una plaza, gritando: “la piazza e mía”. La gente reía, pero desalojaba la plaza; es decir, las personas lo tomaban a broma, pero le hacían caso. Yo no llego a tal extremo, porque, me conocés, soy una persona generosa, desde siempre. Pero el parque es mío, lo presto para que los demás lo disfruten. Así que respeto lo que dijo la poeta Mirtha, pero, con papeles en la mano, le demuestro que el parque es mío, así que ella se puede quedar con todo lo demás, que es mucho, mucho porque no cualquier persona es dueña de un pueblo tan genial como el nuestro. Que yo sepa, nadie ha protestado porque Mirtha sea dueña de Comitán, ella, también generosa, lo presta para que sus habitantes lo disfrutemos. Ella, desde la ciudad de San Cristóbal está pendiente de lo que acá sucede, tal vez hay cosas que quisiera cambiar, pero desde lejos es imposible, si yo que estoy acá a veces no puedo controlar lo que sucede en mi parque; pero, salvo algunas nubes de más, mi parque sigue teniendo una esencia única. El otro día saludé al presidente Fox, estaba pendiente de los arreglos que actualmente le hacen a mi parque, con motivos de Día de Muertos. Estábamos cerca de la escultura de Luis Aguilar, el presidente dijo que “el jinete sin cabeza” podría llevarse a una de las Lolas. ¿La más rechoncha o la flaquita? Si opta por la rechoncha se llevaría a la Lola Albores, maravillosa cronista del pueblo y si trepa en ancas a la flaquita sería la Lolita Guillén, ciudadana que siempre ha vigilado por el engrandecimiento de Comitán de Las Flores. Cuando el presidente Fox mencionó al “jinete sin cabeza” y los dos vimos hacia donde está el jinete sobre un caballo hecho de material reciclado, una obra bien trabajada, recordé que hace poco, el mismo presidente Fox me dijo que su administración hará algo que será la casa de Las Leyendas, en Comitán, en el tradicional barrio de Las Siete Esquinas, a mí me entusiasmó la idea, porque sería un recorrido maravilloso para propios y visitantes, bajar hasta ese lugar icónico del pueblo, entrar a una casa donde podás topetearte con leyendas de nuestro pueblo; no sólo con eso, sino con personajes que son parte esencial de nuestra cultura comiteca, el presidente Fox mencionó por ejemplo a Mario Mocoso, maravilloso personaje de este pueblo, que mucha gente recuerda haberlo visto y convivido con él en los años setenta, Mario era un hombrazo, no sé de qué altura, pero superaba fácil el uno noventa de altura, fornido, siempre descalzo, una de sus características era que somata los grandes pies en el piso y hacía un ruido como de exabruptos de un cíclope, la gente podía pensar que era un ser iracundo, ¡no!, era un niño grandote, un niño bueno, que jamás había hecho daño a nadie. Eva Morante, mi amiga que ahora vive en Guadalajara (primero Dios, la saludaré en la FIL 2026), me cuenta que en ocasiones, salía de un baile a media noche y Mario la acompañaba hasta su casa, no se retiraba hasta que veía que Eva entraba a su residencia, que estaba a una cuadra del templo de Santo Domingo. ¿Mirás lo que significaría que la administración del presidente Fox consolide el proyecto de la Casa de Las Leyendas? Sería un maravilloso espacio para que todo mundo conociera las leyendas de este pueblo y a los personajes simbólicos, los que han dado personalidad al Comitán picaresco y auténtico, los que se acercan mucho al dueño de aquella piazza italiana. Posdata: cuando voy al parque al mediodía y veo a grupos de chicos y chicas estudiantes del CBtis, adueñados del kiosco ¡me da una gran satisfacción! Sé que ellos están ahí porque se sienten a gusto, porque se sienten seguros, porque les encanta escuchar el latido del corazón del pueblo. Cuando veo a niños aventar arroz a las palomas y éstas bajan del árbol, como si fueran frutos maduros, y luego otro niño corre, las espanta y las palomas forman un escuadrón y hacen piruetas en el aire ¡soy feliz, tanto como una lombriz! ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 14 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON MODELOS RETRO

Querida Mariana: en la segunda quincena de septiembre dos personas me han dicho abuelito, así, en voz alta. Pucha, ni tengo nietos. La primera persona que me lo dijo fue alguien mayor que yo (se miraba a leguas), un campesino que me saludó muy amable y dijo: “adiós, abuelito”, no supe qué decirle, digo que era mayor que yo, no podía decirle: adiós, querido nieto. Y la otra persona que me dijo abuelito fue un muchacho que pedía dinero para seguir consumiendo sus dulces con mariguana. Caminaba por el parque de Guadalupe cuando vi que el muchacho molestaba a una pareja que estaba sentada, luego me vio y se dirigió a mí: ¡abuelito, abuelito!, se acercó, me detuve, tomé valor no sé de dónde y le dije, en voz alta: “¡Dejá de molestar!” El muchacho, por suerte, se amilanó y llevándose la mano a los labios dijo: “ahí te va un beso” y mandó el beso al aire, lo vi alejarse. Respiré tranquilo. Digo esto, porque, en efecto, ya soy un viejo de sesenta y nueve años de edad, pero no soy abuelo, menos de alguien mayor que yo y menos, mucho menos, de un pobre muchacho drogo. Soy, lo que se dice un chico retro. Y no lo vas a creer, pero el domingo 11 de octubre de 2026 entendí el valor de los chicos retro, porque al medio día había muchas personas reunidas en el parque central, mi parque, para ver la llegada de los autos retro que vinieron desde Ciudad Cuauhtémoc en el llamado Legacy Tour y donde muchos de los automovilistas participarán en la Carrera Panamericana 2026. Ah, hubieras visto cuántos autos retro, bellezas, vi un auto de color negro, modelo mil novecientos cuarenta y tantos, un auto muy bien cuidado. Fue el retro más retro, el más hermoso, el que más llamó la atención. ¡Mentira! Un auto que también fue muy visto y admirado fue el que aparece en esta foto que anexo y que tiene una gran historia para la sociedad comiteca. El auto es un Ford, modelo 64 (yo soy modelo 57), un Ford Galaxie 500, con una longitud de 5.3 m y un ancho de dos m. ¿Cuánto medía de largo un vocho? Cuatro metros, más o menos, a veces menos; es decir, este maravilloso Ford retro medía un metro y treinta centímetros más que el vocho, por eso, en plan de broma un compa dijo que en ese tiempo no había moteles en Comitán y estas grandes lanchas podían permitir un fajecito muy cómodo en la parte trasera. ¿Cuántos niños y niñas fueron concebidos en un Galaxie? Dije que este automóvil tiene su historia, porque fue propiedad de Las Ancheyta, que tuvieron su tienda, en la desaparecida Manzana de La Discordia, casi frente a lo que ahora es el Centro Cultural Rosario Castellanos, muchas personas de los años sesenta vieron este auto estacionado en esa calle. Luego, Don Agustín González, el famoso abarrotero y dueño de supermercados, lo adquirió; Don Agustín lo tuvo unos seis años, hasta que lo compró su yerno, el maestro mecánico, Don Ramón Álvarez, quien se casó con Martita, hermana de mi amigo Víctor. Don Ramón ya falleció, pero dejó la herencia del auto a sus hijos Francisco y Maleni Álvarez González, quienes cuidan el auto como una forma de honrar la memoria del papá. El auto está impecable, Francisco hizo favor de dejarme que subiera al interior, uf, un trasatlántico con vestiduras impecables, luego abrió el capó y vi el motor, impresionante, en ese momento, los conocedores se acercaron y comenzaron a dar descripciones, el hijo de Don Hilario, quien fue el encargado del edificio de transmisiones en el barrio de Microondas, dijo que el motor de este auto impresionante es una máquina 302, de ocho cilindros, tómala, papá. Nada sé de autos, pero sí sé que un ocho cilindros gasta gasolina bien galán. El Legacy Tour fue un éxito en Comitán y la región, acá había un ambiente de fiesta, los automovilistas que llegaron desde Ciudad Cuauhtémoc fueron recibidos con gran emoción. Ahí saludé al secretario de turismo del estado de Chiapas, el paisano doctor Segundo Guillén, estaba muy contento, me dijo que este tipo de actos revive la memoria histórica de nuestro estado y genera un turismo cultural de excelencia. Posdata: en los años cincuenta se realizó la Primera Carrera Panamericana, en ese momento, pienso, los autos eran recientes, ahora, para honrar ese acto usan modelos retro. Soy modelo retro, soy abuelo por obra y gracia de dos cabroncetes; soy viejo, pero ahora, me di cuenta, estos modelos son muy apreciados, tenemos máquina 302. Que la vida permita que los compas que somos modelos retro no comencemos a tirar aceite y que nuestra carrocería no se oxide tan fácil, que continuemos en el Legacy Tour de la vida. Que vivan los modelos antiguos, las grandes naves interplanetarias. ¡Tzatz Comitán!

martes, 13 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN ATOL

Querida Mariana: en Comitán la palabra es atol no atole. Las personas van al mercado y piden un vaso de atol, de granillo o agrio (jocoatol). El sábado 10 de octubre de 2026 estuvimos en el Mercadito de Innovación Campesina, que instalan cada quince días en un terreno al lado de la carretera que va a La Independencia, en el entronque con Cajcam. Ahí nos tomaron esta fotografía, donde estoy al lado del Maestro Fabrizio Daniel Pascacio Vázquez, quien impartió una charla acerca de los atoles de maíz, que incluyó degustación. Los organizadores y participantes del mercadito se aventaron un diez, un diez envuelto en hoja de maíz. Digo esto, porque incluyó una serie de charlas, dictadas por expertos, que complementaron la tradicional venta de productos orgánicos, de helados artesanales, de tamales, de aguas, de miel, de cacao dorado, de artesanías, de chinculguajes calentitos, de jugo de caña, de taquitos y de atoles. Hubo una exposición de pinturas y charlas acerca del respeto por lo que la madre tierra aporta para nuestra cultura. Somos hijos del maíz. ¿Te cuento algo? Me acerqué al taller donde enseñaban a hacer tortillas. ¿Puedo hacer una? Me dieron un poco de masa, debí darle forma redonda, ¡ya, ya!, me dijeron, yo seguía haciendo la bolita, tratando de hacerla lo más perfecta posible. Coloqué la bolita de masa sobre un plástico y la tapé con otra hoja y bajé la prensa (¡denme un punto de apoyo y moveré el mundo!). La bolita perdió su forma y se volvió en un círculo plano. ¿Ya? No todavía no, debí darle vuelta para que la forma quedara casi perfecta, volví a darle a la prensa. Con cuidado quité el plástico de arriba y luego, como si fuera una pichita, tomé la tortilla y la deposité en la palma de mi mano. Ya estaba lista para depositarla en el comal que estaba caliente, la puse sobre el comal y, ¡ay, bobo!, un pedacito se despegó de su circularidad, quise componerlo, pero más lo desgracié. Una chica, que fue mi maestra, me dijo que debía darle vuelta y me enseñó cómo, lo hice, un lado ya estaba cocido, faltaba el otro, pregunté si formaría pancita, me dijeron que le diera una palmada, lo hice, más fuerte, dijeron, lo hice y el milagro apareció, la tortilla comenzó a inflarse, a decir que tenía vida gracias al fuego. Ah, el milagro. No, no, me dijeron, el milagro viene ahora, que le pusiera un poco de mole y la probara, como soy un mago pochoroco (la tortilla quemaba) pedí unos granos de sal y la probé. Sí, deliciosa, tortillita Molinaresca recién salida del comal. Ah, qué delicia. Como si fuera un pájaro con el buche satisfecho fui a escuchar algo de lo que el Maestro Fabrizio decía. “Hablar del maíz es hablar de la forma como se estructuran nuestros terrenos” y explicó que en las casas tienen lugares especiales para el almacenaje, luego para el desgrane y otro para guardar el maíz. Habló de las “dinámicas sociales” que giran en torno al maíz, una esencia que ha acompañado al ser humano desde hace siglos en Mesoamérica. El maíz también sirve para preparar bebidas: los atoles. Hmmm, qué rico. Te conté que cuando era niño, y vivía en el caserón a media cuadra del parque central, lloraba cuando no llegaba la mujer que ofrecía el atol de granillo. ¿Por qué llora el niño? Porque hoy no pasó la atolera. Mi carita resplandecía cuando, en cambio, la atolera llegaba ante el zaguán, con la puerta siempre abierta, y ofrecía, en tono de pregunta: ¿Atol? Sí, atol. El 10 de octubre de 2026 tuve oportunidad de conocer un poco acerca del proceso de factura, del trabajo que significa, conocí acerca de los atoles fermentados y no fermentados; asimismo, tuve la oportunidad de probar un jocoatol de maíz morado, riquísimo. Fue la primera vez, porque en el mercado Primero de Mayo venden el jocoatol de maíz amarillo. La experiencia fue sensacional. Muchas mujeres presentaron sus maíces, sus semillas, las diversas variedades que se dan en la región. Alguien habló de la pérdida de su semilla, la que heredó de sus ancestros, por una temporada de estío. Entendí la bendición de la tierra, del agua, del fuego, del aire y de las manos de las personas que cultivan la tierra con amor, actividad que permite que las tortillas y los atoles lleguen a nuestras mesas. Posdata: la jornada cultural que se vivió en el Mercadito de Innovación Campesina fue plena; todos los asistentes la disfrutamos. Felicito ampliamente a los organizadores. Alermo y Melissa, habitantes de la comunidad Cajcam, son la ceiba que imprime fuerza a estos proyectos generadores de cultura. No necesitan más que su pasión y su entusiasmo, entusiasmo que contagia a su comunidad y más allá, mucho más allá. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 12 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON LA FERIA DEL LIBRO EN HUEHUETENANGO, GUATEMALA

Querida Mariana: con el título “Feria Libro al Viento”, se efectuó la primera feria del libro en Huehuetenango, Guatemala, los días del 7 al 10 de octubre de 2026. Ah, qué disfrute. Vos sabés que nosotros llegamos a Huehuetenango, a través de nuestra revista Arenilla, allá tenemos a nuestro director comercial Carlos Rivas, quien siempre impulsa esa cinta que une a Huehuetenango con Comitán, a México con Guatemala. Carlos Rivas es un talentoso intelectual que siempre está muy activo acrecentando esa relación internacional, los de allá saben de nosotros y los de acá sabemos de ellos. El 9 de octubre de 2026 Carlos estuvo con el hijo del escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, quien se llama Miguel Ángel Asturias Amado. Carlos platicó con él y luego, con generosidad, hizo una llamada para que el intelectual Asturias Amado hablara con Dora Patricia Espinosa. ¿Mirás lo que digo?, Dora Patricia tuvo el honor de platicar con el hijo del Premio Nobel Guatemalteco, el gran autor de "El señor presidente” y de “Leyendas Guatemaltecas”, entre otros. En mi juventud leí con fruición los dos libros mencionados, porque esos títulos formaron parte de la Enciclopedia Básica Salvat. Asturias fue el segundo latinoamericano que obtuvo el privilegio de ser nombrado Nobel de Literatura, la primera fue la poeta chilena Gabriela Mistral; el tercer latinoamericano fue el poeta Neruda, luego Gabo, posteriormente nuestro paisano Octavio Paz y más recientemente Mario Vargas Llosa. ¡Ah, qué mentes tan lúcidas, tan de orgullo de nuestro continente! Algún año del señor celebraremos la concesión del premio a otro americano, mientras tanto, en este 2026 celebramos y leemos la poesía de la canadiense Anne Carson. Antes del mediodía, Dora Patricia recibió la llamada de Carlos, quien de inmediato puso en comunicación al hijo del Premio Nobel Guatemalteco, quien vive en Buenos Aires, Argentina, pero está en su patria, porque pronto traerán a Guatemala los restos de su papá, que descansan en la ciudad donde murió: París. Después del saludo, el hijo del Nobel Guatemalteco dijo: “Estamos muy contentos, la feria del libro está teniendo mucho éxito. En el caso mío vengo por primera vez, acá a Huehuetenango. Mando un saludo muy especial a Comitán, que lo sentimos también nuestro, porque somos de la América Latina y porque estamos muy cerca Guatemala y México, la frontera no debería existir entre nosotros, porque hay tanta historia en común y tanto cariño, así que va mi saludo y mi cariño para Comitán”. Dora Patricia agradeció el saludo, en nombre de Comitán, y le dijo que los libros, el arte y la cultura permiten romper los muros, a lo que Miguel Ángel Asturias Amado: “Totalmente de acuerdo. Como usted dice, la cultura es la única que puede salvar fronteras”. Una conversación de dos minutos que hace eterno el instante, porque en ella se celebra la feria del libro en Huehuetenango, la cercanía de ambos países, la certeza que tenemos mucha historia en común y la memoria del gran escritor guatemalteco, en la voz de su hijo. Posdata: después, Dora Patricia y yo fuimos a tomar un helado como celebración de esta llamada telefónica, recordamos que el Premio Nobel Guatemalteco, en su novela “El Señor presidente”, hace mención de nuestra bebida tradicional espirituosa: el Comiteco. El libro, en todos los tiempos, tiene tantas coincidencias como páginas, multiplica los espacios habitables y da frutos nobles y buenos. En una foto aparecen: Carlos Rivas, director comercial de Arenilla, en Guatemala, y el ingeniero Miguel Ángel Asturias Amado; y en la otra foto está el hijo del Premio Nobel de Literatura con nuestra revista. Fotos del 9 de octubre de 2026. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 11 de octubre de 2026

LA REINA HUIXTLECA DE COMITÁN (parte 6)

Mi papá dijo que su mamá ya quería conocer a la nuera. Viajaron de San Cristóbal de Las Casas a Comitán. Mi papá nació en San Cristóbal en 1917. ¿Mi mamá? En Huixtla, en 1930. En Comitán dirían: agarró pichita. Llegaron a Comitán, bajaron del auto en que viajaron y mi mamá me comentó: “al abrir la puerta, me voy dando cuenta que era un gran caserón”. En esa casa viviría varios años, en un gran caserón, a media cuadra del parque central del pueblo. El año era 1955. La casa era propiedad de una señora muy distinguida de apellido Esponda, quien, en ese año, radicaba en la Ciudad de México. La descripción de la casa también es importante, cuando mi mamá la conoció tenía un zaguán, cuatro corredores, un patio central, muchos cuartos para recámaras, baño, sala, comedor y oratorio. En la parte trasera el tradicional sitio donde había una recámara para la servidumbre y una cocina con un fogón de diez hornillas, en el centro de la habitación. Sí, era un gran caserón, comparado con los espacios donde había vivido mi mamá, en Huixtla la casa era modesta, lo mismo en la Ciudad de México, donde vivió en un departamento y luego en una casa de dos plantas cuyo enganche inicial dio mi abuelo Enrique y mi mamá pagaba a través de mensualidades. Esa fue la impresión inicial de mi mamá: la casa era enorme. Luego, ante la amplitud de los corredores se fijó en algo inusual, porque llegaron ya de noche: “unos foquitos que creí que no estaban prendidos. Le pregunté a tu papá: ¿Por qué no prenden los focos?” y la respuesta de mi papá fue clásica: “están prendidos”. Sí, la energía eléctrica en ese tiempo sólo la daban por las noches y apenas alcanzaba a iluminar con la clásica luz que acá en Comitán decían: “de mushcac”; es decir, de luciérnaga. Otra cosa que llamó la atención de mi mamá fue la altura de la casa. El techo estaba muy alto y los focos tenían que colgar desde esa altura. Ella se preguntaba: ¿por qué el techo no lo pusieron más bajo, por qué tan alto? Después entendería que el proceso constructivo de esas casas tradicionales, de gente rica era así: techos altos, corredores con pilares de madera y piso de ladrillo, techumbre de teja (aunque esta casa, por alguna razón en especial, tenía la armazón de madera, pero estaba cubierta por lámina de zinc. Cuando crecí me encantaba escuchar cómo las manos de la lluvia tocaban esos timbales). Después de esa primera impresión, mi mamá ya se centró en el motivo del viaje: “la cosa es que saludamos a mi suegra. Mi suegra feliz, ya tenía su nuera” (cuando nací, en 1957, mi abuela María Bermúdez Ortiz se enteró que ya era abuela por parte de su hijo Augusto, pero no me conoció físicamente, porque murió poco después). Por fin, Comitán recibió a la princesa Huixtleca y ella durmió su primera noche en ese caserón tan grande, con alturas altísimas y focos con luz de cerillo apenado. Desde ese momento, Comitán sería su hogar, tierra donde murió en el mes de noviembre del año 2025, a la edad de noventa y cinco años. En la fotografía aparece mi abuelita Esperanza Córdova, la reina huixtleca de Comitán, y una tía. Están en la casa que tenía mi mamá, antes de casarse y llegar a vivir a Comitán.