Arenilla
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domingo, 12 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN INÉDITO
Querida Mariana: ¿ya leíste el título del primer capítulo de esta novela? Algo se alcanza a ver en la fotografía que anexo. Dice: “Lo que no se publica también pesa”. Por el momento, no sé hasta cuándo, el texto está inédito; es decir, no se ha publicado, pero ¡ya pesa! Álex Flores me envió una copia de la novela sin título. La he leído con atención. Es ficción, por supuesto, pero el entorno es Comitán, el Comitán de estos tiempos, de redes sociales y de comportamientos.
He dicho que estoy contento porque, cuando menos en narrativa (parece que no sucede lo mismo en poesía), en el Comitán actual hay una cantidad de muy buenos escritores. Te conté que en el 2025 y lo que va del 2026 aparecieron tres novelas fundamentales para la historia de la literatura comiteca. Son tres textos soberbios, cada uno en la senda elegida. Apareció la novela: “Espejo de los días”, de Mario Escobar, una novela apocalíptica de gran factura; también apareció la novela “Don Pedro de Portocarrero. Crónica de sucesos recuperados del olvido”, de Luis Armando Suárez Argüello, novela histórica que da cuenta del origen de nuestra ciudad, que, en 2028, cumplirá quinientos años; y más recientemente, la novela “Mi deuda con Franco”, de Javier Trujillo López, que es un recuento de la relación de un hijo con el padre, escrito en forma sencilla, pero prodigiosa. ¿Mirás? Pienso que jamás en el pueblo, en tan poco tiempo, aparecieron tres novelas con un esplendor único. Lo que parecía ser un coto cerrado ahora se abrió en un abanico y, lo más sorprendente, es que todas estas ramas son tan o más brillantes que las anteriores. Casi se podría apostar por esta generación del siglo XXI. Y ahora hay que agregar el nombre de Álex Flores, con la novela sin nombre, porque el inédito es de calidad.
¿De qué trata la novela de Álex? De un periodista comiteco que publica nombres, fechas y contratos que resultan una bomba que incomoda a las autoridades. El enojo crece a la par de las publicaciones y del número de lectores que comienza a interesarse por lo que él publica y quien comienza a ser conocido como “El fantasma”. La personalidad de este periodista trasciende a nivel nacional y toma mucha fuerza. El tema es apasionante y el autor tiene la malicia literaria suficiente para enganchar al lector.
Hay un instante donde una diputada federal habla en tribuna a favor del periodista: “No me vengan a hablar de democracia si no son capaces de proteger una redacción que apenas tiene sillas estables. Comitán no sólo es tierra de poetas. Es tierra de periodistas valientes. Y uno de ellos, con seudónimo o sin él, les está ganando la partida sin disparar una sola bala”.
Sí, ya sé, ahora querés conocer más de esta novela sin título. ¿La publicará Álex?
Mientras tanto, comparto con vos el inicio de la novela:
“Comitán huele distinto por las mañanas. No al atol recién preparado ni al café tostado del centro. Francisco Rosas lo sabe bien: es un olor más sutil, casi imperceptible, una mezcla entre el humo del primer carro encendido, el pan recién horneado en la esquina y la humedad que se cuela por debajo de las puertas. A veces cree que ese olor tiene que ver con la historia, como si la ciudad aún respirara lo que han callado tantos”.
Posdata: celebro que la narrativa comiteca está en un gran momento. Por el momento han aparecido varones, aparecerán, sin duda, las mujeres narradoras. Como dijo la diputada, personaje del libro, Comitán no sólo es tierra de poetas, también lo es de periodistas valientes y, por supuesto, de grandes narradores.
¡Tzatz Comitán!
CARTA A MARIANA, RUMBO A LOS QUINIENTOS
Querida Mariana: por favor, mirá con atención la foto que anexo. Gracias. La tomé ayer. Es la imagen de un fragmento de banqueta enlajada. Mucha gente se queja de lo peligroso que es caminar sobre estas lajas. Hemos dicho que parecería que hubo personas que quisieron hacerle un mal al pueblo, cubriéndose con el manto de gente que hacía el bien. Y digo esto, porque nadie en su sano juicio colocaría este sendero en su casa particular, porque va contra toda lógica. ¿Por qué se permitió que se hiciera tal afrenta a nuestra casa común?
En la novela “Balún Canán”, de Rosario Castellanos, escrita en 1957, la autora ya había dicho algo acerca de este peligro: “Mi nana me lleva de la mano por la calle. Las aceras son de lajas, pulidas, resbaladizas…” ¿Mirás? ¡Son resbaladizas! Digo que nadie pondría este tipo de material en su casa, porque ¿quién quiere caerse a lo bobo? En casa hay personas de edad mayor, que se desplazan con dificultad. ¿Qué pasa en nuestra casa común? En una casa donde hay decenas de subidas y bajadas. Caminar por las calles de Comitán es un auténtico riesgo. Así como se dice que en la gran ciudad de México todo mundo tiene historias sobre alguna persona cercana que sufrió un robo, así, en Comitán todo mundo tiene historias sobre alguna persona que ha resbalado al caminar sobre estas calles enlajadas. En ocasiones no pasa de una “azareada” y de un moretón, pero en otros casos el accidente provoca lesiones más severas, incluso quebraduras de huesos.
La remodelación del Centro Histórico de Comitán, que incluyó el “enlajamiento” de las banquetas (aceras, diría Rosario) se dio en 1994. ¿Mirás? Llevamos más de treinta años soportando las consecuencias de tal remodelación. ¿Qué ganamos los habitantes de este pueblo con tal determinación? ¡Nada! Al contrario, perdimos una posibilidad de hacer un pueblo más afectuoso.
Debo decir lo que ya muchos han dicho. En época del Comitán de Rosario (los años treinta y cuarenta), que también es más o menos la época donde se desarrolla la trama de “Balún Canán”, nuestro pueblo tenía la misma topografía actual de subidas y bajadas, pero no había las entradas a cocheras ni el tráfico fue tan intenso como ya lo era en los años noventa y mucho más ahora. Los expertos podrán corroborar o desmentir la idea de que las lajas tenían una consistencia diferente. Las actuales, querida Mariana, superan a las anteriores en lo resbaladizo. ¿En qué momento se les ocurrió regresarnos al infértil pasado? A partir de ese momento hubo una empresa que comenzó a generar muchas ganancias: los locales donde venden aparatos ortopédicos. Dios mío, no sé cuántas personas han sufrido accidentes en las banquetas. Tal vez, qué dramático, Comitán es una de las ciudades donde más gente se accidenta al caminar por banquetas; tal vez nos comparamos con ciudades sucias donde la gente resbala por cáscaras de plátano o de mango; tal vez llegamos a los niveles de ciudades donde nieva y la gente resbala por el agua, por no llevar zapatos especiales.
En una ciudad donde hay bajadas y subidas los expertos sugerirían materiales antiderrapantes para prevenir resbalones, acá se hizo lo contrario. ¡Ahí te van las lajas para que caigás! ¡Qué mentes tan perversas, tan poco humanistas!
Y llevamos más de treinta años soportando estas peligrosísimas banquetas. Presumimos nuestra ciudad, invitamos al turismo mundial a que nos visiten, pero nunca decimos que les ofrecemos una ciudad donde un resbalón puede acabar el plan de vacaciones tranquilas. Y digo esto porque he conocido casos de visitantes que, en el momento menos esperado, han hecho ¡pongoch! en una bajada y tuvieron que pedir auxilio de paramédicos. ¡Dios mío!
La pregunta que se antoja es: ¿seguirá Comitán siendo una ciudad con banquetas de laja resbaladiza? ¿Por toda la vida? ¿Es lo deseable para la población? Ni me quedés viendo. No sé cuál sería lo mejor para este pueblo, pero pienso que como está, como lo dejaron, no es lo más conveniente. El otro día, en esta obsesión, entré a ver una calle con pendiente en Lisboa y vi que las banquetas tenían pasamanos adosados a las fachadas y graditas en el piso. Estas graditas hacen que la naturaleza inclinada tenga respiros y la bajada o subida se convierte en algo menos riesgoso, además, digo yo, el material no es resbaladizo, porque el sentido común indica que debe ser material rugoso, que impida el deslizamiento fatal.
Dentro de dos años, Comitán cumplirá 500 años como ciudad. Llegamos con muchas deficiencias ambientales y urbanísticas. ¿Así seguiremos? ¿De verdad? ¿Nada hará nuestra sociedad para mejorar nuestro entorno? ¿Y si hiciéramos un gran compromiso social para ir mejorando poco a poco nuestro día a día? Toneladas de dinero se invirtieron en enlajar las banquetas, desenlajar se antoja como una tarea de titanes, pero ¿y si lo vamos haciendo poco a poco? Y cuando digo poco a poco estoy diciendo que lo primero a modificar serían las pendientes y las entradas de autos.
Posdata: un día platiqué con Toñito Zamudio y hablamos de iniciar un movimiento social encaminado a hacer más digno el pueblo. Sólo para demostrar que es posible modificar nuestro entorno y hacerlo más amable, para todos, para visitantes y, sobre todo, para nosotros, para que disfrutemos a plenitud nuestra ciudad. Una vez hablé con autoridades del INAH y me dijeron que no habría mayor problema en tener el permiso para modificar una banqueta. Pienso que tampoco la autoridad municipal negaría su permiso. Sé que habría más de dos comitecos que apoyarían con paguita para que se hiciera. En menos de una semana lograríamos el objetivo y estoy seguro que sería muestra palpable de que unidos podemos hacer una ciudad más digna, más afectuosa. ¿Lo lograremos? Basta echarle montón. Luego te cuento si esto, como siempre, es pura llamarada de doblador o logramos hacerlo.
¿Viste la foto con atención? El hoyo es muestra de lo indigno que resulta ahora caminar por las banquetas. ¡Uf! Pero, mirá qué ha hecho la gente consciente, si ves con cuidado observarás que hay unas manchas negras sobre las lajas. Esos son fragmentos de cintas antiderrapantes que colocaron algunos buenos ciudadanos. ¿Qué más notás? En las lajas hay rayas. Sí, los mismos ciudadanos conscientes han rayado la superficie de las lajas para que no sean tan resbaladizas. ¿Qué lectura hacés de esto? Es una forma de protesta, con esto la gente nos dice que poner laja en las banquetas con pendientes, fue una gran… (poné la palabra que considerés la adecuada).
¡Tzatz Comitán!
viernes, 10 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON EL HOMBRE QUE VINO DE POLONIA
Querida Mariana: el papá de mi amado Gutmita es “El hombre que vino de Polonia”, así lo dice su hijo. Pucha, suena como a título de novela. El otro día platiqué con un amigo, cuando me preguntó sobre mis orígenes paternos, tomé lo que dice Gutman y dije que mi bisabuelo fue un hombre que vino de Italia. Viéndolo bien, todos los ancestros son personajes de novela, personajes geniales, con defectos y virtudes. Rascar en la herencia familiar es hallar sorpresas. Por eso mucha gente no se interesa por el tema, sin reconocer que el conocimiento es la sustancia que aporta vida.
Hay gente que reniega del pasado familiar, hay otras personas que, por el contrario, se enorgullecen de sus raíces. Todo es válido, pero yo soy del grupo que rasca en los orígenes, hasta donde es posible. Buscar la savia que nos alimenta es como un gran viaje. Vos, ¿tenés idea de todas las vidas que se han tejido en torno a la tuya? ¿Sabés que sos parte de un gran entramado? Digo que nadie puede evadir el legado familiar, cada uno es producto de todos los nudos e hilos sueltos que han tejido los viejos.
Don Abraham, papá de mi amado Gutmita, nació en Polonia y de allá se descolgó hasta llegar a tierras chiapanecas. Los ancestros de Gutmita están en aquella región del mundo. El abuelo allá vivió. ¿A qué se dedicaba? ¿Cuáles eran sus gustos? Gutmita sabe que él es la confluencia de tantos caracteres y personalidades. Gutmita estudió en el seminario, estaba a punto de recibirse como sacerdote cuando el mensaje divino le llegó, casi como si estuviera en el Monte Sinaí, escuchó una voz que le dijo: “Pichito, tu camino no está en seguir el manto de Cristo, sino en seguir las faldas de cientos de muchachas bonitas, sabrosas, jacarandosas”; y mi amado Gutmita, siempre obediente, despreció la casulla y se dedicó, como un zorro astuto, a perseguir a las chicas con la prédica del amor. El hombre que vino de Polonia tuvo hijos, uno de éstos fue mi amado Gutmita, acá, en este país del nopal, ha dado lustre al árbol genealógico que le fue entregado en herencia.
Gutmita es un gran cuenta chistes, se sabe muchas anécdotas, todas las cuenta en forma pícara y simpática. Cuando lo escucho trato de imaginar cómo fueron su abuelo y su bisabuelo. ¿Habrán sido traviesos como él lo fue? ¿Mi amado Gutmita los superó?
Él es hijo del hombre que vino de Polonia. ¡Ah, qué título tan bello! ¡Insuperable! Yo soy bisnieto del hombre que vino de Italia. Tengo muchos amigos cuyos árboles genealógicos vienen directamente de España. Mi apellido paterno es Torres, ni qué buscar. Los orígenes de tal apellido están sembrados en la madre patria. En algún momento de la historia mi ancestro llegó de España. Soy tataranieto del hombre que vino de España. De eso estamos hechos. Tengo amigos que quisieran borrar el pasado negro de la Conquista, les llaman asesinos. Sí, no es para celebrar tal afrenta que cometieron con los antepasados que vivían en el territorio de lo que hoy es México, pero yo siempre pienso que alguno de sus antepasados fue de ese grupo violento, porque los apellidos de esos compas son españoles netamente. ¡No! Me dicen. Pues no, puede ser que ellos sean descendientes, por ejemplo, de los emigrados que recibió Lázaro Cárdenas, que fueron españoles de abolengo, inteligentes, nobles. Pero, para eso, es necesario conocer y reconocer los árboles genealógicos. ¿Tenés apellido Anzueto, García, López, Espinosa, Ramírez…? Pues tus ascendientes están en España, la tierra de los hombres que nos conquistaron. No hay vuelta de hoja. ¿De qué lado se inclina la balanza? ¿Hacia la bondad, hacia la maldad? No lo sabemos. Tal vez todas las historias son una mezcla, un tachilgüil. Los seres humanos, lo dijo Nietzsche, estamos inclinaditos al mal. ¿Has pensado si alguien de tu familia, en 1700 o 1600, fue perseguido por la ley, por alguna travesura, mínima o trágica? ¿Qué se le va a hacer? ¿O lo contrario? Tal vez uno de tus ancestros llegó a ser un gran personaje que aportó dones a la humanidad.
Posdata: y resulta que ahora somos ramas de esos grandes árboles y aportamos nuestras historias personales. Quienes tienen descendientes siguen brindando aportes al gran testimonio común. Somos gajos de esa leyenda. El agua inunda muchas orillas. El hombre que llegó de Polonia conoció a una mujer en Chiapas, se casó, tuvo hijos y escribió una historia que jamás imaginó. Así es el agua de la vida, a veces llega del cielo en forma de lluvia; a veces es arroyo que abona tierras; a veces es un tsunami que brota violento del mar. En Europa y en otros países del mundo hay mujeres que nacieron en México y al casarse con extranjeros formaron una familia; de ellas bien puede decirse que son mujeres que llegaron de México. Todo es una gran línea que se dibuja al paso del tiempo.
En la foto está el hijo del hombre que vino de Polonia. Acá está, muy guapo, ayudado con la IA. ¿No que no tronabas pistolita?
¡Tzatz Comitán!
jueves, 9 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON CERCAS
Querida Mariana: compré otro libro de Javier Cercas. Te conté que leí un gran libro de él: “El loco de Dios en el fin del mundo”. ¡Un librazo! De lo mejor del 2025. Ahora tengo “Independencia” en la lista de espera. Y está en espera porque ahora leo a Xavier Velasco, el irreverente, locochón y buen narrador Xaviercito Velasco. De Xavier leo: “Mala espina”. Esta novela comienza con un cuerpo humano que cae de un edificio de siete pisos y se despanzurra. ¿Es un suicidio? Pero alguien nota que los pies del tipo están amarrados y se pregunta: ¿quién se amarra los pies antes de aventarse al abismo? Ahí comienza la novelita, bien narrada, picazón. Nada del otro mundo, pero disfrutable.
Xavier va con equis y Cercas se escribe así. Digo esto, porque abundan los Javier con jota, acá tenemos al buen Xavier González, quien fue Xavier desde mucho antes que el Velasco, porque el escritor nació en 1964 y nuestro Xavier nació en los años cincuenta. Cuando Xavier González llegó a Comitán sorprendió al mundo, porque acá los Javier eran con jota y no con equis. Sucedía lo contrario que con la palabra México, que ya muy pocos la escribían con jota. Claro, los nativos de este país pronunciamos Méjico, sólo los extranjeros le dan ese acento de equis arrastrada: Méssico. Lo mismo sucede con Xavier, lo pronunciamos con jota, pero, lo que sea de cada quien, se ve más nice Xavier que Javier, tal vez porque es menos común.
¿Y qué vainas con Cercas? Es el apellido de Javier, con jota, pero debo decir que yo crecí en Comitán escuchando la palabra cercas. El maestro Beto me enseñó en el salón de clases que la palabra cerca se usaba para designar algo que estaba a corta distancia. Por ejemplo, el templo de El Calvario está cerca del parque central de Comitán (el llamado Benito Juárez, que en realidad, vos lo sabés, es mío, recordá que la piazza e mía). Pero resulta que, fuera del aula, medio mundo no pronunciaba cerca sino cercas. ¡Qué simpático, qué desorientador! Así, el fulano de tal decía: el templo del Calvario está “cercas” del parque central de Comitán.
No sé el porqué, pero hay una propensión a agregarle una ese al final a ciertas palabras. ¿Lo “vistes”? ¿Lo “entendistes”? Ay, Señor, qué costumbre tan jodida. Lo mismo sucede con la palabra cerca, claro, la palabra cercas no se escucha tan mal como los dos ejemplos anteriores. Pero, ¿por qué la gente le agregaba la letra ese final a la palabra cerca? Es un poco como no tener idea de la precisión de las palabras, porque todo mundo sabe, ¡lo sabe!, que la palabra cercas se emplea para designar una división territorial. Cercar un terreno es ponerle cercas.
¿De dónde entonces decir “cercas” para señalar algo cercano? ¿Será porque el antónimo de cerca es lejos y como ésta tiene ese al final? No, no, ya estoy derrapando en el terreno de lo estúpido.
Lo cierto es que el apellido del gran escritor español lo escuché desde niño. En ese tiempo, Javier Cercas tampoco era el gran escritor, ni había nacido, igual que Xavier Velasco nació en los sesenta. Xavier y yo somos de los cincuenta, acá hablo de Xavier González.
En los años sesenta yo era ya un buen lector. Leí a varios escritores españoles, a los famosillos, al poeta Machado, y a los narradores Ana María Matute, a Cervantes, a Unamuno y también a Pío Baroja, a Pérez Galdós y a Camilo José Cela. De todos los nombrados, buenos escritores, sólo el Cela fue Premio Nobel de Literatura, era mal hablado, era fregón. ¿Y Cercas? Cercas era un niño lector, igual que yo, se cultivaba, ahora es un talentosísimo escritor, a veces es nombrado como posible ganador del Nobel de Literatura, no va lejos. En Comitán dirían: Cercas está cercas de ganar el Nobel. ¡Padre bendito!
Posdata: ¿qué tanto nos definen los nombres? Imaginá, como mero juego, que yo no fuera Alejandro sino Alexandro o Halejandro o, como me dice un amigo: Alexandros, así, con la ese final. ¿Sería otro? ¿Qué tanto cambiamos cuando aceptamos el sobrenombre que nos dicen otros? Tengo un amigo que ahora se bautizó como Tezcatlipoca, cuando su nombre original es un nombre babilónico. ¿En dónde quedan todos los años en que fuimos lo que quisieron que fuéramos?
No sé de dónde la costumbre comiteca de decir “cercas” en lugar del castellano cerca. Lo que no está lejos, en Comitán, está cercas. Ahora estoy muy cerca de Cercas, su narrativa es apasionante, es un gran escritor, digo pues que él está cerca de obtener, algún año del Señor, el Premio Nobel de Literatura, si llego vivo a ese momento lo disfrutaré, saldré al pequeño patio de la casa y diré que todo mundo siempre está cerca de alcanzar sus sueños, siempre y cuando abone el terreno; siempre y cuando coloque cada día un ladrillito. ¿Sueña Cercas con la obtención del premio Nobel? Pienso que eso no le quita el sueño. Hay tanto escritor glorioso que no ha necesitado tal reconocimiento para saber que su obra está muy cerca del Olimpo, “cercas”.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 8 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, EN LA GRAN CIUDAD
Querida Mariana: esta fotografía fue tomada en diciembre de 2025. Estuvimos en la gran ciudad, la más grande del país. ¡Llévelo, llévelo! ¡Cómprelo, cómprelo! ¡Mírelo, mírelo! ¡Súbase, súbase! ¡Bájese, bájese! Una ciudad donde viven más de once millones de personas. ¡Dios mío, qué desborde, qué patín tan ancho!
Viví en la gran ciudad en los años setenta, de 1974 a 1979, más o menos. Había menos gente, pero era, desde entonces, la ciudad más grande. ¿Cómo un provinciano, de un pueblo pequeño, logró sobrevivir en la gran ciudad, siendo como soy, un tutuldioso? No lo sé. Tal vez lo mismo se preguntan todos los paisanos, contemporáneos, que vivieron allá.
Tengo recuerdos que pasan en mi mente como si fueran esas rayas que se veían en la carrera de Flash, todo como vértigo, como, tal vez, pasaban los autobuses urbanos que tomaba para ir a Ciudad Universitaria. Lo primero que me impresionó fue el ruido. Yo iba de una ciudad donde los pajaritos acompañaban el despertar. Allá, el mundo despertaba en medio de sirenas y no precisamente las que querían quitarle el sueño a Odiseo.
Luego, una mañana de domingo, fui con la palomilla al estadio de los Pumas y cuando escuché el ¡Goya, Goya, Goya, Cachún, Cachún…! Supe que nunca había escuchado algo semejante. Eran miles de voces que, como si fueran un coro monumental, lanzaban gritos de guerra, de gloria. Sí, era impresionante, jamás volví a escuchar algo parecido, nunca más.
Luego entendí lo que a cada rato me dice mi amado Gutmita: en la gran ciudad, el más chimuelo masca vidrio, el más tullido es alambrista. La gran ciudad obliga a los ciudadanos a hacerse pueblo, a meterse por en medio de las filas, a evitar los lugares peligrosos. ¿Cómo un provinciano puede saber que tal zona no es segura? La mano de Dios fue la que nos guio, la que, en todo momento, nos detuvo para no meternos en territorios donde el aire es un cuchillo que corta. Siempre pensé que algún escritor (algo así como un Jorge Ibargüengoitia, que escribió “Instrucciones para vivir en México”) debería escribir un Manual para no caminar por zonas de peligro en la Ciudad de México. No sé si alguien ya lo hizo, pero sería muy recomendable. No sé si ahora las indicaciones observaran que en toda la ciudad se corre el riesgo, porque en cualquier estación del Metro pueden asaltarte, en cualquier plaza comercial te pueden arrebatar el celular, en cualquier viaje en combi aparece el asaltante que sentencia: “ya se la saben” y los pasajeros deben entregar celulares y carteras.
La gran ciudad. En ese tiempo supe que ahí nuestros modismos no existían, que había un titipuchal de palabras que se habían quedado en Comitán y que otras, novedosas, se incorporarían a nuestra habla diaria, porque, cuando menos yo, boté mi voseo y me apropié del lenguaje citadino, porque ya lo decía la vieja sentencia: “al pueblo que fueres haz lo que vieres”
Y me volví un chavo chido, buena onda. Ya no escuché canciones, ¡escuché rolas! en la estación radiofónica “La Pantera”; asimismo los amigos se volvieron cuates (aunque nosotros, los provincianos, supiéramos que cuates ni los aguacates); y conocí a chicas fresas y otras que eran nacas. Para decir sí comencé a usar el simón, simón rolón; y para decir no, aprendí a decir nel, nel pastel. Y lo que en Comitán era mero lek allá se volvió un ¡Cámara! Cámara significaba que todo estaba bien. Y escuché que algunos compas de allá se daban “viajes” y algunos se “mal viajaban” y supe que los viajes eran con drogas (que, por fortuna, nunca me ofrecieron, porque sin duda que le hubiera entrado). Si me gustaba una chica, un cuate me decía que le tirara el rollo, pero siempre a las chicas que les aventé el rollo me dijeron que yo era un manchado (¿un tiznado?). Y desde entonces comencé a usar la palabra güey.
A veces fui a Tepito y escuché el tradicional “llévelo, llévelo”, que volví a escuchar en el mero zócalo en diciembre de 2025. Cientos y cientos de personas van de un lado para otro, cada uno lleva su misión del día. Dora Patricia me dijo que en un viaje anterior llamó su atención que muchos vendedores ofrecían juguetitos, pero cuando comenzaron a caer gotas, por arte de magia, los juguetes quedaron escondidos y los vendedores comenzaron a ofrecer impermeables y sombrillas. Le dije que si el zócalo se convirtiera en playa, los vendedores comenzarían a ofrecer biquinis, shorts y micheladas. Dora Patricia dijo que sí, que así sería. La gran ciudad tiene la capacidad de transformación y de adaptación.
Posdata: tenía varios años que no iba a la gran ciudad. En el 2025, como siempre, volvió a sorprenderme. Cada vez hay más gente, cada vez hay más de todo, y cuando digo de todo me refiero a ¡todo! Ah, qué ciudad tan maravillosa, tan poética, tan misteriosa, tan miserable, tan fea, tan hermosa, tan chida, tan macabra, tan celosa, tan putangona, tan generosa, tan esquiva.
¡Tzatz Comitán!
martes, 7 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON VISITA DEL PASADO
Querida Mariana: todos los seres humanos hurgamos en el pasado, en el pasado personal y en el colectivo. Tengo amigos que son fanáticos de la historia, leen libros acerca del tema y ven documentales históricos. Claro, el exceso es pernicioso, los expertos recomiendan, en el plano personal, no darle mucha vuelta a lo pasado ni obsesionarse con el futuro, basta, dicen, con vivir el presente, no hay más, con cara de sabihondos dicen una perogrullada: el pasado ya pasó. Así es. El otro día vivía mi presente, pero una carretada de polvo me llegó al espíritu. Mirá esta fotografía. Remodelan unos locales de la esquina donde estaba la cerrajería de Chalón Pulido, donde estuvo la Papelería El Escritorio. Resulta que los obreros han quitado el repello para luego aplanar y pintar la fachada, en este trabajo quedó visible un letrero antiguo. ¿Mirás? Alcancé a ver las letras U P y E, mi mente, de inmediato, me sopló una palabra: Súper, y con la misma velocidad un lejanísimo recuerdo me asaltó, dije que ahí había estado el Supermercado de Don Agustín, papá de mi amigo Víctor González. ¿Era un recuerdo falso o verdadero? Por fortuna mantengo comunicación con Víctor, así que le envié un mensaje y anexé la fotografía que ahora te comparto. Le pregunté si estaba en lo correcto. ¿Ahí estuvo el súper de su papá, que comenzó vendiendo carne en el Mercado de Jesusito?
A veces pienso que detrás de las pinturas de las fachadas hay letreros del pasado. Antes, así se anunciaban los negocios, nada de luces de neón o letras sublimadas. Me brincaron las tres letras, pintadas en rojo, con bordes en negro para darle volumen.
Víctor me respondió con otro mensaje y dio más forma a mi recuerdo. En efecto, en esa casa estuvo, en los años ochenta, el Mini Súper de Don Agustín González. El propietario del local, Chalón Pulido, se lo dio en renta.
Víctor me dijo que en esa misma época, en el siguiente local (el de la esquina) Doña Tere Prats abrió la primera tienda de pinturas de la marca Comex. Doña Tere tuvo dos hijos (así lo cuenta Víctor, porque fue amigo de ellos): Manuel y Mónica. Doña Tere y su familia llegaron de la Ciudad de México y se avecindaron por un tiempo en nuestro pueblo. ¿Querés otro poquito de chisme? Bueno, resulta que Manuel tuvo una cerrajería ahí mismo. A la vuelta había una zapatería que atendía Lupita Trujillo. Ay, este Víctor, que buena memoria tiene. Él y yo rascamos ya un poquito del pasado, en los lejanos años ochenta, en esa mítica esquina, que ahora está en remodelación. Esta casa está al lado de la casa donde vivió Doña Leonor Pulido y que ahora pertenece a otra familia. Doña Leonor fue una gran amante del teatro. Toda esta esquina y la vuelta (donde vive la Leo Pulido Gutman con sus hijos) sigue perteneciendo a la familia.
Don Agustín estuvo durante un buen tiempo atendiendo este Mini Súper, pero quién sabe que le dio abrir otro local muy cerca de mi casa, a una cuadra de la Matías de Córdova, donde ahora está Fedex, que es un edificio que mandaron a construir la química Ruth y su esposo el licenciado Ruiz (quien durante algún tiempo me dio la clase de Civismo, en la secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz). Cuando Don Agustín se pasó al local de la tercera calle norte poniente, Víctor fue quien se hizo responsable del Mini Súper de la avenida central Rosario Castellanos, hasta que cerraron. Así se cerró también un capítulo más de nuestra historia comercial, pero el otro día, en pleno 2026, la historia afloró de nuevo, a través de la “rascada” de esta fachada. Como la vida es así, cuando el pasado apenas asoma la cabeza es cancelado por el presente. Sin duda que ahora que te escribo esta carta, las letras ya están ocultas de nuevo. Han quedado ahogadas debajo de una capa fina de cemento y pintura (¿la habrán pintado con pintura Comex, en honor a la señora Prats? ¿Doña Tere tenía relación familiar con la actriz Mariana Prats? Tu tocaya llegó a ser Miss México y fue esposa de quien ahora es el secretario de economía de nuestro país, el famoso Marcelo Ebrard, quien, ya lo dijo la secretaria general de la Benemérita UNACH, estará en Tuxtla, en agosto, dictando una conferencia en el CIU 2026).
Me llegó el destello del recuerdo al ver este letrero de los años ochenta. Siempre me produce nostalgia ver las huellas del pasado. Los seres humanos estamos llenos de muchas capas de pintura, las recientes ocultan las anteriores, pero éstas siguen ahí. Nadie puede eliminar su pasado. En los años ochenta yo regresé al pueblo, después de haber estado casi cinco años en la Ciudad de México, como estudiante de la gloriosa UNAM.
Posdata: Rosario Castellanos dijo: “No me toques el brazo izquierdo, duele de tanta cicatriz”. El pasado es un brazo con cicatrices, a veces los recuerdos son dolorosos, a veces son gozosos.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 6 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, DONDE SE PREGUNTA: ¿Y LOS QUINIENTOS AÑOS DE COMITÁN, ‘APÁ?
Querida Mariana: ¿ya viste que en San Cristóbal de Las Casas comienzan a preparar la celebración de los 500 años de su fundación? El acto será en 2028. ¿Y los quinientos años de Comitán, ‘apá?
Comitán, igual que San Cristóbal, es una ciudad con traza española. Claro que sí. La característica es: un trazado reticular, con calles paralelas y perpendiculares que forman manzanas cuadradas, teniendo una plaza mayor o plaza de armas en el centro, rodeada por los principales edificios públicos. Date una vueltita por el pueblo y verás que esto es así y es así porque Comitán fue fundada por un conquistador español, Don Pedro de Portocarrero, quien, según Luis Armando Suárez Argüello, fue el Conde de Medellín y era un gran lector. Cuando me enteré de esto, me sentí orgulloso. ¿Cómo no? El fundador de nuestro pueblo fue un noble, un hombre culto, por eso, cada vez que alguien dice que Comitán es la capital cultural de Chiapas parecería que se honra la memoria de su fundador, quien no fue un pelagatos, sino un hombre brillante.
Ahora bien, ¿cuántos paisanos reconocen en Portocarrero al fundador de Comitán? Pocos, mi niña, muy pocos. Y esto tiene una razón histórica. En San Cristóbal todo mundo reconoce el nombre de Diego de Mazariegos, por eso ya preparan la celebración para 2028. En Comitán son pocas las personas enteradas. Sucede que Portocarrero llegó de Guatemala y fundó este pueblo, pero poco tiempo después fue desterrado por sus compas conquistadores, ávidos de poder y de grandeza, por lo que su nombre cayó en el olvido, territorio donde ahora continúa.
Si alguien le preguntara ahora a Comitán, al mero estilo de nuestro pueblo: ¿hijita de quién sos? Todo mundo quedaría callado. ¡Por el amor de Dios, qué poca conciencia histórica! En San Cristóbal de Las Casas, todo mundo sabe que la ciudad es hija de Diego de Mazariegos.
Ahora tenemos una gran oportunidad de desempolvar el nombre de Pedro de Portocarrero, conocer su mínima biografía y reconocer en él al conquistador español que sembró el primer hijuelo en nuestra tierra.
La historia oficial cuenta que las dos primeras ciudades fundadas por conquistadores españoles en Chiapas son: Chiapa de Los Indios (hoy Chiapa de Corzo) y Villa Real (hoy San Cristóbal de Las Casas). Bueno, es momento de incluir en esta relación a Comitán, porque como bien señala la investigadora Gudrun Lenkersdorf: “la primera villa de españoles en la región fue fundada por Portocarrero antes de la llegada de Mazariegos”.
Chiapa de Corzo celebrará sus quinientos el 1 de marzo de 2028, San Cristóbal de Las Casas el 31 de marzo, y ¿Comitán, ‘apá? No tengo la fecha precisa, pero el sentido común, signado por los datos, indica que tiene que ser antes de marzo. Los estudiosos nos pueden dar luces y señalar el dato preciso; pero de que es antes de Chiapa de Corzo y antes de San Cristóbal ¡es! Llegó el momento de decirle a todo mundo que Comitán fue el primer poblado de Chiapas fundado por los españoles.
Sólo como soporte de lo que acá digo, te transcribo un fragmento de lo que escribió Doña Gudrun, en su libro “Génesis histórica de Chiapas. 1522-1532. El conflicto entre Portocarrero y Mazariegos”, publicado en 2001, por la Universidad Nacional Autónoma de México (poseo un ejemplar que me obsequió el ex magistrado Ramiro Antonio García Macías). Va fragmento:
“En diciembre de 1527, justo al mismo tiempo en que en España Pedro de Alvarado se convirtió en legítimo gobernador de la mayor parte de lo que iba a ser la futura Chiapa, se puso en marcha desde Guatemala una expedición militar rumbo a ese mismo territorio con el propósito de ocuparlo y poblarlo. El teniente de gobernador, Jorge de Alvarado, encargó esta tarea al más destacado jefe militar, don Pedro Portocarrero (…) la expedición salió hacia un destino determinado, según se desprende de las declaraciones de los conquistadores que siguieron a Portocarrero. Todos atestiguan en sus méritos que fueron mandados a Los Llanos de Chiapa o al Valle de Comitlán (…) ciertamente tenían noticias previas de Comitán, lugar importante por su ubicación estratégica en el cruce de caminos entre tierras altas y bajas y, por tanto, propicio para fundar allí un centro de control regional…”
Posdata: ¿cómo lo mirás? ¿Verdad que está muy claro? No hay vuelta de hoja, esto es la verdadera historia de la fundación de nuestro pueblo. Así pues, la primera piedra, el primer ladrillo, no fue puesto ni en Chiapa ni en San Cristóbal, fue en este bendito pueblo que hoy habitamos los cositías, orgullosos mestizos.
El otro día el licenciado Ulises González Gordillo nos invitó a desayunar a Robertito, a Dora Patricia y a mí y el tema giró precisamente en la celebración de los quinientos de Comitán, él lo tiene muy presente. Sin duda que ya, un día de estos, arrancará la planeación de lo que debe ser un gran festejo, que siga dando lustre a esta ilustre ciudad. Saludé en el parque central de Comitán al doctor Segundo Guillén, secretario de turismo de Chiapas, y me preguntó: ¿Platicaste con Ulises? Parece que el tema ya entró en agenda. Bien.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 5 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON SESENTA Y TRES Y SESENTA Y NUEVE
Querida Mariana: el poeta Gustavo Ruiz Pascacio cumplió sesenta y tres años hace días. Ayer cumplí sesenta y nueve. Seis años de diferencia y pocos días. Gustavo siempre manda luz, más luz. Como si fuese el poeta Goethe, quien a la hora de despedirse de este mundo dijo: ¡luz, más luz! ¿Pedía o veía? Luz es lo que rodea a la vida. Luz envío a Gustavo en su cumpleaños.
Gustavo y yo somos del mes de abril. Él nació en Tuxtla Gutiérrez y yo en Comitán. Él creció en el barrio de San Roque y yo en el mero centro de Comitán, muy cerca del templo de Santo Domingo. El otro día jugué con las palabras y dije que Gustavo había nacido en el barrio de Santo Roque y yo en el barrio de San Domingo. ¿Qué ley universal hizo que Roque sea san y Domingo sea santo? ¿Qué fuerza tiene la erre de Roque que bota la última sílaba de santo? ¿Cuál es el misterio del lenguaje, del lenguaje que es misterio para todos los creadores?
El otro día releí el libro de cuentos de Gabriel Hernández “Fragmentos del gran zoo y otros cuentos invitados”, donde, en un ejercicio inédito y divertido, escribe un “Antiprólogo obligatorio” y dice de Gustavo: “Gustavo Ruiz Pascacio, insigne ensayista, activo participante de la vida literaria tuxtleca, y amante de la práctica del deporte. Bicampeón en torneos de frontenis en cancha chica. Los tres destacados poetas”. Los otros dos poetas que menciona son: Carlitos Gutiérrez Alfonzo y Luis Guichard Romero. De mí dice: “en cuanto a los narradores, sobresale el comiteco, por ahora escondido (no desaparecido) Alejandro Molinari Torres; tránsfuga cultural actualmente en búsqueda de ‘La gran ventana’”. El libro fue publicado en 2003. En efecto, estaba lejos de mi pueblo.
Hubo un tiempo donde los creadores fueron identificados por grupos. Recordemos Los ocho, donde participó Rosario Castellanos; los de la Espiga Amotinada, con Laco Zepeda, Juan Bañuelos, Óscar Oliva, Jaime Augusto Shelley y Jaime Labastida; los del Crack; los de La Onda. Gabriel, en su libro, nos unió a cinco creadores: Gustavo, Carlitos, Luis, Gabriel y yo, quienes fuimos, entre otros, integrantes del Centro Chiapaneco de Escritores. Pienso ahora que tal vez fue esa institución cultural la que unificó a los creadores de fin de siglo XX, la que nos hizo grupo; pero fue Gabriel quien bautizó a este grupo de cinco creadores, número icónico de la Espiga. Ellos fueron los espigos y nosotros somos los Gabriel. Gabriel nació el 13 de octubre de 1957, en Tapachula; Carlitos nació el 29 de febrero de 1964, en Comalapa; y Luis Arturo nació en 1973, en Tuxtla Gutiérrez. Sí, el pichito del grupo nombrado es Luis Arturo, un pichito talentosísimo. Muy pronto, Gabriel cumplirá los sesenta y nueve que ya cumplí.
Gustavo cumplió sus sesenta y tres en este 2026, centenario del nacimiento de su paisano Jaime Sabines; yo cumplí sesenta y ocho en el 2025, centenario de mi paisana Rosario Castellanos.
¿Qué hacemos ahora los integrantes del Grupo Gabriel? Luis Arturo trabaja en la Universidad de Salamanca, España; Carlitos está en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, misma institución donde labora Gabriel. El cumpleañero Gustavo labora en la Universidad Autónoma de Ciencias y Artes de Chiapas y yo trabajé en la Universidad Mariano N. Ruiz y ahora dirijo la revista impresa Arenilla, desde hace ocho años.
Todo seguimos creando, todos seguimos acá, recibiendo la luz que nos envía Gustavo y nosotros siendo espejo para que la nuestra también ilumine su camino. Los Gabriel deberíamos reunirnos cualquier día del siglo (que es título del primer libro de poesía de Gustavo). Sugiero que la reunión sea en Comitán, acá los recibiré con gusto. Tal vez se pueda aprovechar un día que Luis Arturo se descuelgue de España a México. Ese día Gustavo pasará a San Cristóbal por Gabriel y por Carlitos y llegarán a Comitán, para que la historia consigne que los integrantes del Grupo Gabriel pisaron esta tierra y bebieron su aire. Somos el Grupo Gabriel, a mucha honra. Muchas anécdotas nos unen, varios viajes, lecturas, sugerencias, talleres. Somos el Grupo Gabriel, por obra y gracia de su mano.
Posdata: Los Gabriel somos moradores de los llamados quinto y sexto piso. Somos del gran zoo, del selecto zoo. Seguimos creando, sabemos que la vida es fugaz, apenas brizna de luz. Somos un grupo que nació gracias a la visión de Andrés Fábregas y Jesús Morales. Por desgracia, el proyecto no continuó, fue un proyecto que unió a la creación, que le dio camino. Cada uno de los becarios del Centro Chiapaneco de Escritores siguió su camino. Yo, dice Gabriel, fui “tras la gran ventana”, aún la sigo buscando, tal vez nunca la encuentre, pero tal vez desde el piso 69 algo encuentre (y no vayás a llevar este número al terreno de lo cochino erótico. Uy, qué fiero).
¡Tzatz Comitán!
sábado, 4 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON EXCESOS
Querida Mariana: el mundo sosegado advierte que nada debe hacerse con excesos, que todo exceso es malo. Ah, qué mentes tan disciplinadas, pero tan alejadas de la realidad. Todo mundo advierte que el exceso es malo, las empresas cerveceras recomiendan “Nada con exceso, todo con medida”. Terreno para que el mexicano bromee con una regla midiendo el vaso de cerveza. En realidad, todas las empresas andan por el mundo con su cara de santas, pero en el fondo (en el Fondo Monetario Internacional) lo que más promueven es el exceso, porque la profusión de anuncios va dirigido al consumo desmedido, porque cada cerveza de más significa dinero para sus bolsillos.
¿Y qué sucede con el arte? Parece que también es producto del exceso, las más excelsas obras pictóricas, literarias, cinematográficas fueron dictadas en el terreno del exceso, porque no se puede hacer una gran obra en la burbuja de la moderación.
¿Has pensado que el universo, como tal, también es obra del exceso? El universo es inconmensurable, inalcanzable. Ahora el mundo se sorprende porque un grupo de astronautas norteamericanos fueron a darse una vueltita por la luna. Por el amor de Dios, la luna está a la vuelta de la esquina. El universo, casi puede decirse, que es infinito. Las medidas del universo son excesivas. A veces leemos que tal galaxia está a millones de años luz. Pucha. El tiempo con que se mide el universo es un exceso.
Todo en la vida es un exceso, incluso lo más pequeño. ¿Cuántas células en nuestro cuerpo? ¿Cuántas hormigas en un sencillo hormiguero? Basta ver el trenecito de hormigas llevando sus hojas verdes para darse cuenta que todo es vasto. La vastedad es prima hermana del exceso. Basta pararse frente al mar para entender el concepto.
Nada en la vida es moderado. Los amigos que se reúnen a disfrutar una copa se ríen en exceso. Hay personas que sostienen que es malo reírse mucho. ¿Mirás? Hasta en la risa existe la recomendación de no excederse y esto es como si alguien pusiera diques a la vida.
“Nada con exceso, todo con medida”. Decile esto al niño que no quiere dejar el videojuego, al que no quiere entrar a casa porque juega fútbol soccer con su plebe; decile esto a la chica que no quiere abandonar la plática con el novio. ¿Cuántos besos son los justos para que no se entienda como un exceso en la pareja?
El tío Eugenio decía que el exceso es la medida exacta del deseo. ¿Exceso? ¡Los voladores de Papantla que se descuelgan al vacío sólo detenidos de una cuerda atada a los pies! ¡La tía Petra que se despierta todas las mañanas, a las cuatro de la madrugada, para regar las plantas del patio! ¿Exceso? La mesa del tío Armando, llena de platitos con tostadas, chorizos, longanizas, chicharrón de hebra, salpicón, chile güero y decenas de cervezas de bote, bien helodias.
En el Polo Norte hay exceso de hielo; en la selva exceso de verdes alborotados; en el trópico exceso de biquinis. El exceso está presente en todas las lianas de la vida. La sentencia responsable dice: “nada con exceso, todo con medida”. La regla de tío Cheno habría servido para los apasionados, porque él construyó con madera una regla de un metro de dos metros. Ahora que mencioné la palabra metro recordé que un ejemplo de exceso es el Metro de la Ciudad de México a las horas pico en una estación de trasbordo, hacé de cuenta la estación Pino Suárez.
Los médicos y el sentido común dictan que el exceso en los alimentos es causa de muerte. La gordura es muestra palpable de un exceso en la ingesta. Pero, en este país pocos son los que comen porciones modestas, nos encantan los platos “copeteados”, llenos de grasa. Mi mamá fue ejemplo de mesura, ella siempre fue una mujer alejada de excesos, comía de todo, pero en porciones moderadas, nunca fue lo que se dice una “atacada”, ella siempre se comportó como lo que fue: la princesa huixtleca de Comitán. Ella nunca se excedió en nada. Bueno, tal vez en las oraciones se pasó tantito, porque rezaba todas las tardes, pero el exceso, tal vez, estaba en que pedía por la bendición de todo el mundo. ¿También por aquéllos? También.
¿Qué hacer ante la palabra próvida que recomienda mesura? Medio mundo es chucho para comer, para beber y para todo lo que termina en la sílaba er. Parece que el exceso fuera la medida.
Posdata: ¿y por qué toda esta monserga? Porque ayer descubrí que el universo existe, no por el exceso, sino por lo próvido. Salí al patio en la noche (casi no lo hago, salí porque activé la bomba para subir agua), vi el cielo y descubrí, tal vez por primera vez que allá arriba las estrellas tienen un orden donde no se arraciman como uvas, hay mucho espacio entre cada una de ellas, lo que permite jugar a descubrirlas y nombrarlas. Me quedé un ratito viendo el cielo, pensé que el exceso haría que el cielo perdiera su encanto.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 3 de abril de 2026
IMAGINÁ QUE TE LLAMÁS VIERNES
Si imaginás que sos viernes, podrás ser personaje de novela. ¿Recordás a Viernes, en la novela “Robinson Crusoe”? Pero también podés ser día de la semana. Algo tiene el viernes que seduce al mundo. ¿El lunes? No, no, todo mundo lo odia, por eso se dice que el “Lunes ni las gallinas ponen”; me cuentan que el viernes, sobre todo en las noches, en los antros, hay muchas gallinitas ponedoras.
¿Recordás la película “Fiebre de sábado en la noche”? En esa cinta se privilegia el sábado como el día para el reventón. Todavía recuerdo el ritual de Travolta antes de salir de su casa. El Travolta caminaba por la calle como si bailara, era todo un galán.
En Chiapas, los empleados públicos ya gozan de los viernes por las tardes. El gobernador decretó que sólo trabajaran en la mañana de los viernes, para que tuvieran oportunidad de convivir con su familia o con los amigos.
¿Imaginás que la luna se llamara Viernes? Los enamorados le bajarían el viernes a sus amadas. Sería permitido hacerlo cualquier día de la semana, menos el viernes, porque si más de un millón de amados bajaran a viernes a la misma hora el cielo perdería ese satélite.
¿Imaginás que la iglesia católica decretara que el día de guardar sería el viernes? Todo mundo iría a misa de doce el viernes. ¿Por qué digo esto? Porque el día más importante de la semana santa es el Viernes Santo. ¡No, mentira! Es el domingo de resurrección.
La película más fregona es “Gracias a Dios es viernes”. Esta frase la siguen repitiendo miles y miles de oficinistas, quienes ya no ven la hora que sea viernes para ir al botanero, para disfrutar una “Kawasaki” bien fría, con carraquita, chorizos, longanizas, chile güero y demás bendiciones para el paladar.
Imaginá que te llamás viernes y que sos invocado por millones de personas que desean que llegués, como el campesino desea a la lluvia, como la Torre Eiffel desea la altura y las nubes. Si te llamás viernes serás el más deseado. Jodidos los que son lunes.
Si sos viernes serás como una cobija, como una rosa sin espinas. Oh, viernes, día consagrado al descanso, a la convivencia, a la melancolía por los buenos tiempos, por los tiempos donde había reuniones con los amigos y amigas, reuniones donde todos se sentaban alrededor de una fogata y comían bombones asados.
Oh, viernes, día consagrado al amor. He dicho que debemos hacer una encuesta para ver qué día es el más concurrido en los moteles. Yo apuesto por el viernes, por el día donde las fatigas de toda la semana las colocamos en un regazo de alarido.
Si el mar se llamara viernes, todas las olas del mundo vendrían a refrescar las playas de los sábados, les quitarían la cara de aburrición a los domingos.
Imaginá que sos viernes, que sos uno de los siete días de la semana. Hablamos de un privilegio, porque siempre serás mencionado en los calendarios. Tu día será marcado con un lápiz rojo. Preguntale a los niños y niñas cuál es el día que más les gusta: ¡el viernes!, responderán, porque el viernes abandonarán la cárcel del salón, al llegar a casa botarán la mochila y jugarán videojuegos o saldrán con la palomilla a jugar básquetbol en la cancha de la colonia o echarán un cascarita de fútbol en la calle.
Imaginá que sos viernes, que sos una sentencia no juzgada, que lo prohibido asomará su carita por la ventana. Todos tus sentidos se activarán para crear mil sueños en el mundo.
Si una flor se llamara viernes, todo mundo la deshojaría con la oración de siempre: “me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere”.
Imaginá que sos viernes, que sos viernes ingenuo, dúctil, que sos el beso, no de Judas, sino de la Magdalena.
jueves, 2 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON LIBROS
Querida Mariana: Kira Galván es poeta y narradora. Estuvo en Comitán, hace años. Dora Patricia Espinosa platicó con ella y la charla se publicó en la Gaceta “Kujchil”, de la dirección de cultura, en la administración del licenciado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez.
La querida amiga Marvey Altuzar, también poeta y narradora, está en Comitán y llamó para decirnos que nos había traído dos libros de poesía de Kira.
Kira ha sido muy reconocida en los últimos tiempos, por todos lados le realizan homenajes, que responden a su bien ganado prestigio literario.
Kira estuvo en Comitán, hace años. Hasta donde recuerdo vino a un encuentro literario organizado por Socorro Trejo, su esposo Fernando y su hijo Fernando Trejo.
Recuerdo haberla saludado en el espacio donde ahora está el Restaurante Botanero Tío Javi, que es una hermosa casa tradicional comiteca.
Tal vez porque Marvey es muy amiga de ella me aparecen muchas publicaciones del muro de Kira. Así me enteré que vendió su casa en Cuernavaca (tuvo casa en Cuernavaca, igual que nuestra Rosario Castellanos), asimismo me enteré que falleció su esposo y desde acá lamentamos esa muerte ingrata, casi boba. Uno de los libros que Marvey trajo habla precisamente de ese proceso. El libro se llama: “La vorágine, lo visceral, el vértice filoso y lo vacante fatuo”. En la contraportada viene un textillo de Ethel Krauze, otra gran escritora mexicana. Me enamoré de Ethel cuando leí, hace muchos años, su libro “Cómo acercarse a la poesía”, que es un texto muy difícil de conseguir en la actualidad. Y, como me sucedió con Kira, también tuve el gusto de saludarla en un encuentro literario en Zacatecas, cuando le entregaron el Premio Internacional de poesía al gran Óscar Oliva. Mario Nandayapa y yo viajamos desde Chiapas, en 2013, para acompañar al maestro en ese reconocimiento. En una de las actividades, el comité organizador nos invitó a Jerez, pueblo mágico, tierra del poeta Ramón López Velarde, estuvimos en su casa museo y luego en una plaza simpática donde hay un busto del poeta, ahí saludé a Ethel, sólo le extendí la mano y ella correspondió. Traigo a colación a Ethel por el texto que aparece en la contraportada del libro de Kira. Ethel no se va por las ramas, mirá como comienza: “Me he quedado temblando. El poema me ha dado un mazazo en la cabeza, cuyos fragmentos me dejan en la antesala del llanto…”
Sí, cuando leí el poemario de Kira sentí lo mismo. Lo que ahí narra es un mazazo que remueve todo el ser. Kira ha buscado palabras en el basurero del mundo, las ha limpiado y nos las entrega como renuevos. En la poesía mexicana un tema recurrente es la muerte. No todo mundo logra trasmitir el dolor de la pérdida. Ahora que celebramos por lo alto el centenario del nacimiento de nuestro poeta Jaime Sabines recordamos el poema “La muerte del Mayor Sabines”, donde hace un registro pormenorizado de la dolencia física de su padre; hace varios días, la poeta Mirtha Luz Pérez Robledo también nos regaló un poemario: “Lázara”, donde revive a su hija, fallecida en un acto violento. A Kira se le fue el esposo en cuarenta y ocho horas. Así fue, así lo dice en este poemario. “Sí, adiviné que tenías algo en el hígado porque esa mañana te veías amarillo, pero no estaba asustada. Reposo, alguna medicina, me convencí”. Eso pasó el día que lo internó. En la noche le avisaron que los riñones de su esposo habían dejado de trabajar. “¿Cómo? ¿Acaso no era el hígado lo que estaba mal?” En el poemario Kira lamenta no haber llevado a su esposo al hospital de avenida Universidad y Churubusco: “el gastroenterólogo atendía ahí, por eso te llevé a ese hospitalito de mierda”. Todo es una revisión a toro pasado. Lo cierto es que Kira, al día siguiente de internar a su esposo, recibió la noticia de que él había fallecido.
Su pesar, su dolor, nos los entrega desollados, como res en canal. Tiene razón Ethel, el poema es como un mazazo en la cabeza, los fragmentos la dejaron en la antesala del llanto. Kira, orfebre de la palabra, ha hecho un poema con lágrimas, ha traído de nuevo a la vida a su amado esposo. Y ahí estamos sus lectores, Ethel en CDMX y nosotros en Comitán, parados en la antesala del llanto.
Posdata: Marvey pensó en nosotros. Fuimos a su casa, nos sentamos en el recibidor donde corre el aire libre, cotorreamos el punto (el punto y seguido y el punto y aparte) y ella nos entregó los dos libros de Kira. El que habla de su esposo lo presentó Kira en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería 2026, en febrero. Vi fotos, en una de ellas está Marvey. La compañía es la flor del misterio, con ésta puede hacerse un té, una infusión que sirva como bálsamo al espíritu.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 1 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON DOMINGOS
Querida Mariana: vos, que sos apasionada del cine, ya escuchaste esta pregunta: “¿Qué vas a hacer el resto de los domingos de tu vida?”
La pregunta aparece en el cartel de la película española “Los domingos”, cinta de 2025, que ha obtenido varios premios de la crítica.
No me referiré a la película (ni la he visto), porque eso es tema para expertos, como vos. Diré, querida mía, que la pregunta me cimbró: ¿qué hacer el resto de los domingos de la vida? Vos, ¿qué hacés los domingos?
Recordé lo que hacía los domingos de mi infancia. Ahora pienso que mis domingos han estado relacionados con el cine. ¡Sí, desde siempre!
En mi infancia iba a misa temprano, con mis papás; buscaba al señor que repartía la programación de los Cines Comitán y Montebello; regresábamos a casa (a media cuadra del parque central), desayunábamos los tamales de azafrán (¡riquísimos!), que habíamos comprado una noche antes con tío Jul; recibía mi “domingo”; es decir, la paga que me destinaban y corría hacia la matiné del Cine Comitán. Ah, qué delicia, por una mínima cantidad disfrutaba tres películas (Tarzán; Santo, el enmascarado de plata; o alguna estilo “Allá en el rancho grande”, con balaceras, cantinas, paisajes desérticos y polvaredas). A las dos de la tarde salíamos de la sala todos “lampareados”, nuestros ojos, acostumbrados a la penumbra, eran golpeados por los rayos del sol. Caminaba a mi casa, comía (me encantaban los baldados de cueza con queso, acompañados con frijol de olla y tortillas recién salidas del comal) y regresaba al cine, ahora al “Montebello”, donde exhibían las películas extranjeras, con subtítulos en español. Antes del Intermedio iba a la dulcería para comprar dos tortas con un vaso de refresco, o una bolsa de cacahuates japoneses con un vaso de refresco, o una orden de tacos dorados (también riquísimos) con un vaso de refresco, regresaba a mi asiento y cuando la luz se prendía y todo mundo se arremolinaba en la dulcería, ya tenía lo que consumiría en cuanto iniciara la segunda película. Esos eran mis domingos de infancia; en la adolescencia seguí con la costumbre, sólo que ya iba con los amigos de la palomilla (en prepa, comíamos en el Restaurante Lupita, que estaba al lado del Cine Montebello, pedíamos milanesas, acompañadas con frijolitos refritos, rebanadas de jitomate y picles, que los bajábamos con cerveza o, a veces, con unas cubas. Por esto, Saborío luego dio la orden de prohibirnos la entrada, porque ya bolitos hacíamos bulla, como entrar de trenecito haciendo el sonido característico).
En la Ciudad de México, en los años setenta, se modificó la rutina dominguera, con los compas del departamento íbamos a comprar carnitas y veíamos los partidos de fútbol en la televisión (en ocasiones fuimos al Estadio Azteca o al de los Pumas a ver los partidos en vivo, gran experiencia). Rodolfo se quejaba que todo el día veíamos fútbol en la tele, incluso en la noche: el mejor partido de la semana.
Al volver a Comitán retomé la costumbre: los domingos iba al cine o a beber trago. Un buen día dejé de beber trago, pero jamás la asistencia religiosa a las salas. Antes de pandemia, los domingos íbamos con mi Paty a alguna sala de Cinépolis. Cedía a los gustos de ella y entraba a ver unos bodrios Hollywoodenses de antología. Llegó la pandemia y ello obligó a quedarnos en casa. Desde entonces no hemos vuelto al cine. Ahora, a través de Streaming, veo cine casi todas las tardes, incluidas las del domingo.
¿Qué vas a hacer el resto de los domingos de tu vida? Entiendo que los seres humanos formamos dos grandes bloques: los que disfrutan su casa en domingo y los que salen de sus casas. Ahora soy del primer grupo: me encanta quedarme en casa, leo, dibujo, pinto, escribo, veo películas (estoy suscrito a la plataforma MUBI donde encuentro una oferta atractiva de cintas inteligentes, de varias partes del mundo).
Los del otro grupo tienen el mundo a su disposición: van a encuentros deportivos, a templos, a plazas, a cafés, hacen fila para entrar a museos o a estadios o a salas de cine; van a sus ranchos (acá es costumbre ir a Uninajab) o se echan una resbaladita a San Cristóbal para caminar en Los andadores, repletos de gente.
Posdata: la pregunta no es irrelevante, al contrario, demuestra nuestros gustos, nos define en nuestra personalidad. Claro, hay mucha gente que no tiene opción, que sigue en la rutina del trabajo. Mencioné a Saborío, que era el proyeccionista en los cines de Comitán, él debía presentarse en la sala, incluso los domingos. Te platiqué que cuando estaba de novio con Nelly, Saborío bajaba a platicar un rato con ella y luego se trepaba a la cabina de proyección, para cumplir con su chamba. Corrijo entonces, los seres humanos elegimos los domingos entre quedarnos en casa, salir al campo o ir al trabajo. ¿Quiénes son los más afortunados? Pienso en el trabajo de Saborío y pienso en el proyeccionista de la película “Cinema Paradiso” y me doy cuenta que él iba al cine todos los días, aparte de su trabajo era su pasión.
¡Tzatz Comitán!
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