Arenilla
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jueves, 5 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN POCO DE MÚSICA
Querida Mariana: no recuerdo de qué va la película que me recomendaste. La vi. Me gustó, pero no recuerdo mucho de la cinta, salvo que era francesa (¿o suiza?), lo que sí recuerdo es la escena donde la chica baila, casi casi la tengo completita en mi memoria, en mi alma. ¡Inolvidable!
Vos sabés que nunca he sido un gran amante de la música, como muchos amigos que tengo. Te conté que David destina un tiempo especial para escuchar música, en su estudio, donde tiene un aparato reproductor musical de lujo, con grandes bocinas. Cierra la puerta con seguro, para que nadie lo interrumpa, coloca un disco (sigue escuchando discos de acetato, de esos grandes, tortillas negras maravillosas), se sienta en una poltrona especial que tiene (se enojaría si supiera que le digo poltrona al sofá ergonómico que posee) y escucha un lado del disco y luego el otro, para eso destina más de una hora, más, pero cuando sale del estudio es como si saliera de una sesión en el gimnasio, o saliera del templo o de una caminata en el bosque o terminara de hacer el amor con una chica hermosa. De algo me he perdido en la vida, debería escuchar más música, así, concentrado totalmente.
Digo pues que de la película recuerdo a la chica que baila y la música que la acompaña. Y llama mi atención porque casi puedo asegurar que todavía escucho la música. ¿Mirás lo que digo? Yo, que soy un despistado y que nunca he disfrutado mucho lo de música. A ver, a ver, no quiero confundirte, me gusta la música (no toda, no soporto algunos bodrios que escuchan algunos chicos en sus carros, con vidrios polarizados y con bocinas que parecería servirán para ambientar un espectáculo en un estadio). No, me gusta (ya te lo dije) la música de los años setenta, sí, la música gringa, ¿qué querés?, eso nos mandaba tío Sam para consumo desmedido en las famosas discotecas donde bailábamos chicas y chicos, nosotros con cabello largo, pantalones acampanados y camisas psicodélicas; ellas con maravillosas minifaldas, con cintas en la frente, aretes circulares. ¡Todo era chido! Me gusta escuchar música clásica, no siempre, pero cuando pinto o dibujo ayuda a deslizar el pincel o el lápiz en el papel o en el lienzo.
Recuerdo la escena de la chica que baila en la película, ahora mismo la veo (¡linda, jovial, con sonrisa permanente! ¡Ah, qué vitalidad, qué movimientos tan armoniosos, tan llenos de vida!). Pienso que recuerdo la escena por eso, porque, tal vez por primera vez, supe lo que la música genera, la cinta dorada que amarra, no sólo a la cadera, no sólo a la cintura, no sólo a los brazos y las piernas, sino también al espíritu, al alma. Y esto fue porque en la película se ve a la chica sentada en el balcón del departamento, viendo, desde la altura del sexto piso, la ciudad derramada a sus pies, con sus edificios altísimos (¿era Nueva York?), la escena es tranquila, casi de mar sin olas; la chica entra (viste un vestido de color negro, casi minifalda, con cortes a los lados, que permiten ver parte de sus muslos, unas sandalias doradas y un saquito color azul, con las mangas dobladas, es una chaquetilla que deja ver parte de su pectoral, la chaquetilla hace una curvatura sensual sobre sus pechos, porque la chaquetilla está abierta. La chica (la recuerdo bien) tiene el cabello dorado y parece detenido en su parte superior por un par de lentes oscuros. Ah, parecería que ahora la veo, que ahora escucho la música, un coro de violines, el cantante que dice “Lady sex”, con una voz muy agradable. Qué agradable el sonido de la batería (mi instrumento favorito) y la chica llevando un pie hacia adelante y con él todo su cuerpo, y luego el otro pie, siguiendo un ritmo frenético, como de aire trepando sobre árboles, en busca de papalotes. Ahora, el cantante dice: “Lady sex” (¿así se llama la canción?). La música tiene el ritmo de los años setenta, suena como si fuera una instrumentación de mi amado Barry White, hay un instrumento que nunca he descubierto qué es, pero que da un sonido maravilloso. La chica mueve los brazos, está en una posición de tres cuartos y sube los brazos, uno hacia adelante y otro hacia atrás. Ah, qué movimiento de oleaje, de viento que se regodea en el medio día, el cabello de la chica también es como un armonioso cuerpo de cuerdas de violín, de piano, que se resisten a quedar fijas en el instrumento y, como si fueran mariposas, se echan a volar. Sí, querida mía, ahora pienso que fue eso, saber que la música hacía la diferencia en un instante, la chica estaba acodada en el barandal, tranquila, entró a la estancia, puso la música y todo se transformó, como si alguien hubiese dicho: ¡tercera llamada, comenzamos! Y la música sonó y todo tuvo un maravilloso impulso vital. La música hizo que la chica se moviera con una gracia contenida, con un desparpajo de diosa, todo su cuerpo se movió al ritmo de la música que sonaba como a música setentera, como si fuera prima hermana de lo que inventó el gran Barry. Sí, así decía el cantante: “lady sex”, no sé si era el nombre de la canción, pero definía muy bien a la chica que bailaba en esa escena. Yo pedía que no se acabara la escena, era como si la historia hubiese quedado muy atrás, que no tuviera importancia. Tal vez por eso no recuerdo más de la película, pero esa escena es inolvidable, por la lección de vida que me dio: la música cambia todo, de esto saben mucho Luis Ignacio Avendaño y Stefany Moguel y lo saben todos quienes reconocen que la esencia de la vida se esconde en un bongó o en una trompeta o en la boca del que canta.
Posdata: no todo mundo lee, no todo mundo ve cine, pero no hay ser humano que no disfrute la música, todo mundo mueve las patías al escuchar música; este simple movimiento despierta al mundo, despierta la vida.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 4 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN ABRAZO PARA FRANCISCO ÁLVAREZ QUIÑONES
Querida Mariana: Pancho cumple años en mayo. En mayo 2026 cumplirá no sé cuántos. Ah, cuántos años llenos de juncia, de aire de montaña, de andar con los pies llenos de lodo, sembrando arbolitos en el bosque de la cultura.
Querida mía, vos no conocés a Pancho, pero prometo que cuando venga al pueblo te avisaré y a ver si vos estás disponible, a ver si estás en el pueblo, para que tomemos un café o tomemos una copa de Comiteco, que es como una frazada para el espíritu. Sé que cuando conozcás a Pancho coincidirás conmigo que es como un personaje de película rusa, de esos actores que caminan por las estepas con gorros.
No recuerdo hace cuántos años coincidí con Pancho en dos actos culturales, una vez en San Cristóbal de Las Casas, en la presentación de un libro de Miguel Ángel Godínez, uno de sus cuadernos de doble raya; y otra vez acá en Comitán, en el Museo de Arte Hermila Domínguez de Castellanos, en un encuentro de poesía, de esos maravillosos actos que inventa Fer Trejo. En San Cristóbal, ¡qué genial!, no había comenzado la presentación del libro en una cafetería, cuando ya teníamos sobre la mesa unos vasos discretos llenos de posh. ¡Salud! De eso se trataba la vida en ese instante, de “tomarla” por los cuernos llenos de gracia, con aroma desmedido sin medida.
A Pancho siempre lo he visto como un gran territorio, con los pies bien enraizados sobre el mar, aunque sé que no es hombre de agua, sino de tierra. ¿Por qué menciono entonces al mar? Porque siempre que lo veo está con el cabello al aire, como si fuera un barco gigantesco, lleno de dulzura, con las velas insufladas.
Siempre que veo a Pancho no olvido que él no olvida, no olvida que la vida, apenas brizna de hierba, sirve para que los seres humanos seamos linterna en medio de la oscuridad. Él vive con Celia en medio del bosque, en una casa que tiene semejanza con las que aparecen en los cuentos infantiles, donde los pájaros crean el milagro del vuelo y las plantas son como la sonrisa de las ramas cafés o verdes que dialogan con el silencio, con el viento. Ahí, en ese territorio, él es una lámpara pródiga, cuando baja al pueblo de San Cristóbal de Las Casas, lleva en su pecho un abanico de haces que riegan luz por donde pasa, lleva en su pecho una catarata de juncia fresca, un atado de papalotes que suelta como si soltara nubes.
¿Por qué le mando este abrazo a Pancho? Porque ayer, no me preguntés cómo fue, hallé esta fotografía que comparto con vos, es una fotografía de su muro en el Facebook. ¿Mirás qué prodigio? ¿A poco no parece un fotograma de película de tu admirado Del Toro? Ahí está el gran Pancho con un poncho y un sombrero, recargado en un árbol de bosque milenario. ¿Ya viste la figura retorcida que le habla al oído? ¿Verdad que es un dragón? Sí, querida mía, Pancho se habla de tú (o de vos) con los animales fantásticos, con los prehistóricos, con las antiguas culturas, con los afanes extraviados en el tiempo. Pancho dialoga con la madre tierra, con las raíces, con las frondas, con los cielos, es hombre de este tiempo y de todos los pasados y los que están por venir. Por eso, en esta fotografía que robé de su muro (él es hombre que no levanta muros) está tranquilo, como si fuera un Buda, un Siddhartha, un Alma Grande. Nada le preocupa en este momento, está casi a punto de beber el aire, el agua limpia, el espíritu de los dioses y diosas de los Altos de Chiapas.
Posdata: vi la foto y dije: le mandaré un abrazo a Pancho, un abrazo como si fuera un libro con solapas, como si fuera un libro con esas cintas que sirven para señalar la página donde se quedó la lectura. Sí, un abrazo con cinta que recuerde el afecto, el cariño, el reconocimiento. Va pues hasta su casa de la montaña este abrazo, abrazo que extiendo para su compañera Celia que, estoy seguro, ahora riega una orquídea y da de comer a un colibrí.
¡Tzatz Comitán!
martes, 3 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN RECUERDO
Querida Mariana: no sé cuántos años tiene de esta visita. Fue antes de Pandemia. Dora Patricia Espinosa y yo estuvimos en casa del licenciado Jorge De La Vega, acá en Comitán. Pasamos al patio central de la casa de dos plantas, casa hermosa del pueblo, llena de flores y de luz. Él estaba en el comedor, salió a saludarnos al corredor y nos invitó a pasar. ¿Un café? ¿Un vaso de agua? Agua, está bien. Nos sentamos. Dijimos que sólo era gana de saludarlo, de platicar un ratito con él, nos presentamos, dijimos que éramos de la revista Arenilla. Sí, platicamos, dijo muy cordial, pero no graben, me quedó viendo y dijo: si quieres tomar nota puedes hacerlo. Yo saqué una libretita verde y, como taquimecanógrafo, anoté lo que nos iba platicando. Pensé que era una oportunidad única, debía tratar de preservar la mayor cantidad de palabras. Estuvimos más de una hora, poco a poco se fue soltando y nos contó desde momentos de su infancia hasta llegar a los instantes donde estuvo en lo más alto de la política nacional. Acá en Comitán siempre decimos que él estuvo así de cerquita de ser candidato de la presidencia de la república. ¿Imaginás que un paisano hubiese ocupado la silla presidencial? ¡Uf! Hubiese sido un gran privilegio, para Chiapas y, por supuesto, para nuestro pueblo. Pero no se dio. Estuvo así de lograrlo. No obstante, su ficha biográfica consigna altos puestos en la política nacional. Ocupó varias secretarías federales, fue gobernador de Chiapas y, como Rosario Castellanos, estuvo en la diplomacia, ya que fue embajador en Canadá. Esto sí lo podemos gritar a los cuatro vientos: dos comitecos han sido embajadores de México en otros países, gran distinción: Rosario en Israel y De La Vega en Canadá.
El licenciado Jorge se sintió a gusto con nosotros, al final de la plática pasamos al estudio, donde hay muchos retratos, fotografías, libros y obras de arte en las paredes y en muebles especiales de madera. Ya te conté que ahí está la caricatura que le hizo Carreño y fue portada de la revista Siempre, cuando Siempre era dirigida por Pagés Llergo y era una revista de calidad. Yo la adquiría en la Ciudad de México, en los años setenta, porque tenía un suplemento cultural de gran calidad.
Nos platicó muchas cosas, se sintió en confianza porque nada estaba siendo grabado. Ahora, en mi libretita verde tengo una serie de jeroglifos que poco a poco voy traduciendo, son oro molido, porque, estamos seguros, muchas cosas no las ha contado en otra ocasión, salvo con sus cercanos, así que esa mañana nos dio un trato afectuoso, como de amigos de muchos años. Desde entonces él siempre es muy atento y con frecuencia recibo una llamada telefónica para recibir su abrazo. Él, por fortuna, se mantiene muy bien física y mentalmente, nació en 1931; es decir, tiene 94 años, cumplirá 95 el 14 de marzo de 2026.
En dicho apunte hallé que el licenciado Jorge estuvo de niño en una hacienda de su papá, Don Jaime, que tenía una extensión de mil quinientas hectáreas. Sí, leíste bien, era enorme. Su papá era un buen lector, nos dio gusto saberlo, recordó que, en las tardes, después de la faena, le leía “El Conde de Montecristo”, mientras el sol se ocultaba detrás de las montañas. El niño Jorge tuvo entre los campesinos a sus primeros amigos, había un manantial donde agarraban agua para hacer el pozol (al contarlo, el licenciado Jorge movió las manos como si batiera la bola de pozol en el recipiente, lo hizo en el aire, vimos que se emocionó con el recuerdo); ya que estaba bien batido le agregaban piloncillo. Recordó que en la hacienda cultivaban caña de azúcar y maíz, le encantaba beber el jugo de caña.
Contó que Don Jaime vendía la panela a Don Rubén Morales y a Don Elías Cordero, quienes se dedicaban a hacer la famosa bebida alcohólica Comiteco.
Posdata: sólo te cuento un poquito de muchos temas que abordó el licenciado Jorge. En alguna otra carta te contaré más; te contaré sus recuerdos del proceso de fabricación del Comiteco. Vos sabés que hace poco el gobernador de Chiapas, Dr. Eduardo Ramírez Aguilar, estuvo en Mi pueblito San Caralampio, muy cerca de Comitán para hacer entrega de la placa de la Indicación Geográfica del Comiteco, en un acto muy emocionante e histórico. Sí, luego te comparto lo que el licenciado Jorge nos contó.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 2 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON DIARIOS
Querida Mariana: los periódicos impresos se llamaron diarios en algún momento, porque se publicaban todos los días (con excepción de algunos días especiales, como Nochebuena y Año Nuevo). Hoy son pocos los periódicos que se publican en forma impresa, la mayoría de editoriales importantes (aún las hay) publican todo en formato digital y siguen con la tradición de hacerlo en forma diaria, pero ahora, por la ventaja de los chunches tecnológicos también encontramos noticias inmediatas en días de guardar. La tecnología ha hecho el milagro de que los lectores nos enteramos de noticias todos los días. En Tuxtla Gutiérrez los domingos no trabajaba ninguna editorial, así que ese día todo mundo estaba ayuno de noticias. Era una costumbre simpática, alguien decía que era incomprensible.
A mí me llamaron la atención los diarios desde siempre. Tuxtla no lo supo, pero en la CDMX los diarios dominicales publicaban suplementos con tiras cómicas. Era una delicia leer al Príncipe Valiente, por ejemplo. Esto lo descubrí cuando iba de vacaciones a la gran ciudad; es decir, los capitalinos leían los diarios los domingos y, además, tenían la oportunidad de leer monitos. Era una genialidad. En Chiapas, los domingos llegaba la solemnidad y los diarios no se publicaban. ¿Tenés hambre? ¡Chupá tu dedo grande!
Cuando tuve oportunidad, con un grupo de amigos hicimos un periódico en Comitán. ¡No! No se podía publicar todos los días, pero lo que sí hicimos fue un semanario que aparecía, ¿qué día pensás?, claro, los domingos, para que vieran los tuxtlecos que en nuestro pueblo sí concedíamos la oportunidad de leer prensa. Y, por aquello de las tiras cómicas dominicales, de la CDMX, publicamos un inserto que se llamó “El Cositía”, donde no había monitos, pero sí publicábamos notitas agradables, simpáticas, cotorronas, picarescas.
Hablo de esto, porque ayer pensé en la importancia de escribir diarios, diarios personales, que en esencia deberían responder a su nombre; es decir, escribir a diario, volcando los sucesos del día. Los grandes escritores aseguran que escribir notas en un diario ayuda a los seres humanos. Tal actividad reúne una serie de características ventajosas, escribir un diario ayuda a la memoria y a eliminar el polvo a los actos cotidianos; ayuda a comprender la fragilidad de la vida, la instantaneidad.
Te conté que en el bachillerato comencé a escribir un diario, me gustaba practicar el diario ejercicio intelectual, al llegar a casa sacaba la libreta del escritorio y volcaba los sucesos del día. ¿Mirás lo que digo? El pasado inmediato volvía al presente, también inmediato, pero este acto lograba el milagro de que, como si tomara una fotografía, el instante quedara fijo. Esto fortalecía la idea que repetían los maestros: el mínimo pedazo de papel supera a la más excelsa memoria.
Diría que mi vocación de escritor comenzó a fortalecerse con la escritura de mi diario. Hoy lamento el extravío de esas dos o tres libretas que llené con mis actos diarios, con mis diarias reflexiones, con mis constantes dudas y aparentes certezas. Hablaba de lo que sucedía en el aula, lo que platicaba con mi papá y mamá, lo que había sentido al haber estado al lado de la chica que me gustaba, de las cervezas que tomaba con los amigos, de las tardes deshilvanadas en el parque, de las frustaciones (muchas) y de los pequeños logros (contadísimos). Anotaba, y esto era relevante, la relación de películas que veía en el Cine Comitán y en el Cine Montebello, porque pensaba que una buena opción de vida era dedicarse a la crítica cinematográfica, y anotaba los libros que iba leyendo. Lamento el extravío de esas libretas, porque eran la extensión de mi memoria pichancha. Con esto quiero decir que me quedé sin ese registro de vida.
Posdata: grandes escritores de todos los tiempos y de todas las lenguas han escrito diarios, Coquis diría que sueltan el lápiz y en este soltar de lápiz hay un acto prodigioso. Ayer encontré en una columna de libros pendientes una novela del gran Roberto Bolaño, la novela es “El tercer Reich” y comencé a darle una vueltita. Está escrita a manera de diario. Comprendí que hay diarios que se convierten en propuestas literarias. En el caso de este ejercicio de Bolaño es una propuesta inteligente, atractiva. Bolaño fue un gran narrador.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 1 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN CONCEPTO NOVEDOSO
Querida Mariana: ¿vos sabés qué significa la palabra procrastinar? De entrada la palabra es extraña, de difícil pronunciación. ¡Dónde como la palabra amor o espiritifláutico!, palabritas sencillas, fáciles de pronunciar.
Hasta hace poco tiempo ignoraba el concepto procrastinar. Nunca lo había escuchado, ahora la oigo con más frecuencia. ¿Qué dice el diccionario? “Procrastinar: hábito de posponer voluntariamente actividades o situaciones importantes, sustituyéndolas por otras más irrelevantes o placenteras, a pesar de conocer las consecuencias negativas a largo plazo”.
Todo mundo procrastina y el que procrastine ¡buen procrastinador será! No conocía la palabra, pero he sido procrastinador desde siempre, porque todos somos procrastinadores. Claro que sí. Juan Villoro, con uno de sus libros recientes, diría: “No soy un robot”, sólo los robots no procrastinan, ellos están programados para cumplir con funciones prioritarias; los seres humanos tenemos en nuestra esencia el botoncito de la procrastinación. Los mexicanos, por naturaleza, tenemos el gen del “dejá para mañana lo que no querés hacer hoy”.
Vos sos responsable, seriecita, pero sé que, de vez en vez, también te botás en una hamaca o te ponés a hacer algo que no es lo más importante. ¿Por qué somos así? Debe ser herencia cultural, la traemos arrastrando. Hablo de herencias sociales, no personales, porque en casa mi papá no procrastinaba, al contrario, siempre fue ejemplo de cumplir con los compromisos importantes.
No sé si vos has conocido a gente que comienza a hacer las tareas más sencillas y deja al último las más complejas. Mi papá hacía lo contrario, primero lo complicado para que luego todo fuera más fácil, pero, ya lo dijimos, la mayoría de personas procrastina.
Si lo mirás con atención es ilógico tal comportamiento. Sabemos que debemos hacer los trabajos, así que mientras más pronto ¡mejor!, pero los mexicanos no somos así. Los psicólogos podrán dar luces acerca de este comportamiento humano.
Digo que siempre he procrastinado, sin saber que este comportamiento así se llamaba. “Hacé la tarea”, decía mi mamá. No la hacía, no la hacía porque andaba metido en el juego de carritos o leyendo al Memín Pinguín. ¿Qué era más importante en la vida? ¿La tarea o la lectura?
Cuando fui a estudiar a la UNAM, en la facultad de ingeniería, en lugar de ir al salón de clases iba a la Biblioteca Central Universitaria. ¿No había crecido? Digo esto, porque ya a mis dieciocho años seguía ignorando la recomendación materna: “Hacé la tarea”, no hacía la tarea de la facultad y continuaba en mi diversión favorita: la lectura de cuentos, novelas, poemas, obras teatrales, ensayos y divertimentos.
En mis años de infancia y adolescencia nadie hablaba de procrastinar, aunque todo mundo era procrastinador. Que tire la primera piedra quien no haya sido procrastinador. En la definición que te compartí aparece la palabra “placentera”; es decir, dejamos lo importante por aquellas cosas que nos dan placer. Sé que en las empresas nadie quiere personas procrastinadoras, pero quien tiene su propia empresa bien puede darse el lujo de privilegiar el placer de la vida. Con esto no quiero decir que todo mundo deba ser anarquista y ser procrastinador, ¡no!, pero en mi vida personal siempre he aplicado la ley del placer por encima de la del deber. Además, la palabra deber tiene una carga simbólica bien jodida, porque significa que es algo que debés, sin contraer deuda alguna.
Posdata: el término procrastinar se ha puesto de moda. Parece que el mundo se dio cuenta que en el país somos “dejados”, que si tenemos una chamba urgente, pero el compadre nos llama por teléfono, nos invita a tomar una caguama, cerramos la computadora y vamos a la cita. Dicen que ya está próximo el evento más importante de todo el año: el Mundial de Fútbol. ¿Ya pensaste en el universo de empleados que dejarán sus pendientes para no perderse el partido inaugural? Ahí se demuestra que medio mundo prefiere el placer al deber. ¿Es esto malo? Ay, jefe, mañana se lo tengo, ahora juega nuestra selección y necesita nuestro apoyo, el número doce debe estar a favor de México, México, México, ra ra ra.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 28 de febrero de 2026
CARTA A MARIANA, CON NOVELA DE MARIO ESCOBAR
Querida Mariana: Mario me dijo que escribía una novela. Me lo dijo en tiempo de pandemia. Estuve pendiente del proceso. Una mañana me enteré que ya la había publicado en Editorial Entretejas. De inmediato me puse en contacto con Luis Armando Suárez, director de la empresa editorial. Luis Armando me trajo un ejemplar en un viajecito relámpago que hizo al pueblo. Al llegar a la casa comencé a leer la novela de Mario que intituló: “Espejo de los días”. Quedé muy satisfecho con la lectura, contento con lo que en el terreno literario logró Mario.
No dejé que mi emoción se desinflara. Vos sabés que todo en la vida es como globo, así que de inmediato te escribí una carta para contarte el suceso. De esto hace ya varios meses. Leí la novela recién salida del horno de publicaciones y mi comentario también te lo envié bien calientito.
Hace días, no sé cuántos, Chusy Coutiño me llamó por teléfono. Dijo que Mario vendría a Comitán a presentar su novela. Sí, pensé, los autores comitecos tenemos el compromiso moral de compartir las creaciones con la paisanada. Lo celebré. Chusy dijo que me invitaba a ser uno de los comentaristas la tarde de presentación. Acepté el honor, aunque vos sabés que a mí me gusta más estar sentado entre el público. Cuando el presidente Emmanuel Cordero tuvo a bien honrarme con el nombramiento de cronista municipal le pedí que, si debía asistir a algún acto, que no me trepara en la mesa de honor, que me dejara sentarme entre la audiencia para hacer mejor la chamba. La crónica tiene los pies hundidos en la misma tierra que pisa el pueblo. Acepté la invitación de Chusy, porque ya no soy cronista municipal y no tengo el compromiso de hacer crónicas, así que la tarde del 27 de febrero del 2026 acudí a la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez y trepé a la mesa de honor, al lado de la otra comentarista, Olivia Bonifaz, del autor de la novela, Mario Escobar Gálvez y de la moderadora Doctora Mary Carmen Vázquez. La cita fue a las cinco y media de la tarde. Cuando me tocó participar, saqué mi bonche de hojas, con letra grande para no usar lentes y leí el textillo que preparé, algo que ya no aludiera al contenido, porque eso ya lo había compartido contigo en la carta aludida, sino con un comentario que rozara más a la emoción de lo leído, del asombro que me causó la creación de Mario. Comparto con vos dicho textillo. Acá va:
“Buena tarde.
Podríamos hacer un recuento de las novelas escritas por autores Comitecos.
Estoy seguro que ahora brincaría la mayoría de títulos.
Estoy seguro que ahora tienen en sus mentes nombres de creadores comitecos.
El ejercicio sería muy interesante.
Dejémoslo así.
Ya vi sus rostros y casi puedo leer el resultado de lo que propongo.
Ya tienen en sus mentes conocidos títulos de novelas y reconocidos nombres de autores.
Los lectores comitecos, y de otras regiones del mundo, tienen dicha relación en sus mentes y en sus corazones.
Una relación prodigiosa, porque esos autores, ellos y ellas, han escrito la hoja literaria de nuestra historia.
Digo esto porque, en casa, hice el ejercicio nemotécnico que ahora comparto con ustedes.
Lo hice, porque cuando recibí la invitación para esta noche debía sustentar lo que me atreveré a decir.
¿Ven, escuchan, que ahora usé el término atrever?
Lo usé porque es lo que quiero decir. Acá voy. De la relación completa de novelas comitecas, la novela de Mario es la que más se ha atrevido en el terreno de la ficción. Jamás en la literatura de esta región un autor fue tan revolucionario como Mario. Todos se quedaron en la Vía Láctea, Mario se atrevió a ir más allá, como si fuera la nave Voyager.
En la relación de nuestros autores locales tenemos novelas históricas, realistas y costumbristas.
En esa lista están incluidos los nombres de los reconocidos, los nombres de quienes tienen fama local y regional, así como los que han llegado al plano internacional.
Ninguno de ellos se atrevió en los terrenos donde caminó Mario.
Tal vez quien más se atrevió fue nuestra pichita amada, quien el año pasado, el 2025, cumplió cien años de nacida. Ella, retomó un acto real donde crucifican a un cristo indígena, historia bárbara de origen, que se sale de los actos comunes. Pero, Mario ha ido mucho más allá. Ningún creador comiteco se ha atrevido a tanto y con tan buen resultado.
Por ello, como si fuera un notario literario, esta noche doy constancia que la novela presentada es el mayor atrevimiento que ha realizado el genio creativo en Comitán.
Con ello digo que Mario dio un salto cuantitativo en el acto de creación literaria.
Mario demuestra que, con osadía y talento, puede lograrse escribir una obra que abandone el camino trillado; demuestra que la identidad de un pueblo tiene múltiples senderos.
Ahora usaré un lugar común y diré: Mario supo que se hace camino al andar, por territorios nunca caminados. Mario ya abrió un camino novedoso, inédito.
Mario ha escrito, insisto, con talento narrativo, la novela más atrevida, la más vanguardista. Por eso esta noche es histórica, porque se presenta en el pueblo la novela más revolucionaria en el terreno de ficción de Comitán.
En buena hora para todos. Si los creadores dejan que el aire revolucionario entre en sus ventanas buenos tiempos nos esperan; y si los lectores también respiran aires novedosos el mundo augura nuevos vientos en la región.
Aplauso a nuestro autor”.
Posdata: sé que quien lea la novela de Mario también se asombrará por la buena factura de esta obra que deja en alto el numen creativo de la gente de este pueblo. ¿Viste qué palabrita me aventé? Numen, pucha.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 27 de febrero de 2026
CARTA A MARIANA, CON UNA FOTOGRAFÍA RESCATADA DEL FUEGO
Querida Mariana: esta foto iba para la hoguera. Se salvó. No sé cómo, pero se salvó. Esta foto estaba en la casi única libreta que se salvó del fuego. Tampoco sé cómo no terminó en el infierno. La libreta número dos, que (según etiqueta) inició el 23 de diciembre de 1989 y terminó en marzo de 1990, no se fue al tambo donde quemé todas las libretas.
Ni me preguntés de dónde saqué la fecha de la foto: 6 de febrero de 1978. Tal vez quien me la regaló tenía anotada la fecha al reverso. Me encanta saber que la mañana del 6 de febrero de 1978 el amigo que tomó la foto tuvo la delicadeza de anotar la fecha. Ahora ya es un documento histórico. La foto se salvó, tal vez para que en el 2026 la compartiera con vos. En estos tiempos mucha gente todavía se pregunta cómo fue la llamada Manzana de La Discordia, que en un momento de fines de los años setenta la derruyeron; es decir, casi casi un año después de que esta foto fue tomada. Los políticos ya habían decidido que la tirarían, los simples mortales caminábamos sin saber que esa decisión nos quitaría parte de nuestra historia personal y comunitaria. Entiendo que la decisión fue tomada porque la manzana ya había perdido la armonía arquitectónica que había tenido a principios de siglo, además querían que (como está ahora) se viera el templo de Santo Domingo y la Casa de la Cultura. El parque ampliado, el actual, ganó en estética, pero perdió la intimidad que tuvo en los años setenta, cuando todo mundo caminaba los domingos, formando dos aros, uno conformado por varones y el otro por mujeres, lo que permitía que se dieran lo que Doña Tony Carboney llama “quemones”, era un pueblo afectuoso. Todo terminó con la picota que derribó esta manzana, que, como se ve, en tiempos antes de la gentrificación, era comercial en gran parte, aunque, como en el caso de “Novedades Cecilia”, por ejemplo, en la parte posterior servía como habitación de la familia Gordillo Domínguez.
¿De verdad es una imagen capturada el 6 de febrero de 1978? Quienes vivieron esa época podrán corroborarla, además, pienso, los amantes de autos podrán identificar los que están estacionados y decir si, en realidad corresponden al final de los años setenta. Yo, lo sabés, soy experto en nada, pero pienso que el logotipo que tiene el carrito que está al lado del señor con sombrero es de un Opel.
En febrero de 1978 yo no estaba en el pueblo, en ese momento andaba en la CDMX (Distrito Federal), así que mi recuerdo es volátil (como siempre). Identifico algunos negocios por sus letreros, pero donde no alcanza mi vista no logro identificar qué negociación había. En la esquina más próxima, donde inicia el portal, está el consultorio del dentista Armando Gordillo, luego está Novedades Cecilia (negocio que aún está vigente, por la calle que sube al templo de Guadalupe. La picardía comiteca ahora le dice Antigüedades Cecilia. Ah, el pueblo es cabroncillo). Luego está la Dulcería Italiana. ¿Qué negocio seguía? Luego está la Casa Tovar, que era el negocio que más anuncios de bandera tenía: Philips, Emerson y Olivetti. Luego hay otro negocio o dos. Lo que sí recuerdo es que en la mera esquina estaba la tienda de Don Hernán León, que era mi vecino, porque su casa también estaba en la esquina donde estaba la casa que mandaron a construir mis papás, a una cuadra de la Escuela Fray Matías de Córdova. La casa de Don Hernán, de dos plantas, aún sigue en la tercera poniente, mi casa ya pasó a mejor vida, ahora es un moderno hotel, propiedad de la familia Bermúdez Albores.
Posdata: tampoco fui testigo del derrumbe de la manzana, un día viajé al pueblo desde la Ciudad de México, en plan de vacaciones y ya encontré que había desaparecido y que comenzaban a enlajar la plaza para la ampliación y dejarlo como está ahora. Ah, qué vista tan soberbia, pero fue como si un día alguien botara el faro para que no estorbara la visión del mar. ¡Bobos! No sabían que el faro era importante para que los barcos desorientados hallaran la ruta correcta. Nos quedamos sin manzana. ¡Dios mío! Qué habría sido de Newton sin manzana, qué de la bruja de Blanca Nieves, que de Eva, ¡de Eva y Adán! El principio de la vida habría sido otro, uno más pedestre, menos lleno de vida.
Te comparto la foto con su fecha, aunque dudo que ésta sea precisa, pero así lo hallé y así lo comparto. Ese espacio fue parte de nuestro espíritu, quienes lo vivimos aún lo añoramos, algo importante nos quitaron. A veces, bobo que soy, hago la cuenta y saco la conclusión que perdimos, porque esta manzana se convirtió en una simple fuente, carente de historia, de identidad, porque la podemos hallar en cualquier parte de México. Sólo las palomas son felices, pero ni éstas lo gozan siempre, porque a veces la fuente no tiene agua. ¿En dónde se ha visto una fuente que pierda su vocación? Pienso que Comitán perdió algo de su vocación cuando tiraron las construcciones que tanta vida provocaron. No hubo otro espacio más lleno de vida frente al parque central. Jamás volverá a ser lo que fue.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 26 de febrero de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN CORAZÓN
Querida Mariana: una amiga se molestó cuando una comadre le dijo que su hija estaba “cacheteando el pavimento” por fulanito. Mi amiga sabía que su hija estaba muy enamorada del fulanito, eso era una certeza, lo que le molestó fue la expresión, la manera tan vulgar de decirlo. ¿Cacheteando el pavimento? Pues sí, en México era una frase común, no sé si ahora se siga empleando. Mi amiga, enfermera de profesión, muy responsable, se enojó con su comadre, se enojó de por vida, por esas “simples palabras” echaron por la borda una amistad de muchos años. Yo entendí que mi amiga había salido en defensa de su hija. ¿De verdad? En realidad, la hija, profundamente enamorada, ni se enteró de este desaguisado.
Si tomamos la frase en forma literal, que es como lo tomó mi amiga, aparece la pregunta: ¿cómo es posible que alguien esté cacheteando el pavimento? La única respuesta es que ese alguien anda tirado, su cachete está pegado al piso. Si lo vemos así, entonces mi amiga tuvo razón de molestarse, porque la comadre dijo que la muchacha andaba tirada en el piso, casi arrastrándose por el otro. Y acá ya estoy dándole una connotación muy fuerte, porque arrastrarse por otro es algo denigrante. Así lo interpretó mi amiga y terminó furibunda.
Invité a mi amiga a tomar una limonada y poco a poco fuimos desmenuzando el tema, ella, poco a poco, aceptó que la frase de la comadre la dijo en forma irreflexiva, sin ánimo de dañar; es decir, lo hizo sin tomar en cuenta el sentido completo, sin pensar en el sentido literal. Son de esos dichos que en el país se expresan en forma cotidiana, sin que reflejen un verdadero sentir. ¡Ah, cuántas frases se dicen en el día sin que se analice bien el sentido preciso!
Por ejemplo, todo mundo dice frases como: “estar en la luna” o “está haciéndose pato”. Si lo analizamos en sentido literal vemos que ambas frases no están “con los pies en la tierra”. ¿Estar en la luna? Nadie ha estado en la luna, bueno, incluso los incrédulos juran que eso de que la NASA puso a astronautas en el planeta fue falso, una mera fantochada. ¿Quién se hace pato? Tampoco. En la historia de la humanidad no ha existido ningún caso donde un ser humano trasmute en un palmípedo. En Comitán decimos de un compa desobligado que “se hace tacuatz”, porque el tlacuache se hace el muerto cuando se ve en peligro. Bueno, nadie se encabrita al máximo por esto, porque lo usamos de manera coloquial. Nunca, tampoco, en la historia del pueblo alguien se ha vuelto un tlacuache. Ahora, dicen, hay gente que se cree chucho o gato (la gente emplea el término therian), es puro cotorreo. ¿Por qué se dice cotorreo? ¿Porque es algo cotorro? A propósito decimos. “el que es loro donde quiera es verde”, nadie quiere decirle al otro que es un loro, es una mera expresión, una forma expresiva de nuestro lenguaje.
Todo mundo sabe que hay formas y formas de expresión. Mucha gente dice que fulanito está enamorado, pero los amigos, en forma coloquial, dicen que fulano está “enculado”.
Posdata: mi amiga, al final, después de dos limonadas entendió esta extraña forma de expresarse, pero, antes de levantarnos sentenció: “sí, tenés razón, pero no perdonaré a mi comadre, pendeja, qué se está creyendo”. Reímos. Cuando ya solo caminé por el parque, pensé en la frase: ¿qué se está creyendo?, que también es muy socorrida y que es una frase inocente en apariencia, porque sobaja a la otra persona. ¿Qué se está creyendo?; es decir, no es lo que piensa que es, y este pensamiento va desde considerarse una persona muy importante, casi casi rozando con la Nobleza, hasta alturas celestiales. ¿Qué se estaba creyendo la comadre? Boba, ¿acaso reina?, ¡ja!, plebeya era.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 25 de febrero de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN GRUPO DEL COLEGIO MARIANO N. RUIZ
Querida Mariana: la fotografía debe ser de los años sesenta. Fue tomada en el patio central de la primaria del Colegio Mariano N. Ruiz. Al centro están cuatro grandes maestros, de izquierda a derecha están el maestro Alfredo Álvarez Figueroa, el padre Carlos J. Mandujano (fundador de la institución educativa en 1950), el maestro Jorge Gordillo Mandujano (quien llegó a ser el director general y representante legal de la Asociación) y el maestro Artemio Torres Figueroa. Cuatro personajes ilustres de la historia de la educación en Comitán. En 2026, por fortuna, todavía vive el maestro Artemio, los tres restantes ya fallecieron. Ellos fueron grandes impulsores de la educación y cimientos fundamentales del colegio.
Sorprende la armonía lograda en la imagen. Son cuatro filas de niños colocados en forma simétrica, los niños de la fila de adelante están sentados en el piso en posición de media flor de loto; los de la segunda fila están hincados; los de la tercera fila permanecen de pie y los de la última fila están parados sobre sillas. De esta forma se logró una imagen casi perfecta. Los maestros tienen las manos sobre las piernas, al frente. Al padre Carlos le gustaba colocar las palmas de sus manos sobre sus muslos, el maestro Jorge lo aprendió y en muchas fotografías aparecen en dicha posición, porque, se sabe, los seres humanos dudamos dónde colocar las manos cuando estamos en un acto público. He visto a mucha gente confundirse a la hora de estar parados, la pregunta que nadie se hace, pero que todo mundo advierte es: ¿dónde colocar las manos? La gente cruza los brazos o coloca los brazos como si fuera un soldadito o une las manos al frente o, en el colmo, lleva las manos hacia atrás.
Se aprecia en esta fotografía que en las junturas entre bloques de cemento del piso crecía la hierba, pero crecía en forma tan coqueta que le daba un buen toque estético, como si fueran pequeños montoncitos de gnomos dispuestos a jugar con los alumnos a la hora del recreo. El fútbol y el básquetbol se practicaban en la cancha que estaba en la parte posterior. No lo sé, pero tal vez acá en el patio central jugaban chinchinagua, que era un juego divertido, pero riesgoso o jugaban canicas que era también un juego divertido y sin mayor riesgo. ¿Jugaban a la timbirimba? ¿Jugaban al trompo? ¿Al yoyo? Mientras el padre Carlos no inició las clases para educación secundaria, el Colegio Mariano N. Ruiz fue un colegio para varoncitos, así que acá no se jugó a las comiditas. Estos niños no tuvieron compañeras, sólo compañeros. Algo les faltó. ¿O no? Los niños que estudiamos en la primaria Fray Matías de Córdova sí tuvimos compañeras, no en los mismos salones, pero a la hora de la entrada o de la salida o en los actos cívicos o en el recreo, sobre todo en el recreo, ellas nos veían y nosotros las veíamos a ellas, en actos de fin de cursos, en el Cine Comitán, participábamos en bailables donde bailábamos con ellas. ¿Cómo eran los actos de fin de curso del Colegio Mariano N. Ruiz? El programa debería estar lleno de números donde participaban sólo varones.
Posdata: no sé si a vos te sucede lo mismo que a mí, cuando veo una fotografía como esta, algo me remite a mis años de estudiante, nunca alcanzo a tener un panorama completo de esa edad, sólo aparecen retazos, las caras de algunos compañeros, algunos nombres, detalles incompletos de instantes en aula. No alcanzo a pepenar más, todo es fragmentario. Pienso que cualquier día estuve en un salón de ocho de la mañana a dos de la tarde, ¿mirás? ¡seis horas!, y en mi recuerdo apenas logro completar algunos minutos de toda la educación primaria. Dios mío, ¿cómo es posible que seis años se reduzcan a pocos minutos? Tal vez los niños de hoy, con sus recursos tecnológicos, con celulares donde toman fotografías, videos y conversaciones, puedan tener en el futuro un retrato más fidedigno de su estancia escolar. Acá, por fortuna, contamos con esta fotografía, quienes acá aparecen pueden tener un asidero para la memoria. Digo que esta fotografía es de los años sesenta, los niños que acá están tienen ahora más de setenta años de edad, algunos ya fallecieron (en todas las fotografías de generaciones siempre, qué pena, hay fallecidos). De los maestros sólo el maestro Temo Torres Figueroa sigue en la vida, por fortuna, como es un hombre muy disciplinado se encuentra muy bien, física y mentalmente, hace poco, el año pasado viajó a Sudamérica con su hija Julia y con Richard. Todas las mañanas realiza meditación y yoga. Es un gran maestro. Que el universo le dé mucha vida y mucha salud.
¡Tzatz Comitán!
martes, 24 de febrero de 2026
CARTA A MARIANA, CON UNA IMAGEN DE 1909
Querida Mariana: el maestro Muñoa Pola compartió esta imagen en Facebook. El maestro Muñoa, cronista de Chiapa de Corzo, siempre comparte documentos que hablan de Comitán, es un gran amigo de este pueblo. Esta imagen es sensacional, fue publicada en 1909. ¿Mirás? Es una imagen que tiene más de un siglo. Gracias al resguardo de la Biblioteca Nacional y a la labor acuciosa de Muñoa tenemos un documento sensacional.
La imagen apareció en la Revista Ilustrada y en el pie de foto dice: “Edificio municipal y jardín público de Comitán, Chiapas (sin la arboleda que hoy adorna a éste)”. El último dato es esencial, quiere decir, así lo entiendo, que el parque estaba así antes de 1909, porque dice: “sin la arboleda que hoy adorna a éste”; es decir cuando fue publicada el jardín público (parque central) tenía más árboles. Lo que da cuenta de la conciencia ecológica y estética que tenían los antiguos moradores de esta región de la patria.
Tal vez la imagen corresponde a cómo era Comitán a inicios del siglo XX, es una joya. Vemos, como lo dice el pie de foto: el edificio municipal, parte de los portales del oriente (donde estuvo la famosa Manzana de la Discordia), parte importante del parque central con su kiosco, bancas, arriates, lámparas y pasillos. No se ve algún pedestal con busto de algún héroe o heroína. En 2026, ya con el parque ampliado, existe una serie de bustos y esculturas, sólo hay una presencia femenina, el busto de Rosario Castellanos, los demás bustos corresponden a varones: Benito Juárez, Mariano N. Ruiz, Jorge De la Vega Domínguez, Roberto Albores y Pantaleón Domínguez.
¿Te cuento algo? Ya me había llegado el dato que comprobé el pasado 21 de febrero 2026 en una conferencia que impartió el investigador Justus Fenner, en su destacada participación en la celebración del 158 aniversario de la fundación del municipio de La Independencia (organizado por el Ayuntamiento que dirige el presidente ingeniero Sebastián López, a través del director de cultura, el poeta Arbey Rivera), el Doctor Fenner dijo que nuestro héroe comiteco fue uno de los principales contrabandistas de mercancías entre Guatemala y México. Así me lo habían dicho y así lo aseveró Justus: Pantaleón Domínguez fue cabecilla del grupo de contrabandistas; es decir, se dedicaba a actividades ilegales. ¡Dios mío! Yo supe del nombre de Pantaleón en los años setenta, porque la cancha donde se realizaban los cuadrangulares en la feria de agosto llevaba su nombre, ahora se llama Roberto Bonifaz Caballero.
Lo que más sobresale en la imagen que compartió el Maestro Muñoa Pola es el kiosco que era el corazón del parque, donde se realizaban actos cívicos y sociales. Colocado sobre una plataforma que tenía un redondel donde la gente se concentraba para escuchar conciertos de marimba y de orquestas, que eran una buena costumbre en esas épocas. En el Comitán actual también existe un kiosco casi en el mismo lugar, el kiosco actual se colocó en el periodo presidencial de Gonzalo Ruiz Albores, quien fue mi jefe al concederme el honor de ser el primer director de la Biblioteca Pública
Regional Rosario Castellanos Figueroa. Ahora dicho kiosco ya no tiene la preeminencia de antes.
La imagen es idílica y bucólica, da idea de un Comitán tranquilo, afectuoso. Por supuesto que en los actos políticos y sociales de entonces la gente se concentraba en este lugar, pero, como la plaza era lugar de reunión regular tenía bancas y lugares verdes. Recuerdo una imagen del zócalo de la CDMX donde también tenía bancas y arriates con plantas, ahora es una plancha fea de cemento, porque las autoridades la diseñaron para las grandes concentraciones humanas en actos políticos, donde los acarreados suplen la conciencia social. Es lógico. Vivimos ya en el principio del segundo cuarto del siglo XXI, las sociedades sosegadas de principios del siglo XX ya se diluyeron, por desgracia.
Posdata: ya te conté que mi tatarabuelo materno sí nació en Comitán, tuvo el apellido Alfaro, su oficio fue arriero, llevaba Comiteco a la costa de Chiapas y de allá traía mercancías. Por ahí se unió con mi tatarabuela y la sangre comiteca comenzó a fluir en mi árbol genealógico, por el lado materno. Por el lado paterno, mi abuela María Bermúdez nació en Comitán. Soy hijo de Augusto Molinari Bermúdez y de Hilda Cecilia Torres Córdova, él oriundo de San Cristóbal de Las Casas y ella de Huixtla. Yo sí, gracias a Dios, nací en Comitán, en 1957, por eso siempre dije que era comiteco de primera generación, al ser hijo de un coleto y de una huixtleca; pero ahora me doy cuenta que mi árbol genealógico lleva más savia comiteca. Lo que quiero decir es que ni mi papá ni mi mamá caminaron por este parque, cuando ellos llegaron a Comitán el parque ya se había transformado, ya no existía este kiosco, había sido sustituido por una pérgola enorme, que era como un barco en medio de una isla de cemento.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 22 de febrero de 2026
CARTA A MARIANA, CON UTOPÍA
Querida Mariana: en el concurso de las palabras bonitas siempre aparece la palabra utopía. Debe ser porque suena bonito: utopía, u-to-pía.
También, digo yo, debería aparecer en el concurso de las palabras crueles. A ver: ¿qué es utopía? Recuerdo que en clase con el padre Carlos, él mencionaba la palabra al hablar de un libro de San Agustín, el gran pensador de la iglesia católica. Ahora entré al Internet y busqué la definición de utopía y hallé dos acepciones, la primera: “proyecto que parece de difícil realización” y la segunda: “representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano”.
En ambas definiciones uno advierte que es algo casi casi irrealizable. Es un concepto cruel, digamos, porque alienta vanas esperanzas. Así lo comprende la mayoría de las personas. Tal vez has escuchado que alguien te avienta la palabra cuando vos le platicás algún proyecto. “No, Mariana, eso es una utopía”; es decir, la palabra se emplea para decir que es imposible de llevarse a cabo. Uf.
Los optimistas (nunca faltan, gracias al universo) aseguran que lo imposible es realizable, que lo utópico es alcanzable. Es una posición genial, como la de aquellos que aseguran que apuntan a una estrella para atinarle a la luna. ¿Posición genial? ¡No! No, desgraciadamente, porque fijate qué jodido que alguien diga que le apunta al diez para pegarle al ocho, ya desde inicio está aceptando que no le atinará al diez. Claro, dicen los optimistas, es preferible esta actitud a la del compa que apunta al seis, al que pasa de panzazo.
¿Por qué digo esto? Porque soy amante de las palabras y siempre digo que no hay malas palabras, como los adultos insistían en asegurar cuando yo era niño. ¡No! No hay malas palabras, todas tienen su carita limpia. Margot insiste en decir que son las mentes de los oyentes quienes tienen la pizca de perversión, porque son sus mentes las que llenan de lodo a palabras que les suenan asquerosas, por decir lo menos.
A veces pensé que viviríamos en un mundo menos estúpido si todos los seres humanos les quitáramos la careta de malas a las palabras consideradas así. Pero alguien me dijo que eso es imposible, que es una utopía. Uf. Otra vez la famosa palabrita. Así pues llegué a pensar que la palabra utopía es una palabra que produce heridas, porque eso sí, las palabras, igual que las piedras o los cuchillos pueden causar lesiones, porque hay gente que no habla sino que agrede, que usa las palabras como proyectiles. Vos y todo mundo conoce a esa gente, yo tengo un amigo que usa las palabras para provocar enconos, en alguna ocasión un compañero que estaba en la mesa donde convivían se le fue encima porque mi amigo lo ofendió en grado extremo, la palabra fue la que detonó toda la violencia. ¡Qué cosas! Dos minutos antes, los compañeros que convivían lo estaban haciendo en forma amena, alegre, divertida y de pronto, una palabra provocó un alud que terminó en comportamientos violentos. Por supuesto que esos compañeros ahora no se hablan. Todo lo provocó una palabra que comenzó a hervir en una caldera inexplicable.
No hay malas palabras, la maldad del hombre es la que le otorga tintes sangrientos. Porque, vos también has sido testigo de ello, la palabra sana, la palabra logra que alguien se sienta amado. A veces te topás con alguien que camina por la banqueta, lo saludás con afecto y él como respuesta te lanza un: ¿qué te pasó?, así, a lo bobo. Vos (ser humano normal) pensás que no te ha pasado nada, salvo cosas buenas, pero como él lo dijo con una cara de Titanic a punto de chocar con un iceberg, vos recibís una dosis de agua fría, helada. Tu instante se modifica. Respirás con tranquilidad, le decís a tu mente que todo está bien y el sosiego regresa a tu cuerpo. ¡Nada!, le decís, soy espejo y me reflejo, y seguís tranquila tu camino, porque esa clase de gente, que le encanta jugar al “Pégale al negro”, no merece la mínima atención. Son provocadores profesionales. Como diría el buen Polo Borrás: que con su pan se lo coman.
Posdata: me gusta la palabra Esperanza, además de ser el nombre de mi abuelita materna es una palabra que alude al porvenir luminoso; en cambio, con todo y ser de sonido agradable, la palabra utopía alude a algo que nunca se alcanzará. ¿La ciudad de Dios? Es decir, la ciudad terrenal y la ciudad celestial. Todo inalcanzable. San Agustín advirtió que había una gran diferencia entre ambas ciudades y que, simples mortales, vivimos en ciudades terrenales, donde mucha gente aplica las palabras como campos minados. No hay posibilidad de cambio, de modificación, los hombres somos como somos, estamos contaminados con el mal. Qué pena. Por fortuna, existe la palabra que era nombre de mi abuela, si bien nunca habrá una ciudad de Dios en la tierra, bien podemos tener espacios mínimos donde la decencia sea un lugar apacible, pequeños territorios donde la convivencia sea agradable, por ejemplo, el lugar que habitamos puede ser un lugar con sonidos agradables, con palabras que fluyan como peces en ríos de agua limpia. ¿Es una utopía pensar que la palabra retome su vocación original de comunicar, acercar?
¡Tzatz Comitán!
sábado, 21 de febrero de 2026
CARTA A MARIANA, CON AMIGAS DE LIBROS
Querida Mariana: Tía Lencha dijo que su hija Tania era amiga de las especias. Me gustó esa definición. Pensé que cada ser humano es amigo de algo especial en la vida. No sólo somos amigos de personas, también nos volvemos amigos de las esencias vocacionales, nos hacemos amigos de aquellos chunches que son parte de nuestra historia. Los gustos definen nuestros amigos. ¿Cómo es aquella definición que se hace acerca de la amistad? Dice más o menos que los amigos son seres que elegimos, porque los familiares llegan en el paquete. La elección habla, entonces, de ciertas semejanzas. El agua jamás se une con el aceite; asimismo, nunca hallaremos amigos que sean totalmente contrarios. La amistad no es coincidencia total, pero sí exige semejanzas. Tengo amigos que son aficionados al fútbol en grado extremo, yo no soy tan futbolero, pero de vez en vez me aviento un partidito en la televisión o veo un partido (jugada, le llaman) en los campos de comunidades rurales. Ah, lo disfruto mucho, pero nunca como el goce que me da el libro. Los amigos que digo son aficionados al fútbol pero no son lectores, eso no significa que no tengamos coincidencias que nos unan en ese misterio llamado amistad.
Digo todo esto porque ahora que hallé esta foto pensé en tía Lencha y dije que acá estoy al lado de tres amigas de libros. ¿Mirás qué buena definición? Ellas, por encima de otras sustancias de la vida, aman el libro. Villoro y muchos más escritores dicen que es muy difícil que un escritor no sea antes un buen lector. Estas tres mujeres son poetas, pero también, por supuesto, son lectoras; es decir, son amigas de los libros. Con ellas tengo esa coincidencia, también amo a los libros, también soy amigo de ellos. A veces hago el ejercicio mental de poner sobre una mesa imaginaria una serie de chunches: un tablero de ajedrez, un trenecito de juguete, un balón, un bonche de billetes (unos cinco mil pesos), un libro, una botella de güisqui, un carrito de control remoto, una pluma fuente, un juego de plumones, un paquete de cigarros, un par de lentes Ray Ban (de esos que vende mi amigo Jorge en Visión 59 Óptica), un juego de pinceles, un plato con panes compuestos, un vaso de atol de granillo, un celular de última generación. El juego me exige elegir uno de los chunches presentados. ¡No dudo! ¿El libro? No, por supuesto que no. Elijo los cinco mil pesos, porque los emplearé en comprar libros, a wiwi.
Así como Tania es amiga de especias, soy amigo de libros. En igual forma estas tres amigas poetas también son amigas de libros. Perdón, no tengo la fecha exacta del acto efectuado en la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez, la única certeza es que corresponde a los dos últimos decenios del siglo XX. Pucha, cada vez hago más extenso el margen temporal. Acá estamos Gabriela Balderas, Lolita Castro, Socorrito Trejo y yo. Lolita Castro, la gran amiga de Rosario Castellanos y gran amiga de Comitán ya falleció. En varias ocasiones estuvo en el pueblo, acá está el testimonio de una de sus visitas. Acá está, sin duda, porque Socorrito Trejo, quien en ese momento laboraba en el Instituto Chiapaneco de Cultura, la invitó para estar en Comitán, la tierra de su gran amiga.
¿Viste que escribí que Lolita Castro fue amiga de Comitán? También se puede ser amigo de ciudades, de lugares simbólicos. Como el mundo es diverso, hay amigos para todo. Hay amigos del trago, sin duda que vos conocés a alguien que es aficionado al trago, así como vos sos aficionada al cine y yo aficionado al libro. Los amigos del trago no lo dejan, lo llevan a todas partes y a todas horas, se mueren en la raya, con la botella en la mano. Muchos escritores, ya de cierta edad, manifiestan que les gustaría morir escribiendo. Muchos actores de teatro, asimismo, revelan que les encantaría morir sobre el escenario. Algunos lo consiguen. Cada uno es amigo de sus obsesiones. Cuando le pregunté a mi amigo Julián, médico, si era amigo del bisturí, me vio con cara de sol a punto de ocultarse, pero después que razonó la pregunta y la comentamos dijo que sí, porque es un médico de excelencia que se anota un diez en cada cirugía que realiza. Digo pues que somos amigos de variadas temáticas. Hay amigos de videojuegos, amigos de la televisión, de la natación, de los clavados, de la equitación, de la pintura, de la comida. Sí, hay mucha gente que ama la comida y es amiga de ella, de por vida, hay amigos de la gastronomía. En fin, hay amigos para todo.
Nunca había oído algo semejante, hasta que la tía dijo que Tania era amiga de las especias. Ahora sé que también hay amigos de las especies, por ejemplo, hay amigos de gatos, amigos de perros, amigos de elefantes, amigos de nubes, amigos de árboles, amigos de amigas, amigas de amigas, amigas de migas, amigos de micrófonos, de mesas, de vasos, de tazas, de platos, de platillos voladores, de lentes, de vestidos, de zapatos.
Soy amigo de mis amigas que están acá en la mesa de honor. Imagino que Socorrito, la gran Socorrito Trejo, me invitó a moderar la mesa o hacer algún comentario del libro que se presentó. La autora, al final, leyó algunos poemas de su libro. Tal vez fue así.
En varias ocasiones tuve la fortuna de coincidir con Lolita, la gran amiga de Rosario. Lolita era de voz pausada, gran poeta, mujer cariñosa. En una ocasión coincidí con ella en la presentación de un libro de poesía de mi amigo Adolfo Gómez Vives, en la Ciudad de México. Ya te conté que en esa ocasión estaba lleno el salón del hotel donde se presentó el libro de Fito. En voz baja, Lolita Castro me dijo que más valía tener amigos, porque ella había estado días antes en una presentación en un salón de Bellas Artes y la asistencia no había sido tan nutrida como en la presentación del libro de Fito.
No tengo la fecha precisa del acto de esta fotografía, ni siquiera tengo una fecha cercana, pero como ahí al lado del libro tengo una de mis libretas puedo atreverme a decir que fue a finales de los años ochenta o principios de los noventa.
Posdata: Gabriela Balderas y Socorrito Trejo, gracias a Dios, siguen en el ajo creativo y yo también. Somos amigos de libros, somos amigos de la creatividad, de la literatura, del arte, de la convivencia sana, del cultivo del espíritu.
¡Tzatz Comitán!
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