domingo, 1 de noviembre de 2026

CARTA A MARIANA, CON LOS AÑOS SETENTA Y OCHENTA EN COMITÁN

Querida Mariana: ¡mirá mi cara! Mirala bien. Sí, estoy feliz. ¿Ya viste la foto que anexo? Te cuento. Estaba en la oficina. Tenemos mucho trabajo. Preparamos la revista de Arenilla que llevaremos a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2026. Estamos emocionados. Seremos embajadores de Comitán y de la región. Entregaremos ejemplares a muchas personas que visitan el pabellón. Estuvimos el año pasado. En 2025 llegó casi un millón de visitantes. En el equipo editorial de Arenilla vaticinamos que ahora llegará más del millón. ¿Mirás qué digo? Más de un millón de personas convocadas por el libro impreso. Ah, la gran feria de la inteligencia y de la imaginación. La feria del libro más importante de toda Hispanoamérica. ¡Nadita! Redactaba un texto en la computadora cuando recordé que mi bolígrafo se había quedado sin tinta (ay, señor, qué tipo de asociaciones mentales). Los expertos recomiendan no estar mucho tiempo sentado. Si la actividad profesional exige estar apachurrado en un asiento es preciso darse un ligero descanso, pararse, que la mirada deje la pantalla. Así que decidí caminar dos cuadras para comprar una pluma BIC, la que no sabe fallar. Subí la pendiente, di vuelta a la derecha, pasé frente a las oficinas donde pagamos el impuesto predial (casa de la familia de Don Pepe Castellanos), luego crucé la calle y llegué a la papelería. Un bolígrafo, tinta azul, punto fino, por favor. Siete pesos. Pagué con monedas. Salí. Crucé la calle y caminé por la banqueta donde está la peluquería, los hoteles de Don Arturito, donde es un entradero y salidero de muchachas y llegué al edificio del Hotel La Alborada, que cuenta con un Italian Coffee y… ¡no, no! No puede ser, pensé. Al término de una pequeña escalinata que da a un salón en el sótano escuché música, como si, ¡exacto!, como si fueran los años setenta. Vos sos muy joven, pero gente de mi rodada y un poco más joven recuerda que en el entonces Hotel Robert’s, de la familia Cordero, había en ese mismo espacio la Disco Tzisquirrín. Ahora, en la mañana del 31 de octubre de 2026, al bajar la escalinata encontré el letrero que dice: Tzisquirrín. Ver el letrero me envió, de inmediato, más rápido que en Infinitum, a los años juveniles, cuando con amigos y amigas entrábamos a bailar la música de los Bee Gees, la que aparecía en la película de Travolta: “Fiebre de sábado por la noche”; la música de la reina Gloria Gaynor. Todos los estudiantes que regresábamos al pueblo en época de vacaciones íbamos a la Tzisquirrín, a echar traguito y a bailar, con los pantalones acampanados, con los zapatos de plataforma, con el cabello largo, con colgajos en el pecho, con camisas sicodélicas. La onda setentera estaba instalada en la disco de ese maravilloso hotel. No pude evitar la tentación, husmeé, como un delincuente y vi, ¡genial!, ¡increíble!, la pista iluminada, como se estilaba en aquellos lejanos años del siglo XX. Todo a media luz, con luz estroboscópica. ¡Dios mío! Regresé a mis tiempos juveniles, con apenas hacer labor de fisgón. Al fondo estaba el propietario del hotel, el Rector de la UDS, Maestro Víctor Manuel Albores Alcázar. Me vio y muy afectuoso caminó para saludarme, me dijo que era festejo de cumpleaños, le di un abrazo con cariño y le deseé muchos años más, con salud y prosperidad. Él no bebe trago, ni fuma, se mantiene muy sano. Lo felicité, extendí mi sonrisa de colibrí alebrestado y le dije que ese espacio era un maravilloso pasaje al pasado, me dijo que sí, en efecto, era abono en el árbol de la nostalgia. No funcionará como discoteca, ¡no!, será un salón de fiestas, para que todas las personas que disfrutaron en ese espacio puedan rememorar tiempos idos y las nuevas generaciones se acerquen a lo que fue un verdadero paraíso musical. Ya te conté que el otro día pasé a visitar SOUL, en el barrio de Guadalupe, ellos cuentan con una sala de spinning donde todo es como una disco. Los chicos y chicas hacen ejercicio, a media luz, escuchando música juvenil. Es algo maravilloso, como maravilloso será rentar el espacio de la Tzisquirrín y gozar el ambiente donde Gloria Gaynor fue la reina indiscutible, sacar los pasos prohibidos y sentirse como John Travolta, sentir que la vida también puede, por un momento, hacer una pausa en la veloz carrera del tiempo. Posdata: me despedí del Maestro Víctor Manuel, saludé a su hijo, siempre amable, muy formal. Felicité a ambos. Subí la breve escalinata y el sol maravilloso del pueblo maravilloso de Comitán acarició mi cara emocionada. Caminé, casi casi escuchando la música de los Bee Gees, casi casi bailando. Ah, fue un tiempo exquisito. En Nueva York los artistas más renombrados bailaban en el Studio 54; los artistas de acá disfrutábamos el baile en la Disco Tzisquirrín. Fue el Hotel Robert’s, ahora es el Hotel La Alborada. Los grandes empresarios locales hacen posible los sueños de tantos. Volví a la oficina, para continuar con la chamba. En mi cabeza sonaba la canción de la Gaynor: “…I will survive…” ¡Tzatz Comitán!

sábado, 31 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON HOMBRES CONVERSADORES Y SABIOS

Querida Mariana: Balam Rodrigo es un gran poeta. Uno de sus libros: “Marabunta” está dedicado em primer término a su papá: “conversador y soñador incansable.” Me fascina ver cómo definió la personalidad de su papá, logró con dos características mostrar mucho del carácter de su papá. Desde la distancia y cercanía del libro podemos conocer algo de Don Víctor Manuel Pérez García; asimismo, con esos rasgos, también nos acercamos al carácter del poeta, que es inmensa rama de esa majestuosa ceiba. Me platicaste, querida mía, que tu abuela, más que tu abuelo, era una gran conversadora, le encantaba el güirigüiri. Mientras ella bordaba, vos acercabas tu sillita pequeña, la de color azul, de madera, para estar cerca, para escuchar las mil historias que te contaba, las historias familiares, las de sus amigas y muchas historias que había pepenado de los muchos libros que había leído, así como de las mil películas que había visto, porque, me decís, ella tenía una gran memoria. No en todas las familias hay personas así, memoriosas, que practican el galano arte de la conversación, hay gente que prefiere el mutismo, gente que cuando hace algún trabajo prefiere escuchar música o hacer sus cosas en silencio. La conversación puede llegar a ser un arte, porque no todo mundo lo domina, hay gente que nace con el don de platicar muy galán, que le gusta acompañarse por gente a su alrededor y cuenta las historias con una gran alegría y si hay que agregar algún tinte de dramatismo, porque la historia así lo exige, lo hace con gran histrionismo. Siempre que estoy frente a una persona conversadora, recuerdo al gran escritor Gabriel García Márquez, quien aseguraba que su abuela, igual que la tuya, fue una gran conversadora, su mente estaba llena de historias y ella las contaba con una gracia, gracia que heredó Gabo, uno de los grandes contadores de historias literarias del mundo de habla española. Digo que no hay tantas, pero sí hay personas conversadoras que son como lluvia para el crecimiento del árbol social, que alimentan el espíritu. El papá de Balam, dice él, no sólo era un gran conversador, también era un soñador incansable. Sin duda que esa combinación lo hizo único, célebre e inolvidable. Los soñadores incansables, también no son mayoría, son una minoría privilegiada, son los seres humanos que transforman, los que hacen que el mundo pepene el vuelo de la imaginación. En el libro “Marabunta”, dice Aída Toledo que el autor “de manera autobiográfica e intensamente humana reflexiona sobre los límites de la deshumanización”. En tiempos de IA, donde el ser humano tiene más contacto con la pantalla que con un semejante, la reflexión del poeta Balam Rodrigo es de especial interés. He tenido la oportunidad de estar en varias ocasiones con Balam, en su plática ha deslizado algunas anécdotas que vivió con su papá. A la hora que él lo cuenta, todo mundo se da cuenta que él también es un gran conversador y, de igual manera, es un soñador incansable. Balam heredó los dones que poseyó su papá. Esto le hace bien a la humanidad, porque sus amigos, los cercanos, su amplio público lector goza del producto de esos dones. Balam ha obtenido muchos premios nacionales e internacionales de poesía, dichos reconocimientos demuestran la valía de su trabajo literario. Balam es uno de los grandes poetas de lengua española, su sensibilidad abona a que el mundo sea menos deshumanizado, es un gran ser humano, es un digno hijo de Don Víctor Manuel Pérez García. Posdata: vos también sos abusada a la hora de contar historias, por eso siempre apuesto a que serás una gran cineasta. ¿Yo? Soy escaso para contar historias en medio de un grupo de amigos, no tengo la habilidad necesaria, mi recurso para comunicarme con el mundo es a través de la palabra escrita, porque acá no veo las reacciones de la audiencia. Cuando hablo, basta una cara torcida para que mi mente se ponga en blanco y la historia se quede trunca. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 30 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL PORTAL

Querida Mariana: “nos quedaron dos portales de los tres que yo tenía”, dice Comitán. Un día derruyeron la llamada Manzana de La Discordia y ahí se perdió un portal que ya estaba todo carcomido por la llamada modernidad. El parque se amplió y sólo quedaron dos portales. En los tres portales hubo, sobre todo, muchos comercios, pero también hubo familias que las habitaron, hubo el fenómeno maravilloso de que eran locales híbridos, en el frente eran locales comerciales y en la parte posterior eran espacios habitacionales, un dos por uno sensacional. En los tres portales originales se dio tal simbiosis. Ahora se habla mucho de gentrificación, que es el fenómeno donde los centros habitacionales, que tienen porvenir como negocio, comienzan a desaparecer. Dicen los enterados que mucho de eso se da en San Cristóbal de Las Casas, ciudad maravillosa donde nació mi papá, pero que ahora es como una pequeña Disneylandia, donde todo es como una escenografía para que el visitante camine por los andadores y vea vidrieras para adquirir chunches supuestamente artesanales. Pues un día, no sabemos cómo se dio la gentrificación en el centro de Comitán, la gente que tenía locales y vivía en el mismo espacio se desplazó, todo comenzó a convertirse en locales comerciales. ¿Has dado una vueltita por el llamado Andador de San José, el portal oriente? La mayoría, si no la totalidad, está “hecho” de restaurantes y cafés, que ponen sus mesas sobre el pasillo del portal, con lo que interrumpen el paso libre de los peatones. No es agradable caminar por ahí, tenés que esquivar a decenas de chicos y chicas que, con una comanda agarrada como si fuera el más valioso material, te ofrecen desayunos, comidas, cenas. Ofrecen y si decís que no, muy amables te desean un buen día, que te vaya bien. Pues ahí andás agradeciendo y diciendo: igual, que les vaya bien. ¿Y las habitaciones, ‘apá? Nada, ahora todo es local comercial. Algunos locales conservan su vocación original, recordá que ahí estuvo el restaurante de Malena Jiménez y los taquitos, panes compuestos y huesos de Tío Jul. Pero ya no existe la Casa Aguirre, que era uno de los locales más antiguos, donde vendían hilos, estambres y ropa. En uno de los locales comerciales, en los años setenta, los compas pasábamos a comprar jocotío verde aderezado con polvojuan, en el interior del local vivían los familiares de mi primo Gil González. Digo esto, porque hace poco falleció Doña Reina Luz Guillén Alfonzo, mamá de mi querido amigo Jorge Domínguez, quien era una de las últimas habitantes del portal donde ahora está la Farmacia del Ahorro, su vivienda estaba casi al lado de un billar, entraba por una pequeña puerta, ella permitía que en la entrada del zaguán mínimo, pusieran un puesto, pero en el interior estaba su hogar. Falleció y al otro día, es una exageración, comenzaron a hacer modificaciones para que en un futuro muy próximo se convierta en un local comercial. Se fue una de las mujeres que habitaban el portal y le seguían dando guerra a la gentrificación. Ahora, en ese portal sólo queda el llamado “palomar”, que es un edificio de tres plantas, que rompe con la armonía del portal, pero que ahí sigue, la propiedad es de la familia Solís. Me cuentan que el licenciado César Solís viene de vez en vez y “visita" su local, pero ya no lo habita en forma diaria. Es como un departamento Airbnb con características especiales, “el patio de mi casa es particular”. Se fue Doña Reina Luz, mujer espigada del siglo XX, su salud comenzó a deteriorarse y seguía viviendo en su casa original, no dejaba su hogar, hasta que llegó la muerte y la arrebató de su espacio. El portal es ahora, casi casi totalmente comercial, ahí prolifera, sobre todo, la venta de ropa para dama y hay un espacio con maquinitas donde llegan a jugar los niños y niñas. Sobrevive un billar en una parte superior, que es un espacio como si perteneciera al pasado. Posdata: el proceso de gentrificación también se ha apoderado del centro de Comitán. Ya pocas familias viven en el centro. En los años sesenta, mi amigo Jorge creció en su casa del portal, le bastaba caminar media cuadra para llegar al parque central; mi amiga Malena brincaba la calle y ya estaba en el parque. Tal vez ellos tienen más derecho a decir que el parque es suyo, pero ¡no!, yo les gané, porque vivía en una gran casa a media cuadra y lo hice mío: “la piazza e mía” y no lo pongo a discusión. Nos quedamos sin hogares en los portales. Ay, llorona, llorona, tapate con tu rebozo. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 29 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON UNA VISITA

Querida Mariana: fui a la Librería Diodati. La librería está casi enfrente de la papelería El Conejo. El espacio es muy agradable, en el patio hay mesas con sombrillas para tomarse un café. Le pregunté a Marianita si tenía algo del famoso escritor que estuvo en Comitán, David Toscana. Fijate que cuando conocí el apellido del escritor, de inmediato pensé en la región de Italia: La Toscana, cuya capital es Florencia, nada más y nada menos. Oh, Florencia, la ciudad donde el arte no sólo está en museos sino también en las calles, con la maravillosa cúpula de Brunelleschi. Marianita platicaba con el maestro Jorge Meza, uno de los grandes lectores del pueblo, a quien casi siempre le hago caso cuando me da alguna recomendación. Marianita dijo que nada tenía de Toscana. Ya iba a despedirme cuando Jorge dijo que me recomendaba un libro de crónicas de Jordi Soler. Recordé que Jordi Soler estuvo en Tuxtla, en la Feria Internacional del Libro de la UNACH 2026. A Comitán sólo llegó Toscana, Soler nos quedó a deber la visita. Toscana estuvo en la tierra de Rosario Castellanos, nuestra pichita amada. Tu tocaya me trajo el libro de Soler, lo hojeé. Jorge dijo que me gustarían las tres crónicas iniciales, porque hablan del movimiento zapatista. Como cuando vas al supermercado, entrás a comprar jitomates y también salís con una bolsa de Sabritas. Así que metí la mano al bolsillo para sacar paguita, pero Jorge siguió con otra sugerencia: leé las crónicas de Pérez Reverte. Marianita trajo el libro de crónicas de guerra del escritor español y me lo dio. Tomé el pequeño ladrillo y ya no lo pude regresar. Pucha, completé el total y salí con dos libros. A Marianita le dije que Samy, en su librería Lalilu (que ya cerró), me hacía sugerencias. Una vez le dije que no todas eran buenas sugerencias, pero a quien sí le hacía caso era a Jorge, excelente lector. Así que esa tarde salí con dos libros que no había entrado a buscar, pero que llevan la garantía de la opinión de Jorge Meza. Anoche le di vuelta a las tres crónicas iniciales del libro “Las armas de la ilusión", de Jordi. Pues sí, simpáticas, decidoras. En una, Jordi concluye que una generación de mexicanos fue marcada por el 68 y otra fue marcada por el Chavo del 8. ¡Dios mío! La televisión comercial nos dio una visión distorsionada del país. Coincidí con Jordi, cuando dice que el profesor Jirafales fue un ejemplo nefasto, el pinche maestro siempre fumaba adentro del salón, se enfurecía (¡ta ta ta tata!) y era el hazmerreír del alumnado. El salón de clases extravió su vocación de templo del saber, por eso ahora, los niños que crecieron viendo el programa del Chavo, están desubicados con respecto al valor del respeto. Dije que Jorge Meza es un gran lector, un lector sabio, reconoce de inmediato la marca de la sensibilidad y del talento. Sí, hay miles y miles de libros, pero pocos son los elegidos, los escritos por mentes brillantes. Él tiene una gran experiencia. No quise quedarme sin armas, así que le recomendé al autor que llegué a buscar en la librería: David Toscana, le sugerí a Jorge la novela que ganó la Bienal Mario Vargas Llosa: “El peso de vivir en la tierra”, novela sensacional. Ya te dije, y le dije a Toscana cuando platiqué con él, que es un maravilloso logro literario, las voces de grandes autores rusos están presentes en la novela, al lado de la voz del narrador. Ahí conviven dos culturas, la rusa y la mexicana, por obra y gracia del genio literario del regiomontano David Toscana. Posdata: como te conté hace días, cuando hablamos largo y tendido por teléfono, tengo ahora una pila de libros pendientes de lectura. No me agobia, siempre ha sido así. La capacidad de adquisición, gracias a Dios, supera a la capacidad de lectura. La vida no alcanza para leer todo lo que deberíamos, por eso, los sabios recomiendan ser selectivos, no desperdiciar el tiempo en obras menores, yo le hago caso al maestro Jorge Meza y comenzaré a hacerle caso a Toscana: leer y releer a los clásicos rusos, a Pasternak, a Dostoievski, a Gogol, a Solzhenitsyn, a Tolstoi. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 28 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN SEPARADOR QUE UNE

Querida Mariana: el que viaja no se va del todo. En la maleta va, entre las camisas dobladas, la historia del viajero. Iván estuvo recientemente en Italia, tierra de mis ancestros paternos. Paseó sabroso. Visitó El Vaticano, entre muchos otros sitios simbólicos. Cuando regresó me dijo que tenía algo especial para mí. El 27 de octubre 2026 nos invitó a su noticiario. A las nueve con quince estuvimos Dora Patricia Espinosa y yo en la cabina de NOTI-VOS. Generoso, como siempre ha sido, nos permitió hablar del festejo de nueve años de nuestra revista impresa Arenilla, de los libros que Dora Patricia y yo presentamos en la FIL de la UNACH y de nuestra próxima participación el 4 de diciembre, a las cuatro de la tarde, en la FIL de Guadalajara 2026. Dije que Iván, el maestro de la comunicación, estuvo en muchos lugares italianos. Como desde siempre ha sido un gran lector, visitó una de las librerías más famosas del mundo: la Librería Acqua Alta, que está en Venecia. Digo esto, porque al término de la plática por radio, buscó un libro que compró allá, una versión italiana de un libro que le gusta mucho: “El péndulo de Foucault”, del gran Umberto Eco, lo abrió, sacó un separador y me lo obsequió. Dijo que era un presente especial, así lo entendí, así lo agradecí, un separador de una de las librerías más famosas del mundo. Con pasión detalló la novedad de dicha librería, que, dijo, es pequeña, pero está en un lugar que, es inevitable, se inunda de vez en vez. Si ves con atención los dibujitos que acompañan al separador te darás cuenta que hay dos gatitos bonitos que tienen la parte inferior de animales marinos, así, la magia del espacio los convierte en gato caballito de mar y gato sireno. El separador dice: “Bienvenido a la más hermosa librería en el mundo”. Bueno, faltaba más, los italianos así la venden, decimos que hay otras librerías que también son singulares, hermosas, en otras ciudades. No sé cuántas ha tenido oportunidad Iván de conocer, pero ya estuvo en esta bella librería que, ya lo dije, como está en la gran Venecia corre el riesgo de inundaciones, así que, en lugar de tener libros en muebles tradicionales, los libros están colocados en góndolas reales, canoas y bañeras. Si la marea sube e inunda el espacio las barcas se levantan junto con el agua y con ellas también los libros se mueven, como si fueran la metáfora perfecta de la idea del libro, de la idea de la lectura: el viaje. En cuanto llegamos a la oficina busqué imágenes de la librería y encontré parte de lo que Iván, emocionado, contó. El viajero, gracias a la memoria, rescata imágenes del viaje reciente y las potencializa. Al compartir la emoción lleva a viajar un poco a quienes escuchan, a quienes, desde un tiempo presente y en otro espacio puede tocar tantito de esa agua, de esas góndolas, de esos libros, de esos pisos y paredes húmedas. Iván estuvo en Italia, en Venecia, se trepó a una góndola, pasó debajo del Puente de Los Suspiros, disfrutó el recorrido por los canales, caminó por la Plaza de San Marcos, comió una pizza con un buen vino, y entró a la Librería Acqua Alta “e piú de mileniun ga dito che sta librería la piú bela del mondo in veritá la sia”. Ya en nuestro país, abrió la maleta y halló algunos tesoros que adquirió allá. El martes 27 de octubre me obsequió el separador que acá te muestro. Bello, ¿no? Posdata: los gatitos de la ilustración no son gratuitos. En la página de Internet hallé que muchos gatos andan por la librería. El gato volador no tendría mayor problema a la hora que subiera el agua, pero sus primos sí deben trepar a las torres de libros para no mojarse. Se sabe que los gatos, aunque sean venecianos, odian el agua. ¡Tzatz Comitán!

martes, 27 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, DESDE RESTAURANTE SAN NICOLÁS

Querida Mariana: me encantan los restaurantes donde fluye el aire, donde los nísperos están al alcance de la mano. Esta carta la escribo desde el Restaurante San Nicolás, que está (vos lo sabés) a una cuadra de la Unidad Deportiva Víctor Manuel Aranda León. Es el restaurante del hotel. Ya te conté que el hotel es un lugar prodigioso, cuenta con diez cielos. ¿Me equivoqué? ¡No! Digo que son diez cielos, porque cada habitación tiene el nombre de cielo, en diversos idiomas del mundo. Es tan agradable escuchar que el visitante, en lugar de decir un nombre frío de habitación, dice que estuvo hospedado en Tian; es decir, en el cielo chino. Muchos huéspedes dan una vueltita por el exterior de las habitaciones, para identificar cómo se dice cielo en inglés. ¿Vos sabés cómo se dice cielo en escocés? ¿No? Se dice lift. Mirá qué espléndido juego de palabras, porque lift es elevar en inglés, algo de parentesco deben tener, porque ambas palabras aluden al ascenso. No hay cielo subterráneo, a menos que hablemos del Metro. Todos los cielos están colocados en la parte superior, por eso, quienes descansan en una de las diez habitaciones del Hotel San Nicolás, descansan en un ambiente de nubes, a la vera de Hipnos, el Dios griego del buen dormir. Estuve más de una hora, disfrutando del espacio del restaurante y del jardín, donde hay un talud con piedra bola que, presumo, fueron traídas del fondo del río de rancho familiar, en cuyos vados pasaban las carretas jaladas por bueyes, al amparo de las sombras de árboles, padres de la naturaleza que hacen reverencia al agua. La veranda del restaurante es un espacio genial, al fondo escucho las risas de un grupo que desayuna en el otro espacio, el que está al lado de la 4a. avenida poniente sur; escucho música de fondo que viene de un vídeo en la pantalla (... y hay amor desesperado…), el mesero me dice que es una canción de Carlos Rivera. En la entrada del salón principal hay un poema de Rosario Castellanos y en el muro de enfrente un vinil espléndido que juega con piezas de un rompecabezas, donde se lee “Lovely. Comitán de mis amores”, con un collage de imágenes comitecas, donde sobresale, faltaba más, la imagen de nuestro Santo consentido: Tata Lampo. Todo de muy buen gusto, especialmente diseñado para el disfrute de los comensales, para una experiencia gastronómica que alegre el estómago y el espíritu. Posdata: me encanta estar en espacios maravillosos, donde la vida fluye con la placidez de la esencia cositía, con el sabor que se disfruta, que es como un abrazo cálido. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 26 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL NUEVE

Querida Mariana: nueve, nueve, copita de nieve. Ay, qué pena, ya robé una frase del “burro castigado”. Eso pasó por mi mente, a la hora de pensar en el nueve, me ganó la rima. Nueve, nueve, copita de nieve. ¿Sabor de? ¿De guanábana? ¿De melón? Ay, otra vez, cuando aparece la palabra melón, pienso en el juego de entre melón y me lames, quienes hicieron huevo con chorizo, melón puso los huevos y… No, ya, ahí lo dejo. En realidad, quería decir que nosotros, en Arenilla, cumplimos nueve años. En la foto de nuestra revista impresa escribimos “Nueve Estrellas, nueve años, una historia”. En la foto aparecemos Roberto Carlos, Dora Patricia, Cielito, el campeón y yo. Del equipo sólo hizo falta mi Paty, ella siempre se encorajina porque no sale, pero como ella tiene que estar en MARÍA SILICEO – REPOSTERÍA, se pierde las sesiones fotográficas y nuestros lectores se pierden la oportunidad de verla. Asimismo, no hemos podido coincidir con Carlos Rivas, nuestro director comercial en Guatemala. Nos hemos propuesto, para el décimo aniversario, estar los siete integrantes del equipo Arenilla para festejar en grande. Si decimos que en octubre 2026 celebramos nuestro noveno aniversario, queremos decir que, como indica la tradición comiteca, “estamos andando en diez” para sacar ídem. De hecho, en cada número sacamos diez de calificación, por la pasión, entusiasmo, profesionalismo y amor con que hacemos la revista. La hacemos “a la comiteca”; es decir ¡bien hecha! Esto es así, porque tenemos un compromiso moral con nuestros patrocinadores, quienes aportan la paguita para que esta revista siga llegando a manos de nuestros lectores en forma gratuita. ¿Vos tenés idea del costo de cada revista? Si la revista fuera cobrada, no sé cuántas personas sacarían los billetitos de la bolsa para adquirirla. ¿Valoran nuestros lectores el trabajo que hacemos, el tesoro que entregamos en sus manos? Pues como dice la Biblia: hay de todo en la Viña del Señor. Nos hemos topado con lectores que nos felicitan, que nos dicen que hacemos muy bien las cosas, que fortalecemos la cultura de Comitán y de la región. Pero también hay gente que nos menosprecia, que no saben el trabajo que conlleva hacer una revista sinigual, con gran calidad, en su forma y en su fondo. En octubre de 2017 invitamos a muchos amigos para que nos acompañaran en la presentación del número 1. Dicha presentación la realizamos en un lugar emblemático de nuestra ciudad: la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez. Ahora, nueve años después, resuenan las palabras de tío Belis en nuestro espíritu: “Si cada uno de los mexicanos hiciera lo que le corresponde, la patria estaría salvada”. Yo, niña bonita, sólo puedo hablar por mí, por el equipo editorial de Arenilla, así puedo asegurar que, con gran pasión, nosotros hemos seguido el apotegma de nuestro héroe comiteco. Nosotros hacemos lo que nos corresponde para engrandecer a la patria. Por desgracia, la patria no está salvada aún. No podemos hacer más, porque hay un ejército de ignorantes que siguen yendo en dirección contraria. No hacen lo que les corresponde. Pero nosotros, día a día, abonamos la gran ceiba para que crezca fuerte, la abonamos con un “grano de Arenilla”. Cumplimos nueve años en la tierra de los nueve guardianes, comenzamos a andar “en diez”. Nos sentimos satisfechos por lo logrado y fortalecidos para continuar estimulando la cultura. A la hora de apagar las velitas del pastel pedimos un deseo común: que Comitán siga llenándose de luz, que los niños y niñas lean el cuentito que publicamos en cada número, para que sean lectores, porque si leen su mundo será más pleno. Posdata: nos apoderamos hoy de la palabra plenitud, porque estamos plenos, chentos. Siempre le cumplimos a Comitán y la región, a Chiapas y a Guatemala. Hemos conformado una gran comunidad, nuestros esfuerzos tienen un solo destinatario: el conglomerado de lectores y lectoras que reciben la revista con emoción. Seguimos la frase de tío Belis y también la frase de mi tocayo, el francés Dumas: “Uno para todos y todos para uno”. “Arenilla para todos y todos para Arenilla”. Le echemos ganas, es la revista que es orgullo de Comitán y la región. ¿O no? ¡Uf! Nueve, nueve, copita ¿de? ¿Comiteco? ¿Champaña? ¡Tzatz Comitán!

domingo, 25 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON UNA IMAGEN SENCILLA

Querida Mariana: llegué a cargar gasolina. Gasolina para el carro, claro. Quinientos pesos de la verde. Reí, porque pensé: si estuviera en la Ciudad de México, en Tepito, podrían llevarme al “tambo”. Pedir quinientos pesos de la verde, puede prestarse a malas interpretaciones o buenas. Di la llave del auto para que el despachador abriera el depósito, metiera la manguera y despachara lo solicitado: quinientos de la verde; es decir, magna. Vi a distancia a una chica que caminaba por la banqueta, tenía un trasero casi perfecto, como de pera recién cortada del huerto. ¿Cuántos años? ¿Diecinueve? ¿Veinte? Un hombre caminaba en sentido contrario al de ella, cuando pasó a su lado, vi que movió la cabeza como saludando y dos segundos después volvió la mirada para ver lo que yo había visto desde el principio a distancia. Estaba a punto de desviar mi mirada, porque tomé el libro que estaba en el asiento del copiloto, una novela de Saramago: “Las intermitencias de la muerte”, cuando mi mente me envió una intermitencia de alerta, vi hacia la distancia donde estaba a punto de desaparecer de mi ventana la chica de trasero bellísimo, cuando un corredor, también joven, apareció en mi rectángulo de visión, el chico corría hacia donde caminaba la chica, llevaba un trote como de potrillo potente, sus brazos se movían al compás de sus pies, en una armonía maravillosa. Dejé el libro sobre mis muslos, sobre mis muslos quedaron las intermitencias de la muerte, los destellos de la vida estaban frente a mí. Los viejos pensamos mucho en la riqueza de la juventud, a mí me causa una gran emoción ver a chicos y chicas jóvenes que, con total descaro, demuestran su vitalidad. El chico corría, su cuerpo era como de un gamo; la chica no corría, pero caminaba también como si fuese una venadita de cola blanca, con una gran seguridad, la belleza física es uno de los motores esenciales de la autoestima. Vi que el chico pasaba al lado de la chica. ¿Pasaba? No, se detenía, dejaba en pausa su carrera y caminó al lado de ella. El despachador casi me gritó, vi que su mano derecha tintineaba las llaves del tsurito y esperaba que le pagara. Tomé el billete de quinientos que tenía preparado, más una moneda de cinco pesos. Di las gracias, prendí el auto y aceleré sin mucho aceleramiento, porque la escena pinchó el botón rojo de mi morbo. El otro hombre, el que caminaba en sentido contrario, apenas se había atrevido a mover la cabeza como una manera de saludo y luego, morboso, Molinari, volvió la mirada para echar una mirada a ese jugoso fruto; en cambio, este chico, el deportista, con likra azul y tenis de marca, buen cuerpo, había “alcanzado” a la chica y puesto en pausa su marcha para ponerse al lado de ella. ¿Qué había hecho la chica? Avancé tantito con el auto y vi que ella y él platicaban. ¿Eran amigos que coincidieron? O había sido un encuentro como se dan tantos en el mundo, cuando una chica atractiva se deja seducir por un chico atrevido, uno que está sobrado de autoestima, que tiene una gran capacidad para entablar conversaciones y hacerse amigos. Avancé un poquito más, en el carril de baja, y vi que ella, en forma muy confianzuda, le daba una pequeña palmadita en el hombro de él. Él rio, ella hizo lo mismo. Tal vez él había dicho algo gracioso, y ella no sólo rio sino también le dio una palmadita, como para eliminar todos los hilos que impiden el acercamiento. Pensé que la historia era lo segundo, que ellos no se conocían, que ese fue el instante del conocimiento, que había presenciado el instante donde se rompe el huevo de la distancia y aparece la cría que, con su cabecita feliz, aparece en el mundo, ante la vida. Él y ella caminaban en forma plácida, los vi ya como si fueran dos cisnes desplazándose en un lago, en uno de los que tenemos cerca, eran dos bellos animalitos alados. Pensé en el milagro de la novedad, en el primer instante donde dos seres se encuentran y son ellos, pero en sus mejores versiones. Ya luego, ¡ah, la vida!, todo comienza a transformarse, como si la fruta comenzara a pudrirse. El Paraíso fue tal, porque los frutos jamás perdían su redondez, su lozanía, sus jugos esenciales. Posdata: pasé a cargar gasolina, gasolina para el auto, pero yo terminé como recargado, como lleno de energía, bastó ver lo que he narrado para constatar que en cada momento aparecen ventanas plenas, como si en un cuarto oscuro abrieras la puerta y ésta diera a una playa con palmeras, chicas en bikini y chicos fornidos conviviendo, gozando de lo que dijo Sabines: ¡la hermosa vida! ¡Tzatz Comitán!

sábado, 24 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON LIBROS, MUCHOS LIBROS, MUY BUENOS LIBROS

Querida Mariana: terminó la fiesta del libro, la organizada por la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas. Ah, fue un festín. Ya iré contando poco a poco algunas de mis impresiones, de los actos donde pude estar, unos como escucha y otros como participante. Como en cualquier feria del libro en el mundo, hubo de todo. Pocas participaciones de escritores de valía internacional y muchas de nuestros creadores locales. Pero, esta feria sirvió, precisamente, para darnos cuenta que la creación local es amplia, generosa, variada. En la Feria del Libro de Monterrey, alguien dijo, más o menos, que si se habla de la muerte del libro impreso, me da mucho gusto que acudan miles y miles a su funeral. Ah, fue una frase afortunada y más, porque el libro impreso está vivito y coleando, como diría un escritor francés de otro siglo: “los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”. Lo mismo sucedió en la sede Comitán, de la Feria del Libro de la Benemérita UNACH 2026, hubo una gran fiesta en torno al libro impreso, sobre todo, porque también asomó (¡qué bueno!) el libro digital. Digo que te iré contando poco a poco mis impresiones (nunca tan bien aplicado el término de impresión), pero ahora compartiré con vos un textito que preparé para comentar el libro que presentó mi querido amigo, el arquitecto José Alberto Gómez Conde, quien, como dicta el compromiso moral de los comitecos, lo presentó en su ciudad natal, porque dos días antes lo hizo en la capital de Chiapas, con un gran éxito, éxito que se replicó en su Comitán. Lo vi contento, satisfecho por lograr una meta más en su desarrollo profesional, que vaya que es ya muy halagüeño. A las once quince de la mañana del día 22 de octubre 2026, los de la mesa de honor ocupamos nuestros lugares ante un auditorio repleto de entusiastas estudiantes y profesionales que fueron convocados por el tema que trata el arquitecto Gómez Conde. Estuvimos en la mesa, el autor, mi admirado arquitecto Luis Javier Flores Cancino y mi amiga Dora Patricia Espinosa, quien fungió como moderadora. Dora Patricia hizo la presentación del autor y de los comentaristas y permitió que yo leyera en primer lugar. Saludé a la audiencia y leí el textito que preparé especialmente para la ocasión: “Buen día. Estoy al lado de dos expertos en arquitectura, maestros en su profesión. Me siento halagado. Mi actividad profesional es la escritura, creo espacios donde los personajes se mueven. Igual que los arquitectos también invento estructuras. Tal vez sea esto lo que tienen en común ambas profesiones. Al término del libro que hoy se presenta hallé una extensísima bibliografía, que da cuenta de la investigación ardua que realizó José Alberto Gómez Conde, doctor en Valuación y Transferencia de Riesgos. Entre la enorme variedad de libros técnicos hallé uno que corresponde al territorio de la literatura: “Las ciudades invisibles”, de Ítalo Calvino. Esto consolidó mi apreciación inicial: la literatura y la arquitectura son sendas paralelas que, en buena hora, pueden entrecruzarse. Me siento honrado que el día de hoy, esta conjunción se da, estoy ante dos grandes constructores de ideas, ideas que pasan del papel a la realidad. La literatura es llevar al papel el sueño realizable. Digo que el libro del arquitecto es un libro técnico, que habla de casas, que construyen ciudades. Siempre he pensado que estamos hechos del lugar donde vivimos, somos las casas que habitamos. El carácter de un comiteco que creció en los años sesenta, jugando en los sitios de las casas tradicionales, es diferente al carácter de un comiteco que creció en los inicios del siglo XXI donde los sitios ya no son frecuentes. No es lo mismo habitar un departamento que una casa con cuatro corredores y un patio luminoso. Uno de los sueños de las personas es poseer una casa, una estructura donde, como pájaro, pueda construir su nido, su hogar. El libro de Gómez Conde trata de un elemento esencial, que puedo traducirlo en la siguiente pregunta: ¿cuánto vale un terreno? Su especialidad es la valuación, por ello su libro se titula: “Propuesta de factor de ubicación para predios urbanos de uso habitacional”, parecería ocioso preguntar si vale menos un terreno cerca del panteón municipal que otro que esté cerca de la unidad deportiva. No es ociosa la pregunta, porque el precio de un terreno contiene múltiples variantes que puede dar una respuesta no esperada. Piensen en un terreno que tiene una gran pendiente, parecería que no es lo más adecuado, pero en temporada de lluvias las inundaciones le pasan por el costado. El estudio de Gómez Conde lo realizó en nuestra ciudad, Comitán de Domínguez, esto le da un agregado valioso al ensayo. Es posible que este libro sea el primero de su temática que se publica en Chiapas. Esto es un agregado valioso, significa que nuestro paisano abre camino en terrenos sublimes. Felicito ampliamente el trabajo que mi querido amigo realizó, es un aporte para el conocimiento. Él es un talentoso arquitecto, sus estudios profesionales los realizó en nuestra Benemérita UNACH, ya tiene un tiempito de ello. Sin duda que es grato saber que un hijo de esta universidad hoy es un destacadísimo profesional, autor de libros técnicos que aportan al desarrollo de la patria. Aplauso para nuestro autor”. Posdata: al término de las exposiciones de Luis Javier y de José Armando, Dora Patricia Espinosa abrió un espacio para preguntas y comentarios. La audiencia que había estado atenta a nuestras palabras comenzó a participar en forma activa, lo que demostró la valía de este tipo de ejercicios intelectuales, donde las juventudes tienen la oportunidad de conocer de cerca las investigaciones y las experiencias de gente que lleva años en el ejercicio de su profesión. ¿Balance de la feria del libro? Altamente positivo. Alguien se llevó algo y este algo fue de valía espiritual. Digo que ya te contaré más, porque estuve entre el público que fue seducido por la palabra de Marvey Altuzar y de Benito Vera Guerrero, en la presentación del libro del maestro Benito, cronista de La Trinitaria. Eso será en otra carta. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 23 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA CÓMO SOY EL TRAPEADOR DE COMITÁN

Querida Mariana: ayer fue un día espléndido, maravilloso. Mi amiga Dora Patricia Espinosa presentó su libro en la Feria Internacional del Libro de la UNACH 2026. Ya la conocés. Hizo una exposición genial. Al final de su charla, varias personas de la audiencia la felicitaron y le hicieron preguntas acerca del contenido del tema de su libro, que está relacionado con la figura de Rosario Castellanos para hacerla una marca de Comitán. Nuestro pueblo tiene todo para honrar, en serio, a nuestra pichita amada, pero no lo hacemos. Mientras en otros pueblos del mundo aprovechan a sus hijos predilectos: William Shakespeare, Gabriel García Márquez, Pablo Neruda y de más compas y comas, Comitán desperdicia la oportunidad de aprovechar a nuestra máxima escritora. ¿Por qué somos así? Andá a saber. Me sentí contento por la recepción del libro de mi querida amiga y porque fue comprendida la grandeza de su trabajo que, si alguna autoridad o la sociedad en su conjunto, le hacen caso Comitán tendrá un gran desarrollo comercial, industrial e intelectual. Ahora viene el quejitas. ¿Por qué a mí me agarran como su trapeador? ¿Por qué me dejo? Sucede que en la mañana, mi amigo el arquitecto José Alberto Gómez Conde me invitó para hacer comentarios al libro que presentó, también un libro excelente. Acepté su invitación, le dije que era un honor. La presentación fue de once quince de la mañana a doce y diez del día. ¡Chin! Resulta que un maestro de la Universidad Nacional Rosario Castellanos me invitó para que a las doce diera una charla a un grupo de estudiantes de turismo, algo acerca de los productos culturales como incentivo para la actividad turística. Acepté. Esto me obligó a decirle a mi amigo José Alberto que me permitiera salir cinco minutos antes de las doce para correr hacia el Museo Rosario Castellanos donde se efectuaría la plática. José Alberto, amable, dijo que no había problema. Así, cinco minutos antes de las doce, anunció que este tiempo era como “mi mundialito”, porque estaba enredado en muchos actos culturales, así que iba a retirarme antes. Salí casi corriendo y llegué, acezando, al museo. ¡Nada! Ahí no tenían noticia alguna. Revisé mi celular y hallé un mensaje de la persona que me invitó, que iban retrasados, la cita sería media hora más tarde. Volví al Centro Cultural Rosario Castellanos y todavía alcancé algo de la interesante sesión de preguntas y comentarios. Como Dora Patricia Espinosa fungió como moderadora en ese momento terminó su chamba, ya me acompañó al museo: doce treinta y cinco, doce cuarenta, doce cuarenta y cinco. ¡No! ¡Ya no! Me agarran como su trapeador, le dije a mi amiga de la recepción del museo que si llegaban los estudiantes dijera, por favor, que ya me había retirado. Era el colmo. ¿De verdad? No el colmo llegaría más tarde. Fuimos a comer mi Paty, Dora Patricia y yo al Restaurante Doña Chelo. Todo sabroso, a la hora que salí encontré en el parabrisas del tsurito un papel, ¡ah, multa! Me quitaron la placa. Luego contaré este desaguisado. Sabemos que los de vialidad sólo se dedican a quitar placas, porque deben entregar una cuota diaria para engordar las arcas públicas. Ya luego te platicaré del tema. No me enojé, acababa de comer rico, ese detalle no iba a echar a perder mi día. ¿Más? Pasamos a casa, mi Paty se quedó ahí, tomé seis librincillos de los que al rato presentaría en la feria. Pasamos a la oficina, Dora Patricia Espinosa tomó su computadora, hizo un repaso mental: ahí iba el video de mi presentación (dura como veinte minutos) y las diapositivas para su presentación. Llegamos a la UNACH media hora antes del inicio de mi participación. ¿Con quién se ve lo del video? Con anticipación dijimos a los mandamases de la universidad que necesitaría pantalla. Dejé que Dora Patricia viera lo del video. Media hora después me dijo que no podía proyectarse. Estaba una autoridad y dije que correspondía a ellos solucionar el problema. Los minutos pasaron, vi que nadie hacía algo para subsanar el problema. La sala ya estaba llena de chicos y chicas, ellos, estudiantes de Contabilidad, aprovechaban el tiempo para hacer tareas en unas hojas verdes que aún utilizan. Subí al escenario (es un decir, me senté en la gradita), tomé el micrófono y dije que las personas encargadas de proyectar el video eran ineptas, no había una persona que pudiera subsanar el detalle, así que manifestaba mi molestia (otra vez fui tratado como trapeador). Un viejo de sesenta y nueve años no tenía un poco de empatía. ¡Tontos! Así que dije, no podía hacer la presentación, porque el video era la introducción, lo había hecho especial para esa tarde, quería mostrar algo bonito, algo decente. Salí de la sala muy molesto. Alguien de la universidad me alcanzó en el patio y dijo que yo debía llegar mucho antes, mucho antes. Pensé que ella pensaba que yo era Lila Downs y debía hacer prueba de sonido muchas horas antes. Se trataba sólo de proyectar un video. Posdata: dos amigos míos estaban en la sala, el médico veterinario José Ramón Domínguez y el arquitecto José Alberto, ellos viendo que yo era tratado como trapeador se afligieron, se acercaron a la computadora y diez minutos después solucionaron el desperfecto. ¡Geniales! ¿Alguien de la UNACH? ¡Nadie! Bueno, sí, ellos, porque ambos son destacadísimos hijos de la UNACH, así como yo. Cuando hay voluntad se solucionan los problemitas. Cuando no, el mundo se hace tacuatz. Posdata: al final, hice una rápida presentación, cumplí. Se proyectó el video y dos personas se acercaron a decirme que había estado muy bien el video. Dos, fue ganancia. Yo lo hice con mucho cariño, para que la presentación no fuera tan sosa. Tenía razón Polo Borrás, que con su pan se lo coman. Ya hice la promesa de no volver a aceptar invitaciones ni de irme a meter donde soy mal recibido. Pero, fue un día prodigioso, mi amiga Dora Patricia presentó su libro y fue un acto sensacional. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 22 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, CON CAJITAS

Querida Mariana: sabés que pinto cajitas. Existen personas que las disfrutan, que las compran. En el pueblo (¿cómo dice eso de no hay profetas en…) he vendido muy poco. Pero vendí mucho en Puebla, ¡en Puebla!, y vendí también en Oaxaca, ¡Oaxaca, la tierra de los grandes artistas plásticos! Sigo pintando, porque me divierte, porque lo hago con pasión, porque siempre habrá gente que disfrutará mis creaciones. ¿Te comparto una primicia? Participaré en el XXVI Festival Internacional de Las Culturas y Las Artes Rosario Castellanos 2026. No seré profeta a quien le compran obra, pero sí soy un artista reconocido en el pueblo, me aplauden, pues. ¿Qué fue lo que dijo aquel compa?, no podemos comer del aplauso. En fin, estoy muy quejitas, esta mañana. Es que lo hago, porque no creo en eso de que “alabanza en boca propia es vituperio”. ¿Qué significa vituperio? ¡Saber! Cuando hablo de mi obra lo hago convencido de que soy un artista único y no me interesa la opinión de mis detractores, que no saben de arte, ni son buenos lectores de la vida. ¡Qué bruto, sigo trepado en la cruz! Perdón, querida mía, pero si no vomito con vos, todo queda trabado en mi garganta. Si supieras que muchas personas han admirado mi obra, me ofrecen comprarla, cuando se enteran del precio ponen su cara comiteca acostumbrada al regateo. Digo: no compas, es mi trabajo, es mi inspiración, es mi talento, no hay una obra igual en todo el universo, ni siquiera en el planeta Xsirysio119. ¿Puede ser a pagos? Eso sí, pero que no sea pagos cada dos años. ¡No, cómo podés creer! Entonces se llevan el cuadro y no los vuelvo a ver. Vos sabés cómo son esas historias, un compa presta dinero y el que pidió prestado se evapora. No vuelve a dar la cara. Hay gente miserable. Uf. Ya vomité. Vos, qué necesidad tenés de estar soportando mis bilis. Lo hago para que la bilis no se enrede en mi hígado bonito, precioso, gran compañero de mi cuerpo. Digo que pinto y soy un pintor exquisito, único. ¿Torcidas las caras que pinto? ¿Torcidas las manos, los pies, los cuerpos? Sí, todo torcido. Es mi estilo. No hay cuerpo perfecto, aunque alguien pretendió decir, en los años setenta, que Bob Derek era 10, la mujer perfecta. Pero, como dijo nuestro amigo El Panda, hasta la mujer más guapa hace su bola de caca. Ay, perdón, qué vulgar soy, me convierto en un desagradable. Pinto cajitas, bien bonitas. Hace dos mañanas llegué a la oficina muy temprano y, en la banqueta de enfrente, estaban dos personas lijando unas cajitas de madera de pino. Me acerqué, como lo hubiera hecho si hubiese visto libros. Supe que eran comerciantes de Veracruz, preparaban las cajas que ofrecerían en el pueblo. Me encantó esa coincidencia, saber que madera de Veracruz estaba en esas cajitas que, amorosamente, habían trabajado. Vi que todas tenían chapa y llavecitas, muy sencillas, pero continuando con la tradición donde las cajitas sirven para guardar objetos preciados, no tanto de valor económico como sí de valor sentimental. Una prima mía, que un tiempo vivió en el estado de Veracruz, tenía una cajita bien bonita, con llave, ahí guardaba su Diario, donde consignaba los actos más relevantes de su día a día. ¿Cajitas jarochas pintadas por un artista comiteco? No lo pensé dos veces, revisé el bolsillo de mi pantalón y me alcanzó para comprar dos. Solamente dos, pero me emocionó la posibilidad de que esas cajitas emocionen a alguien más y las compren. Me emociona pensar que alguien pueda dar una cajita como presente. Posdata: ahora tengo dos cajitas de madera de pino, veracruzanas, las pintaré con emoción, como siempre lo hago. Soy feliz, recordá que cada día recuerdo lo que dijo el gran pintor y caricaturista Abel Quezada: “la pintura es la libertad total”. Cuando pinto ¡soy libre! Soy libre cuando leo, cuando escribo, cuando estoy con vos, cuando camino por nuestro Comitán, cuando voy a mi parque central, cuando veo que alguien se emociona con mis cajitas pintadas y las adquiere. Soy feliz cuando el mundo se acomoda muy cerca de mí, cuando se vuelve gato y me ronronea y, sin sacar las uñas, me da la manita y yo pienso en mi papá, quien amaba los gatos, porque, siendo niño, jugaba con un gatito en la bodega de la tienda del tío Víctor. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 21 de octubre de 2026

CARTA A MARIANA, COMO EN LOS TIEMPOS DE CORTÁZAR

Querida Mariana: Nos invitaron para dar un tallercito de redacción. Aceptamos. El lunes 19 de octubre 2026 fuimos al campus Comitán de la Benemérita UNACH. Fueron dos sesiones de dos horas cada una, de once y media a una y media y de cuatro y media a seis y media, más o menos. Los participantes del tallercito fueron estudiantes de la licenciatura en Administración. El primer grupo estuvo conformado por alumnos y alumnas de Administración y de Gestión Turística y el segundo grupo lo integraron estudiantes del quinto semestre de Administración. Siempre que hay una invitación similar hay un poco de inquietud. ¿Cómo recibirán los chicos la presencia de dos extraños? Por eso, al inicio les hicimos ver que se trataba de una actividad para beneficio de ellos y ellas. Nosotros ¿qué? Nada. Pero como siempre sucede, la interacción fue sensacional. Reconozco que mi amiga Dora Patricia Espinosa tiene una gran habilidad para incentivar a la juventud. Preparó un temario donde los participantes estuvieron atentos y cuando les tocó redactar lo hicieron en tal forma que nos sorprendieron. Nosotros y ellos estuvimos de acuerdo: tienen talento, sólo falta aplicarse. Así lo entendieron los talleristas y las dos sesiones resultaron muy gratas, todos estuvieron muy participativos, hasta contentos. Yo, me conocés, hice mi mejor esfuerzo. Dora Patricia me dijo que no lo dijera, pero ¡lo dije! El ensayo puede sintetizarse en tres pasos fundamentales, pasos que tienen mucha semejanza con el acto sexual: primero, la introducción; luego, el desarrollo; y por último, la conclusión. Y cuando terminé de decir el último paso bajé mi mano como si fuera un pájaro con el pico hacia abajo. Todos rieron. Yo aseguré que jamás olvidarían los tres elementos del ensayo. Cuando enuncié el primer paso, con una voz un poco de cabaret a media luz, un chico rio y dijo: ya le entendí. Vaya. Yo, como siempre, fui como el Teo González, Dora Patricia fue la académica formal, les puso ejemplos de Julio Cortázar y de Tito Monterroso, luego fragmentos de canciones donde los talleristas escucharon atentamente y luego redactaron tres líneas con lo que el ritmo les sugería. Hubo grandes ejemplos de imaginación, el texto de una alumna casi casi fue un cuentito redondo. Digo que Dora Patricia mostró un ejemplo de Cortázar en la pantalla. Cuando comenzaron a redactar las tres líneas de su imaginación, algunos participantes dijeron que no tenían pluma ni lápiz (lo que hemos dicho, muchos estudiantes actuales ya no escriben como lo hicimos nosotros en el aula). Una chica, Heidi Aguilar López, dijo que escribiría en la aplicación de su celular. Perfecto. Se trataba de hacer el ejercicio, de jugar con las palabras. La vi a distancia y ¡oh, la la!, ella, en lugar de escribir con los dedos gordos como la mayoría de personas, usó los índices, sí, igual como escribía Julito Cortázar en su máquina mecánica, máquina donde escribió sus cuentos y sus novelas. A diferencia de muchos escritores que usaban todos los dedos de las manos para escribir a máquina, Cortázar sólo empleaba los dedos índices, hay fotos que dan testimonio de ese procedimiento. Me encanta imaginar a Julio jugando con los dedos índice brincando de una tecla a otra, sin duda que esos dedos encallaron (uso el término para decir que terminaron con callos, no para decir que encallaron como navíos que no podían seguir, porque la imaginación de Julito fue un enorme trasatlántico que nunca dejó de navegar por los procelosos mares). Vi a Heidi y ahí mi mirada sí encalló en ese iceberg fabuloso. Vi que ella, con determinación movía sus dedos índices en busca de la tecla precisa para buscar la palabra o para buscar el signo de la coma o del punto. Desde que supe que Julio Cortázar escribía así no había visto a alguien hacerlo. Julio no creería que ahora Heidi escribe así en su teléfono celular. Sé que ella lo hizo así, porque tenía un soporte para colocar el chunche, porque cuando no hay sostén todo mundo detiene el celular con ambas manos para escribir mensajes y sólo nos quedan libres los dedos gordos y con ellos apretamos las teclas. Heidi me regaló un instante sublime. Cuando le pedí permiso para subir la fotografía, le expliqué que el gran escritor Cortázar, autor de “Rayuela”, escribía así en la máquina de escribir mecánica. Posdata: sabés que Julio Cortázar es uno de mis escritores favoritos de todos los tiempos. Me encantan sus cuentos. ¿Su poesía? No, su poesía no. ¡Tzatz Comitán!