Arenilla
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jueves, 30 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN LAMENTABLE DECESO
Querida Mariana: falleció nuestra vecina Doña Lesvia. Su casa está a media cuadra de la oficina de Arenilla. Hace pocos meses también falleció la maestra Dely, cuya casa está precisamente frente a la de Doña Lesvia.
Medio Comitán conoció a Doña Lesvia o, como en mi caso, escuchó hablar de ella. Doña Lesvia es un personaje mítico de esta ciudad. Yo escuché hablar de ella desde niño, recordá que yo nací en 1957, en un Comitán donde la mayoría de personas nos conocíamos. Alguien, no sé quién, en una plática deslizó el nombre de Doña Lesvia. A mí me gustó el nombre, nunca había escuchado tal nombre. ¡Lesvia! En el pueblo había mujeres que se llamaban Carmelita, Caralampia, Sara, Toña, Elena, Maty, Juanita y demás, todos los días, en las pláticas de las señoras escuchaba estos nombres, pero jamás había escuchado el nombre de Lesvia. Se me quedó en la memoria. ¿La conocí alguna vez? Es probable. Parece que ella fue famosa por su relación en el mercado. ¿Tenía un puesto ahí? No lo sé, pero su historia se deslizaba de vez en vez.
Ahora que falleció, me llevé una gran sorpresa. ¿Sabés cuándo nació? En 1917. ¡Dios bendito! Fue una mujer muy longeva, porque si le echamos lápiz andaba rondando los ciento nueve años, ¡ciento nueve años! Esto indica que fue una de las mujeres más longevas del pueblo.
No me quedé con la duda, pregunté con el doctor Alfonzo y, en efecto, él corroboró lo que dije líneas arriba, Doña Lesvia tuvo un puesto en el mercado de Jesusito, que después se convirtió en el Centro de Convenciones (nunca que se sepa hubo una sola convención), recinto que era ocupado para fiestas y ceremonias de graduación. El edificio tiene un valor histórico y un valor arquitectónico indiscutibles, porque el techo tiene forma paraboloide y algunos expertos dicen que puede ser diseño del famoso arquitecto Candelas, pero la mera verdad es que no es un diseño muy funcional. El diseño original fue para el mercado, ahí, digo, Doña Lesvia fue muy conocida, por su carácter, por su temple de mujer fuerte. Tuve oportunidad de conocer el plano con la planta del mercado, su distribución era muy simpática, todos los puestos conformaban algo como un panal, llamaba la atención el diseño, pero, como digo, no era lo más práctico, porque la mayoría de mercados del mundo tienen una distribución de retícula, con pasillos donde se puede distribuir perfectamente los puestos. El mercado de Jesusito era como un laberinto, simpático, pero impráctico.
Cuando se convirtió en Centro de Convenciones todo mundo se dio cuenta de la pésima acústica, las ceremonias de graduación no eran cómodas, porque el sonido se perdía en las bóvedas.
Pero, además tiene otro inconveniente, es un captador infame del calor. Cuando el licenciado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez, actual secretario de salud de Chiapas, fue presidente municipal me honró con el nombramiento de director de cultura y la oficina se pasó a ese edificio, junto con otras direcciones del Ayuntamiento. Dos días después de haber inaugurado las oficinas, todos los directores nos pusimos de acuerdo y solicitamos al presidente nos proveyera de ventiladores, pucha, el calor de Arriaga y el calor de Tonalá son un simple juego ante la concentración de calor que se da en ese edificio, con muy poca ventilación. Así que el gran diseño del gran arquitecto Candelas no es óptimo. Muy bonitas las formas del techo, pero con serias deficiencias en su funcionamiento.
Un día, las autoridades decidieron sacar a los mercaderes y se pasaron a la Central de Abasto, no sé si Doña Lesvia se pasó para allá. Fue famosa en el mercado de Jesusito.
Volví a escuchar el nombre de Doña Lesvia cuando su familia sufrió un acontecimiento trágico, su hijo, que estudiaba el bachillerato, falleció en un viaje de prácticas que hizo con sus compañeros. El impacto, como es comprensible, fue devastador para ella. El nombre de Doña Lesvia volvió a escucharse en todo el pueblo, porque ella, para honrar la memoria de su hijo, colocó una serie de foquitos y sonidos de pajaritos en la tumba de su hijo, luces y sonidos que no tuvieron un instante de descanso. Los pajaritos sonaban noche y día. Todo mundo reconocía la tumba. Así se lograba el deseo de Doña Lesvia, que la memoria de su hijo no se perdiera en el tiempo, logró que fuera recordado en forma permanente, la gente entra al panteón, camina por la calzada principal y se topa con la tumba de su hijo y la historia aparece. Ahora, cuando se supo del lamentable deceso de Doña Lesvia, alguien en redes sociales dijo que ya va al encuentro de su hijo Aarón.
Posdata: se murió una leyenda del pueblo. Doña Lesvia concitó muchas amistades. El día de su fallecimiento hubo mucha gente en su casa, porque ahí la velaron. El jueves 29 de julio de 2026, a las diez de la mañana salí de la oficina y escuché sonido de banda, vi que muchos vecinos salían a sus puertas y veían el cortejo fúnebre. Los restos de Doña Lesvia estaban en la carroza y eran acompañados por amigos, familiares y una banda. El sonido de la tuba sonaba como un silbato de barco, dando adiós a una gran mujer de Comitán. Descanse en paz doña Lesvia Cancino Ramos, quien, según la información de la Funeraria Figueroa, nació el 28 de noviembre de 1917 y falleció el 28 de julio de 2026.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 29 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON YERROS
Querida Mariana: debo confesar que admiro al escritor Juan Villoro, sobre todo me gustan sus crónicas. Desde que platiqué un ratito con él en San Cristóbal de Las Casas, he visto muchos podcasts donde habla de su obra, de otros escritores y de fútbol, además de otras vainas. Es un excelente conversador. El otro día, en esa ruta de hallazgos del Youtube encontré una charla que tuvo en TvUNAM, con la actriz Sofía Espinosa, ganadora del Ariel a mejor actriz en algún año del Señor. En el Internet encontré que el Ariel lo ganó con su personaje en la película Gloria, cinta con guion de Sabina Berman, que trata algo de la historia de la cantante Gloria Trevi, historia dramática que fue muy conocida.
Me dispuse a disfrutar el programa de Villoro con Sofía. La dinámica del programa es que el invitado lleva libros que le hayan significado algo en su vida y el conductor o la conductora (Sofía, en este caso) leen los fragmentos seleccionados por el invitado.
El podcast está disponible en Youtube, así que podés darle una vueltita.
Ya te conté que en los años setenta, en la Ciudad de México, escuchaba dos estaciones de radio: La Pantera y Radio UNAM (que era mi universidad), en La Pantera escuchaba lo de moda, música pop; y en Radio UNAM conciertos con música clásica. Desde entonces y desde siempre pienso que en la UNAM se da la excelencia, académica y cultural, así que un programa en TvUNAM garantiza calidad. ¡Cómo no! Para muestra, la presencia de Juan Villoro.
Digo pues que me dispuse a disfrutar el programa de Villoro con Sofía, sin tener mucho conocimiento del trabajo de la actriz, porque no recuerdo haber visto alguna cinta donde ella aparezca. El programa inició, vi a Sofía, muy sonriente, bonita, con una blusa colorida en tonos marrón y detrás de ella (como era de esperar) un librero, con libros y una máquina mecánica antigua. ¡Perfecto! Cuando la conversación inició, ella presentó su emoción de estar con Juan con unos grititos que sonaban a ¡Wow!, la primera vez me cayó simpática, luego ya se hizo chocante el ¡wow! repetitivo. Bueno, pensé, la actriz no tiene más admirativos, le hace falta guion. Pero no sólo le faltó guion, también le faltó un poco de cultura lectora, porque cuando comenzó a leer lo hizo un poco titubeante, como si fuera una niña de secundaria ante sus compañeros y un maestro exigente (ella se disculpó diciendo que la letra del libro viejón que llevó Juan era muy pequeña).
Juan platicó sus inicios como escritor (la anécdota conocida de tener entre sus manos, en su adolescencia, la novela “De perfil”, de José Agustín).
El primer fragmento que Juan sugirió fue del libro “Rayuela”, del gran Cortázar (por eso y otras cosas admiro a Villoro). Sofía leyó el fragmento.
La conversación continuó (con los wows de Sofía) y llegó el momento de que leyera un fragmento de otro libro que Juan llevó: “Crimen y Castigo”, de Dostoievsky (por eso Juan me cae bien). Y Sofía abrió el libro y leyó, un poco trabadito. En la lectura de Sofía se le atravesó la palabra “inquisitivamente”, pero no la leyó así, la leyó diciendo: “incuisitivamente”, “incui”. Oh, tal vez fue la primera vez que se topó con dicha palabra y la leyó mal. Va, pensé, sigamos, pasa nada, a todos nos pasa.
Un poquito más adelante se le atravesó la palabra “menester” y la leyó así: “menéster”. Ah, Sofía, ¿qué pasó? Vi la cara de Juan, impertérrita, como si oyera llover sobre un techo de nubes. Bueno, dije, él sabe que no todo mundo es buen lector y, sin duda, sabe de memoria el fragmento.
Dos segundos después (exagero) volvió a aparecer la primera palabra y la repitió mal: “incuisitivamentre”. Pensé que no era un dislate, era algo recurrente en su mente lectora. En ese momento pensé enviarle un correo indicándole los yerros en su lectura, para la siguiente.
Posdata: por fortuna, Sofía le pidió a Juan que leyera el texto “El puño en alto”, de su autoría, que escribió a propósito del terremoto ocurrido en los años ochenta, en la Ciudad de México. Juan lo leyó, bien leído, dándole el tono adecuado, mi maestro de primaria diría que leyó “de corridito”. Bien. Muchos lectores dicen que ese textito es un poema, Juan dice que es una letanía. Oh, pensé, ¡wow!, dije.
¡Tzatz Comitán!
martes, 28 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON PICHULEJ O PECHULEJ
Querida Mariana: la foto es de privilegio, pero te cuento: el 25 de julio de 2026, Dora Patricia y yo fuimos a la Independencia. Fuimos a dos actos importantes, uno fue la visita de Doña Sofi Espinoza donde entregó apoyos de movilidad y medicamentos especializados; y el otro acto fue el inicio del mercado agroecológico que se llama Semilla de La Independencia.
Antes pasamos al mercado y luego fuimos a esperar la llegada de Doña Sofi. El mercado se realizó en el Parque Recreativo, que es un espacio arbolado, maravilloso, a la entrada de la población; el acto del DIF estatal se efectuó en el domo del parque central, que a las once de la mañana ya estaba lleno de personas oriundas de la cabecera y de otros lugares del municipio.
El mercado agroecológico reunió a una serie de productores con diversas propuestas, ahí saludamos al ingeniero Sebastián López, al ingeniero Jorge Castellanos y al poeta Arbey Rivera; visitamos los diferentes stands con variadas propuestas, todas muy interesantes, con venta de huevos, de conejos, de verduras orgánicas, antojitos y diversos productos artesanales. En un corredor hallamos a la señora Flor Figueroa, originaria de La Independencia. Ella es hija de Doña Consuelo Figueroa, quien durante muchos años se dedicó a la actividad que ahora su hija realiza. ¿Ya viste de qué se trata, ya viste qué tengo en la mano izquierda? Es un rollo de pichulej (en algunas partes también lo mencionan como pechulej, pero la señora Flor me dijo que el término que ellas usan es ¡pichulej!). En la novela “Balún Canán”, de nuestra escritora comiteca Rosario Castellanos, hay mención del pichulej, que, como ves, es una cinta hecha con palma, con ella hacen sombreritos o canastos. Doña Flor me sorprendió con unos tortilleros bien coquetos y con unos servilleteros (todos los restaurantes de la región deberían usarlos, porque es un detalle genial, que fortalece la identidad de nuestros pueblos).
Dora Patricia tuvo el privilegio de filmar el proceso del tejido, trenzado, de la palma, Doña Flor con una gran habilidad cortó cuatro “hilos” de una palma y comenzó a entretejerlos, con ello nos demostró el trabajo que realizan para hacer el “carrete” que se usa para confeccionar las artesanías. Mi mamá me contaba que cuando yo era un niño, muchas mujeres llegaban a la casa y se ponían a trenzar las palmas, entregaban los rollos que luego mi papá utilizaba para confeccionar sombreros, el gran sueño de mi papá era exportar esos sombreros a USA, nunca consiguió su deseo, alguna piedra se le atravesó en el camino.
Doña Flor nos platicó que, antes, cuando las mujeres de La Independencia iban hacia Comitán (lo hacían caminando), mientras platicaban y medían sus pasos, evitando las piedras, ellas iban muy hacendosas con las manos, trenzando la palmita, para completar el rollo (olvidé preguntar la cantidad de metros que tiene cada rollo).
Dora Patricia compró un rollo, dijo que lo llevaría a su abuela, porque Mamati alegraría su recuerdo al tener entre sus manos el pichulej. También de esto estamos hechos los comitecos y la gente de nuestra región. Acá me ves con una cachucha que me regaló mi compa Quique, que tiene bordado al frente la palabra Japón (el presidente Sebastián me preguntó si en realidad era yo japonés o sólo era una palabra en la gorra. Dora Patricia asegura que cuando saludé al presidente no me reconoció con la gorra. Cuando me preguntó, yo, en plan de broma, hice una reverencia ante él, como es costumbre de los japoneses. ¡Menos me reconoció! ¿Tendré cara de japonés, seré medio pariente de Akira Kurosawa o de Murakami?). Cuando fui niño, recuerdo que mi mamá me ponía un sombrerito de palma, de los que hacían en casa. Con algún método de tinte lograban pintar algunas cintas de pichulej y le daban colores vistosos al sombrerito que, como comprenderás, en su mayor parte tenía el color maravilloso natural.
Posdata: felicité a Doña Flor por continuar con la tradición maravillosa. ¡Pichulej!, qué bonita palabra. Rosario Castellanos la escuchó siendo niña, tal vez ella también tuvo un sombrerito hecho de palma, hecho por las maravillosas manos de artesanas de la región.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 27 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON EL LIBRO DE LAS EDADES
Querida Mariana: por la película se puso de moda el libro. He leído comentarios de lectores y cinéfilos, todos coinciden en decir que el libro es superior. Hablo de La Odisea. No he visto la película, esperaré que llegue a las plataformas, ahora sólo se puede ver en las salas cinematográficas. Hace años que no voy a las salas. Nunca sucedió esto en mi juventud. De niño y adolescente iba casi a diario al Cine Montebello o al Cine Comitán, ahí disfrutaba los panes compuestos y las órdenes de tacos dorados, que eran riquísimos.
No he visto la película y sólo recuerdo algunos pasajes del libro, porque lo leí hace muchos años. En su momento, la lectura me deslumbró. Ah, la historia del compa que vuelve a su tierra Ítaca, uno de los pasajes más memorables es cuando se ata al mástil para no caer seducido ante el canto de las sirenas.
En lo que llevo escrito me doy cuenta que el tiempo ha pasado, no me refiero sólo al tiempo de mi escritura, sino al tiempo al que aludo: desde los tiempos de la Grecia Clásica hasta mis tiempos de cinéfilo en los cines de mi pueblo.
Ahora busco el dato y encuentro que La Odisea fue escrita muchos años antes de Cristo y dicen que su autor fue Homero, quien, según muchos críticos literarios, fue ciego. Por esto último, muchas personas dicen que el poema La Odisea fue escrita en forma coral, por una serie de rapsodas.
Es impresionante cómo podemos eslabonar tiempos en el recuerdo, cosa que jamás puede hacerse en la realidad. El tiempo es como la escritura, tiene una secuencia y en esa secuencia se diluye el tiempo.
A veces, una persona saluda a un amigo y le dice: “Bárbaro, el tiempo no pasa por vos”, lo dice como un elogio y la otra persona bromea: “No, no pasa, se queda en mí”. He dicho en varias ocasiones que descreo un poco de que la vejez es mental, ¡no!, la vejez es un proceso natural que, poco a poco, mina fortalezas del cuerpo. Un viejo con buena salud, buenos hábitos, deportista, sin vicios, no puede compararse con un joven que tiene la misma disciplina. Algo ha sucedido en el cuerpo del viejo, para decirlo pronto: el cuerpo ha envejecido. Claro, el ser humano que se cuida llegará a tener una vejez digna, cosa que no logrará la persona que le dio gusto al cuerpo y llegó a excesos. Quien se cuida tiene un desarrollo físico menos agresivo, pero, como dice el dicho: “el cuero se arruga”.
El otro día me apareció en redes sociales el canta autor Joan Manuel Serrat, era un video más o menos reciente, en el video Joan Manuel decía: “Me gusta la vida, me gusta estar vivo y sentirme útil, por eso me revelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación. Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos”.
¿Sabés cuántos años tiene Serrat? Tiene ochenta y dos. Como decimos en Comitán “está andando en los ochenta y tres”. Anda bien, pleno de vida. Se mantiene muy bien, física y mentalmente, pero su rostro ya tiene algunas arrugas y su cabello no es el mismo que tenía en su juventud. Es un hombre que transita por la vida con dignidad, porque, ¡eso sí!, la vejez no significa que ande uno arrastrándose por los caminos de la vida. Al contrario, si bien el tiempo ha colocado algunos achaques al cuerpo, ha quitado cabellos a la cabeza y pintado de blanco lo que antes fue colorida melena, también ha sembrado experiencia, conocimiento. El mismo Joan Manuel Serrat, hace muchos años, cuando tuvo una dolencia severa dijo, más o menos, que lo importante no era lo que nos sucedía sino la manera que teníamos de encararlo. Él lo encaró bien y sigue brindando su talento a la sociedad, nos sigue regalando reflexiones.
Yo estoy andando en los setenta, el otro día hallé a un compañero de generación de secundaria, nos saludamos en el parque central, mi parque, le pregunté cómo estaba y me dijo: “Estamos caminando”, le dije que se veía muy bien, pero él me sorprendió con la frase: “No creás, estoy como el salvadillo, bofo por dentro”.
Posdata: él camina todos los días, pero me dijo que ahora camina menos. Me sorprendió la frase, lo dijo con humor, casi riéndose. Supe que sólo en Comitán alguien diría esta frase, porque no en todo mundo hay salvadillo. En cuanto llegué a la casa abrí un salvadillo y vi que, en efecto, no tiene la consistencia de un pedazo de rosca. Bofo es la definición perfecta para un salvadillo. Él comparó a su cuerpo con un salvadillo, se ve lustroso, lindo por fuera, pero por dentro ya no está la fortaleza de un joven de veinte. La vejez ¿es algo mental? No, es algo físico. Claro, si me cuido podré ser un viejo con una edad digna, que el tiempo no haga destrozos que sí hace en otros cuerpos descuidados. Tal vez ahora sea bueno decir las palabras de una canción de Serrat: “todo pasa y todo queda”. Pasa el tiempo, se queda el tiempo. Pasa la vida, se queda la vida.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 26 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, DONDE SE PREGUNTA POR QUÉ SOMOS COMO SOMOS
Querida Mariana: Octavio Paz, en “El laberinto de la soledad” nos dio un gran acercamiento de la personalidad de los mexicanos. Ayer, en Comitán, en una combi de transporte público, leí una frase que ve todo mundo: “Date tu chingado gusto”, el letrero estaba escrito en grande, en un lateral exterior. Pensé que las combis públicas son un gran escaparate para anuncios publicitarios. Esto no era un anuncio, más bien era como una recomendación de libro de motivación.
Imaginá que todo mundo le hiciera caso a la frase, pensalo tantito: “date tu chingado gusto”. Si se razona tantito, uno no puede hacer lo que la frase pregona, pero pensé que medio mundo sí le hace caso a tal recomendación, somos pues mexicanos, un país donde “la vida no vale nada”, donde gritamos a cada rato que “para morir nacimos” y sentenciamos que “sólo una vez se vive”.
La frase es temeraria, porque hay de gusto a gustos. Llama la atención la construcción de la frase, es un derroche de síntesis, porque dice lo que debe decir en sólo cuatro palabras, una de ellas muy mexicana, muy de nosotros.
Date, así comienza la frase; es decir; concedete el privilegio de hacerte tu gusto, porque el gusto es tuyo y nadie más debe gobernar sobre tus decisiones.
Digo que hay muchos gustos, tantos como seres humanos existimos en el mundo. Pensá en varios ejemplos donde el gusto está por encima de todo, pensá en la persona que padece azúcar y tiene gusto por probar un pastelillo. La razón exigiría pensarlo más de diez veces, pero la frase motivadora de vida diría: “date tu chingado gusto”.
Digo que son cuatro palabras, no más, la segunda es muy explícita, se trata de ti, de tu persona, de tu vida, de nadie más, así que si dedicís darte tu chingado gusto está bien, porque está dictado por vos, vos sos quien decide cómo vivir su vida.
La tercera palabra, chingado, es una palabra que deriva de la chingada, ya Octavio Paz nos dijo que ésta refiere a la madre violada (vituperada, agredida) y tiene su inicio con el conflicto de los conquistadores españoles y los conquistados aztecas. Por eso, cuando decimos que algo está de la chingada pensamos en lo peor, el acto nos refriega nuevamente esa tragedia suscitada hace cinco siglos, ¡cinco siglos!, ay, qué ganas de seguir sufriendo. Para trascender este complejo sería necesario que la palabra chingada desapareciera del diccionario y del habla diaria, pero sólo de pensar en dicha cancelación decimos que sería tanto como volvernos mudos, porque la chingada con sus demás hijitos es parte intrínseca de nuestra cultura, por eso, el filósofo chofer de la combi comiteca la usó en una de sus dos acepciones, porque chingado se usa para hablar de un mal (me ha chingado) o para denotar contentura (estuvo de poca, chingado). El chingado gusto es el gusto mayor, el que hace el ser humano porque así se le da la gana, el cantante Antonio Aguilar, hace años, ya sentenció que “hay que darle gusto al gusto”, que ningún deseo se quede sin cumplir en la vida.
A las personas que no son disciplinadas, que, por el contrario, son displicentes y el sentido de culpa lo botan en el basurero, les cae como anillo al dedo la frase de la combi: “date tu chingado gusto”. A final de cuentas, como también dice una frase muy mexicana: cada quien puede hacer lo que se le dé la chingada gana. Pero, como dije antes, hay millones de gustos, todos variados. Si el compa hace lo que quiera ¡no hay problema!, es muy su gusto, muy su gana, muy su cuerpo; el problema aparece cuando el gusto de una persona pasa a joder al semejante. Hay mil historias de personas que desearon algo intensamente y pasaron a joder vidas ajenas. ¿Ya pensaste en algunos ejemplos? Mil ejemplos, ¿verdad? ¡Cómo me gusta ese reloj! La mamá diría: ese reloj tiene dueño, pero el diablito jodón diría: date tu chingado gusto, y te tomaría de la mano para que la estiraras y te adueñaras de algo que no era tuyo. Como este ejemplo, ¡hay mil más! Mil más relacionados con el hurto, va desde el objeto mínimo hasta cosas grandes, ya ni pongo ejemplos, porque en México tenemos muchos que son conocidos por todos, sólo ignorados por lo que el amigo llama “señor justicia”.
Y los ejemplos dados tienen que ver sólo con robos, pero vos sabés que hay mil temáticas donde darse el gusto pasa a joder vidas ajenas, el deseo es vecino de la envidia y la envidia es pariente cercana de la violencia.
Posdata: leí la frase simpática: “date tu chingado gusto”, ahí va el mensaje por las calles comitecas y los lectores sonríen y siguen su camino. No sé qué tanto se queda dicho mensaje subliminal en las mentes, no lo sé.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 25 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON EL POETA DUVALIER
Querida Mariana: Antonio Duvalier Haro me envió esta joya. ¿Ya viste? Es el reconocimiento que obtuvo el poeta Armando Duvalier, “el alquimista”, en el año 1958.
Armando Duvalier fue amigo cercano de nuestra Rosario Castellanos, no sólo él, también su esposa, Carmita Haro. Hay una fotografía muy conocida donde está Rosario con Carmita y los tres hijos de ésta. Hasta donde sé, los nombres de los hijos son: Armando Duvalier Haro, Agustín Duvalier Haro y Antonio Duvalier Haro, quien hizo favor de enviarme este reconocimiento. En la foto están en un patio luminoso, Rosario está sentada en una poltrona, Carmita está a su derecha, de pie, y los tres pichitos los acompañan, el menor de los hijos está sentado en un borde de la poltrona, al lado de Rosario y el niño tiene un balón en sus manos, uno de esos viejos balones de fútbol soccer, que eran costurados. Se ve parte del corredor, una puerta de madera, el piso enladrillado y parte de unos arriates y macetas con flores. Entiendo que la fotografía fue tomada en el patio central de una casa de San Cristóbal. Antonio, sin duda, tiene el año exacto de esa fotografía, porque ahí está. Se supone que Antonio es el niño que sostiene el balón, que está sentado al lado de nuestra gran escritora. Antonio ha contado que él y su mamá estuvieron en el aeropuerto la mañana aciaga en que llegó el ataúd con los restos de Rosario, en un vuelo desde Tel Aviv; vieron la llegada de Luis Echeverría, presidente de la república, para que luego le hicieran un homenaje a Rosario en el vestíbulo de Bellas Artes, posteriormente todos fueron a la Rotonda de los Hombres Ilustres (hoy se llama Rotonda de las personas ilustres) donde, en tarde lluviosa, depositaron los restos de la comiteca, lugar donde reposan (te conté que en diciembre de 2025, luego de ir a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, la delegación de Arenilla viajó a la Ciudad de México y Dora Patricia y yo fuimos a la rotonda a visitar la tumba de Rosario (en el Uber que tomamos vimos, en la avenida Constituyentes, el edificio moderno que construyeron en el predio donde estuvo la casa de Rosario, frente al bosque de Chapultepec).
El documento que hizo favor de enviarme Antonio Duvalier Haro, hijo de Armando Duvalier y de Carmita Haro, es histórico y tiene relación directa con la historia de nuestro pueblo, porque fue entregado al poeta quien mereció el primer lugar en la categoría de poesía, en los primeros juegos florales realizados en Comitán. El reconocimiento dice lo siguiente:
“La corresponsalía del Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas otorga el presente Diploma al señor Armando Duvalier en atención al mérito que reúne su poema “Cuando te nombro Chiapas”, que de acuerdo con el fallo del H. Jurado Calificador obtuvo el 1er. lugar (sección de poesía) en sus Primeros Juegos Florales, organizados por esta institución y celebrados en esta ciudad el día 28 de septiembre de 1958. Año del IV Centenario de Comitán. Jurado calificador” Vienen las firmas del jurado. El pergamino tiene el escudo del estado de Chiapas en la parte superior y en la inferior aparecen un dibujo de la fachada del templo de Santo Domingo, unas orquídeas, la Pila y en el hueco central el León, el Junchavín y las nueve estrellas que son símbolo de nuestra ciudad.
Posdata: documento valioso para nuestra identidad. El Ateneo, uno de los grupos culturales más importantes del estado, fue fundado en 1948. Los más altos intelectuales de Chiapas formaron parte de él. En el pueblo hubo una corresponsalía y ésta organizó los primeros juegos florales, diez años después de fundada la institución y el poeta Armando Duvalier fue el primer galardonado, con el poema “Cuando te nombro Chiapas”. Ahora, Comitán olvidó esta tradición cultural. En Tuxtla, con motivo de la feria de San Marcos siguen realizándose los Juegos Florales, en poesía y en cuento. Bien.
El poeta Enoch Cancino Casahonda obtuvo el primer lugar en los segundos juegos florales de Tuxtla Gutiérrez, con el poema “Canto a Chiapas”, que también es un canto de amor a la tierra. El poema de Cancino Casahonda es el más conocido, el poema de Duvalier debería darse a conocer más.
El poema de Duvalier inicia así:
“Chiapas, para nombrarte es necesario / llevar entre suspiros tu presencia / y arrancarle a los ojos la elocuencia / para servir tu corazón agrario…”
El hijo del poeta Duvalier me cuenta que hay un intento real de que Pijijiapan, tierra de origen del poeta, lleve su nombre, así como Comitán es de Domínguez, Pijijiapan sería de Duvalier, como un homenaje a Armando. Sería un gran reconocimiento, en este país la mayoría de poblaciones reconoce a personajes históricos, políticos, hay algunas excepciones. En Chiapas tenemos algo que parecería incomprensible en estos tiempos de la 4T: San Cristóbal honra a un fraile que nació en España. ¡Tómala! En contraposición, Tuxtla honra a un liberal de tiempos de Benito Juárez: Joaquín Miguel Gutiérrez. Tapachula honra a mi sexto tío abuelo: Matías de Córdova, quien nació en esa ciudad, pero era hijo de padre español y madre española y, además, fraile dominico. Si viajamos a Cintalapa hallaremos, ¡oh, sorpresa!, que es de Figueroa en memoria del poeta Rodulfo Figueroa. ¿Pijijiapan será Pijijiapan de Duvalier? A Rosario Castellanos le habría dado gusto recibir la noticia que su amigo ha sido honrado de tal manera; así como a Duvalier le habría dado gusto enterarse que el 25 de mayo de cada año, la bandera nacional se izará a toda asta en honor a Rosario Castellanos, gracias a una iniciativa de la diputada federal Karina Trujillo, paisana nuestra.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 24 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON TEJAS
Querida Mariana: soy privilegiado. En mi infancia viví en una casa con balcones. Vos sabés que el mundo se ve diferente desde un espacio superior. No sé qué tiene esa perspectiva, pero posee un misterio. Ayer vi una película donde aparece Sean Connery (el primer James Bond), el actor ya está maduro en esta cinta, representa a un escritor que, después de obtener la gloria por la primera y única novela que escribió, se recluye en un edificio, en el barrio del Bronx, en un departamento superior, desde ahí logra ver lo que sucede abajo y su afición es retratar a pájaros que vuelan por ahí. Todos los de abajo ven hacia arriba y detectan un ligero movimiento de cortinas, el escritor ve todo con una gran visión.
Ahora, en la oficina (vos sabés que estamos en una planta alta) tenemos dos balcones, en la misma calle donde está la casa de mi infancia (ahora sólo existe la fachada, porque tiraron todo el interior y lo convirtieron en un estacionamiento). Ahora que te escribo puedo ver parte de dos fachadas de casas que están enfrente. Una de las casas está en la esquina, ahí hay un negocio muy reputado “Semillas San Isidro” y la belleza es que tiene un techo de dos aguas ¡con tejas! La otra casa tiene en el copete superior una celosía que le da una vista simpática, el techo ya está hecho un tachilgüil, tiene filas de láminas de asbesto (que están prohibidas en países desarrollados, porque, dicen, con el tiempo sueltan residuos que son cancerígenos) y remata en la cima con una hilera de tejas (sin duda que en sus buenos tiempos tuvo teja en lugar del asbesto). En esta casa están las oficinas del PRI municipal.
Mi vista se detiene, como pajarito, en el techo de tejas, esto alimenta mi espíritu, porque los comitecos y comitecas estamos hechos de esto, por eso cuando escuchamos el nombre de Yalchivol nuestra alma brinca la cuerda, como niña alegre, porque en este barrio tradicional es donde hacen las tejas y los ladrillos que, desde siempre, han formado parte de las residencias de Comitán. Sí, niña querida, venimos del barro y unos son más barrio que otros. He vivido en el centro histórico, en mi infancia a media cuadra de mi parque, el central, y en mi adolescencia y vejez en el barrio de Guadalupe, en mi adolescencia en una casa enorme, en mi vejez en un huevito.
Y digo que soy privilegiado, porque, a pesar de que mi casa de infancia tuvo patio central, corredores majestuosos y un sitio lleno de luz y de árboles, lo mismo que mi casa de adolescente, ambas casas tuvieron techo de lámina de asbesto, crecí escuchando el sonido de la lluvia como si manos divinas tocaran el bongó en forma de blues o de jazz sincopado.
Ya te conté que, siendo adolescentes, mi amigo Memo llegaba a casa cuando amenazaba lluvia y se quedaba a dormir, porque le encantaba el sonido de las gotas brincando sobre el techo de zinc, su casa ya tenía losa. Mi casita de viejo tiene también lámina de zinc, más gruesa que la de infancia, pero la lluvia sigue bailando sin zapatos de ballet, una ligera lluvia suena como si corriera una recua de búfalos, todo se magnifica.
Posdata: desde la oficina, desde el balcón, veo el techo de la casa de Semillas San Isidro, como si fuera un ejército en desfile, las tejas forman hileras bien alineadas, bien dispuestas, hay un acomodo que sólo los albañiles expertos reconocen, ahora cuento siete hileras y la octava tiene cemento, luego cuento otras siete y la octava tiene cemento. ¿Cómo se detienen las siete sin cemento? También tiene cemento la cúspide y la fila horizontal que está antes de la que anticipa el vacío. La lluvia suena diferente sobre los techos de teja, son pasos seductores, como si la lluvia fuese un alambrista que pisa la cuerda con cuidado.
Mi mirada se ha llenado de techos de teja, mi oído siempre ha recibido los impactos de la lluvia sobre láminas de zinc.
Ahora, desde la oficina, todos los días veo tejas, al fondo hay una palmera sembrada en otra casa, en la avenida, mi vista se regodea feliz con tal vista. Sería completamente feliz si pudiera usar la aplicación que elimina alambres, porque ahora Comitán (como muchas ciudades del mundo) padece la plaga de decenas de alambres. Sólo me conformo cuando veo esos tanatitos que, me cuentan, aparecen cuando algún pajarito caga al posarse en un alambre. ¿De verdad es así? Si esto es así, vale recordar la fábula del pollito y la vaca. El pollito iba a ser devorado por un águila, se escondió debajo de la vaca y ésta defecó sobre él. El águila se fue porque no encontró a su presa. Moraleja: no todo el que te caga es tu enemigo.
En mi infancia los techos de teja eran más y no había tanto alambre, la vista volaba libre como pichón.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 23 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN DICHO
Querida Mariana: la tía Hermila repetía este dicho: “Donde te metiste, un día fuiste”. Nosotros éramos niños, nos reíamos, la remedábamos, en cualquier instante del juego, alguien se paraba, hacía como que se limpiaba las manos con un mandil y decía: “donde te metiste, un día fuiste” y nos reíamos, a veces descubríamos que la tía Hermila fisgoneaba desde la ventana de la cocina y, muy seria, se limpiaba las manos con el mandil y desaparecía, pensábamos que regresaba a los oficios, a calentar los frijoles en la olla de barro o a echar las tortillas en el comal, para luego colocarlas en un tortillero con un trapito limpísimo.
Todos crecimos, también ella, nosotros fuimos a estudiar la profesional en la Ciudad de México y ella se quedó en Comitán. Ahí fue creciendo, mientras nosotros lo hacíamos en la CDMX (antiguo Distrito Federal). Crecimos, pero nosotros lo hicimos para arriba (no tanto, pero sí dimos el estirón), en cambio, ella lo hizo para abajo. Quién sabe qué ley física hizo que su cuerpo se fuera encorvando y en lugar de crecer hacia el cielo lo hizo mirando para el suelo.
En vacaciones regresábamos al pueblo, íbamos a visitar a la tía Hermila, ella, encorvadita, nos recibía con afecto, nos consentía, nos daba a beber el chocolate más exquisito que jamás probamos y hacía unas tortillas con frijol molido, doradas en el comal, también la cosa más rica del universo. Servía una salsa verde molcajeteada; delicias que en la gran ciudad era imposible degustar. Jalábamos una silla y la invitábamos a sentarse con nosotros, ella sonreía, se sentaba y viéndonos decía: “Donde te metiste, un día fuiste” y dejaba pasar unos segundos antes de preguntar algo de nuestras carreras, de nuestras aventuras en el DF. Ella escuchaba, luego volvía a pararse y nos preparaba más tortillas con frijol, la plática se desviaba por otras sendas y ella, desde el fogón, celebraba nuestras boberas, que Armando salpicaba con alguna mala palabra, pero en un tono tan pícaro y afectuoso que la tía disfrutaba nuestra plática de jóvenes sin rumbo fijo. Muy pocos chicos saben leer la brújula a esa edad, la mayoría tiene brújulas tatarateras, desguanzadas.
En el DF recibimos la noticia, llegó Armando y apenas abrimos la puerta dijo: “Se murió”, hizo como que se limpiaba las manos con un mandil y todos supimos, todos a una voz dijimos: “Donde te metiste, un día fuiste”.
Ahora que seguimos creciendo, pero ya mirando el suelo, la recordamos. Yo, con frecuencia, pienso en la frase que decía, que nos heredó. Pienso que nunca entendí bien el mensaje. Si todavía la recuerdo es por la rima, que es buen recurso nemotécnico. ¿Qué significa la dichosa frase, el dicho? Sigo sin entenderlo bien a bien. Como la frase está separada con una coma la analizo así: en dos partes. La primera dice, más o menos que, en un momento dado llegaste a un sitio (“donde te metiste”), la segunda parte es más confusa, porque el término “fuiste” es ambiguo, se puede interpretar como el acto de llegar, fuiste a tal lado; pero también puede entenderse como una conjugación del verbo “ser”: fuiste; entonces, llegaste a un lugar porque fuiste; o llegaste a un lugar y ahí ¡fuiste!
No sé de dónde ella pepenó la frase, pero la repetía constantemente como un tesoro vocal, que no debía olvidarse. Ahora nosotros la seguimos recordando, recordamos la frase y con ella recordamos a la tía Hermila, el impacto de la palabra, ésta sigue plena, ha crecido en el aire, jamás se dobla, nunca se encorva, ¡al contrario!
Repito la frase, el dicho. No hago como que me seco las manos con mandil, porque no la remedo, al contrario, repito las palabras como si fueran un mantra. Aún no consigo descifrar su significado en totalidad, pero la adopto en sus dos significados: estoy en este sitio porque yo me metí, porque fui (a veces son sitios innobles y causan problema, por el contrario, a veces son buenas elecciones y cuando son estos últimos lugares ¡crezco! ¡Soy!).
Posdata: la tía usaba lentes para leer, siempre tenía puesto un mandil albo, a veces hacíamos apuestas: ¡a que nunca se lo quita! Dormía en un cuarto que tenía en el fondo del sitio, las dos recámaras que estaban en el patio central las destinaba para las visitas.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 22 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON UNA ENTRADA O SALIDA
Querida Mariana: esta fue la entrada de casa. Si ponés atención verás un entablado enfrente. Entiendo que esos terrenos eran de la familia Pedrero, luego cambiaron de dueño, se volvieron de la familia Bermúdez. Bueno, también mi casa pasó a ser parte de la familia Bermúdez (casi casi dueños de media ciudad Peluche).
La puerta del portón está semiabierta, se ve el vochito que fue de mi papá. También se ve un niño tratando de darle a la piñata, con forma de cabeza de conejo. Hoy, las piñatas son diferentes, ya no usan ollas de barro (dijeron que al quebrarse volaban los tepalcates y más de un niño sufrió una rajadura de cabeza), hoy las piñatas son de cartón, todas bofas, ya no se escucha el sonido del palo pegando contra la olla de barro, hoy el sonido es opaco, blando, como de pie metiéndose a un agua pantanosa.
La imagen de esta fotografía corresponde a un cumpleaños de uno de mis dos hijos. Mi Paty invitó a las amigas y los amigos que tenían criaturitas y éstas llegaron al festejo. Yo siempre agradecí mucho la convocatoria, me causaba pánico que nadie llegara. Cuando la fiesta iniciaba yo entraba en un estado de conmoción, como hasta la fecha, pensando en qué forma se divertirían los invitados, me ponía un corsé de fierro pensando que yo era el anfitrión (nunca se me ocurrió hacer lo que ahora hacen los papás que rentan un salón con cancha de fútbol, donde los niños se divierten al máximo y cuesta hacerlos llegar para la quebrada de la piñata y luego que se sienten ante la mesa donde está el riguroso pastel con velitas). Cuando termino un libro, lo envío a la editorial y llegan ejemplares a la casa puedo hacer una presentación virtual o una preventa también virtual. ¿Una presentación presencial? ¡Ya no! Padezco el síndrome de la quinceañera despreciada, la que baila el vals sólo con sus chambelanes. ¡No! Viva la paz, machete estate en tu vaina. Nada de presentaciones donde la gente difícilmente acude. ¿Amigos? Ah, pues, querida niña, los amigos están siempre dispuestos a llegar al festejo donde hay trago para celebrar. ¿Libros?
Alguien de casa hacía favor de colgar la cuerda para la piñata; asimismo, alguien sostenía la cuerda para hacer bambolear la piñata y que a la hora que el niño soltaba el batazo la piñata se elevara. Tal vez yo tomé la fotografía, era mi manera de estar presente sin tener mayor responsabilidad. Los fotógrafos siempre tienen la responsabilidad hermosa de estar en todos lados sin hacer más que oprimir el botón disparador.
Algún amigo mayor sostuvo la cuerda e hizo favor de que el conejo brincara hacia arriba y hacia abajo; algún amigo, también, comenzó a cantar: ¡dale, dale, dale, no pierdas el tino!, y alguien más lo siguió y palmeó mientras el chico con el palo de escoba, pintado de naranja, hacía intentos por darle en la nariz del conejo.
Siempre pensé por qué las formas de esos tiempos eran cabezas de animales. Los animalistas de ahora hubiesen protestado. Las formas tradicionales eran estrellas de varios picos. Bueno, tampoco era una buena lección. ¿A qué mortal se le ocurría golpear estrellas, despanzurrar estrellas?
El portón de la casa era grande, alto. Cuando mi papá mandó a construir la casa era distribuidor de la Coca Cola, por ese portón pasaban los dos camiones repartidores. Al fondo estaba la bodega, generosa, amplia; y más al fondo el llamado sitio con muchos árboles frutales. Mi papá, siempre cuidadoso mandó a pavimentar el traspatio y le dejó arriates para las plantas y para los árboles (recuerdo árboles de durazno, de aguacates, de guayabas, de limas y de naranja agria, más una mata que daba uvas verdes, riquísimas). Una de las flores consentidas de mi papá era el clavel, sembró claveles y mandó a hacer con un herrero unas pequeñas circunferencias metálicas que evitaban que las plantas se fueran hasta el suelo con el peso de las florecitas. A veces, cuando voy a su tumba procuro comprar un ramito de claveles para colocar en los maceteros que están al aire libre.
Donde se ve un niño sentado iniciaba uno de los tres corredores que circundaban el patio lleno de luz, de sol, también con arriates bien diseñados y flores. En dos de los corredores, donde había ventanales mi papá también mandó a construir unas jardineras que siempre tenían flores hermosas.
Posdata: el pastel del cumpleañero lo hacía mi mamacita, era la tradición, lo hizo conmigo cuando fui niño y luego lo hizo con sus nietos. Cuando a mí me ofrecían un pedazo de pastel en casa ajena lo recibía, pero sólo lo jugueteaba, porque a mí me gustaba el que hacía mi mamá. Llegó el tiempo que dejé de comer pastel, mi mamá también dejó de hacerlo. Sólo hacía roscas que llevaba al Café Gloria, donde lo vendían por pedazos. De ahí sacaba algo de paguita mi mamá.
¡Tzatz Comitán!
martes, 21 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON MUJERES
Querida Mariana: cayó en mis manos este librincillo. Es un ensayo de la gran escritora española Rosa Montero. Sí, ahora todo lo de España está de moda. Cómo no, su selección de fútbol se coronó campeona del Mundial 2026 (espero que la FIFA ya haya abandonado su pretensión de apropiarse de palabras del castellano. ¿Recordás que prohibió que usáramos la palabra Mundial en medios de comunicación? Qué boba, sobre todo cuando en la final se enfrentaron dos seleccionados de habla española).
Digo que este librincillo cayó en buenas manos, porque como mirás es un estudio acerca de personajes femeninos. He visto que en los últimos tiempos hay muchos escritores e historiadores que se han dedicado a hurgar en vidas de personajes masculinos, para no ir muy lejos, acá en Chiapas el querido y admirado Juan Carlos Cal y Mayor, quien falleció hace poco desgraciadamente, su última obra fue “Yo, Maximiliano. El sueño del colibrí” donde revisa la personalidad del esposo de Carlota. ¿Mirás cómo lo dije? El esposo de Carlota, porque si recordás en la portada del gran libro “Noticias del Imperio” del maravilloso escritor Fernando Del Paso, aparece Carlota, quien durante mucho tiempo fue conocida como Carlota de Maximiliano, pero ahora se le da un poquito la vuelta. Algunas escritoras han dicho ya, refiriéndose a la escritora Elena Garro, que Octavio Paz fue su esposo, porque Elena está considerada como una de las grandes narradoras de este país, basta recordar su libro: “Los recuerdos del porvenir”, que es un novelón (no me quedaré con las ganas de decir que otro libro de Elena se llama “Testimonios de Mariana” y siempre que me topo con el lomo en mi pequeño librero me acuerdo de vos, bueno, esto es como una hipérbole porque en cada esquina pienso en vos, por eso a veces choca mi pie con una pinche laja).
El libro de Rosa se llama, como ya lo viste: “Historias de mujeres”, el planteamiento es muy interesante, porque ella dice que no habla de mujeres perfectas (no las hay, como tampoco hay hombres perfectos, la imperfección es marca de los seres humanos, por fortuna. Bueno, los argentinos sí creen que son perfectos. Ay, Señor, cómo les dolió perder contra España). Mirá qué dice la Montero: “…no creo que las mujeres tengamos que ser forzosamente admirables, sino que además lo que reivindico es que podamos ser tan malas, tan necias y tan arbitrarias como lo son los hombres en ocasiones…”
Cuando leí estas líneas pensé en nuestro pueblo, donde hemos tenido de todo, nunca (como dice Rosa) una mujer perfecta, pero sí mujeres que han contribuido a la construcción de nuestra sociedad. Ya te conté que en una ocasión platiqué con la maestra de teatro y narradora Lupita Alfonzo, y ella, después de que brindamos con un buen tequila, dijo: “vos y yo no cabemos en Comitán, Alejandro”, pero pues ella lo intentó contra todo y yo ahí la llevo. Pienso que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Ella lo dijo porque su vida no fue fácil, era una mujer combativa, desde adolescente, era rebelde, era contestataria, era incendiaria y para el tiempo donde ella creció Comitán aplaudía a las mujercitas recatadas, sumisas (a poco no eso fue la famosa Natalia Rovelo, quien abandonó sus sueños y a todo respondía “sí, papá”, de acuerdo a lo que contó Óscar Bonifaz, el edificio donde ahora está el Teatro de la Ciudad es un monumento a esa sumisión, el padre prometió mandar a hacerle una hermosa residencia, siempre y cuando obedeciera sus órdenes en forma completa).
Si mirás con atención la portada verás un collage de rostros femeninos, por ahí aparece uno muy conocido para nosotros: el de Frida Kahlo, una mexicana famosísima en todo el mundo, que no fue una perita en dulce, ella fue rebelde, inquieta, creadora sin ambages, revolucionaria, en el plano sexual se acostó con hombres y mujeres, no con cualquier hombre (para muestra ahí están Diego Rivera y también Trotsky, cuando estuvo en México, país donde lo asesinaron), no con cualquier mujer (la periodista Anita Bremen y la cantante Chavela Vargas, la cantante le dedicaba “Paloma negra”, y remarcaba el principio: “Cielito, ¿qué me hiciste?” y seguía: “tus caricias deben ser mías, de nadie más”.
Posdata: en 1950, al presentar su examen profesional en la UNAM, para obtener el título de Maestra de Filosofía, Rosario Castellanos se preguntó: ¿existe la cultura femenina? Setenta años después, Rosa Montero nos entrega una serie de biografías de mujeres que siempre estuvieron, que nos negamos a ver con toda su fuerza, con toda su plenitud, de seres humanos. Esto da una respuesta positiva a la pregunta de Rosario, quien también fue una rebelde a través de sus palabras.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 20 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN CAMPEÓN DE VIDA
Querida Mariana: ¡sí, es foto de privilegio! Estoy con Charly, él es un chico formidable. No hay adjetivo para honrar su genio.
Charly nació con Síndrome de Down, una condición especial. Por suerte él nació en un hogar con una mamá y un papá excepcionales. La mañana que estuve en casa de Charly, su mamá comentó que en cuanto su hijito nació los médicos le dijeron que había nacido con SD. La noticia fue inesperada, pero segundos después la mamá y el papá dijeron que Dios les había hecho un regalo especial, especialísimo. La mamá todavía se cimbra cuando recuerda cómo algunos expertos recomendaron terapias especiales a partir de los catorce días de nacido, terapias difíciles de hacer para una criaturita, pero la mamá supo que ahí estaba la diferencia y ahora, cuando Charly tiene más de treinta años de vida, cuando es un triunfador, un hombre completo, la mamá y el papá se sienten orgullosos porque desde el primer día hicieron lo correcto: amaron a su hijo, lo respetaron y le proveyeron todo lo que era necesario. Charly estudió un rato en el Colegio Mariano N. Ruiz (ahí lo conocí), el lema del colegio es “Hacer lo ordinario de manera extraordinaria”, la mamá y el papá de Charly han hecho cosas extraordinarias para que su hijo haga todo lo ordinario en forma espectacular.
No hay adjetivos admirativos que hablen de la grandeza de Charly, del hogar de Charly. Todo ahí es como una bendición divina, como un corazón que da flores cada mañana, una campana que toca en madrugada a la hora que canta el cenzontle y riega sueños, sonrisas, voluntades, aire a toda asta.
No hay adjetivos, la vida de Charly es un enormísimo barco que boga en mil mares, un árbol que medita desde hace años y se concentra en afianzar sus raíces; Charly es una orilla siempre dispuesta, es afectuoso, impalpable en su cariño a la vida. La mañana que estuve con él me acarició la panza y dijo: ¡jo jo! Su mirada es como un sol en lo alto, pero cálido, afectuoso, como era el sol en mis tiempos de niño acá en Comitán. Charly me abrazó, me besó en la mejilla. Charly es así, un niño que es marea permanente, una multitud de bondad en uno solo, una corriente de relucientes primaveras.
Charly posee mil dones y los reparte como si fuera un canasto de mimbre lleno de frutos buenos. Estuve con él más de dos horas, su papá y su mamá ofrecieron un vaso de agua con fruta natural; pensé que Charly (cuando lo conocí le decía Carlitos) es esa mano que da de beber al sediento. Los seres humanos, los mayores, no lo sabemos, no lo reconocemos, pero siempre necesitamos esa flor que Charly da en forma generosa. Cuando él me abrazó, cuando me besó en la mejilla, cuando expresó su afecto sin par, sentí que estaba en una sesión de terapia sanadora. Su mamacita le dio terapias cuando era un bebé, casi un recién nacido, le dolía en el alma, pero los expertos le dijeron que eso haría la diferencia. La diferencia es notoria, su mamá se partió el alma porque supo que ahí le estaba restaurando el espíritu a su criaturita y ahora este niño es un chico que salva todas las distancias del mundo, del universo, su desarrollo flota en la genialidad, en la blancura de lo notable.
Ahora todo mundo de acá sabe que Charly es integrante de la Selección Mexicana de Fútbol, nuestro hermoso comiteco estará representándonos en el Mundial para personas con Síndrome de Down, que se celebrará en Mérida, Yucatán.
Posdata: te conté, querida mía, que a mediados del siglo pasado, cuando una criaturita nacía con SD la escondían en su casa, la recluían. La mamá de Charly, desde el primer momento lo sacó a la calle y mostró la carita de su bebé con gran orgullo: ¡es mi hijito!, decía, mi criaturita, con gran orgullo, es el regalo que Dios me envió. Ahora, Charly se muestra al mundo con ese mismo orgullo, es un chico que abre los brazos y recibe la vida cada mañana, una vez que se llena de esa energía, vuelve a abrir los brazos y reparte energía vital. Yo fui de los privilegiados al estar junto a él una mañana en su casa. ¡Jo jo!, dijo al acariciarme la panza. Él acaricia la vida. En un momento pidió tomarse una fotografía con su papá y su mamá y les pidió que se besaran y él los abrazó. Charly es un campeón, pero sobre todo es un niño que cuelga destellos en las calles y en los árboles para que el mundo tenga un poco de luz, un poco de altura, un poco de polvo de estrellas.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 19 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON DURAZNITOS
Querida Mariana: los duraznos los hacen en dulce. No hay como los duraznos pasa que hacen en San Cristóbal de Las Casas. No sé bien, pero entiendo que en aquella ciudad hay muchos árboles de durazno. Por ahí, en el camino de Teopisca a San Cristóbal he visto muchos árboles. Cuando es temporada se cuaja (no el chulul) sino el durazno. Casi casi como está cuajado este arbolito que está en la casita de campo. Mi mamá siempre estuvo pendiente, todavía tuvo el privilegio de comer uno o dos, pero este año (que mi mamacita ya no está) el árbol se llenó de duraznos. Un día, Doña Gloria me dijo que viera el árbol, porque desde su casa vio que el árbol de duraznos ya estaba “rosadeando”. Llegué a la casita y, en efecto, el árbol ya tenía unas ramas como acá se ven, pandeadas de tantos frutos.
No recuerdo bien la historia de este arbolito, entiendo que Don Abelardo llevó la plantita a petición de mi mamá y la plantó. Mi mamá, como siempre, se encargó de verlo crecer, de que estuviera bien atendido. Cuando mi mamacita falleció llegó Mauricio, quien hizo favor de podar algunas ramas que ya tocaban la ventana de una recámara. No sé si esta poda (los expertos podrán aclararlo) sirvió para que en esta temporada el arbolito esté como aparece en la fotografía, pleno, generoso. Cuando Doña Gloria me advirtió que los duraznos ya estaban para cortarse tomé una bolsa de tela y, por primera vez en mi vida, tuve el gusto de elegir y cosechar, yo que nada hice para que este milagro se diera. Corté muchos, ya en su punto. Le llevé unos cuantos a Doña Gloria y cuando llegué a casa le mostré la bolsa a mi Paty, ella de inmediato dijo: los haremos en dulce (siempre vio a mi mamá prepararlos, con una miel especial y un poco de canela). Yo he comido la cosecha al natural, los lavo, les quito la cáscara mondándolos con un cuchillo, tal como me enseñó mi papá, quien amaba este fruto, tal vez lo amaba porque, ya lo dije, en su pueblo natal hay muchos árboles de durazno. Recuerdo que en dos ocasiones mi padrino Ramiro Ramos Ruiz (el del supermercado las tres erres) me llevó a un terreno que tenía y mientras él cortaba unos duraznos excelentes me los pasaba para que yo los depositara en un cesto de mimbre, un cesto con buena altura. Regresábamos a la casa y en la mesa del comedor, una mesa amplia, mondábamos los duraznos y los disfrutábamos, yo lo hacía acordándome de mi papá, así como ahora comí los de la casita de campo en nombre de mi mamacita. Mi Paty de inmediato dijo que a mi mamá le habría encantado ver así el árbol, el arbolito que cuidó. En la casa de mi adolescencia, la que mi papá y mi mamá mandaron a construir, teníamos dos patios (dos sitios) y en uno de ellos había un árbol de durazno, junto a otros árboles frutales. Nunca me acerqué, más que para cortar algunas uvas de una plantita que mi mamá había cuidado y mi papá había ordenado que le pusieran una especie de tapesco con malla de alambre. Las uvas colgaban del tapesco, era una cascada prodigiosa de verdes.
En Comitán no he probado los duraznos pasa que sí hacen en San Cristóbal, con esto quiero decir que acá el durazno pasa no es manufacturado con el ánimo que lo hacen allá. Cuando viajaba a San Cristóbal le traía duraznos pasa a mi mamá, siempre y cuando estuvieran frescos. Ah, es un dulce exquisito. Recuerdo que la primera vez que probé un durazno pasa fue un día “de mulitas”, en el corredor del portal que está frente al parque central, muchas personas tienen la costumbre de vender mulitas hechas con “doblador” y muchos dulces tradicionales. En esa ocasión, yo era niño, el color de esos duraznos llamó mi atención: ah, que color tan cardenal, tan dátil, tan petirrojo arrecho. Le pedí a mi papá que me comprara uno, lo probé, luego fui con mi mamá y le pedí que me comprara uno (no dije otro, porque ya sabía la respuesta), así, ese día disfruté dos duraznos pasa y supe que San Cristóbal era una ciudad dulce, amable, generosa.
Nunca me sedujeron los duraznos en almíbar, siempre preferí los pasa y los naturales. No llaman mi atención los melocotones, siempre he preferido los duraznos “coletos” y ahora los duraznos “cajcameros” que fueron bendecidos por las manos de Don Abelardo y las de mi mamacita.
Posdata: nunca había disfrutado replicar el acto que realizó Eva al cortar la manzana. Eva y Adán gozaron del Paraíso sin haber soltado una gota de sudor, porque todo les fue dado. Conmigo pasó lo mismo, sólo alcé la mano, agucé la vista y corté los frutos más apetecibles, los más rosaditos. Ahora, en casa, a la hora del desayuno corto dos o tres y los disfruto, los celebro, los como honrando la memoria de mi mamá y la memoria de mi papá. El durazno es un fruto delicioso.
Cuando comí los dos duraznos pasa en San Cristóbal, siendo niño, el padre Juan Bermúdez, mi tío, me abrazó y dijo: “ya vi que te gustan los duraznos aplastados” y rio, como reía cuando llegaba a la casa y platicaba con mi papá, acompañados de dos vasos con traguito.
¡Tzatz Comitán!
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