Arenilla
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miércoles, 14 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON MODELOS RETRO
Querida Mariana: en la segunda quincena de septiembre dos personas me han dicho abuelito, así, en voz alta. Pucha, ni tengo nietos. La primera persona que me lo dijo fue alguien mayor que yo (se miraba a leguas), un campesino que me saludó muy amable y dijo: “adiós, abuelito”, no supe qué decirle, digo que era mayor que yo, no podía decirle: adiós, querido nieto. Y la otra persona que me dijo abuelito fue un muchacho que pedía dinero para seguir consumiendo sus dulces con mariguana. Caminaba por el parque de Guadalupe cuando vi que el muchacho molestaba a una pareja que estaba sentada, luego me vio y se dirigió a mí: ¡abuelito, abuelito!, se acercó, me detuve, tomé valor no sé de dónde y le dije, en voz alta: “¡Dejá de molestar!” El muchacho, por suerte, se amilanó y llevándose la mano a los labios dijo: “ahí te va un beso” y mandó el beso al aire, lo vi alejarse. Respiré tranquilo. Digo esto, porque, en efecto, ya soy un viejo de sesenta y nueve años de edad, pero no soy abuelo, menos de alguien mayor que yo y menos, mucho menos, de un pobre muchacho drogo. Soy, lo que se dice un chico retro. Y no lo vas a creer, pero el domingo 11 de octubre de 2026 entendí el valor de los chicos retro, porque al medio día había muchas personas reunidas en el parque central, mi parque, para ver la llegada de los autos retro que vinieron desde Ciudad Cuauhtémoc en el llamado Legacy Tour y donde muchos de los automovilistas participarán en la Carrera Panamericana 2026. Ah, hubieras visto cuántos autos retro, bellezas, vi un auto de color negro, modelo mil novecientos cuarenta y tantos, un auto muy bien cuidado. Fue el retro más retro, el más hermoso, el que más llamó la atención. ¡Mentira! Un auto que también fue muy visto y admirado fue el que aparece en esta foto que anexo y que tiene una gran historia para la sociedad comiteca. El auto es un Ford, modelo 64 (yo soy modelo 57), un Ford Galaxie 500, con una longitud de 5.3 m y un ancho de dos m. ¿Cuánto medía de largo un vocho? Cuatro metros, más o menos, a veces menos; es decir, este maravilloso Ford retro medía un metro y treinta centímetros más que el vocho, por eso, en plan de broma un compa dijo que en ese tiempo no había moteles en Comitán y estas grandes lanchas podían permitir un fajecito muy cómodo en la parte trasera. ¿Cuántos niños y niñas fueron concebidos en un Galaxie?
Dije que este automóvil tiene su historia, porque fue propiedad de Las Ancheyta, que tuvieron su tienda, en la desaparecida Manzana de La Discordia, casi frente a lo que ahora es el Centro Cultural Rosario Castellanos, muchas personas de los años sesenta vieron este auto estacionado en esa calle. Luego, Don Agustín González, el famoso abarrotero y dueño de supermercados, lo adquirió; Don Agustín lo tuvo unos seis años, hasta que lo compró su yerno, el maestro mecánico, Don Ramón Álvarez, quien se casó con Martita, hermana de mi amigo Víctor. Don Ramón ya falleció, pero dejó la herencia del auto a sus hijos Francisco y Maleni Álvarez González, quienes cuidan el auto como una forma de honrar la memoria del papá. El auto está impecable, Francisco hizo favor de dejarme que subiera al interior, uf, un trasatlántico con vestiduras impecables, luego abrió el capó y vi el motor, impresionante, en ese momento, los conocedores se acercaron y comenzaron a dar descripciones, el hijo de Don Hilario, quien fue el encargado del edificio de transmisiones en el barrio de Microondas, dijo que el motor de este auto impresionante es una máquina 302, de ocho cilindros, tómala, papá. Nada sé de autos, pero sí sé que un ocho cilindros gasta gasolina bien galán.
El Legacy Tour fue un éxito en Comitán y la región, acá había un ambiente de fiesta, los automovilistas que llegaron desde Ciudad Cuauhtémoc fueron recibidos con gran emoción. Ahí saludé al secretario de turismo del estado de Chiapas, el paisano doctor Segundo Guillén, estaba muy contento, me dijo que este tipo de actos revive la memoria histórica de nuestro estado y genera un turismo cultural de excelencia.
Posdata: en los años cincuenta se realizó la Primera Carrera Panamericana, en ese momento, pienso, los autos eran recientes, ahora, para honrar ese acto usan modelos retro.
Soy modelo retro, soy abuelo por obra y gracia de dos cabroncetes; soy viejo, pero ahora, me di cuenta, estos modelos son muy apreciados, tenemos máquina 302. Que la vida permita que los compas que somos modelos retro no comencemos a tirar aceite y que nuestra carrocería no se oxide tan fácil, que continuemos en el Legacy Tour de la vida. Que vivan los modelos antiguos, las grandes naves interplanetarias.
¡Tzatz Comitán!
martes, 13 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN ATOL
Querida Mariana: en Comitán la palabra es atol no atole. Las personas van al mercado y piden un vaso de atol, de granillo o agrio (jocoatol).
El sábado 10 de octubre de 2026 estuvimos en el Mercadito de Innovación Campesina, que instalan cada quince días en un terreno al lado de la carretera que va a La Independencia, en el entronque con Cajcam. Ahí nos tomaron esta fotografía, donde estoy al lado del Maestro Fabrizio Daniel Pascacio Vázquez, quien impartió una charla acerca de los atoles de maíz, que incluyó degustación.
Los organizadores y participantes del mercadito se aventaron un diez, un diez envuelto en hoja de maíz. Digo esto, porque incluyó una serie de charlas, dictadas por expertos, que complementaron la tradicional venta de productos orgánicos, de helados artesanales, de tamales, de aguas, de miel, de cacao dorado, de artesanías, de chinculguajes calentitos, de jugo de caña, de taquitos y de atoles. Hubo una exposición de pinturas y charlas acerca del respeto por lo que la madre tierra aporta para nuestra cultura.
Somos hijos del maíz. ¿Te cuento algo? Me acerqué al taller donde enseñaban a hacer tortillas. ¿Puedo hacer una? Me dieron un poco de masa, debí darle forma redonda, ¡ya, ya!, me dijeron, yo seguía haciendo la bolita, tratando de hacerla lo más perfecta posible. Coloqué la bolita de masa sobre un plástico y la tapé con otra hoja y bajé la prensa (¡denme un punto de apoyo y moveré el mundo!). La bolita perdió su forma y se volvió en un círculo plano. ¿Ya? No todavía no, debí darle vuelta para que la forma quedara casi perfecta, volví a darle a la prensa. Con cuidado quité el plástico de arriba y luego, como si fuera una pichita, tomé la tortilla y la deposité en la palma de mi mano. Ya estaba lista para depositarla en el comal que estaba caliente, la puse sobre el comal y, ¡ay, bobo!, un pedacito se despegó de su circularidad, quise componerlo, pero más lo desgracié. Una chica, que fue mi maestra, me dijo que debía darle vuelta y me enseñó cómo, lo hice, un lado ya estaba cocido, faltaba el otro, pregunté si formaría pancita, me dijeron que le diera una palmada, lo hice, más fuerte, dijeron, lo hice y el milagro apareció, la tortilla comenzó a inflarse, a decir que tenía vida gracias al fuego. Ah, el milagro. No, no, me dijeron, el milagro viene ahora, que le pusiera un poco de mole y la probara, como soy un mago pochoroco (la tortilla quemaba) pedí unos granos de sal y la probé. Sí, deliciosa, tortillita Molinaresca recién salida del comal. Ah, qué delicia. Como si fuera un pájaro con el buche satisfecho fui a escuchar algo de lo que el Maestro Fabrizio decía.
“Hablar del maíz es hablar de la forma como se estructuran nuestros terrenos” y explicó que en las casas tienen lugares especiales para el almacenaje, luego para el desgrane y otro para guardar el maíz.
Habló de las “dinámicas sociales” que giran en torno al maíz, una esencia que ha acompañado al ser humano desde hace siglos en Mesoamérica. El maíz también sirve para preparar bebidas: los atoles. Hmmm, qué rico.
Te conté que cuando era niño, y vivía en el caserón a media cuadra del parque central, lloraba cuando no llegaba la mujer que ofrecía el atol de granillo. ¿Por qué llora el niño? Porque hoy no pasó la atolera. Mi carita resplandecía cuando, en cambio, la atolera llegaba ante el zaguán, con la puerta siempre abierta, y ofrecía, en tono de pregunta: ¿Atol? Sí, atol. El 10 de octubre de 2026 tuve oportunidad de conocer un poco acerca del proceso de factura, del trabajo que significa, conocí acerca de los atoles fermentados y no fermentados; asimismo, tuve la oportunidad de probar un jocoatol de maíz morado, riquísimo. Fue la primera vez, porque en el mercado Primero de Mayo venden el jocoatol de maíz amarillo. La experiencia fue sensacional.
Muchas mujeres presentaron sus maíces, sus semillas, las diversas variedades que se dan en la región. Alguien habló de la pérdida de su semilla, la que heredó de sus ancestros, por una temporada de estío. Entendí la bendición de la tierra, del agua, del fuego, del aire y de las manos de las personas que cultivan la tierra con amor, actividad que permite que las tortillas y los atoles lleguen a nuestras mesas.
Posdata: la jornada cultural que se vivió en el Mercadito de Innovación Campesina fue plena; todos los asistentes la disfrutamos. Felicito ampliamente a los organizadores. Alermo y Melissa, habitantes de la comunidad Cajcam, son la ceiba que imprime fuerza a estos proyectos generadores de cultura. No necesitan más que su pasión y su entusiasmo, entusiasmo que contagia a su comunidad y más allá, mucho más allá.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 12 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON LA FERIA DEL LIBRO EN HUEHUETENANGO, GUATEMALA
Querida Mariana: con el título “Feria Libro al Viento”, se efectuó la primera feria del libro en Huehuetenango, Guatemala, los días del 7 al 10 de octubre de 2026. Ah, qué disfrute. Vos sabés que nosotros llegamos a Huehuetenango, a través de nuestra revista Arenilla, allá tenemos a nuestro director comercial Carlos Rivas, quien siempre impulsa esa cinta que une a Huehuetenango con Comitán, a México con Guatemala.
Carlos Rivas es un talentoso intelectual que siempre está muy activo acrecentando esa relación internacional, los de allá saben de nosotros y los de acá sabemos de ellos. El 9 de octubre de 2026 Carlos estuvo con el hijo del escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, quien se llama Miguel Ángel Asturias Amado. Carlos platicó con él y luego, con generosidad, hizo una llamada para que el intelectual Asturias Amado hablara con Dora Patricia Espinosa. ¿Mirás lo que digo?, Dora Patricia tuvo el honor de platicar con el hijo del Premio Nobel Guatemalteco, el gran autor de "El señor presidente” y de “Leyendas Guatemaltecas”, entre otros. En mi juventud leí con fruición los dos libros mencionados, porque esos títulos formaron parte de la Enciclopedia Básica Salvat.
Asturias fue el segundo latinoamericano que obtuvo el privilegio de ser nombrado Nobel de Literatura, la primera fue la poeta chilena Gabriela Mistral; el tercer latinoamericano fue el poeta Neruda, luego Gabo, posteriormente nuestro paisano Octavio Paz y más recientemente Mario Vargas Llosa. ¡Ah, qué mentes tan lúcidas, tan de orgullo de nuestro continente! Algún año del señor celebraremos la concesión del premio a otro americano, mientras tanto, en este 2026 celebramos y leemos la poesía de la canadiense Anne Carson.
Antes del mediodía, Dora Patricia recibió la llamada de Carlos, quien de inmediato puso en comunicación al hijo del Premio Nobel Guatemalteco, quien vive en Buenos Aires, Argentina, pero está en su patria, porque pronto traerán a Guatemala los restos de su papá, que descansan en la ciudad donde murió: París. Después del saludo, el hijo del Nobel Guatemalteco dijo:
“Estamos muy contentos, la feria del libro está teniendo mucho éxito. En el caso mío vengo por primera vez, acá a Huehuetenango. Mando un saludo muy especial a Comitán, que lo sentimos también nuestro, porque somos de la América Latina y porque estamos muy cerca Guatemala y México, la frontera no debería existir entre nosotros, porque hay tanta historia en común y tanto cariño, así que va mi saludo y mi cariño para Comitán”.
Dora Patricia agradeció el saludo, en nombre de Comitán, y le dijo que los libros, el arte y la cultura permiten romper los muros, a lo que Miguel Ángel Asturias Amado: “Totalmente de acuerdo. Como usted dice, la cultura es la única que puede salvar fronteras”.
Una conversación de dos minutos que hace eterno el instante, porque en ella se celebra la feria del libro en Huehuetenango, la cercanía de ambos países, la certeza que tenemos mucha historia en común y la memoria del gran escritor guatemalteco, en la voz de su hijo.
Posdata: después, Dora Patricia y yo fuimos a tomar un helado como celebración de esta llamada telefónica, recordamos que el Premio Nobel Guatemalteco, en su novela “El Señor presidente”, hace mención de nuestra bebida tradicional espirituosa: el Comiteco.
El libro, en todos los tiempos, tiene tantas coincidencias como páginas, multiplica los espacios habitables y da frutos nobles y buenos.
En una foto aparecen: Carlos Rivas, director comercial de Arenilla, en Guatemala, y el ingeniero Miguel Ángel Asturias Amado; y en la otra foto está el hijo del Premio Nobel de Literatura con nuestra revista. Fotos del 9 de octubre de 2026.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 11 de octubre de 2026
LA REINA HUIXTLECA DE COMITÁN (parte 6)
Mi papá dijo que su mamá ya quería conocer a la nuera. Viajaron de San Cristóbal de Las Casas a Comitán. Mi papá nació en San Cristóbal en 1917. ¿Mi mamá? En Huixtla, en 1930. En Comitán dirían: agarró pichita.
Llegaron a Comitán, bajaron del auto en que viajaron y mi mamá me comentó: “al abrir la puerta, me voy dando cuenta que era un gran caserón”. En esa casa viviría varios años, en un gran caserón, a media cuadra del parque central del pueblo. El año era 1955.
La casa era propiedad de una señora muy distinguida de apellido Esponda, quien, en ese año, radicaba en la Ciudad de México.
La descripción de la casa también es importante, cuando mi mamá la conoció tenía un zaguán, cuatro corredores, un patio central, muchos cuartos para recámaras, baño, sala, comedor y oratorio. En la parte trasera el tradicional sitio donde había una recámara para la servidumbre y una cocina con un fogón de diez hornillas, en el centro de la habitación. Sí, era un gran caserón, comparado con los espacios donde había vivido mi mamá, en Huixtla la casa era modesta, lo mismo en la Ciudad de México, donde vivió en un departamento y luego en una casa de dos plantas cuyo enganche inicial dio mi abuelo Enrique y mi mamá pagaba a través de mensualidades.
Esa fue la impresión inicial de mi mamá: la casa era enorme. Luego, ante la amplitud de los corredores se fijó en algo inusual, porque llegaron ya de noche: “unos foquitos que creí que no estaban prendidos. Le pregunté a tu papá: ¿Por qué no prenden los focos?” y la respuesta de mi papá fue clásica: “están prendidos”. Sí, la energía eléctrica en ese tiempo sólo la daban por las noches y apenas alcanzaba a iluminar con la clásica luz que acá en Comitán decían: “de mushcac”; es decir, de luciérnaga.
Otra cosa que llamó la atención de mi mamá fue la altura de la casa. El techo estaba muy alto y los focos tenían que colgar desde esa altura. Ella se preguntaba: ¿por qué el techo no lo pusieron más bajo, por qué tan alto? Después entendería que el proceso constructivo de esas casas tradicionales, de gente rica era así: techos altos, corredores con pilares de madera y piso de ladrillo, techumbre de teja (aunque esta casa, por alguna razón en especial, tenía la armazón de madera, pero estaba cubierta por lámina de zinc. Cuando crecí me encantaba escuchar cómo las manos de la lluvia tocaban esos timbales).
Después de esa primera impresión, mi mamá ya se centró en el motivo del viaje: “la cosa es que saludamos a mi suegra. Mi suegra feliz, ya tenía su nuera” (cuando nací, en 1957, mi abuela María Bermúdez Ortiz se enteró que ya era abuela por parte de su hijo Augusto, pero no me conoció físicamente, porque murió poco después).
Por fin, Comitán recibió a la princesa Huixtleca y ella durmió su primera noche en ese caserón tan grande, con alturas altísimas y focos con luz de cerillo apenado. Desde ese momento, Comitán sería su hogar, tierra donde murió en el mes de noviembre del año 2025, a la edad de noventa y cinco años.
En la fotografía aparece mi abuelita Esperanza Córdova, la reina huixtleca de Comitán, y una tía. Están en la casa que tenía mi mamá, antes de casarse y llegar a vivir a Comitán.
sábado, 10 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON OBJETOS
Querida Mariana: siempre llama mi atención que un objeto puede ser usado para algo diferente. No sé en dónde vi una imagen que no logro olvidar: un niño tenía un lápiz afilado y estaba a punto de hundirlo en el cuerpo de un pajarito. Yo cerré los ojos y pedí que no lograra su objetivo. Pero el mero intento provocó en mí el desasosiego que aún me invade al recordar la imagen. ¿En qué cabeza cabe que un chunche tan prodigioso sea empleado para hacer daño? El lápiz es un objeto maravilloso que sirve para escribir poemas, novelas, cuentos; para hacer dibujos que luego aparecen en museos. Un día, tal vez para compensar la imagen del niño con el lápiz y el pajarito, vi otra imagen donde una niña, con un vestido rojo, con olanes al borde, tenía un lápiz en la mano y jugaba a dirigir una orquesta de cámara, estaba sobre un banco frente a un cartel de la orquesta de Londres, tenía las dos manos en alto y en la derecha sostenía un lápiz que hacía las veces de batuta. Ese uso sí lo consideré maravilloso, como si el lápiz subiera en la escala de lo sublime, lo otro era una perversión, pero sé que los dos casos se dan. Ya no quiero insistir en los usos absurdos, pero vos y yo vimos una película donde el lápiz es el objeto que le sirve a un amante para jugar con su pareja, va deslizando el lápiz en diversas partes del cuerpo, la chica se ve plena, satisfecha, gozosa, pero al final, la cinta da una torcedura y el amante recuerda la vez que su pareja estuvo coqueteando con un amigo en la discoteca y acerca el lápiz a un ojo de ella. Ahí le paro, vos sabés de qué hablo.
Ahora pienso en esa amiga que, acá en Comitán, en los años setenta, en una reunión con amigos y amigas, se quitó una zapatilla, la llenó con la cuba que tenía en el vaso y ofreció la zapatilla a un amigo que estaba a su lado. Todo mundo volvió la vista para ver si el compa aceptaba el ofrecimiento que la amiga casi casi obligó a beber, porque le puso la zapatilla en la boca y volteó el contenido. El amigo terminó abriendo la boca como un inmigrante en el desierto y todo mundo aplaudió. Yo, que siempre he sido un desadaptado pensé que esa zapatilla había cambiado su vocación en forma lamentable; pensé en una posible infección del pie de la amiga; pensé que cuando ella se volvió a calzar encontró todo pegajoso el interior; pensé que nada de lo que yo pensaba pensaban los demás, porque todos estaban en el guateque, bebiendo, disfrutando el instante; pensé, entonces, que sí era correcta mi apreciación: era un desadaptado. Pero como todo había sido una modificación de carácter vocacional del objeto, a mi mente llegó la imagen del niño con el lápiz y el pajarito y pensé que el tacón de la zapatilla de mi amiga también podía servir para fines perversos y malévolos.
Me gusta cuando, por ejemplo, la hoja de papel cambia su vocación para ser el plano donde el niño dibuja o escribe y sirve para hacer un barquito o un avioncito. En ese caso, también el objeto se sublima, sirve para el vuelo o para la navegación; es decir, sirve para el viaje. Y en la vida no hay vocación más bella que el viaje, presencial o virtual.
Hay libros, mi querida niña, que se llaman libros objeto, que son libros que son como cajitas maravillosas, que reservan grandes sorpresas visuales o táctiles. Ahora que Anne Carson obtuvo el Nobel de Literatura, como muchos lectores en el mundo, entré al Internet para ver sus libros y las diversas portadas que contienen sus obras literarias y encontré algo novedoso: el libro “Nox”, que no es un libro común sino una especie de códice que está dentro de una cajita. ¿Mirás lo que digo, lo que los editores y la escritora propusieron? Un acordeón dentro de una cajita, algo lleno de silencios y de palabras, con el ritmo que la escritora creó. Los expertos de la obra literaria de Anne dicen que ella retoma la literatura clásica y le da una vuelta exquisita con la literatura contemporánea, bueno, en este libro, parece que no sólo se trata de estructura idiomática, sino que retoma la antigua tradición de los códices mayas y los convierte en un acordeón posmoderno. No he leído la obra, pero de entrada veo que la Premio Nobel de Literatura se puso a jugar como si fuera una niña. El tema, dice la crítica, está relacionado con la vida del hermano que pintó su raya en un momento y muchos años después aparece, momento en que la escritora decide ir a saludarlo, pero en ese lapso el hermano muere. Uf. El libro es como una canción fúnebre, pero como la vida es un lago que refleja la luna en la oscuridad del agua, la poeta juega y hace collages para honrar al hermano. Debe ser una edición bien bonita, un bello libro objeto, un chunche lleno de deslumbres.
Posdata: iba a hablar de otra cosa, querida Mariana, pero mi mente me llevó por este sendero; iba a hablar algo de nuestro pueblo, pero por un instante se escondió, porque nuestro pueblo también es juguetón, a veces es como una cajita que contiene objetos disfrutables, como si contaran anécdotas, como si tocaran marimba.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 9 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON FICHAS BIOGRÁFICAS
Querida Mariana: todo es lección en la vida, todo es lección de vida.
Hay gente que pasa de noche ante los actos del día a día, pero hay personas que saben sacar jugo, incluso a la piedra.
Se conoció la noticia muy temprano. El mundo supo que la poeta canadiense Anne Carson fue distinguida con el Nobel de Literatura 2026.
Muchos celebraron la noticia, otros la lamentaron. En redes sociales apareció una foto donde hay personas de Japón llorando porque, de nuevo, Murakami no obtuvo el reconocimiento. En los últimos años ha sido el eterno candidato, el eterno perdedor.
Muchas personas privilegiaron la ficha biográfica que acompaña los libros de la ganadora. Su ficha es de apenas dos líneas: “Anne Carson nació en Canadá y se gana la vida enseñando griego”. Tan tan. ¿Eso es todo? Sí, eso es todo.
Sabemos que ahora, sus libros llevarán un cintillo que dirá: Premio Nobel de Literatura 2026. Porque, se sabe, entre miles y miles y miles de autores sólo uno se lleva la gloria anual.
A mucha gente le llamó la atención la concisión de la ficha, cuando, en todo el mundo, las fichas biográficas son extensísimas, los CV son de varias páginas, como para demostrar la valía de la persona.
En la ficha de la poeta premiada aparecen dos datos, uno es el origen y el otro es la forma de vida, en los dos datos hay un gran trayecto, como el de cualquier persona.
El origen es vital. Cuando el comiteco Raúl Macal viene a Comitán, su tierra, habla del origen. Anne Carson es canadiense. ¿Cómo recibieron la noticia sus paisanos? En el momento que se supo el nombre de la ganadora, apareció en todo el mundo el nombre de su tierra. Cuando aparecieron nombres de los posibles ganadores, el nombre de Vila Matas estusiasmó a media España, así como medio México se animó al ver el nombre de Cristina Rivera Garza. El origen define el destino de los “predestinados”. Ni España, ni Japón, ni México celebran en forma masiva, quien ganó es canadiense, la tierra del maple y a partir de hoy la tierra de la Nobel de Literatura 2026.
Posdata: una mañana de 1990, daba clase en la secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz, Paco también daba cátedra, él llegó de su casa, tocó el cristal de la ventana y me dijo que el Nobel de Literatura se lo habían concedido al paisano Octavio Paz. Medio México lo celebró.
Hoy celebro que Anne no necesita decir más que nació en Canadá, se gana la vida enseñando griego y es Premio Nobel de Literatura.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 8 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON UNA LUNA
Querida Mariana: ¿a qué hora apareció el primer ser humano sobre la Tierra? ¿En la noche? ¿En la mañana? ¿A mediodía? Carl G. Jung dijo que todo está en nuestro inconsciente colectivo, el presente, el pasado y el porvenir. ¿Has escuchado alguna vez a un escritor famoso decir que no sabe bien a bien de dónde le llegó tal idea? Si seguimos la teoría de Jung, podemos decir ¡del inconsciente colectivo! Los creadores, a diferencia de los que no lo son, tienen una propensión a entrar a ese inconsciente colectivo con gran facilidad. A mí me encantó la explicación que dio Emma Godoy: imaginá que entrás a una cueva y ahí están todos los tesoros del mundo, al salir algunos regresarán con gemas y otros con piedritas simpáticas. Todo mundo puede entrar al inconsciente colectivo, pero sólo los genios pepenan hechos asombrosos. Por eso, el proceso de creación es misterioso, los seres comunes escriben cosas intrascendentes, los sabios crean obras sublimes. La materia prima es la misma para todos, pero no todos tienen la capacidad para distinguir lo bueno de lo mediocre. Y digo que nuestra primera imagen tiene relación con la hora en que apareció el primer ser humano, si fue de día no pudo ver el sol directamente, porque hubiese quedado ciego; si fue en la tarde, entonces sí apreció el sol ocultándose y se maravilló. ¿Y si fue en la noche? Vio la luna. No sabemos si la vio llena o sólo un cachito, como si fuese un cuernito. No quiero pensar que haya sido así, porque eso sería presagio que luego las demás hijas de Eva le pondrían el cuernito a los hijos de Adán.
De niño salía al patio central de la casa y veía la luna, me fascinaba. Como alguien había contado el cuento que era un pedazo de queso y que ahí vivía un conejo trataba de ver la imagen de ese animalito, porque una de mis mascotas fue un conejo. Ya platiqué que un día ese conejito hermoso terminó en una cazuela y lo comimos, yo sin saber qué comía. Mi papá trató de enmendar la pérdida obsequiándome un conejito con tambor que se accionaba al darle cuerda. Es conejito es mi “rosebud” personal.
Hoy, ya viejo de sesenta y nueve, me duermo temprano, sólo cuando llego a la casa a las siete y media, más o menos, apago las luces del patio y veo el cielo, en busca de la luna. A veces, gracias a Dios, asoman algunas estrellas que me saludan con sus luces intermitentes; a veces aparece la luna, en ocasiones está llena y a veces está mordida, como si el conejo se hubiese zampado un pedazo. La luna ha sido una imagen recurrente de los creadores, más que el sol, que era algo esencial en la cultura prehispánica. Cuando ocurría un eclipse había que ayudar al sol para que no desapareciera tragado por la luna. Desde siempre ha existido una coexistencia y lucha entre el sol (masculino) y la luna (femenina). El hombre desea tener relaciones sexuales con la mujer y acá, en estos lares, ella dice: “no puedo, estoy mi luna”.
La frase que acá es parte de un chiste llama mi atención. Se me hace algo casi genial ¡estar mi luna! Nunca nadie ha dicho ¡estoy mi sol! Si llevamos la frase a otra altura, vemos que estar mi luna es algo poderoso, porque la luna, todo mundo lo sabe, influye para las mareas en los océanos. ¿Tanta es su fuerza? Pues sí, el influjo de la luna es superior, ha dominado gran parte de la imaginación popular de todos los tiempos.
¿Por qué no se cae la luna?, preguntó la niña a su mamá. La mamá dijo que la luna no se caía porque estaba deteniéndose con sus manitas en la manta del cielo. ¿Qué manitas, mamá?, preguntó la niña. La mamá dijo que la luna, en el lado que nunca se ve tiene manitas. ¿Cuántas manitas, mamá?, preguntó la niña. Tantas como cabellos tiene tu hermanita. Con esa respuesta, la niña quedó satisfecha. Quien se molestó fue la hermanita, porque al otro día, su hermana comenzó a molestarla: mi hermanita tiene pelos de manos de luna.
Posdata: en el centenario del nacimiento del poeta Jaime Sabines, mucha gente dice en voz alta su poema dedicado a la luna: “…pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver…” Yo vi una luna en un chinculguaje. Se vale que riás.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 7 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON VUELOS
Querida Mariana: sólo un par de alas para el vuelo. ¡Qué sencillo! Te parás en el balcón y mirás los pájaros hacer piruetas en el aire, ¡en el aire! Desde siempre, el hombre ambicionó volar, salía de su cueva en busca de un mamut y veía que el pterodáctilo pasaba por encima con la fuerza de un DC10 de la Fuerza Aérea. ¡Fuerza Aérea!, en estas dos palabras se encierra el prodigio del vuelo. Resulta que los seres humanos, desvalidos desde su origen, sólo alcanzan (algunos) a tener fuerza terrícola y no les da para más que para levantar grandes rocas o levantar pesas en gimnasios encerrados.
Sólo un par de alas para el vuelo. Desde niño, al entrar al oratorio o ir a misa de domingo en Santo Domingo, vi las esculturas de ángeles soportando una lámpara de pie, con las alas plegadas. ¿Por qué estaban ahí como castigadas? ¿Se habían portado mal? ¿Por qué no mandaban al carajo esas lámparas y volaban por los cielos de Comitán como lo hacían las felices y parlanchinas chinitas? ¿De verdad estaban castigadas? La maestra de catecismo nos había enseñado que un ángel se rebeló contra Dios, el mero mero del cielo, y lo castigó. La maestra contaba que Luzbel era un ángel bellísimo, hacé de cuenta el Henry Cavill del cielo. ¿Dios tuvo envidia de esa creación suya? Pensó que la belleza total era Él, nadie más podía ser tan bello y resulta que el tal Luzbel (luz bella) era hermoso. Así que lo condenó a los infiernos. De nada le sirvieron sus alas para eludir el vacío.
Sólo un par de alas para el vuelo. Sin embargo, el ser humano no ha podido injertarse alas como los ángeles o los pájaros. Cuando el hombre se dio cuenta que ningún ser humano podía injertarse alas, buscó un sucedáneo, un chunche que volara por él, entonces inventó el avión, la avioneta, el helicóptero, y ahora el dron.
Ah, si esto lo hubiera sabido Don Chico que Vuela, de Laco, no se habría dado el ramalazo que se dio. Además, Dios mío, qué cabrona la gente, cuando supieron que Don Chico que Vuela llegaría tras lomita, los cabrones le hicieron encargos, como los comitecos acostumbraban hacer cuando un compa viajaba a la Ciudad de México por la Cristóbal Colón. Es conocido el chiste sobado de un compa que le hizo un encarguito al que viajaría: ¿podés llevarle un disco a mi hermano? ¡Claro que sí! A la mera hora resultó que el disco era un disco de molino y no uno de música. Don Chico que Vuela no alcanzó a agarrar altura ni un metro, apenas aleteó en el vacío desde la torre y se vino hacia abajo. El madrazo fue supremo, porque todos los encargos hicieron que el peso fuera a la triple potencia.
Un par de alas para el vuelo y nadie ha logrado el prodigio. Juan me contó su sueño una mañana, dijo que estaba en un llano, había un par de ovejas a su alrededor, comiendo hierba, un pequeño arroyuelo fluía a sus pies, vio una mariposa posarse sobre el lomo de una de las ovejas y luego la vio alzar el vuelo, dúctil, limpio, entonces Juan, en su sueño, abrió los brazos como los tiene abiertos el cristo de Copoya y comenzó a levitar, despegó los pies del suelo, ingrávido, gentil, no necesitó aletear, le bastó abrir los brazos, como en posición de vuelo y esa forma resultó la ideal para la levitación, conforme transcurrió el tiempo él sintió que se alejaba más y más del suelo, las ovejas habían quedado abajo, el arroyuelo, la tierra, sintió un aleteo cerca de su nariz, era ¡la mariposa!, que parecía saludarla. Estaba volando, en su sueño, de pronto, en su sueño, pensó a qué hora se detendría, le dio miedo seguir en ascenso, entonces, como si despertara de un sueño, se desplomó como bulto de arroz, cerró los ojos para no ver el instante que se haría polvo en la tierra. ¡Despertó! Dio gracias a Dios. Dijo que no volvería a volar, ni en sueños.
Posdata: un par de alas para el vuelo. Un vuelo para las alas. Igual que vos no tengo alas, pero vos y yo volamos, volamos mucho, nada de churros, volamos con el apoyo de las alas de los libros.
¡Tzatz Comitán!
martes, 6 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON LA TIGRESA (última parte)
Querida Mariana: quedamos donde Irma Serrano dice que su libro no lo dedica ni a su padre ni a su madre porque: “…según mi madre, soy un tumor con patas; y según mi padre soy una chingona…”
Y si hablé de Rosario, es porque Irma también habla de ella, en un párrafo dice: “me recordé con gran claridad en una escuela de inglés, donde mi prima, Rosario Castellanos, me inscribió haciéndose cargo de mi colegiatura…” ¿Mirás?
El nombre completo de La Tigresa es Irma Consuelo Cielo Serrano Domínguez. Un día estuve en casa de mi amigo Jorge De la Vega Domínguez y me contó que, en efecto, Irma decía que también era pariente de él.
Bueno, entre famosos te veas, dice el dicho. Jorge De la Vega también es un comiteco conocido y reconocido en muchos lugares, no tanto como Irma ni como Rosario. Estas dos mujeres, ya lo dije, superan a todos los paisanos habidos y por haber.
Irma cuenta historias de miseria y de grandeza. Su papá era un bohemio, pero su mamá, Doña María Domínguez, era “una mujer muy distinguida, poseedora de diecisiete haciendas…” Pucha, en cuestión de tierras, La Tigresa también le ganaba a la Chayito, pero ésta era generosa, porque Irma dice que le pagó la colegiatura de clases de inglés, que según yo, no aprendió mucho.
Irma cuenta que su papá y su mamá se divorciaron cuando ella tenía siete años de edad. Irma se quedó a vivir con su mamá, quien se casó de nuevo. El padrastro llegó con dos hijos. Irma se molestó.
Quienes vivimos en el pueblo sabemos que la hacienda donde vivió Irma se llama La Soledad, está en el municipio de Las Margaritas, por eso mucha gente dice que ella nació allá, que es tzejebera, en realidad es cositía, pero eso es una minucia, es un orgullo de Chiapas. La gente que dice que no, es porque les da cierta muina que haya sido tan entrona, tan fuerte, tan salida de los cánones de las mujeres sumisas.
En este libro dice que la hacienda era ¡majestuosa! En realidad, lo sigue siendo. El actual propietario, pariente de Irma lo mantiene muy bien conservada, ya le agregó una alberca, que en tiempo de Irma no existía. Irma se bañaba en “un riachuelo que pasaba por ahí”.
Venía a Comitán, lo hacía a caballo: “me gustaba ir a caballo hasta Comitán, se hacían cuatro horas a buen paso”.
Irma siempre empleó palabras altisonantes, dice que “además de los juegos típicos, aprendí las leperadas que profieren los chiapanecos con toda la hidalguía de que son capaces”.
Muchas veces he platicado que conocí al padre Carlos y tuve trato con él. Fue el fundador del Colegio Mariano N. Ruiz, colegio donde estudié la secundaria y años después fui director, por obra y gracia del padre. Como Irma era una chica muy atrabancada, la mamá mandó a llamar al padre para ver si hacía el milagro de que la futura tigresa se convirtiera en una gatita sumisa. Cuando llegó el padre Carlos, Irma lo empujó y soltó un sermón de leperadas. “Al padre Carlos le salió lo chiapaneco y discutió acaloradamente con mi mamá. Como las cuentas de un rosario, ella le relató las diabluras y los castigos a que había recurrido. Pero el sacerdote concluyó que una mujer con una hija como esa, no podría permanecer más dentro de la Santa Madre Iglesia” y la excomulgó. Excomulgó a la madre y no logró salvar el alma de Irma. Ah, si el padre Carlos hubiese sabido entonces que estaba frente a quien iba a ser la gran artista de México, tal vez hubiera rectificado el camino.
Hablé del licenciado Jorge De la Vega. ¿Querés saber un secreto que Irma contó? Acá va: “Debo confesar algo de lo más importante en mi vida. Desde los siete años estaba enamorada. El príncipe de mis ilusiones era un primo de cabellos dorados, tez de porcelana, nariz respingada y ojos azules, azules (…) Jorge me ama. La frase estaba escrita en la mayoría de los árboles de la hacienda, en las paredes…”
Posdata: sale, niña mía, ya compartí fragmentos del libro de la paisana de lustre. Malcriada como ella sola. ¿Qué pasó con el ex presidente Díaz Ordaz? Pues que fue su amante y que… Un día de estos, te lo cuento.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 5 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON LA TIGRESA (primera parte de dos)
Querida Mariana: después de Rosario Castellanos, ¡la tigresa! Me refiero a paisanas que han descollado a nivel internacional. La fama de Rosario Castellanos traspasó fronteras, de igual manera la fama de Irma Serrano.
En el pueblo no terminamos de aceptar la grandeza de ambas: Rosario en la literatura e Irma en el plano artístico. Los que saben dicen que Rosario le entró a todos los géneros literarios: el epistolar, la poesía, el cuento, la novela, el ensayo y el teatro; Irma también fue muy polifacética, fue una gran cantante, artista de cine y teatro, además de productora de obras teatrales, polémicas. Así como Rosario no tuvo empacho en desnudar su pensamiento en forma metafórica a través de sus obras literarias, Irma no tuvo problema alguno en desnudarse, simbólica y real, en obras de teatro. En el cine sí se mostró muy cándida, lo más que mostró fueron sus piernas al vestir minúsculas minifaldas.
Cualquiera pensaría que Irma y no Rosario era la que estaba predestinada a entrarle a las letras, porque fue hija del poeta Santiago Serrano, pero no, fue Rosario quien descolló en la literatura. ¿De dónde la herencia intelectual? En el pueblo hay testimonios que hablan de la influencia materna, porque de Castellanos sólo le llegó el blasón de una familia importante en la región, y la paga, por supuesto, al ser heredera de haciendas, ya fraccionadas, pero todavía eran terrenos que le daban dividendos económicos.
Irma, por el contrario, hizo su enorme fortuna, gracias a su talento interpretativo y a sus múltiples amistades en el mundo de la política mexicana.
¿Mirás cómo dos mujeres comitecas han sido las más importantes a nivel internacional? No hay figura masculina que las supere. Nadie. Irma fue muy seguida en el país, en Centroamérica y en Sudamérica por sus interpretaciones cinematográficas y por sus canciones. “¿Qué estás haciendo Martina, que no estás en tu color?” Sucede que la Martina, que tenía quince años, casada con un hombre mayor, anda con el rostro transfigurado un día que llega intempestivamente su marido, quien ve que hay un caballo en el corral, que no es suyo. ¿Cómo iba a estar en su color la Martina si había estado con su amante? El corrido concluye, como dictaban las reglas de ese tiempo machista, cuando el esposo le sorrajó unos balazos. Este corrido mexicano no sólo se escuchó en México, sino en otros países, y la versión más sonada fue la de Irma.
Pero siendo hija de poeta, un día le entró la gana de escribir a Irma y, con la ayuda de Elisa Robledo, publicó un libro, en 1978, que levantó polvo, mucho polvo: “A calzón amarrado”. Irma vendió miles y miles de libros (tal vez más que los que vendió Rosario). El título ya advierte lo que el lector encontrará en el interior, a calzón amarrado quiere decir, entre otras cosas, que se hablará sin tapujos, sin importar que alguien se ofenda. Pues, Irma habló.
Cuando el libro apareció corrí a comprarlo, en ese momento vivía en la Ciudad de México, porque estudiaba allá. ¡Cómo no comprar el libro de la paisana tan famosa y tan atrabancada! Lo compré y lo leí, casi de un tirón, porque ahí ventaneaba mucho de su vida personal. Mucho. Bárbara la Irma. ¡Bárbara!
¿En dónde quedó el ejemplar que compré? ¡Saber, niña, saber! Pero, el otro día visité la Librería La Rueda del Hambriento, en el barrio de San Sebastián, y ¡hallé un ejemplar de segunda mano! Lo tomé con la emoción de quien encuentra un recuerdo de juventud. Y ahora lo tengo en casa. El libro está escrito en primera persona, a la hora de la redacción Elisa dejó que fuera la voz de la artista quien contara la historia. Puede decirse, entonces, que es una autobiografía.
A mí siempre me ha fascinado la personalidad de esta mujer, una mujer que fue de armas tomar. En una ocasión, siendo director de cultura del Ayuntamiento comiteco comencé a armar lo que podría ser un homenaje para ella. Pero (nunca falta) cuando el rumor se esparció, hubo personas que se opusieron, personas que calificaron a Irma de una artista menor, porque se dedicaba a interpretar canciones como la que mencioné letras arriba; así que, para no desacreditar el cargo oficial, el homenaje se suspendió.
Digo que no todo mundo reconoce a Irma. Siempre pongo de ejemplo las revistas que editó José G. Cruz. Él hacía revistas con fotomontajes en los años sesenta, donde aparecían personajes reales en entornos dibujados. Un día te enseñé un ejemplar de Santo, el enmascarado de plata. ¿Sabés quién más tuvo el privilegio de ser personajes de una revista especial? ¡La tigresa! ¿Mirás? Santo y La Tigresa, ídolos en toda América Latina y un poco más allá.
Digo que ahora tengo un ejemplar del libro de Irma. Desde la dedicatoria uno sabe que Irma no callará. Mirá qué dice: “Este libro no se lo dedico ni a mi padre ni a mi madre ni a mi mejor amigo, como lo hace cualquier autor…”
Posdata: en la siguiente carta transcribiré el complemento de la dedicatoria.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 4 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, PORQUE LA VIDA ES UN PRIVILEGIO
Querida Mariana: tenés razón, es foto de privilegio, pero hilaré un comentario breve. Estoy con mi amiga la arquitecta Marisela Sánchez Vallejo, no sé si es tuxtleca, pero tiene años de radicar en la capital de Chiapas.
Marisela vino a Comitán el 1 de octubre de 2026. Esta foto nos la tomaron en el vestíbulo abierto del Auditorio Maya, de la Benemérita UNACH. Vino a dictar la conferencia: “Ciudades Renacentistas en Chiapas: patrimonio edificado, valores y sostenibilidad”.
Supe que mi amiga estaría en Comitán, me trepé al tsurito y fui a saludarla. En cuanto nos vimos nos abrazamos con el afecto contenido de muchos años. ¿Desde cuándo no la veía? Ah, un buen rato. Como ella debía volver al auditorio, porque ya estaba a punto de participar, platicamos brevemente, pero con una emoción de luz deslumbrante.
El 1 de octubre se celebró el Día del Arquitecto. En el campus de Comitán se festejó por primera vez, porque, vos sabés, la UNACH ya brinda en este pueblo la carrera de arquitectura. La primera generación inició apenas en agosto de este año. Hubo una muestra de trabajos. Platiqué con dos arquitectos comitecos de experiencia y ambos coincidieron en decir que la muestra era de un gran avance, como si no fuese de alumnos principiantes. Eso me dio mucho gusto, porque significa que Comitán tendrá profesionales de prestigio, como muchos de los que trabajan en nuestra tierra.
Llamó mi atención el término de ciudades renacentistas. Entiendo que nuestra ciudad es renacentista, porque no fue diseñada como ciudad medieval donde la estructura era como un simpático juego de callecitas para jugar escondidas. Cuando los españoles llegaron a estas tierras emplearon el diseño Damero, que tenía la forma del juego del gato; es decir, calles y avenidas trazadas en forma paralela, formando manzanas. Nuestro pueblo, a pesar de que está trepado en un cerro tiene su traza rectangular. Claro, cuando llegás a las Siete esquinas se pierde tal trazo y aparece un amable enredijo. ¿Te ha tocado estar en carro en esa zona? Lo más recomendable es hacer alto total, ver hacia acá, hacia allá y acullá, porque aparecen carros por todos lados. Las Siete
Esquinas tiene el encanto de los pueblos medievales. Bonito tachilgüil en nuestro pueblo.
La Maestra Marisela es una gran investigadora en temas relativos a su especialidad. Hace tiempo un amigo me platicó acerca de un tema que ella expuso sobre barrios.
Vos y yo estamos de acuerdo que expertos urbanistas deben incidir más en nuestros pueblos, en forma especial en nuestro Comitán. Como dice mi querido licenciado Héctor, al pueblo le hace falta orden, un orden para el futuro crecimiento y un orden con lo que nuestra ciudad posee.
Estoy seguro que los estudiantes de arquitectura en nuestro campus pepenaron algunos conceptos de lo que mi amiga expuso. Ella fue una de las tres ponentes, el primero en participar fue mi primo Manuel Bermúdez Álvarez, joven experto profesionista; a continuación, le tocó a la maestra Marisela con el tema que ya dije; y al final estuvo la participación del maestro Gustavo Alejandro Acuña Serrano, quien celebró sus cuarenta años como profesional de la arquitectura chiapaneca.
Posdata: en la jornada tuve el gusto de saludar a chicos y chicas estudiantes y a varios arquitectos amigos. Fue una mañana muy agradable, con tono de guateque por la celebración del día del arquitecto. Recordé un dicho de mi compadrito Jorge, que en paz descanse: “arquitecto que no bebe, malacate que no jala”, pucha, ese es dicho para el día de La Santa Cruz.
Me dio un gran gusto saludar a mi querida y admirada amiga. Fue mi privilegio.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 3 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON CELEBRACIÓN
Querida Mariana: me encanta recibir tus mensajes en el WhatsApp, pero cuando lo vuelvo fiesta es cuando me echás una llamadita. La más reciente llamada telefónica fue de doble festejo: escucharte y la noticia que diste. Te oí feliz, radiante, como si, en lugar de estar en tu oficina, estuvieras en medio del bosque que tanto te gusta. ¡Cómo no! A la hora que me diste la noticia, también sentí una caricia de aire limpio, fresco. Le dieron el Carlos Fuentes a Juan Villoro. Reconocimiento válido, que ha recibido el respaldo de cientos y cientos de lectores y lectoras. Muy merecido.
Vos supiste que en este año estuvimos con Juan Villoro en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, la mañana que vino a presentar su libro “No soy un robot”, invitado por el rector de la Benemérita UNACH, mi universidad.
El rector le había prometido a Dora Patricia Espinosa que si íbamos a San Cristóbal le diría a Villoro que nos concediera unos minutos. Así resultó, mi querida Ana Elisa García Aguilera, coordinadora de comunicación social de la UNACH nos presentó con Juan y él y yo caminamos desde el hotel donde estaba hospedado hasta el parque central de esa prodigiosa ciudad. Fueron cinco o seis o siete minutos que caminamos juntos y platicamos sabroso, porque, ahora mucha gente lo ha dicho, Juan es sapiente, por lo mismo es una persona sencilla. Juan, de inmediato, me abrazó y luego ya, con los micrófonos puestos, platicamos. Mis compañeros, Dora Patricia y Roberto Carlos, registraron en video ese momento. En la plática asomaron varios temas: sus participaciones en la feria del libro de Guadalajara, la cercanía del papá, el filósofo Luis, con Chiapas y el movimiento zapatista, la amistad con Gabriel Guerra Castellanos y su opinión acerca de la obra creativa de Rosario y de otros autores chiapanecos. Contó que hace tiempo estuvo en Comitán. Sí, Juan, le dije, sería bueno que te dieras otra vuelta. En fin, la charla fue muy agradable. Al rato, él entró, acompañado del rector Oswaldo, al auditorio de la UNACH, en el pueblo coleto, y presentó su libro ante una audiencia que abarrotó el espacio y disfrutó la charla del escritor mexicano, de quien el rector se refirió como el más importante escritor del México actual, comentario que ahora fue ratificado al concederle el prestigioso premio literario Carlos Fuentes, que, lo digo sólo de pasadita, pero para que quede constancia de que así deberían ser los reconocimientos para los intelectuales, consta de una bolsa económica de doscientos cincuenta mil dólares. Ay, señor, algún día en Chiapas habrá un reconocimiento de valía. Por el momento, quienes son premiados reciben una medallita o un diploma metálico y muchos aplausos. Parece que es más importante un billete que un aplauso, si los aplausos son múltiples, pues múltiples que sean los billetes. En fin. Digo que ahora celebro que Juan haya recibido tal distinción, muy merecida. Te he dicho que escucho y veo constantemente videos de sus intervenciones en medios de comunicación y diversos auditorios universitarios o ferias de libros en muchos países. Me conmueve y me asombra la gran cultura que posee y la facilidad que tiene para exponer sus ideas, asimismo, pienso que es uno de los grandes cronistas de habla hispana; he dicho que sus novelas no terminan de jalarme como sí lo hacen otros escritores y escritoras a nivel mundial, pero la obra de Juan es muy digna, digna para leerse y para celebrarse. Lo conocí, fue muy amable. Lo admiro y ahora lo leo con mucha atención. Cuando leí su libro de crónicas: “El vértigo horizontal” quedé deslumbrado, sólo la crónica de un viaje a Disneylandia me dejó plano, pero en la lectura de todas las demás pensé que estaba ante el mejor Villoro. Juan estudió sociología en la UAM, unidad Iztapalapa, unidad donde, en 1974, yo estuve como alumno fundador. Yo tardé muy poco, sólo un cuatrimestre, como se dice coloquialmente, por motivos reprobatorios, pero nadie me arrebata el orgullo de haber sido uno de los alumnos de la primera generación.
Posdata: antes de que en San Cristóbal de Las Casas presentara su libro más reciente, yo ya le había dado una vueltita. Como dice el libro en la contraportada: “Somos ya seres digitales”, por eso sus reflexiones son de gran actualidad y con una mirada innovadora e inteligente. Todo mundo debería entrarle a ese libro y a los demás libros escritos por Juan Villoro, gran escritor mexicano. Ahora que estamos a punto de conocer al escritor o escritora que obtenga el Nobel de Literatura de este año, muchos piensan que pronto Juan recibirá el Premio Cervantes, que un día recibió Carlos Fuentes. Ah, todos los que amamos a Juan celebramos su reciente premio: el Carlos Fuentes, ¿algún día beberemos champaña en su honor al ir a España a recibir el Cervantes? Saber, amiga mía, saber.
¡Tzatz Comitán!
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