Arenilla
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jueves, 3 de abril de 2025
CARTA A MARIANA, CON LA NOVELA “EL ORIGEN DE LA NOCHE”
Querida Mariana: un día me llamó Ornán Gómez, mi amigo escritor. Después del saludo (clásico) llegó la petición. Que presentara la novela “El origen de la noche”, del escritor premiado Mikel Ruiz. ¡Ay, Ornán! ¡Tantos escritores y escritoras que pueden hacer, y hacer bien, esta chambita y vos me la das! Al final acepté. Así que la tarde del 21 de marzo pasé a que me lustraran los zapatos en el parque central (ahí encontré a Mikel también en una silla para que le bolearan los zapatos) y cuando vine a ver estaba trepado en el sitio de honor, al lado de Olivia Bonifaz y del autor para la presentación. Por fortuna llegó gente a escuchar a Mikel, es conocido su proceso creativo. La presentación inició en forma puntual, a las seis y media de la tarde. Te paso copia de lo que dije:
Buena tarde.
Sí, tenemos ventaja ante ustedes. Nosotros ya leímos el libro. Siempre es así en las presentaciones, quienes ocupan las sillas del escenario ya han leído el libro. Ustedes (me ha tocado) están en desventaja ante nosotros. Pienso entonces ¿cuál es el objetivo de una presentación, de esta presentación? Transmitir a ustedes nuestras impresiones de lectores, para que tengan una idea del contenido del libro. Labor complicadísima. Si entendemos que el acto de lectura es un acto íntimo, que no puede darse de una mano a otra ajena. Tal vez algún día, pienso, las presentaciones serán espacios donde habrá mesas con ejemplares del libro en cuestión para que los asistentes tengan la posibilidad de hojearlo, así a ojo de buen cubero, como se dice, y puedan decidir si lo adquieren o no. Imaginen que ahora se diera eso, que ustedes pudieran hojear el libro “El origen de la noche”, de Mikel Ruiz. Que tomaran un ejemplar y le dieran una vueltita, estoy seguro, segurísimo, que les atraería, por el tema, por la forma en que está escrito, como decimos acá, “se picarían”, no desearían abandonar la lectura. Pero como tal posibilidad está lejana, hoy nos toca hablarles de un libro que nosotros ya leímos y ustedes no. ¿Cómo hacer la síntesis de lo leído? Desde el momento que leí el prólogo escrito por Luis de La Peña Martínez, quien es jefe del departamento de publicaciones de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, pensé que era un resumen lúcido e inteligente del contenido del libro. En sus palabras está todo el manantial del libro de Mikel; así que, como si ustedes tomaran el libro y comenzaran a leer el prólogo de Luis, sintetizaré sus palabras. Ah, qué atrevimiento. Deberían leerlo completo, completa deberían leer esta obra, que mereció el Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas del 2023; ejercicio puntual ficcional de un hecho histórico que provocó una herida en el mapa de la sociedad chiapaneca.
¿Qué dice De la Peña?
De la Peña dice que la cultura tsotsil ha sido abordada en libros desde las visiones de famosos escritores no indígenas. Bueno, esto fue así, porque ahora es la mirada de un escritor hablante de la lengua tsotsil; Mikel es un escritor bilingüe, su novela está escrita en tsotsil y en español. Esto es un hecho histórico, acá está una mirada a la cultura tsotsil desde la mirada de un nativo, un hijo de ese árbol.
De la Peña dice que la novela breve de Mikel aborda un tema trágico: la matanza de Acteal; lo aborda con “un lenguaje narrativo directo” con la recurrencia de “códigos míticos y poéticos”, que ponen al lector “en vilo (en suspenso diríamos)”.
De la Peña dice que espera no equivocarse en su apreciación de que esta novela “marcará un hito en el ámbito de las literaturas escritas en lenguas indígenas mexicanas y, ojalá, también en la literatura escrita en español”.
¿Ven? Ya leí la novela de Mikel, pienso que el prólogo de De la Peña es esclarecedor, ilumina la senda por donde caminarán los lectores. De la Peña dice que la obra tiene “escenas descriptivas duras”, cómo no, si es testimonio literario de un hecho lleno de mierda, muestra de la miseria humana, de lo sucedido en Acteal hace años.
Robé las palabras de De la Peña porque son brillantes. Por eso, pido aplausos para él y para el autor de esta obra. Gracias.
Posdata: el acto comenzó a las seis y media de la tarde. Calculé una hora para la presentación, así que a las siete y media a casita, tomar mi avena y acostarme. Sabés que me acuesto a las ocho de la noche, porque a esa hora ya se me descargó la pila, cómo no, si me levanto a las cuatro de la madrugada. Todo transcurrió muy bien, tan bien, que la audiencia comenzó a hacerle preguntas a Mikel. Todo bonito, pero mi cuerpo ya comenzaba a pedir esquina, así que, con la pena del mundo, a las siete y media, le dije a Ornán ¡hasta acá llegué! ¡Qué pena! Me bajé del estrado y caminé en medio de la audiencia. ¿Qué pensarían? Lo menos: ¡qué abusivo este tipo! ¡No se esperó al final! Deseé que todo mundo pensara: ¡ay, el viejito Molinari, ya va a desaguar la vejiga! Total, fui al estacionamiento, me trepé a mi tsurito, llegué a casa y ya cumplí con mi ritual de vida, haciéndome la promesa de no aceptar estos compromisos que “comprometen” mi rutina. ¡Hay tantas personas que pueden hacer la chambita de presentación! Siempre pido que aparezcan los nuevos valores, ¿por qué los mismos de siempre? ¡No se vale!
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 2 de abril de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN SENCILLO ACTO FASTUOSO
Querida Mariana: parecería que el término sencillo está en la esquina contraria de lo fastuoso. No siempre es así. Lo que sucedió el viernes 28 de marzo, a las seis de la tarde, fue un sencillo acto fastuoso. La exposición colectiva Fe y Tradición, colección visual en conmemoración a los templos de Comitán: San José, El Calvario y Jesusito, conjuntó la sencillez y la fastuosidad, porque nos mostró el trabajo creativo de jóvenes artistas de nuestro pueblo. Ah, qué hermoso constatar que el arte sigue vigente en Comitán en las manos de chicas y chicos de excelencia. Fue uno más de los actos realizados para celebrar el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos. Mi amigo el regidor Alejandro Caballero Pinto asistió con la representación del presidente municipal, el Señor Fox, en su mensaje confirmó la vocación artística de nuestro pueblo.
Después del acto protocolario de corte de listón, los asistentes hicimos un recorrido sorprendiéndonos gratamente con las obras de Ernesto Falconi, Patty Ramírez, María José Gómez, Karla Gómez, Erika Quintero, Ismael Velázquez, Roberto Chávez, Ángel Luna, Berena Grajales, Nahomi Saldaña, Adolfo Velasco, Fernanda Stephania Guillén y Ángel Alexis Moreno Córdova, savia de la gran ceiba que es Comitán.
Acudí para decir algunas palabras, lo hice con mucho gusto al considerarlo un honor. Te paso copia del mensaje que brindé:
Buena tarde.
La licenciada Grisell Herrera me invitó a decir unas palabras en este acto. Me dijo que se realizaría una exposición de arte, con obras referentes a tres templos: San José, El Calvario y Jesusito.
Me dio gusto escuchar tal noticia. En nuestro pueblo, bueno, en todos los pueblos del mundo, los templos son recintos donde el arte siempre está presente. Hoy, gracias a esta iniciativa, los templos son el pretexto para la reflexión, para la creación, y para la recreación.
En nuestro pueblo, a la derecha de la entrada de Jesusito hay una obra que muestra al Señor de Las Maravillas, esta obra es fruto del talento del maestro Güero, el maestro Javier Mandujano Solórzano; asimismo, también en la pared derecha, al lado del altar de San José, existe otro cuadro del maestro Güero. Y en el templo de El Calvario, en su altar hay tres imágenes soberbias, de tres personajes crucificados: los ladrones Dimas y Gestas y, en el centro, el Señor de El Calvario. Es una pena que la pintura del Señor de Las Maravillas esté deteriorado.
Es bello el cuadro plástico que conforman las tres grandes cruces en el altar de El Calvario. Si pensamos que esas imágenes son sobrevivientes de la campaña nefasta de la quema de santos, ya que lograron ser escondidas, podemos decir que estamos ante una muestra de resistencia. Resistencia es lo que hacen los artistas en la actualidad; el acto de hoy reafirma la libertad de creación de nuestros artistas. Acá sigue presente el triángulo luminoso. Los templos de El Calvario, de Jesusito y de San José están unidos con una cinta artística. Estos tres templos han sido el pretexto ideal para convocarnos. Los templos son recintos donde el arte se manifiesta, porque el arte es parte de nuestra idiosincrasia, parte de la vida plena. ¡Felicidades!
Posdata: la foto que acompaña esta carta me la envió Roberto Chávez, el gran artista de la lente. La obra de Roberto es sencilla y fastuosa, única, sensacional. Comitán es un pueblo luminoso, porque su gente irradia cintas hechas con colores maravillosos.
Las obras presentadas fueron fotografías, maquetas, acuarelas, gouaches, tatuajes sobre piel sintética (jamás había visto obras con esta técnica), ilustraciones digitales, dibujos con estilógrafo, dibujos con carboncillo, mixtas, acrílicos con hoja de oro y mixtas. ¡Todo un collage genial! Entiendo que la muestra estará disponible por varios días más, por si querés darte una vueltita por el Museo de La Ciudad.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 31 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON CHILE PIQUÍN
Querida Mariana: lo del chile es todo un tema. Hay un dicho mexicano muy empleado: “háblame al chile”, dicen unos; es decir, hablame sin dobleces, con la verdad.
El tío Juan se botaba de la risa, porque él lo llevaba por el lado picaresco, lo decía y se miraba hacia abajo, en la entrepierna: “hablame al chile”.
Jenny también lo festejaba, decía que era como si alguien tuviera que agacharse y agarrar el pene como micrófono: “bueno, bueno, probando”.
¿Por qué “hablar al chile” quiere decir hablar con la verdad? No lo sé, yo qué voy a saber.
Yo sólo sé que en Chile, el país, nació el poeta Pablo Neruda y él siempre habló con su verdad, una verdad con aroma de fruto. ¿Recordás que hace tiempo leímos la novelilla “El cartero de Neruda”, del escritor Antonio Skármeta, también chileno?
Neruda vivió en Isla Negra, hoy la casa que habitó es un museo dedicado a Pablo. Mi querido e inolvidable amigo Memo Del Castillo, que en paz descanse, en uno de sus viajes a Sudamérica, visitó la casa museo y me trajo una tacita de recuerdo. En casa tengo un pedazo de Chile (sin albur, sin albur, niña traviesa).
Y digo, sin albur, porque ya mirás que en México la palabra chile se presta al albur (dije que sin albur, porque eso de “presta” también sirve para el cotorreo).
La palabra chile se emplea como sinónimo de pene, debe ser por la forma. Hay chiles mira pa’rriba, chiles mecos, chiles poblanos (sólo aplicable a quienes nacieron en Puebla), pempenchile (pequeños, pero sabrosos, dicen quienes no fueron bien dotados por natura). Hay también chile ancho, sabroso para el cutis, dicen los malcriados.
A mí ni me quedés viendo. Yo sólo sé que en Chile, el país, nació la gran poeta Gabriela Mistral. Nuestra Rosario Castellanos conoció a Gabriela, en el año 1950. Cuando Rosario y Dolores Castro viajaron a España, como estudiantes del Instituto de Cultura Hispánica, se dieron una escapadita para saludar a la gran poeta chilena.
También sé, así, hablando al chile, que en Chile también nació otro gran poeta: Vicente Huidobro. ¡Pucha! Cuánta joya literaria.
Pablo clavó un clavito, un clavito chileno (sin albur). Y digo sin albur, porque no es lo mismo decir: Mario perdió el clavo de María, que decir: María se perdió que Mario se la clavara. Porque clavar también alude al juego donde el pene es invitado especial. ¡Ay, señor, qué país! Todo es falocrático.
Posdata: en la comida mexicana un platillo muy deseado es el chile de relleno. Los léperos también juegan con estos términos: te relleno de chile.
Digo que no sé, sólo sé que Huidobro escribió: “mis ojos de plaza pública / mis ojos de silencio y de desierto…”
Desierto. El poeta Sabines escribió lo que he venido sosteniendo: “...yo no lo sé de cierto…”
Una cosa es que alguien diga “hablame al chile” a que diga: ¡pelame el chile!
¡Tzatz Comitán!
domingo, 30 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON UNA FOTOGRAFÍA ÚNICA
Querida Mariana: quienes conocieron al famoso Nuka lo identificarán en esta fotografía que te mando. Es una fotografía única, de uno de los niños más hermosos de este pueblo. La fotografía se la tomé, en los años ochenta, en su casa de la subida de San Sebastián, lugar donde vivió hasta el día de su lamentable fallecimiento. Sí, mi niña bonita, Francisco Nucamendi Pulido murió hace algunos días. Fue una noticia que conmocionó a la sociedad comiteca, una grieta que lastimó el aire de nuestra ciudad. Mi Paty me avisó temprano, sus amigos de La Chusma corrieron la voz, porque Lili, hermana del Nuka, es amiga de ellos.
Murió El Nuka y cientos de personas se manifestaron en las redes sociales. Todos los mensajes lamentaban su deceso y expresaban mucho cariño, porque Panchito fue un gran amiguero, un hombre generoso, fue uno de los niños más hermosos de este pueblo. Dentro de los mensajes hubo textos sublimes, bellísimos, que uno lamenta hayan tenido como detonante la muerte del amigo. Duele que siempre decimos Te quiero cuando la otra persona ya no lo escucha, por eso muchos dicen que los homenajes deben ser en vida.
Leí textos de gran factura literaria escritos por talentosas escritoras de este pueblo: Mirtha Luz Pérez Robledo, Alba Velasko, Marvey Altuzar, Karina Cancino, ellas, talentosas escritoras, fueron grandes cuncas del Nuka; asimismo, Guillermo Montalvo publicó un texto luminoso en el periódico Al Faro. Me cuentan que la noche de su velatorio, en el Figueroa, muchos neveros y vendedores de raspados llegaron, porque él vivió durante los últimos tiempos de vender raspados (granizados atómicos) y se volvió uno de ellos, todo mundo de acá lo vio por las calles y plazas llevando con ambas manos el carrito con capacete rojo, donde llevaba el hielo y las esencias que él preparaba. Él fue hijo de Doña Lili, pero fue antes que todo hijo de la vida y vivió su vida con los dictados del vuelo en libertad, fue uno de los más intrépidos equilibristas que conoció Comitán, siempre anduvo haciendo equilibrio sobre la cinta de la vida, se entregó a vivir con todo su ser, con todo su cuerpo y con su espíritu, todo lo convirtió en el gran juego de la vida, descolgó estrellas y, también, ensartó muchas de ellas en los cielos.
En esta fotografía está él, siendo niño, puberto, el niño que jamás dejó de ser, el juguetón, el irreverente, el travieso, el pícaro, el desmadroso, el pepenador de esencias sublimes. Me cuentan que El Nuka hacía recetas especiales, lo mismo sucedía con las bebidas, le encantaba probar qué sucedía si mezclaba una sustancia con otra, le encantaba probar, descubrir.
Sí, así lo conocí, fue mi alumno en el Colegio Mariano N. Ruiz, al entrar al salón de clase pedía, a todos los santos, que Francisco no levantara la mano, porque sabía que no solicitaría permiso para ir al baño, sino para hacer una pregunta. Siempre, sus preguntas eran intrépidas, lúcidas, de muchachito inteligente. Pedía que no preguntara, porque mi respuesta siempre era que lo investigaríamos juntos, porque él vivía a años luz de los simples mortales, su mente era prodigiosa.
Falleció muy joven, fue así porque vivió al límite, nada dejó por experimentar, su vida fue una continua mezcla de esencias, tomaba un vaso de sol y lo reunía con líneas de luna reflejada en un lago. ¿Qué producía la mixtura de un diente de ajo con la mermelada de membrillo? ¿Qué un rayo de amarillo con una línea de agua? ¿Qué un puño de emoción con un gargajo de llanto? Siempre fue un innovador, el mundo le quedaba chico, la vida le quedaba a deber. ¿Qué producía la mezcla de una migaja de estrella con los restos de un naufragio?
El Nuka supo que la vida es una pieza rota, él se empecinó (a mitad del camino, sobre la cuerda del equilibrista) en darle forma, en pegar los pedazos, en dejar una vida más completa. No lo logró. Ningún espíritu humano logra que el barquito de papel no encalle en cualquier albañal.
Posdata: Panchito, fue uno de los niños más hermosos de este pueblo. Medio mundo lamentó su fallecimiento, quien no lo lamentó fue él, porque se fue sin dejar ni un gajo por chupar, abrazó la vida con tal emoción que todo mundo se sorprendió con la noticia de que ya no dejaba callejón por caminar. Caminó todas las sendas y, lo más importante, abrió nuevos caminos. A ver quién es el valiente que asume la vida con tal intensidad. Pocos seres en el mundo son predestinados. Él tuvo el destino de vivir a sus anchas y a sus mangas. En esta fotografía tiene las manitas dentro del peto, al rato las sacó para repartir sus dones, para pepenar todas las maravillas de este mundo, de este mundo hecho de pedazos de cristal, de piedra, de fuego.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 29 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON CHUNCHES TECNOLÓGICOS
Querida Mariana: Doña Lolita Albores cuenta que la construcción de la Carretera Panamericana permitió que Comitán se comunicara, por así decirlo, con el mundo.
Hasta antes de 1950, Comitán era un pueblo aislado, como muchas otras comunidades de Chiapas.
Los chavos comitecos de estos tiempos no logran imaginar cómo fue el pueblo en el pasado; bueno, ni quieren hacerlo, ellos ven hacia el futuro. En cambio, los de mi generación caminan en una línea delgada, territorio donde el pasado es nostalgia de todos los días y el futuro es algo que se lleva como un bolso indeseable pero necesario.
Hoy, todo mundo tiene un teléfono celular, ya los sabios visionarios habían advertido que el futuro estaría definido por este chunche. Muchas actividades se harían a través de él. Bueno, el futuro ya está acá, en nuestras manos. Los viejos hemos tenido que adaptarnos a la modernidad. Hay amigos que se han rebelado ante tal adaptación, no les ha funcionado, porque hoy todo, todo, se realiza con dichos aparatos tecnológicos. Las transacciones bancarias se hacen a través de plataformas que los bancos han diseñado.
Imaginemos a un lector que, como yo, nació en los años cincuenta del siglo pasado, ¡del siglo pasado! Él creció con un libro impreso en las manos, lo palpó, lo conservó en un librero, procuró que no se empolvara, que no se mojara, que no se quemara. Como este lector se aficionó tanto a los libros, poco a poco, adquirió varios y luego más y más. Así que tuvo que ir con un carpintero, de allá por el barrio de La Pilita Seca y encargó un librero hecho con madera de cedro, bien barnizado, bonito. Pero un día, consecuencia lógica, el librero resultó insuficiente, porque el amigo lector compraba más y más libros, así que repitió el ritual y solicitó otro librero y así. Conforme pasó el tiempo, la habitación se volvió como un bosque lleno de libros, era un paisaje donde el lector se sentía a gusto, era su lugar favorito. Más un día, una conmoción llegó en forma de noticia. Ya no sólo había libros impresos, lejos estaba el soberbio hallazgo de Gutenberg, la tecnología logró abrir una ventana difícil de comprender: había ya e-books, libros electrónicos, y con dicha noticia llegó otra: había dispositivos que servían para almacenar libros electrónicos y para leerlos. Los más conservadores lectores se negaron a dar paso a la innovación tecnológica y defendieron su derecho de continuar leyendo libros impresos, que era la forma tradicional, la forma “antigüita”. Un sector, donde está incluido el lector del que hablamos, abrió la puerta a la novedad. Nuestro amigo compró un Kindle (chunche donde se almacenan los libros digitales y dispositivo que permite leerlos), buscó en las librerías “virtuales” un libro de su interés y lo adquirió, lo adquirió en forma facilísima, lo pidió y pagó con la tarjeta de crédito (todo este proceso hecho en el teléfono celular), un minuto después la empresa le informó que el libro adquirido ya estaba en su Kindle. Sin creerlo del todo, el lector prendió el Kindle y ¡halló el libro solicitado! Le bastaron dos minutos para adquirir un libro electrónico. Desde ese momento, el lector comenzó a comprar más libros electrónicos, era tan sencillo, tan práctico. Comitán ya no estaba a mil kilómetros de distancia de una librería con miles de libros, ya no, estaba a dos minutos de distancia. Y ahora, el lector, quien nació en los años cincuenta del siglo XX, adquiere libros electrónicos, los lee, los disfruta y los conserva en su Kindle, aparato que tiene la capacidad de almacenar hasta cinco mil ejemplares. Se olvidó del carpintero comiteco, ya no necesita libreros, le basta el chunche electrónico que es el mayor librero que jamás tuvo, porque tiene una gran capacidad de almacenamiento y es un chunche que mide lo mismo que mide un libro.
Esto que acabo de relatar es un sencillo ejemplo de cómo la vida comiteca se ha transformado.
No todo es miel sobre hojuelas, ¡no!, como en todo suceso mundial que transforma la realidad ¡la aparición de estos chunches tecnológicos tiene sus desventajas! Muchas, desde las que mencionan los maestros, porque los alumnos ya no llevan libretas al salón ni toman notas, ahora, el maestro escribe en el pizarrón y los alumnos (los responsables) se paran de sus asientos y toman una fotografía del apunte. Esto, que es una gran ventaja, también es algo negativo, porque los chicos y chicas ya no escriben. Un amigo maestro dice que llegará el día que los jóvenes olvidarán escribir, se convertirán en redactores analfabetos. Además, los críticos de los avances tecnológicos, dicen que nuestro cuerpo comienza a tener malformaciones en la espalda, en el cuello, en los dedos. Igual que vos he visto amigos que llevan unas cintas en las manos, esas cintas les fueron colocadas por médicos expertos para curar dolores musculares. Estos dolores no se daban antes, porque los dedos nunca fueron sometidos a tal actividad repetitiva.
Estadísticas nacionales indican que muchos accidentes vehiculares suceden porque los automovilistas ven el celular mientras conducen. Sí, los he visto en nuestro pueblo. El otro día me senté en una grada del parque central, cerca del busto de Rosario y vi el comportamiento de los conductores, más de cinco, ¡de verdad!, manejaban con una mano mientras en la otra llevaban el celular abierto, hacían lo mismo, bajaban la vista, checaban la pantalla y luego subían la vista para ver qué tenían adelante. Esto me pareció un verdadero peligro. Bueno, me cuentan que hay conductores que hacen lo mismo cuando conducen en carreteras de alta velocidad. ¡Dios mío! Qué osadía.
Nuestra sociedad se ha transformado. Si hacemos un repaso histórico del avance mundial constatamos que jamás se había dado una transformación tan radical, tan impresionante. Ahora nos alertan acerca de la intromisión de la Inteligencia Artificial en nuestras vidas diarias. El otro día (en redes sociales) quedé asombrado por la posibilidad de esta herramienta. El poeta, gran maestro de mi generación y de otras más recientes, Óscar Oliva leyó un poema suyo en francés, todo hecho con inteligencia artificial, la pronunciación es exacta, el movimiento de sus labios es preciso. Días antes, su hija Aurora Oliva, artista experta en danza, quien llevó un curso de IA, leyó un ensayo propio en una lengua asiática. Imaginé que ella jugaba, que ella no tiene el conocimiento de dicha lengua, leyó su texto en castellano y una aplicación digital logró que el video diera la impresión, muy real, de que hablaba dicha lengua, por la pronunciación fidedigna y el movimiento exquisito de sus labios. Alguien pudo pensar que, en efecto, ella estaba hablando en esa lengua asiática. Y digo que esto es como un sencillo juego. La Inteligencia Artificial, nos advierten los sabios, cada vez avanzará más. Y todo esto que parece ciencia ficción también se da en nuestro pueblo, el pueblito que estaba incomunicado en los años cincuenta del siglo pasado. En este siglo XXI todo Comitán tiene acceso al mundo entero. Conozco gente que realiza estudios de posgrado “en línea”, que ha aprendido a hablar inglés u otros idiomas a través del Internet.
¿Qué nos depara el futuro? Por el momento digo que los viejos, los de mi generación, debemos estar abiertos a la posibilidad de integrarnos a tal avance tecnológico, si bien no con la rapidez con que lo hacen ustedes, los chavos, cuando menos para advertir los avances y procurar adaptarlos a nuestra vida diaria.
Yo, igual que nuestro amigo lector, acepté que los libros digitales fueran parte de mi vida, hoy los disfruto; asimismo, me suscribí a varias plataformas cinematográficas y veo cine todas las tardes en mi teléfono celular. Pensé lo que todo mundo decía: “El cine se ve mejor en el cine”, es decir en la sala cinematográfica; hoy pienso que el cine se ve mejor en mi celular, porque ahí tengo a mi disposición cientos y cientos de cintas de todo el mundo. Jamás pensé que en mi pueblito podría tener a mi disposición esta gran posibilidad.
Posdata: hoy todo mundo tiene celular, entra a las redes sociales, se divierte en el TikTok, da opiniones en el Facebook, hace transferencias bancarias, solicita taxis (acá no tenemos servicio de UBER, pero sí solicitamos un taxi a través de una llamada telefónica). Comitán está inserto en la modernidad, mucha gente hace compras “en línea”, puede ser que algún producto no exista en tiendas comitecas, ahora existe la posibilidad de pedir dicho producto en cientos de tiendas del mundo entero.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 28 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, DONDE APARECEN LOS DE A PIE
Querida Mariana: tía Josefa caminaba mucho, desde Guadalupe bajaba a El Cedro, a La Pila, a San Sebastián, a Yalchivol. Bajaba y luego subía. Veía a su compadre Heriberto, en su flamante Volkswagen, modelo 64, destartalado, y decía “caso nací con carro, para eso Dios me dio mis pies”. Caminaba, como lo hacen millones de personas en el mundo.
Sabemos que hay más peatones que conductores de vehículos. Yo veo, en el pueblo, a cientos, miles de peatones. Veo a papás y mamás llevando a sus hijos a la escuela. Veo a abuelos que caminan apoyándose con un bastón, veo a abuelas con andaderas. Ahora hay chunches auxiliares. Siempre recuerdo una imagen donde un personaje bíblico se apoya en un cayado.
En término estricto todo ser humano es un peatón. Al bajar del auto, el automovilista retoma su carácter peatonal.
Gateamos al principio, luego (para confirmar la teoría de mono erectus) tatarateamos y caminamos. La mamá nos suelta y hacemos nuestros pinitos en lo de la caminada. Luego hay deportistas que se especializan en la caminata. Recuerdo la Olimpiada que se celebró en México en 1968, la medalla de plata que obtuvo el marchista mexicano, el sargento Pedraza.
Pero los marchistas son excepción. La mayoría camina sin aspirar a recibir una medalla olímpica. Caminamos por la necesidad de desplazarnos de un punto a otro. El destino cotidiano es la caminata, en el campo, en el parque, en la calle. Subimos y bajamos escaleras. Hay una edad en que, sin competir, corremos. Los niños corren en los patios escolares, hay muchos juegos infantiles que tienen como aliada principal a la carrera. Llega una edad donde dejamos de correr, porque las piernas ya no poseen las virtudes de la juventud. Mi primo Enrique, que en edad es un poquito mayor que yo, cuando le preguntó cómo está, me responde: “Estamos, es ganancia”, bien podría decir: caminamos, es ganancia. A veces, digo que a veces, no valoramos la capacidad motriz. Un simple doblón en un pie puede ocasionar una incapacidad, eso obliga a ir al médico y usar una prótesis. No hay peor cosa para una persona vieja que una caída. Es algo dramático. Por eso, ¡nada de carreras, nada de apresuramientos!
En San Cristóbal de Las Casas hay un dicho simpático que alude a apurarse para hacer un mandado: “andá carrera y regresás corriendo”. La indicación es: no parés un sólo instante, pero es recomendación para niños y jóvenes.
Los viejos que no tienen una incapacidad ¡caminan!, ya no corren. La vejez es una etapa de la vida donde las carreras ya quedaron en el pasado, la caminata es lenta y sosegada. El viejo se vuelve sabio, sabe que la vida se disfruta sin prisas.
Todas las mañanas veo a mamás que llevan a sus hijas de la mano, caminan contentas, rumbo a la escuela. Caminan sin pausas, deben llegar a tiempo a la cita escolar. Las oigo platicar, las niñas se sienten en confianza. La caminata compartida es un disfrute cuando se hace con afectos, con cercanos.
Posdata: si al poeta Sabines le encanta Dios, a mí me encanta caminar. Caminamos al dejar de gatear. Me sorprende que nadie celebre ese instante. Lo del hombre en la luna fue una cosa maravillosa, pero simple y boba; pasar de gatear a caminar ¡eso sí es “un gran salto para el hombre”! A partir de ese instante poseemos el maravilloso don de caminar, esto es un portento.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 27 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON EL VIAJE DE ABELARDO
Querida Mariana: el árbol de los deseos tiene muchos frutos. Todo mundo tiene diferentes deseos, obsesiones. La tía Manuela soñó toda su vida con ir a la Ciudad de México y visitar la Basílica de Guadalupe. Fue feliz el día que estuvo en la plaza frente al soberbio edificio que construyó el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, que al principio muchos fieles criticaron, porque decían que era como una carpa de circo. ¡No importaba! En el interior estaba la imagen de la virgencita, la milagrosa, la Reina de México.
Abelardo Espinosa, papá de mi amiga Paty, soñó toda su vida con conocer las instalaciones de la B Grande de México, mítica estación radiofónica que escuchaba desde niño en su natal Cajcam, por herencia de su papá, don Noé Espinosa, quien toda su vida estuvo acompañado por un radio. En aquellos años (años sesenta) el mundo de Cajcam se comunicaba con lo demás del planeta gracias a la radio, no tenían televisión, ni salas de cine, mucho menos Internet ni celulares (estos aún no se habían inventado). La única extensión era la radio, desde entonces, Abelardo se volvió personaje de novela, porque (igual que su papá Noé) comenzó a comprar radios cada que tenía paga, en la sala un radio, otro en la recámara, otro amarrado en el pilar de la casa, otro más en el morral para la hora de ir al campo, otro más en la mochila para ir escuchando camino a la escuela, radios, muchos radios, que no hubiera un espacio sin ese maravilloso chunche que le servía para comunicarse con el mundo, pero a diferencia de los sastres que conocí en Comitán, Abelardo no sintonizaba la W, la Voz de América Latina desde México, ¡no!, la estación favorita de él siempre fue (es) la B Grande de México, así que cuando Paty le dijo que viajaran a la Ciudad de México, el papá dijo: sí, vamos a conocer a la B Grande de México. Ese fue su gran deseo y Paty, como si fuese el hada madrina, le cumplió el deseo, porque hizo una llamada, explicó y los funcionarios de la radioemisora le dijeron que sí, que los incluirían en uno de los grupos de visita (de los martes o de los jueves), pero, ¡oh, decepción!, después de revisar la agenda resultó que todos los grupos estaban llenos. ¡No, no, por favor, mi papá siempre ha soñado con conocer las instalaciones y conocerlos a ustedes! Va, dijeron, muy amables, les agendaremos una visita especial ¡y así fue! El día lunes, en cuanto llegaron al aeropuerto de la Ciudad de México, tomaron un UBER y Paty, Abelardo y Gloria (la mamá de Paty) fueron a la B Grande de México. El más emocionado era el niño Abelardo, quien llevaba en su espíritu todos los instantes mágicos que había pepenado en su niñez, en las tardes después de hacer la tarea, la tarea de la escuela y la tarea del campo; en las noches después de tomar el café con una tostada; a la hora de ir a la cama. La B Grande de México, su gran compañera, su amiga eterna, la fiel, la maravillosa, la que siempre le ha dado la mano para llevarlo a viajar por el fascinante mundo de la imaginación. Y de pronto estaban en la casa del mago, en la cabina donde, detrás del cristal, el locutor en turno, Modesto Santos, les dio una emotiva bienvenida:
“Ah, ya, ya platicamos con la visita, muchas gracias, a Dora Patricia Espinosa, “quehacerosa” de la comunicación que viene a presentarnos su revista, además viene con el señor Abelardo Espinosa y con Gloria Vázquez, la familia chiapaneca, ¡viva Chiapas!, viva ese rinconcito verde, lleno de cultura, lleno de amor, por la tierra, por las comunidades indígenas, por las lenguas, por todo lo que se vive ahí, que es parte de nuestro México, gracias por venir a visitarnos, son bienvenidos y que tengan excelente regreso, buen viaje, que haya luz en su camino y regresen pronto. Gracias, Dora Patricia, Abelardo Espinosa y Gloria Vázquez, ¡ésta es para ustedes!”
Posdata: y el locutor “soltó” la canción, que se escuchó en miles de aparatos en medio mundo, porque la B grande tiene un poder de transmisión de ¡cien mil watts! “Quehacerosa”, qué bonita palabra inventó el comunicador. Todos los escuchas del mundo que en ese momento sintonizaban la B Grande de México se enteraron que Abelardo estuvo ahí, estuvo ahí por los que tienen el mismo sueño y aún no lo han cumplido, llegó a cumplir su deseo y el de miles y miles de radioescuchas de todo el país, de regiones lejanas, bueno, con decir que hasta nuestra revista tuvo la bienvenida, el locutor no dijo el nombre de Arenilla porque no les está permitido decir marcas comerciales, pero Arenilla estuvo en la cabina de la B Grande de México, todo este portento gracias a que Abelardo, desde siempre, soñó con conocer la casa de la mujer que siempre le ha acompañado, que ha alegrado sus días Cajcameros desde la Ciudad de México. Abelardo cumplió su deseo. Ya después podría venir lo que fuera, ya el deseo mayor estaba cumplido, ya luego, ese día, fueron a conocer por afuerita la Cineteca Nacional (que, me dijo Paty, está al lado de la B Grande de México); ya luego fueron a la Alameda, al tradicional barrio de Coyoacán (con su fuente de coyotes), Palacio de Bellas Artes, y, en la noche, al Teatro Xola. Nada comparable con la B Grande de México, porque la radio llegaba hasta Cajcam, viajaba por el aire, como un ave soberbia. ¡Ah, cuántas horas sintetizadas en los minutos donde estuvo cerca de la cabina y en el estudio de grabación donde hacen los radioteatros! ¡Soberbio! Ah, qué buen deseo de este personaje de novela, quien siempre lleva un radio con él, debajo del brazo y encima del espíritu.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 26 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON GUATEQUE
Querida Mariana: no hay festejo en el mundo sin la música. La música alegra el alma y el cuerpecito. El día del homenaje al doctor Roberto Gómez Alfaro hubo música. Días antes, mi amigo el doctor Luis Ignacio Avendaño Albores me invitó al homenaje que le rindieron a su amigo y maestro. Él asistiría como médico, como amigo y como artista de la música. Me dijo que al lado de amigos amenizarían el acto; al final del mensaje me dijo cele si no aplaudís. Le envié carita de risa y le dije que aplaudiría mucho, para que no me cayera cele. Y asistí y me emocioné con el acto de reconocimiento que organizó la Federación de Asociaciones y aplaudí fuerte y galán al término de cada actuación del grupo musical, no por la afectuosa amenaza del cele sino porque la música, como todo lo demás, obtuvo notas de excelencia.
Ah, qué sabroso guateque. El acto protocolario se llenó de notas excelsas. ¡Cómo no! En una esquina del escenario, al lado de la mesa de honor, cuatro talentosos músicos comitecos soltaron la música, lo hicieron como quien suelta palomas al cielo, como viento moviendo las palmeras y las frondas de los árboles. ¡Galán! ¡Sabroso!
Roberto Domínguez, con el sax; Felipe Trujillo, con el teclado; Luis Ignacio Avendaño, con la voz; y la bellísima Stefany Moguel, con la voz, acompañada con la gracia del baile. Ella, siendo maestra de danza tiene la candela y el fuego que contagia a los cuerpos. Estuve pendiente desde mi asiento de gayola, vi la reacción de las personas, la mayoría se veía contenta, algunos movían los pies; alguien de la mesa de honor, con las manos, como si fuera el del bongó, somataba con ternura sus manos sobre la superficie, llevando el ritmo. Porque los cuatro integrantes del grupo musical le pusieron el ritmo al día, al acto sublime.
Escuché a una persona decir: “quiénes son, tocan bonito”. Quería saber el nombre del grupo, pero, ay, cómo explicarle que es el grupo sin nombre, que se da de vez en vez sólo por el gusto de la convivencia. Digamos (si me equivoco me cae cele) que es Luis Ignacio quien los convoca, quien los integra, sólo por el gusto de darse el gusto, el gusto de todos. He visto algunas grabaciones con rolas escritas e interpretadas por Luis Ignacio, donde se dan cita los otros tres artistas, amigos, compañeros del mismo ladrillo, de la misma cuchara, del mismo edificio espiritual que levantan.
Tocaron bien bonito. Todo mundo agradeció el instante musical, porque, vos lo sabés, la música es bienvenida en todo guateque, no hay festejo sin música. Hasta el más tullido mueve lo que le queda; hasta el más sordo levanta la cabecita como pájaro en busca de comida.
Los cuatro artistas dieron la nota de movimiento rítmico al acto. Ah, qué delicia escucharlos, con el mojol de lujo del movimiento de Stefany, quien mueve su cuerpo al ritmo que le impone su alma jacarandosa y rumbera. “¡Jímbalo!”, decía Luis Ignacio y el sonido aparecía.
Luis Ignacio dijo que al doctor Roberto Gómez Alfaro le gustan los corridos (musicalmente hablando), por ello le compuso un corrido y ese día lo interpretaron. No podía faltar, por supuesto, la canción “Un buen comiteco sos”, que también le dedicaron al homenajeado, porque cada vez que aparecía el estribillo: ¡un buen comiteco sos!, Luis Ignacio señalaba a su maestro. Sí, el doctor es un buen comiteco, un gran comiteco, un comiteco de excelencia.
La letra de “Un buen comiteco sos” es síntesis de lo que Luis Ignacio considera da identidad a los habitantes de este pueblo. Están presentes palabras que designan platillos y bebidas propias de este pueblo, que nombran a personajes y lugares, así como el grito que identifica a los comitecos: ¡cotz!
Todo escrito con picardía, con la luz del reconocimiento.
Disfruté la actuación musical de estos cuatro artistas. No estuvieron en el centro del escenario, porque el personaje principal era el homenajeado, pero brillaron con luz propia, y esta luz la repartieron en forma generosa para darle un ramo de flores sonoras al doctor Gómez Alfaro. ¡Qué acto tan bonito, tan emotivo, tan sabroso!
Posdata: le mandé un mensaje al doctor Luis Ignacio, le dije que había aplaudido un madral, que no me había caído cele. Pensé que los cuatro artistas son buenos comitecos, ilustres, soberbios.
¡Tzatz Comitán!
martes, 25 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN HOMENAJE
Querida Mariana: merecido homenaje para el doctor Roberto Gómez Alfaro. La mención del nombre del doctor evoca cientos y cientos de actos humanistas. El pasado 22 de marzo 2025 se efectuó un emotivo reconocimiento al doctor Gómez Alfaro. Tal vez, digo que tal vez, la medicina humana es una de las profesiones donde brillan los actos más comprometidos con las necesidades de los seres. Nadie puede cuantificar el bien que el doctor Roberto ha hecho a la humanidad; nadie puede hacerlo porque el bien es incuantificable, como incuantificable el aire que nos bendice día a día. Cuando nadie miraba hacia la zona tojolabal él lo hizo, tomó su maletín y anduvo por la zona llevando un poco de esperanza, sembrando semillas de luz. ¿Podés imaginar el gusto de la mamá y del papá cuando vieron que su criatura volvía a correr por el campo, porque la mano sabia había hecho el milagro de devolverle la salud, en aquellos parajes donde es difícil hallar asistencia médica? Esto es sólo un ejemplo de los cientos, miles, de actos donde fue esencial y prodigiosa la presencia del doctor Gómez Alfaro. Nadie olvida su presencia bienhechora cuando cientos de guatemaltecos huyeron de su país y se refugiaron en nuestra región. Ellos tenían urgencia de cuidados médicos, el doctor Gómez Alfaro siempre los atendió.
El Teatro de la Ciudad, de Comitán, fue el recinto que se llenó en la parte baja con familiares, amigos y médicos, para hacer patente el reconocimiento a un médico generoso.
Cuando hizo uso de la palabra, el doctor Gómez Alfaro dijo que su principal lema y ruta de vida ha sido: amar, dar, servir. Este lema lo ha llevado a la práctica durante toda su vida; por eso, el pueblo de Comitán, su pueblo, lo reconoce como uno de sus hijos más preclaros.
Al inicio del acto, vía zoom, participó el doctor Omar Gómez Cruz, secretario de salud, del estado de Chiapas, hijo del médico reconocido, quien dijo: “él me enseñó a caminar comunidades (…) me dijo que lo más importante es el servicio a los demás”.
Este reconocimiento lo organizó la Federación de Asociaciones y Colegios Médicos del Estado de Chiapas, A. C., y fue dedicado a dos distinguidos médicos: nuestro doctor Gómez Alfaro y al doctor José Alberto Cancino Gamboa, quien no pudo asistir por motivos de salud, pero que en fecha próxima se le rendirá homenaje en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez. Quien dedicó el homenaje fue el doctor Didier Gómez Trujillo, presidente de la Federación.
Fue un gran festejo. El teatro ya estaba casi lleno en la parte de abajo cuando llegó el principal personaje: el doctor Roberto Gómez Alfaro, quien llegó en silla de ruedas, acompañado por su esposa, la artista plástica Doña Gloria Cruz de Gómez, y uno de sus hijos. En el vestíbulo del teatro tuve la oportunidad de saludarlo, de manifestarle mi cariño y de darle el saludo afectuoso que le envió mi mamá.
Además de la manifestación de respeto que hizo la Federación de Asociaciones y Colegios Médicos del Estado de Chiapas, A. C., la familia Bonifaz Cordero aprovechó el instante prodigioso para subir al escenario y otorgar un reconocimiento al doctor Gómez Alfaro, acudieron los hermanos Cuauhtémoc, Guayo y Carmelita, cuando Cuauhtémoc (el famoso Cuaty) hizo uso de la palabra mencionó: “es un momento histórico porque estamos festejando en vida al doctor Roberto Gómez Alfaro (…) él transformó al Hospital María Ignacia Gandulfo (…) subió en su calidez humana”.
El doctor Gómez Alfaro comenzó su participación diciendo: “agradezco antes que nada al sector salud, que en este momento dirige alguien que yo conozco mi hijo Omar Gómez Cruz…”, la audiencia sonrió y aplaudió conmovida.
Casi al final de su mensaje, el doctor Gómez Alfaro dijo que los políticos deben “administrar con eficiencia los recursos”. Él, hombre honorable, es referente de honestidad y de compromiso con la sociedad.
Cuando el doctor Gómez Alfaro concluyó su participación toda la asistencia se puso de pie y brindó una serie de emotivos aplausos.
Posdata: el acto fue un momento pleno de vida, el ave de la grandeza humana sobrevoló por el interior del teatro, ahí era reconocido un gran hombre, un profesional pulcro de la medicina.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 24 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON IMAGEN SUBLIME
Querida Mariana: acá está la pequeña Nat con su mamá Cielito. Sí, nuestra compañera de Arenilla, encargada del Contenido Digital, está con su hijita.
No hay necesidad de describir la imagen, bella, como bellas la hija y la madre. Cielito, más hermosa que nunca, le cuenta un cuento a su pequeña Natalia.
Desde que Nat estaba en la pancita, Iván, su papá, le leía cuentos. A los dos meses de edad, Nat, recostada en un sofá sigue escuchando historias fascinantes. Acá, Cielo (ah, nombre que habla de su belleza física) le lee el cuento “Lo que más me gusta de ti”.
Nat, con sus manitas sobre su pecho, escucha atentamente lo que su jovial mamá le narra. Porque, Cielito sabe que la palabra es bendita y Nat está pepenando historias sublimes. Sí, ella llegó a este mundo que no siempre es afable, pero su mamá se encarga de despejar los nubarrones y le cuenta historias bonitas, que sean como mariposas que aleteen frente a su carita, que le lleven aire bueno. Se trata de que la pequeña Nat crezca en medio de duendes simpáticos y árboles llenos de frutos buenos; se trata de que la pequeña Nat se alimente, no sólo de la leche materna, sino también del fruto de la imaginación, de la bondad de quienes han contado historias para bebés bonitas. Nuestra compañera Cielo le da la teta para alimentarla físicamente y le da su propio nombre, Cielo, para que su niña vea estrellas (las nueve de Balún Canán) y escuche el murmullo de los cometas. Porque no sólo la palabra ha alimentado a Nat, también, desde que estaba en la pancita, su papá y su mamá le pusieron música clásica, para que los violines y el piano y las tarolas, en plena armonía, celebraran su vida. Me cuentan que cuando Nat está molesta, se tranquiliza si le ponen a Vivaldi. Ah, qué cordón umbilical tan eterno, la música de los grandes sigue estimulando la paz en el mundo, la palabra de los grandes sigue colocando pajaritos sobre todos los aires, sobre todos los vientos.
Acá está una bellísima imagen. Cielito, bellísima, le cuenta historias bellas a su niña, luego le da de mamar (ah, qué momento más sublime) y la saca al patio para que vea el tocayo de su madre y cuente el vuelo de los pájaros y escuche sus cantos y oiga el ladrido de la pequeña perrita Luna y el maullido tierno y exigente del gato Malvavisco.
Esta historia se ha repetido desde que el libro fue libro y mucho antes, las mamás de todos los tiempos han contado historias bellas a sus críos, porque es la forma de neutralizar los monstruos de la realidad; los monstruos de la ficción son aliados de la vida plena, son los que deshacen las dentaduras de los reales.
Nat escucha, con sus manitas sobre el pecho, escucha atentamente las palabras de su mamá, y ésta, espléndida, sonríe al ver que su pichita la escucha.
¿Qué tanto pepena la pequeña? ¡Mucho! ¡Enormidades! Tal vez alguien diría que está muy pequeña para saborear el fruto de la lectura, pero no es así, ella pepena la esencia, como si la palabra fuera una naranja ella saborea cada letra, cada sonido. Ella no es más que la síntesis de la raza humana, nosotros, parecería que no, pero sí pepenamos las historias que el universo nos narra, escuchamos los sonidos que son eco del Big Bang, recibimos el aire que proviene del hálito inicial. Como Nat, todos los seres humanos, en forma sencilla, ponemos nuestras manos sobre el pecho y escuchamos la palabra de nuestra madre nutricia: la Tierra.
Y esta nueva integrante del mundo, disfruta por ahora la palabra que su mamá le cuenta. Acá, el aire sigue siendo el cordón umbilical donde la madre nutre a la hija.
La mamá va dejando huellas en el aire, huellas que, cuando Nat sea grande, buscará para encontrar la senda del sosiego. Todo es aire, todo es vida. La palabra cumple con su misión, la palabra, en este caso, sí cumple su palabra.
En la voz de Cielito va un tren cargado de palabras, de historias; este tren viaja por vías de todo el mundo: por las montañas del Tíbet, por los mares del sur, por la Cordillera de Los Andes, por la Torre Eiffel, por el Big Ben, por las ruinas de Chinkultic, por Palenque, por Tenam, por el parque central de Comitán, por el Cañón del Sumidero, por la Calle del Resbalón, por el nido del cenzontle, por el árbol lleno de orquídeas, por el limonero, por el templo, por el jardín donde crecen azucenas. Cielo le da lechita todos los días, lechita de sus pechos y lechita de historias bonitas.
Posdata: Nat mama lo mejor de la vida. Dios las bendiga siempre. Mientras más mamás cuenten historias bonitas a sus críos en el mundo crece la flor de la esperanza.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 23 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON FOTOS DE PRIVILEGIO
Querida Mariana: le dije al Doctor Besares que la sección de “Fotos de privilegio” se ha hecho famosa, él protestó, dijo que no importaba la fama sino la trascendencia, agregó, con sus palabras y no éstas, que siempre que ve la foto encuentra a Comitán.
Reflexioné en ello y le concedí la razón. Sí, no importa la fama sino la trascendencia. Cada vez que alguna persona acepta posar a mi lado ocurre un prodigio. Algo sucede en la coincidencia, de pronto, el destino (¿quién más?) hace que alguien coincida conmigo en algún lugar.
Como no salgo del pueblo, más que a lugares cercanos, muy cercanos, la mayoría de fotos de privilegio ocurre en Comitán, así que el entorno es el pueblo donde nací. A veces aparecen personas de otras partes de Chiapas o de México o de Guatemala, son personas que, por algún motivo, llegaron a nuestro pueblo y coincidimos, bien en un parque o en una calle o en el interior de un edificio o de una casa.
En cada fotografía de privilegio está implícita la magia de un instante compartido, así sólo sea un lapso breve. Cada fotografía contiene una historia que ahí se cuenta, quien sabe ver encuentra destellos, hallazgos; halla una tira de vida intensa.
Sí, el doctor Besares, hombre sabio, tuvo razón, no importaba que la sección se hubiese hecho famosa, su importancia radica en que es una historia de vida contada desde Comitán, desde este pueblo maravilloso.
En cada fotografía de privilegio hay un cielo y una burbuja de aire. Coincido con personas, conocidas o no y ellas posan conmigo. El único elemento repetido es mi persona, yo soy la figura que todos tienen, la novedad está en el otro, en la otra, en ellos me reconozco, en ellos está la esencia del ser humano. Somos seres ya de este siglo XXI, somos testigos de una época convulsa, pero prodigiosa. En el siglo donde la Inteligencia Artificial ya es un rostro que se muestra, estas fotografías no tienen Photoshop ni están modificadas, aparecen tal y como fueron capturadas en una “sencilla” cámara de celular o una cámara fotográfica digital.
Cada foto de privilegio es como un árbol, un reloj que detuvo sus manecillas, es un regalo de vida, un presente para el futuro. Cada una de las fotografías tiene una enormísima carga de pasado pero su horizonte recibe la luz de un día recentísimo.
En cada fotografía hay un reconocimiento del instante compartido, me pongo al lado de la persona retratada, extiendo el brazo y muestro un pulgar que denota aprobación y gusto.
Esta serie de fotos es una gran fiesta, donde la vida está concentrada en un instante, quienes ven la fotografía así lo interpretan, por eso, hay personas que de inmediato le dan un “like” corroborando la aprobación y el gusto. He hallado el siguiente comentario: “qué gusto de verlos, hace años que no los veía”, es dicho de alguien que radica fuera de la ciudad y cuando nos “encontró” se sintió identificado, en ese comentario hay también un gran instante de coincidencia, ya no somos dos lo que coincidimos sino tres, o más, más, muchos más. La vida es un compendio de instantes compartidos y en la fotografía de privilegio hay toda una retahíla de momentos esenciales.
Me alegra mucho que en algunas ocasiones me topo con alguien y de pronto él o ella sugieren que nos tomemos una foto y agregan: “la de privilegio”. Por eso me atreví a decirle al Doctor Besares que la serie ya se había hecho famosa, ¡no!, dijo él. Y, hombre sabio, tuvo razón, la fama es efímera, es un cerillo con luz engañosa; la foto de privilegio ya posee una trascendencia que va mucho más allá de los lentes para sol, es el sol, es el mar, la palmera, la banqueta, el césped, la flor, el cielo.
Las dos personas que aparecemos en la fotografía de privilegio sonreímos. A mí me da cierta pena, pero siempre procuro posar mi mano sobre el hombro contrario de ella, como si fuera un pájaro, el ave que hace eterno el instante.
Posdata: la serie ya trascendió la fama, se ha hecho trascendente, infinita, eterna. No tengo ningún derecho sobre tal costumbre, sólo hago lo que ahora hace medio mundo al toparse con el otro medio mundo: dejar constancia de un encuentro, un encuentro fortuito que se elonga en el tiempo. Si la serie ha tenido trascendencia es porque siempre uso una palabra: privilegio, con esto digo que me place estar con la otra persona y que doy mi testimonio de agradecimiento por permitirme tal gusto de vida, tal flor en el campo yermo.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 22 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON CENTENARIOS
Querida Mariana: Comitán celebra el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos, la gran escritora comiteca. En muchas partes de México y del mundo hay festejos en su nombre. Ella puso el nombre de Comitán en el mapa internacional. Su primera novela “Balún Canán” tiene como entorno nuestra ciudad, ella platica lo que vio de niña, ahí está su mirada inteligente, reflexiva.
Las personas que visitan el Museo Rosario Castellanos que está en nuestra ciudad conocen algunos ejemplares con traducciones de dicha novela, traducciones al francés, al inglés, al japonés, al hebreo y otras lenguas. Esto sólo significa una cosa: lectores franceses, ingleses, japoneses y hebreos, aparte de lectores en castellano han conocido Comitán a través de sus páginas. Por esto se dice que ninguna otra persona de Comitán ha hecho tanto por esta ciudad, Rosario, siempre Rosario, ella ha sido la más sublime oración para invocar la grandeza de nuestro pueblo.
Este es su año, por eso el Congreso del estado de Chiapas nombró a 2025 como Año de Rosario Castellanos Figueroa. Todo mundo la celebra y esto es orgullo para nuestra ciudad. Pero, no sólo ella es motivo de festejos. En 1925 también nacieron otras celebridades en el mundo y son motivo de fiesta, de recordatorio.
En un texto del escritor José Agustín (“Un día en la vida”) aparece la descripción de un festejo que el también escritor Carlos Fuentes le dedicó al colega estadounidense William Styron, en la cantina “La ópera”, de la Ciudad de México. El famoso escritor William Styron visitó México para presentarse en la Librería Universitaria, a finales de los años sesenta. El texto de José Agustín es también para celebrarlo, ¿por qué traigo el tema en esta cartita? Porque William Styron también nació en 1925, mismo año del nacimiento de Rosario. William nació el 11 de junio de 1925, en Newport News, Virginia. Esto significa que allá y en otras partes del mundo también hay y habrá festejos en su honor. José Agustín narra que Styron llegó a la cantina “La ópera” acompañado de la gran actriz Candice Bergen (“realmente cuerísimo”), y es que William estuvo relacionado con el cine, en 1983 fue presidente del Jurado del Festival de Cannes, el más importante festival cinematográfico del mundo.
En literatura se acostumbra llamar “Generación” a creadores que nacieron en un determinado lapso, pero los verdaderos hermanos generacionales son los que nacieron el mismo día del mismo año, como es el caso que platico: el de William y el de Rosario, uno nació en Estados Unidos de Norteamérica y la otra nació en México, pero ahora todo el mundo celebra su genio en el año que nacieron. ¿Por qué se hace? Se hace para no olvidarlos, para decirnos que su genio creativo fue esencial en el desarrollo del pensamiento del mundo.
¿Hay más escritores nacidos en 1925? ¡Por supuesto que sí! Ya te conté el otro día que Ernesto Cardenal nació en Nicaragua ese año, así que también el pájaro Cardenal es celebrado en 2025. Cardenal, lo sabés, fue sacerdote revolucionario, junto con la palabra tomó el fusil. Lo cierto es que nadie celebra su afición por el arma, pero sí lo recordamos por la sutileza de su palabra, siempre es así (aunque los rebeldes opinan lo contrario), no hay arma más poderosa que el lenguaje. Es muy conocido su poema “Oración por Marilyn Monroe”, que comienza así: “Señor / recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe / aunque ese no era su verdadero nombre / (pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años / y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar) …” ¡Uf!
El gran Emilio Carballido también nació en 1925, en Veracruz. Fue un gran dramaturgo mexicano, sin duda que en este año habrá muchas puestas en escenas de sus obras. ¿Recordás que hace años un grupo de maestros del Colegio Mariano N. Ruiz montó la divertidísima “Cuento de navidad”? Ah, todo mundo se divirtió, los actores y actrices, el estudiantado y los papás y mamás que nos acompañaron en el Salón de Actos, del plantel Los Sabinos. Como fue en temporada navideña, al final el Maestro Hugo invitó un ponchecito. Carballido estuvo esa noche en Comitán, tierra de Rosario. Hoy, ambos siguen unidos por las celebraciones de sus centenarios de nacimiento.
¿Quién más? Hay más, pero como la carta está a punto de concluir sólo menciono dos nombres más, dos nombres de paisanos: el escritor Óscar Bonifaz y la lectora Piedad Albores de Ruiz. Doña Piedacita (como cariñosamente le llamaban sus cercanos) nació en Comitán en 1925 y fue amiga de Rosario Castellanos. Por supuesto que sí. Los historiadores y estudiosos de la vida y obra de Rosario deberán investigar más en la familia Ruiz Albores, porque Lupita Ruiz Albores (hija de Doña Piedad) comentó en un mensaje de redes sociales que su tío Dr. Gonzalo Ruiz Castellanos fue albacea cuando murió Rosario Castellanos, esto habla de la cercanía entre ambos árboles genealógicos.
El otro día platiqué un rato con mi amiga Gloria Ruiz Albores, hija de Doña Piedad, Gloria me dijo que su mamá fue amiga de Chayito (así le llamaba, Chayito). El papá y la mamá de Doña Piedad eran amigos de la mamá y del papá de Rosario, en los años treinta se acostumbraba en Comitán ir de visita a la casa de amigos y luego “se correspondía” la visita. Cuando los mayores se reunían, las hijas también. La niña Piedad jugaba con la niña Chayito.
Ana Lucía Ruiz Bermúdez (nieta de Doña Piedacita) compartió el otro día un video donde habla de Rosario Castellanos (está disponible en Youtube en la página de “Señora Robot”). En dicho trabajo escuchamos a Doña Piedacita, quien cuenta que el papá de Rosario vendió la finca “El Rosario" a un señor de apellido Solórzano y éste lo vendió al gobierno para que se hiciera el ejido. Cuenta también algo de la historia de la mamá de Rosario, Doña Alicia Figueroa, son datos muy importantes, porque los historiadores han puesto más atención al apellido Castellanos que al apellido Figueroa. Doña Piedacita menciona a dos hermanos de Doña Adriana: Adalberto y Jesús, la familia tenía un rancho, de eso vivían. Don Jesús se casó y fue a vivir a la Ciudad de México. Luego, información maravillosa, cuenta que Doña Adriana, mamá de Rosario, “era bonita, ojos crespos, chaparrita”, ah, qué maravillosa descripción. Al contrario, el ingeniero César (papá de Rosario) era “Altote, grandote, grandote, el hijo de Chayito se parece a él”.
¿Mirás? Todo esto contó quien fue amiga cercana de Rosario Castellanos. Y dice más, dice que en los años treinta, en Comitán, había “centros de costura”, donde las mujeres se reunían para aprender a coser, agrega: “yo tenía unos trece años cuando empecé a aprender a tejer en la casa de la Julita Rovelo, en el centro, en casa de Don Adolfo Rovelo”. Ahí llegaba Doña Adriana, Piedad fue, por así decirlo, compañera de salón, cuenta que Doña Adriana sólo pensaba en coser ropa para su hija, para Chayito.
Posdata: en este 2025, la gran estrella es Rosario. En todo Chiapas y en muchas partes de México y del mundo, hay celebraciones en su honor, por el Centenario de su nacimiento, pero acá en Comitán también celebramos el centenario del nacimiento de una de sus amigas cercanas: Doña Piedad. Porque cuando ella platicó con su nieta aportó datos que hoy son testimonio importante de la vida de Rosario en Comitán.
Todo mundo lo dice: Rosario nació en la Ciudad de México (antiguo Distrito Federal) pero como llegó pichita a este pueblo, acá vivió toda su infancia y parte de su adolescencia, ella siempre se asumió comiteca, sus amigas de infancia fueron personas de esta ciudad, con ellas jugó, con ellas estudió, con ellas compartió momentos esenciales. Imagino que cuando ella narra los juegos escolares estaba en su mente los momentos que compartió con niñas de Comitán, en el patio de la escuela. Una de las niñas que compartió instantes de vida con ella fue Piedacita. Acá, ahora están unidos los dos nombres: Chayito y Piedacita.
En pocos lugares del mundo se atreven a decirle Chayito a Rosario Castellanos, acá sí, porque, lo sabés, Comitán es un pueblo afectuoso, muy dado a nombrar con diminutivos a las personas amadas. En este 2025, nosotros le cantamos las mañanitas a Chayito y a Piedacita, niñas que nacieron el mismo año. En la foto que anexo está Doña Piedad, bella pichita comiteca.
¡Tzatz Comitán!
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