viernes, 12 de agosto de 2022

CARTA A MARIANA, CON NUBES QUE NUNCA VOLARÁN POR ESTE CIELO

Querida Mariana: ¿cuáles serán las palabras que más usamos los comitecos? El otro día pensé que los habitantes de París tienen cercanía con el río Sena. ¿Quién sabe cuántos franceses mencionan al Sena cada día, a todas horas? Muchos comitecos mencionamos, aún, al río Grande. Lo que quiero decir es que la palabra río la mencionamos aquí y allá. Los franceses mencionan a la Torre Eiffel. ¿Nosotros? No tenemos torre, nos damos ¡en la torre!, esto sí. Pero, nadita somos, sí tenemos la panadería de Las Torres, donde venden un riquísimo pan comiteco. Usamos la palabra desierto, pero no la empleamos con la frecuencia que la usan los egipcios, quienes también usan frecuentemente la palabra pirámide. ¿Nosotros? De vez en cuando escucho que alguien menciona la palabra pirámide para designar alguna estructura maya, pero como las pirámides acá están truncas usamos la palabra ruina. Pucha, no es el término más adecuado, pero ahí se va. Asimismo, la palabra tren no la usamos con frecuencia, como sí la usan los habitantes de la Costa. Mi mamá (huixtleca de nacimiento) me cuenta historias del tren y de la estación que había en su pueblo. Dice que uno de esos trenes se llamaba “El mixto”. Acá sólo los niños de los años sesenta soñábamos con un trenecito eléctrico. Hoy, entiendo, los niños sueñan con otro tipo de juegos. ¿Y qué me decís acerca de la palabra nieve? La empleamos con frecuencia para designar a los helados, porque en Suiza la emplean para nombrar los cristales de hielo que caen del cielo y alfombran de blanco todos los campos. Acá no nieva. ¿Y qué sucede con la palabra mar? Es algo tan distante. La mencionamos cuando vamos a los restaurantes a comer algún producto del mar o cuando, chismosos (mero comitecos que somos), hablamos de vida y milagros inventados de alguna chica que se llama Mar, porque el nombre sí es empleado para nombrar a chicas. De las palabras mencionadas ninguna se emplea como nombres propios, salvo el de Mar. ¿Cuándo has escuchado que alguien se llame Desierto o Río o Torre o Nieve? Aunque fíjate que acá te daré un tip lexicológico, me preguntan cómo se dice: “en Nueva York ¿neva o nieva?” Ah, yo no fallo, porque siempre recuerdo a mi amigo que tiene el apellido Nieva y respondo de inmediato: ¡nieva!; es decir, en Comitán no nieva, pero sí hay familia de apellido Nieva. El Metro de la Ciudad de México y de las grandes ciudades es muy diferente con nuestro modesto metro, el nuestro sólo se usa en los mostradores de los sastres o en las jarcierías o lugares donde venden telas. Nuestro metro es cabal; digo esto, porque el Metro de la Ciudad de México mide más de un metro. ¿Por qué se llama Metro a lo que en USA se llama Subway, que parece un término más correcto para designar a ese maravilloso gusano que transporta millones de usuarios todos los días de todo el año? Busco en el Internet y encuentro la respuesta a mi pregunta: “Ah, mirá, Alejandro, se llama Metro porque es contracción de la palabra Metropolitano”. Oh, quedo turulato y satisfecho con la explicación. En Londres, el Metro se llamaba Metropolitan Railway. ¡Genial! Es decir, el Metro no tiene nada que ver con el sencillo metro. Y ya que mencioné a Londres también es bueno decir que la palabra niebla tampoco la usamos mucho en el pueblo, como sí lo usan los londinenses, porque allá es cosa de todos los días. Acá, cuando amanece con niebla la gente toma fotografías y se sorprende con las imágenes que nos remontan a películas de misterio o de terror. En las películas de El Santo aventaban una neblina falsa para hacer más dramático el momento en que aparecería el vampiro. Posdata: hay palabras que usamos todos los días, hay otras que, a pesar de ser parte de nuestro idioma no las empleamos frecuentemente, porque los entornos no lo permiten. No falta el compa simpático que dice: “Este fin fui a las playas de Uninajab”, sabemos que es una exageración, porque en ese lugar no hay playas, pero el deseo nos hace pensar que esa tierra tiene cierta semejanza con la arena fina, blanca, de Cancún. ¡Tzatz Comitán!