jueves, 2 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON LIBROS
Querida Mariana: Kira Galván es poeta y narradora. Estuvo en Comitán, hace años. Dora Patricia Espinosa platicó con ella y la charla se publicó en la Gaceta “Kujchil”, de la dirección de cultura, en la administración del licenciado Luis Ignacio Avendaño Bermúdez.
La querida amiga Marvey Altuzar, también poeta y narradora, está en Comitán y llamó para decirnos que nos había traído dos libros de poesía de Kira.
Kira ha sido muy reconocida en los últimos tiempos, por todos lados le realizan homenajes, que responden a su bien ganado prestigio literario.
Kira estuvo en Comitán, hace años. Hasta donde recuerdo vino a un encuentro literario organizado por Socorro Trejo, su esposo Fernando y su hijo Fernando Trejo.
Recuerdo haberla saludado en el espacio donde ahora está el Restaurante Botanero Tío Javi, que es una hermosa casa tradicional comiteca.
Tal vez porque Marvey es muy amiga de ella me aparecen muchas publicaciones del muro de Kira. Así me enteré que vendió su casa en Cuernavaca (tuvo casa en Cuernavaca, igual que nuestra Rosario Castellanos), asimismo me enteré que falleció su esposo y desde acá lamentamos esa muerte ingrata, casi boba. Uno de los libros que Marvey trajo habla precisamente de ese proceso. El libro se llama: “La vorágine, lo visceral, el vértice filoso y lo vacante fatuo”. En la contraportada viene un textillo de Ethel Krauze, otra gran escritora mexicana. Me enamoré de Ethel cuando leí, hace muchos años, su libro “Cómo acercarse a la poesía”, que es un texto muy difícil de conseguir en la actualidad. Y, como me sucedió con Kira, también tuve el gusto de saludarla en un encuentro literario en Zacatecas, cuando le entregaron el Premio Internacional de poesía al gran Óscar Oliva. Mario Nandayapa y yo viajamos desde Chiapas, en 2013, para acompañar al maestro en ese reconocimiento. En una de las actividades, el comité organizador nos invitó a Jerez, pueblo mágico, tierra del poeta Ramón López Velarde, estuvimos en su casa museo y luego en una plaza simpática donde hay un busto del poeta, ahí saludé a Ethel, sólo le extendí la mano y ella correspondió. Traigo a colación a Ethel por el texto que aparece en la contraportada del libro de Kira. Ethel no se va por las ramas, mirá como comienza: “Me he quedado temblando. El poema me ha dado un mazazo en la cabeza, cuyos fragmentos me dejan en la antesala del llanto…”
Sí, cuando leí el poemario de Kira sentí lo mismo. Lo que ahí narra es un mazazo que remueve todo el ser. Kira ha buscado palabras en el basurero del mundo, las ha limpiado y nos las entrega como renuevos. En la poesía mexicana un tema recurrente es la muerte. No todo mundo logra trasmitir el dolor de la pérdida. Ahora que celebramos por lo alto el centenario del nacimiento de nuestro poeta Jaime Sabines recordamos el poema “La muerte del Mayor Sabines”, donde hace un registro pormenorizado de la dolencia física de su padre; hace varios días, la poeta Mirtha Luz Pérez Robledo también nos regaló un poemario: “Lázara”, donde revive a su hija, fallecida en un acto violento. A Kira se le fue el esposo en cuarenta y ocho horas. Así fue, así lo dice en este poemario. “Sí, adiviné que tenías algo en el hígado porque esa mañana te veías amarillo, pero no estaba asustada. Reposo, alguna medicina, me convencí”. Eso pasó el día que lo internó. En la noche le avisaron que los riñones de su esposo habían dejado de trabajar. “¿Cómo? ¿Acaso no era el hígado lo que estaba mal?” En el poemario Kira lamenta no haber llevado a su esposo al hospital de avenida Universidad y Churubusco: “el gastroenterólogo atendía ahí, por eso te llevé a ese hospitalito de mierda”. Todo es una revisión a toro pasado. Lo cierto es que Kira, al día siguiente de internar a su esposo, recibió la noticia de que él había fallecido.
Su pesar, su dolor, nos los entrega desollados, como res en canal. Tiene razón Ethel, el poema es como un mazazo en la cabeza, los fragmentos la dejaron en la antesala del llanto. Kira, orfebre de la palabra, ha hecho un poema con lágrimas, ha traído de nuevo a la vida a su amado esposo. Y ahí estamos sus lectores, Ethel en CDMX y nosotros en Comitán, parados en la antesala del llanto.
Posdata: Marvey pensó en nosotros. Fuimos a su casa, nos sentamos en el recibidor donde corre el aire libre, cotorreamos el punto (el punto y seguido y el punto y aparte) y ella nos entregó los dos libros de Kira. El que habla de su esposo lo presentó Kira en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería 2026, en febrero. Vi fotos, en una de ellas está Marvey. La compañía es la flor del misterio, con ésta puede hacerse un té, una infusión que sirva como bálsamo al espíritu.
¡Tzatz Comitán!
