viernes, 9 de enero de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN RECUERDO DEL VEINTE VEINTIDÓS
Querida Mariana: ya estamos en el 2026. Un día de marzo de 2020 hubo un receso en todos los colegios y escuelas de México. Las autoridades sanitarias dijeron que había una emergencia por un virus llamado COVID. El receso se prolongó a tal grado que el retorno a clases fue virtual y, posteriormente, híbrido: presencial y virtual. Durante el tiempo de pandemia los patios escolares enmudecieron, las escuelas perdieron su vocación de vida. La medida del cierre fue necesaria para evitar el contagio, dijeron los encargados de la salud en el país. Los catedráticos del colegio Mariano N. Ruiz, igual que los demás colegios del mundo, impartieron clases a través del zoom.
La fotografía que te comparto es de noviembre 2022. La tomé en el escenario del corredor cultural del plantel Los Sabinos. Son estudiantes de bachillerato, participan en una actividad donde el conocimiento se adquiere a través de dinámicas prácticas, que es la mejor forma de aprendizaje. Por ahí Jorge Luis Borges, el gran poeta y narrador argentino, dijo (en otras palabras, claro) que olvidó todo aquello que estudió para pasar un examen; en cambio, aquello que leyó por gusto lo llevó en su mente (y en su espíritu) por siempre.
Acá, los chicos y chicas, en lugar de aprender de memoria un conocimiento (en apariencia algo que tiene que ver con la mitología griega) hicieron una representación de divinidades y, ¡seguro!, dicho conocimiento lo recordarán toda su vida. ¡Cómo no! Cómo olvidar la mañana que la chica fue Hera, ¡pucha!, nada menos que esposa de Zeus, el mero tatón del Olimpo. Cómo olvidar la mañana que el chico fue Hefesto, el dios del fuego. Además, para representar este papel se necesita un valor especial, porque el tal dios del fuego (dicen los libros) no era muy atractivo y cojeaba. Cualquier compañero, con dotes de Polo Polo, pudo aprovechar el chiste que cuenta que un cojo se atrevió a piropear a una chica fifí y ésta se volvió y dijo: “Estúpido, ¡cojo feo!” y la respuesta a la agresión fue: “No te preocupés, yo te enseño”.
Lo que quiero decir es que el grupo define a la escuela. Los príncipes tuvieron educación personalizada, los tutores llegaban a palacio y atendían a los soberanos en forma exclusiva. ¿Todo perfecto? Ni tanto, a los de sangre azul siempre les faltó el baño de pueblo, la convivencia con otros chicos de su edad. En esta fotografía se ve esa cualidad: la actividad en grupo, que enriquece el aprendizaje, la convivencia. Los que saben han dicho que el ser humano es social por naturaleza, está en el ADN. Es cierto, todo aquello que se comparte en grupo es más satisfactorio, transmite energía.
Claro, toda actividad debe ser orientada, es la labor que debe propiciar la escuela, porque, de lo contrario, todo entra en el terreno de la anarquía.
En el Colegio Mariano N. Ruiz, como en muchos colegios en el mundo, se da énfasis a las actividades grupales que encauzan el espíritu. El colegio ha sido mi casa, ahí estudié mi secundaria, luego entré a dar clases y llegué a ser directivo. ¿Mirás? Viví la maravillosa experiencia desde tres balcones diferentes, cada puesto exigió responsabilidades diferentes. En las tres posiciones viví lo que digo: el acompañamiento grupal, así entendí que es más complejo avanzar en forma solitaria. Esta fotografía es sensacional porque sintetiza lo dicho. En esta imagen está plasmada la riqueza de grupo. Acá está representado el Olimpo, que fue el territorio de dioses y diosas.
Posdata: por fortuna, la pandemia cesó. Un día glorioso regresamos a las escuelas, los patios volvieron a llenarse de vida, los chicos y chicas corrieron, platicaron, jugaron; con su presencia avalaron la bendición de los colegios. Hoy, estos estudiantes ya no están en el Colegio Mariano N. Ruiz, la mayoría estudia la profesional, en diversas instituciones del país, forman parte de otro grupo, pero jamás olvidarán el grupo del que formaron parte, un itacate de anécdotas llevan en su alma, para siempre, por siempre.
¡Tzatz Comitán!
