lunes, 31 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN RATO EN MI PARQUE

Querida Mariana: esta carta la iba a titular: “Una mañana en mi parque”, pero renuncié, porque jamás he estado una mañana ahí, voy por ratos, quienes sí permanecen toda la mañana son los boleros. Ya todo mundo se dio cuenta que en estos días es imposible caminar por el pasillo exterior, hay muchas carpas que impiden el paso, tanto de los pies como de la vista. Decidí que caminaría por el pasillo interior y así lo hice. Una vuelta que le doy significa ciento cincuenta pasos, así que si camino diez vueltas acumulo mil quinientos pasos. Me divertí. Me topé con gente que estaba sentada en ese circuito, los primeros eran una pareja sentada al lado de un basurero, pensé decirles que no era el lugar más adecuado, sobre todo porque ella comía papas de un cucurucho, de esa empresa que tiene como logotipo un mono; más adelante me topé con una pareja de jóvenes, novios, sin duda, él acariciaba el cabello de ella, que se dejaba hacer; en la siguiente banca una señora fumaba, pensé que había decidido usar su tiempo libre en ese vicio malévolo; en la siguiente banca (todos ellos en la sombra de árboles, de las nueve de la mañana) estaba un muchacho que veía su celular y mordía un vaso de unicel, tal vez el vaso contuvo atol de granillo o jocoatol, no lo sé, su costumbre se me hizo rara, mordisquear el vaso, luego recordé que ahora hay vasos que se comen, sirven el café en vasos comestibles, casi casi como cuando una niña pide una nieve en un barquillo, es un acto maravilloso, comer un pedazo de barquillo mientras se disfruta el helado; más adelante un señor, con una cachucha roja, no hacía más que ver hacia el frente, cada vez que me acercaba su vista me escaneaba. Esas eran todas las personas que vieron mi caminata de mil quinientos pasos, a la mitad del recorrido llegaron tres niños, dos varones y una niña, se sentaron en una banca y ahí estuvieron muy formalitos, sin moverse, sin platicar, uno de los niños jugaba con una bolsa de plástico, le abría un agujero, pero no más. Cuando estaba a punto de terminar mi recorrido escuché una canción que, indefectiblemente, me lanzó al recuerdo de los años setenta, cuando era estudiante de la preparatoria. La canción de “philosopher” apareció y fue muy famosa. Nunca aprendí inglés, pero la primera frase sí la recordé: “All of the children in the park…” (todos los niños en el parque). Es una canción muy bella. Terminó la rola y comenzó una de Los Beatles. Comencé a ver el origen de la música y me di cuenta que provenía de un lugar donde estaba Jesús, el bolero. Me acerqué y vi que, en efecto, tenía un pequeño aparatejo con un USB. Me contó que un guatemalteco le vendió la memoria con música, como tenía música de los setenta y de los ochenta, la compró. Esa mañana de domingo había decidido escuchar un poco de música, de sus tiempos jóvenes, Jesús nació dos años después que yo, en 1959, en el Distrito Federal, muy joven se echó a rodar por muchas ciudades del país y desde hace veinticinco años radica en nuestro pueblo. Me dijo que es requinto, que fue rockero en su juventud y que ahora tiene un cuarteto. Llegó a Comitán hace veinticinco años y acá se quedó, me dijo que se terminó su espíritu aventurero, vive solo, nunca tuvo familia. Le pregunté si le gustaba Comitán, alzó los hombros y dijo que no le queda de otra. Le dije que yo sí disfrutaba mi pueblo, mi parque, me vio y sonrió. Posdata: me despedí y me encaminé al mercado primero de mayo, pero hice el recorrido de mi ruta inicial, todas las personas seguían ahí, sólo los niños ya estaban acompañados por una mujer. El compa del vaso de unicel ya le había hecho algunos agujeros en la base, se divertía jugando con ese material, la mujer del cigarro ya había prendido otro (¿alguna impaciencia quería mitigar? Pensé que también el compa del vaso deslizaba su impaciencia en esa actividad). ¿Cuántas piedras se topa uno al caminar en el desierto? ¿Cuántas en un bosque? ¿Cuántas si pudiéramos caminar en la superficie lunar? Me gusta caminar un rato, hacerlo en mi parque. Mi parque lo presto para que Estrellita le ponga figuritas, pero ahora, diría Flash Informativo, ¡ya ta mucho! Decenas de carpas que no permiten caminar, son como piedras al paso, en un lugar donde el tránsito para peatones debería ser fluido, tranquilo, armonioso, es pues el corazón del pueblo. En fin, dicen los expertos, que peores cosas se verán. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 30 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON RECUERDOS

Querida Mariana: todos tenemos retazos de memoria. Decime que sí, que no sólo yo. Todos armamos nuestro pasado con pedazos, con rémoras. Según entiendo, nadie recuerda todo al ciento por ciento. Pero, ayer me alarmé. Recordé a un maestro que tuve en la secundaria, vi su presencia casi majestuosa, impecable, pero de lo único que me acordé de él fueron tres ventanas de las múltiples que abrió: una fue lo que me dijo un día respecto a mi nombre: “Alejandro significa: el que dirige”, la segunda fue un comentario que hizo en aula: “me reclaman porque no los saludo en la calle, cuando camino (siempre lo hacía) voy pendiente en la banqueta de no pisar caca de chucho”, y la tercera fue algo que me comentó una amiga: “se subía al estrado y decía: vean mis calcetines y se subía el pantalón y dejaba ver sus partes nobles”. No más, por más que intenté recordarlo, no logré pepenar alguna ventana más. De una maestra, en la universidad, a quien considero la persona que más influyó en mi proceso intelectual no recuerdo más que estas palabras: “no hagan las maquetas de papel porque se harán caca”. ¿Eso es todo? ¿Cómo es posible que mi memoria no haya retenido algo más sustancioso? Sé que la memoria es selectiva, pero no puede ser que la mía sólo seleccione pasajes intrascendentes. Dios mío, si hubiera conocido a Octavio Paz, tigre para frases célebres, ¿qué hubiera recordado de todo el caudal de palabras que hubiese pronunciado? Él se desgarraba en cada frase, siempre lanzaba palabras que fueran joyas, algo que jamás se hubiera pronunciado. ¿Qué habría retenido mi memoria? ¿Algo como “ahora vuelvo, voy al baño”, cuando se levantara de la mesa donde tomábamos un café? Ayer me preocupó de más mi memoria, siempre he sido consciente de que tengo una memoria pichancha, admiro a los memoriosos, a los que son como Carlos Monsiváis, a las que son como Lolita Albores, a los que son del equipo de mi amado Gutmita. ¡Ah, qué memorias tan soberbias! Mi Gutmita es prodigioso, recuerda con precisión un hecho sucedido hace más de sesenta años, cuenta que sacó a bailar a fulanita, en la casa de sutano, él vestía de tal forma y la chica tenía un peinado de tal consistencia; recuerda el nombre de la marimba y la canción que bailó con ella. Todo está imbricado, todo como si estuviera sucediendo. No hay detalle que se le escape. He conocido a mucha gente con tal capacidad, Temo Alcázar también tiene una memoria sorprendente, de igual manera Chuy, el gran cronista deportivo, y muchos más en el pueblo. Son gente que tiene una retentiva bárbara. A mí todo se me diluye, nada queda en este océano inquieto que es mi memoria, como si fuera un árbol que siempre está seco, que, de vez en vez, se posa un pájaro sobre una rama, pía y levanta el vuelo y no regresa jamás. Sólo me queda ese trino, que también, con el tiempo se vuelve opaco, con lo cual no puedo determinar si era un cenzontle o un simple pájaro petacón que se echó un pedo. No recordé algo más de mi maestro de secundaria, que era un hombre brillante, debió decir muchas frases estilo Octavio Paz, porque era un hombre ilustrado, bilingüe (que en ese tiempo había pocos). Nada, por más que lo intento. ¿Qué hacía durante el tiempo que estuve en aula frente a él? ¿Jugaba futbolito en el mesabanco, con pelotitas hechas de plastilina? He estado frente a personas de gran conocimiento, te he contado que fui alumno del ilustre maestro Carlos Graef Hernández, bueno decir que fui su alumno significa que estuve sentado frente a él, pero no recuerdo nada más, sólo su nombre se medio grabó en mi memoria. Posdata: a veces recuerdo al maestro Rey Avendaño, fundador de la escuela secundaria y preparatoria de Comitán, un maestro sublime, recuerdo su imagen, más o menos, siempre vestido de traje, muy pulcro, de él sólo recuerdo lo que los compañeros repiten una y otra vez, que era algo que decía cuando reprobaba a alguien: “totón, totón”, que significa que la calificación era cincuenta, reprobado, porque el tostón era la moneda de cincuenta centavos. ¿De verdad nada más se quedó en nuestra memoria? Bueno, por fortuna, recuerdo un ejemplo que nos ponía: “¿Cómo como? Como, como como”. ¿Es todo? También el chiste sobado que le aplican, que cuenta que una vez estaba con una chica de la servidumbre, haciéndole algunos galanteos y entró al cuarto la mujer del maestro: “Reynaldo, me sorprendes”, y él dijo: “No, el sorprendido soy yo”. Tan tan. ¿De verdad no hay más? ¿Todo tan sin rigor? Una ex alumna recordó que yo decía: “vayan al baño, pero concéntrense”. Eso fue todo. Otra me dijo que no recordaba qué materia le había impartido, pero “que todo era muy chistoso”. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 29 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON PRIVILEGIOS JARDINADOS

Querida Mariana: lo que ves es una fotografía de privilegio. Pero merece un ligerísimo comentario. Estoy con la Maestra Luz Tovar, quien es la directora de la Escuela Preparatoria de Comitán, turno matutino. Pasé a saludarla, porque el otro día conocí a su hermano, el ingeniero Carlos, quien labora en la empresa CONDUMEX, desde hace más de treinta años. Platicamos bien galán y en la plática salió que ellos son comitecos y Carlos habló linduras de su hermana Luz, privilegió su capacidad de organización, su entusiasmo por aportar buenos cimientos a la juventud de nuestro pueblo, de nuestra región, desde esa emblemática institución educativa. Eso me motivó a que fuera a saludarla. Sin cita previa me recibió en la dirección y platicamos en forma breve, porque ella tiene mucha chamba por delante. En septiembre habrá una Expo Ciencia y el próximo año (más o menos en el mes de marzo) celebrarán los noventa años de fundación de la Escuela Preparatoria. Pucha, cuando me lo dijo brincó en mi mente una serie de nombres de ilustres catedráticos de la amada prepa, en los años setenta. Vos sabés que fui alumno de esa institución de 1971 a 1974. Fijate que busqué datos sobre la historia de la prepa y hallé una vasta información en una página de la escuela. Encontré que los primeros intentos de fundación ocurrieron en el año 1935, apareció el nombre de mi amado maestro de español, con sus ejercicios lexicológicos: el maestro Rey Avendaño. Asimismo, hallé que la Escuela Secundaria y Preparatoria inició en 1937 (por eso el próximo año harán el guateque de los noventa años). En la página vienen los nombres de los propietarios de las casas donde estuvo la escuela, primero fue en una casa de Don Arturo Paniagua, luego se pasó a la casa de Doña Soledad Albores (la mamá de nuestra cronista Lolita), más tarde en una casa propiedad de Don Enrique Carreri, posteriormente en una casa de Don Martín Gordillo y, al final en el edificio donde ahora está el Centro Cultural Rosario Castellanos, ahí permaneció la escuela hasta el año 1974, porque -eso lo platicamos con la directora- los compañeros de mi generación realizaron una huelga para exigir la construcción de instalaciones dignas, el movimiento fue tan perfectamente calculado que el secretario de educación de ese tiempo, mi amigo al día de hoy, Javier Espinosa Mandujano, se comprometió a cumplir la petición, cosa que así sucedió. Los estudiantes de estos tiempos reciben clases en aulas dignas, con laboratorios, auditorios, en espacios arbolados, con canchas deportivas, gracias a ese movimiento estudiantil. Como explica la parábola, los mayores sembraron los árboles para que las nuevas generaciones se beneficien con los frutos y con las espléndidas sombras aportadas por los follajes. En la misma página encontré una relación de los directores y directoras que han pasado por la prepa, desde el año 1974; es decir, desde que la escuela tuvo una nueva instalación. No hay que olvidar los nombres de quienes dirigieron la institución antes, por ahí asoma el nombre del admirado doctor Elías Macal, quien fue director durante muchos años. A partir de 1974 aparecen los nombres de Roberto Zúñiga, Jorge Gordillo Mandujano, Hermilo Vives, Granados Colín, mi primo Pepe Luis González Córdova, Juan Manuel González Tovar, Enrique Sosa, Víctor Fidel Guillén, Martha Elena Rincón, Luis Antonio Aguilar y Luz Tovar. Ah, cuánta historia, cuántos mañanas convertidos en futuro, cuántos mapamundis sin fronteras. Posdata: platiqué brevemente con la directora, luego Dora Patricia hizo favor de tomarnos la fotografía en el patio central, donde aparece el logotipo de la institución, donde está escrito el lema de la escuela: “Cuanto crezca en mí, lucharé por ti”, que fue una frase que creó Marcos Constantino Kanter (en paz descanse), quien fue un líder en ese movimiento de 1974, donde muchos de mis compañeros y compañeras realizaron una incansable labor social y política para conseguir lo que hoy es una realidad: nuevas instalaciones, más dignas. Como en la UNAM cuando se creó Ciudad Universitaria, los alumnos perdieron la oportunidad de estar cerca del parque, pero consiguieron espacios libres, donde el corazón brinca contento, donde la garganta navega por líneas inmanentes. Cuando me despedí de la directora saludé al maestro Pepe López, espléndido director de la marimba orquesta de La Trinitaria, me comentó que da clases en la prepa, dijo que lo hace porque él estudió en esa institución y ahí recibió la simiente de lo que ahora es su profesión, quiere y respeta a su escuela. Muchos de los que ahí pasamos tenemos el mismo sentimiento. El director Luis Antonio Aguilar un día me dijo que ahí también estudió quien ahora es el gobernador de Chiapas. Sí, son miles de buenos ciudadanos y ciudadanas que ahí abrevaron conocimientos y ahora aportan al desarrollo de este país y de más allá. Basta decir que en la Escuela Secundaria y Preparatoria, en el año 1940 estudió el segundo grado de secundaria nuestra pichita amada: Rosario Castellanos. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 28 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON TRIPLAY

Querida Mariana: mi primer acercamiento con el triplay fue en el cuarto grado de primaria. Fui a una carpintería y pedí un pedazo de 3mm, luego, en la ferretería de Don Carlitos Siliceo, que estaba en el portal donde ahora está Farmacia del Ahorro, compré una segueta, un arco y una lija, con estos elementos realicé el trabajo escolar que nos puso el maestro Javier Flores Torres. Copié un dibujo, luego con el arco recorté la figura, la lijé y, al final, la pinté con pinturas acrílicas, de colores subidos. ¡Quedó lindo!, como lindos quedaron los trabajos de los demás compañeros. En ese momento nunca imaginé que tendría contacto, ya no sólo con pedazos de triplay, sino con hojas completas y de muchos grosores. Ayer caminé un rato por el parque central, mi parque, mientras daba vueltas en la sección interna, porque ahora el corredor principal está inundado con carpas donde hay ofertas de artículos escolares, por la temporada. Escuché la plática de dos compas, ya de edad. Uno de ellos, luego supe que se llama Caralampio y tiene 85 años de edad (está muy bien, física y mentalmente), comentaba que había trabajado en la fábrica de triplay del ingeniero Valadez. Me detuve, los saludé y pregunté si podía sentarme con ellos, dijeron que sí. De esta manera me enteré que Don Caralampio laboró en la fábrica de triplay durante muchos años, tantos que se volvió persona de confianza, lo que le permitió entrar a la casa que cerca de la fábrica tenía la familia del ingeniero Valadez, dijo que la casa tenía una alberca (cierto, la conocí). Habló con emoción de su trabajo y de la fábrica, mencionó que la fábrica tenía dos enormes secadoras a las que les llamaban “tiburones”, por la forma. Todo, dijo, se controlaba con botones, las pulidoras, cepilladoras, canteadoras. La madera les llegaba de los aserraderos de la zona de Las Margaritas, era madera de pinabeto. La fábrica tenía dos calderas, peladora de trozas y tornos. Apretaban un botón y ¡taz, taz, taz! Tres turnos tenía la fábrica (lo que da idea de la importante fuente de trabajo que significó). Un turno era de 7 de la mañana a 4 de la tarde, luego venía el de 4 a 12 y el tercero: de 12 a 7 de la mañana. En muchas partes de la ciudad se escuchaba un silbato potente que indicaba el fin de un turno y principio del otro. Decenas de trabajadores y trabajadoras salían de la fábrica y entraban los del nuevo turno. Don Caralampio lamentó lo que hizo el general Absalón Castellanos, ya siendo gobernador, pues con el pretexto de la explotación irracional de bosques expropió la fábrica y provocó su cierre posterior. Don Caralampio dijo que sólo acabó con trabajos, porque la tala inmoderada sigue y seguirá. Mi papá laboró con el ingeniero Valadez, era su amigo. Cuando mi papá se quedó sin trabajo, buscó. Fue a ver al ingeniero y le propuso que no le pagara, que le permitiera trabajar, el ingeniero aceptó y quince días después mi papá fue contratado, porque era un hombre muy listo, responsable, honesto y chambeador. Igual que Don Caralampio mi papá fue hombre de confianza y terminó siendo el distribuidor al menudeo del triplay, de tres, de seis, de nueve milímetros y de tableros. Cuando regresé de la ciudad de México, le ayudé en el negocio, que era muy floreciente. Cada mes viajaba a Tuxtla Gutiérrez, iba a comprar triplay de cedro que acá no hacían y en la casa (a media cuadra de la Escuela Fray Matías de Córdova) llenamos la bodega con hojas de triplay, donde llegaba la mayoría de carpinteros y ebanistas. Mi papá amplió el negocio con venta de molduras y jaladores para gavetas. Cuando el gobernador de Chiapas expropió la fábrica, los nuevos encargados vendieron producto a muchos paisanos, quienes comenzaron con la venta del producto, por lo que nosotros nos quedamos ya sin esa distinción, por lo que mi papá cerró el negocio y buscamos una nueva forma de subsistencia, yo puse una papelería con mi Paty y mi papá se dedicó en cuerpo y alma al auxilio del negocio de mi mamá. La venta de estambres siempre fue un salvavidas económico en la casa, gracias a la disciplina y al tesón de mi mamacita, quien también poseyó los mismos dones de mi papá: responsable, honesta, trabajadora indeclinable. Posdata: aún está por escribirse la historia de los aserraderos de la región, con todas sus luces y sombras. Un hijo del ingeniero Valadez estudió algo relacionado con lo forestal, me obsequió su tesis profesional, que consistía en el aprovechamiento racional de los recursos maderables, con el ejemplo de Canadá, donde (así decía el estudio) cortan un árbol y siembran diez. Canadá, como muchos otros países del mundo, aplican esas técnicas, lo que garantiza que siempre haya bosques y que los recursos maderables se utilicen para servicio de los seres humanos. Con la expropiación se cerró una importantísima fuente de empleo en la ciudad. Don Caralampio sigue lamentando esa decisión que lo dejó sin empleo y sin una compensación económica por tantos años trabajados. Escuché la historia, supe que era un gran testimonio. Ya no platicamos más, porque noté cierto recelo. ¿Para qué anotaba tanto dato? Ay, Don Caralampio, para honrar su trabajo, para decir que esa fábrica fue una importante fuente de empleo, pero que sin el trabajo de esos laboriosos trabajadores, en tres turnos, nada hubiese ocurrido. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 27 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON JUEVES DE CHISME SABROSO

Querida Mariana: para que no pensés que soy como algunos que conocemos, que andan en el puro chisme sin sustancia, comenzaré la carta con un poema de Octavio Paz: LA RAMA Canta en la punta del pino un pájaro detenido, trémulo, sobre su trino. Se yergue, flecha, en la rama, se desvanece entre alas y en música se derrama. El pájaro es una astilla que canta y se quema viva en una nota amarilla. Alzo los ojos: no hay nada. Silencio sobre la rama, sobre la rama quebrada. Ah, qué belleza. Y ahora sí, vamos a lo prometido, que para eso somos comitecos y seres humanos que caemos en el vértigo del morbo. ¿Por qué Octavio Paz jamás escribió algo acerca de la obra plástica de Francisco Toledo, a pesar de haber escrito ensayos sublimes acerca de la plástica mexicana? Muy sencillo, porque Panchito Toledo le bajó a una de sus chicas. No sé qué pensés vos, pero veo que Paz era fino, en cambio, el otro era un poco como hebra de costal. Hay mujeres que caen rendidas ante la fuerza y el aroma de cobre. Pues eso sucedió con Octavio y Francisco. Acá va el chisme: mi paisana, Bona Tibertelli, pintora surrealista, estuvo muchos años al lado de Octavio. Ella era muy bella. Habrá que decir que Don Octavio no pudo llamarse engañado, porque cuando Bona lo conoció ella estaba casada con otro compa; es decir, Bona que come huevo, aunque le quemen la huevera. Bona dejó a su marido y se fue a vivir con Octavio, varios años vivieron juntos, pero un buen día, lo que Bona le hizo a su esposo, luego se lo hizo también al poeta mexicano. ¿Con quién? ¿Con quién más? Con Toledo, el pintor oaxaqueño. Francisco sí jodió a Octavio, porque éste lo recibió en su casa, pero cuando Toledo vio a Bona pensó: sí, está bona, bien bene. Paz, de igual manera, ya había dejado a la madre de su hija: Elena Garro. Octavio ya se iba a casar con Bona, se llevaban bien, pero resulta que Bona ya había conocido a Toledo y, bueno. Resulta que Toledo llegó a París al lado de Rufino Tamayo, Toledo era un chavo de veinte años, vigoroso, ¿se puede decir ardiente, porque era como camarón de la costa oaxaqueña? En ese momento, Bona tenía treinta y cinco años. Cualquiera diría que agarró pichito. No, al final, Toledo resulta un verdadero macho mexicano y golpeaba a Bona. Tamayo pidió al gran poeta Paz que ayudara a Toledo, el poeta lo hizo y el pago que Toledo le dio fue acostarse con la que pronto sería su esposa. Así que un buen día, Bona y Toledo dicen adiós y Paz se queda en santa ídem, ni tanto, debió encanijarse, por eso, Paz jamás hizo alguna reseña de la obra de Toledo, ahora sí que no podía verlo ni en pintura. ¿Cómo terminó la historia? Bona regresó con su anterior esposo, Paz se topó con Marie José, quien, a la postre se convirtió en la mujer que vivió con él hasta su muerte. ¿Y Toledo? Ay, Panchito. Eso, como diría nana Goya ¡es otra historia! Estuvo bueno el chisme de jueves, ¿verdad? Posdata: por ahí hay un cuadro que Toledo pintó de Bona y los críticos dicen que Paz escribió una obra de teatro inspirado en ella. Es que dicen que era bellísima, casi inolvidable. ¡Bendito Dios! ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 26 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON NUESTRO DÍA

Querida Mariana: también en México. Argentina decretó que el 24 de agosto se celebra el DÍA DE LA LECTORA Y DEL LECTOR. En México también. Recibí tu mensaje donde me dijiste que dedicarías dos o tres horas del día a celebrar nuestro día, con una buena lectura. Fijate que un día después (parece título de película) recibí un presente enviado por mi amigo Israel, dos libros maravillosos: “Stories from Bucharest” y “A signorelli anthology”, honraré la amistad y el amor a la lectura dándole a los dos libros. Como no parlo inglés ni italiano, ahora me auxilio de la IA, tomo una foto de la página y me la traduce, así tengo un acercamiento a lo que los autores redactaron. Vos y yo hemos coincidido en decir que todo mundo es lector, porque no sólo se leen libros, también se lee lo que la vida nos presenta frente a la mirada. Cuando estamos ante el mar, cada persona tiene una mirada diferente, lo mismo sucede cuando estamos frente a una obra de arte; es decir, somos lectores únicos. Así, cuando abrimos un libro leemos en forma especial. Nadie lee lo mismo que el otro. Vos y yo celebramos el 24 de agosto, porque desde muy temprana edad nos convertimos en lectores de libros, sólo impresos en ese momento, ahora también leemos libros electrónicos. El mundo lo tenemos más cerca. Los que saben dicen que Argentina decretó como día del lector y día de la lectora el 24 de agosto, porque ese día nació el escritor Jorge Luis Borges, gran lector. Como sabés, Borges se quedó completamente ciego en un momento de su vida. ¿Qué leía? ¿Se puede decir que leía a través del sentido del oído? Porque él, al conversar, seguía siendo un gran lector del mundo. Además, pienso, su amada le leía libros y él, sentado en un taburete, con las manos sobre la empuñadura del bastón, escuchaba atentamente. Ah, qué ironía de la vida, ¿cómo un gran lector perdió la vista? Tal vez por eso, Mario Vargas Llosa dijo en una entrevista que su mayor temor era quedarse ciego. ¡Dios libre! Vos y yo fuimos lectores desde niños, lo seguimos siendo, porque nuestras pasiones lectoras confirman lo que Borges dijo una vez: la lectura es una de las formas de la felicidad. Me encanta la frase, porque no se abroga el derecho de que sea la única forma de la felicidad, ¡no!, cada persona encuentra su propio placer, hay gente que es feliz en la tertulia, otras personas son felices en el juego de básquetbol o fútbol, los hay quienes dedican su vida a escalar montañas, hay otros que son felices en los gabinetes universitarios de investigación. Conozco a varios amigos que encuentran la felicidad en la comida, ah, cómo disfrutan la tragadera, para ellos, exquisitos gourmets, la comida es la forma más completa de la felicidad. Y hay gente, como nosotros, que celebran el más generoso alimento espiritual: la lectura de libros. Nosotros hemos sido felices por siempre. Tengo cara de piedra, pero en mi interior siempre estoy con el rostro espiritual sonriente, porque los libros me acompañan en forma permanente. Hubo un tiempo en que despertaba y prendía un cigarro y al acostarme fumaba el último del día. Una buena mañana mandé a la chingada ese vicio estúpido. Hoy despierto y leo y leo al acostarme. Claro, igual que vos, en el transcurso del día busco la forma de robarle algunos minutos a lo urgente, me siento en la silla que a mi mamita le gustaba usar y leo, leo. Ah, si pudieras ver mi alma, rebosa de alegría. Sé que lo mismo te sucede a vos. A veces, alguien se pregunta: ¿cómo es posible que haya gente que no lee? Ah, pucha. Ya dije que cada persona encuentra la forma de su felicidad. Hay personas que son felices viendo series en las pantallas, yendo a las salas cinematográficas, asistiendo a encuentros deportivos, surfeando, echando cerveza y botana, visitando lupanares, esquiando en montañas nevadas, sacando a pasear a sus perritos, botándose en una hamaca. Nosotros somos felices leyendo, somos lectores felices, por eso, siempre que podemos invitamos a la juventud para que se acerquen a la lectura, ¿qué tal que también encuentran un camino de la felicidad, como nosotros lo hemos encontrado? Una vez un amigo me dijo que no tenía paga para comprar libros. ¡No comprés!, le dije, para eso hay bibliotecas públicas, acá en la biblioteca del pueblo ofrecen credenciales que permiten sacar ejemplares y llevarlos a casa, para leerlos. Ah, es una gran facilidad. La biblioteca del pueblo tiene un muy buen acervo de literatura. Con un libro que atrape el interés se logra el milagro de hacer un gran lector o lectora. Posdata: me encanta que haya un día en especial para celebrar esta pasión, qué bueno que los argentinos decidieron conmemorar un día para festejar al lector y a la lectora. Es bueno que el mundo reconozca que hay seres maravillosos que se llaman lectores, que toman un libro y caminan por sendas donde lo cotidiano no tiene cabida. Tantos mundos ante la mirada, los libros son el pan para la mesa, el conjuro contra las tinieblas, el equilibrio ante el vacío. Feliz día del lector y de la lectora, porque nosotros lo celebramos cada día, a cada hora, a la hora que ladra el chucho de la cuadra y relincha el caballo en la hacienda. ¡Tzatz Comitán!

martes, 25 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON LA PRESENCIA DE ALEXA

Querida Mariana: cada época tiene sus palabras favoritas. Algunas se convierten en moda y pasado un tiempo caen en el olvido. Otras son permanentes. En algún momento apareció la palabra “chido”, término que alude a algo bueno, algo “lek”. La palabra sigue vigente, pero los jóvenes de hoy no la adoptaron, los chicos de hoy dicen que algo está “cool” o “épico”. Quién sabe qué palabra se usará en el futuro. Muchos aseguran que el futuro ya nos alcanzó. Los avances tecnológicos nos aportan nuevas palabras, términos que se incorporan a nuestro diccionario de todos los días. Ahora tenemos un personaje que tiene nombre, pero es un robot, que está en muchos lugares, todos los días. Tiene un nombre femenino, sabe casi todo. Se llama Alexa, al menos en esta parte del mundo. En casa (igual que en la tuya, igual que en la oficina de Arenilla) una mañana apareció Alexa. Mi Paty la adquirió especialmente para mi mamá, para que escuchara “Radio Felicidad”, en el refrigerador anotamos, con letra grande, qué debía decir mi mamá: “Alexa, Radio Felicidad”, “Alexa, apágate”, y mi mamá, mientras preparaba los alimentos diarios escuchaba música y era feliz, a veces yo llegaba y me ponía a bailar frente a ella y ella sonreía. Cuando mi mamacita falleció, acabó Radio Felicidad, mi Paty tomó el aparato y desde entonces escucho: “Alexa, pon música de Keshi”, la Alexa habla, lanza su rollo invitando a suscribirse por una módica mensualidad. Mi Paty siempre grita: ¡no!, y solicita que la Alexa cumpla la orden, porque esto es: orden. Alexa pone música de Keshi y canciones similares y mi Paty sosiega. A veces pregunta: “Alexa, ¿qué hora es?”, Alexa responde. Paty insiste: “Alexa, pon alarma para mañana a las siete” y Alexa dice que la alarma está puesta para las siete de la mañana. Alexa es parte ya de nuestro diario vivir. Mucha gente ya posee Alexa con IA, lo que es mucho más ventajoso que la que tenemos en casa. Sólo que el agregado de IA tiene un costo. Una amiga me cuenta que la Alexa con IA permite aprender inglés, porque se puede conversar con ella en tiempo real, como si la chica estuviera ahí, tomándose un café en la sala. Y digo esto, porque la tal Alexa se ha vuelto algo que tiene una presencia que, al menos a mí, me da cierto repeluzno. Hay gente que ya habla con un personaje de IA, que lo bautiza y que se ha convertido en algo más presente que cualquier familiar, que cualquier amistad. Los seres humanos de este tiempo conversan y confían más en una máquina parlante que en una mente humana. No nos hemos dado cuenta de lo que eso significa. Un día los televisores llegaron a las casas, fueron recibidos con honores, no sabíamos el poder que esos aparatos tendrían en nuestro diario comportamiento. La tele se volvió parte integral del hogar, la gente, en la sobremesa, platicaba de lo que la televisión transmitía. Años después llegaron los teléfonos celulares y todo mundo los deseó, los obtuvo y ahora los disfruta. Los celulares nos acercan al mundo y éste lo tenemos en la palma de la mano, ¿quién nos tiene en la palma de su mano? ¿Quién es el gran poderoso? Alexa llegó a la casa y le dimos la bienvenida, mi Paty lo adquirió para mi mamá (Dios siempre bendiga a ambas) y ahora se pelea con Alexa, le dicta órdenes, la máquina de pronto entra en un laberinto, porque la orden es confusa y Paty se enoja, dice que Alexa es tonta. Nada digo. A veces, mi Paty ya no diferencia entre Alexa y Álex, a veces me habla como si fuera yo esa máquina: “Álex, tal cosa”, con el tono imperativo que emplea con la máquina, no sé si a algún mortal casado le sucede lo mismo con su esposa, que le hablen en el tono con que le hablan a la Alexa. Mi Paty espera que yo responda como la máquina, olvida que soy un pobre mortal, un pichito que no tiene la capacidad de actuar al instante. Mis tiempos son los del escritor que si la palabra no aparece sabe que pasará tiempo pero llegará. Esos son mis tiempos, muy diferentes a los de respuestas instantáneas y sabihondas de Alexa. Posdata: Alexa llegó y sé que pronto habrá otro chunche que lo superará y mi Paty lo comprará. Yo no hablo con Alexa, me resisto. Si quiero saber la hora veo el celular, si necesito una alarma acciono el reloj del celular, si tengo alguna duda pregunto con la IA del celular. Todo lo hago con el celular. Pero me resisto a hablar con la IA, todo lo hago por escrito. En el celular veo películas y también ahí leo los libros digitales. Dios mío, qué dependencia de ese chunche mínimo, pero me resisto a hablar, todo lo hago con palabras escritas, pienso que no debo modificar mi vocación de escritor, aún en estos tiempos. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 24 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN QUERIDO AMIGO

Querida Mariana: te presento a un amigo de toda la vida: Javier Espinosa López. Javier y yo somos amigos desde hace más de sesenta años. Con ninguno de mis amigos de la palomilla llevo tanto tiempo. Muchos compas hicieron amigos en la infancia, en el barrio, en la escuela, en campos deportivos, en fin, en muchos espacios de convivencia. Conocí a Javier en un lugar donde jamás imaginé trabar amistad con alguien: en el templo de Santo Domingo. Él vivía a la vuelta del templo, estaba más cerca que yo, porque yo vivía a media cuadra del parque central y debía caminar otra cuadra para llegar al templo. Puede decirse que éramos vecinos de Santo Domingo. Cuando conocí a Javier ya era el líder de los acólitos del templo, todos los chiquitíos (no habían chiquitías) obedecían sus órdenes, él llevaba la mayor responsabilidad y el sacristán sabía que él controlaba a la catazumba de acólitos. Yo, te he contado, fui acólito en una temporada. Me gustaba estar presente. En realidad, si lo comparara con un equipo de fútbol o de básquetbol, casi siempre estaba en la banca, porque, por ejemplo, en los bautizos, los niños se peleaban por estar en el protocolo, ya que los padrinos acostumbraban dar “bolo” (unas monedas) a los participantes, así que todos los acólitos recibían su paga. Yo, niño tutuldioso, me quedaba en la orilla, pero veía con emoción el acto donde el sacerdote regaba agua sobre la cabecita de los bautizados, pensaba que era para que luego los niños tuvieran cabello como los jóvenes que veía a mi alrededor, luego, ni modos, ley de vida, los ancianos volvían a perder el cabello y se volvían como niños, bien pelones. Javier, el mero mero líder, siempre me tuvo afecto, así que cuando él decía que yo iba a acompañarlo en un bautizo, los demás se replegaban y yo, muy formal, hacía mi trabajo, al final recibía unas monedas, dinerito que siempre, siempre, se lo di a Javier, porque yo tenía un papá que me daba mis domingos. Javier y yo nos volvimos amigos, yo disfrutaba su compañía, porque, ya lo dije, era un amigo que había conocido en un lugar diferente; es decir, pocos compas tenían un amigo que conocieran en un templo. Por él subí hasta el campanario. Yo, el niño tutuldioso, se aventuró a subir la torre del templo y ver, como pájaro, los techos de la manzana de enfrente (la que hoy llamamos manzana de la discordia y que desapareció). Subimos por una escalera de caracol, con peldaños de piedra, en un pasillo ascendente que era asfixiante; subimos hasta un rellano de tierra, amplio, donde elevé mi vista y vi los arcos que sostenían las campanas. No puedo ahora calcular la altura, pero debió rebasar fácilmente la altura de tres metros, para llegar hasta arriba había que subir por una escalera de madera que, como si no corriera riesgo, estaba colocada en forma improvisada. Javier subió unos peldaños y me dijo que lo siguiera, puse mis manos en los laterales de la escalera y sentí cómo vibraba, cómo latía lentamente, cada vez que Javier colocaba un pie sobre otro escalón. Cerré mis ojos y me encomendé a Dios y luego volví a abrirlos, para que me ayudaran a subir, subí lentamente, mis manos sudaban, al fin, escuché que Javier me dijo que colocara las manos en tal tablón y me impulsara. ¿Yo? Pero si no era Tarzán, él me ayudó y subí a la tarima de madera donde ya pude pararme y ver las campanas, Javier me dijo que tocara la más pequeña y yo, como si hubiera conquistado el Everest comencé a somatar una campana con una cuerda amarrada al badajo, escuché el sonido que escuchaba en mi casa todos los días y supe que Javier y yo éramos unos tipos especiales, porque nosotros éramos los encargados de hacer sonar esas campanas gloriosas. Sudaba, por los nervios y por el esfuerzo físico, porque, bueno, ya no volveré a decir que era un niño cuidadito. Disfruté tantito la vista desde ahí, la tarde comenzaba a caer y vi un cielo prodigioso, el vuelo de algunas aves. Cuando vi a Javier de nuevo en la escalera, el telele volvió a mí. ¿No podía quedarme ahí para siempre? ¿No podían mandar un helicóptero para que volviera a tierra? No, nada de eso era posible, debía tomar valor de no sé qué vaso y arriesgarme a la bajada, cualquiera pensaría que la bajada es más fácil que la subida, pero yo comprobé que el vértigo se da en la bajada más que en la subida. Lo padecí, pero si cuento ahora la aventura, significa que logré bajar por la escalera que, como en la canción de Cornelio Reyna, tenía como mil metros de altura. Posdata: mi querido amigo Javier es un tipazo, él sigue muy cerca de ese espacio donde nos conocimos: el templo de Santo Domingo. La mañana del domingo fui al mercado y escuché su voz, no dudé, era él, tenía un micrófono en mano y anunciaba antojitos, lo hacía con gran simpatía: “ricas quesadillas de puerco, de res, de cabeza…si no le dieron de desayunar en su casa…acá están los ricos panquecitos…sólo quedan dos vasos de café, pídalos…hay atole de cacahuate, hecho por la hermana Belly”. Javier me dijo que él y sus hermanos en religión estaban ahí desde las siete de la mañana (ya eran las diez y media), casi todo había acabado, me dijo que no había dejado de circular gente, por eso. Le pregunté por el famoso padre Manuelito, me dijo que ese domingo oficiaría las dos últimas misas, en el barrio de Chichimá, Javier me dijo: será un dos por uno, y rio. Ahora ya está el padre Miguelito a cargo del templo de Santo Domingo, pronto, muy pronto, el padre Manuelito irá al Vaticano y por allá andará un buen tiempo. Mucha gente lo extrañará. Por fortuna yo no extraño a mi gran amigo Javier, lo encuentro con frecuencia y nos saludamos con gran afecto. Cuando me acerqué a saludarlo le pregunté: ¿cómo estás?, de inmediato respondió: “para servir a Dios y después a vos”. Me encantó su respuesta. Lo dejé en su chamba con el micrófono, invitaba a medio mundo a asistir el día 5 de noviembre a dos conferencias dictadas por Lupita Venegas (que vendrá desde Guadalajara). Las conferencias serán en el Auditorio Belisario Domínguez, en el campus de la Benemérita UNACH. Organiza la Radio Católica. La primera conferencia “Amor en familia”, será a las cinco de la tarde; y la segunda conferencia: “Sanando heridas del matrimonio”, será a las siete y media de la noche. El costo por conferencia es de trescientos pesitos. Me dio mucho gusto platicar dos minutos con Javier, mi gran amigo, mi líder de la época en que fui acólito, gran época. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 23 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON ALA DE VUELO

Querida Mariana: estuve en La Trinitaria; estuve en un acto denominado: “Asamblea informativa. En defensa de la transformación y la soberanía nacional”. Me invitó mi amiga Liliana Altuzar López, con quien me une una amistad de más de treinta años. El acto fue en el lugar llamado Los ocotes, hubo una enormísima carpa al lado de los carriles donde en feria se desarrollan las tradicionales carreras de caballos. Cuando llegué a la cita, un poco antes de las once de la mañana, la carpa estaba llena, muchísimas mujeres y algunos hombres ocupaban las sillas, el licenciado Mario Hugo dijo que más del ochenta por ciento de la audiencia estaba conformado por mujeres, un pájaro hermoso abría sus alas en espera de la llegada de mi amiga Liliana, quien estaba en las inmediaciones del panteón municipal con un gran contingente, con el cual se dirigió al lugar donde se realizó el acto. Ya podés imaginar el ambiente de fiesta, con batucada, cohetes, gritos de entusiasmo, porras. Cuando estuve cerca del panteón recordé el famoso letrero (andá a saber si fue cierto) que decía: “acá se entierran los muertos que viven en Zapaluta”. Más de tres drones surcaban el cielo haciendo tomas de video y fotografías. Cerca de la ruta había puestos con venta de tortas, chicharrines, aguas. La gente ondeaba banderas de Morena, porque Liliana es consejera estatal de dicho partido político. Antes que Liliana y su comitiva llegaran, hizo su arribo un grupo de mil personas que llegaron desde el barrio de San Sebastián. Así, un recuento a vuelo de pájaro dio como resultado un acto con más de tres mil asistentes, era un gran festejo, un libro pleno de voces vivas. El licenciado Mario Hugo, mientras motivaba a la audiencia a apoyar a la presidenta de la república con el coro de: “no estás sola”, dijo una frase que confirma una realidad en el presente: “Trinitaria dejó de ser la sombra de Comitán, ahora es un municipio autónomo, consciente de sus riquezas naturales”. A las once y media del día comenzó el acto, Liliana caminó en medio de vítores, al lado de Juan Salvador Camacho y de Selene Josefina Sánchez, diputados locales, quienes la acompañaron en este acto majestuoso. Cuando Liliana hizo uso de la palabra me sentí muy contento, mi amiga, con una gran personalidad, con voz segura abrió puertas en el aire, refrescó el poder de la palabra, saludó a todos los asistentes, envió un abrazo especial a su familia y, con emoción, invocó la presencia de su papá, hombre que le enseñó los valores que hoy ostenta. Como si bordara una tela llena de colores, mencionó que la presencia de todos los asistentes la fortalecían y sentenció que “nuestras comunidades tienen voz”, y su voz sonó clara, como un renuevo que crece en medio de un paisaje esperanzador. El júbilo fue presencia preclara, evocación de cauces de agua limpia. Fue un acto de río desbordado en alegría y en esperanza. Cuando Liliana terminó su participación, los fotógrafos se amontonaron para tomar la fotografía del recuerdo, la histórica, la que da cuenta del acto de mariposa espléndida. Posdata: al saludar a su familia dijo que era cumpleaños de su hermano Alfonso, así que si lo ven por ahí ¡abrácenlo!, dijo, así que al final del acto busqué a Alfonso, quien es mi amigo también y siempre me trata con mucho afecto, le deseé lo mejor del mundo y fui en busca de mi tsurito para volver a Comitán. Vi a una persona que cargaba una caja de cartón, estaba pesada, un compa que iba a su lado dijo: “esta está pesa”, así lo dijo, pesa y entendí que, en efecto, estaba pesada. Me hice a un lado para que pasaran. Asistí a la siembra de un gran árbol, fue abonado con la presencia de más de tres mil personas, personas desbordadas en júbilo. Estuve contento, saludé a muchos amigos periodistas. Me sentí contento, orgulloso, por el desempeño brillante que demostró mi amiga Liliana Altuzar López, distinguida ex alumna del Colegio Mariano N. Ruiz. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 22 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON UNA RAMA QUE ES COMO UN GRAN ÁRBOL

Querida Mariana: sí, es foto de privilegio, pero merece un comentario. “Es un gran orador”, me dijo un maestro que estaba sentado a mi lado. Se refería a Daniel Álvarez Gordillo. El chico, que estudia primer grado de secundaria en la ETI de Las Margaritas, posee un extraordinario don para expresarse en forma oral. Cuando el maestro universitario lo dijo, Daniel ya exponía el tema “Reciclaje artístico. La semilla de un mundo sostenible”, lo hacía frente a una audiencia que llenó el auditorio de la Facultad de Estudios Multidisciplinarios, Campus Comitán, de la Benemérita UNACH. Daniel tiene doce años de edad, nació en la ciudad de Comitán, ahora radica en la ciudad de Las Margaritas, porque allá labora su mamá, la doctora Dulce Roxana Álvarez Gordillo. Daniel, con gran solvencia, con mucha seguridad, expuso su tema ante estudiantes universitarios de primer semestre. Daniel no se inmuta ante algo, ha estado en grandes espacios compartiendo su ideal del reciclaje para tener un mejor planeta. Él preguntó ¿qué es el reciclaje?, alguien de la audiencia dijo que era volver a utilizar algo que había sido desechado y Daniel confirmó la definición, platicó que él hizo conciencia de la importancia de cuidar el Medio Ambiente cuando vio un documental donde un animal marino había fallecido ahogado por una bolsa de plástico. Hoy sabemos que son toneladas de plásticos que van a los ríos y a los mares, la contaminación es apabullante, así, Daniel pensó que debía hacer algo para evitar que los plásticos dañen nuestro entorno, utilizó dos tapas, de esas que la gente tira, de esas que vienen en los garrafones de agua purificada, las empleó e hizo un pastillero bien bonito, además de lo utilitario, Daniel busca que sus piezas sean artísticas, sean agradables a la vista y al tacto, que lo sucio de lo contaminante se convierta en un haz de luz que suavice el mundo, que alegre al espíritu del ser humano. Daniel, a su corta edad, ha demostrado que el mundo puede tener un mejor rostro. ¿Qué debe hacerse? Él está haciendo lo que le corresponde, con una pasión inquebrantable está decidido a que su mensaje pueda llegar a muchos lugares. Estuvo en el auditorio del campus universitario de Comitán, pero, asimismo, ha estado en el Senado de La República y en muchos otros escenarios relevantes; su leitmotiv lo ha compartido con diversas audiencias, desde compañeros de su edad hasta personalidades destacadas de la política nacional y de la sociedad civil. ¿Imaginás un mundo donde…? No, tenés razón, no todo mundo está en la misma sintonía, digamos la verdad: el caso de Daniel no es un caso común. Muchos chicos de su edad, en lugar de ser conscientes del daño que hace el plástico al medio ambiente, tiran las bolsas de Sabritas en cualquier espacio, por eso nuestras calles son tan sucias. ¿Imaginás un mundo donde…? No, tenés razón, hay muchos chicos y chicas que no piensan en los otros, sólo piensan en su satisfacción personal, la campaña de Daniel está encaminada a hacer más digna la vida de los semejantes y en aportar su granito de arena para que el mundo sea menos estulto. Tuve el gusto de saludar a Daniel, a su mamá, a una tía y a su prima en la dirección del campus, donde los esperaba la directora, la Maestra Fanny del Rosario Abarca Argüello, platicamos un ratito, lo felicité por sus iniciativas y, cuando supe que impartiría la charla, me quedé para presenciar ese momento histórico, donde un chico de primer grado de secundaria alertaba a estudiantes universitarios acerca del peligro de seguir contaminando al planeta, los exhortó a ver hacia los desechos y reconvertirlos en objetos utilitarios y artísticos. Su tía me platicó que una de las características de Daniel es su espíritu inquieto, desde pequeño le ha gustado investigar las causas de las cosas. Él nació el 22 de febrero de 2014 y, muy niño, se acercó a su abuelo Ramiro Álvarez Esteban, quien, de igual forma, es un ser humano inquieto. La familia se siente orgullosa del bisabuelo Rubén Gordillo Aguilar, quien, en una época pasada, fue presidente municipal de Las Margaritas. Daniel aprendió a leer a temprana edad, cuando entró al kínder ya sabía leer. Su presencia ahora resulta inspiradora. Posdata: resultó muy gratificante saludar a Daniel, es un niño orgullo de este pueblo. No ceja en su empeño, le gusta compartir su pasión, le interesa hacer conciencia de tener un Medio Ambiente más benigno. Todo mundo repite que no tenemos más casa que la Tierra, pero muchos, muchísimos, no tienen conciencia de la importancia de mantenerla digna. El ser humano ha ensuciado al mundo, lo ha hecho una porquería. Ay, si hubiera más chicos como Daniel el mundo podría alimentar su esperanza. Ojalá. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 16 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON LIBRO DE CUENTOS

Querida Mariana: el jueves 20 de agosto 2026 estará en Comitán el escritor Miguel Ángel Ramírez Jardines. Pablo Tapia hizo favor de obsequiarnos, a Dora Patricia y a mí, un ejemplar de “La bicicleta de Franky. Cuentos y relatos desde la periferia”, libro que presentará la tarde de ese día, en la librería “La rueda del hambriento”. Es un gran privilegio para nuestro pueblo, tierra de Rosario Castellanos. ¿Sabías, niña mía, que el nombre de la librería hace un homenaje a nuestra amada escritora, porque es el título de un cuento de la escritora comiteca? Cuentos reúne el libro de Miguel Ángel. Vos sabés que a mí me encanta leer cuentos, lo he hecho desde niño. En estos tiempos donde las grandes editoriales privilegian a la novela y le echan un poquito de polvo a los cuentos, hay gente que sigue cultivándolo, hay autores que los escriben y lectores que los leen. Jardines es uno de los primeros y Dora Patricia y yo somos de los segundos. En cuanto tuvimos el libro en nuestras manos llamó nuestra atención el apellido materno: Jardines. Luego supimos que los compas de Miguel Ángel así le dicen: Jardines. ¡Cómo no! Es un apellido genial, un apellido que dice mucho acerca de la creación, de aire, de libertad. Comenzamos a leerlo, lo hicimos con el cuento que da título al libro: “La bicicleta de Franky”, fuimos al parque de La Pila y lo leímos. No sabemos bien, pero pensamos que Jardines es nativo de Mazatlán, el entorno de sus narraciones desliza así la idea. Dora Patricia y yo comentamos que es maravilloso el acto de que Jardines esté en Comitán, porque si no tenemos mucho conocimiento de la literatura que se hace en estados cercanos como Oaxaca y Tabasco, mucho menos conocemos la literatura de Sinaloa. ¿Está muy lejos Mazatlán? Un poco. Hicimos el ejercicio de viajar hacia allá y fuimos a Oaxaca, luego pasamos a Guerrero, más tarde a Michoacán, Jalisco (ahí descansamos un rato, tomamos un tequila y seguimos), Nayarit y, por fin, ¡Sinaloa! Nos fuimos por la orillita del Océano Pacífico. ¿Mirás? Siete estados. Sinaloa no está cerca de Chiapas. Le conté a Paty que en una ocasión estuve en Mazatlán, yo era un niño, íbamos de viaje hasta Ciudad Constitución en Baja California, lugar donde vivía mi tío Mario, mi tia Eloína, mi abuelo Enrique y mis primos y primas. En Mazatlán tomamos el barco “Díaz Ordaz” y llegamos al siguiente día a La Paz. No recuerdo más de Mazatlán, sólo el puerto donde abordamos el barco. El cuento de Jardines: “La bicicleta de Franky” tiene como entorno Mazatlán, ciudad en donde un día llega Franky, personaje atípico que “muchas veces lo observé fugarse. La mirada se le escapaba”. Contaba muchas historias, que mezclaba con recuerdos de guerra e imágenes “que a mí me parecían absurdas. Eran sucesos que su mente construía”. ¿Mirás qué personajazo es Franky? ¡Un alucinado!, por eso algunos compas le decían: “pinchi Franky, estás más “tumbado” que la chingada”. Jardines da vida a un gran personaje, un hombre que llega un día a Mazatlán, se incorpora a la comunidad, se vuelve integrante de la sociedad, un hombre con mucha creatividad que no hace nada más que lo que hacen los escritores: contar historias, en este caso alucinantes, y una de las más “botadas” es precisamente la de la bicicleta, porque Franky “se puso a diseñar un mecanismo para viajar velozmente sobre el mar sin utilizar lanchas o buques… intentó construir una bicicleta acuática”. ¿Logró su objetivo? Hacé favor de ir a la presentación del libro el día 20 de agosto de 2026, a las cinco de la tarde, en la librería “La rueda del hambriento”, en el barrio de San Sebastián, conocé al autor, comprá el libro y enterate del final de ese cuento. Posdata: el día que leímos el cuento de Jardines, Dora Patricia recordó que había escuchado un audio libro, de Descarga cultura UNAM, que es teatro en atril: “Melville en Mazatlán”, del escritor Vicente Quirarte, escritor mexicano que, desgraciadamente, falleció hace días. El texto comienza con un personaje que casi deletrea la palabra: Ma za tlán. Dijimos que una página lleva a otra y otra más, que la literatura es la puerta que abre muchas ventanas. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 15 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON HECHOS SORPRENDENTES

Querida Mariana: ¿has escuchado la palabra Diosidencia? Es un término reciente, juega con la palabra “coincidencia”, pero donde el acto sorprendente fue más allá, hubo intervención divina. Claro tal término sólo lo emplean los creyentes, los ateos saben que una coincidencia no es más que un suceso casual, algo que no se previó y sin embargo ¡sucede! Todos los días hay coincidencias. Yo siempre llevo el concepto a lo coincidente. En los años setenta, en la Ciudad de México, enorme, intensa, me sucedía en ocasiones. Caminaba por una calle pensando en alguien del pueblo y al dar vuelta a la esquina veía a alguien muy parecido, bastaba acercarme más para comprobar que era el amigo invocado. ¿Cómo se daba eso? Lo vería como algo normal si sucediera en el pueblo de Comitán, pero ¿en una ciudad como la CDMX, en ese tiempo con más de once millones de habitantes? Era una coincidencia casi increíble. En mi mente lo pensaba y ¡voilá! aparecía. Siempre lamenté que esa coincidencia nunca resultara cuando imaginaba a la niña que me gustaba en el pueblo. Y esto era así, porque la niña que me gustaba no estudiaba en la gran ciudad, pero a veces pensaba que podía estar de vacaciones en México, pero nunca se dio. Lo de encontrarse con amigos es una coincidencia simple. En un cuento de Arnaldo Ortega nos enteramos que un presidiario salió libre por cumplir su condena, entra a cenar a una fonda, pide una orden de tacos de ubre que le saben a gloria después de la comida insípida que le servían en la cárcel, termina los tacos, levanta la mano con intención de pedir tres más, se queda con la mano levantada porque ve que el mesero que se acerca (no es el primero que le sirvió) es nada más y nada menos que el tipo que lo acusó de un robo que nunca cometió, delito por el que fue encerrado. El ex presidiario baja el brazo, apoya la mano en la mesa de lámina, el mesero espera la orden, mientras el otro camina hacia donde está la taquera y toma el cuchillo con el que cortan las carnitas. Ahí acaba el cuento. ¡Qué coincidencia tan fatal! Cientos de taquerías y haber entrado a esa precisamente. El otro día me sucedió algo sorprendente, algo luminoso. Un amigo, lo llamaré Erre, que radica fuera de Comitán dijo que deseaba saludar a un compañero de generación, lo llamaré Jota. Ofrecí a Erre buscar el número telefónico entre los familiares de Jota. No era labor sencilla, porque mi amigo y yo pensamos que Jota no vivía en el pueblo, así que diseñé mi labor de pesquisa de la siguiente manera: hago contacto con una cuñada de Jota, le pido el número telefónico de un hermanito de Jota y al hermanito le solicito el número de Jota y lo paso a Erre. ¿Cómo conseguir el teléfono de la cuñada? Pensé en una amiga común y fui a verla, ella tiene un restaurante, al lado del bulevar. Vi que mi amiga estaba sentada ante una mesa de su restaurante, desde lejos le hice seña con los dedos, ¿podía salir tantito al patio? Salió y le conté que Erre (a quien mi amiga conoce muy bien) quería saludar a Jota. Ya no fue necesario que mi pesquisa tomara el camino que había formulado, porque mi amiga dijo: Jota está acá, desayuna con nosotros. ¡Cómo! Quise decir imposible, pero me asomé al ventanal y vi a Jota. Nunca hubiera creído en esa coincidencia sensacional. Hallé a Jota en un lugar que jamás hubiera imaginado. Cuando nos saludamos y conté la historia que ahora comparto, Jota dijo: "fue una Diosidencia”. Posdata: me dio su número y yo lo mandé a Erre. Labor cumplida, gracias a un azar increíble. Esto se da todos los días, a todas horas, en todos los lugares. Los seres humanos nos movemos un poco como decía Cortázar: a través de figuras inexplicables, pero reales. Todas las personas tienen historias que entran en el terreno de lo incomprensible, pero que aparecen como llega la lluvia. A veces la lluvia se agradece porque alimenta los sembradíos, pero a veces causa inundaciones y provoca desgracias. La vida está llena de coincidencias felices y coincidencias ingratas. La del cuento de Arnaldo fue de las segundas, lo que a mí me sucedió fue de las felices, luminosas. ¡Tzatz Comitán!

viernes, 14 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON LO QUE FUE

Querida Mariana: vonós al Comitán de 1967. Tengo diez años de edad. Ya soy un amante del cine. Voy al Cine Comitán y al Cine Montebello. En el Cine Comitán exhiben las películas mexicanas. Todo es con Permanencia Voluntaria, lo que significa que: pagás un boleto, entrás y, si querés, salís hasta que se agoten las funciones. Por lo regular, exhibían dos películas, la primera se repetía después de la segunda. Nunca me quedé más tiempo. Veía las dos películas y corría para la casa. En 1967 mi casa ya no está a media cuadra del parque central, ya está a cuadra y media de la Escuela Fray Matías de Córdova. Salía del cine y caminaba. En ese tiempo todo era muy tranquilo. Las sirvientas hablaban de unos famosos robachicos, llamados “enagüitas”, pero nosotros, los del centro, sabíamos que estos pelafustanes no se atrevían por nuestra zona, ellos delinquían en los barrios de la periferia y yo no iba ahí jamás, menos de noche, menos. Siempre llegaba temprano a la función del Cine Comitán, pagaba el boleto, se lo daba al boletero y entraba a la sala, la entrada estaba franca, cuando iniciaba la función un empleado cerraba las dos hojas de la puerta abatible, los que llegaban tarde, empujaban una hoja y entraban a la sala, que tenía un pasillo central y dos laterales, las butacas eran de color rojo, de madera, cómodas. Puntualmente se apagaban las luces, los mayores cerraban los periódicos que leían en la espera y comenzaba un Noticiero Continental, que era conducido por una voz conocida (no sé si era Fernando Marcos o Agustín Barrios Gómez. Don Fernando luego se convirtió en un gran cronista deportivo). La pantalla se iluminaba en glorioso blanco y negro y daba paso al noticiario que era una especie de revista, porque hablaba de artistas, de actos sociales y de eventos políticos (la mayoría de las notas eran sucesos de la Ciudad de México). Ahora que lo recordé entré al Youtube y vi un documental de ese año, 1967, el noticiero inicia con la visita que le hacen a una actriz mexicana, Maricruz Olivier, ella, muy bonita, aparece en las imágenes, el conductor dice: “…cosa rara en una mujer, llega puntual…”. Digo que estamos en los años sesenta del siglo XX, este tipo de comentarios eran comunes, como común decir que las mujeres no sabían manejar bien. Ya quisiera ver a las feministas de estos tiempos. Entramos a la casa de Maricruz, en su estudio vemos una serie de trofeos obtenidos por sus participaciones en cine y en televisión. El noticiero dura seis minutos. A continuación, la voz del narrador nos explica las imágenes que vemos: el diseño del Metro, obra del presidente de la república Gustavo Díaz Ordaz (don Gustavo llegará un año después a Comitán e inaugurará mi escuela, la Matías de Córdova, tiempo después habrá la trágica matanza de Tlatelolco). El conductor del noticiero explica que la primera línea del Metro será de Chapultepec hasta el Aeropuerto (el conductor dice que es “la mayor obra urbana de nuestra historia…dos mil quinientos treinta millones de pesos…”) De esto me enteré mientras estaba sentado en una butaca del Cine Comitán. El noticiero concluye con una nota internacional, una nota curiosa, los espectadores vemos que en la ciudad de Buenos Aires (ah, Argentina amada) los chicos se cansaron de jugar de pie y juegan sentados al fútbol. ¿Qué? Sí, sólo el guardameta permanece parado, los demás, a cuatro patas, es un decir, los chicos apoyan sus pies en el piso, asimismo sus manos, por detrás, apoyadas en el piso y así juegan, patean el balón y avanzan como chapulines desgonzados. Era 1967. Parece que tal innovación no fue aceptada, porque ya nadie juega así. Fue una moda pasajera. En el pueblo no vi que los compas jugaran tal versión. ¡Bobos los argentinos! Bueno, ni tanto, porque en el fútbol normal tuvieron al gran Maradona y al no menos talentoso Messi. Era una sana costumbre. En la película “Cinema Paradiso” el pequeño protagonista se entera en uno de esos noticieros que su padre murió en la guerra. Al terminar el noticiero, de inmediato iniciaba la primera película, el noticiero era como la botana. Las películas eran en blanco y negro, pero ya también en color. Al finalizar la película venía el intermedio. Nos levantábamos e íbamos a comprar una orden de tacos dorados, con queso espolvoreado y salsa roja. Los tacos, lo he dicho mil veces, eran riquísimos, los acompañábamos con un vaso de Pepsi, el vaso era encerado. Y luego volvíamos a la sala para ver la siguiente película. Todo era sensacional. Posdata: hoy no hay noticieros, en las salas cinematográficas, antes del inicio de la película exhiben los llamados tráileres de otras cintas, para jalar a los espectadores. Hoy todo es negocio. Antes, los noticieros servían para adoctrinar a las masas; es decir, si ahora pasaran estos cortos en el cine veríamos propaganda de la 4T. ¡Tzatz Comitán!

jueves, 13 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON UNA AGRUPACIÓN SORPRENDENTE

Querida Mariana: el Comitán de los años setenta creció con una palabra en la mente: ASESCO, siglas de la Asociación de Estudiantes Comitecos Radicados en el Distrito Federal (hoy CDMX). Los chicos y chicas de este pueblo que estudiaban en la universidad en aquella ciudad estaban unidos en una gloriosa asociación. La fotografía que anexo la robé del archivo personal de Juan Carlos Gómez Aranda, quien fue presidente de la ASESCO en el periodo 1974 – 1976; es decir, en este año Juan Carlos, con todos los integrantes de la planilla, conmemoran cincuenta años del término de su gestión, gestión que, sin duda, dio brillo a dicha asociación. ¿Sabés cuál era el lema de la ASESCO? “La juventud estudiosa por los ideales de Chiapas”. Sí, cumplieron con creces, porque la mayoría estaba formada por gente estudiosa, que honraba los apellidos de sus papás y de sus mamás, que honraban al pueblo que los vio nacer; y la mayoría también sigue honrando el cierre del lema: por los ideales de Chiapas. Si mirás con atención la fotografía mirarás que ahí están caritas luminosas, jóvenes que, cincuenta años después, honran a Chiapas, honran al país. La ASESCO promovía muchos actos sociales y culturales, la sociedad comiteca recibía su generosa participación. Cuando era temporada de vacaciones, el pueblo los esperaba con agrado, porque sabían que su presencia era un yunque donde se formaba el hierro de nuestro espíritu. El comité ejecutivo tenía una secretaría de acción cultural, una de prensa y propaganda, una de acción social, otra de acción política, una más de acción deportiva, una de acción femenil y una de acción estudiantil. Cada uno de esos graneros abrían a un generoso bosque, sus responsables tenían iniciativas que completaban un gran abanico. Sería necesario un libro para dar a conocer todos los logros que la ASESCO promovió. Contra mi costumbre, que me llevaría a los actos culturales (ya habrá oportunidad) ahora diré algo muy breve de dos carteras: la de actos sociales y la del deporte, porque en esta fotografía, a pesar de que la mayoría está con traje, se ve que fue un encuentro deportivo; y con respecto a lo social basta decir que el baile del 26 de diciembre era esperado como si el acto fuera uno de los regalos que el Viejito de la Nochebuena traía a los comitecos y comitecas un poco más creciditos, era el gran regalo, el gran guateque, nadie se lo perdía, el Club de Leones se vestía de gala y el rugido era impresionante. ¡Mirá la vestimenta de estos jóvenes apuestos que rondaban los veintitantos años de edad! ¿En dónde están? En una duela donde practicaban el básquetbol, sin duda que el seleccionado de la ASESCO tuvo una relevante participación. ¡Momento! El compa que está detrás de nuestros paisanos carga una mesa de plástico y Jorge Domínguez, quien está vestido de traje café, tiene en la mano alguna bebida (pienso que ya estaba definiendo el porvenir, porque el día de hoy es uno de los más destacados promotores de nuestra famosa bebida, el Comiteco, el Comiteco “Nueve Estrellas”; en realidad, lo que sostiene en la mano es una botella de vidrio de una Pepsi Cola). Es decir, hubo un torneo de básquetbol y luego unos refrescos para celebrar la convivencia. Esta fotografía no fue tomada en Comitán, en ese tiempo no existía el auditorio Roberto Bonifaz. En esos años, en Comitán estaba la vieja cancha Pantaleón Domínguez. Todos los chicos universitarios siguen honrando el lema de la ASESCO, hoy ya no son estudiantes, pero siempre están velando por los ideales de Chiapas. Acá está, sin saco, pero con corbata, Roberto Fuentes Domínguez; Pepe Sánchez Crocker, quien sí participó en el encuentro, porque porta la camiseta; Pepe Román, gran cantante, quien desgraciadamente ya falleció; Jorge Domínguez, que digo es un gran emprendor de la bebida alcohólica tradicional del pueblo; luego Juan Carlos Gómez Aranda, quien ahora colabora con el gobernador de Chiapas; luego mi primo Javier Bermúdez, un destacado empresario; Roberto Tovar, destacado intelectual; el gran Raúl Macal, quien ama profundamente a Comitán y siempre que puede se da una vueltita al pueblo (todo mundo debería ser como él, porque hay comitecos y comitecas que radican en otros lugares y se enredan en el chal de la nostalgia, pero jamás han regresado. Vuelvan, paisanos amados, regresen, vengan a su tierra, un ratito y luego vuelvan al hogar donde ahora tienen sus anhelos, pero vengan, como lo hace el querido Raúl); y al final está mi primo Reynaldo Bermúdez, sentado sobre un balón de básquetbol. Rey fue un gran deportista, hablo en pasado, porque todo mundo de acá lamentó su fallecimiento, acaecido en días pasados. El químico Rey radicó mucho tiempo en la ciudad capital de Chiapas, pero fue velado en su patria chica. Estaba a punto de cumplir los setenta y tres años de edad. Descanse en paz. Posdata: no es casualidad que en esta fotografía haya nueve chicos, siempre el símbolo de Comitán está presente en muchos actos cotidianos, las nueve estrellas del pueblo siguen siendo custodia de nuestro espíritu, dos de estos muchachos ya no están en este plano físico, pero acá volvemos a verlos unidos por siempre, porque la ASESCO fue una asociación que abandonó el desierto de las individualidades, formó un gran bosque de amistades. ¡Tzatz Comitán!

miércoles, 12 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON LIVIANDADES

Querida Mariana: asomó la palabra liviandad, llegó como a veces llega la lluvia, como a veces asoma un torbellino sencillo, una culebrita de viento, levantó polvo, el aire siguió su camino y la palabra se quedó. Liviandad. Se sentó a mi lado, la vi, como una invitada de honor. No deliro, vos me conocés, sabés que no me gusta la exageración, pero casi pensé que esa palabra se había sentado como un gatito sobre el sofá. Casi casi quise acariciarla, pasar mi mano sobre su lomo, pero sabés que soy muy respetuoso de los animalitos y no me gusta interrumpirlos. El gatito de la casa, Félix, sólo lo acaricio cuando se soba en una de mis piernas, porque sé que me pide que lo sobe. Un día, en la casa de Charly, me atreví a acariciar a un perro hermoso que tienen en su casa, casi nunca lo hago, pero la mamá de Charly me dijo que podía hacerlo con toda confianza, lo hice, en efecto, el perrito es dócil, una bendición de animal. La mayoría de animales son dóciles, hay una minoría que saca su condición animal y ataca, los expertos dicen que es el ser humano el que invade su territorio, ahora, la ley de la naturaleza es sabia, el pez grande se come al chico, es cuestión de sobrevivencia. Los seres humanos sobrevivimos gracias a la palabra. La palabra es la que nos da la savia. Hasta los mudos, los que no poseen el don de la palabra, buscan la forma de comunicarse, aprenden el lenguaje en donde la palabra deja su condición de aire y se convierte en seña manual o visual. Las personas que no escuchan tienen el don de leer los labios de los otros. ¿Mirás lo que digo? Qué bendición, leen labios, de ahí obtienen las palabras y entienden los mensajes de los otros. Todo es palabra. La Biblia dice que primero fue el Verbo; es decir, la palabra. Los expertos en lingüística estudian el origen de las palabras. En Comitán tenemos la palabra que nos define: cotz. Nadie puede explicar el origen, nadie puede definir el porqué en el pueblo lo usamos como sinónimo de acto sexual. Pero todos los niños malcriados de los años sesenta del siglo pasado lo mencionábamos como cosa prohibida, sabíamos que era algo que no debíamos pronunciar, lo hacíamos en voz baja, con un bolígrafo repintábamos la palabra en el pupitre de madera, para que ahí quedara impresa. Desde siempre, el ser humano ha tenido esa propensión: bajar del aire las palabras y consignarlas en alguna superficie. Lo hacemos sobre cuadernos, sobre piedras (dice la Biblia), sobre papiros (nos explicó Irene Vallejo, en el maravilloso libro “El infinito en un junco”), sobre códices (en los museos del mundo hay muestras de lo que hicieron los habitantes de esta región en tiempos prehispánicos). Dicen, ¡oh, qué prodigio!, que una mañana Cristo escribió sobre la arena. ¡Cristo! ¿Qué escribió? Todos estamos formados de palabras, mentira que venimos del barro, del maíz, ¡mentira!, todos estamos hechos de palabras, por eso éstas nos seducen, nos maravillan, por eso cuando estamos con amigos en la cantina, vuela con la misma intensidad con la que en la mesa adjunta vuela el envase de cristal cuando alguien pelea con otro. La palabra es un bálsamo y es una pedrada, siempre está en movimiento, a veces corre, a veces camina, a veces está trepada en una rueda de la fortuna, sobre un caballito, sobre un carrito chocón. La palabra siempre está de feria, tiene el sabor de un algodón de azúcar o de un vaso con esquites o un pedazo de pizza todo frío o está en un vaso de agua fresca, como si fuera el pececito más soberbio del universo. No tengo duda que existe vida extraterrestre, no dudo, tengo la certeza, lo único que no sé es cuál es la palabra que emplean para comunicarse, no es esta forma arcaica que poseemos nosotros, ¿toda comunicación es mental? Mi cabeza de terrícola envejecido no da para más, pero estoy seguro que el lenguaje de otras civilizaciones, más allá de nuestra galaxia, no es numérica, también posee palabras, la palabra amor, con otra variante, significa lo mismo, aun cuando se pronuncie en forma diferente. Posdata: digo pues que la palabra liviandad apareció en mi mente, así, de la nada. A veces la palabra que busco no llega a mi mente y llega otra, inadvertida, inesperada. Las palabras son juguetonas, he escuchado a algunos oradores que, de pronto, sin ellos advertirlo, dicen una palabra que no tenían pensado, la avientan como si fuera un alud extraordinario. La mente es juguetona, la palabra también lo es. Muchas discusiones diarias inician porque algo dijimos, algo que, un minuto antes, no hubiéramos pronunciado. Se aparecen las púas y las lanzamos. Después queremos disculparnos, pero el daño ya está hecho. Fue una simple palabra, decimos. Eso fue, la palabra más simple encierra una serie de significados. Dicen los expertos que depende de la intensidad de la voz, de la intención. Entre amigos en la plaza se puede decir casi todo; entre esos amigos en la cantina la palabra toma un disfraz solemne y, en ocasiones, mortal. Cuando vine a ver, la palabra liviandad ya no estaba. Me di cuenta que bien a bien no sé el significado de tal palabra. No le di importancia, ya se había ido, sólo me quedé con el sonido perfecto: liviandad, ah, qué bonito suena. ¡Tzatz Comitán!

martes, 11 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON TEMA QUE NOS SEDUCE Y NOS MOLESTA

Querida Mariana: el apodo, Dios bendito. En Comitán es práctica común. Nos encanta usar apodos. El sobrenombre nos seduce. No respetamos nuestros nombres. No sé quién dijo que hay nombres bonitos y nombres feos. Hace años, la gente bautizaba a sus hijos con el nombre de Caralampio y a sus hijas con el nombre de Caralampia, todo en honor a nuestro santo consentido. Lo que debería ser un honor se convirtió en algo indecoroso y la gente que se llamaba César Caralampio firmaba así: César C. Hoy nadie bautiza a su hijo con tal nombre, somos pues acomplejados, hoy preferimos bautizar a nuestros chiquitos (sin albur) con el nombre de Johny. ¡Qué! Pues sí, alguien dijo que era más bonito un nombre gringo que un nombre griego, tal vez porque no sabía que Caralampio significa “refulgente de alegría”. ¿Qué significará Johny? Los comitecos de antes, cariñosos, amantes de los diminutivos decían Lampito a Caralampio. Tuve un compañero al que comenzaron diciéndole Caralimpia y cuando alguien lo llamó Lampito lo albureaban diciendo “te meto de poco a poquito”. En el pueblo es famoso el lugar que se llama “Siete esquinas”, nombre que tomó cuando alguien contó las esquinas que ahí confluyen (la gente baja al barrio y hace cuentas y nunca alcanza a contar las siete). Pero el lugar más famoso del pueblo es muy ingenioso, porque es la confluencia de las cuatro che, un lugar que está en el centro histórico. Sí, así como lo oís. Resulta que en tal lugar hay cuatro casas que en un momento habitaron personas cuyos apodos comenzaban con che: chamulas, chacanes, chucurrutas y chagüetos. El pueblo es jodoncito, pero también tiene ayuda del destino. ¿Cómo es que en esas cuatro residencias esquinadas llegaron a vivir personas cuyos sobrenombres comenzaban con la letra che? Este pueblo es mágico, único, jodoncito; Comitán es un pueblo de esos que se llaman chingaquedito. Ya te conté que hay comitecos que sí aceptan el sobrenombre, que no les molesta que alguien les diga así, al contrario, ellos eligen el apodo como signo de identidad. Mi amigo “El avión” exige que así se le diga, el otro día lo vi jugar fútbol con la selección de sesenta y más (equipo que obtuvo el campeonato nacional) y el cronista que narraba el partido decía: “ahí va el avioncito, conduce el balón por la pradera izquierda”, y yo lo veía volando sobre la cancha. Asimismo, en los años setenta había un sitio de autos de alquiler frente al Teatro de la Ciudad, y en la fachada estaba un teléfono con el número para que marcaran los que necesitaban un servicio. A uno de los taxistas le decían “diablo”, cuando los molestosos veían que sólo él estaba en el sitio corrían a marcar, cuando el taxista descolgaba el teléfono y decía: “bueno”, del otro lado escuchaba: “¿a dóndiablo?”, él se molestaba y decía: “a casa de tu reverenda madre” (hace favor de poner un sinónimo a reverenda). Como mirás, todo es chunga, es motivo de risa, es parte de lo jodón del pueblo. Como en cualquier lugar del mundo disfrutamos molestar, ah, pero que no se vayan a meter con nosotros. Otro taxista tenía el sobrenombre de “Pushica”, cuentan que una vez llegó a una botica que era atendida por una señora que le decían “cotorra” y, jodón, preguntó: “¿No tiene’sté aceite de cotorra?” y ella le contestó: “No, de cotorra no, sólo de pushica”. Santo remedio. También te he contado que frente a la escuela de la Prepa (hoy Casa de cultura) había una señora que vendía dulces y le decían “Pijuy”, todos los novatos eran enviados ahí a comprar dulces de pijuy, cuando la señora escuchaba la ofensa, les aventaba una cubetada de agua que ya tenía lista. Posdata: cuentan que el padre Carlos era un gran pone apodos. Un día, cuando yo era alumno suyo, me dijo “coleto”, porque mi papá era originario de San Cristóbal, como no le hice caso, el apodo no fructificó. Un día llegó un amigo (Ramiro) y con el clásico modo del que suelta algo secreto, dijo en voz baja: “¿a qué no saben cómo le decían al padre?”, todos dijimos que no. “Tutushac”, dijo Ramiro. A mí me dio mucha risa y lo repetí varias veces, comprobando que el aludido no estuviera cerca. No sé si el apodo fue verdad, pero dos o tres compas de ese tiempo me lo aplicaron, todavía, a veces, escucho que alguien me dice así. A mí no me molesta, sabés que nada me molesta, cuando escucho el apodo pienso en mi gran maestro y como si apareciera san Caralampio “refuljo de alegría”. La autoría de esta carta no debería atribuírseme, quien me cuenta estas gracejadas es mi amado Gutmita, a quien le dicen “El mil amores” o “El tiburón”, porque no se anda con mamadas. ¡Tzatz Comitán!

lunes, 10 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON ALGUNOS CAMBIOS

Querida Mariana: Arturo, quien nació en Comitán, en los años sesenta, y muy pequeño fue a radicar a la CDMX, me preguntó por los cambios en la ciudad. Lo primero que se me ocurrió decirle fue: la manzana donde estaban los billares Nevelandia ya no existe. Pero luego pensé que si hablaba de las carencias mi mensaje sería interminable, porque del tiempo que él vivió en Comitán a este 2026 muchas cosas del pueblo se han perdido. Dentro de las pérdidas más valiosas están algunos valores, como el respeto. No sé si en todos los pueblos del mundo tal carencia sea cotidiana, pero acá en el pueblo, el respeto ya es un mero concepto extraviado. ¿Querés un ejemplo? Los conductores no respetan los límites de velocidad, tampoco respetan los semáforos, muchas personas que gozan de todas sus capacidades físicas e intelectuales se estacionan en espacios especiales para discapacitados (muchos critican tal comportamiento y preguntan si son discapacitados mentales). Los alumnos no respetan ya a los profesores. ¿Dónde como en nuestros tiempos? Bueno, hay chicos y chicas que ni siquiera respetan a sus padres y a sus madres. La tía Eduviges dice, por esto, que el Armagedón ya está en la tierra. No sabía a qué se refería ella, pero Elena me dijo que, según la Biblia, es la batalla que sucederá entre el bien y el mal cuando se dé el fin del mundo. No entendí bien. ¿Para qué una batalla entre el bien y el mal si de todos modos el mundo dirá adiós? En fin, la tía a cada rato dice que el Armagedón ya está a la vuelta de la esquina. Un amigo traducía este fin de la siguiente manera: “a beber y a gozar que el mundo se va a acabar”, Dios mío, era como el presagio del bien sobre el mal. Bueno, ya Nietzsche nos advirtió que el ser humano está inclinadito al mal. Iba a decirle a Arturo que muchas cosas se han perdido en Comitán en el tiempo. Se han perdido también los juegos de infancia, todos han sido sustituidos por los videojuegos. ¿Trompo? Uf, ya casi no. ¿Canicas? Tampoco. Bueno, con decir que hace rato que no veo a las niñas saltando la cuerda, mucho menos jugando matatena, que era un jueguito que las congregaba. Vos sí alcanzaste a jugar matatena, fue un logro de tu niñez. Recuerdo que en la Matías de Córdova las niñas lo jugaban, las veía desde lejos lanzar una pelotita de hule y pepenar las estrellitas tridimensionales que se llamaban matatenas. No sé por qué era un juego exclusivo de niñas, se veía muy divertido para que todo mundo lo jugara. Recuerdo que en una ocasión un compañero fue molestado diciéndole que él debía jugar matatena en lugar de trompo. Quise decirle a Arturo que también los dulces de nuestra infancia se han extraviado. Los dulces tradicionales los siguen haciendo, pero veo que sólo los mayores los consumen, los niños y niñas de hoy sólo comen los dulces que en un momento fueron llamados “extranjeros”, porque venían desde la CDMX. El sabor plástico de los Tin Larín y demás larinadas se apropió del paladar de nuestros chiquitíos y ya no disfrutan un quiebramuelas o una trompada. Con decir que estos nombres ya nada les dicen. Con esto quiero decir que nuestro voseo también se ha ido extraviando, los chicos y chicas de hoy (parece letra de canción) hablan de tú y muy poco de vos. No supe bien a bien qué decirle a Arturo, así que opté por pasarme al grupo de compas que sostienen que una imagen dice más que mil palabras, le envié la foto que anexo. Pido que la veás con atención. El cielo azul de siempre es majestuoso, el aire corre libre, claro, se ve un entramado de cables que en nuestro Comitán de los sesenta no existía, esto jode la panorámica, es un insultante contaminador visual; pero donde pensé que estaba bien definido el contraste entre el Comitán de antes y el de ahora fue cuando puse atención en la cúpula del templo de Guadalupe, ¿ya miraste que hay adelante? En efecto, son dos rotoplás, que hoy, cosas de la modernidad, son elementos cotidianos donde se topa nuestra vista. Gordos necesarios, pero insultantes al buen gusto. Posdata: le mandé la foto a Arturo y él como respuesta me dijo que prefiere guardar en su corazón y en su mente imágenes del Comitán anterior, por eso visita con frecuencia la página de Francisco, quien radica en San Luis Potosí, donde hay un gran archivo de fotografías antiguas, imágenes de un Comitán que ya sólo existe en la nostalgia. ¡Tzatz Comitán!

domingo, 9 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON LIBRO RECIENTE DE AMÍN

Querida Mariana: la canción dice: “llegó diciembre y sus posadas”. En el Comitán de 2026 puede decirse: “llegó agosto con un libro”, un libro de Amín Guillén Flores. “Trudi” es el nombre del más reciente libro de Amín. Amín es un incansable investigador. Hubo un tiempo que se dijo que en Chiapas “debajo de una piedra aparecía un poeta”, Amín ha llevado tal aserto al extremo, levanta una piedra y encuentra un tema para realizar una investigación que da luces a nuestra historia. No sé cuántos años lleva Amín dedicando su tiempo, su vida, a bordar hilos de nuestro entramado cultural. Su sed de conocimiento es inagotable, no hay agua que sacie su sed. Es un apasionado. Sé que no puedo llamarle temprano, porque él es un animal nocturno. Yo me duermo a las ocho y despierto a las cuatro de la madrugada, mientras yo duermo él trabaja. No sé a qué hora se acuesta, pero sé que dedica muchas horas de la noche para cotejar datos, para revisar documentos, para redactar hallazgos, para darle forma al próximo libro. En Comitán todo mundo reconoce su generosidad intelectual. Él invierte horas y horas en levantar piedras llenas de musgo y, con el cordel del investigador, hace medidas del tiempo. Uno de sus lemas es: si no hay documento que valide la información no sirve. Qué bueno que dentro de los temas a desarrollar no están los diez mandamientos divinos, porque ya lo miro hurgando en los desiertos de oriente buscando las piedras que cargó Moisés. Amín es serio, hombre de carácter, desde niño lo fue. Él y yo fuimos compañeros en la primaria Fray Matías de Córdova. Nunca se dejó, ya mostraba parte de su personalidad, la vida es un juego, pero hay que jugarlo con seriedad. En los últimos tiempos veo que no desperdicia minuto alguno, todo el calendario no es más que el feliz pretexto para sus investigaciones y hallazgos. A veces lo veo en alguna cafetería frente al parque central, mi parque, cualquiera pensaría que está sosegado, ¡mentira!, lo que para otros es un receso, para él es la continuidad de su labor como investigador. La mente de Amín no tiene sosiego, es una maquinita divina que siempre está en actividad. En una mesa cercana veo al contador Moya y pienso que en algún momento de la historia, el libro de Comitán dirá que en esos cafés al aire libre se sentaban dos mentes brillantes, así como se habla de Jean Paul Sartre y el café de París. A Moya y a Amín les encantan los cafés. Amín me invitó una mañana a un programa de radio y al terminar me dijo que tomáramos un café, no podía negarme, pensé que sería una desatención de mi parte no aceptar, así que fuimos a La Esquina de Belisario y pedimos dos cafés. Juro, querida mía, que me sentí extraño, es algo que nunca hago, pero un segundo después pensé que era un privilegio de la vida estar con Amín platicando frente a mi parque y me sentí pleno. Amín y yo somos amigos, nos queremos, nos admiramos y nos respetamos. Él dice que hay gente que quiere amarrar navajas, ni él ni yo lo admitimos, que vayan a amarrar navajas a los gallos de sus gallineros. Aprecio a Amín, reconozco su talento y su dedicación para atender asuntos que ayudan a desentrañar las telarañas de nuestra historia. Cuando acudo a alguna conferencia que imparte le doy mi opinión sin ambages, la mayoría de las veces lo felicito, cuando pienso que se pasó de tiempo, cuando no habla en forma llana, se lo hago saber, él, sabio, acepta mi comentario. No se trata de que me haga caso, se trata de un ejercicio intelectual entre amigos, yo siempre lo hago en buen plan, porque el plan de nuestra vida es caminar juntos, él por su vereda y yo por la mía, pero siempre en busca de la cultura. Posdata: ahora tengo entre mis manos su más reciente libro, lo leeré este fin de semana, es un texto breve, ilustrado con muchas fotografías. Por el momento celebro la aparición de este opúsculo, que, sin duda, requirió muchas horas invertidas para su consecución. “Trudi” se incorpora a su vasta bibliografía, enriquece la biblioteca de nuestro pueblo. ¡Tzatz Comitán!

sábado, 8 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON LO MEJOR DE JULIO DE 2026

Querida Mariana: hay instantes que son como una epifanía. Los seres humanos debemos estar pendientes de esos mínimos actos que son grandiosos. Hay muchas personas que tienen la capacidad para hallar el misterio de iniciación en cada acto de la vida; hay personas a quienes les cuesta más recibir la bendición del día a día, del instante. En julio de 2026 estuve en la mesa de honor de la ceremonia de fin de cursos del Colegio Mariano N. Ruiz. Estuve muy agradecido con la vida, porque es estimulante ver los rostros de niños y de muchachos que concluyen un periodo escolar. Los familiares y amigos celebran esos logros y nosotros, los maestros, pedimos a la naturaleza que su talento, capacidad y entusiasmo los lleve a cumplir los deseos, los sueños. Siempre tengo mi cara de piedra, pero en este tipo de actos mi rostro se abre como flor y sonríe, satisfecho por la oportunidad de felicitar a los graduandos, el acto es dar el documento y desear felicidades. Los chicos y chicas se retiran con sus padrinos y es como cuando el aire sigue su senda infinita. Todos deseamos a los chicos y chicas que vuelen como papalotes, que su vuelo sea altísimo, que logren conquistar las cimas. En este año tuve la alegría de escuchar el nombre de una de mis nietecitas y la vi pasar a la mesa de honor, dar la mano a todos los integrantes, recibir su documento de término del ciclo de primaria (ya de primaria, Dios mío, ¡cómo ha crecido, en tamaño físico, en su intelecto y en gracia divina!). Yo estaba sentado al lado de su tío Mario, así que cuando nos saludó, su papá (quien estaba en una esquina del escenario) hizo favor de tomar esta foto que te comparto, que comparto sólo con vos, porque es momento muy íntimo (dejamos el protocolo de un lado, abandonamos la mesa de honor y aprovechamos estar cerca de ella en un momento tan emotivo). Mi Ale es una de mis nietecitas consentidas, es la flor más hermosa del jardín de mis afectos, ella siempre es muy generosa en su cariño hacia mí, lo es al grado que siempre me dice “abuelito chingón”. ¿Mirás? Ella es muy mexicana, sabe que el término es sinónimo de grandeza, por eso siempre procuro estar a la altura de su corazón. Siempre que me dice ¡abuelito chingón! trepo a las nubes y sé que ella es un ser angelical. El día de su graduación estaba especialmente bella, su carita tenía la claridad de la hoja más solar del bosque. En el momento de estar a su lado, pensé que en los seis años de su educación primaria ella logró descifrar el alfabeto, hizo rodar cada letra para hallar la compañía ideal. El destino hizo que la conociera y que entre nosotros exista ahora un alfabeto especial, uno que sólo contiene palabras de cristal irrompible, con coreografías de pájaros, de hogar contemplativo. Mi tradicional señal con el dedo pulgar hacia arriba, más que nunca, simboliza éxito, presagia aleteos de fábula. Hoy alumbro el instante, prendo la lámpara del ángel y pido a la divinidad que siempre ilumine la senda que recorrerá. ¿Mirás que tiene una medalla colgada al pecho? Esa presea es el símbolo del promedio que obtuvo durante su educación, mi nietecita es ¡niña de diez!, es mano que bendice el agua que toca, es la manta que da cobijo, es la montaña que acuna los amaneceres. Es mi privilegio, ¡cómo no! La respiración del mundo me permite tener nietecitas que diluyen el invierno de mi edad. Mi nietecita consentida es el eco de los labios de la naturaleza más pródiga, la que no tiene puertas, la que deja que el viento sea un grillo afectuoso. Posdata: ¿qué le deseo a mi nietecita amada? Que su vida sólo contenga letras afables, que los fragmentos siempre sean un Todo, y que el Todo sea el río de aguas limpias y tranquilas. Deseo que el pan nuestro de cada día sea la posibilidad del encuentro y de la generosidad, que las islas del mundo se conviertan en continentes y que los mares sean la eterna sonrisa de delfines brincando la cuerda del agua. ¡Felicidades por siempre! ¡Tzatz Comitán!