miércoles, 1 de julio de 2026

CARTA A MARIANA, CON ROLLOS VELADOS

Querida Mariana: el otro día estuve en “Luminosa. Escuela de Arte Fotográfico”. Luminosa es un espacio que crearon Jose Welbers y Alejandro Akler. El día que fui había mucha gente, convocada por Olivia Bonifaz, ella estaba feliz por el éxito de su convocatoria. Todos acudimos a saludarla y a observar la exposición fotográfica “Reveladas, las horas invisibles”, muestra que fue posible gracias a la colaboración de la Asociación Consuelo Berges, de Santander, España. Recordá, querida mía, que Olivia vivió en España muchos años y allá desarrolló una amplia labor. Como siempre sucede en este tipo de actos, la sala de exposición se llenó después del corte inaugural. Como siempre, pensé esperar que se despejara un poco para entrar a disfrutar la exposición, mientras tanto, lo sabés, plática acá, plática allá, saludo acá, saludo allá, todo bonito, todo comiteco, nunca falta el: “qué bien te ves” o el “qué jodido estás”, todo en uno, todo en el mismo paquete. Después de unos diez o quince minutos, tal vez más, la sala quedó con pocos admiradores de la obra, entré, en una esquina estaba Olivia, ella me acompañó a ver cada fotografía. En todas las imágenes hubo dos constantes: mujeres y relojes. Mujeres de diversas edades, relojes de diversas edades, el tiempo aliado con la vida, conceptos ambos que jamás se detienen. Tal vez uno de los objetivos de esta muestra fotográfica es detenerse, para robarle minutos al tiempo, para tener la sensación de que es posible, como dijo Rosario Castellanos, tener “otra forma de ser”, porque, así me lo explicó Olivia, la intención de estas imágenes es hacer conciencia de “las horas invisibles”, ese tiempo, implacable, feroz, donde las mujeres trabajan con denuedo en labores de la casa, en horas que jamás son remuneradas y mucho menos reconocidas. El tiempo pasa implacable y les arrebata la vida, en pedazos, en labores que se diluyen al final de la jornada. Olivia dijo: “a veces necesitamos también el aplauso”. Sé que lo dijo como un reclamo, como un grito, para decir ¡acá estamos, somos! Mencioné a Rosario líneas arriba, cuando regresé a casa, después de la exposición, tomé el libro: “Rosario Castellanos. En los labios del viento he de llamarme árbol de muchos pájaros” (libro que me obsequió Chusy Coutiño) y, ¡oh, prodigio!, encontré estas líneas: “se me atribuyen las responsabilidades y tareas de una criada para todo. He de mantener la casa impecable, la ropa lista, el ritmo de alimentación infalible. Pero no se me paga ningún sueldo, no se me concede un día libre a la semana. No puedo cambiar de amo”. ¿Mirás qué coincidencia? El grito visual al que nos convocó Olivia en 2026, ya en el siglo XX lo había expresado Rosario con palabras. La lucha continúa. ¿Viste el título de esta carta? Dije que hay rollos velados. En estos tiempos la fotografía ha evolucionado con pasos gigantescos. En los años setenta me encantaba tomar fotografías. Quique hizo favor de comprarme una monumental Yashica, en un viaje que hizo a Canadá. Andaba por todos lados con mi camarita profesional. En 1982 me casé con mi Paty y en el viaje de luna de miel llevé la Yashica y con ella tomé muchos rollos, porque en ese tiempo las fotografías aparecían cuando los rollos se revelaban, pero sucede que en más de una ocasión los rollos no se revelaron, sino que se rebelaron y las fotografías salían veladas; es decir, ¡nada aparecía! En las fotos del viaje con mi Paty muchos rollos se velaron, así que perdimos imágenes que jamás volvieron a repetirse. ¡Chingada madre!, dijimos. Hoy, los tiempos son diferentes. Cuando estuve en la exposición en Luminosa y vi las imágenes pensé que el juego propuesto era ese: fotos reveladas de mujeres rebeladas, porque siempre han estado como fotografías veladas, la historia del patriarcado ha puesto a las mujeres detrás de un velo. Por fortuna, digo, estos tiempos son diferentes. Hoy, las mujeres ocupan espacios donde antes sólo había hombres. Basta colocar acá el ejemplo manido de que en este año tenemos a una mujer como presidenta de la república, ¡una mujer! Posdata: las mujeres han prendido la vela, para que no haya veladuras, para que no haya rollos velados, para que exista la luz; sus barcos llevan ya las velas izadas. ¡Tzatz Comitán!