lunes, 1 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN PUEBLO
Querida Mariana: nacimos en Comitán. La mayoría de comitecos se siente orgullosa de esta ciudad. Los oriundos de otros lugares también alaban sus lugares de origen. Cada uno piensa que su tierra es el centro del universo, el mejor lugar del mundo. Los creyentes no dudan en afirmar que su lugar de origen es “tierra bendita de Dios”, los no creyentes ni usan la palabra bendita ni usan la palabra Dios, pero encuentran sucedáneos para hablar elogiosamente de su tierra.
Ya sabemos que Gabriel Guerra Castellanos, cuando dice que viajará a Tierra Santa, se refiere a Comitán y no a Jerusalén (ciudad que conoció cuando vivió con su mamá, Rosario Castellanos, en Israel). Tierra Santa le llama Gabriel a nuestro pueblo. El hijo de Rosario conoció nuestra tierra cuando tenía más de veinte años de edad, pero le llama así porque fue la tierra donde su madre vivió su infancia y su adolescencia temprana; es decir, donde vivió los años que la definieron como ser humano, donde pepenó la esencia de su creatividad literaria.
Ya platicamos que Rosario, en 1949, en una carta que le envió a Efrén Hernández, dice que se la envía desde Comitán de Domínguez, Comitán de Las Flores, Comitán de Los Pianos. ¿Mirás? Acá está una definición del pueblo, dictada por la lectura que Rosario hace de la Tierra Santa. Rosario menciona el nombre oficial: Comitán de Domínguez, nombre que sólo se emplea en actos oficiales y en correspondencia gubernamental; menciona el nombre de Comitán de Las Flores, nombre que popularizó el compositor musical Roberto Cordero Citalán al citarlo en su famosa canción “Comitán” (Comitán es el nombre que emplea la mayoría para designar a Tierra Santa, según la nombra Gabriel Guerra Castellanos); y el tercer nombre es uno que ella definió: Comitán de Los Pianos. Sabemos que Rosario lo mencionó, porque en los años cuarenta, Comitán era un pueblo culto en materia musical, se cuenta que en muchas casas del pueblo había pianos cuyo sonido enriquecía las tertulias vespertinas y nocturnas. En los balcones de las casas de gente pudiente desbordaba el sonido de la música selecta. Más de pueblo, Lola Albores, la amada cronista del pueblo, definió a Comitán, como Comitán de Los Tomates, por aquello de: “tomate una, tomate dos, tomate tres”, que alude a la sana costumbre de tomar pitutazos del trago llamado Comiteco, que es el comiteco más famoso. Recordá que, en las fiestas, donde estaba el manteado sobre el patio central, los anfitriones recibían a los invitados con una copita de Comiteco.
El otro día, Xavier González me dijo que en julio de 2026 se cumplirán sesenta y tres años de la llegada de su familia a La Tierra Prometida. ¿Mirás cuánta belleza de definiciones? Comitán es la Tierra Prometida, la Tierra Santa, la Tierra Bendita de Dios.
Platico con amigos de mi generación (años cincuenta) y coincidimos en decir que (ah, lugar común) Comitán ha cambiado mucho. La ciudad tranquila de antaño ya no existe. No. Pero sigue siendo una ciudad agradable, hermosa. Cualquier médico diría que es una ciudad “apta para vivir”. Está en nuestras manos evitar que se degrade. Si la sociedad le echa montón podemos recuperar la bonhomía anterior. ¿Cuántos pueblos en el mundo son vistos con tanta admiración? Deben ser pocos, uno de los lugares emblemáticos es la Tierra Santa, la Tierra Prometida.
Comitán, dicen algunos, es como una ventana donde asoma su carita el sol; es como una alegría que brinca la cuerda todos los días; es el sendero del alba que caminamos vos y yo; es como la puerta de la noche con millones de estrellas.
Nacimos en Comitán. Miles de personas, lo mismo que nosotros, dan gracias a Dios por ese don (no sé a quién agradecen los ateos. Bueno, sí sé, a la diosa natura). Los agnósticos y los creyentes sabemos que esta tierra tiene el superlativo en su nombre. Comitán organiza congresos de pájaros todas las mañanas, reuniones plenarias de ferias de pueblo. Comitán se viste con todas las nostalgias y con los trajes que bordó la herencia.
Nacimos en Comitán, por eso el aroma que nos rodea es el de un aletazo de hierbabuena.
Posdata: he caminado este pueblo mucho más que vos, porque vos sos muy joven, pero sé que imprimís la misma intensidad y gozás cada instante, como ave deslumbrada bebés del aire de este pueblo, nuestro pueblo, el de Rosario Castellanos, el de su hijo Gabriel, el de Xavier González Alonzo. Hace 63 años dice Xavier; vos decís 35; tu novio 38; yo digo 69.
¡Tzatz Comitán!
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