miércoles, 10 de julio de 2019

CARTA A MARIANA, CON ESPACIOS DE ARTE




Querida Mariana: El sábado 13 de julio de 2019 se inaugurará el “Jardín del Arte”, en Comitán, en el parque de La Pila. ¡Es muy buena noticia! Es un proyecto que impulsa el Centro Cultural Rosario Castellanos y el Museo de Arte Hermila Domínguez de Castellanos. El director del Centro Cultural Rosario Castellanos, el poeta Arbey Rivera, comentó lo siguiente: “Será un lugar de encuentro de artistas”. ¿Mirás qué bonita idea? Será el lugar donde acudan pintores, músicos, fotógrafos, danzantes y demás practicantes del arte. Caben todas las disciplinas artísticas. Quienes se den una vueltita por ahí hallarán (dice la convocatoria): creación, exhibición y venta de obra; es decir, verán a artistas en proceso de creación y obras para admirar y adquirir.
Arbey dijo que lo más fácil hubiese sido abrir el Jardín del Arte en el espacio que dirige, pero no lo hicieron así, porque un objetivo de las instituciones culturales es salir de los espacios cerrados y llegar a los lugares donde la gente camina. ¿Qué mejor lugar que un parque? Y un parque que es lugar emblemático para los comitecos: La Pila. Ahí, cuenta la leyenda, está el origen del pueblo, ahí está el agua. Arbey (¡poeta!) dice que, como los antiguos viajeros, ahora, los artistas se acercarán al lugar donde brota el agua.
Hay un intento de apropiación del lugar, claro, con el permiso de las autoridades. Es buena noticia que el arte se apropie de los espacios.
En los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a ver espacios públicos que son ocupados por ambulantes para venta de chicharrines y demás comida chatarra.
Ahora, El Jardín del Arte abrirá una ventana menos escuálida, la mirada de quienes caminen por el parque de La Pila podrá llenarse con un alimento sano. El arte alimenta el espíritu.
Ojalá que muchos artistas comitecos se unan a la iniciativa y encuentren en ese espacio un lugar para compartir ideas que apuntalen la creatividad.
¿Y si alguien lleva una mesa y coloca un tablero de ajedrez, se vale? ¿Se vale que alguien haga figuras de origami, como las hacía el famoso Papirolas, en la facultad de Arquitectura, de la UNAM, en los años setenta? ¿Se vale que un fotógrafo lleve una cuerda y haga un tendedero con sus fotografías? ¿Se vale que una muchacha bonita, con playera y jeans, se siente debajo de un árbol y pose para que dos o tres dibujantes hagan bocetos del cuerpo humano? ¿Se vale que una abuela se siente a mitad del kiosco y cuente cuentos a niños que harán un círculo? ¿Se vale llevar una marimba pequeña para que alguien toque la canción “Comitán” o alguien, sólo por gusto, sin saber algo de la ejecución, juegue a sacar sonidos? ¿Se vale que un abuelo enseñe a hacer papalotes? ¿Se vale que el caricaturista haga retratos en vivo? ¿Que los fotógrafos propongan sesiones? ¿Que alguien plantee hacer palíndromos con el tema del agua de La Pila? ¿Que un chelista toque, en las gradas del templo? ¿Que un historiador dé charlas acerca de la historia de San Caralampio? ¿Qué se vale hacer en este espacio que está próximo a abrir sus manos generosas?
¿Qué se vale hacer? El director del Centro Cultural dijo que todas las disciplinas artísticas tienen cabida. Sin duda que, conforme pase el tiempo, las propuestas irán apareciendo y los actores harán performances y los artistas plásticos dibujarán, con gis, murales efímeros en el piso y las chicas del pole dance demostrarán que su actividad también es un arte. Y todo el mundo respirará la cuerda del aire que llega desde ¡La Ciénega!, de más allá, ¡de La Selva!, de más allá, ¡del mar!, y este sueño de Arbey se convertirá en un barco que navegará por mil aguas, incluido el agua de los míticos chorros, esa agua que emplean los tojolabales para refrescarse la cabeza o para lavarse los pies cuando llegan a Comitán desde sus comunidades.
Posdata: Ahí, al resguardo de la centenaria Ceiba; al cuidado de las manos espléndidas de San Caralampio; con la bendición del agua de los chorros de La Pila, inicia un espacio que convoca al arte. Ojalá que su vida sea perenne, que alimente el espíritu de Comitán.
¿Cómo lo mirás si nos damos una vueltita el sábado, a partir de las once? Bueno, lleguemos a las once y media, hora en que esa mazorca ya tendrá más maicito. ¿Vamos?

martes, 9 de julio de 2019

CARTA A MARIANA, CON UN ¡VIVA COMITÁN!




Querida Mariana: Esta carta es como un elogio a la vida nuestra. Ahora que escribo recién regresé de un lugar donde vi colgajos de papel de china con la inscripción: “Viva Comitán”. ¿En qué espacio había este mensaje que es como una oración para los comitecos? Te cuento: La tarde del 8 de julio fue la presentación de las diez candidatas a reina de la Expo Feria Internacional Comitán 2019. El acto fue en el Salón Veranda Cristal, de Villa Victoria. Los organizadores de la feria no pudieron elegir mejor espacio para dicha presentación, Villa Victoria es un lugar bellísimo, lleno de plantas y aves. ¿Recordás cuando fuimos a una conferencia de prensa y viste, en el corredor, una enredadera llena de flores matizadas en rojo y amarillo? ¿Recordás que había dos colibríes libando miel? Una antigua ex hacienda bellísima fue el espacio elegido para la presentación de las diez chicas. Mientras recorrí los andadores llenos de buganvilias y flores de palpanichín, grité (en voz baja, sólo para mí): “¡Viva Comitán!”
La presentación fue a la siete de la noche, yo (como es mi costumbre, lo sabés) me salí de protocolo y fui a Villa Victoria a las tres y media de la tarde. ¿Por qué lo hice? Porque me encanta hurgar los instantes previos a los magnos eventos. Siempre he pensado que a esa hora se manifiesta una cuerda que tiene distintas tensiones. Ocho de las chicas participantes estaban en sesión de maquillaje. Los expertos en diseño de imagen las arreglaban. Una chica estaba sentada en una silla plegadiza, tenía las manos juntas, como si meditara; otras platicaban, mientras les llegaba el turno de pasar a la silla del estilista. En el Salón Veranda dos chicas ensayaban la pasarela. Cada una se daba ánimo, mientras una caminaba por el escenario, de izquierda a derecha, se paraba al centro y practicaba su presentación y luego caminaba por la pasarela con alfombra color vino, la compañera le tomaba video para, juntas, ver cómo lo había hecho. Esto lo repitieron dos y tres veces. Pensé lo que ellas pensaban: “Faltan pocas horas para el gran momento”. Pocas horas para estar ante las autoridades, amigos, familiares y medios de comunicación. Fue la tarde de presentación. A partir de ese instante medio mundo se fijará en ellas, estarán sometidas al escrutinio popular. Los comitecos (y gente de medio mundo) elegirá a su favorita.
Viví (apenas unos minutos) la emoción que se apodera de ellas. En nuestro pueblo no hay escuelas profesionales de modelado, no existen academias de expresión corporal, no hay talleres de expresión oral dictados por expertos. Cuando aparece la convocatoria para la elección de reina de feria, muchas chicas (comitecas lindas, inteligentes, apasionadas) se inscriben para vivir la experiencia y comienzan una etapa de preparación que tendrá su momento culminante el día de elección. Así pues, la tarde de presentación, tal como su nombre lo indica, es el momento en que, por primera vez, aparecen ante medios de comunicación y éstos enseñarán sus imágenes por todo el mundo de las redes sociales, de la televisión y de la prensa escrita. Hay nervios, por supuesto que sí. No es fácil pararse ante una audiencia. Una vez, el actor Carlos Cámara, con gran experiencia en teatro y en telenovelas, comentó que, siempre, antes de subir al escenario le alcanzaba un pánico escénico que lograba vencer en el momento que se paraba a mitad de las tablas. Dijo que cuando estaba a mitad del escenario veía que todos los que estaban sentados en butacas estaban ahí para verlo a él, por lo tanto, comprendía que era un personaje importante.
La tarde de presentación medio mundo estuvo ahí para ver a las diez chicas. Estas diez chicas se convirtieron a partir de ese momento en las diez chicas que generarán expectación e interés. Una de ellas, la noche de elección, se convertirá en la reina de la Expo Feria Internacional Comitán 2019. Será una embajadora comiteca que promoverá la cultura de nuestro pueblo.
Por eso, cuando vi que el Salón Veranda estaba adornado con papel de china, picado, y las banderolas colgantes tenían calado este mensaje: “Viva Comitán”, supe que esa tarde, en ese prodigioso espacio, se daba el banderazo de salida para esa pausa gloriosa que será la feria de Santo Domingo.
A las tres y media de la tarde hallé también a la licenciada Karen Fabiola Sánchez, directora de turismo, en jeans casuales, supervisando los últimos detalles; asimismo, el licenciado Toño Castro, daba instrucciones para acondicionar un espacio especial para que los fotorreporteros tuvieran un sitio de privilegio para sus tomas, sin que su labor se viera afectada ni que ellos interrumpieran la visión de los invitados.
Posdata: Me encanta ver los entretelones. Veo el trabajo que realizan muchas personas para que un acto sea exitoso. La Expo Feria Internacional Comitán 2019 ¡comienza! Todo está signado por las palabras que tenían las banderas que colgaban de las alturas del salón: “¡Viva Comitán!” ¡Qué viva por siempre, que viva en forma armoniosa, alegre, comprometida, digna!
Ya, por la prensa, te enterarás de los detalles de la presentación. Yo sólo te cuento mi visita de pocos minutos, antes del magno acto.

lunes, 8 de julio de 2019

CARTA A MARIANA, CON LA MITAD DE UN CORAZÓN




Querida Mariana: “Tomame una foto”, me dijo José Romeo. Estábamos en La Pila, era una tarde de julio. Desde donde estábamos se escuchaba el ruido del agua al caer de los chorros.
Le tomé la foto y luego le enseñé la pantalla de la cámara, para que se viera. “Sí –dijo-, me gusta.”
Los comitecos lo conocen bien. Su mirada cambió el 29 de enero de 2003, tomó esa niebla que desde entonces lo muestra triste, como si viera más hacia adentro que hacia afuera. El 29 de enero de 2003 falleció su hermano gemelo René Francisco.
Los comitecos saben que ellos eran inseparables, que su condición de gemelos la cumplían con precisión. Si habían compartido la placenta materna pensaron que debían compartir también todos los instantes de su vida y así sucedió hasta que René murió. José Romeo dice que su hermano murió de hipertensión arterial, así lo dice. Cuando habla saca la lengua y tarda en que la palabra asome por su boca. Su hermano padecía del mismo tic, en ocasiones se hacía para atrás, tantito, como un vagón de tren que necesitara encarrilarse para soltar la fumarola de la palabra.
Ahora camina solo. “No, nunca tuvimos novia. Él no se casó, yo tampoco me casé. Me llevo por sí solo. A las muchachas me las cotorreaba yo bien, pero nada más.”
José Romeo y René Francisco nacieron el 21 de julio de 1946, en la ranchería Los Riegos. Dice que no nacieron en Comitán, reafirma que nacieron en Los Riegos. José Romeo se quedó solo. El día que despidió a su hermano alargó la mano y cortó un fruto del árbol de los frutos secos y se lo refregó en los ojos. Desde entonces tiene una mirada triste, cansada, como de tortuga a mitad de un desierto. Dice que sigue dibujando (en una ocasión llegaron a coordinar un taller de dibujo para niños, en el corredor externo de la Casa de la Cultura), dice que estudia los cuerpos geométricos, menciona el cubo, el cilindro, el cono y demás formas geométricas, como si supiera que Cezanne buscaba lo mismo, las formas esenciales en la naturaleza: las formas geométricas.
Cuando le enseñé la fotografía dijo que le gustaba, estaba sentado en el arriate que rodea a la ceiba de La Pila, que, esa mañana, fue declarada Patrimonio Natural de nuestro pueblo.
Dentro de pocos días cumplirá los setenta y tres años de vida, una vida que estuvo completa mientras vivió su otra mitad.
Sé que el corazón del ser humano está divido en ventrículo izquierdo y ventrículo derecho, y en aurícula derecha y aurícula izquierda. Pero no sé más. Me gustaría que un médico me explicara qué sucede cuando un lado del corazón se apaga, cuando la noche llega a su cuarto y no vuelve a aparecer el sol. Cuando se apagó la mitad del corazón de esta pareja de gemelos, José Romeo colocó un velo en su mirada, un velo que es como una cortina que no deja pasar la luz a plenitud.
José Romeo quedó solo, camina solo por las calles de la ciudad, va al parque central y se acerca a una banca y platica con los que ahí estén o se sienta al lado de los boleros y ahí se está horas y horas. Tal vez busca un cáñamo que sirva para coser la parte dañada del corazón, aunque sabe que no hay cura posible.
Tiene otros hermanos y ellos le dan asistencia, pero su gemelo se fue y con él se fue el agua que formaba el río común, que ahora es apenas un hilo. Los gemelos tuvieron doce hermanos, la familia fue de catorce hijos, y (cosa sorprendente) fueron tres parejas de gemelos. El papá de José Romeo fue don Francisco Javier Gómez López, que se dedicó al oficio de la agricultura y de la curtiduría, su mamá fue doña Rosario Albores Argüello, que se dedicó a inyectar y a atender una “media tiendita, que nada tenía.”
José Romeo dice que va al panteón a dejarle flores a su hermano, al ventrículo izquierdo del corazón.
Posdata: “Me llevo por sí solo”, dijo, como si dijera que es un sol en medio de un sistema solar en el que los planetas giran a distancia. Dice que ninguno de los dos se casó, porque tenían una misión por cumplir. Cuando le pregunto cuál era esa misión, abre la boca, saca la lengua, se hace tantito para atrás y ya no logra que la palabra asome por sus labios. Luego habla de la corrupción y su mensaje se vuelve inteligible, porque algo como un rayo asoma en su espíritu y se molesta. Él quisiera estar en compañía de su hermano, porque ambos, como malabaristas, se arrebataban la palabra y decían su mensaje. La conversación la completaban entre los dos. Ahora la conversación es incompleta. José Romeo se quedó solo desde hace dieciséis años; el corazón, por un prodigio, ha seguido latiendo a pesar de carecer del lado izquierdo, sólo que la ventana derecha casi siempre está con el postigo cerrado y entra poca luz.

sábado, 6 de julio de 2019

CARTA A MARIANA, EN BAÚLES Y EN PAREDES




Querida Mariana: No lo digás, pero en Comitán hay cientos de tesoros en baúles y en paredes. No, no te emocionés, no hablo de monedas de oro o de plata, ¡no! Aunque, también conocemos historias de paga conservados en baúles y paredes. Muchos cuentan que fulano de tal halló un tesoro cuando remodelaba una pared, a la hora que clavó el pico, una parte de la pared se le vino encima, junto con un alud de monedas de oro que cayó como cascada. Otra historia (debe ser mentira) cuenta que sutano murió porque eran tantas las monedas que quedó aplastado por el oro. ¡De nada le sirvió la paga!
Pero, digo que no hablo de dinero, hablo de tesoros de identidad. En muchos baúles y paredes de las casas comitecas hay miles de fotografías que son una fortuna para la historia común. Se ha extraviado la costumbre, pero aún hay muchas paredes de salas comitecas donde existen fotografías familiares, clavadas en las paredes húmedas, con marcos modestos, con cristales opacos, que perviven como muestra de tiempos idos. Y cuando digo “tiempos idos” digo que ahí está la historia de un pasado que nos revitaliza.
En una casa del barrio de Guadalupe hay una lonchería que ofrece taquitos dorados, chalupas y otras delicias. El dueño abre por las tardes, tiene un mostrador de madera (pintado en verde) y dos pequeñas mesas con sillas (también de madera y pintadas en verde). Tal vez (no lo sé bien) ese cuarto que da a la calle fue la sala en algún momento, porque en las paredes hay fotografías en blanco y negro, con fotografías de los años cincuenta o sesenta del siglo pasado. ¿Mirás qué prodigio? ¡Fotos con una antigüedad de sesenta o setenta años!
El registro de un instante se convierte, con el paso del tiempo, en valioso testimonio. En las fotos de esa lonchería hay amigos, hermanos, padrinos, tíos, papás, mamás, hijos de esa familia, pero ¡hay más, mucho más! Hay patios con macetas llenas de helechos, pilares de madera, patios con piso de ladrillo, sitios con árboles, casas que ya cambiaron sus fachadas, autos inexistentes, pantalones y camisas que dan fe de una moda ya extinta (volverá, ¡volverá!), en fin, en las fotografías antiguas hay tesoros que brillan más que el oro, porque el oro no es más que metal, en cambio, esas imágenes son riqueza del espíritu, del alma común.
Ya he contado, en varias ocasiones, que un paisano, Francisco Domínguez, quien radica en San Luis Potosí, creó una página en redes sociales (“Imágenes históricas, leyendas y personajes de Comitán.”) que ha cumplido una importante labor de rescate de tesoros. Como minero, Francisco abrió una cueva llena de piedras preciosas. Muchos cibernautas han comprendido la esencia de esa página y, generosos, han compartido sus tesoros personales y han subido fotografías del Comitán antiguo. Ha sido un recorrido maravilloso, pero falta mucho, mucho más. En todas las casas hay, todavía, materiales inéditos. Estas fotografías que datan del siglo XX (algunas del siglo XIX, ¡pucha, qué bellezas!) son piezas importantísimas para conformar el rompecabezas de nuestra identidad. Todos los elementos que conforman una fotografía antigua son esenciales para la historia común. A veces la fotografía fue tomada en una calle. ¡Ah!, ahí hay muchos elementos que ayudan a investigadores, historiadores y estudiosos de las ciencias sociales, a conformar el árbol genealógico de Comitán.
Por esto, porque falta mucho, el Archivo Histórico Municipal de Comitán (cuya directora es la licenciada María Dolores Estrada Gordillo) lanzó la convocatoria para que los comitecos, todos, llevemos fotografías antiguas. El cartel de la convocatoria menciona que la recopilación del material fotográfico será hasta el 17 de julio (¡uf, ya está cercana la fecha de cierre!), a fin de que el sábado 27 de julio de 2019 se presente una Exposición de fotografías del Comitán Antiguo. Cuando la directora del Archivo Municipal me brindó datos acerca de esta iniciativa sentí alegría, aplaudí este ánimo para reunir, en el lugar más adecuado, los tesoros gráficos de nuestra comunidad. La convocatoria es puntual: los comitecos deberán llevar las fotos antiguas para que sean expuestas en la Magna Exposición (los poseedores de los tesoros se quedarán con sus originales y recibirán los créditos correspondientes). En estos tiempos de portentosos chunches electrónicos existe la posibilidad de enviar los materiales por vía electrónica. El Archivo Histórico Municipal de Comitán tiene una página en Facebook con la cual se puede tener comunicación (https://www.facebook.com/Archivo-Hist%C3%B3rico-de-Comit%C3%A1n-951304098279373/); es decir, desde cualquier parte del mundo, los comitecos pueden enviar copia de sus tesoros. Se sabe que hay cientos de comitecos que, en algún momento, abandonaron la ciudad natal y se trasladaron a otras ciudades y han vivido allá por más de treinta, cuarenta, cincuenta o más años. Ahí, en sus baúles o en sus paredes hay fotos que dan testimonio de un Comitán ya ido, pero que es parte esencial para la identidad. ¡Es hora que sean generosos con su pueblo! ¡Hora para que se comuniquen con el Archivo Histórico Municipal de su amado terruño y envíen sus fotografías! Lo mismo debe ocurrir con los comitecos que tenemos el privilegio de vivir en nuestra tierra. Vamos a descolgar (por un ratito) las fotos de las paredes o a desempolvar las que están en los baúles, les vamos a tomar una fotografía (¿mirás qué maravilla? Hay que tomar fotos de las fotos) y llevar o mandar copias al Archivo y luego, el sábado 27 de julio, acudir a la Magna Exposición, que, espero, deseo, esté llena de fotografías que nos ayuden a resanar vacíos y nos provean de luz, ¡de luz comiteca! (Aún no está consignado el horario de la exposición, pero, sin duda, conforme se acerque la fecha será dada a conocer.)
La sencilla fotografía familiar se convierte en un elemento esencial de la historia común. Vos y yo somos unos convencidos de que cada persona es importante para la conformación de la sociedad. No hay un solo comiteco que sobre o que no haya aportado algo valioso para el Comitán que hoy tenemos. Si, como mero ejemplo, hablamos de un oficio, vemos que la participación de los albañiles es decisiva: El testimonio del albañil que participó en la construcción del templo de San José es valioso; el testimonio del albañil que abre las fosas en el panteón municipal es riquísimo en anécdotas; el testimonio del albañil que construyó tu casa es esencial para tu historia personal; el testimonio del albañil que mientras repellaba una pared ésta se le vino encima porque había un tesoro, es portentoso. ¡No hay vida que valga menos que otra! Las fotografías son la esencia más democratizadora de la historia. Tan importante es la fotografía en la que aparece, en medio de una mesa de festejo, el doctor Belisario Domínguez Palencia, como la fotografía en la que está Andrés equis, albañil que remodeló la casa donde vivió don Belisario. Los entornos ayudan a comprender cómo era el Comitán antiguo.
Francisco Domínguez y cientos de ciudadanos que han formado ese maravilloso álbum comiteco en las redes sociales han puesto a disposición de todo el mundo esos tesoros que tenían guardados celosamente en sus casas, lo hacen así porque saben que sólo de esta forma se fortalece nuestra historia común. Estoy seguro que este acervo pasará a formar parte del Archivo Histórico Municipal de Comitán (con los créditos correspondientes) a fin de que los interesados puedan hallar en ese recinto una copia de ese tesoro.
Roxana me contó que cuando falleció su mamá, los hermanos (cuatro) se reunieron para repartirse los muebles y enseres importantes de la casa, para no entrar en discusiones estériles decidieron que todo fuera por sorteo, así hicieron cuatro paquetes y los rifaron. Roxana dice que le tocó una caja fuerte, una máquina registradora, el juego de sala y unos mantones de Manila. De inmediato buscó a su hermana Alicia, a quien le correspondió un paquete que tenía la foto donde estaban sus papás, el día de su boda, y le propuso un intercambio: su paquete completo, completito, por la foto, sólo la foto. Alicia se sorprendió ante la propuesta y dijo que no, que no podía aceptar el trato, que si tanto deseaba la foto se la obsequiaba, pero Roxana insistió y dijo que le obsequiaba lo demás. Alicia entonces aceptó el regalo y le dio a Roxana la foto de bodas de sus papás. Nada comenté cuando Roxana me lo contó, pero entiendo que ahí hay algo simbólico de gran importancia. Parece que Roxana entendió dónde estaba el verdadero tesoro de vida.
Posdata: El maestro Julio Avendaño (en casa del maestro Roberto Bonifaz) dijo que para él no había algo más bonito que ver álbumes fotográficos, lo dijo mientras revisaba un álbum con fotografías del maestro Bonifaz, donde se le veía jugando básquetbol o en algún acto político al lado de Jorge De la Vega Domínguez. Las fotografías son ¡oro molido!

jueves, 4 de julio de 2019

CARTA A MARIANA, CON UN ÁRBOL QUE COMIENZA A CRECER




Querida Mariana: Inició el ciclo de lectura de cuentos, en nombre de la Fundación Alexandra Del Castillo Castellanos. El inicio fue con alumnos del Instituto Moderno Comitán (IMCO), institución educativa donde Alexandra estudió sus primeros años.
El pasado 26 de junio, el presidente de la república, en palacio nacional, presentó la Estrategia Nacional de Lectura, iniciativa gubernamental que tiene como objetivo el fomento de la lectura. El presidente hizo énfasis en la publicación de libros, por parte del Fondo de Cultura Económica, a precios accesibles. A su vez, la esposa del presidente, Beatriz Gutiérrez, resaltó que uno de los objetivos de la estrategia es convertir a la lectura en un acto placentero.
Por supuesto que sí, la lectura es un placer. La poeta polaca Wislawa Szymborska decía que “la lectura es el pasatiempo más bello creado por la humanidad.”
En Comitán existen, desde hace tiempo, nobles intentos para el fomento de la lectura. Sin las grandes pasarelas gubernamentales, sin los reflectores majestuosos que iluminan los medios de comunicación nacionales, varias instituciones, muchos maestros, intelectuales y cuentacuentos realizan campañas a favor de la lectura, en esta ciudad, para que los niños comitecos conozcan la magia de la lectura (Centro Cultural Rosario Castellanos, Biblioteca Pública Rosario Castellanos, Librería Lalilu, Florio, Angélica Altuzar, María Girasol y maestros en escuelas, sólo por mencionar a algunos). La Fundación Alexandra del Castillo Castellanos se une a ellos,a la siembra de luz en el campo fértil de alumnos de primaria.
La bienvenida que tuvimos en el IMCO no pudo ser más emotiva, querida niña. Los directivos y alumnos de esa institución recibieron la propuesta de la Fundación con algarabía. Los alumnos actuales reconocieron que Alexandra fue uno de ellos, niña que corrió por esos espacios y que nutrió su inteligencia en las mismas aulas donde ahora estudian. La Fundación que lleva el nombre de Alexandra tiene como lema el siguiente: “Tu palabra permanece para siempre.”; es decir, su objetivo principal es que la palabra ilumine el camino de nuevos lectores. ¿Cómo contagiar la lectura? Una posible estrategia es la que estamos empleando, primero leerles un cuentito (con pasión y con una lectura respetuosa que trasmita la esencia del cuento) y luego repartir un librincillo (que es edición especial de la Fundación Alexandra Del Castillo Castellanos) y la entrega de la revista ARENILLA, revista que (vos sabés) en cada número agrega un cuentito para que los papás compartan la lectura con sus hijos.
La Fundación ya comenzó a tocar corazones y mentes de la niñez comiteca, a fin de que activen el chip de su imaginación. ¿Cuántos niños, por esta acción, se convertirán en lectores? La respuesta es incierta, pero sí tenemos la certeza de que algunos pueden hallar un camino que les permita ser más felices, por siempre.
La lectura se da por contagio. Los niños deben toparse con libros en su camino (camino que ahora está plagado con chunches electrónicos que los jalan con esa fuerza de imán irresistible). La Fundación Alexandra Del Castillo Castellanos les está contando cuentos y, a los niños más interesados, les obsequia un librincillo y una revista que trae cuentos. Se cumple el doble objetivo: que se emocionen escuchando la lectura a través de un cuentacuentos y que se acerquen al acto de leer por sí mismos.
Iniciamos el ciclo en el IMCO, institución educativa que, en el vestíbulo, ostenta una placa fechada en enero de 2004, que reza: “Con la presencia del Excelentísimo D. Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo de nuestra Diócesis, celebramos con satisfacción y beneplácito el XX ANIVERSARIO de fundación de nuestro INSTITUTO, comprometidos con nuestra filosofía y misión. Guiados por la luz de Sn. Juan Bautista de La Salle. Consejo de Administración. Comunidad Educativa.”
En esa escuela estudió Alexandra, en esa escuela iniciamos el ciclo de fomento a la lectura en su nombre.
Ya, luego, el lunes 1 de julio compartimos su mensaje en un grupo de quinto grado de primaria del Colegio Mariano N. Ruiz, donde también tuvimos una grata recepción y los niños participaron con alegría y recibieron el cuentito que leímos y los libros que les obsequiamos.
Posdata: Las escuelas entran ahora a un periodo de receso, pero la Fundación seguirá llevando su mensaje de fomento a la lectura, el viernes 12 de julio estaremos en la Librería Lalilu compartiendo la bendición de la palabra con niños asistentes al curso de verano que organiza esta empresa cultural, de gran importancia en Comitán.
Así pues, podemos decirle al presidente de la república que, en Comitán, hay muchas instituciones y personas de bien que están incorporadas a la Estrategia Nacional de Lectura, la Fundación Alexandra Del Castillo Castellanos aporta ya su grano de luz en nuestra pequeña parcela, para hacer un México más digno, más grande.

miércoles, 3 de julio de 2019

CARTA A MARIANA, CON POESÍA ENREDADA




Querida Mariana: Era un juego, un juego que jugábamos Aníbal, Margot y yo. El juego no tenía nombre, pero si lo hubiésemos bautizado podríamos haberlo llamado: “Te veo ahora, ¡ahora no te veo!”. Nos sentábamos en la banqueta de una esquina y comenzábamos a eliminar una barda e imaginábamos qué había detrás; quitábamos una ventana y, con la imaginación, veíamos el interior y así nos pasábamos la tarde, divertidos.
No sé en qué momento dejamos de hacerlo, no sé en qué momento dejamos de vernos. En algún instante cada uno jaló para su rumbo, y los rumbos nos distanciaron. Digo esto, porque ahora que vi esta fotografía donde aparece Javiercito Molina, poeta originario de San Cristóbal de Las Casas, me hubiese gustado jugar el juego que jugábamos Aníbal, Margot y yo.
Si jugara, eliminaría los basureros. ¡Tienen razón de llamarse así! Algunas personas tienen la certeza de que estos chunches son necesarios para que las calles se mantengan limpias. Yo pienso lo mismo que decía el tío Andrés: “Depositar basura en basureros es hacer más basura”, y daba un argumento: “Acumulación de desechos acumula olores pestilentes, moscas y demás polución.”
Luego quitaría la bandera de Brasil, así como está, en letrero de bandera, para que la armonía de las construcciones no tuviera la fractura que tiene. Recuerdo que un día estuve en la ciudad de Zacatecas y me asombré ante la propuesta estética de la ciudad: No hay letreros de bandera, todos los letreros están rotulados sobre las paredes, con colores y letras semejantes, para brindar armonía. Un letrero de neón sería ofender a la comunidad.
¿Mirás cómo ya quedó más limpio el campo visual? Javiercito, el poeta coleto, camina como más erecto, porque, si mirás bien, en la realidad él camina como paloma encorvada y esto debe ser porque carga el peso de la bandera de Brasil que, quiérase o no, obliga a bajar tantito la cerviz.
Las lámparas me gustan, no las quitaría, una, como corona de reina mira hacia arriba, la otra mira hacia abajo. La que mira hacia arriba alumbra de manera menos directa que la que ve hacia abajo. Esto ayuda a explicar cómo el poeta Molina no mira hacia arriba, sino que ve hacia abajo, su labor, de siempre, ha sido alumbrar los espacios donde camina la gente de a pie, es lámpara con mirada agachada.
Eliminaría a los compas que están en el fondo. Lo haría para que el poeta quedara solo en la imagen. Se ve que los compas de atrás platican bien contentos, disfrutan la mañana soleada. Sus presencias son condimento de vida, pero los eliminaría para que ese camino de piedra fuera símbolo de la senda solitaria donde el poeta (todos los poetas, los verdaderos poetas) descuelgan los frutos del aire.
¿Mirás cómo ya está más limpia la imagen? Sólo el poeta (el poeta solo), el sendero y las fachadas de las casas, bellas, llenas de historia. Entonces, vendría el último movimiento, como si fuese yo un mago (que esto éramos Aníbal, Margot y yo, en medio del juego) abriría los brazos y, con fuerza, cerraría mis palmas para hacer el prodigio de eliminar las residencias con todos sus interiores.
¿Mirás qué juego tan portentoso? En primer plano el hato de florecillas blancas, luego el poeta que camina en el sendero de las lajas y, al fondo, el cielo azul matizado con nubes, como ovejas blancas.
Posdata: No sé por qué dejamos de jugar Aníbal, Margot y yo. Nos divertíamos mucho. A veces pienso que todo comenzó la tarde que, sentados en la banqueta, después de eliminar una bodega y un baño, pasó caminando Jesús. Jesús era un muchacho alto, integrante de la selección de básquetbol. Caminaba despacio. Cuando Aníbal lo vio dijo que le quitaría la camisa, luego la playera, el pantalón y después el calzoncillo, cuando dijo esta última palabra, vimos que Margot se sonrojó y se tapó los labios con sus manos y luego cerró los ojos. Aníbal y yo nos vimos. De inmediato le pedí que le regresara los calzoncillos, pero Aníbal ya estaba emocionado con el juego, abrió los brazos y, con fuerza, volvió a cerrarlos con una estruendosa palmada. Jesús desapareció. No sé, pienso que ahí fue cuando Margot ya no volvió a jugar con nosotros y luego Aníbal tomó su rumbo y yo el mío y jamás volvimos a vernos, a jugar este juego que nos divertía tanto.

martes, 2 de julio de 2019

CARTA A MARIANA, CON JUEGO DE NOMBRES




Querida Mariana: Sé que a vos te encanta tu nombre y a mí me encanta nombrarte. De igual modo me gusta llamarme Alejandro. Tengo dos nombres: Alejandro y Benito. No tengo inconveniente con ninguno de los dos. Pero, prefiero el primero. Me gusta llamarme Alejandro. Una vez, alguien escribió mi nombre con equis: Alexandro; y otra vez, un amigo italiano me dijo: Alessandro. Si me pidieran elegir elegiría Alessandro, tal vez por la herencia italiana que corre por mis venas. Me encanta la sonoridad que adquiere mi nombre con la doble ese. ¡Alessandro! ¡Ah, qué eufónico! Claro, si se pronuncia como lo pronuncia mi amigo italiano suena mejor.
Hay personas que aborrecen sus nombres. Es una pena llevar un nombre desagradable por toda la vida y esto sucede porque nuestro nombre nos es impuesto. Mi mamá me cuenta que a su abuela (mi bisabuela) le decían Nana Mía, pero se llamaba Casimira. Ella hizo que todos los hijos juraran que a ninguna de sus hijas, en honor a ella, le impusieran el nombre de Casimira. No le agradaba su nombre.
Vos, por fortuna, sólo tenés un nombre y es un nombre muy bello: Mariana. ¿Recordás que un día jugamos a separar tu nombre en dos? En Mar y Ana, y te obligué a elegir, sólo como juego y vos, maravillosa, te resististe a elegir, tal vez porque yo te obligaba y vos nunca has permitido que en el juego de nuestra relación, en el juego de la vida, alguien te imponga algo, sos libre por elección y quien es libre por elección es verdaderamente libre.
A veces imagino que, siendo como sos, habrías elegido Ana, porque medio mundo habría elegido Mar, y vos, sólo para batear con la zurda, sólo para caminar hacia atrás, sólo para remar con los ojos cerrados, habrías elegido el primer nombre, pero como vos (ya lo dije), igual que Cortázar, no aceptás las cosas en el primer orden, no elegiste ninguno de los dos, porque insististe en decir que tu nombre es completo: Mariana, y así te conoce el mundo y así te nombran tus afectos y así caminás con la cara levantada, como si fueras una de esas estatuas que andan en los parques y a los cuales todos suben la cara para verlas.
Mi amiga Mar Pérez, paisana del escritor Juan José Arreola, debe estar satisfecha con su nombre. ¡Cómo no! ¡Arre ola a toda hora! El nombre de mar es un nombre que llega hasta el horizonte y está lleno de caballitos y de delfines brincando a la hora que el sol se oculta.
A mí me encanta el nombre de mar, es primo hermano de amar y sobrino directo de Mara, palabra que me remite, de inmediato a la novela “La mara”, que escribió mi maestro de cuento, Rafael Ramírez Heredia.
A veces me pregunto si a los escritores les gusta su nombre, y digo esto porque se convierten en nombres famosos, nombrados a toda hora en todas partes. Nuestro paisano Eraclio, ¿le gustaba llamarse así? No lo sé. En la tierra lo conocimos (lo conocemos) con el nombre de Laco, Laco Zepeda. ¿Imaginás que algún admirador de su literatura lo honrara y le pusiera su nombre a un hijo? ¿Te gustaría que un hijo tuyo se llamara Laco? Tu hijo, ¿qué diría?
Lo mismo pienso con el nombre del Premio Nobel de Literatura: Gabriel García Márquez. Por afecto, muchísimos de sus amigos y lectores (que son casi lo mismo) le nombran Gabo. Pucha, ¿imaginás que alguien se llamara así? ¿Cómo te llamás vos, chiquitío? Gabo Molinari. ¡La gran flauta!
¿Recordás el ejemplo de D? Sus papás la nombraron así, para que cuando fuera grande y tuviera capacidad de elegir eligiera su nombre. Gumersindo (no le gusta su nombre) siempre ha dicho que los diputados deberían declarar una ley que obligara a los ciudadanos a cambio o ratificación de nombre a partir de los dieciocho años. Gumersindo sueña con ello, que el ciudadano pudiera, desde su casa, entrar a un portal en la computadora, escribir el nombre actual y cambiarlo por el de la elección. Se imprimiría un documento legal que declararía que todos los papeles con el nombre anterior corresponden al propietario del nuevo nombre. ¡Todo simple! Con la misma facilidad con que acudís a un cajero automático y cambiás tu NIP. Gumersindo, cada vez que comenta su iniciativa de ley, se molesta con la burocracia mexicana. ¿Por qué debo cargar con un nombre tan tonto durante toda mi vida?, se pregunta. ¡Toda la vida! También avienta rayos y centellas a su papá, quien le impuso ese nombre, en honor a un tío revolucionario.
Posdata: Vos sos feliz, te encanta tu nombre. Yo también soy feliz, me encanta llamarme Alejandro. Pero, pensá, hay miles y miles de hombres y mujeres que aborrecen su nombre. Durante toda su vida deben cargar esa piedra. Ah, dichosas las que se llaman Mariana, dichosas las que se llaman mar, sus nombres están llenos de sonrisas de gato contento.

lunes, 1 de julio de 2019

CARTA A MARIANA, CON CORAZONES REVITALIZADOS




Querida Mariana: “De pronto se me cuarteó el corazón”, dijo Francisco Gordillo, cuando subió esta fotografía a su muro de Facebook. Francisco es el joven que ve hacia abajo, mientras camina al lado de don Jesús Gordillo. Cualquiera pensaría que es una fotografía familiar y que al único que se le cuartea el corazón es a Francisco, por el alud de recuerdos que lo azota contra el piso del espíritu. Pues sí, pero ¡no! Porque (Francisco lo sabe) cuando él compartió esta fotografía, además de compartir un hilo de su chal personal, también compartió parte de la vida sencilla del Comitán de los años setenta del siglo pasado, y esto también provocó fracturas en muchos corazones de personas de esos tiempos. ¡Años setenta del siglo pasado! ¡Uf! Y ahora, ¿quién podrá refrendarnos? ¿Quién podrá restañarnos el corazón cuarteado? ¿Quién? ¿Qué?
Vos, querida mía, no eras ni proyecto de vida, esa mañana que Francisco y Jesús entraron al Cine Comitán, por el pasillo de en medio, porque por ahí es donde camina ese orgulloso Jesús y el dubitativo Francisco (su nerviosismo lo demuestra al llevar metida la mano en el pantalón). Don Jesús (orgulloso de su nombre, sabedor del árbol genealógico) camina como su tocayo caminó sobre las aguas, camina con garbo.
¿Por qué Francisco lleva la mano metida en la bolsa? ¡Dios mío! ¿Qué adolescente podía tomar valor para caminar por el pasillo central de la sala que, en ese instante, era recinto oficial para recibir los papeles que certificaban el término de un ciclo escolar? Si mirás a la butaquería vas a ver que muchos tienen las manos juntas, porque acaban de aplaudir a Francisco y a Jesús. El maestro de ceremonias dijo, más o menos: “Y ahora corresponde el turno del alumno Francisco Gordillo, acompañado de su padrino, el señor Jesús Gordillo”, y ellos, quienes estaban en la entrada de la sala, comenzaron a caminar por el pasillo central (de bajadita) y recibieron la ovación de la audiencia (de igual forma que lo recibieron los demás alumnos acompañados de sus padrinos). Casi puede asegurarse que la mamá de Francisco estuvo sentada en una de esas butacas y, a la hora de ver esta pareja, rama de su árbol, se aguaron sus ojos. Porque estos instantes sólo provocan aguaduras de ojos y cuarteaduras de corazones y, también, ¡guateques de espíritu! La revoltura suprema de sentimientos aparece en momentos como éste, por eso, cuando Francisco compartió la foto, su corazón se hizo como pececito en un charco sin agua.
Sí, el tiempo ya está lejano. ¡Uf! Años setenta del siglo pasado. ¿Mirás los trajes? ¿Los zapatos de don Jesús? Ellos están vestidos de gala para la ocasión de gala, porque, en esos tiempos, la terlenka era la moda. ¿Mirás los cuellos extendidos de los sacos? ¿Mirás las campanas al término de los pantalones? ¿Oís el jolgorio que hace Francisco al caminar? Sin necesidad de campanero, él hace las fanfarrias, porque concluye un ciclo escolar. Las corbatas también son sicodélicas. La moda exigía trajes de terlenka (mirá la mujer que está como espectadora en la primera fila, también tiene un saco del mismo material.) Quienes vestimos trajes de terlenka en ese tiempo (en toda la república) nos hacíamos notar, decíamos: “¡Acá estoy!” Tiempo después, esa tela sólo se usó en cortinas y en tapicería de sillones. ¡Pucha!
Don Jesús camina orgulloso, Francisco un poco chiveado. Ellos caminan en el pasillo central del Cine Comitán, lugar al que, por lo regular, la gente asistía a ver películas mexicanas; es decir, ellos están en un lugar donde se presentaban estrellas cinematográficas, por esto, don Jesús tiene la horma de un actor acostumbrado a estar en medio de reflectores, como si entrara a un salón en que se sentará a ver el baile de la cubana Nina Sevilla, en glorioso blanco y negro con acompañamiento de bongós y trompetas. Francisco, chiveadón, camina como si entrara al salón por primera vez (no al salón de clases, ¡no!, al salón, lleno de humo de cigarro, donde Lin May mueve sus caderas generosas y se despoja del sostén). En el Cine Comitán se está dando, en este instante, un cuadro de la película personal de Francisco.
Vos, ¿en qué lugar recibiste tu certificación de secundaria, la de bachillerato, la de universidad? No fue en el cine, ¡no! En los años setenta, muchos cuadros de las películas de nuestras vidas se desarrollaron en el cine, por esto, tal vez, muchos de mis compañeros soñaron con ser actores, con estar, algún día, en la pantalla grande. En ese cine, al amparo de la penumbra, el muchacho Francisco tomó la mano de la chica y le robó un beso en la mejilla y ella se chiveó, pero no se notó, porque estaban sentados hasta atrás de la sala y todos los cinéfilos miraban cómo Tarzán se golpeaba el pecho desnudo y gritaba su grito triunfal, en cataratas de algún río africano.
No sé si Francisco algún día salió en la pantalla grande, pero sé que actuó en obras teatrales y luego trabajó en la televisión estatal. Por ahí hay fotos en las que está arriba del escenario, interpretando un papel. Ya para ese momento no tiene la mano adentro del pantalón, como acá la tiene. Acá (yo lo entiendo perfectamente) no sabe bien a bien qué papel interpretar. No sabía en ese momento que estaba cumpliendo el papel más importante al lado de don Jesús, por esto, cuando, muchos años después, subió este recuerdo a su muro personal ¡se le cuarteó el corazón! ¡Cómo no! Estoy seguro que, a vos, niña joven, también se te contrae el corazón cuando ves fotografías donde estás niña al lado de tu papá.
Posdata: ¿Quién resana los corazones cuarteados? ¿Qué?

sábado, 29 de junio de 2019

CARTA A MARIANA, CON ALEGRE GUATEQUE




Querida Mariana: ¡Sí, guateque es sinónimo de fiesta! Comitán se prepara para su fiesta mayor. ¿Sabés que dijo Rosario Castellanos de la feria de Santo Domingo? En una de las cartas que le envió a su amado Ricardo escribió lo siguiente: “Te contaba yo en mi carta anterior que el 4 de agosto celebran la fiesta de Santo Domingo, patrono de la población. Se organiza entonces una feria que es la más animada de todo el año.”
Sí, los comitecos nos preparamos para la “feria más animada del año”. A la vuelta de la esquina está el mes de julio y a la vuelta de la esquina está la celebración en honor a Santo Domingo. Por esto, el presidente municipal del pueblo y su esposa, el pasado 17 de junio, presentaron el imagotipo de la Expo Feria Internacional Comitán 2019. A la cuenta de ¡una, dos, tres!, el licenciado Emmanuel Cordero y la licenciada Estefanía Zambrano, abrieron una cortina de papel de china y apareció el imagotipo de feria. Fue como si abrieran la ventana de Comitán al mundo y dijeran: “Vengan, estamos de fiesta. ¡Los esperamos!”. ¿Mirás que dije imagotipo y no logotipo? Me explicaron que el logotipo es como el de Coca Cola, Nike (palabras con una tipografía especial), un isotipo es como la manzanita de Apple, y un imagotipo es cuando se combina un dibujo con un texto, como en el caso que nos ocupa. Está bien, ¿no? Entramos al siglo XXI con mucho decoro y aplicamos los términos correctos. Cuando alguien te diga: ¿Ya miraste el logotipo de la feria?, sin sonar mamilita decí: “El imagotipo, dirás.”
Vos sabés que yo soy escaso para argüendes, casi no acudo a festejos, pero me emociona mucho (también lo sabés) ver la alegría de un guateque. ¡Ah!, qué bonito siente mi corazón cuando camino por una calle en la que se escucha una marimba y husmeo por el zaguán de una casa y miro un manteado y un piso lleno de juncia y parejas bailando la clásica del “Ferrocarril de los Altos” o la más reciente de “El tacuatzín”. ¡Ea, ea, ea, ea!, gritan los bailadores y levantan los brazos y las piernas, y las mujeres, con sudor en los cuellos, mueven los hombros como si fuesen pavorreales y avientan las caderas para uno y otro lado. ¡Ah, la fiesta es una pausa generosa para el cuerpo y para el espíritu!
“¡Hagan un relajo!”, dice la canción “La bala” y luego alienta: “!Que siga la fiesta!”, y los bailadores hacen un relajo y, como si fueran chachalacas, gritan, porque el grito es una catarsis para el alma. No hay cosa más linda que gritar de alegría, de sana alegría, y Comitán se prepara para llenarse de festones de juncia, de confeti, de campanas y de música de marimba (bueno, y de otros instrumentos que desgajan ritmos novedosos, juveniles y exóticos). Comitán entrará a ese tiempo de pausa en que el espíritu y el cuerpo se convierten en templos para adorarlos, para que el cuerpo eche baile, escuche música y beba un poquito de comiteco (¡del bueno!); para que el espíritu se regocije en la danza de los rezos, del sonido de las campanas y de la entrada de flores con aromas de incienso.
El presidente municipal y su esposa abrieron la cortina de papel de china, picado, y develaron el imagotipo de la feria de este año. Cuando vi el acto, sencillo, pero sublime, pensé de inmediato en Julio Cortázar, el enorme escritor argentino. Pensé en el cronopio porque él tiene un libro de cuentos que tiene el título de: “Octaedro”. El título (lo sabés) responde a que el libro contiene ocho cuentos, ¡ocho!
Y digo que pensé en el libro de Cortázar, porque el imagotipo de feria de este año contiene octágonos. Lo de Julio Cortázar, ya lo dije, es porque el libro contiene ocho cuentos. ¿Por qué el imago de la Expo Feria de este año contiene octágonos? Pues resulta (y esto se me hace algo prodigioso) que el licenciado Alex Flores, encargado del área de Proyección Municipal, pensó qué imagen podía representar a la feria de agosto y dio una vuelta por su mente creativa. Pero no sólo dio una vueltita por su mente, sino que se dio una vueltita por el parque, vio el templo y halló que el vitral de la fachada tiene una forma octagonal. ¡Bingo! Bingo, porque también la fuente y el kiosco tienen una forma octagonal. ¿Mirás qué maravilla? Digo una maravilla, porque Comitán (lo sabe medio mundo) es un pueblo con nueve guardianes. El imagotipo de la Expo Feria Internacional Comitán 2019 es un octágono. ¿Y el noveno elemento? ¡Ah!, pues está contenido en el lema de la actual administración: Comitán eres tú. Nuestra feria se complementa con el noveno elemento, fundamental de todo festejo: ¡el pueblo! Comitán tiene, en el centro, tres elementos esenciales que nos otorgan identidad: el vitral del templo de nuestro santo patrono, el kiosco (corazón del parque) y la fuente (lugar de encuentros). Ochos lados que se complementan con el lado izquierdo del corazón de cada uno de los habitantes de esta maravillosa ciudad: la antigua Balún-Canán, lugar de nueve estrellas.
Así pues, una vez que el licenciado Flores advirtió este azar mágico del pueblo mágico, encomendó a uno de los diseñadores de Proyección Municipal que representara la idea. Enrique de Jesús Martínez Flores, licenciado en diseño, fue el encargado de darle forma. Enrique de Jesús laboró en una imprenta y fue freelance durante algún tiempo antes de laborar en el ayuntamiento, institución en la que lleva más de tres años. ¿Por qué eligió esta profesión? Porque, de niño, veía que su papá, don Rubén, dedicaba su tiempo libre al dibujo. ¡Ah! El contagio de luz.
El imagotipo diseñado contiene más elementos visuales que lo hacen atractivo. Si lo ves a distancia, gracias al acomodo de los tres octágonos, tiene la forma de una corona, de esas coronas majestuosas que les imponen a las soberanas. La feria de Comitán es coronada con este imagotipo lleno de alegría, con confeti, con estrellas, con flores de buganvilia. La imagen está llena de movimiento, elemento esencial en un buen diseño.
Claro, como en la viña del Señor hay de todo, en una representación pública hay criterios diversos. Me tocó leer la opinión de un paisano (opinión muy válida) que criticó el hecho de la tipografía, dijo que, por el diseño de letra, la i y la tilde de Comitán se confundía con la t. Sí, tiene razón, la i y la tilde se pegan al palo horizontal de la t. Pero, ¿qué creés?, a mí no me disgustó esa aleación. ¿Por qué no me disgustó? Porque hace que la parte superior de la t se convierta en la cabeza de un torito de petate, elemento festivo de los guateques mexicanos.
En fin, pienso que como en el caso del imagotipo institucional de este trienio donde aparece la imagen de nuestra escritora favorita, Rosario Castellanos, y que la mayoría de personas aceptó de buen grado, el imagotipo de la Expo Feria Internacional de Comitán 2019 ha tenido una aceptación casi unánime. El imago es muy vistoso, contiene (como explica el director de Proyección Municipal) colores representativos de los pueblos mágicos de México y bordados de trajes tojolabales.
Creo que la mirada del mundo agradece que las imágenes innoven dentro de la tradición. Se agradece que el diseño sea contemporáneo, acorde al siglo XXI que vivimos. Comitán es una ciudad que cuida sus valores esenciales, pero que se abre a la posmodernidad.
Los logos y demás conceptos que terminan en tipos, como imagotipos, identifican a las marcas. Hay marcas que son amadas, otras que (odiadas) están en nuestra mente día y noche. ¿Quién no identifica el logo de la Coca Cola o el de la Pepsi? Es famoso el imagotipo que identifica a la ciudad de Nueva York, en donde, en lugar de la palabra Love aparece un corazón. ¡Ah!, qué síntesis tan sensacional: I (corazón rojo) NY. ¡Genial! El imagotipo de nuestra feria está muy decente, muy decidor. Comenzamos la feria con el pie derecho, ojalá sea un buen augurio. El presidente municipal dijo: “La feria es del pueblo, de la ciudadanía”. ¡Claro! Comitán es de todos los ciudadanos, no de unos cuantos, sus privilegios los debemos gozar todos y sus carencias debemos lamentarlas y remediarlas ¡todos! La feria de agosto, ya lo dijo Rosario, es la más animada de todo el año. Cuando Rosario vivió en este pueblo no había estos conceptos de imagotipo. Estos tiempos sí los exigen. Este año el diseño es bello, alegre, sabrosón. Los comitecos debemos usarlo en playeras y tatuarlo en medio del corazón y bulbuluquearlo para que lleguen visitantes de todo el mundo.
Posdata: Comencé aliando este imagotipo comiteco con “Octaedro”, de Julio Cortázar. Julio siempre escribió de vos, así como nosotros, los comitecos, hablamos de vos. Los críticos literarios han advertido que el libro de Julio contiene ocho “historias disímiles que, sin embargo, podrían ser parte de una totalidad”. Acá, en Comitán, podemos decir que el vitral del templo, la fuente y el kiosco son entidades separadas, pero a partir de este tiempo, gracias a ese prodigioso azar que advirtió Alex Flores Cancino, hay un hilo que los une, un hilo que está hecho de luz, de aire, de ¡guateque!

viernes, 28 de junio de 2019

CARTA A MARIANA, BOTANDO PIEDRAS




Querida Mariana: Te pido que veás con atención la foto que anexo. ¿Mirás cómo todo mundo está pendiente de lo que hace el doctor Hernán Esquinca, ahí, en el patio central de San José Clínica? Fijate que tuve el privilegio de estar ahí en ese instante; estuve ahí como lo estuvieron amigos del doctor Esquinca, periodistas y el personal que labora en la clínica. Se observa que todos los rostros están concentrados en lo que el doctor Hernán realiza. ¿Mirás cómo todos están absortos, alejados del rebumbio de la calle? El doctor Esquinca hace la prueba de un equipo láser de litotripsia. La doctora Karina Romero me explicó que es un equipo que desintegra piedras que obstruyen vías urinarias o que están alojadas en la vejiga o en los riñones. Este aparato (el ingeniero Ansel Alpizar dijo que es el primero en nuestra ciudad) evita la cirugía tradicional, lo que significa una gran ayuda al paciente. El doctor Saldaña (muy conocido en nuestra ciudad) explicó que cuando se realiza una operación tradicional el tiempo de recuperación se va más allá de los treinta días. Con este equipo láser, el tiempo de recuperación es mínimo.
A pesar de que no todos los asistentes eran profesionales de la medicina tuve la impresión de asistir a una cátedra universitaria, en la que el maestro (en este caso el doctor Esquinca) explica con detalle el proceso, ante un grupo de personas ávidas de conocimiento. Y esto fue así, porque lo que ahí se demostraba era una innovación científica.
¿Sabés que hacía en ese momento el doctor? Aplicaba una fibra a una piedra para que los asistentes presenciaran cómo las piedras eran desintegradas, proceso que se da en el interior del cuerpo del paciente, gracias a la técnica de láser. El ingeniero Alpizar fue muy puntual: es el primer equipo con esta tecnología en nuestra ciudad; equipo que, sin duda, beneficiará a muchos pacientes de la región y de Centroamérica. Comitán es una ciudad de vanguardia, gracias a la visión de médicos comprometidos con nuestra sociedad.
Me sentí orgulloso por presenciar tal acto. Conozco al doctor Hernán y me enorgullezco de su amistad. Durante los años de mutuo conocimiento mi admiración hacia su humanismo ha crecido. El doctor Esquinca dijo la tarde del 27 de junio de 2019 lo siguiente: “Acá está a nuestro servicio la tecnología, pero lo fundamental en la medicina es el trato y la calidez que se da al paciente.” Puntualizó su código de ética al reafirmar que, dentro del pesar que significa una dolencia física, en su clínica siempre procura que el trato humano esté presente para que la experiencia, en lugar de ser traumática, resulte una buena experiencia. Esto, querida Mariana, es lo que siempre he admirado del doctor Esquinca, jamás se olvida que trata con seres humanos que están insertos en una dinámica que nadie desea.
Este equipo es muy costoso (es italiano, de la marca Quanta System), San José Clínica lo consiguió en arrendamiento. No obstante, los costos que cobrarán serán muy por debajo de lo que cuestan en la Ciudad de México, por ejemplo.
La doctora Romero fue muy amable conmigo, dijo que se asombra al ver cómo los pacientes soportan esas piedras que, como explicó el doctor Esquinca, en ocasiones son piedras de gran tamaño. Contó el caso de un guía de turistas de la Selva Lacandona: Juan Chan, que llegó a la clínica con una obstrucción. El doctor mostró la piedra que, a través de una operación, le fue extirpada. Era del tamaño ¡de un puño! Ahora, con este equipo láser la operación será mucho menos agresiva, y, como ya dije, el periodo de recuperación será el mínimo.
Vos y yo, a pesar de no estar metidos en el ajo de la medicina, sabemos que ésta, gracias a la ciencia aplicada, tiene grandes avances. Estos avances, gracias a personas como el doctor Hernán, ahora ya son una realidad en Comitán.
¿Recordás que el otro día te platiqué que me daba gusto que el doctor Hernán había estado en un Congreso realizado en España? Dije que era importante que nuestros médicos actualizaran su conocimiento, con intercambio de ideas con profesionales de todo el mundo. Ahora, pues, con el mismo gusto, echo cuetes por este logro para nuestra ciudad.
Cuando concluyó la muestra y la explicación de los beneficios de este equipo, el doctor Hernán agradeció la colaboración de su personal y presentó a quienes se capacitaron en el manejo del equipo, y, luego, invitó a los asistentes a beber un vinito y comer algo de lo que estaba sobre la mesa: chicharroncitos, tostaditas, una rosca de frijol, tinga, costillitas y panes compuestos. ¡Claro! Era una fiesta y había que celebrar.
Posdata: Estuve contento. La tecnología está al servicio de la comunidad, pero, como expresó el doctor Esquinca, lo fundamental es el trato, la calidez.
Pensé que los sabios nos recomiendan, en el plano espiritual, botar las piedras que vamos cargando y que nos impiden tener una vida armónica. Ayer entendí que, sin duda, los pacientes que tienen piedras físicas también deben botarlas lo más pronto posible. Ahora ya está disponible este equipo láser que ayuda a que la experiencia no sea ingrata. ¡Felicidades, a mi querido amigo Hernán!

jueves, 27 de junio de 2019

CARTA A MARIANA, CON AROMA DE ÁRBOL JIRAFA




Querida Mariana: El otro día me preguntaste: “¿Cómo está Julio Cortázar?” Siempre que querés saber qué leo de Julito me hacés esa pregunta. Hace rato que no leo (releo) a Julio, pero (tenés razón) Cortázar siempre está en mi buró, porque (lo sabés) es uno de mis escritores consentidos (bueno, casi casi el consentido más consentido), y esto es así porque me encantan sus historias y el modo que tiene de contarlas, con un modo muy desenfadado, alejado de pedanterías, pero con gran inteligencia.
Como en el caso de Rosario Castellanos, él nació en Bruselas, pero gran parte de su infancia y su adolescencia la vivió en el país de sus raíces: Argentina; así que cuando escucho que él se asumió argentino, a pesar de vivir en Francia gran parte de su vida, pienso ¿cómo es posible que un argentino me caiga tan pero tan que requetebién? Y digo esto porque medio mundo dice que los argentinos son muy arrogantes (pesados, alzados, creídos). A mí no me consta, porque no he ido a Argentina. Bueno, sí me consta, porque me topé con dos (una pareja de hombre y mujer) que, en efecto, eran muy “creídos”. Los traté apenas cinco minutos y me cayeron en la punta del… hígado. Tengo un amigo que vivió en Buenos Aires y me cuenta que, en efecto, la fama no es gratuita, pero, como en cualquier lugar del mundo, hay de todo, hay arrogantes (se sienten felices por ser así) y hay gente sencilla. Este amigo me dijo que en Comitán también hay de todo, al final dijo que yo podría pasar por argentino, porque hablo de vos y porque también soy un higadito. Muchos creen que mi ancestral timidez no es tal sino que soy poco dado al mundo porque soy muy alzado (bueno, vos sabés que soy un príncipe, pero también soy pueblo. ¡No, no, esto es broma! No, no es broma, es en serio.)
El caso es que Julito no era pesado, al contrario: ¿Qué príncipe se enamora y deja todo por causas sociales, como lo hizo Cortázar en el intermedio y en el final de su vida al entregarse por completo a ayudar a Nicaragua, por ejemplo, en su proceso de consolidación de un proceso democrático?
Y como Julio es mi argentino favorito (también está Mafalda, siempre Mafalda) nunca lo dejo del todo, puedo leer a Amos Oz o a Orhan Pamuk (ah, qué buenos narradores son este par de infectos), pero jamás abandono a mi Julito. En mi buró siempre hay un libro de él y cuando me fastidio de Oz o de Pamuk o de Arreola o de Dostoievski o de Pacheco o de Morábito (que también son mis consentidos) abro un libro de Cortázar y es como si entrara a una alberca y nadara en un aire de piel alcanforada (nado, aunque no sé nadar). Cortázar, ¡siempre Cortázar! Julito es el parque donde juego rayuela y canicas, es el bosque donde trepo en árboles de ocote, es el mar donde nado al lado de delfines juguetones, es la cacerola donde chicharrón en salsa verde, es la cuerda en la que brinco a mitad del patio, es el templo donde hay un aroma de incienso y las imágenes del retablo no son las alucinantes de un cristo sangrante. Julito es mi estación de tren favorita, es el tren en el que viajo a gusto, la liana en donde el tarzán de mi sangre se columpia como mono. Julito es un argentino excepcional.
Anoche tomé el libro “Cortázar de la a a la z”, que es un libro homenaje, con cientos de fotografías y que, como dice el título, hace un mínimo repaso de la vida y obra del gran cronopio. El libro es un acierto, porque en cada página aparece él, pichito genial.
Abrir este libro es como una rayuela de la inteligencia y del buen gusto. Como dicen que sucede con la Biblia, en cada página que se abre al azar hay un chispazo de luz que conforta al espíritu. Por ejemplo (ahora, mientras escribo esta carta para vos) abro el libro a la mitad (lo abro en las páginas 158 y 159) y encuentro una fotografía soberbia, en blanco y negro, donde aparecen Julito y Lezama Lima. ¿Mirás?, el altísimo Julio y el gordísimo Lezama, juntos en una mesa, en La Habana, en 1967. Ambos ¡altísimos! Julio tiene las manos delante de la mesa, suspendidas varios centímetros de la superficie, como si hiciera un truco de levitación, como si, con sus manos, deseara levantar la mesa; mientras Lezama fuma un habano y como si fuera un pingüino (pingüinote, con el pantalón fajado por encima del vientre) no ve el acto de magia de Julito, sino que mira el cabello de Cortázar, como si esperara que no fuera la mesa la que levitara sino Cortázar, maravilloso argentino que nunca me ha caído mal.
Posdata: Sí, Julito siempre está cerca de mí. A veces doblo una esquina en Comitán y veo la sombra de un hombre enormísimo que da vuelta en la otra esquina. Sé que es Julito que juega por toda Latinoamérica, sé que no es él físicamente, ¡no! Aún no enloquezco del todo, pero sé que como a cada rato lo invoco hay un fenómeno de luz que me hace verlo a distancia, apenas un instante, momento en que como jirafa se disuelve en la jungla de nuestros miedos y esperanzas.
Te mando la fotografía de la portada del libro homenaje. Algún día te contaré mi opinión acerca de esta fotografía que, pienso, fue tomada en el malecón de La Habana y donde, como sombra visible, detrás de él un muchacho corre. Este muchacho ¿sale de su cuerpo? ¿Es Julito de niño, travieso, corriendo por el aire del mundo? Los realistas dirán que no. El mismo fotógrafo explicaría que es un niño cubano que corre por la barda del malecón y que él (el fotógrafo) logró esta doble imagen, donde Julio mira la ciudad y un niño pasa por detrás de él. Pero el fotógrafo logró tal gracia divina que parece que el niño sale de la espalda del escritor. En fin, en otra carta ya te contaré de esta imagen, desde la que Julio me mira (te mira, nos mira) con su vista de búho afectuoso.
Julito, siempre Julito, por encima de todos los árboles, de todos los tucanes, de todos los desiertos, de todos los polvos, de todas las oscuridades, de todos los toboganes, ¡Julio!

miércoles, 26 de junio de 2019

CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA ALGO ACERCA DEL ORIGEN




Querida Mariana: No hay acto mínimo. Todo es importante, desde el Big Bang que dio origen al universo hasta la mano que da el papá al hijo que comienza a caminar, el pecho que da la mamá a la niña que comienza a chupar la teta. Imaginá, por favor, la inexistencia de los tres actos mencionados: No habría universo, el niño no caminaría y la niña sería un cadáver.
No hay acto mínimo. Tan importante es el origen del universo como el camino que hace la hormiga en medio del bosque.
Por esto, digo yo, es importante la silla que construye el carpintero; el pan que hace la abuela en el horno del sitio; la canica que avienta el niño en el patio de la escuela; la carta que te envío; la caricia que vos le das a tu mamá; la carrera del Duque, aquel perrito que tuviste. Todo forma el universo.
No hay acto mínimo. Lo importante, digo yo, es que el acto forme, construya. Sí, debo reconocer que también el accidente es parte de ese ciclo natural de vida. Es una pena, pero el equilibrio también se alimenta de la ausencia: la muerte del abuelo, la desaparición de un muchacho, el tipo que se ahorcó por una decepción amorosa, la chica que se escapó de casa con el novio y jamás regresó a su cuarto que quedó empolvándose, con la ropa bien colocada en una gaveta del closet. Esto también constituye la senda de la vida. Los humanos de bien (que, a cada rato, las estadísticas optimistas dicen es mayoría en el mundo) realizan actos que construyen: levantan bibliotecas, se montan en bicicletas, dan vuelta a la cuerda para que los niños brinquen, edifican escuelas para que los niños practiquen ballet, para que dibujen y pinten, para que aprendan cómo patear el balón de fútbol con la pierna izquierda. Los hombres de bien son los que construyen edificios morales que están en consonancia con la armonía universal.
No hay acto mínimo. Todo (nos han explicado los científicos) afecta al universo. ¿Cómo es posible que el sencillo, frágil y maravilloso vuelo de una mariposa afecte el entorno global? ¿Cómo es posible que en una abeja esté encaramada la pervivencia del ser humano? Pues quién sabe cómo sucede, pero sucede.
Quien tira basura a mitad de la calle, quien corta la rama de un ciprés, quien mata con tiradora a un pajarito, quien rompe la página de un libro, quien golpea a un niño, quien mete su asquerosa mano debajo de la falda de una niña, quien raya un pupitre, quien pone un chicle en la silla del maestro, quien levanta una cartera y toma el dinero y desaparece la credencial que identifica al hombre que la perdió, modifica el universo, le abre agujeros negros por donde se escapa la luz.
Todo afecta a todo. Por eso, porque sé que se abren grietas en la pared del aire, celebro a los hombres y mujeres que llenan los vacíos con agua de luz. Me encanta ver cómo el universo recibe dones cuando mi mamá riega las plantas, cuando mi Paty da de comer a nuestra perrita, cuando mi vecina deja libros sobre una banca que tiene en su banqueta para que alguien los tome; me emociona cuando el maestro (en la escuela donde trabajo) se queda con el niño que no entendió un problema algebraico, porque sé que ahí hay algo como una cascada de frutos novedosos. Así como la planta agradece el agua, la Pigo agradece la croqueta, el viejo agradece el libro, y el niño (a futuro) aquilatará el esfuerzo del maestro, así, pienso yo, el universo agradece el acto sencillo y noble. Me encanta el instante en que el maestro Jorge toca la violineta y el maestro Hugo la marimba y luego, ambos, se resbalan un trago de comiteco y sus caras se llenan del color del achiote.
Nadie agradece el grafiti en la pared recién pintada; nadie agradece el rasguño a propósito sobre la cara; nadie agradece la palabra ofensiva a la hora que el maestro obliga al niño a pararse en el patio, como castigo; nadie agradece el balazo a mitad de la frente.
Todo afecta a todo, pero el universo es como una bendición cuando el acto es plegaria del agradecimiento, por esto me fascina saber que vos ayudás a levantarse a tu abuelo cuando él ya acusa cansancio. Agradezco a la naturaleza el instante en que mi mamá se levanta del asiento donde teje una chambrita para ir a la cocina a cortar la fruta que me ofrece en un plato limpio. Soy feliz a la hora que tu mano joven acaricia mi mano vieja, escarapelada como pared de adobe. Sé que el mundo camina en la senda correcta cuando mi sobrina Pau me jala, me sienta en una poltrona en el corredor de su casa y dice que leerá un cuento para el tío y ella traduce, con sonrisas, el cuento del colibrí que en lugar de libar flores de lavanda liba en el vaso de mistela de la tía Alicia. ¡Ah!, dice Pau, nos resultó un colibrí bolo, y se bota en la alfombra y pone sus manos en la panza, por el ataque de risa.
Posdata: Me gusta que el acto construya edificios altos, tan altos como la profundidad de tu mirada.