sábado, 11 de junio de 2022
CARTA A MARIANA, EN NOMBRE DEL VUELO
Querida Mariana: el nombre de Katya Echazarreta ya está inscrito en el muro de honor. Ella es originaria de Guadalajara y en días pasados se convirtió en la primera mujer mexicana en volar al espacio. ¿Sabés qué dijo en redes sociales, antes del lanzamiento? Dijo: “Este vuelo te lo dedico a ti, México”.
Esta frase es genial. De inmediato recordé lo dicho por el astronauta que llegó a la luna: “Un paso pequeño para el hombre, un gran salto para la humanidad”.
Katya sólo anduvo diez minutos en el espacio, fue un viaje rápido, pero ya anduvo en alturas reservadas a elegidos. El espacio, ¡ah, qué maravilla!
Más de siete mil millones de seres humanos en el mundo, y únicamente algunos llegan a esas alturas. La mayoría anda con los pies sobre la tierra, toda la vida.
Pero, coincidirás conmigo, muchas personas, muchísimas, también vuelan en el alcance de sus sueños. Los padres, en forma metafórica, dicen que su cometido en la vida es colocar alas a los hijos para que vuelen, que vuelen tan alto como lo imaginan.
Sí, millones de mujeres mexicanas vuelan rasito, apenas levitan. Todas ellas no alcanzan a colocar sus nombres en los muros de la fama, no aparecen en los noticiarios de televisión, en las portadas de los periódicos, ¡no!, ellas vuelan en forma anónima, pero algo sí me queda claro: ese vuelo también lo dedican a México, porque acá nacieron, porque acá viven, porque acá tienen a sus amigos, a sus familiares, a sus parejas; acá dan brillo a sus alas.
Te conozco, vos sos mujer de vuelo; conozco a muchas amigas que vuelan en este pueblo, que aletean para refrescar el entorno, para treparse a las ramas de algún árbol de durazno o de jocote, para ver el mundo con mayor perspectiva.
¿A quién dedicás tu vuelo? A México, porque acá están nuestros cielos. Sí, muchas comitecas vuelan a diario. No lo hacen en el espacio inmenso, no, sus vuelos son más modestos, pero pregunto: ¿acaso hay vuelo sencillo? ¡No! Los seres humanos nacimos incapacitados para el vuelo. No poseemos la propiedad maravillosa de las aves, de las mariposas, de esa maravilla que se llama luciérnaga. No. No obstante, ahí está el ejemplo patente de Katya. Ella ya llegó a alturas donde las águilas no llegan. Ella ya fue más que una chinita, más que un cóndor. Fue apenas un lapso breve, pero ¡intenso! Voló, gracias al ingenio del ser humano. Sin alas ¡voló! Así veo a muchas chicas comitecas, haciendo lo mismo, volando gracias a su ingenio, a su vocación, a su entrega. Vuelan porque tienen sueños.
Tenemos los ejemplos clásicos en nuestra comunidad. Ejemplos históricos, mujeres comitecas que, a pesar de vivir en un cachito del mundo, lograron volar muy alto.
Hace unos días, pocos, en la maravillosa comunidad de Juncaná, del municipio de La Trinitaria, que, ¡bendito Dios!, vive épocas fértiles, inauguraron un mural pintado en el salón de usos múltiples. En ese mural aparecen personajes relevantes del lugar. Entre ellos, por supuesto, una mujer “cosmonauta”: María Ignacia Gandulfo. Basta recordar que esta mujer es recordada también en Comitán, el Hospital General lleva su nombre. ¿Por qué? Porque, en acto generosísimo, donó mucha paga para que se usara en la construcción de un hospital. En su testamento expresó: “que se traigan los más pobres y faltos de amparo y humana protección para que se les asista con los alimentos posibles y aquella curación y medicina que ofrece el país”. Ah, palabras que están en el mismo baúl de Katya. Doña María Ignacia Gandulfo dedicó su vuelo a los pobres de nuestro pueblo, pueblo de México.
Sé que ahora estás haciendo un recuento en tu mente, de mujeres comitecas que conocés y que están despegando, que van en consecución de sus sueños. ¿Qué hace la mujer que hoy en la mañana abrió su tienda? Abrió sus brazos para empujar las dos hojas de la puerta. Abrió sus brazos. ¿Qué hizo la mujer que cargó a su pichito en el chal y fue a vender verduras en el mercado? Abrió sus brazos. ¿Qué hace el águila a la hora que emprende el vuelo? Abre sus alas. Los seres humanos abrimos los brazos para imitar el vuelo, pero, sobre todo, abrimos el espíritu para invocar la luz.
Las comitecas dicen: “Este vuelo te lo dedico a vos”. Se lo dedican a sus parejas, a sus hijos, a sus padres, a la familia, al barrio, al pueblo todo. Lo dedican a México. Hay unas tan arrechas que van más allá, lo dedican al mundo. ¡Sí! Ah, mujeres valiosas que, con su trabajo, con su pasión creativa, ayudan al mundo, porque, ya lo dijimos, todo acto mínimo que se hace en una parcela repercute en el globo terráqueo. Las acciones buenas ayudan al mundo, las acciones malas joden al mundo.
Acá hablamos de las mujeres que siembran, las voladoras, las mujeres tiuca, mariposa. Las actrices que nos deleitan en las obras que presentan en el auditorio de Casa de la Cultura o en el Teatro de la Ciudad o en parques, plazas, patios de casas de arte. Hablamos de las mujeres que vuelan en pos de la palabra y son poetas y narradoras; de las que pintan muros y telas, de las que hacen mezclas prodigiosas para pintar cielos.
Diez minutos voló Katya, apenas un guiño en el aro del tiempo. Quienes vuelan, en dulcísimos instantes poseen el universo. Los que vuelan saben que lo hacen en instantes, en momentos donde aparece la esperanza. Hay vuelo en el nacimiento de una criaturita; hay vuelo a la hora que entramos a una sala cinematográfica y disfrutamos el estreno; hay vuelo a la hora que la mamá empuja la carreola en el parque de San Sebastián; hay vuelo a la hora que el hermano tojolabal mete las manos en los chorros de La Pila; a la hora que nos tumbamos en el césped y miramos el vuelo de una mariposa; a la hora que la niña abre los brazos y corre a abrazar al papá; a la hora que llegamos a casa y el perro hace fiesta, mueve la cola y empuja sus patas contra nosotros.
Todos los seres humanos tenemos instantes donde el vuelo está presente, donde la energía de todo el espacio se concentra en nuestra pequeña burbuja de aire. Volamos cuando caminamos al lado de un riachuelo; a la hora que nos paramos frente a Montebello; a la hora que nos llevamos a la boca un caramelito de La Trinitaria; a la hora que comemos una tableta de manía.
Los nombres selectos de algunas voladoras quedarán grabados en los muros de honor; la mayoría de nombres será ignorado por el mundo, sólo serán visibles para quienes saben leer en el muro del aire. ¡Qué importa la fama! Lo importante en el ser humano es la experiencia del vuelo. Nadie le quitará esos diez minutos de vuelo a Katya. Cuando su nombre se empolve en el libro de la historia, ella recordará que pegó su rostro a la ventanilla y vio la tierra desde arriba. Las voladoras comitecas saben que lo esencial es el hábito de tomar aire, de respirar luz.
¿Por qué hay gente que se trepa a parapentes o se avientan en un paracaídas desde una gran altura? Por el vuelo, por sentir lo que el pájaro siente en cada desplazamiento. Somos hijos del aire, vivimos en su burbuja. El aire permite el vuelo.
Vuelan quienes dejan de ver hacia abajo y ven hacia el cielo. La tierra es limitada, igual que la vida; por el contrario, el cielo es una bóveda infinita, igual que el vuelo.
Vuelan quienes piensan que no sólo detrás de las montañas hay más esencias, sino quienes advierten que más allá de las nubes, está la suprema gracia.
Vuelan los ángeles, los seres alados, vuelan los seres iluminados. Vos y yo, y medio mundo, conocemos a mujeres comitecas que han hecho un ejercicio diario su vocación de vuelo. Ahí están sus logros. Si ahora te forzara a decir nombres de ellas, seguro que, como si señalaras estrellas en el cielo, las irías nombrando. Todo mundo tiene una tía que vuela cada mañana en la cocina, en el baile, en la compasión a sus semejantes, en el diario trajín de la casa o del comercio o del trabajo. Son seres iluminados, levitan.
Posdata: este vuelo te lo dedico a vos. Eso se escucha todas las mañanas. La frase es como un concierto de mil chinchibules, de mil cenzontles. Hay miles de mujeres voladoras. Algunas tienen alas de fieltro, otras de éter. Todas son iluminadas. Hay, incluso, ¡qué bárbaro!, mujeres que tienen alas de hierro. A pesar de ese esfuerzo supremo, las vemos cargar ese peso a la hora que corren por la pista como si fueran una grácil avioneta, una suave flor de tenocté. Apenas se despegan del piso, pero levitan, vuelan. Katya voló en el espacio diez minutos. Algún día, esas mujeres con alas de plomo se liberarán de ese peso bestial y tendrán alas de aire que se confundirán con la flor que crece en el cielo.
¿A quién le dedicás tu vuelo diario? ¿Tu esfuerzo permanente? ¿Tus ganas de vivir que impulsan al viento?
viernes, 10 de junio de 2022
CARTA A MARIANA, CON RETAZOS DE LA VIDA DEL AMADO TÍO AMADO
Querida Mariana: el tío Amado nació con una bendición debajo del brazo. Sus papás sembraron luz en su espíritu al bautizarlo con ese nombre, porque todos sus amigos y familiares lo amaron profundamente y él correspondió con generosidad a tal cuerda de afecto.
La tía Elena, hermana mayor de Amado, contó que su hermano llamaba viernesí, al viernes; sabadós, al sábado; y domingol al domingo. ¿Por qué? La rutina de vida del tío, de lunes a jueves era la siguiente: se levantaba a las seis, corría en el patio de la casa, a las siete se bañaba, luego el desayuno, a las nueve abría la sastrería. Laboraba hasta las dos de la tarde, cerraba, entraba a comer a la casa, dormía una siesta, a las cuatro en punto abría la sastrería hasta las ocho de la noche, hora en que cerraba el taller, entraba a cenar, escuchaba el noticiario nacional en la radio; a pesar de que había dos baños en la casa, a las nueve y media o diez iba al sitio y orinaba viendo el cielo, sintiendo el aroma de los pinos. A las diez se ponía el pijama, oraba y dormía. De lunes a jueves, religiosamente cumplía con este ritual. Pero de viernes a domingo todo se modificaba. En principio el taller permanecía cerrado. El tío Amado amaba su trabajo, pero también amaba el divino ocio, así que trabajaba febrilmente de lunes a jueves y descansaba, plácidamente, de viernes a domingo.
¿Por qué al viernes lo llamaba viernesí? Porque, mucho antes que el mundo dijera: ¡es viernes y el cuerpo lo sabe!, él le decía sí al viernes, desde temprano entraba a la cocina y preparaba paquitos de frijol y de chorizo con huevo que colocaba en una canasta de mimbre, en una bolsa de mandado metía un enormísimo termo con limonada. Ya toda la sobrinada lo esperaba en el corredor, le daban los buenos días, ayudaban a llevar la bolsa y la canasta y cuando el tío Amado soplaba el silbato que se colgaba al cuello, los niños cantaban: “somos los exploradores y vamos al río, a nadar, a bucear, a pescar, a pasear…” El tío Amado, al frente del grupo, marchaba con paso marcial hasta llegar al campo donde los niños se sentaban a su alrededor y mientras desayunaban les contaba cuentos infantiles. Al término del desayuno improvisaban juegos de grupo, trepaban a los árboles, corrían, jugaban pelota. Regresaban a las dos o tres de la tarde, donde ya la tía Elena había dispuesto una mesa donde comían tortas de pierna mechada. A las seis de la tarde, el tío Amado colgaba una piñata y los niños la quebraban y sus caritas se iluminaban a la hora de aventarse para recoger los dulces y frutas. Todos los viernesí eran una gran fiesta.
El sabadós, justo a las dos de la tarde, el tío Amado tocaba en la puerta de la casa de Lochita, una de las dos amantes amigas que tenía, la otra era Mechita. A Mechita le tocaba recibir al tío a las cuatro de la tarde, dos horas después. Ambas mujeres le servían dos tequilas antes de la comida y luego pasaban a la recámara donde disfrutaban de juegos de cama, en dos ocasiones. El tío Amado cumplía así su sabadós, con dos tequilas en cada casa y dos actos de amor con cada una de sus muchachas.
¿Y el domingo? En el nombre está inscrito el destino de ese prodigioso día. Temprano iba a misa, luego pasaba a desayunar en casa de su primo Efraín, a las ocho tomaba su maletín con la ropa deportiva, trepaba a su camioneta e iba a la cancha donde le correspondía “jugada” al equipo de su corazón. Después del encuentro tomaba dos cervezas con los compañeros futbolistas, regresaba a su casa y durante toda la tarde, en la televisión, veía repeticiones de juegos de fútbol de las ligas españolas e italianas. Siempre que había una jugada fenomenal comentaba: ¡Estos sí saben jugar al fútbol!
Posdata: el tío Amado enfermó, cuando ya tenía noventa y un años de edad, como pajarito comenzó a trincar el pico. Estaba en esas cuando un sobrino dijo: “Mirá, el tío se nos muere en domingol”, el tío abrió los ojos, exigió que llevaran un televisor a la recámara para ver partidos de fútbol y murió a la una de la madrugada del día lunes, un día como cualquier otro. ¿Cómo iba a morir en pleno domingol? No, jamás.
jueves, 9 de junio de 2022
CARTA A MARIANA, CON CELEBRACIÓN DE ORO
Querida Mariana: muchos cumpleañeros suben a redes sociales el siguiente mensaje: “¿Qué acto importante sucederá en junio?”, y ellos mismos se responden: ¡mi cumpleaños!
Bueno, a todos los festejos de los cumpleañeros de junio se une en este 2022 una celebración de oro: el quincuagésimo aniversario de graduación de la gloriosa generación de secundaria 1969 – 1972, del Colegio Mariano N. Ruiz.
Ah, genial. He sido testigo, querida mía, del cariño y entusiasmo que han puesto los integrantes de esta generación para el festejo de los cincuenta años de la finalización de su educación secundaria.
Como sucede con todos los grupos escolares del mundo cuando egresan de sus escuelas, estos muchachos están desperdigados en muchas ciudades, algunos siguen radicando en Comitán, otros viven en lugares distantes, pero esta conmemoración ha reafirmado sus lazos de compañerismo.
Y la celebración de estos muchachos va en grande, tan grandes como sus recuerdos, como sus sueños, como sus realizaciones. Cincuenta años después de este momento sublime, capturado en la fotografía. Al centro el padre Carlos J. Mandujano, fundador del Colegio; a su lado aparecen los rostros de dos maravillosas maestras, a la izquierda la maestra María Antonieta Alonso de González, y a la derecha la madre Sara; en la primera fila, en cuclillas, dos magistrales educadores: el profesor Javier Mandujano Solórzano (el famosísimo maestro Güero) y el maestro Hermilo Vives Werner.
Ah, qué bendición. Los muchachos han preparado un genial programa para celebrar los cincuenta años de su graduación. La foto se la tomaron al lado del templo de San Sebastián, porque San Sebastián fue el barrio que los acogía de lunes a viernes y, a veces, algún sábado. Ahí sigue el edificio del Colegio donde estudiaron, hoy esas instalaciones reciben a los estudiantes de educación primaria, pero en los años de esta generación también atendía el nivel de secundaria.
Del 23 al 25 de junio de 2022 habrá guateque en Comitán, un guateque sensacional que preparan estos maravillosos muchachos, llenos de vida, aún llenos de proyectos y de realizaciones. ¡Tres días para recordar vivencias compartidas hace cincuenta años y más! El grupo vuelve a reunirse. ¡Ah, qué bendición!
Son tan generosos que invitan a todo mundo a unirse al festejo y celebrar con ellos este acto trascendental. Claro, no todos los actos son comunitarios. Se entiende que hay momentos donde sólo ellos compartirán la bendición. Muchos pensarán que habría sido bueno que la tamaliza fuera general, pero no, no alcanzarían los tamales para tanto “gorrión”.
Pero sí será emocionante asistir al Teatro de la Ciudad, el jueves 23 de junio, a partir de las cuatro de la tarde, donde habrá un emotivo programa que incluye la presentación de un libro que redactó Jorge Antonio Ruiz Mandujano, integrante de la generación, donde aparece una puntual crónica de emotivos momentos de esta sexta generación de alumnos de secundaria del Colegio.
También hay invitación general para asistir a la misa de acción de gracias, que se celebrará en el templo de San Sebastián, el viernes 24, a las nueve de la mañana. Un emotivo acto será cuando al término de la misa los muchachos se coloquen más o menos en el mismo lugar para la fotografía del recuerdo. ¡Ah, cincuenta años después! ¡Qué cascada de recuerdos! Habrá, por supuesto, las lamentables ausencias, pero quienes asistan celebrarán la vida, la gloria de llegar llenos de ánimos a esta cita. Hace poco, muy poco, falleció Enrique Guillén Apodaca, afectuoso amigo, que fue parte de esta generación. Enrique ya no llegó a este momento, pero quienes lleguen lo harán con el rostro iluminado.
Esta gloriosa generación hará una visita y recorrido a su colegio, tendrán una reunión con algunos de sus maestros que, gracias a Dios, aún viven; luego realizarán una visita al Salón de la Fama que ellos crearon y asistirán a una comida.
¿Y qué creés? El sábado irán de excursión a los Lagos de Montebello, porque cuando, hace cincuenta años, se despidieron, el maestro Hermilo los llevó a esa zona para convivir.
Posdata: cincuenta años después vuelven a formar el círculo de la amistad, de la convivencia compartida, recuperan el sentido absoluto de grupo.
¿Qué acto importante ocurrirá en junio? Muchos cumpleaños, el Día del Padre y los cincuenta años de la generación 1969 – 1972, de secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz. Gloria eterna para esta generación.
¡Felicidades! Son ejemplo de vida.
miércoles, 8 de junio de 2022
CARTA A MARIANA, CON FOTO DE POLLITO Y MAMÁ
Querida Mariana: hace muchos años ocurrió una historia semejante a ésta que ves. En un salón de primaria, la maestra anotó la tarea en el pizarrón: “Un dibujo que represente el Día de la Madre”. Se acercaba el 10 de mayo. Al día siguiente todos los niños pegaron con diurex sus trabajos, bien iluminados, bonitos. Cuando la maestra revisó los dibujos uno de ellos llamó su atención, porque no representaba a una mamá humana con su pichito, que era el tema de los demás dibujos, sino que era una gatita con sus crías. La maestra, muy respetuosa, llamó a la niña autora de ese trabajo y la felicitó, porque dijo que ponía de manifiesto que el amor de las madres no sólo existe en las madres humanas sino, también, por supuesto, en los animalitos. Y entonces dijo, que en honor a su compañerita, la tarea del día siguiente sería escribir una composición que reflexionara acerca del amor que las mamás animales le tienen a sus crías. Lo que pudo ser una tragedia terminó siendo una maravillosa historia de amor. Y digo que pudo convertirse en una tragedia, porque el tema en manos de un maestro poco sensible no habría tenido esa recepción, incluso terminaría siendo objeto de burla, porque, el día 10 de mayo, nadie celebra a las madres animales, pero esta niña pensó que la imagen de una gatita amamantando a sus crías era la más representativa del Día de la Madre.
Ahora, un afecto me envió esta fotografía donde una madre gallina protege a su pollito. Sí, una gallina pelona, sin plumas. ¿Por qué no tiene su plumaje divino? Ah, no me preguntés, no sé el porqué. Por lo regular, las mamás gallinas andan bien emplumadas y tienen un copete coloradito como de look para ir de fiesta. Esta mamá gallina tiene el tzignij medio espantado, pero la horma inusual le vale una pura y celestial borrega a la orgullosa mamá que cuida con amorosa entrega a su pollito. Y mirá la cara del pollito, ¡ah!, qué chento se mira, recostado en esa almohadita sin plumas, almohada pelona.
¿Ves que el ala de la mamá abraza a la cría? ¿Si alcanzás a ver ese prodigio donde el ala es como un velo protector?
Vi la foto y pensé en la prodigiosa maestra que supo reconocer la grandeza de su alumna. La niña pensó en una imagen semejante a ésta. En la naturaleza hay ejemplos grandiosos de hembras protegiendo a sus crías.
Claro, el mundo no sólo posee luces, también contiene sombras. Hay madres humanas que avientan a sus crías en cuanto nacen. ¿Cuál es el sentimiento que las obliga a ello? No lo sé. La carretera de la vida tiene muchas curvas. Lo mismo sucede con los animales. Un día vi un documental donde una madre pez se engulló a varias crías.
Por eso, porque la vida tiene oscuros y claros, a mí, querida mía, me encanta ver imágenes luminosas. Mi afecto me envió la fotografía para compartir luz, vida encantada; y ahora la comparto con vos, porque sé que también sentirás una caricia en tu corazón.
Posdata: este pollito crecerá fuerte. Imagino que lo mismo sucede con los humanos cuando crecen al resguardo de madres amorosas, madres que saben que la vida exige instantes donde el cariño y la protección son necesarios. Los niños que crecen con padres amorosos se convierten en seres humanos completos. El cariño provoca certidumbres y afianza las certezas. La certeza es el color más tenue de nuestros cielos.
Si un día 10 de mayo ves una imagen similar sé que la apreciarás, que recibirás esta bendición que envía el mundo en días afectuosos.
martes, 7 de junio de 2022
CARTA A MARIANA, CON UNA CASA Y UNA ALBERCA (segunda y última parte)
Querida Mariana: pero la casa de los Morante no sólo tenía una maravillosa terraza al frente, en la segunda planta, ¡no!, en la parte posterior, al mismo nivel, tenía una fascinante vista que llegaba hasta la Ciénega. ¿Imaginás el privilegio de correr la cortina de tu ventana, a la hora de despertarte y ver que tu mirada vuela hasta la Ciénega con sus matices húmedos, su arboleda, su cielo claro y las líneas blancas de las garzas.
Todos los Morante son amigos generosos, durante los años setenta tuvieron muchos amigos en el pueblo, amigos que aún los recuerdan con emoción y cariño, así que ya podés imaginar lo que era esa casa en el día a día, pero, sobre todo, en vacaciones, cuando la alberca era aprovechada al máximo. Hacé la cuenta: anotá a los amigos de Alfonso, ¿cuántos se te antoja?; los amigos de Manolo (el coshito de la familia); los de Eva, los de Esperanza y los de Lula. Uf. Multitud maravillosa. Mi Paty es amiga cercana de Lula, tienen un grupo muy unido que se llama “La chusma” (cuando inició la pandemia Ana mandó a hacer cubrebocas con ese nombre). Bueno, los integrantes de la Chusma son más de cinco. Imaginá a la chusma reunida en la casa, más los amigos de Eva, más los de Esperanza, más los de Manolo, más los de Alfonso. Ah, qué guateque tan de todos los días.
Los Morante, ya lo dije, no habitan más esta que fue su casa, que sigue siendo, para la bitácora de la nostalgia, la casa de ellos. De los integrantes de la familia, sólo doña Esperancita y Alfonso radican en nuestro pueblo, los demás muchachos y don Alfonso viven en otras ciudades. Pero, eso sí puedo asegurarlo, todos tienen maravillosos recuerdos de este pueblo y de esa casa. Desde la terraza que da a la calle, todos ellos, más la innumerable palomilla de amigos, presenciaron desfiles, marchas y el paso del día sensible de los comitecos.
Pienso que ahora en tiempos de pandemia, cuando el mundo se vio obligado a confinarse, en la casa de los Morante, no hubo la zozobra de otros lugares, porque los habitantes de esa residencia pudieron cumplir con el encierro, pero sin encerrarse, les bastó asomarse a la terraza para ver el mundo con sana distancia. Esa terraza permite estar siempre, es uno de los balcones más generosos de Comitán, bueno, con decirte que es más ancho que el balcón de la presidencia municipal. Ahí se dieron maravillosas tertulias amistosas.
¿Ya viste bien la fotografía? Entiendo que cuando don Alfonso y doña Esperancita rentaron la casa ya estaba construida la alberca. Tal vez es parte del diseño original o la construyeron quienes rentaron antes que los Morante.
¿Ya viste que este tanque está especialmente diseñado para alberca? En un esquinero están las gradas para entrar y al lado las gradas para bajar; los muros de contención son gruesos para resistir el empuje del agua. Robé la fotografía del muro de Manolo. Esta fotografía fue tomada desde la segunda planta de la casa, desde el espacio interior, desde donde se veía la panorámica imponente de la Ciénega.
Mirá qué prodigio de piso. No se ven flores alrededor del patio, pero no había problema, porque justo detrás de las bardas que acá se ven estaban los sitios de las casas vecinas, sitios que, ah, tiempos maravillosos, se encargaban de surtir de frutos a sus dueños y a los buenos vecinos, de apellido Morante. En esos huertos había árboles de durazno, de níspero y de granada. Ah, la buena vecindad del Comitán de tiempos más amables. Ahora, las bardas alcanzan alturas impresionantes.
En la fotografía asoma la manguera que la llenó hasta una altura de chapoteadero, para que los niños disfrutaran el espacio sin riesgo. Por ahí hay una persona mayor que los cuida, una niña mayor que también está pendiente y un muchacho que revisa que todo fluya con la armonía que era característica del prodigioso Comitán.
Posdata: estoy seguro que los Morante llevan este espacio luminoso en su corazón. Por eso me atreví a narrar lo que a ellos corresponde. Es sólo pretexto para enviarles un abrazo, en nombre de todos sus amigos, que son multitud.
Había una vez, una casa, una casa increíble.
lunes, 6 de junio de 2022
CARTA A MARIANA, CON UNA CASA Y UNA ALBERCA (primera parte de dos)
Querida Mariana: hay cuentos que comienzan así: “Había una vez…”; hay historias que comienzan así: “Había una casa…”
Esta es la historia de una casa, de una casa con historia. Es la casa de Eva, la casa de Esperanza, la casa de Lula, la casa de Alfonso, la casa de Manolo, la casa de doña Esperancita, la casa de don Alfonso. Sí, es la casa de los Morante Fernández. Fue su residencia en los años setenta. Todos los comitecos de esa generación saben que esa casa fue de ellos, sin serlo. Y digo que fue casa de ellos porque ellos le imprimieron un sello especial; y no es casa de ellos, porque, en realidad, la casa fue propiedad de don Enrique Trujillo.
¿Por qué me atrevo a hablar de esa casa en esta carta? ¿Con qué derecho robé la fotografía del muro de Manolo? Tal vez lo hago, porque sólo estuve en una ocasión en esta casa, no pasé del zaguán que era la cochera donde guardaba su Opel don Alfonso, y, sin embargo, siempre supe que ahí, en el patio, los Morante tenían una alberca, alberca que se aprecia en esta fotografía. Mi atrevimiento, entonces, se debe a que hablaré de una casa que sólo conocí de oídas y aprecié desde afuera. ¿Se puede hablar de oídas? Tal vez la historia de las personas y de los objetos se escribe de oídas. Muchos investigadores sostienen que papelito habla, pero muchos documentos están escritos por testimonios orales. La historia de Comitán, en parte, se ha construido de oídas.
La casa de los Morante está a una cuadra del parque central de Comitán. Aún existe. Con ligeras modificaciones permanece incólume. Es un testimonio maravilloso del Comitán de los años setenta.
Es una casa que siempre ha llamado mi atención. Don Enrique mandó a hacer dos casas semejantes, dos casas espejos. Ahí están. Si llegás al parque central, caminá por la calle del templo de Santo Domingo, con rumbo a la Cruz Grande (primera avenida oriente norte) y en la mera esquina, en la banqueta derecha, hallarás las casas gemelas. En la casa de la esquina sigue viviendo doña Olguita Trujillo, hija de don Enrique, en la adjunta ya no viven los Morante Fernández. Ahora viven otras personas. Ahí hay un local comercial donde, en aparadores maravillosos, veo vestidos. Cómo no, el local se llama “El paraíso de las novias”. Lula, Esperanza y Eva nunca imaginaron, en los lejanos años setenta, que en su casa estaría el paraíso de las novias, aunque los enamorados de ellas sí reconocían que ahí estaba el Paraíso.
No sé cuántas casas de Comitán tenían alberca en ese tiempo. Había varias que tenían albercas (tanques) que eran públicas, pero que estaban alejadas del centro. Yo sólo supe de dos albercas en casas cercanas al parque central, la de los Morante Fernández y la de los Mandujano Ortiz. Conocí esta última alberca. Durante un tiempo recibí clases particulares de inglés, con el hijo del maestro Javier Mandujano Solórzano, el famoso maestro Güero. En la parte posterior de la casa del maestro (que estaba enfrente de donde ahora está Elektra, del centro) había una alberca que se acercaba más a la definición, porque, en lugar de estar sobre el piso, como en la casa de los Morante, estaba a ras de piso. Los Morante y los Mandujano fueron de los privilegiados del centro, en los años setenta, porque la alberca es un elemento arquitectónico que otorga salud, bienestar y mucha alegría. En ese tiempo ya existía el Club Campestre con su magnífica alberca, pero era para uso exclusivo de los socios y de amigos especiales.
Las casas gemelas fueron de las construcciones modernas de Comitán, mientras las demás casas de la calle tenían una planta (con excepción de la maravillosa residencia de Raque Albores que está en la esquina frente al parque central), las casas gemelas tienen dos plantas y, mojol de lujo, arriba del portón unas terrazas que dan a la calle. Estas casas son de las pocas del pueblo que tienen terrazas tan generosas, tan de cielos abiertos. ¿Quién fue el arquitecto que diseñó estas casas gemelas? Loor siempre a su genio, porque logró brindar espacios maravillosos, que, sin duda, hasta la fecha siguen disfrutando sus moradores y que fue un lugar donde los Morante con su palomilla vivieron momentos fascinantes.
En los años setenta aún se escuchaba el maravilloso sonido de la marimba, pero en pocos lugares del pueblo asomó con tanta claridad, con tanta precisión y gloria como en la casa de los Morante; primero, porque las serenatas eran cosa frecuente, cuando no era la serenata para Eva, era para Esperanza o para Lula. Pero, además, ¡mirá qué bendición!, enfrente de la casa estaba el local-estudio de la marimba de don Límbano Vidal. Sí, leíste bien, don Límbano, el director de la gloriosa marimba Águilas de Chiapas, una de las mejores marimbas del mundo. Así que los Morante tuvieron el privilegio que recibieron pocos espíritus comitecos, porque en otras casas había el ruido de los molinos de nixtamal, a las seis de la mañana, o el del torno en el taller mecánico, o el de la matanza de cuches para hacer el chicharrón. En la casa de los Morante, en las tardes, ensayaba la marimba de los Vidal, geniales artistas musicales.
Posdata: pucha, ya se acabó mi espacio de la cartita. ¿Te parece que sigamos mañana con la casa de los Morante? Gracias.
domingo, 5 de junio de 2022
CARTA A MARIANA, CON LA ARENILLA DE JUNIO – JULIO DE 2022
Querida Mariana: ¡albricias! Ya compartimos el número 29 de ARENILLA-Revista. Se distribuye en forma gratuita, gracias a la generosidad de nuestros patrocinadores, en su formato digital y en su versión impresa.
¡Albricias! Comenzaron las lluvias y llegamos con ellas, al lado del tzisim, por eso, esta hormiga alada aparece en nuestra portada, en fotografía sensacional de Carlos Gordillo.
El tzisim… ¡lotería!, en homenaje a don Enrique Constantino, quien, en la tradicional feria de agosto, colocaba su puesto donde cientos de comitecos y visitantes jugaban el tradicional juego de lotería mexicana.
Llegamos con las lluvias; como ellas, regamos de vida el espíritu de nuestros amados lectores.
Querida mía, en el editorial advertimos la llegada de las vacaciones de verano. Los pueblos de la región se preparan para recibir a miles y miles de visitantes. Para quienes viajan a Chiapas, es visita obligada el pueblo mágico de Comitán, Tzimol y Montebello, joya turística del municipio de La Trinitaria.
Nuestros pueblos son ollitas que conservan tradiciones culturales únicas. En los restaurantes comitecos, sin duda, probarán exquisitos platillos y salsas preparados con tzisim.
Cuando concluya el periodo vacacional, los estudiantes regresarán a sus escuelas o iniciarán un nuevo ciclo escolar. Los padres de familia analizan la mejor propuesta. En este número de ARENILLA-Revista hay un abanico de excelentes opciones educativas.
Pero, como siempre, querida mía nuestra revista trae mucho más. ¿Sabías que el comiteco Roberto Vives Jiménez escribió un libro autobiográfico donde da a conocer muchos aspectos de su infancia en Comitán? Su libro se llama “Mi historia de éxito”.
Presentamos la segunda y última parte de la crónica “La biblioteca Profr. Flavio Guillén”, del maestro José Benito Vera Guerrero, destacado cronista municipal de La Trinitaria.
Sé que vos, todas las tardes, acompañás la lectura con una buena taza de café chiapaneco. Te encantará leer el texto que redactó Giovanna Gómez Cervantes: “¿Por qué nos gusta el café?”, y enterarte de las bondades del “Café Kabil”, empresa dirigida por la licenciada Mayté Domínguez y el ingeniero José Carlos Pérez. ¿Sabés qué significa la voz maya Kabil? “Buena mano para sembrar”. Pucha, con esto ya se dijo todo. Te encantará probar este excelso café chiapaneco.
¿Tu carta? Ah, tu carta da cuenta de un acto nobilísimo: la entrega en el Senado de la República, por primera vez, de la medalla del Premio al Mérito Literario Rosario Castellanos. Elsa Cross fue la poeta que recibió este honor. Este premio se debe a una iniciativa de nuestro paisano, el senador Eduardo Ramírez Aguilar. ¡Genial!
También compartimos con todos nuestros lectores un cachito de los proyectos que realiza el maravilloso pueblo de Tzimol, y hacemos un breve pero exquisito recorrido por “Rutas luminosas” de nuestro pueblo mágico, para vestir prendas selectas de Yaaxan y probar las delicias de Paulita Gourmet.
Siempre, es nuestro cometido de vida, presentamos algo de lo mejor de nuestra gente, de nuestros pueblos. Este número está lleno de propuestas. Nuestra región trabaja con ahínco. Nosotros contribuimos a difundir estos ríos de vida.
Recordá que nuestra revista une a Chiapas con Guatemala, somos el hilo que sigue bordando la tradición histórica; por eso, en este número celebramos la vida ejemplar de doña Olga Marina Alfaro Méndez, empresaria gastronómica, y el talento del escritor Juan Luis Gálvez Santizo, huehuetecos de prosapia, en textos redactados por Carlos L. Rivas, quien es nuestro director comercial en aquel entrañable país centroamericano. Con los amigos de Huehuetenango celebramos el cumpleaños número 84 de don José Osberto Makepeace Palacios, creador de la bandera de aquel hermoso Departamento de Guatemala.
¿Y el arte ‘apá? Ah, pues tenemos propuestas plásticas y literarias. El caricaturista comiteco Raúl Espinosa Mijangos celebra 15 años de su mapa turístico; el artista Eduardo Nuricumbo presenta algo de su obra plástica y nuestro equipo editorial, gracias a la Fundación Alexandra Del Castillo Castellanos, ofrece el cuentito bimestral, que en esta ocasión se llama “Martín, el memorioso”.
Posdata: somos parte de la memoria de nuestros pueblos, preservamos algo de lo mejor para que nuestra historia siga siendo luminosa.
Somos pueblos grandes, debemos continuar por esa senda. Muchos contribuimos a preservar su grandeza de espíritu.
sábado, 4 de junio de 2022
CARTA A MARIANA, CON UN TEMA MARAVILLOSO
Querida Mariana: tía Amalia repetía lo que sus antecesoras aseguraban: “Al hombre se le conquista por el estómago”. Por eso se esmeraba en presentar riquísimos platillos al tío Armando, quien, confirmaba el dicho al contar que se enamoró perdidamente de ella, cuando Amalia, jovencita de dieciocho años, le preparó un caldo de pata con sazón exquisita.
Luis, quien siempre ha sido un cuchillito de palo, preguntaba, en voz baja: “¿Por qué entonces tiene tanta querida el tío?” Nadie decía algo. Pero, cuando abandonábamos la mesa, Chundo decía que ¡por eso!, las otras también guisaban riquísimos caldos de pata.
Un sociólogo, que también es siquiatra, explica que ese dicho tiene el siguiente sustento: “El hombre se enamora de la imagen materna, que, por siglos, ha permanecido en la cocina. Es el perro de Pavlov, que saliva a la hora que le tocan la campanita”.
¿Qué tan cierto es eso de que al hombre se le conquista por el estómago? Ah, ya estoy viendo tu cara picarona, como diciendo que al hombre se le conquista con otras gracias.
La única certeza en cuanto a la seducción del estómago es que todos los seres humanos caemos rendidos ante las riquezas de la gastronomía.
Comitán no es la excepción; al contrario, Comitán es la confirmación. En nuestro pueblo gozamos las delicias de las recetas tradicionales.
Los expertos han explicado que la cocina comiteca es una fusión de sabores traídos por los conquistadores españoles y los sabores propios de la región, que vienen de tiempos anteriores a la conquista. Como en todo México, en Comitán existen muchos platillos que tienen como base el maíz, grano que se cultiva en el país desde hace siglos.
¿Te gustan las butifarras? ¿Te gustan las chalupas? Si uno escribe butifarra en el buscador del Internet, aparece que es un embutido de origen español. Los comitecos adoptaron esta receta y la adaptaron, otorgándole un sabor único, exquisito.
El chorizo y la longaniza también son embutidos. Cuando acostumbraba comer carnes iba a Teopisca para comer las ricuras que allá preparan. La longaniza de allá tiene un sabor diferente al de la longaniza comiteca. Como todo es cuestión de gustos, a mí me encantaba más la de Teopisca. ¿Y la butifarra? Pues no comí otra fuera de la comiteca, así que no tuve punto de comparación, pero concluyo que el sabor de la comiteca es único, exquisito. Hoy preparan la butifarra en algo que llaman aguachile. Se ve deliciosa. Recuerdo que me encantaba ir a la Lonchería July, en el portal, para pedir una torta de butifarra. El sabor del pan especial con que ahí preparan las tortas le otorgaba un maridaje sensacional. No sé si a la fecha siguen vendiendo esas tortas en el July. Durante muchos años el July estuvo en el centro de la ciudad. En mi niñez estuvo al lado de donde ahora está la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez. En muchas ocasiones, al ir al Cine Comitán, mi papá pedía permiso, en el intermedio, para pasar al local de enfrente a comprar tortas de pierna. Ah, qué sabor tan delicado. Mi papá y otros cinéfilos hacían lo contrario de otras personas, que pedían permiso con quien recibía los boletos del cine, para entrar a comprar tacos dorados, que, de igual manera, eran maravillosos. Ya contamos el otro día que esos tacos del Cine Comitán, que vendía doña Lola, la encargada de la dulcería, los preparaba, en su casa, la esposa de don Rafa Pascacio. En el cine sólo les daban una última calentadita.
La butifarra comiteca, explica Toñita, usa carne de puerco molida. ¿De dónde proviene el cuch? ¿Hubo cuch en la región en tiempos anteriores de la conquista? No, no hubo cuch en esta zona antes de la conquista. El cerdo nos llegó con los conquistadores (es mera referencia, no vayás a comenzar a hacer relaciones nacionalistas). Por eso, se insiste en decir que la butifarra es herencia hispana. Las especias que le dan su sabor tan característico también son esencias importadas. Mirá, la butifarra lleva anís y el anís no es de por acá, tampoco es endémica la nuez moscada, que, según los conocedores, es la que aporta ese regusto tan fino a la butifarra comiteca. Claro, las cocineras comitecas le agregaron su toque especial, una butifarra auténtica lleva comiteco, la famosa bebida. Algunos chefs le agregan brandy, pero, los expertos dicen que el comiteco le otorga un toque singular. Debe ser, porque no faltará el que le eche posh. ¡Pucha!
¿Te gustan las chalupas comitecas? Cuando recién llegué a Puebla fui a un mercado y vi: Orden de chalupas. Ah, de inmediato pensé en nuestro pueblo y las pedí. No, no. Ahora sí que como dicen: la realidad no coincidió con la expectativa. Por supuesto que no, una cosa es la chalupa poblana y otra la chalupa comiteca. Ambas tienen como esencia el maíz, sólo que las poblanas las meten en una alberca de aceite hirviendo, acá no, las tostadas apenas tienen un ligero repasón en un chapoteadero de aceite. Las poblanas las sirven calientes, las comitecas no (ah, tampoco lo llevés al terreno del albur).
Los tamales sí son de por acá, de América. Todos tienen como elemento esencial al maíz. El otro día comentamos un libro del prodigioso investigador Paquito Mayorga, ya fallecido, donde nos da información de las diversas clases de tamales que se preparan en Chiapas. Ah, es un recuento enorme, delicioso. Acá en Comitán tenemos varios tamales que son la delicia de medio mundo. ¿Sabés cómo se llama una variedad de tamal? ¡Patzito! Ah, qué nombre tan afable. Es tan seductor este nombre que incluso sirve para hacer la comparación con algo que es pequeño y suave, también se usa como apodo. Cuando le quitan el diminutivo suena un poco más agresivo, pero no pierde su encanto: patz.
¿Qué tal un tamal de chipilín o de hierba santa con frijolitos tiernos? Ah, riquísimo. Pero hay para todos los gustos. A mí me encantaban los tamales de bola, con su chilito de Simojovel. Me gustaba comerlos con un vaso de jocoatol.
¿Al hombre se le conquista por el estómago? No lo sé. Parece que este dicho ya perdió vigencia, porque antes se consideraba que sólo las mujeres preparaban los guisos en la cocina. Hoy ¡no! En nuestro pueblo, como en todos los pueblos del mundo, al lado de chefs mujeres hay excelentes chefs varones. Claro, también las relaciones afectivas han cambiado, ahora puede ampliarse el dicho y generalizar: “A las personas se les seduce con los guisos”, y, sin duda, no faltaría razón.
Los seres humanos relacionamos los afectos y pasiones con órganos del cuerpo. Es un caso simpático y extraño, porque parecería que el amor, por ejemplo, tiene más que ver con el espíritu que con el cuerpo.
Dije parecería, porque decimos que hacemos el amor cuando juntamos nuestras cositas físicas. Pero, mirá, cuando nos gusta alguien sentimos mariposas en el estómago. Ay, el enamoramiento pone aleteos en el estómago. Bueno, sabemos que muchas emociones se reflejan en ese órgano, tanto las emociones bonitas como las feas.
¿Y qué pasa con el Día del Amor? Pucha, miles y miles de corazones aparecen en todas partes, porque el corazón es representación del amor.
Los más fríos y racionales sostienen que el enamoramiento tiene su inicio en una sustancia química que segregamos. ¿Por qué los enamorados derraman miel al inicio de una relación y terminan derramando hiel? Ah, porque la sustancia deja de segregarse, se suspende la novedad y el enamoramiento termina. Primero estaban muy agarraditos de las manos y luego usan las manos para darse de golpes.
El tío Concho tiene una explicación, dice: mirá, hermano, hay mujeres que no se dejan llevar por el corazón sino por el hígado, ah, jodido, son de un bravas que no mirés.
Fijate, querida mía, hasta el hígado sale a relucir en esto de las relaciones. Pucha, esto de las pasiones más bien parece una clase de anatomía. Algunas parejas se dejan llevar por el estómago, otras por el vaso, unas más por el cerebro, otras por el hígado, no faltan las que sostienen que todo está en la mirada, por eso se enamoran a primera vista, ya no te digo qué miran a la décima vista.
La gastronomía, de igual manera, no sólo es cuestión de estómago, también es cuestión del sentido de la vista. Bueno, en el disfrute de un buen guiso intervienen todos los sentidos, el de la vista, el del olfato, el del oído (ah, a la hora que mordés algo y está crocante), el del tacto, y, por supuesto, el del gusto. El amor tiene relación con la gastronomía, porque el amor entre pareja también debe sustentarse en la satisfacción de los cinco sentidos, cada uno de ellos es esencial.
Posdata: Toñita, en este tema de estómagos, corazones e hígados, preguntó en la sobremesa de familia: ¿cuál era el órgano que privilegiaba la relación amorosa? Bety casi se ahoga, escupió el sorbo de agua de limón que había tomado, se paró, botándose de la risa, agarrándose la panza. La tía Eusebia preguntó si eso significaba que era el estómago su respuesta. Cuando Bety se recompuso, riéndose dijo que esa pregunta no debía hacerse en público, o no debía expresarse así y, como si dijera la lección en el salón de clases, repitió con voz pausada: ¿cuál es el ór-ga-no que está en primer lugar en el amor?
viernes, 3 de junio de 2022
CARTA A MARIANA, CON UN RAMO DE FLORES
Querida Mariana: me topé con esta imagen. Es una imagen sencilla, pero plena. Me detuve y la imprimí en mi memoria y en mi espíritu. Le tomé una fotografía para compartir con vos. A mi edad disfruto lo que veo, pero sé que compartir el instante con el prójimo ayuda a hacer más plena la vida.
Estos tiempos, de impresionantes avances tecnológicos, me permiten tender los llamados puentes virtuales.
En redes sociales compartimos muchas imágenes con los amigos, muchos de estos amigos son personas con quienes jamás nos hemos topado frente a frente, en forma presencial. Algunos de los amigos en redes sociales viven en el mismo pueblo que nosotros, pero otros viven en ciudades lejanas de la república, incluso en otros pueblos del mundo.
Ya platicamos que el antecedente de este modo cibernético fue el amigo por correspondencia. Conozco personas que, en los años setenta, tuvieron amigos por correspondencia. Yo leía la revista “Mecánica Popular”, porque traía una sección de filatelia; el agregado era una sección de amigos por correspondencia, donde algunos lectores compartían su nombre, domicilio, con la intención de recibir cartas de “amigos” de otros lugares. Hay un cuento de Edmundo Córdova que narra una historia donde dos personas desconocidas (él y ella) se hacen amigos por correspondencia, ellos viven en ciudades distintas de un determinado país (no recuerdo, pero es en Sudamérica) y, al final terminan atando hilos de historias personales. El final es sorprendente, un poco predecible: resultan ser hijos de un mismo padre. El cuento es sensacional porque plantea la reflexión de cómo una simple carta urdía un tejido donde dos elementos distantes hallaban un punto de unión. No dudo que ahora se dan historias semejantes en la virtualidad.
Me conocés, soy escaso para hacer amigos en la vida real. Conozco amigos que tienen una gran capacidad para relacionarse, llegan a un espacio desconocido y dos minutos después ya se integraron, platican con una gran seguridad con personas que dos minutos antes eran completamente desconocidas.
En redes no tengo problema para comunicarme, porque en el Facebook, por ejemplo, tengo muchos amigos que han solicitado mi amistad. Varios son amigos personales, gente con la que he convivido desde hace tiempo, en forma presencial; otros son paisanos conocidos, los he visto caminando en el parque central o en otros espacios comunes; pero hay muchos que, insisto, nunca los he visto cara a cara. Los veo como “amigos por correspondencia”. Cuando comparto un texto o una fotografía sé que lo hago para toda esta comunidad de amigos de la que formo parte.
Ahora vivo sin los agobios de la adolescencia, cuando me sentía incapacitado para comunicarme con mis semejantes: ¿Cómo acercarme? ¡Qué decir? ¿Cómo responder? Vivo tranquilo. Bendigo estos tiempos de adelantos tecnológicos, que me permiten tender puentes, estar en constante comunicación con la comunidad de amigos que tengo, muchos, gracias a Dios.
Posdata: bendigo los tiempos actuales, que me permiten pensarte y compartir con vos, en forma instantánea, lo que veo, lo que pienso, lo que siento. Acá mando esta imagen maravillosa, de un murete de piedra abrazado con unas plantas y un hermosísimo elefante vestido con flores de buganvilia.
De todos los colores de buganvilia, éste es mi favorito. Todos los colores son bellos, desde el blanco hasta el naranja, pero mi preferido es este color que es una violenta caricia para mi espíritu. Dije elefante porque así vi su forma. En el lado izquierdo de la fotografía, al lado de los troncos del árbol vi la trompa y la cabeza del elefante. ¿Ya viste el ojo coqueto que tiene? ¿No lo ves? ¡Cómo! Él sí te ve, ahí está el ojo, maravilloso, con la pupila negra.
Él te manda un guiño y hago lo mismo. Caminé por este sendero genial, me acordé de vos, por eso tomé mi celular e hice la fotografía que ahora te mando.
jueves, 2 de junio de 2022
CARTA A MARIANA, CON UNA FOTOGRAFÍA DE MONTEBELLO
Querida Mariana: comparto la fotografía de una fotografía, de una postal de hace muchos años, de tiempos donde no todas las personas tenían la posibilidad de tomar fotografías, como se hace en la actualidad. Hoy, la fotografía digital permite que todos los que tienen un teléfono celular tomen fotografías de los espacios visitados.
La fotografía que acá se ve, en glorioso blanco y negro, mide 8 x 10 cm. En la parte inferior tiene el siguiente letrero: “Montebello”, Comitán, Chis. Foto – Cancino.
En todo mundo hubo fotógrafos profesionales que tomaban fotografías para postales. Los visitantes compraban las postales, para enviarlas, por correo, a los amigos y familiares. Hubo personas que las compraron para su álbum personal, como testimonio gráfico de una visita especial.
No me gustaría que este tema, hoy tan sencillo, se diluya. Al principio dije que es una fotografía de otra fotografía. Ahora es común este ejercicio. En este caso es sorprendente, porque une dos tiempos: el de la fotografía analógica y el de la fotografía digital. Los actuales chunches tecnológicos permiten esta magia: rescatar instantes pasados. Hay expertos que, en la actualidad, pueden limpiar estos tesoros. En manos de un especialista, esta foto quedaría sin las ajaduras que tiene y esa mancha que acá le da un toque sepia al agua (¿una premonición de las manchas de suciedad que actualmente tienen las aguas de esta prodigiosa zona?)
No debemos perder el encanto de la mirada. Acá está una imagen que fue tomada hace más de cincuenta años.
Te invito a hacer un ejercicio de imaginación. Imaginá que tu bisabuelo, ya mayor, viajó a Chiapas, viajó a Montebello y luego, en una tienda de Comitán, compró esta postal. Al reverso, como era costumbre escribió algo como esto: “Querida bisnieta, la vida es ingrata, nunca te conoceré. Tú sí me conocerás, no físicamente, pero sí a través de una fotografía. Para que cuando alguien te enseñe a tu bisabuelo en una fotografía, en sepia, no te represente una persona desconocida, te escribo estas letras para que me tengas cerca de ti. Hoy estuve en Montebello, una región bellísima de Chiapas, estuve parado en el lugar donde estuvo parado el fotógrafo. Pienso en ti, en la bisnieta que nunca conoceré, pero a la que amo profundamente y deseo que sea una mujer exitosa. Si alguna vez viajas a Montebello, cuando estés parada en este lugar piensa en mí, ora por el descanso infinito de tu bisabuelo que te quiere”.
¿Mirás? Por eso dije que este acto sencillo no sea vanal, puede ser toda una historia de vida. Voy a atreverme a decir que Foto – Cancino corresponde al estudio fotográfico de don Enrique Cancino. Existe otro fotógrafo excelente con el mismo apellido paterno: Cancino Villar y él siempre firma así su archivo.
Me atrevo entonces, sin tener la certeza. Los comitecos de los años sesenta y de los años setenta recuerdan con precisión a don Enrique Cancino, quien fue el fotógrafo profesional que se paró en esta orilla del lago y tomó la fotografía que luego convirtió en postal, para hacer eterno el instante tan frágil, tan voladizo.
El otro día, en un Platicatorio, el gran fotógrafo Carlos Gordillo recordó a su maestro Enrique Cancino, él impartía el Taller de Fotografía, en l Escuela Preparatoria. Muchos preparatorianos tuvieron el privilegio de recibir clases de fotografía con un gran maestro.
A mí siempre me ha gustado el arte de la fotografía, pero cuando me tocó elegir taller, me incliné por la pintura. El maestro Homero Recinos fue el responsable del taller de pintura. Él, siguiendo la prédica de los impresionistas, nos llevaba a tomar apuntes y a pintar en escenarios naturales. ¡Fuimos a Montebello! Sí, acudimos a esta maravillosa región natural, después de pintar íbamos a una palapa y en la mesa compartíamos los desayunos. Ah, tiempos geniales.
Pero conocí al maestro Enrique Cancino, porque el padre Carlos enviaba a todos los alumnos del Colegio Mariano N. Ruiz a tomarse las fotos oficiales en su estudio.
Posdata: por ahí tengo fotografías que don Enrique me tomó siendo niño. Hay una donde estoy con un traje folclórico. Esa fotografía es en blanco y negro, pero está coloreada. Don Enrique era un gran artista. Como muchos fotógrafos de ese tiempo, él tomaba el pincel y los colores especiales para darle color a la imagen.
Esta postal no fue retocada. Es una fotografía en blanco y negro. No se advierten los maravillosos colores distintivos de Montebello, pero sí se aprecia, ¡qué bendición!, la vegetación tan pródiga que existía, así como la claridad del agua y del cielo.
miércoles, 1 de junio de 2022
CARTA A MARIANA, CON UNA CASA
Querida Mariana: ¡ah, el mundo! Un desconocido aventó un pastelazo al cuadro la Mona Lisa, en el Louvre. Joaquín, rápido, se hizo el chistoso y subió un meme: “el tipo estaba molesto, porque pensó que la Mona Lisa era la causante de la Viruela del Mono”.
¡Ah, el mundo! En Ucrania, un fotógrafo toma fotografías de los edificios que están siendo bombardeados. Será una manera de preservar, aunque sea en forma virtual, el patrimonio de aquella nación, el patrimonio arquitectónico mundial.
Aventar un pastelazo a la Mona Lisa es una bobera; una brutalidad el bombardeo a las ciudades y pueblos de Ucrania. El mundo es absurdo.
Un empleado del museo limpió el cristal que protege la pintura de Da Vinci; el fotógrafo realiza también una especie de limpieza, con el trapo de su cámara fotográfica.
Mientras unos ensucian el mundo, otros tratan de limpiarlo. Son más los limpiadores de estrellas, diría Julio Cortázar; pero los manchamanteles, dirían los poblanos, son perjuiciosos.
¿Vos ya tenés fotografías de la fachada de tu casa, de los interiores, del patio, incluso del baño? Por favor, corré a tomarlas. Gracias a Dios acá no hay bombardeos, pero las casas se transforman y si no hacés registro de tu casa, luego andarás coja del espíritu, porque, en parte, los seres humanos somos las casas que habitamos.
Lamento no tener una fotografía de la fachada de la casa que construyeron mis papás. Ahora, en esa casa existe un hotel. Perdió su esencia familiar; por fortuna no perdió su vocación. Digo esto, porque muchas casas modifican su traza original. ¿Conocés la casa de algún amigo que luego se convirtió en cantina? Tengo la experiencia, una casa donde jugamos de niños fue vendida y quien la compró hizo una remodelación y la destinó para una cantina. Una vez, ya grande, fui a tomar unas cervezas con amigos, al entrar recordé los hilos luminosos de mi infancia, me despedí antes de sentarme ante la mesa, no soporté el peso de mi nostalgia, pensé que no podía manchar un recuerdo tan puro con el aroma del alcohol.
Antier me ganó la añoranza, como pude hice un ligero boceto de la fachada de la casa paterna. Gladys Bonifaz dijo en una ocasión que la Casa de la Cultura está bañada en piedra. Me encantó la descripción, porque mi casa también tuvo una fachada empedrada, no tuvo la sutileza de las piedras de la Casa de la Cultura, que están casi casi planchaditas, ¡no!, quedaron expuestas con sus salientes naturales. La fachada de mi casa también estuvo bañada en piedra. Mi papá deseó que así fuera su casa, una vez que quedó lista la fachada mandó a barnizar todas las piedras. El impacto visual era agradable. Tal vez por esto sigo amando los muretes de piedra que aún sobreviven en algunos lugares de la ciudad, los muretes que hay en muchos terrenos de comunidades rurales.
Soy de memoria muy endeble. Debí pensar que necesitaba hacer un registro fotográfico de los espacios donde viví. ¿Cómo fueron las casas donde vivimos muchos comitecos en la Ciudad de México, las casas que rentaba doña Rome? ¿Siguen ahí, como cuando vivimos siendo estudiantes? Uno de mis soportes es Google Maps. La casa de la calle Tlacotalpan tiene pocas modificaciones en su fachada, por eso puedo pepenar hilos para bordar mi memoria actual. ¡No! La casa de Eugenia, en la colonia Narvarte, ya no existe, bueno, con decir que la misma avenida Eugenia, parece, está convertida en un eje vial. Recuerdo algunos lugares interiores de la casa, por supuesto, el primer cuarto donde dormí, que era un cuarto con piso de madera, paredes de madera y una ventanita. Era una construcción pequeña, hechiza, alzada, construida en el sitio de la casa. No había más espacio. Al poco tiempo, doña Rome me envió a una recámara formal y ahí viví hasta que con amigos rentamos un departamento en Avenida Cuauhtémoc. Sí, este edificio sí se conserva, con ligeras modificaciones, lo que sí ha cambiado bastante es el entorno. Todo se transforma. Parecería que existe un intento de borrar parte de nuestras historias. La guadaña del tiempo es implacable. Las casas se transforman, en muchas ocasiones son vendidas y quienes las adquieren las convierten en plazas con locales comerciales. El sentido familiar pierde su cimiento.
Posdata: dibujé un ligero boceto. Rasqué en mi memoria y reconstruí, hasta donde pude, la fachada que mi papá soñó. Al vender la casa, la fachada y el interior fueron modificados en su totalidad. Ahora traté de rescatarla, de colocarla sobre la 3ª avenida norte poniente, de sobreponer la fachada a la fachada que ahora tiene el hotel.
Te pido, por favor, que ahora salgás (con cubrebocas) y tomés dos, tres, cuatro, cinco, muchas fotografías de la fachada de tu casa. Tomá varias selfies, para que tengás registro de que ahí, junto a tu rostro, está el rostro de la casa que te cobija. Algún día, es inevitable, esos rostros cambiarán, el tuyo se llenará de arrugas y, en el mejor de los casos, tu casa también tomará el color pergamino de la vejez. Y digo, en el mejor de los casos, porque puede ser que alguien de la familia, como lo hizo Lucía Méndez, quiera colocarle Botox para mejorarla, para quitarle las arrugas y con eso perderá su cara normal.
El mundo es extraño, hay que consentir nuestra pequeña parcela, consentirla, amarla.
martes, 31 de mayo de 2022
CARTA A MARIANA, CON NOTICIA SENSACIONAL
Querida Mariana: el glorioso Colegio Mariano N. Ruiz sigue cosechando triunfos. El 26 de mayo de 2022 se efectuó la “Expo Ciencias Chiapas 2022”, en el Parque Temático Infantil Ya’Ax-Ná, en nuestro pueblo. Ya’Ax-Ná fue una de las dos sedes presenciales del concurso. La otra sede elegida fue el Campus Chiapas del Tecnológico Nacional de México.
La convocatoria mencionó que en cada una de las dos sedes se elegirían cuatro proyectos para conformar la Delegación Chiapaneca que participará en la Expo Ciencias Nacional San Luis Potosí 2022. San Luis Potosí, maravillosa tierra mexicana.
¿Y qué creés? ¡Sí! Uno de los cuatro proyectos elegidos en la sede de Comitán para representar a Chiapas en la Expo Ciencias Nacional fue el de nuestra institución: “Centro de Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas de Chiapas”, presentado por: Daniel Pérez Hernández, Fernando Alonso Sánchez Domínguez y Luis Daniel Guillén Velasco, estudiantes del cuarto semestre de la Licenciatura en Trabajo Social, de nuestra Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar, con la asesoría de la Maestra Wendy Castellanos Solís
¡Ah, qué orgullo! Expo Ciencias es un evento anual, que organiza la Red Nacional de Actividades Juveniles en Ciencia y Tecnología. El comité organizador hace énfasis en que el objetivo es promover la participación de niños, niñas y jóvenes en proyectos científicos, técnicos, de investigación y divulgación.
En 2021, en forma virtual, San Luis Potosí obtuvo la sede para el acto presencial en 2022. Jalisco y Nayarit presentaron oficial solicitud para que fueran designados como estados sede de este acto relevante.
Ahora, los estudiantes de la UMNRS, con su maestra Wendy Castellanos, asistirán al lado de siete instituciones chiapanecas para llevar la representación al gran evento nacional.
Los anfitriones de La Expo Ciencias serán los integrantes de la comunidad de la Facultad de Ciencias, de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
Vos, cuando fuiste estudiante de bachillerato, tuviste el altísimo honor de participar en un evento cultural nacional. Sabés el orgullo que significa llevar la representación de tu institución y de tu estado natal. Chiapas siempre está bien representado en el deporte, la cultura y la ciencia.
El Colegio Mariano N. Ruiz, en sus setenta y dos años de fructífera vida, siempre ha cosechado luz, porque ha sembrado con amor y pasión en tierra fértil. Ahora, Daniel, Fernando y Luis confirman la tradición de estudiantes de excelencia, y la maestra Wendy reafirma la calidad de los catedráticos que honran al magisterio de la región.
Posdata: ya circula la invitación general del evento nacional, que se celebrará en el mes de diciembre de 2022. En una de las fotografías del collage distingo el Jardín Escultórico que creó Edward James, que es la realización de una maravillosa idea surrealista. Ah, espacio increíble.
El acto será monumental. ¿Sabés cuántos estudiantes acudirán? Dos mil niños y jóvenes, representantes de los treinta y dos estados de la república mexicana. Además, acudirán académicos, investigadores y estudiantes de quince países invitados. Ah, qué buen guateque cultural.
El maestro Roberto Hidalgo, coordinador general de la Red Nacional de Actividades Juveniles en Ciencia y Tecnología, expresó: “queremos sembrar en niños y jóvenes la idea de que la ciencia y la tecnología son importantes para el desarrollo del país”
¿Mirás? Nadie duda de esa certeza. Nuestra patria crecerá luminosa si las nuevas generaciones se involucran en el estudio de la ciencia y en su aplicación. El Colegio Mariano N. Ruiz cumple con su cometido de siembra.
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