domingo, 8 de febrero de 2026
CARTA A MARIANA, CON EL LIBRO LÁZARA
Querida Mariana: la poeta Mirtha Luz Pérez Robledo vino a Comitán, su Comitán. ¿Recordás que ella escribió que no era de Comitán, que Comitán era suyo?
Quienes vivimos en Comitán, vivimos en su propiedad. Como no es la clásica terrateniente de tiempos de Rosario Castellanos, ella es generosa y nos permite habitar su corpus y acá vivimos tranquilos, bueno, más o menos tranquilos, gozando de los dones de su pueblo. Mirtha no sólo nos permite vivir en su Comitán, generosa, nos regala árboles de palabras que son como frutos jugosos para calmar el hambre y la sed.
Muchos adoradores de la palabra la reconocen, por esto, tiene muchos afectos en su pueblo, ya ciudad. Muchas de sus amistades la acompañaron la tarde del 6 de febrero 2026, que estuvo en Comitán.
Estuvo en el auditorio Roberto Cordero Citalán, autor de la canción “Comitán”, que dice que el pueblo de Mirtha es “de Las Flores”, por esto el director del Centro Cultural Rosario Castellanos dijo que la poeta es una joya de este pueblo, una flor de este jardín pleno.
¿A qué vino Mirtha? A abrir las manos y regar palabras, vino a sembrar un testimonio de luz, en medio de la oscuridad; vino a sembrar esperanza de vida que conjure la desgracia.
Hace muchos años, el genial Eduardo Matos Moctezuma (el equipo de Arenilla lo saludó en la FIL de Guadalajara 2025) descubrió el enorme tzompantli, que es un mural prehispánico con cráneos de víctimas sacrificadas. ¿Por qué hablo del tzompantli? Porque Mirtha, en el libro “Lázara”, en pleno siglo XXI lega al mundo un tzompantli con palabras.
La gran poesía está relacionada con la vida y, sobre todo, con la muerte; el tema es Eros y Tánatos; Mirtha ha escrito un libro con palabras que oscilan entre esa dualidad, ha escrito su “Muerte sin fin”. Así como Rosario escribió “Memorial de Tlatelolco”, Sabines “La muerte del Mayor Sabines” y Miguel Ángel Godínez Gutiérrez “Aire, otra vez”, dedicado a la muerte de su hijito, Mirtha ha escrito “Lázara”.
Fui a saludar a la poeta, quien estuvo acompañada por dos comentaristas: Chusy Coutiño, destacada promotora cultural, y por el poeta Arbey Rivera, director de cultura del Ayuntamiento de La Independencia; y por la moderadora Aurorita Avendaño.
Cuando los visitantes se paran frente al tzompantli prehispánico hay una ficha que explica la cosmogonía de tal visión. Cuando llegué a casa, abrí el libro “Lázara” y hallé un breve texto escrito por Mirtha que habla de la concepción de su particular tzompantli. En ese textillo está explicado todo, no necesita agregarse una palabra más. Te lo comparto:
“Lázara es una palabra que me dice “levántate y anda” y es también la palabra de mi hija, que a pesar de su caída sigue hablando y caminando. Lázara es ella y soy yo, somos las dos en una misma senda. Lázara es este mundo que he inventado a partir de las palabras donde habitamos las dos: juntas hemos llegado. Lázara es un libro y un mundo y un camino de luz que caminamos ella y yo, que invitamos a otras personas a caminar con nosotras, para que a partir de las palabras de este libro las personas puedan encontrar otras palabras, sus propias palabras y puedan decir lo que quieran decir, para que lo que les duela tome un camino a través de las palabras y salga de su cuerpo y de su alma y cada palabra les ayude a sanar”
Posdata: Nadia Vera, hija de Mirtha, nació el 8 de febrero de 1983, en Comitán; y fue brutalmente asesinada el 31 de julio de 2015. El dolor de una madre no puede comprenderse a cabalidad, es una gruta donde cae puntualmente una gota fría, ácida, putrefacta, infinita. Mirtha comparte esa grieta y, generosa, advierte a quien pase por esa ingrata experiencia humana que puedan encontrar sus propias palabras y que “cada palabra les ayude a sanar”.
Su tzompantli está hecho de palabras que van más allá de la cosmogonía de los mexicas, hay calaveras que gritan con voz muda, pero, además el muro de Mirtha advierte: “Resucitar es la consigna / aunque haya que morir mil veces”. Un mensaje puede ser que la esperanza, como el barco, debe navegar, aunque el viento sea contrario.
¡Tzatz Comitán!
