domingo, 1 de noviembre de 2026
CARTA A MARIANA, CON LOS AÑOS SETENTA Y OCHENTA EN COMITÁN
Querida Mariana: ¡mirá mi cara! Mirala bien. Sí, estoy feliz. ¿Ya viste la foto que anexo? Te cuento. Estaba en la oficina. Tenemos mucho trabajo. Preparamos la revista de Arenilla que llevaremos a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2026. Estamos emocionados. Seremos embajadores de Comitán y de la región. Entregaremos ejemplares a muchas personas que visitan el pabellón. Estuvimos el año pasado. En 2025 llegó casi un millón de visitantes. En el equipo editorial de Arenilla vaticinamos que ahora llegará más del millón. ¿Mirás qué digo? Más de un millón de personas convocadas por el libro impreso. Ah, la gran feria de la inteligencia y de la imaginación. La feria del libro más importante de toda Hispanoamérica. ¡Nadita! Redactaba un texto en la computadora cuando recordé que mi bolígrafo se había quedado sin tinta (ay, señor, qué tipo de asociaciones mentales). Los expertos recomiendan no estar mucho tiempo sentado. Si la actividad profesional exige estar apachurrado en un asiento es preciso darse un ligero descanso, pararse, que la mirada deje la pantalla. Así que decidí caminar dos cuadras para comprar una pluma BIC, la que no sabe fallar. Subí la pendiente, di vuelta a la derecha, pasé frente a las oficinas donde pagamos el impuesto predial (casa de la familia de Don Pepe Castellanos), luego crucé la calle y llegué a la papelería. Un bolígrafo, tinta azul, punto fino, por favor. Siete pesos. Pagué con monedas. Salí. Crucé la calle y caminé por la banqueta donde está la peluquería, los hoteles de Don Arturito, donde es un entradero y salidero de muchachas y llegué al edificio del Hotel La Alborada, que cuenta con un Italian Coffee y… ¡no, no! No puede ser, pensé. Al término de una pequeña escalinata que da a un salón en el sótano escuché música, como si, ¡exacto!, como si fueran los años setenta. Vos sos muy joven, pero gente de mi rodada y un poco más joven recuerda que en el entonces Hotel Robert’s, de la familia Cordero, había en ese mismo espacio la Disco Tzisquirrín. Ahora, en la mañana del 31 de octubre de 2026, al bajar la escalinata encontré el letrero que dice: Tzisquirrín. Ver el letrero me envió, de inmediato, más rápido que en Infinitum, a los años juveniles, cuando con amigos y amigas entrábamos a bailar la música de los Bee Gees, la que aparecía en la película de Travolta: “Fiebre de sábado por la noche”; la música de la reina Gloria Gaynor. Todos los estudiantes que regresábamos al pueblo en época de vacaciones íbamos a la Tzisquirrín, a echar traguito y a bailar, con los pantalones acampanados, con los zapatos de plataforma, con el cabello largo, con colgajos en el pecho, con camisas sicodélicas. La onda setentera estaba instalada en la disco de ese maravilloso hotel.
No pude evitar la tentación, husmeé, como un delincuente y vi, ¡genial!, ¡increíble!, la pista iluminada, como se estilaba en aquellos lejanos años del siglo XX. Todo a media luz, con luz estroboscópica. ¡Dios mío! Regresé a mis tiempos juveniles, con apenas hacer labor de fisgón. Al fondo estaba el propietario del hotel, el Rector de la UDS, Maestro Víctor Manuel Albores Alcázar. Me vio y muy afectuoso caminó para saludarme, me dijo que era festejo de cumpleaños, le di un abrazo con cariño y le deseé muchos años más, con salud y prosperidad. Él no bebe trago, ni fuma, se mantiene muy sano. Lo felicité, extendí mi sonrisa de colibrí alebrestado y le dije que ese espacio era un maravilloso pasaje al pasado, me dijo que sí, en efecto, era abono en el árbol de la nostalgia. No funcionará como discoteca, ¡no!, será un salón de fiestas, para que todas las personas que disfrutaron en ese espacio puedan rememorar tiempos idos y las nuevas generaciones se acerquen a lo que fue un verdadero paraíso musical.
Ya te conté que el otro día pasé a visitar SOUL, en el barrio de Guadalupe, ellos cuentan con una sala de spinning donde todo es como una disco. Los chicos y chicas hacen ejercicio, a media luz, escuchando música juvenil. Es algo maravilloso, como maravilloso será rentar el espacio de la Tzisquirrín y gozar el ambiente donde Gloria Gaynor fue la reina indiscutible, sacar los pasos prohibidos y sentirse como John Travolta, sentir que la vida también puede, por un momento, hacer una pausa en la veloz carrera del tiempo.
Posdata: me despedí del Maestro Víctor Manuel, saludé a su hijo, siempre amable, muy formal. Felicité a ambos. Subí la breve escalinata y el sol maravilloso del pueblo maravilloso de Comitán acarició mi cara emocionada. Caminé, casi casi escuchando la música de los Bee Gees, casi casi bailando. Ah, fue un tiempo exquisito. En Nueva York los artistas más renombrados bailaban en el Studio 54; los artistas de acá disfrutábamos el baile en la Disco Tzisquirrín. Fue el Hotel Robert’s, ahora es el Hotel La Alborada. Los grandes empresarios locales hacen posible los sueños de tantos. Volví a la oficina, para continuar con la chamba. En mi cabeza sonaba la canción de la Gaynor: “…I will survive…”
¡Tzatz Comitán!
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