jueves, 15 de agosto de 2019

CARTA A MARIANA, DONDE APARECE ANGELITO GABRIEL




Querida Mariana: Digo que en esta carta aparece Angelito Gabriel, y esto es como decir que aparece uno de los mejores fotógrafos que ha parido esta tierra.
Muchos amigos y conocidos lo tratan así: Angelito Gabriel, porque éste es el nombre que él ha elegido para que el mundo lo reconozca. Se trata con cariño, con el mismo cariño con que él trata a su cámara y a sus modelos.
Hace años que conozco a Gabriel. No diré que tengo mil años de conocer a Gabriel, porque sería ofenderlo, porque él es muy joven, tan joven como joven la luz que es su aura permanente, porque (todo mundo lo sabe) los ángeles siempre están rodeados de un aro de luz que los protege de la maldad del mundo y los hace seres especiales. Angelito Gabriel, a pesar de ser un ser que pertenece al Monte Olimpo donde, dicen los que saben, juguetean los dioses con las mortales, es, asimismo, muy terrenal. Muchos comitecos se topetean con él en subidas o bajadas, en la calle o en el café, en la montaña o en el valle, siempre, como fauno artístico, persiguiendo muchachas bonitas. Estas muchachas se dejan seducir, porque saben que si posan para una sesión fotográfica de Angelito Gabriel será su entrada al espacio donde sólo las elegidas tienen entrada. Digo que Angelito Gabriel es uno de los mejores fotógrafos que ha parido esta tierra (hay varios, por fortuna), pero sostengo que no hay otro en esta tierra que haga los estupendos retratos que él hace de muchachas bonitas. Su archivo personal es el álbum más hermoso de las chicas más hermosas de este planeta. Su talento es digno de las chicas comitecas, como lo sería si estuviera en Hollywood o en Cannes.
Digo que conozco desde hace muchos años a Angelito Gabriel, como buen viejo diría que lo conocí desde que era una criaturita y se trepaba a las piernas de su papá, en la vieja sala de su casa, para escarbar en libros ilustrados.
Como le dije hace días, en ese momento no advertí que estaba frente a un niño que, pasado el tiempo, llegaría a ser uno de los grandes. Sé que su arte, poco a poco, como debe añejarse el buen vino hijo de la luz, irradiará el mundo, porque en su nombre está signado su destino: Él es un hombre cuyo sino es dar nuevas buenas, es el enviado de Dios para llenar de aire los cuerpos y espíritus de muchachas bonitas, es el hijo de la madre luminiscente.
Acá, en esta carta, donde aparece Angelito Gabriel, aparte de lo que ya dije, quiero contarte algo que espero vos me expliqués. Angelito siempre que me ve me dice que lo mío, lo mío, es la fotografía. “Padrinito -me dice Gabriel- no me gusta lo que escribís; en cambio, me gustan las fotografías que hacés”. Angelito Gabriel es mi ahijado (como decimos los comitecos, en plan de reclamo afectuoso: ¿Quién será tu padrino?). Angelito Gabriel, muy serio, con la cámara sujeta a una cinta atada al cuello, me dice que muchos escritores (más o menos de mi edad) dejaron la pluma y el cuaderno y se dedicaron a la fotografía. Yo no sé por qué, cuando dice lo que dice, pienso en Juan Rulfo, quien, aparte de ser uno de los mejores escritores de lengua española (Carlos Fuentes sostenía que la mejor novela mexicana del siglo XX, sin duda, era “Pedro Páramo”, yo lo dudo, pero bueno, esto es ajo de otro platillo.) llegó a ser un excelso fotógrafo. Pero, la verdad, la verdad, no soy Juan Rulfo y en este sentido le doy crédito a lo que Angelito Gabriel sostiene respecto a mi escritura. Aspiro a escribir algún día la uña de Pedro Páramo, pongo mi intelecto y emoción a la hora de redactar un textillo para que el páramo de mi creatividad siembre algún árbol que, aunque sea torcido, dé cuenta de mi pasión por las palabras. Y, luego, la verdad, la verdad, tampoco poseo el don de lo que Angelito Gabriel dice que es lo mío, lo mío. No, con perdón del pensamiento de mi ahijado, digo que lo mío, lo mío, es la escritura. Las fotografías que subo a las redes sociales son mera ilustración de mis palabras. Me interesa que, en este siglo de la imagen, el lector no se quede con la fotografía, sino que, con una cucharita, paladee cada una de las palabras que encaramo en ese árbol inmenso donde aparecen nombres ilustres como el de Juan Rulfo, como el de Fernando Del Paso, como el de Julio Cortázar, como el de Gabriel García Márquez. Pero no soy como ellos, por esto, cada mañana, a las cuatro, debo ponerme a hacer rounds de sombra. “No me gusta lo que escribís”, dice Angelito Gabriel, sostiene que debería dedicarme a lo mismo que él se dedica: a tomar fotografías; pero, así como sostengo que no soy el genio que fue Juan Rulfo, así sostengo que no soy el genio que él es, porque, esto sí, medio mundo reconoce que el genio de la luz para el retrato femenil es mi ahijado. ¡Ah, qué mirada tan de Dios juguetón, tan de ardilla ojo azul! Angelito Gabriel está destinado a dar nuevas buenas a todo el mundo y todo el mundo recibirá su don, porque, la verdad, la verdad, lo suyo, lo suyo ¡es la fotografía!
Posdata: Para demostrar que lo mío, lo mío, no es la fotografía, te paso copia de una instantánea que le tomé la noche de elección de reina de la Expo Feria Internacional Comitán 2019. Lo hago sólo para que mirés que soy muy mal fotógrafo. Esta imagen está fuera de foco y oscura, pero sí da cuenta de la grandeza del genio a la hora que, inmenso ángel de luz, capta el instante que vuelve eterno.
Esta carta, después de todo, es para decir que lo suyo, lo suyo, es la fotografía; y que, aunque él diga lo contrario, pienso que lo mío, lo mío, es la escritura. Sé que la misma víbora metálica que le rodea el cuerpo a la hora que está frente a una muchacha bonita y oprime el botón de la cámara, es la misma serpiente que me rodea el espíritu a la hora que redacto un textillo.
Sólo en una cosa coincidimos: Lo nuestro, lo nuestro, es ¡la vida! Somos enviados para hacer eternos los instantes, él con la imagen y yo ¡con la palabra!, porque la palabra es la luz de la imagen.

miércoles, 14 de agosto de 2019

LECTURA DE UNA FOTOGRAFÍA, ENVIADA POR EUGENIO CÓRDOVA




Los elementos son sencillos. Todos son naturales. No se advierte la presencia del ser humano, aunque siempre está, como si estuviera detrás de un árbol.
Tal vez, debajo de la laja del piso hay cemento; tal vez, las mesas y sillas tienen clavos; tal vez, alguna mano femenina colocó la orquídea sobre el árbol; tal vez, alguna mano masculina cortó las ramas del árbol; tal vez, un grupo de hombres construyó la palapa que se ve al fondo, agregó las palmas del techo, los asientos hechos con troncos; tal vez, la mano del ser humano dejó el montón de basura que está a la orilla del lago; tal vez, un grupo de hombres está en la cima del cerro, con escopetas, en busca de un quetzal. No se sabe, bien a bien, qué hace el ser humano, pero se advierte su presencia. Si fuéramos mastines, oleríamos la presencia del hombre, bastaría echar hacia adelante el hocico para advertir, en la cuerda del aire, la peste a sudor, a humo de cigarro, a alcohol, a vómito, a carne de venado.
Porque, esta mesa del primer plano advierte que todo está dispuesto para una reunión de dos personas. Katia sueña que las dos sillas sean ocupadas por una abuela y su nieta, que la abuela se siente dando la espalda al lago, que se siente en la silla más fuerte; mientras, en la otra silla, la endeble, la que acusa ya las arrugas de la vejez, se siente la nieta; Katia sueña con que ambas jueguen lotería, con cartas llenas de color y piedritas pepenadas en la arena de la orilla del lago; sueña un sueño plácido, envuelto en el chal gris de esa tarde adolescente. “Para el sol y para el agua: ¡el paraguas!”
Mientras tanto, Chendo sueña el sueño donde Karina, ¡ah, su Karina amada!, se sienta en la silla fuerte, después de echarse un chapuzón en las aguas del lago. La ve envuelta en una bata de toalla blanca, con el cabello mojado, con las gotas resbalando por el pecho y jugando escondidas en los labios de sus pezones; la imagina con el traje de dos piezas que usó a la hora de bracear a mitad del lago; la imagina húmeda, dispuesta a beber el coctel que le preparó; dispuesta a esperar la llegada de la noche, para observar los cientos de chispas que brotarán en el fogón de las luciérnagas. “Súbeme paso a pasito, no quieras pegar brinquitos: ¡la escalera!”
Mas, Karina no sueña con Chendo, ella sueña que quien está sentado en la silla fuerte es su papá, quien (¡cómo lo lamenta!) falleció apenas el año pasado de cáncer de próstata. Su papá, cuando ella era niña la llevaba a Montebello y le enseñaba a levantar piedras lisas y aventarlas al lago para hacer patitos. Le indicaba cómo agarrar la piedra, cómo extender el brazo, casi formando una horizontal, y cómo soltarla sobre la superficie del agua, para que aquella brincara, juguetona, dos o tres veces antes de hundirse. ¡Ah, cómo disfrutaba Karina esos instantes prodigiosos! Instantes que olían a juncia, a bombones asados, a plástico de tienda de campaña, a lluvia fina, a caminata por senderos húmedos. “El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija: ¡el árbol!”
Todo es un templo para orar, un refugio de la naturaleza. El ser humano debería caminar en puntillas, para no despertar a la niña hierba, para no molestar al tronco anciano. El ser humano debería pararse frente a esta mesa y colocar una vela como ofrenda. Antes de colocar el juego de lotería, las piedritas, el café con pan, la botella de trago con la botana, la carne asada, el chorizo asado en brasas, las tortillas recién salidas del comal, el té para la abuela, antes de todo esto, debería poner un brasero con incienso para celebrar la grandeza del universo, porque antes, mucho antes que el hombre hiciera esta mesa y estas sillas y esta palapa y estos pisos, mucho antes, ya la mano divina había hecho el prodigio del árbol, del agua, de la hierba, de la nube, del cielo, del aire. La tierra es la madre, por ello, el hombre, hijo de la tierra, debe hincarse ante ella, abrir los brazos, cerrar los ojos, y, humilde, reconocer que no merece ser hijo de mujer tan noble, que, en esta fotografía, aparece con el rostro gris, pero siempre digno. “Pórtate bien, cuatito, si no te lleva el coloradito: ¡el diablo!”

martes, 13 de agosto de 2019

CARTA A MARIANA, CON LO QUE HUMBERTO RESPONDIÓ




Querida Mariana: A Humberto le preguntaron: ¿Te volverías a casar? ¿Qué pensás que respondió? Dijo que sí, que lo volvería a hacer, pero no se casaría por ninguna de las dos leyes: ni por la ley civil, ni por la ley religiosa. ¡No! Dijo que se casaría de acuerdo al dictado natural que dice que la vida es mucho mejor si es compartida. Cada ser humano tiene sueños, pero éstos no deben cancelarse al estar en una relación. La pareja debe compartir y apuntalar los sueños individuales y sostener los comunes.
Según el diccionario, matrimonio es la unión de dos personas a través de un rito. Los ritos de la ley civil y de la ley religiosa incluyen un documento que consigna que dichas personas se unieron en matrimonio. La sentencia popular advierte que “papelito habla”, el papelito es el que da fe del ritual en que dos personas decidieron caminar la misma senda, viendo hacia el mismo horizonte, sin que, necesariamente, tengan que renunciar a sus sueños personales. La definición no descarta que el rito sea un rito especial, uno que se aparte de los dictados por la sociedad. Humberto se pregunta y pregunta a medio mundo: ¿Puede una pareja unir sus manos debajo de un chorro de agua, en La Pila, y jurarse amor? ¿Puede hacerse esto, sin necesidad de papelitos? Él responde que sí, es un convencido de ello. Humberto se casó hace treinta y dos años, lo hizo por los dos ritos: el católico y el civil. Y él y Paty la llevan bien. Tienen dos hijos, una nuera y un nieto. Su nuera y el hijo ya no se casaron por la iglesia, sólo por lo civil.
Humberto respondió que sí se volvería a casar, pero lo haría sin realizar todos los protocolos que se vio obligado a cumplir hace treinta tantos años. No volvería al templo, para no escuchar el sermón que brinda un sacerdote, cuya experiencia en relaciones de pareja es la inaprehensible relación mística con Dios. Escuchar consejos de un sacerdote para una buena relación de pareja terrenal, dice Humberto, es como escuchar consejos para un maratonista por parte de un parapléjico. Humberto dice que Jesús dijo que su reino no era de este mundo. Los sacerdotes deberían reconocer lo que Jesús dijo. Cristo fue un hombre honesto y sencillo que sigue siendo reconocido en su grandeza, porque reconoció que su reino era de otro mundo. Jesús no tuvo necesidad de andar con sermones larguísimos, le bastó recomendar amarse los unos a los otros, para dejar establecida la base esencial del matrimonio. Los que saben dicen que todo lo sustenta el amor. Sin amor, vale cacahuate el papelito y demás parafernalias.
Me volvería a casar, respondió Humberto, pero, aseguró que no compartiría su felicidad con los cercanos de la sociedad; es decir, amigos, tíos, abuelos, hermanos y papás, porque el matrimonio, así lo dice el diccionario y así lo piensa él, es la unión de dos personas. La definición de matrimonio no habla de que tal ritual sea motivo para compartir con una multitud. La relación de pareja es cosa de dos.
Armando contaba la anécdota de una pareja de novios (ella era muy consentida), que fue acompañada por la mamá de la novia en su luna de miel.
¿Por qué medio mundo hace fiestas matrimoniales donde medio mundo critica la organización? Cuando los invitados están bebiendo y comiendo no faltan los comentarios al estilo de: “¿Ya miraste el vestido de la Guadalupe? Toda la pechuga va mostrando, así será su necesidad.” “Ah, el Arturo, ya está bien bolo, haciendo desfiguros. Siempre se pone hasta atrás en las bodas, como bebe de gorra.” “¿Cuánto de apuesta que los recién casados no llegan ni a dos años juntos?” “Puro tequila corriente nos están sirviendo.” “Se casó de blanco, pero dicen las malas lenguas que ya tiene un embarazo de tres meses.”
Posdata: Estos tiempos ya toleran todos los tipos de relación. La ley concede derechos a quienes, sin haberse casado por lo civil, mantienen una relación de concubinato.
Humberto, sin pensarlo dos veces, dice que sí, que sí se volvería a casar con su Paty, pero lo haría sin ir al altar y sin firma en el registro civil. Lo haría frente a los chorros de La Pila, ambos tomados de las manos, recibiendo el agua, que sería la bendición.
Ya sé qué estás pensando: ¿Y si los chorros no tienen agua? Ah, entonces, bastaría con el aire bendito de este pueblo.

lunes, 12 de agosto de 2019

CARTA A MARIANA, CON DOS ÁNGELES HINCADOS




Querida Mariana: ¿Ya viste a los dos ángeles del templo de San José? Sí, el templo de San José, en Comitán, tiene, al centro, una imagen de San José con su hijo Jesús, y, en los nichos inferiores tiene dos ángeles hincados, con alas soberbias. Los ángeles postrados rinden honran al santo que en esa iglesia se venera.
El templo de San José es un templo cercano al centro de Comitán, está a cuadra y media del parque central. Tres son los templos más cercanos al parque central. Tenemos el templo de Santo Domingo, que, por estar dedicado a nuestro santo patrono, está mero en el centro; luego está el templo de El Calvario; y, por último, el templo de San José, que es el templo consentido de los comitecos para realizar bodas. A los novios les encanta el aura que envuelve el interior de la nave del templo. ¿Será porque cuando los novios se hincan ante el retablo, para jurarse amor eterno, adoptan la misma posición de esos ángeles?
La pareja que acá se ve renovaron su promesa, ante la imagen de San José. Hubo un instante en que se hincaron como ángeles ante la imagen de quien representa, para la comunidad católica, el pilar fundamental de la familia: San José. Porque este santo varón, en unión de su esposa, la Virgen María, y su hijo Jesús, formaron lo que se llama La Sagrada Familia.
La pareja que acá se ve renovó la promesa de apuntalar a su sagrada familia, porque ellos, esa noche, reafirmaron sus votos formulados hace sesenta años, ¡sesenta años! ¡Pucha, qué prodigio de lazo de diamante!
Siempre he sido muy respetuoso de los diversos modos en que se constituyen las parejas. Me encanta que Mercedes y Ramón llevan como veintidós años juntos, tiempo en que procrearon tres hijos y uno de ellos ya los hará abuelos. Nunca pasaron por templo alguno, nunca pasaron por registro civil alguno. Ellos, como dicen en el pueblo, se rejuntaron. Un buen día decidieron que la vida compartida sería más efectiva y comenzaron a vivir juntos y, hasta el momento, han formado una familia ejemplar.
Ahora, me cuenta Ericka, muchos jóvenes viven juntos, pero separados. Son pareja, pero cada uno tiene su propia casa. Tal vez lo hacen para no sobrecargarse, para, como árboles de bosque, estar cerca en sus raíces, pero con una burbuja de aire en el medio.
Si una relación está dictada por el amor y la pasión, que la pareja decida cómo quiere unirse.
Lo que de pronto da un cierto sentimiento de zozobra, es cuando mirás a una pareja católica que se hunde en la grieta de la separación, olvidando que una tarde se hincó ante un altar y juró que se amaría por siempre.
Los motivos de separación son múltiples y, de igual manera, los ajenos debemos ser respetuosos de las decisiones de la pareja. Sólo ellos, y Dios, reconocen sus motivos. Por esto, es señal de júbilo cuando uno se topa con parejas que, a pesar de las adversidades naturales, logran salvar escollos y permanecen juntos y fieles a la promesa de quererse para toda la vida.
Comparto esta fotografía con vos, porque llegar a cumplir sesenta años de matrimonio e hincarse ante el altar para confirmar la promesa de amor perenne es un acto que emociona.
Uno pide que cada vez que una pareja se hinca (como ángeles) ante un altar, la promesa se cumpla. No siempre es así. Tengo dos amigos cercanos que se casaron ilusionados y, tiempo después, debieron romper su promesa y mandarla al basurero.
Los mayores dicen que estos tiempos se volvieron desechables; dicen que antes todo tenía compostura; sostienen que ahora cuando algo se deteriora se desecha; dicen que esto ha hecho que también las relaciones interpersonales cambien.
Por esto, porque ahora parece que todo es desechable, es emotivo ser testigo de un acto donde una pareja renueva su promesa hecha sesenta años atrás; se hincan ante el altar y, como ángeles, frente a la imagen de José Padre y de Jesús Hijo, juran permanecer unidos hasta que la muerte los separe, y lo hacen rodeados de hijos, nueras, yernos, nietos y bisnietos. Ellos apuntalan lo mejor de la sociedad: la sagrada familia.
Posdata: Por esto, querida mía, dejá que mande un abrazo respetuoso a mis compadres María del Carmen y Roberto, quienes son los ángeles que acá están frente al altar del templo de San José, el templo consentido por los comitecos para formular votos matrimoniales. Y esto es así, porque el templo de San José, en Comitán, es un templo bien bonito.
Mis compadres cumplieron sesenta años de vida matrimonial. ¡Sesenta años! Y llegaron frente al altar a renovar sus votos, con la misma ilusión del primer día, porque aquella rama endeble se ha convertido en un gran árbol que convoca lluvias buenas, concede sombra, oxigena el aire bendito de estas tierras y permite que en su fronda existan nidos de aves nuevas. Que lo que Dios sembró ¡no lo tale el hombre!

sábado, 10 de agosto de 2019

CARTA A MARIANA, CON AROMA DE MAGUEY




Querida Mariana: Muchas veces hemos dicho que el comiteco más famoso es “El Comiteco”. A ver, a ver, no nos hagamos bolas, cuando digo comiteco hablo de la bebida alcohólica que tanta fama le dio a nuestro pueblo. Ya te he dicho en varias ocasiones que en la literatura aparece, con frecuencia, la mención a esta bebida espirituosa. El otro día le di una relectura a “Los labios del silencio”, novela de Óscar Bonifaz, y ahí me topé con la mención del comiteco. ¿Querés saber qué dice Bonifaz de esta bebida? Acá va copia de un fragmento: “El aguardiente llamado “Comiteco” se fabricaba en rústicos alambiques donde se procesaba el aguamiel extraído de los inmensos magueyales que pintaron de verde-gris el paisaje comiteco.”
Pero no sólo Bonifaz ha incluido en su obra literaria al comiteco, ¡no! El comiteco llegó a ser tan famoso que obtuvo la mirada de más escritores. He hallado menciones del comiteco en la obra de los siguientes escritores: Heberto Morales Constantino, Rosario Castellanos, Miguel Ángel Asturias (¡premio Nobel de Literatura!), María Luisa Armendáriz, Fernando del Paso (Premio Cervantes, de literatura), Eraclio Zepeda y César Pineda del Valle.
¿Por qué el comiteco aparece en muchas páginas de obras literarias? Ah, pues, porque era una bebida tradicional de calidad. Una tarde de éstas, el chef Sergio Caballero, propietario del restaurante ‘Ta Bonitío, dijo una frase muy bella y muy puntual, dijo que el tequila y el mezcal lo hacen de la piña del agave, a diferencia del comiteco que lo hacen del destilado de “la sangre del agave”. ¿Mirás? Sí, yo nunca he ido a aquellas regiones de Jalisco donde preparan el tequila, pero amigos míos han hecho la ruta y me contaron que los jimadores quitan las hojas del agave y dejan sólo “el corazón”. Esta piña es la que cocen en hornos de mampostería. Y, bueno, sigue el proceso de molienda, de fermentación, de maduración y de filtración, momento en que ya está listo para su envase y para que llegue a todas las mesas del mundo (¡sí, del mundo!) para su disfrute. Lo mismo sucede con el mezcal.
¿Te conté que una vez estuve en Zacatecas y caminé al lado de un grupo nutrido de jóvenes, viejos y visitantes que participaban en una callejoneada? ¡Ah, qué experiencia tan llena de vida! Vos sabés que Zacatecas es una ciudad bellísima. Bueno, pues caminar por sus calles al lado de muchachos bonitos que cantan, bailan y beben es como meter los pies en un río de agua limpia. Me sorprendió que todos llevaban una tacita donde recibían traguito. ¿Qué pensás que bebían? Mezcal, mezcal de zacatecas. Yo tenía la idea de que el mezcal sólo lo preparaban en Oaxaca. Pues no, en Zacatecas también preparan su mezcal artesanal. Tan es así que, igual que en Jalisco tienen su ruta del tequila, en Zacatecas tienen su ruta del mezcal. ¿Y la cheyene, apá?; es decir, ¿en dónde está la ruta del comiteco?
El tequila y el mezcal son, ahora, bebidas posicionadas como bebidas relevantes, en México y en el mundo. En las mejores mesas se degusta el tequila y el mezcal. Son bebidas alcohólicas más naturales, sin los químicos que tienen las otras bebidas. También ya te conté que una tarde, tarde gloriosa, estaba en Oaxaca, capital, sentado ante una mesa de un café, debajo de una sombrilla, colocada en un andador. Acompañaba a mi jefe de ese tiempo, quien era (es) amigo de un escritor casado con una chica que fue directora de radio UNAM. El amigo era director del museo de arte contemporáneo, en Oaxaca, y nos había invitado a tomar un mezcal. Sabés que ahora no bebo alcohol, no como ni un curtidito, pero en ese tiempo le metía sabroso al traguito. Cuando nos sirvieron una copa de mezcal, con salita, limón y chapulines de botana, supe que estaba frente a un rasgo cultural de primera importancia; supe que ese producto era el paso final de un proceso de siglos. ¿Cuántos años sintetizados en ese instante? ¿Desde cuándo los oaxaqueños elaboran mezcal? ¿Por qué los chapulines son la botana? Me metí el primer pitutazo y sentí un calor agradabilísimo. El licor no raspó mi garganta, bajó como si fuera una mano bendiciendo mi espíritu. Me llené de un ardor que era como estar en un temazcal divino. ¿Qué tal?, me preguntó mi jefe. Es como bajar al séptimo cielo, de manos de Virgilio, le respondí. Sí, porque esa bebida me transportó al mejor paraíso. ¡Una copa! ¡No más!
Imaginemos que se hiciera tradicional las callejoneadas en Comitán, sólo lo imaginemos, querida niña. En lugar de banda (como ocurre en Zacatecas y en Oaxaca) acá nos acompañaría un grupo de marimbistas; y, en lugar de beber mezcal o tequila, beberíamos comiteco. ¿De verdad? ¡Ah, saber! Casi casi estoy mirando a los jóvenes (no con jarritos de barro, sino con vasos de unicel) bebiendo güisqui o cerveza. Los jóvenes zacatecanos privilegian sus bebidas, se sienten orgullosos de esa industria que no sólo otorga realce a su cultura, sino que, también, deja una brutal cantidad de dólares, porque es un producto de exportación.
En nuestro Comitán, por desgracia, hubo un tiempo que la fabricación de comiteco se fue por los suelos. Los extensos magueyales (de los que habla Óscar Bonifaz) desaparecieron y con ellos también desapareció la elaboración artesanal de una bebida que dio fama a este pueblo. Antes, cuentan los mayores, era costumbre ofrecer una copita de comiteco a los amigos y visitantes. Éstos, al meterse el primer pitutazo, elevaban la copa y daban gracias al universo por tal prodigio. Dicen los conocedores que había un comiteco que hacía perlas en el interior de la botella a la hora que la ponían de cabeza, ese licor lo llamaban “De cordón”; es decir, de una calidad suprema. Con el paso del tiempo, sólo nos quedaron cordones, pero para amarrar zapatos, y ya ni esos.
Por eso, me causa muchísima alegría constatar que varios empresarios han reactivado la industria de la fabricación del comiteco. Cuando llega un visitante y pregunta dónde puede conseguir el afamado comiteco, ya podemos mandarlos con Jorge Domínguez, allá por la sucursal del centro de HSBC, o a media cuadra del parque de San Sebastián o en el hotel Montebello o en el restaurante ‘Ta Bonitío. Los propietarios del hotel “Mi pueblito, San Caralampio” tienen la idea de construir lo que sería el Museo del Comiteco, en una región donde han sembrado magueyes. Esto sería el inicio de la Ruta del Comiteco, que se podría ofrecer a los cientos de visitantes que llegan a Comitán.
Entiendo que los empresarios comenzaron con sembrar los tradicionales magueyes. Ahora ya existen grandes plantaciones de dicha planta (no como antes, pero ya es un principio). Ahora elaboran y ofrecen botellas de comiteco reposado. ¿Mirás? ¡Nadita! ¿Cómo lo están preparando? Con la receta tradicional. Acá no se emplea el corazón, acá se utiliza, como dijo el chef Sergio, la sangre del agave, el aguamiel. Esto es lo que lo hace una bebida diferente, única en el mundo. Como ya no bebo, no puedo decirte si este comiteco tiene la calidad del comiteco que una vez bebí en casa de mi padrino Romeo, quien sacó un barrilito del oratorio y me dijo que ese comiteco era del mero comiteco y cuando lo probé supe que tenía un aroma y sabor muy por encima de esos tragos llenos de tufo que acostumbraba beber en mi juventud: Don Pedro, Delfín, Presidente. Ish, ¡qué fiero!
Espero, por el bien de la cultura comiteca y por su industria y por su prestigio, que este comiteco que ahora ofrecen sea un producto de primera, para que dicha bebida pueda posicionarse en el podio donde están orondamente sentados el tequila y el mezcal.
El día que hubo un Festival Gastronómico, en el parque central, de nuestro pueblo, hallé, en el stand de venta del comiteco “Nueve Estrellas” esta delicia. Un muchacho, muy amable, colocó el pomito en su mano para que le tomara la fotografía que te adjunto. ¿Ya miraste qué es? ¡Ciruela pasa envinada! Los economistas emplean un término simpático: Valor agregado: es decir, una característica extra que se le añade a un producto. Bueno, bueno, no soy experto en economía. Te cuento más o menos lo que entendí cuando Armando me lo explicó. Advierto que acá también hay una liga a la tradición. La ciruela pasa (que igual que el durazno pasa son dulces riquísimos) es un dulce tradicional de esta región, ahora le dan una divina inmersión en comiteco, con lo que (supongo, deseo) tenemos un dulce encurtido de exquisito sabor.
El otro día, Samy me explicó que “El carajillo” es un café que lleva traguito, entiendo que la calidad de esta bebida depende del café y del trago, si éstos son de excelencia, tendremos un carajillo excelso, si el café o el trago no son de calidad óptima, en lugar de un carajillo, obtendremos una bebida del carajo. Si la ciruela pasa está rica y el comiteco es de primera, tendremos una excelsa ciruela pasa envinada. Ojalá sea así.
Posdata: Mientras tanto, me da gusto que nuestros empresarios ya producen, de nuevo, el famoso comiteco y que ofrecen productos con valor agregado. Ah, pucha, me oí como un experto economista.

jueves, 8 de agosto de 2019

CARTA A MARIANA, CON AROMAS DE INFANCIA




Querida Mariana: Esta carta está llena de algodones de París. Más que palabras te lleva nubes rosas. ¿Mirás cómo el hombre parece un mago? Levanta su brazo derecho y forma esa nube que está suspendida en el aire tibio de Comitán. Tenía años, añísimos, que no veía a un hacedor de algodones. ¿Mirás lo que digo? Hacedor de algodones. No es un oficio sencillo ni común. Don Julio César tiene años de dedicarse a este oficio. Los algodones han permitido que mantenga a su familia, familia que acá muestra a tres de sus integrantes: el mago de las nubes rosas, la esposa y una hija. Me detuve cinco minutos para ver el proceso y en ese tiempo fui testigo de lo que acá se ve. El mago echaba azúcar en un cono invertido de la máquina y, con una varita, iba dando forma al algodón, para que quedara así, esponjadito; su esposa recibía el algodón terminado y, de inmediato, lo colocaba en la bolsa de plástico, que la niña recibía con singular atención. Mientras el mago comenzaba, como hilandero, a enrollar los hilos de azúcar en una nueva varilla de madera, la mujer colocaba el anterior en una barra metálica con orificios, para hacer el árbol de los algodones. Me encantó ver cómo se acoplaban y cada uno ejercía la parte que le correspondía. La niña, en cuanto su mamá introducía el algodón en la bolsa y lo llevaba al árbol, tomaba una nueva bolsa, la abría y la colocaba en el medio aro que tiene integrado el chunche, en espera del nuevo algodón.
Esta familia es hacedora de nubes rosas y hacedora de árboles de algodones.
No sé qué pensés vos de esta actividad, porque hay mil pensamientos. Mientras estuve ahí, un señor, ya mayor, se paró enfrente, sacó su celular, tomó una fotografía y me dijo, un tanto molesto: Es el colmo, el parque ya se convirtió en un mercado. Horrible. Y se fue.
Yo, ese día, pensé que era mágico que ese hombre estuviera ahí, frente a todos, para enseñarnos cómo se forman nubes rosas.
Por lo regular he visto a vendedores de algodones en parques y en plazas públicas. Ellos ya llevan algodones un poco esmirriados. Acá, los algodones estaban calientitos, recién salidos de la boca dulce. Don Julio César me explicó que su intención era esa, precisamente. Cuando tuvieron diez algodones apagó la máquina. Dijo que en cuanto los vendieran comenzaría a hacer más, para que los niños disfrutaran el algodón, tuvieran esa sensación única de comer una nube, de que el azúcar se deshace en cuanto entra a la boca. No hay sensación gustativa más deliciosa en el mundo.
Pero, ahora, el negocio de la venta de los algodones ya no es como antes. Ha bajado la venta de don Julio César. ¿Por qué? ¡Por el azúcar! Las mamás saben que esas nubes están hechas de puro azúcar, por lo tanto, ya no compran esos algodones como antes. Don Julio César dice que les da miedo esa enfermedad terrible que se llama diabetes. ¿De verdad es así? Yo presencié el proceso de formación del algodón y me di cuenta que un algodón lleva más o menos dos cucharadas de azúcar. ¿Cuánta azúcar contiene un jugo jumex que todas las mañanas la mamá coloca en la lonchera del niño? Hice la comparación y concluí que el algodón tiene la mitad del azúcar de un jugo embotellado.
Mis recuerdos de niñez siempre tienen la flor de los algodones y de los globos. Recuerdo con precisión las tardes en que iba al parque, tomado de las manos de mis papás, y miraba aparecer por un lado al globero y por otro lado al algodonero. Ambos, genios, cargaban una vara enorme para que los globos y algodones estuvieran por encima de todas las cabezas. Los globos y algodones eran como zepelines, volaban hacia mí. En cuanto los veía, yo subía la mirada y miraba a mi papá y luego a mi mamá. Ellos sabían lo que quería. Mi mamá asentía. Yo me ponía feliz. Mi papá llamaba al globero y yo elegía un globo plástico, amarillo, y en cuanto lo tenía en mi mano, enredaba el cordel en mi dedo medio y comenzaba a jugar con el globo, en un movimiento de ida y vuelta, el globo chocaba contra mi palma y regresaba al aire, así, una y otra vez. En la otra mano, mi mamá me ponía el algodón y yo, suspendiendo el juego del globo, dejaba que mi mamá me diera gajos de algodón en mi boca. El gajo tardaba más en entrar a mi boca que en deshacerse, esa desintegración era la cosa más sublime. En ese tiempo pensaba que las nubes, las verdaderas, eran la comida de los dragones, porque a veces el cielo de mi pueblo estaba lleno de nubes, pero al rato las nubes desaparecían y el cielo se quedaba vacío. ¡Ah!, pensaba, ya pasaron los dragones y se atragantaron con esas nubes panzudas. Así pues, yo era como un cachorro de dragón cada vez que mi boca, caliente, deshacía las nubes rosas, que ahora ya no se ven con la frecuencia de antes.
Posdata: Don Julio vive con su familia en el barrio de la Cruz Grande y ofrece sus servicios de algodones y manzanas acarameladas para fiestas infantiles y eventos especiales. Si yo tuviese nietos contrataría sus servicios, para que en patio de mi casa (si tuviera casa con patio) colocara su máquina, para que todos los niños vieran cómo el mago hace las nubes rosas.

miércoles, 7 de agosto de 2019

CARTA A MARIANA, CON AROMA DE FIESTA




Querida Mariana: Cuentan los mayores que, el día de Santo Domingo, los comitecos estrenaban muda; es decir, vestían nuevos atuendos: camisas, faldas, blusas, pantalones, bueno, ¡hasta zapatos!
Ahora, en estos tiempos, ya no existe esa tradición. Sin embargo, en estos tiempos, hallamos deslumbres, todavía.
La mañana del cuatro de agosto, vecinos de Guatemala paseaban por el parque que, éste sí, estaba estrenando vestido: juncia fresca, flores, hilados de banderitas (aunque fueran de plástico) y un sol y cielos renovados, recién barridos. Ellos, los vecinos de Guatemala, vestían sus trajes tradicionales, trajes de fiesta, con bordados llenos de grecas, que son como un camino de luz que nos lleva al recuerdo de los antiguos mayas.
Comitán se vistió de fiesta y nuestros visitantes lo sabían, por esto se tomaron la foto del recuerdo, porque el parque estrenaba vestido, para ellos y para nosotros, porque ellos y nosotros, como dijo el poeta, somos ala de un mismo plumaje. Sí, Guatemala y Comitán están emparentados desde siempre. Basta tomar un libro de historia patria para enterarse acerca de los vericuetos por donde caminamos juntos.
Ellos se tomaron la foto del recuerdo, teniendo como fondo ese fondo espectacular, lleno de grecas naturales que hizo la mano del hombre y la de la naturaleza, entidades, también, que desde siempre caminan juntas en este pueblo prodigioso llamado Comitán.
¿Mirás la dignidad que muestran nuestros amigos? ¿Advertís el porte de estela maya que recuerdan? La chica con la blusa de hombros descubiertos, con pantalón ajustado y zapatillas es mexicana, ella pidió tomarse una fotografía con la mujer de Guatemala. ¿Por qué lo hizo? Porque advirtió que la mujer chapina tenía una vestimenta original. No se conocían, ahí se saludaron por primera vez en la vida, pero en la fotografía quedaron unidas para siempre, porque así, unidos desde siempre, han estado nuestros pueblos.
A veces, cuando entro a un templo y veo una talla en madera de algún santo o virgen escucho que el sacristán comenta que esa talla proviene de Guatemala y medio mundo manifiesta su asombro, porque tal escultura tiene un valor agregado. Las tallas de los artistas guatemaltecos tenían gran exquisitez. Sus manos tenían la pericia de siglos. No hay en parte alguna del mundo la belleza de las tallas, en piedra, que se observan en toda la zona maya (la parte que hoy corresponde a Chiapas y a Guatemala).
¿Has visto los intentos que ahora realizan los diseñadores por preservar los bordados indígenas? En Comitán tenemos locales donde el bordado tradicional se alía con la vestimenta moderna, un poco como si se reuniera lo que en el extremo de esta fotografía tenemos: la blusa de la chica mexicana, con el bordado de la blusa de la mujer del país vecino. En ello hay un reconocimiento de la grandeza de la cultura milenaria, de esa cultura que, por ser indígena, ha sido ignorada e incluso relegada. La globalización ha colocado una venda que impide a muchos jóvenes reconocer la grandeza de nuestros ancestros, pero a veces, el prodigio aparece, y esa mañana del cuatro de agosto, cuando la chica mexicana vio el sol lleno de luces que portaba la visitante le pidió tomarse la foto del recuerdo, para que el mundo supiera que de este árbol provenimos, somos rama frágil de esa ceiba enormísima que se llama territorio maya, que tiene un pie en Chiapas y otro en Guatemala. Somos un todo.
Esa mañana, Comitán se vistió de fiesta. Nuestra nueva vestimenta fue la presencia de nuestros amigos chapines, porque, en la noche, una marimba de aquel país le tupió duro y sabroso en el templete donde se celebró el tradicional Encuentro de Marimbas; encuentro que, durante todo el día, desparramó notas chiapanecas de ese tradicional instrumento que, en tiempos modernos, se reconoce como producto cultural de Chiapas y de Guatemala, no podía ser de otra manera, somos alas de un mismo plumaje, somos notas musicales de un mismo árbol: hormiguillo.
Comitán se vistió de fiesta, con alegría y con la dignidad de los bordados mayas, con la reciedumbre de una raza orgullosa de su tradición, de su historia.

martes, 6 de agosto de 2019

CARTA A MARIANA, CON UN HILO DE VOCACIÓN




Querida Mariana: El viernes fui a la Proveedora Cultural y recordé cuando, a principios de los años setenta, del siglo pasado, compraba, cada semana un libro de la Biblioteca Básica Salvat; recordé que en ese mismo tiempo acudía al Cine Comitán o al Cine Montebello, con una frecuencia que ahora me resulta apabullante, casi a diario. Mi mamá (Dios la bendiga) siempre me daba dinero para libros o para el cine.
El viernes, en la sala de la Proveedora Cultural, mientras revisaba algunos títulos literarios, supe (¡por fin!) que desde mi adolescencia fui un gran lector y un gran cinéfilo. En ese tiempo era un estudiante que pasaba de regular a malo. Mis obsesiones eran los libros y las películas. Ya luego tuve otras adicciones: el cigarro y el trago.
Pero, el viernes, mientras aspiraba el aroma de los libros, reconocí que lo mío siempre fue la literatura y la cinematografía. Y esto es así, porque ahora, a mis sesenta y dos años sigo teniendo esas adicciones como una bendición y ya abandoné las otras dos adicciones que no correspondían a mi natural. La lectura y el cine me producen un placer similar al que me produce estar en el parque central de mi pueblo comiendo cacahuates (manía) o al que me produce platicar con vos o al que me sucede cuando una chinita se para en un travesaño de la ventana de mi oficina. El cigarro y el licor me producían desasosiegos, me pegaban, con puño cerrado, en mis pulmones, en mi hígado y en mi espíritu.
Así, pues, en ese espacio maravilloso de la Proveedora Cultural, entendí (¡por fin!) que mi vocación, desde siempre, estaba en el árbol de la literatura y en el mar del cine.
Por esto, ¡claro!, cuando abracé a mis papás, subí al camión de la Cristóbal Colón, repegué mi cara al cristal para mirar cómo mi pueblo quedaba lejos y llegué a la Ciudad de México y fui a mis clases en la Universidad Nacional Autónoma de México, no llamó mi atención el aula sino la biblioteca central universitaria y los cineclubes de las distintas facultades. ¿Mirás lo que eso significó para mí? Ahí, al alcancé de mis frágiles ramas, estaba una cascada de aire fresco que me jalaba, que me decía que me pusiera debajo de ella, porque ahí estaba concentrada la vida. Miles de libros y cientos de películas de cine de arte estaban ahí para mí, sólo para mí. Como si el espíritu universitario, ese que habla por nuestra raza, supiera que un comiteco amante de la literatura y del arte cinematográfico llegaría para beber de esas aguas. Ya te dije que jamás falté a la universidad, todas las mañanas me trepaba en el camión y llegaba a las siete (a veces un poco pasaditas, porque el tráfico, vos sabés) y entraba a la primera clase, pero luego, como si la limadura de imán actuara, tomaba mi maletín con libretas y libros y caminaba por las islas y llegaba a la biblioteca central y ahí revisaba el inmenso catálogo y ponía mi credencial sobre el mostrador y una muchacha bonita hacía anotaciones y esperábamos a que “bajara” el libro solicitado. Luego, a las diez u once, iba al cineclub de Arquitectura y entraba, por ejemplo, a ver “El acorazado Potenkim”. Y así, de lunes a viernes. En la UNAM (Dios la bendiga) hallé agua para saciar mi sed. Después de cinco años no alcancé el título anhelado de Ingeniero en Electrónica; después de cinco años de asistir a la universidad no alcancé papelito alguno, porque, esto lo sé ahora, la UNAM no concede títulos a los lectores ni a los cinéfilos, así éstos sean los más aplicados del mundo.
Y ayer, mirá qué coincidencia, conocí al licenciado Enoch Villatoro Culebro, quien amablemente llegó para entregarme una invitación del Congreso del Estado para asistir a la entrega de la Medalla Rosario Castellanos, de este año, medalla que le fue concedida a Petrona Cruz. Me dio gran gusto conocer al licenciado Villatoro, Margaritense de corazón y de espíritu, porque él me habló de que su gusto por el buen cine lo pepenó en los cineclubes de la UNAM, universidad en la que se tituló de Economista, con un promedio excelente. Él sí tenía la vocación del aula.
Me dio mucho gusto, porque me contó que él presentó su examen de admisión en el Estadio Azteca. Le dije al licenciado Villatoro que un día lo buscaré, para que le cuente ese recuerdo a mi sobrino Edgar, porque éste no cree que sea cierto que yo también presenté mi examen de admisión en el estadio. Cuando lo cuento, Edgar me ve con cara de fanático del América, como diciendo que los estadios están hechos para jugar fútbol. No sabe, nunca se lo diré, que, en ocasiones, los estadios, bendita hora, sirven para que aspirantes presenten exámenes de admisión, y en otras ocasiones, maldita la hora, han servido como campos de concentración en países sudamericanos. Pero, en fin, esto ya es otra historia. Ahora celebro mi encuentro con mi vocación y mi encuentro con el licenciado Villatoro.
Posdata: Fumo cine y bebo literatura; bebo películas y fumo libros. ¡Ah, qué bendición! Estas adicciones me provocan el mismo placer que me provoca caminar por el barrio de San Sebastián.

lunes, 5 de agosto de 2019

CARTA A MARIANA, CON UN GAJO DE FERIA




Querida Mariana: Los maestros de literatura recomiendan ser muy cautos con las palabras, no hay que desgastarlas. El escritor debe procurar usar los términos exactos, pero la emoción me lleva a decir que el 4 de agosto de 2019, en el parque central, el festejo estuvo alegrísimo. El parque, los alrededores de la fuente, el templo y los portales se llenaron de paisanos y visitantes y yo sólo vi rostros sonrientes, felices, disfrutando el día de Santo Domingo, santo patrono de Comitán.
Tuve la oportunidad de saludar a dos visitantes tuxtlecos (él, oriundo de Chiapa de Corzo). Violeta Sánchez y el doctor Víctor Manuel Clemente Ovalle viajaron a Comitán para disfrutar el guateque comiteco. Ellos me regalaron un secreto, que ahora te compartiré, pero antes diré que el doctor Clemente es el organizador de la Carrera Internacional del Parachico, que, en este 2019, celebró su vigésima tercera edición. ¿Sabés cuántos corredores se presentaron este año, en la carrera pedestre que va de Tuxtla a Chiapa de Corzo y se celebra días antes del 20 de enero? ¡Diez mil corredores! Sí, como lo oís: ¡diez mil! Pucha, es un gentío de gente. El doctor Clemente me confió que el gobernador de Chiapas dio el banderazo de salida este año. ¡Cómo no! Si es un acto deportivo de gran relevancia, porque además de corredores de todo Chiapas y de toda la república, acuden deportistas de muchos países. Me acerqué a platicar con ellos, porque el doctor estaba sentado debajo de un árbol y recibía el aire fresco, tenía una placidez digna de un gurú. Sí, cuando platiqué con él comprobé que es un tipo sabio. Y, tal vez por ello, me compartió un secreto que ahora comparto con vos. Ambos, Víctor Manuel y Violeta, me dijeron que han visitado todos los Pueblos Mágicos de México. ¿Mirás qué maravilla? Pero, el secreto consiste en viajar el día del santo patrono. Violeta, sonriente, dijo que durante la mayor parte del tiempo los pueblos mágicos tienen guardada su magia en el interior de las casas, pero en días de feria, los pueblos se manifiestan con una intensa vitalidad, porque la magia se vuelca en calles y plazas y la vida aparece con toda su magnificencia. Mientras lo decían yo volví la mirada y vi el parque y constaté que eso era cierto. ¡Sí! Comitán se mostraba espléndido, la fuente estaba adornada con flores; en el templete y bajo una carpa, cientos de personas disfrutaban la actuación de la Marimba Orquesta Perla de Comitán; en el interior del templo, los fieles visitaban la imagen del festejado, que andaba de estreno, porque Julio César Gómez Cruz, le había cambiado su traje; las personas caminaban, casi levitaban, sobre una alfombra de juncia fresca, que era como un mar verde; los niños compraban algodones de azúcar; en el salón Lino Morales, había casa llena, porque decenas de comensales le entraban con todo a las carnes asadas y a los taquitos suaves (quién sabe qué pensaría el padre Carlos, fundador de dicho salón, si viera ese salón que era empleado para actos solemnes, ahora convertido en una fonda); el presidente municipal de Comitán, licenciado Emmanuel Cordero Sánchez, en compañía de su esposa, de la síndico y de la directora de turismo municipal, en la inauguración del Festival de la Gastronomía Chiapaneca, que se efectuó en un andador de la parte superior del parque, dijo: “La ciudadanía enaltece este tipo de actos. Estamos de fiesta. Que viva Santo Domingo”, y quienes estaban ahí corearon ese viva. En efecto, como dijo el presidente, la ciudadanía se volcó al festejo y le dio una nota de color vibrante. Las fiestas populares las hace el pueblo. Tal como lo dijo Violeta, este pueblo mágico, igual que los demás de la república, se abrió como flor y regó su mejor aroma. De igual forma, Katina De la Vega, directora de turismo estatal, a la hora de tomar la palabra en el acto inaugural del Festival de la Gastronomía Chiapaneca, manifestó que Comitán es el lugar que la vio crecer y que parte de su crecimiento está muy cercano con los olores y sabores de la gastronomía comiteca: “Sobre todo con el atol de granillo, porque antes lo vendían en las calles.” Katina recordó que ella iba a la esquina a comprar un vaso de atol de granillo, calientito, espesito. Ese sabor y ese aroma los tiene tatuados en su espíritu comiteco.
Todo se manifestó como ventana abierta, llena de luz. En el corredor de los sabores y aromas del Festival, muchísimas personas disfrutaban los platillos que los chefs y cocineros tradicionales presentaron. Imposible hacer una relación de esos sabores y aromas. Sólo diré que cuando llegué al local donde ofrecían los panes compuestos, pensé en vos, pensé que a esa hora estabas en Guadalajara, tal vez comiendo una torta ahogada, con música de mariachi; mientras acá, medio mundo disfrutaba el pan compuesto, con música de marimba. Entendí, a distancia, la riqueza cultural de este país y celebré que en nuestro pueblo, la vida se presentara con ese bordado de aromas y sabores. Ahí, a mitad del parque, con un sol quemante, pedí que México mantenga sus diversas manifestaciones, que Comitán no olvide lo que lo hace un pueblo mágico. Katina mencionó que el propósito de estos Festivales Gastronómicos es, precisamente, la preservación de los sabores y olores propios de los pueblos; el reconocimiento de la diversidad.
Posdata: Ahora debo ir a las instalaciones de la feria, por eso le paro a mi carta. Pero pronto te contaré más del festejo del día cuatro de agosto, porque estuvo lleno de vida, de vida comiteca.
Hubo detalles, como el hecho de que a la hora de la actuación de la marimba se fue la energía eléctrica, lo que obligó a los ejecutantes a suspender su concierto, pero minutos después, gracias a los técnicos, la energía eléctrica regresó y la marimba volvió a sonar sabroso.

sábado, 3 de agosto de 2019

CARTA A MARIANA, DONDE SE HABLA DE ABRIL EN JULIO




Querida Mariana. Hace tiempo, en 2009, escribí un texto con el título de: “Julio en agosto”, donde celebraba el nacimiento de Julio Cortázar, que ocurrió en agosto de 1914, en Bélgica. Ahora, en 2019, escribo una Arenilla con el título de “Abril en julio”, donde celebro y agradezco el saludo que Abril Guillén me envió en el programa “Descontrol”, la noche que dicha emisión festejó su primer aniversario. Dicho programa, de festejo, también fue la despedida de Abril, porque ella ya no acudirá regularmente al programa, debido a que se trasladará a otra ciudad para cursar estudios universitarios. ¿Qué pensás que estudiará Abril? ¡Sí!, Comunicación y Medios Digitales.
Abril mencionó esa noche que hace un año comenzaron este programa, como un mero juego, juego que ha crecido en forma exponencial, porque han ganado en audiencia y en prestigio. “Descontrol”, programa transmitido por las redes sociales, conducido por la Güera y el Borre (la Güera es Abril, y el Borre es Marco, su hermano), es un programa con gran frescura, desenfadado e inteligente. Sus conductores no son pretensiosos y son anti solemnes y estos dos rasgos son puntos a favor en el proceso de la comunicación.
En el programa de aniversario cortaron pastel, despidieron a Abril, entrevistaron a Michelle Mancera, reina de la Expo Feria Internacional Comitán 2019, e hicieron un recuento apresurado de las personas que fueron entrevistadas durante el primer año de emisión. Marco, buscando nombres en su memoria, dijo: “Tu maestro, el que invitaste…”. Sí, dijo Abril, el profe Alejandro Molinari, a quien le mando saludos. Y esa noche, del 30 de julio, en mi casa, viendo el programa en la pantalla de la computadora, pepené el saludo que Abril me envió, y pensé que debía responder a ese saludo, porque, como dicta el mínimo código de decencia, cuando una niña bonita me saluda, yo sonrío y también saludo y mando mis mejores deseos. Ahora, a Abril le digo que le deseo mucho éxito en sus actividades universitarias, porque, como ella lo dijo esa noche, el programa de “Descontrol” ha sido una plataforma que le ha enseñado a evitar el clásico pánico escénico que ataca a medio mundo.
Sí, Abril me invitó a un programa de “Descontrol”. Fui con gusto, pero con susto, porque a mí me da el telele cuando debo estar frente a cámara, improvisando. Puedo (y lo hago más o menos bien) leer ante audiencias y frente a cámaras o micrófonos, pero (como la mayoría de personas) tatarateo a la hora de hablar sin un guion. Siempre lo he dicho: Soy escritor, no soy hablador. Admiro a los oradores y a las personas que se expresan en forma correcta de manera verbal. Abril ya ha logrado un buen nivel de expresión oral. Sé que los estudios universitarios abonarán para que el árbol de la enunciación sea pródigo. Ella será lo que aspire a ser, con dedicación y con mucha humildad, debe reconocer que el mundo de la comunicación es muy exigente, que debe ver mucho cine, ¡buen cine!, y leer mucha literatura, ¡buena literatura!, y estudiar las teorías y experiencias de los grandes estudiosos de la comunicación. Nombres de grandes teóricos aparecerán ante su ventana y ella deberá pepenar esos conocimientos, exprimirlos y agregarles nuevos elementos. Como siempre sugieren los grandes: nunca deberá olvidar sus raíces. Abril ha crecido en medio del ajo periodístico. Ella es hija de Marco Guillén, personaje comiteco que ha dedicado gran parte de su vida al ejercicio del periodismo. Marco es propietario del “DIARIO DE COMITÁN – NOTICIAS A DIARIO.”
En el texto “Julio en agosto”, yo, en plan de juego, lanzaba unas preguntas, porque imaginaba estar frente al escritor y éste podía responderme. Él era el famoso escritor y yo jugaba a ser reportero. Por ahí se quedaron esas preguntas, sin respuesta, por supuesto. Ahora que escribo esta Arenilla: “Abril en julio”, imagino que puedo jugar con ella también. Lo hago, porque, como ya dije, fui invitado al programa “Descontrol” y ellos (Abril y Marco) me lanzaron preguntas y yo debí (un poco descontrolado) responderlas. Ahora que escribo pienso que puedo hacer el juego contrario, hacerle unas preguntas a Abril, sólo como mero juego, porque sé que no tendrá tiempo para responderlas, ya dije que ella se prepara para ir a estudiar a la universidad y ahora toda su atención debe estar concentrada en lo que pepene del aula.
Ahora te estarás preguntando por qué “Abril en julio”, si ya estamos en agosto. Ah, bueno, porque el primer aniversario de “Descontrol” fue el 30 de julio y esa noche recibí el saludo de Abril. A mí, lo sabés, me encanta pasar desapercibido, soy feliz cuando las personas me ignoran. Pero, como cualquier ser humano, me siento bien cuando una amiga me abraza o cuando un amigo, al regreso de un viaje, me obsequia un libro de arte, porque en Italia o en Nueva York pensó en mí. Como cualquier mortal me gusta que un ex alumno en la calle levante la mano y me diga: “Adiós, Molcas”; me siento bien cuando alguien comenta que le gustó la Arenilla que trepé en las redes sociales. Por esto, digo que me sentí bien a la hora que Abril mencionó mi nombre y me saludó. Todo apunta a que Abril será una chica exitosa, espero que cuando esté en el podio de los grandes voltee a ver a su pueblo y siga saludando, con la misma sencillez que lo hace ahora.
Y digo que en el texto de Julio, como si estuviera frente a él, tomándonos un té y escuchando a un acordeonista, al lado de una vidriera en un café de París, le hice varias preguntas (por ahí están todas, registradas en el texto). Me acuerdo de una de ellas: Julio, ¿qué sentís cuando mirás tu nombre escrito en minúscula, porque se refiere al mes? ¿Qué habría respondido?
Así que ahora, también en plan de juego, como si estuviera con ella, en el parque central de Comitán, sentados en la banca que está al lado de la escultura de Luis Aguilar, la que se llama “Día Marcado”, le preguntaría: Oí, Abril, ¿si fueras muy poderosa y niña nice y te cayera mal que un mes del año llevara tu nombre, qué nombre le pondrías al mes de abril?
La foto que te envío muestra el rostro de Abril, como ves, ella revisa su celular, está en la parte de arriba de las gradas del parque central, en el set que armó el equipo de “Arriba el cotz”, la noche de elección de reina de la Expo Feria Internacional Comitán 2019. Ella fue invitada por los chavos de “Arriba el cotz” para acompañarlos en la transmisión y ahí, Abril, mostró gran desenvolvimiento escénico. Por esto, la segunda pregunta juguetona para Abril es la siguiente: ¿Arriba el cotz? ¿Arriba de qué o de quién?
La primera pregunta no puede abrirse de manera general, sólo es para las niñas que se llaman Abril; en cambio, la segunda pregunta sí es más abierta, vos misma podés contestarla: ¿Arriba el cotz? ¿Arriba de qué o de quién?
Vos sabés que la palabra permite todo, permite el albur y permite los juegos que de vez en vez vos y yo jugamos. Ahora el juego es para Abril. Se trata de estimular la imaginación, porque ésta es pilar fundamental del crecimiento intelectual. Los niños que leen echan abono al árbol de su imaginación, crean mundos paralelos.
Durante muchos años, ya te he contado, las Arenillas fueron entrevistas de diez preguntas juguetonas, que eran preguntas inusuales. Muchas personas célebres no le entraron al juego que les propuse, porque esperaban que yo les preguntara las cosas comunes, cosas como ¿cuál es su pasatiempo favorito? Esta pregunta es pregunta constante en concursos de belleza. La mayoría de chicas tiene preparada su respuesta: el deporte y la lectura. Lo primero lo creo, lo segundo ¡no! ¿Por qué será que las chicas responden que les gusta leer cuando eso no es cierto? Tal vez piensan que la lectura, por ser una actividad para minorías, es selecta y exclusiva, ¡cosa que es cierto! El lector es como un príncipe porque tiene tiempo para dedicarlo al galano arte de disfrutar los libros. Los que andan de un lado para otro no tienen tiempo para dedicarlo al ocio. El ocio es cualidad de los dioses y de los nobles. Tal vez por esto, las chicas, aun cuando sólo lean las de traileros y teveynovelas, responden que la lectura es su pasatiempo favorito.
Quienes sí deben ser grandes lectoras son las chicas que estudian comunicación, porque, ya lo dije, el arte de compartir conocimientos e ideas con la audiencia en la radio, televisión, prensa escrita o redes sociales deben tener un bagaje cultural sólido.
Posdata: Las últimas preguntas para Abril serían: Quien vivió metida en el total “Descontrol”, ¿en qué hacienda agarra el paso? Y la quinta sería (¿mirás qué bonito? Acá aparecen casi vecinas las palabras hacienda y quinta): La convivencia con tu hermano Marco, te dejó ¿descontrolada o enmarcada?

viernes, 2 de agosto de 2019

UNA CIUDAD SIN IGUAL




Imaginá que te llamás Comitán, imaginá que sos Comitán. Serás ciudad faro en la geografía chiapaneca. Cuna de hombres y mujeres ilustres, como Belisario Domínguez; Rosario Castellanos; Pantaleón Domínguez, general que encabezó el batallón que apoyó la defensa de la república, en la batalla del cinco de mayo, en la ciudad de Puebla; y de Josefina García, mujer que tuvo un papel relevante en el movimiento de independencia de Chiapas, gesta libertaria que inició en esta ciudad.
Serás ciudad lámpara en la geografía chiapaneca. Cuna de orquídeas y del árbol llamado tenocté, que, cuenta la leyenda, cuando floreaba, las mujeres preparaban su maletía para huirse con el novio. Serás una ciudad generosa con los tuyos y con tus visitantes. Aún en épocas de calentamiento global mantendrás tu lugar como la ciudad con el clima más benigno de todo Chiapas.
El destacado poeta chiapaneco Balam Rodrigo ya explicó que sos una ciudad única en la república mexicana, porque, mientras en el norte y centro del país emplean el trato de tú y de usted, esta tierra posee un mojol de lujo que es el voseo. Comitán habla de vos, con un cantadito especial que la acerca a Argentina y Uruguay, pero que la hace diferente, porque, como dijo el poeta: Comitán no habla, Comitán canta cuando habla.
Serás la ciudad de remates visuales seductores, la del bulevar lleno de buganvilias, la que es punto de partida para lugares selectos de Chiapas, como Los Lagos de Montebello, Tenam, Chinkultic, La cascada del Chiflón y de la laguna Chucumaltic, lugar privilegiado para la práctica del buceo.
Serás la ciudad que Juan José Arreola definió como el pueblo de toboganes. Comitán, ciudad que la recordada cronista vitalicia de la ciudad, Lolita Albores, bautizó como Comitán de los tomates, porque los comitecos siempre dicen a sus invitados: Tomate una, tomate dos.
Serás la capital mundial del pan compuesto y de muchas delicias culinarias. Tus habitantes celebran la vida a través de los sabores. Siempre que un comiteco le pregunta a un amigo: ¿Querés café?, el amigo responde de inmediato: Pero, con pan. Los comitecos siempre buscan el complemento perfecto. Saben que todo tiene una pareja: La tortilla debe ir con asiento, que es la grasita que queda en el perol al cocinar el chicharrón de cerdo, bueno, de cuch; al servir una butifarra reconocen que el complemento ideal es una copita de buen comiteco, licor obtenido del aguamiel, savia del agave. Los comitecos disfrutan los llamados antojos, porque desde siempre se les antojó ser amantes de lo mejor de la vida. Cenan los mencionados panes compuestos, las butifarras, los paniteles, las tortas aderezadas con palmito y, por supuesto, los famosos huesos, que aún reciben el nombre de huesos de Tío Jul, para honrar a su creador. Los huesos no son más que chamorros de cerdo, pero los chamorros comitecos tienen un toque especial, son cocidos en yerbas de olor y se sirven con tostaditas, un agregado de verduras en vinagre, que se llaman picles, andá a saber por qué se llaman así, y una salsa roja que es hecha con chile especial, de donde adquiere el sabor tradicional.
No sólo es la gastronomía la especialidad de esta tierra, también son especiales los nombres que designan estas delicias culinarias. Ya dije que los chamorros se llaman huesos de tío Jul y un dulce tradicional se llama Africano. De esos nombres te sentirás orgullosa, porque serán parte de tu identidad, y no te interesará conocer el pensamiento de los visitantes cuando les ofrezcás para cena un hueso de tío Jul y como postre un africano. ¿Pensarán que los comitecos son caníbales?
Serás una ciudad faro. Sembrarás sueños y deseos, podarás las ramas oscuras que brotan, de vez en vez, en tus claros cielos. Serás, como dice la canción, una ciudad donde están los amores, los que quieren de verdad.
Te sentirás orgullosa cuando medio mundo grite: ¡Que viva Comitán!
Imaginá que te llamás Comitán, que sos Comitán. Será un lujo de tu imaginación.

jueves, 1 de agosto de 2019

CARTA A MARIANA, POR CAMINOS DE ARENA Y AGUA




Querida Mariana: ¡Te la perdiste! La conferencia impartida por el doctor Adán Rocha y el arqueólogo Javier Tovar resultó más que interesante. Me da gusto que, desde Guadalajara, estés pendiente de lo que sucede en tu Comitán y me preguntés cómo estuvo la conferencia, celebrada el pasado viernes 26 de julio. Hubo buena asistencia en la sala de actos, de la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar, porque hubo interés por ver lo que nuestros amigos (provenientes de San Luis Potosí y Tula, Hidalgo) dictarían. La audiencia, después de dos horas, salió muy satisfecha. Socorrito, quien acudió en compañía de Amelia, dijo que la conferencia merecía una calificación superior a diez. Socorrito, intelectual comiteca, fue generosa en su comentario, porque la plática logró motivar a los asistentes.
El tema era de por sí apasionante y extraño: ¿Qué relación existe entre la lengua maya y las raíces hebraicas? Por supuesto, niña querida, no me atreveré ni siquiera a hacer una síntesis de lo ahí tratado, porque sería una irreverencia y una tontería. Los dos conferenciantes han dedicado gran parte de su vida y emoción al estudio del tema, tema que no es sencillo, por lo que quien tuviera el atrevimiento de dar un paso sin conocimiento (que es mi caso) lo daría al vacío. ¿Cómo el bolero del parque central te da una síntesis de las derivadas e integrales si apenas concluyó la educación primaria?
Lo que sí puedo decirte es que para entrar de lleno al tema: La relación de la lengua maya con las raíces hebraicas, hicieron una introducción donde dejaron en claro algo que muchos intuyen y otros comprueban: Colón no fue el primero que llegó a América. ¡No! Antes que el genovés llegaron otros navegantes. ¿Mirás lo que esto significa? Botar, de entrada, lo que nos enseñan en la primaria. Ahí tenés que el 12 de octubre celebramos lo que hoy se llama “Encuentro de dos mundos” y antes se llamaba “Descubrimiento de América”; ahí tenés que en el Paseo de la Reforma, de la Ciudad de México, los habitantes de esa gran ciudad y los visitantes suben la vista para ver la estatua de Colón, estatua que es un reconocimiento al descubridor de estas tierras, y ahora resulta que Colón no fue el primero que llegó a estas tierras. Es una bobera lo que diré (¡otra!) pero pienso que la historia que nos ha contado la Historia es como aquella anécdota de la pareja que en el pueblo le decían América (a ella) y Colón (a él), porque él creía que había sido el primero, cuando todos sabían que ya habían pasado muchos por esas tierras. Bueno, pues la nota introductoria del arqueólogo Tovar y del doctor Rocha consistió en demostrar, a través de una serie de diapositivas, un video y una exposición oral, sencilla y docta, cómo América fue visitada por otras culturas, lo que propició (como sucede en todo proceso de enculturación) que algunos vocablos de aquellas regiones llegaran a esta zona del mundo. Resulta que antes que Colón se echara al mar, al incógnito mar, ya muchos compas habían aprovechado las corrientes marítimas que los ayudaron a atravesar el Atlántico. A través de videos, el doctor Rocha, enseñó cómo, en tiempos más recientes, grupos de científicos realizaron el experimento para comprobar la teoría de dichos viajes anteriores al de Colón.
El arqueólogo Tovar señaló que América es un crisol de razas, y el doctor Rocha dijo que la llamada Mancha Mongólica (que es una mancha que aparece en la espalda de muchas personas, desde su nacimiento) sólo se da en dos razas humanas: la de Mongolia y la Amerindia. De ahí, él concluye que si esto se da en América es porque navegantes de aquella zona llegaron en algún momento perdido en el tiempo a lo que ahora se llama América.
Y después de esta nota introductoria que mantuvo atenta a la audiencia, el doctor Rocha compartió su conocimiento acerca de la lengua hebrea y las posibles relaciones en la lengua maya, en ese apasionante intercambio cultural que se dio antes de que los habitantes de esta zona recibieran la lengua española.
Posdata: Lo que sí puedo sintetizar de esa tarde es que la audiencia comiteca disfrutó la charla de los ponentes y apreció que ellos llegaran a estas tierras a compartir sus conocimientos y pasiones. Como si fuesen antiguos marinos se echaron a la mar de las carreteras de esta república y aprovecharon los vientos alisios que los trajeron hasta Comitán. ¡En buena hora!