lunes, 13 de febrero de 2023
CARTA A MARIANA, DONDE SE DICE QUE EL COTZ NO COJEA
Querida Mariana: el maestro Rigoberto, hablante de tojolabal, me dijo que la palabra cotz no es de esa lengua; tal vez es tzeltal. En tojolabal existe otra palabra para nombrar al guajolote. Siempre pensé que el cotz era tojolabal. Pues no.
El otro día, un muchacho bromeó con otro. Caminábamos frente a un local donde venden productos de cosmetología, yo iba detrás de ellos, pero escuché cuando el muchacho señaló el anuncio y dijo: “Mirá: Cotzmetología”. Ambos rieron.
Recordé entonces que Víctor hizo un breve diccionario juguetón. Le mandé un mensaje y por WhatsApp me envió copia de su relación. ¿Puedo compartirla con mi niña bonita? Dijo que sí. Te paso copia:
PALABRAS QUE NO COJEAN, POR VÍCTOR GARCÍA
• PRECOTZ, dícese del que está a punto de echar cotz rapidísimo, tan rápido que no pasan de quince segundos.
• DISLÉXICOTZ, los que echan cotz al revés.
• DRAMATICOTZ, los que hacen teatro y tango antes de echar cotzito.
• ECONÓMICOTZ, los que regatean el precio del cotz e insisten en que les den dos por uno.
• DEMAGÓGICOTZ, los que se echan un rollo político antes de bajarle el chonino a la pareja.
• COTZTURERA, la que no sólo pega botones sino hace trutrú encima de la pareja.
• CIRCOTZ, espacio donde se hace el acto al final de la actuación de los payasos y del trapecista.
• CAÓTICOTZ, los que antes del cotzito tiran cosas y hacen un desmadre alegre.
• ACUÁTICOTZ, los que insisten en echar cotz en una alberca o, de perdida, en un colchón de agua.
• ASTROLÓGICOTZ, los que, antes de echar cotz, buscan signos zodiacales que coincidan.
• BIBLIOGRÁFICOTZ, nunca faltan los que todo lo quieren hacer de acuerdo a manuales para echar cotz.
• ACADÉMICOTZ, los que dicen haber estudiado cotzología en Harvard y terminan siendo simples diletantes sin estudios profesionales.
• CIBERNÉTICOTZ, los aficionados al sexting.
• AROMÁTICOTZ, los que imaginan oler a Chanel y huelen a tacos de tripa en puesto de Tepito.
• ECLESIÁSTICOTZ, los que riegan el pocito sagrado con agua pura.
• COTZMOS, el universo de los que echan cotz cada mil años luz.
• ÁBACOTZ, los que llevan su cuenta de cuántas veces lo hacen sin sacar, en un instrumento de cálculo japonés.
• DIDÁCTICOTZ, los que sacan el área y presumen elevar todo a la ene potencia.
• Y DEMOCRÁTICOTZ, los que no tienen empacho en compartir pareja o en aventarse un buen ménage à troi.
Posdata: después que autorizó que te enviara copia, me dijo que sería bueno seguir buscando definiciones para que se incremente su diccionario cotzero. Ahí lo mirás. Me despido con el clásico saludo comiteco: ¿hijita de quién sos?, que bien a bien quiere averiguar quiénes son los que echaron cotzito para que vos nacieras.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 12 de febrero de 2023
CARTA A MARIANA, CON UN JUEGO MARAVILLOSO
Querida Mariana: en los años sesenta, como en muchos lugares de México, de Latinoamérica, del mundo, en Comitán había mucha afición por el fútbol soccer, pocos amigos jugaban lo que llaman “tochito”, que tiene relación con el otro fútbol, el americano.
Hoy, como en todo el mundo, existe una gran afición por el fútbol americano. Cuando se aproxima el día del juego más importante, el llamado Súper Bowl, centenas de aficionados comitecos se preparan para verlo en las pantallas o, los privilegiados, para verlo en vivo. Tengo amigos que viajan a USA a ver el partido. Los amigos que no tienen la paga para ir se reúnen en alguna casa o en un bar o en un restaurante o café y disfrutan las emociones que, como dicen los clásicos, se da en el “emparrillado”. En la parrilla de la cocina se doran las carnes, cebollitas y demás riquezas gastronómicas que son el complemento ideal del partido y de las cervecitas y chupitos.
Como cada año, escucho noticias en la televisión y me asombra cuando dan el dato de las toneladas de aguacate mexicano que se exporta a aquella nación. Parece que ya es costumbre ver el partido con un buen guacamole y las tostaditas.
El guacamole es una de las delicias de la cocina mundial. Ah, mi tío Alberto siempre elogió el guacamole que hacía, una vez, intrigado por el secreto, husmeé en la cocina, el tío platicaba con mi papá mientras su esposa cortaba los aguacates y la pulpa (¿así se llamará?) la colocaba en un molcajete para hacer una riquísima pasta de color supremo. Luego le agregó cebollita finamente picada, jitomatito, chilito serrano y sal. Vi con qué delicadeza agregó los ingredientes al molcajete y los mezcló con sabiduría. ¿Y el tío? Pucha, cuando todo estuvo ya listo, la tía llevó un platón generoso a la mesa y el tío entró a la cocina, sacó una botella de aceite de oliva, la abrió y regó unas gotas sobre el cremoso guacamole, colocó la botella sobre la mesa al tiempo que, orgulloso, dijo: “Ah, me queda para chuparse los dedos”, tomó una tostadita, le puso guacamole y la ofreció a mi papá. Pucha, yo quedé viendo a la tía, quien, sonriente, asentía como confirmando lo que había dicho el esposo.
El guacamole es una riqueza gastronómica, pero, no sé por qué la tía Martha le hacía caras feas. Cómo no, dijo su hija Elena, mi mamá es muy brava, si come guacamole le puede hacer mal. Recordé que de igual manera mi madrina Arminda, cuando servía un plato de guacamole en la mesa, preguntaba: ¿No te enojaste? Si te enojaste no comás aguacate. ¿Hace daño? La Vicky dice que sí, que la grasa del aguacate hace daño a la vesícula y da dolores de barriga.
Por eso, cada año pienso en los aficionados de USA, y en los mexicanos también. ¿Cómo le hacen los que hacen berrinches de coraje porque su equipo perdió si le metieron con ganas al guacamole? ¿No les hace daño? ¿No les importa un retortijón de tripas?
Cientos de toneladas de aguacate mexicano se van cada año en temporada de Súper Bowl, a mí me encanta saber esa noticia, eso significa que los gringos disfrutan un fruto exquisito. María Elena dice que el aguacate es verdura. No sé, lo que sé es que es un exquisito manjar. Además, el hecho de que los amigos de USA lo consuman significa dinerito para el territorio mexicano. En Comitán comemos el tzitz y uno que es de bola, a mí me encanta el que es como de mantequilla, que se da en Tierra Caliente, y por encima de todos, esa riquísima variedad que se llama Chinini y que mi papá se acostumbró a comer en San Cristóbal de Las Casas. Esta variedad no se encuentra en Comitán. Lástima, porque es riquísimo, exquisito, único.
Posdata: mi amiga Eva, quien es aficionadísima al fútbol americano tiene una mezcla de sentimientos cuando llega el Súper Bowl. Imagino que lo mismo le sucede a millones de aficionados, ella disfruta con intensidad el último juego, pero le asoma la tristeza porque es el final de la temporada, dice que de febrero a septiembre es una “gran sequía deportiva”, por eso, cuando inicia la siguiente temporada ella echa harto silbato. No sé cuál es su equipo favorito y no sé si come aguacate cuando hace coraje porque el equipo de sus amores no llega al gran juego. ¿Duele pancita? ¿Duele corazoncito?
¡Tzatz Comitán!
sábado, 11 de febrero de 2023
CARTA A MARIANA, CON MARIMBAS
Querida Mariana: mi querido amigo Marco Polo recuerda las fiestas comitecas de los años sesenta y setenta del siglo XX. Ah, eran guateques sensacionales. Marco Polo dice que los festejos que reunían a muchísimas personas los hacían en salones: el Club de Leones o en el patio enorme del Hotel Morales, pero la mayoría de fiestas era en casas particulares. La tradicional casa comiteca posee generosos patios centrales, rodeados por corredores enladrillados, llenos de helechos, también llamados colas de quetzal. Hoy, todas las fiestas son en salones. Los festejos caseros eran más íntimos, ahí se desparramaba más sabroso el chisme, la comedera de gente, porque todos estaban más cercanos. No sé si ahora, en los salones se pierde la llave, como sí se perdía en las casas. La gente que a las doce de la noche ya había disfrutado el festejo se despedía y al querer abrir la puerta, la dueña (organizadora del guateque) decía, sin cara de preocupación: “Se perdió la llave”, pucha, nadie podía salir, así que la gente se resignaba a seguir en la fiesta. Se trataba, ya te diste cuenta, de que los invitados no se fueran, que siguiera el relajo sabroso. Era un confianzudo abuso de amistad. No a todo mundo le caía bien la gracia, pero lo tenían que soportar.
Como en todo buen festejo no faltaba el traguito, la juncia, el manteado y, por supuesto, la marimba (los chalequeros también eran los que le ponían la sal y pimienta al guateque). Ahora (¡qué pena!) en pocos festejos aparece la marimba, la cambiamos por un tecladista. Lo mismo sucedió con las serenatas, un día, la marimba dejó de ser la protagonista maravillosa y cedió pasó al mariachi, como si fuéramos de Jalisco y no chiapanecos, vecinos amorosos de Guatemala, donde existen marimbas de gran prestigio.
Por eso, Dios los bendiga siempre, los grupos organizadores de entradas de flores han salvado nuestro honor, porque cuando hay el novenario de un determinado santo o virgen, los encargados procuran que haya marimbita. ¡Ah, qué genialidad! Además de alegrar el atrio de las iglesias preservan esa tradición musical que bendice los aires y es bálsamo para el espíritu. Por fortuna, los integrantes de la marimba de la Casa de la Cultura y de la marimba del Ayuntamiento tocan para el público, una o dos veces cada semana. En las fiestas actuales las marimbas casi están desaparecidas. ¡Qué pena!
La otra mañana, Paty, editora ejecutiva de Arenilla, y yo bajamos al parque de San Caralampio, para tomar unas fotografías para el archivo, eran las ocho y media o nueve, el aire corría majestuoso, hacía remolinos en las ramas de la ceiba y abrazaba a los caminantes. Vimos que al término de la escalinata el jacal ya estaba dispuesto, con ramas de laurel y algunas de ciprés y escuchamos la respiración del viento, acompañada por notas de marimba. Ah, pensé, es mi día de suerte; no todos los días tenemos la oportunidad de escuchar marimba.
“¡Ah, marimba!”, dije en voz alta. Una persona que me escuchó dijo: “Es por la Virgen de Lourdes, es el primer día de novena”. Di las gracias por el dato y subimos la escalinata para escuchar más cerca la marimba. Sigo receloso por lo de la pandemia, por eso no me senté en un escalón, como lo hacía antes, pero me paré frente al grupo integrado por cuatro ejecutantes, mientras Paty iba a tomar unas fotografías en el interior del templo. Mi espíritu se llenó de goce al ver la destreza del oficio de los ejecutantes y al escuchar los sonidos armoniosos. No hay lugar más sublime que éste. El viento que llega de la Ciénega es como un coro natural. La marimba, en el vestíbulo del templo de Tata Lampo suena diferente, es como si reconociera que ahí es casa del santo más querido del pueblo, el consentido. ¡Qué Santo Domingo perdone el atrevimiento!
Al lado derecho de la entrada, lo recordarás, hay una banca de cemento, ahí estaban sentadas tres personas: dos hombres y una mujer. Hacían lo mismo que nosotros: disfrutaban el prodigioso instante, la bendición que sólo tenemos los comitecos (pocos, porque la mayoría ya está en la avalancha de estos tiempos y no todo mundo se da la oportunidad de apreciar la maravilla de los actos sencillos). Cuando los ejecutantes terminaron una canción, uno de los dos hombres se acercó y preguntó cuánto costaba contratarlos. Pensé que la mejor carta de presentación de los músicos es a la hora que actúan y demuestran lo que saben. En realidad, se escuchaba bien la ejecución. ¡Cómo no! Ya nos fuimos enterando que el director de la Marimba Orquesta La Perla de Balún Canán tiene 45 años en el oficio, ¡cuarenta y cinco años! ¡Nadita! A tus años de edad aumentale trece más. ¿Mirás? ¡Toda una vida! El maestro José Luis López es como un artista híbrido porque continúa con la tradición (me maravilló verlo tocar la marimba, con una gran delicadeza), pero ya incluyó un teclado electrónico, como para que la audiencia sepa que él camina en la modernidad. No se escucha mal la combinación que hace, cuando lo vi tocar la marimba, dejar los bolillos y entrarle al teclado pensé en esos maravillosos artistas del grupo español Mecano, donde el tecladista pasaba de un aparato a otro en un prodigioso movimiento.
Cuando explicó la forma de contratarlo escuché que este grupo trabaja por contrato mínimo de cuatro horas, pues sí, de lo contrario no les resulta. Trasladar una marimba con el equipo restante (en este caso, el teclado, el bajo y la batería) no es cosa sencilla, exige un camioncito de esos que les llaman “fleteros”.
La persona curiosa regresó a la banca corrida de cemento y vi que el otro hombre ya no estaba, sólo había quedado la señora. Miré con atención y detrás del cubreboca descubrí un rostro conocido. “A ella la conozco”, le dije a Paty. En efecto, era doña Luz Angelina Rojas. Cuando ella me identificó me dijo: “Soy la que abre la feria”, lo dijo con gran orgullo y a mí me iluminó la frase. ¿Cuántas personas pueden decir eso? Es una frase genial. Doña Luz Angelina, en esa mañana llena de aire de vida, dijo: ¡Soy la que abre la feria!, la que celebra a la Virgen de Lourdes y a San Caralampio.
Dicen los que saben que el mero día de Tata Lampo es el diez de febrero, pero como en el templo de La Pila también hay una imagen de la Virgen de Lourdes, los fieles, respetuosos y corteses le pidieron a San Caralampio que cediera el honor a la Virgen para que primero celebraran el cumpleaños de ella, cuyo día es el 11 de febrero. Tata Lampo, siempre generoso, cedió la fecha, así es que los comitecos decidieron que el diez, mero día de su cumpleaños, se hiciera (como se hace) la tradicional entrada de flores y el festejo de su cumpleaños sea el 20 de febrero de cada año. Así que en el templo hay una seguidoña de novenas, que inicia el 2 de febrero y termina el 20. Pucha. Embelequero el pueblo comiteco.
Doña Luz Angelina dijo que ella, desde hace años, es la encargada del primer día de novena. “Le pongo su marimba”, dijo y platicó que sale a andar medio Comitán para solicitar ayuda económica para cumplir con el encargo. “Pido con conocidos, cien, doscientos pesos. Cuando me ven me dicen: ah, ya sé qué querés y, con gusto, ayudan con paga, porque me conocen”.
Y mientras lo platicaba, el otro hombre se despidió. Nos quedamos los tres en el atrio, más los integrantes de la marimba, éstos dándole sabroso a la huesuda y nosotros en el güirigüiri. La ayuda económica que doña Luz Angelina recibe no sólo alcanza para la marimba, también para los adornos florales, porque la virgencita se merece un altar bonito.
Los artistas terminaron de tocar y sólo nosotros tres aplaudimos, lo hicimos con cariño, reconociendo sus talentos. Que la cantidad escasa de audiencia se compensara con nuestro entusiasta aplauso. Bueno, dijimos, ya nos vamos. Sí, que les vaya bien. Igualmente. Bajamos unos escalones, me detuve, volví la mirada, los ejecutantes seguían dándole a la marimba, al bajo, al teclado y a la guitarra. El maestro José Luis toca la marimba y el teclado, don Santiago Hernández Aguilar lo acompaña en la marimba; don Ramón Gordillo le da al bajo eléctrico y un jovencísimo Daniel Argüello toca la batería, el instrumento que me seduce, que es como mi deseo musical frustrado. Sí, me encantaría tocar batería, acompañar rolas de pop y de rock.
Posdata: que Dios bendiga a los encargados de las novenas en templos católicos, que les siga dando mucha vida y tiempo para contratar grupos musicales que tengan a la marimba como el centro de su razón de ser; que las enramas tengan mucha hoja de laurel y que el viento siga abrazando a los fieles que llegan temprano a persignarse al templo y se quedan un ratito escuchando a la marimba.
Vi que doña Luz Angelina volvió a sentarse. A esa hora se quedó sola, dueña del espacio, escucha única de la marimba. Ah, qué bendición. Al despedirse me dijo: son dos horas de marimba en la mañana y dos en la tarde. Sí, pensé, fue lo que dijo el maestro: el contrato mínimo es de cuatro horas.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 9 de febrero de 2023
CARTA A MARIANA, CON MULTIPLICACIONES Y DIVISIONES
Querida Mariana: vos sabés que a veces divido el mundo en dos. Una amiga me dijo que la vida no es tan simplista, que el mundo está dividido en millones de opciones. ¡Dios mío! Mi amiga tiene razón, pero como yo siempre he sido muy limitado no puedo ver al mundo más que en forma sencilla. Siempre me apabulla el dato de que en el universo existen millones de planetas que están a millones de años luz.
Y digo esto porque ayer pensé que hay dos tipos de personas: las que disfrutan hacer periódicos murales y las que aborrecen tal actividad.
Los periódicos murales son una labor escolar o institucional. Nadie hace periódicos murales en su casa, ¿o sí? Tal vez. A mí no me estás preguntando, pero siempre me han gustado los periódicos murales, soy del grupo que sí disfruta esos espacios.
Pienso que esta división da indicios de una vocación. Si te gustan los periódicos murales, si participaste en la elaboración de uno o más, si disfrutaste recortar letras, acomodarlas, pegarlas; si fuiste feliz coloreando un dibujo para que apareciera, vos podrás ser una gran dibujante, diseñadora, escritora, ingeniera, arquitecta, actriz… es decir, para que seás una persona exitosa y feliz debés dedicarte profesionalmente a algo que tenga relación directa con el periódico mural. Si sos de los que se fastidiaron con la elaboración de un periódico mural o pasás de largo y no te detenés; si consideraste como un castigo participar en la manufactura de uno, entonces estudiá algo que no esté directamente relacionado con las ciencias sociales o con el arte. Lo tuyo lo tuyo no es la imagen que se presenta en los periódicos.
Todas las personas que participan en la elaboración de periódicos murales tienen algo de los tres grandes muralistas: Orozco, Rivera y Siqueiros; pero también tienen algo de la ruptura creada por el gran Rufino Tamayo; pero, sobre todo, tienen un mucho de José Luis Cuevas. ¿Recordás que Cuevas hizo un mural efímero en la Zona Rosa, de la Ciudad de México? Fue un acto revolucionario para contrarrestar la solemnidad de los grandes muralistas, con su mural les dijo que lo efímero también es arte y queda para siempre, porque si ahora recuerdo este acto significa que su mural sigue presente aun cuando físicamente ya no está.
Las dos palabras reunidas son una explosión de luz maravillosa: periódico y mural. Estos espacios llenos de imágenes y palabras están destinados para el público, son una ventana maravillosa.
Una vez participé en la elaboración de un periódico mural en la primaria Matías de Córdova y una vez también en la secundaria de mi Colegio Mariano N. Ruiz. Apenas en dos ocasiones, pero ambas fueron memorables. El destino me estaba señalando una vocación definida. Desde siempre fui de los que aman los periódicos murales, de los que disfrutan los recortes, de los que son felices a la hora de diseñar.
Actualmente, como en la mayoría de escuelas, en el Colegio Mariano N. Ruiz, el periódico de esta semana desaparecerá para darle lugar a uno nuevo. Los escolares son efímeros, los institucionales también. Lo mismo sucede con los periódicos impresos, la mayoría va a dar al basurero, pocos ejemplares se conservan en las hemerotecas. Los institucionales y escolares desaparecen, sin embargo, algo del espíritu del pintor Cuevas subsiste, son como esos dibujos que artistas callejeros pintan sobre el piso y que desaparecen de un día a otro, que se deslavan con la lluvia. No obstante, el espíritu del mundo se ilumina con estos murales efímeros, porque quienes gustan de hacerlos o de apreciarlos se los llevan en su corazón.
Posdata: vi a los tres estudiantes de tercero de secundaria, con su maestra Chely, elaborar con delicadeza el periódico del Colegio Mariano N. Ruiz, privilegiaron dos actos de una fecha simbólica: 5 de febrero, aniversario de la Constitución Mexicana de 1917; y aniversario de la fundación del Colegio Mariano N. Ruiz, institución educativa que inició en 1950.
miércoles, 8 de febrero de 2023
NOCHE SIN GRILLOS
A veces divido el mundo en dos. Ayer lo dividí en: mujeres que son como la noche aguada; y mujeres que son aguadas en la noche.
La mujer que es aguada en la noche no sabe dónde está la puerta y cuando la encuentra se destantea porque no sabe si debe salir o entrar. Reconoce cuando está afuera de una casa y el deseo la impulsa a entrar, pero cuando está adentro de la casa y halla la puerta (después de muchos intentos) duda si entra o sale. Todo mundo sabe que al estar en el interior y abrir una puerta no queda más que salir, pero ella duda, duda siempre, a veces sale, pero en muchas ocasiones tiene la impresión que entra, que entra a un mundo desconocido.
La mujer que es aguada en la noche duda si se peina para salir o se pone la pijama para entrar, siempre, como ya se dieron cuenta, anda en la burbuja de la confusión; no sabe si el peine sirve para alisar el cabello o para enchinarlo; no sabe si sus manos son para acariciar al amado o para rasguñarlo; no identifica bien los colores y confunde el negro de la noche con el negro del misterio, cuando esto sucede la noche se convierte en la antesala del misterio y ella se vuelve misteriosa y se siente gata y maúlla, trepa a los tejados y seduce a gatos desorientados. Los maullidos que da despierta a todo el vecindario, los vecinos protestan, avientan piedras y ollas; a veces una olla da en su cuerpo y esto hace que su cuerpo aguado reconozca su esencia líquida y deje de ser gata y se convierta en lo que su espíritu demanda: agua para la lluvia del cuerpo y del alma. Entonces se deja resbalar por el techo, descolgarse y caer en el pasto donde se vuelve charco. En ese momento se alarga como si fuera un lago y llama a los sapos para que jueguen en ella, instante donde un sapo siente el beso y se convierte en príncipe. La gata, perdón, el lago, perdón, el agua reconoce el milagro y se reconoce princesa. Momento en que abandona su condición aguada y se vuelve cuerpo que se contonea como gata y maúlla para que los perros ladren, para que los vecinos abandonen su malestar, se acerquen a las ventanas y admiren la belleza que pasa por delante de ellos. Los hombres entonces quisieran ser gatos o perros y aventurarse a la calle para conquistar a la mujer que es aguada en la noche, pero las mujeres que tienen en sus casas lo impiden, porque ellas están tranquilamente viendo la televisión, preparando la cena, acostando a los hijos, cortándose las uñas de los pies, orando, jugando baraja, pero si advierten que sus hombres se ponen jariosos ante la visión de una hermosa mujer en la calle, ellas también se transforman y se convierten en mujeres pesadas en la noche, se vuelven lobas y avientan sartenes, platos y, como si fueran hijas de la madre del taekwondo cinta negra, levantan la voz con la misma intensidad que los brazos y las piernas. Se ha conocido casos donde los perros en brama terminan convertidos en conejitos discapacitados.
A veces divido el mundo en dos. Mañana lo dividiré en: mujeres que son como una proyección de cine en la pared, y mujeres que son como representación de sombras chinescas.
lunes, 6 de febrero de 2023
CARTA A MARIANA, CON NUBES LUMINOSAS
Querida Mariana: mirá qué belleza de fotografía. Se la robé a Gloria Ruiz Albores, ella es integrante de la generación 1970 – 1973, de educación secundaria, del Colegio Mariano N. Ruiz. En aquellos años este lugar era el emblemático: frente a la fachada del histórico templo de San Sebastián. Ahí comenzó la Independencia de Comitán, ahí los muchachos conmemoraban la pausa en su vuelo intelectual. A partir de este instante aparecía la encrucijada que los llevó a suspender estudios e incorporarse al trabajo o continuar estudiando el bachillerato y posteriormente la profesional.
Esta generación celebrará en este veinte veintitrés los cincuenta años de haber egresado. Como lo han hecho las generaciones precedentes los organizadores convocarán a todos los compañeros para volver a integrarse como grupo y celebrar la vida.
Gloria, con orgullo, dice: “soy Marianita”. ¿Mirás qué prodigio, niña mía? Ellas tienen nombres diferentes al tuyo y, sin embargo, ¡todas son Marianitas!, son tus tocayas por la gracia divina de haber sido alumnas del Colegio Mariano N. Ruiz.
Los ex alumnos de la Escuela Fray Matías de Córdova con orgullo declaran ser de “La Matías”. El sexo del personaje se modifica. En caso de ex alumnos del Colegio Mariano N. Ruiz no lo cambian, porque como es colegio decimos que somos “del Mariano”, pero las niñas se convierten en Marianitas.
El nombre de nuestro Colegio permite esa luz: somos “Marianitos”. Nunca he escuchado que un ex estudiante de la Matías o de la Belisario o de la Josefa Ortiz Domínguez, tengan esa cercanía. Los ex estudiantes de la Belisario no dicen que son “Belisaritos”, se escucha mal; en cambio, los estudiantes varones del Colegio Mariano sí somos Marianitos y las chicas son Marianitas. ¡Qué bendición!
Y las generaciones se reúnen después de cincuenta años de este instante porque saben que la vida es apenas una brizna. Como en todas las demás fotografías de generación acá hay vacíos, muchachos que ya no llegaron físicamente a este momento, porque el destino los hizo suspender el viaje. Como siempre lo hago comencé a hacer un pase de lista mental y apenas llegué al tercer sitio en la fila de atrás, de izquierda a derecha, cuando encontré que ya falleció. Se reúnen para celebrar la vida, para seguir dándose la mano, para afianzar la idea de un grupo único, sensacional, el mejor del mundo. Algunos viajarán desde otras ciudades donde radican, lo harán con la emoción de regresar a Comitán, de ver a sus antiguos compañeros y compartir recuerdos y anécdotas; todos lo harán para pepenar los destellos de luz que siguen presentes en ese maravilloso lugar, desde hace cincuenta años.
En esta fotografía aparece al centro el fundador del Colegio: el padre Carlos J. Mandujano, en el lado izquierdo están la Madre Sara, la maestra Rosita, el doctor Robles y el maestro Hermilo; en el lado derecho el maestro Miguel, el maestro Güero, el maestro Jorge, el maestro Virgilio y el maestro Roberto. Por desgracia, ya no están en este plano terrenal la Madre Sara (Sara De la Barreda Guevara), el doctor Guillermo Robles Domínguez (primer novio de Rosario Castellanos), el profesor Miguel Ángel Penagos Figueroa, el maestro Güero (Javier Mandujano Solórzano), y el fundador padre Carlos J. Mandujano García.
La fotografía es sensacional. Una mañana de 1973 el sol se desparramó generoso; los muchachos y maestros, convocados por el destino, se pararon frente al fotógrafo consentido para las fotos de generación del colegio: don Roberto Gordillo. Nadie puede saber qué pensaban estos chicos en ese instante, tal vez ni ellos mismos puedan decirlo; y, sin embargo, algún sentimiento pasó volando como golondrina por su mente y se quedó aleteando como colibrí en su corazón.
Posdata: ayer compartí con vos la fotografía donde un grupo de actuales alumnos vuelan papalotes en el campo del plantel Los Sabinos; hoy te comparto este momento prodigioso en el que los chicos del Colegio se tomaron la foto del recuerdo en la conclusión de sus estudios de secundaria. Las dos fotografías aluden al vuelo, a la luz del sol enredada en la cuerda de la vida.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 5 de febrero de 2023
CARTA A MARIANA, CON GUATEQUE
Querida Mariana: ni cuetes ni trago, pero sí mucho confeti en el espíritu, mucha marimba, mucha oración, mucho agradecimiento a la vida. El Colegio Mariano N. Ruiz, mi colegio, cumple 73 años.
El padre Carlos (Dios lo bendiga siempre) fundó esta institución que lleva el nombre de quien fue su maestro. Este colegio es el agradecimiento de un alumno a un maestro. Pocos seres humanos tienen esa grandeza de corazón. El padre Carlos honró a quien le dio el conocimiento inicial, ahora nosotros, quienes seguimos abonando este enormísimo árbol, honramos a nuestro maestro fundador.
El día 5 de febrero de 1950 inició este camino de luz, donde muchísimos chicos abrevamos una semilla para el crecimiento intelectual. La mayoría de estos muchachos conserva grandes recuerdos y agradece el instante donde se convirtió en “Marianito”.
Desde hace varios años (desde 2018) las generaciones de secundaria se reúnen para celebrar los cincuenta años de haber egresado del colegio. Quienes actualmente laboramos en el Colegio vemos con agrado y profunda satisfacción que estos grupos de compañeros siguen sosteniendo entre sus manos la cinta de la amistad.
Un escritor dijo por ahí que las amistades más profundas se dan en esos años, los de la educación secundaria. No es una regla inmutable, pero, en lo personal sí doy fe de ello, los amigos más entrañables los conocí en la secundaria, en la secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz. Tengo gran cariño y aprecio por los compañeros de generación, por todos, y algunos de ellos siguen siendo parte de mi palomilla, parte esencial de mi vida. Además, agradezco por siempre al padre Carlos por haber fortalecido en mí el amor por la literatura en sus prodigiosas clases. Ya leía, pero su cátedra terminó de cimentar este edificio espiritual que hoy le da sentido a mi vida.
Sé que en todas las instituciones existen maestros que abonan con alegría a los pequeños gajos que asisten a las aulas. En el Colegio Mariano N. Ruiz ahora encuentro a muchos compañeros maestros que siguen iluminando corazones y mentes, que siguen sembrando esperanza para este mundo tan incierto. El abanico de maestros que ha pasado por las aulas de la institución es inmenso y grato, no alcanzarían mil hojas, mil cartas, mi niña querida, para nombrarlos, mujeres generosas y hombres buenos, donde incluyo el nombre de mi amado padre: Augusto Molinari Bermúdez, quien fue secretario en el Colegio e integrante de la Asociación.
El maestro Jorge Gordillo Mandujano es nuestro director general emérito y ahora el colegio continúa fortalecido bajo el rectorado de mi jefe, el joven maestro José Hugo Campos Guillén.
Apenas hace días, el ingeniero Eloy Robles López, catedrático de matemáticas, me envió una fotografía donde aparecen alumnos volando papalotes en los campos del plantel de Los Sabinos. En febrero hay vientos favorables, ya lo dijo Rosario Castellanos en su novela “Balún Canán”, cuando narra una escena en los llanitos de Nicalococ. Pensé que la fotografía del ingeniero Eloy era una imagen propicia para sintetizar este cumpleaños setenta y tres: el Colegio Mariano N. Ruiz es un papalote que sigue en vuelo portentoso dando luz a los chicos y chicas que acá estudian.
Posdata: sin trago, sin cuetes, pero sí con mucho confeti y marimba, agradezco la bendición de ser Marianito y de vivir con intensidad el cumpleaños setenta y tres de mi querido colegio.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 3 de febrero de 2023
CARTA A MARIANA, CON UN BUSTO
Querida Mariana: acá está el busto de Rosario Castellanos, la escultura que hizo Luis Aguilar. El busto está colocado en una esquina del parque central, donde antes hubo un árbol. Ahora, el árbol lo tiene enfrente, bien recortadita su fronda, le sirve como bufanda.
La otra mañana pasé por ese espacio, siempre que paso en auto o cuando camino por ahí y bajo por la escalinata breve con rumbo al templo de San José, como muchas otras personas, veo el busto y miro si tiene telarañas en los huecos, porque a veces no le dan una manita de gato a la escultura de bronce, pero, además, saludo a Rosario, es el feliz pretexto para saludar a una de las más grandes escritoras mexicanas del siglo XX. Ya andamos en el XXI y ella sigue trepando a las alturas, es como una de esas nubes gloriosas que se ven al fondo, como una de esas tejas que resguardan los locales del portal.
Pasé por ahí, iba en mi auto, me dirigía a mi oficina de la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar y de pronto vi lo que acá comparto con vos. Un equipo de cuatro personas, con documentos, folders, cámaras y celulares, están pendientes de un señor que vestía una guayabera blanca. El personaje, así le llamaré, se había parado frente al busto para que éste quedara al fondo de la grabación.
¿Mirás qué prodigio? Sí, las estatuas de los grandes personajes sirven para tomarse la foto del recuerdo, en cuanto aparecen en un espacio público se vuelven imágenes referenciales. Es como el plus de un viaje. Ahora, muchas personas se toman la foto del recuerdo al lado de las letras gigantescas donde aparece el nombre del pueblo que se visita. No todos están de acuerdo con esas letras, dicen que en los pueblos famosos no hay necesidad de ello. ¿Quién necesita un letrero que diga París cuando el retratado está frente a la Torre Eiffel? Todo mundo identifica el lugar.
Llamó mi atención, porque pensé (tal vez imaginé de más) que quien viste de guayabera es un político y su equipo de producción le propuso que el video promocional fuera tomado frente al busto de Rosario. Ah, el arte escultórico y la literatura de la mano con la política.
He visto a decenas de turistas q ue se toman la fotografía del recuerdo en ese espacio. Muchos visitantes suben a la plataforma y se acercan al busto. No pueden acercarse más. Digo que eso es práctica común. Tengo amigos que han ido al Senado de la República y la foto obligada es donde aparecen al lado de la escultura de Belisario Domínguez. Tengo amigos que se toman fotos al lado del famoso Caballito, de la Ciudad de México.
En una ocasión (me dio gusto) un papá subió a su hija sobre el cubo y la niña abrazó a Rosario. No supe bien a bien si la niña supo lo que estaba haciendo, pero sé que cuando crezca y vea esa foto del recuerdo reconocerá que tuvo la osadía de subir y abrazar a Rosario Castellanos. Espero que en ese momento ella sea una gran lectora de la obra de Rosario, que sea una gran lectora. ¿Será un gran lector este personaje de la guayabera blanca?
Como dije, iba en auto, ya no supe bien a bien qué decía el personaje de la guayabera. Me habría gustado estacionar el auto, bajar y oír su mensaje. ¿Aprovecharía la imagen para hacer una cita de Rosario y encaminar por ahí su mensaje político? Pero, digo, la maestra Fany haría un acto llamado “Spelling Bee” y yo debía estar en el colegio. Vi todavía por el espejo retrovisor la imagen y tuve una mejor perspectiva, el personaje aparecía bien parado y al fondo estaba el busto que realizó el gran escultor comiteco.
Las esculturas de Luis sirven para que los visitantes o los de acá se tomen la foto del recuerdo. Los niños se trepan sobre el león de la Pila que a su vez está trepado sobre una piedra pintada de rojo. Ah, somos bien folclóricos los comitecos. He visto a personas que se toman la foto del recuerdo en la escultura que está en el parquecito frente al templo de San José. Bueno, acá han sido tan juguetones que se robaron los bolillos del marimbista.
Posdata: sí, querida mía, cada una de las esculturas del mundo se convierten en lugares simbólicos, algunos lo son tanto que no necesitan letreros que digan: “soy fulano de tal” o “estás en tal lugar”. Algún día, en Comitán no necesitaremos letreros que digan ¡Comitán!, porque todo mundo reconocerá de inmediato el espacio prodigioso.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 2 de febrero de 2023
CARTA A MARIANA, CON TOSTADAS
Querida Mariana: vos no, pero yo sí. De niño tuve una mala impresión de la tostada. En varias ocasiones escuché que fulano de tal era ¡un hijo de la tostada!, lo decían con coraje, como si ser hijo de la tostada fuera lo peor de lo peor.
Y ahora veo que dentro de la gastronomía comiteca, la tostada es ignorada. La comemos, la disfrutamos, pero no la colocamos en el lugar de honor que le corresponde. Todo mundo habla del pan francés. ¡Pucha, tal vez por el nombre internacional nos sentimos chentos! El
Día de la Candelaria nos unimos a la multitud nacional que celebra con tamales. Ah, el tamal, todo mundo lo alaba. Somos hijos del tamal y andamos orgullosos, como si nada. ¿Y la tostada? La tostada es más versátil. ¿Dónde has visto que preparen tamales de pata? En cambio, ah, qué ricas las tostadas de pata. En el pueblo todo mundo habla del pan compuesto, ¿qué pasa con las chalupas? Tal vez algo de esa discriminación de infancia subsiste en nuestro imaginario colectivo. Los niños de los sesenta ofendíamos a los que nos ofendían diciéndoles que eran ¡hijos de la tostada! ¿Por qué decíamos eso? No lo sé. La modesta tostada carga con esa rémora.
Romualdo dice que la culpa es de Pedro Infante, bueno, no de él, sino de Ismael Rodríguez, el director de la película “Pepe, El Toro”; bueno, tal vez ni él sino del escritor del guion. En esa película lacrimógena aparecen dos borrachitas, una es “la guayaba” y la otra “la tostada”. Romualdo asegura que a quienes eran “pedantes”, no por antipáticos sino por bolos, les comenzaron a decir que eran hijos de la guayaba o hijos de la tostada; es decir, su afición por los alipuses se debía a una carga congénita, heredaron el gusto por el traguito; pero, por extensión, a cualquiera que era un ser tan miserable como los borrachos, se le aplicaba que eran unos hijos de la guayaba o hijos de la tostada. ¡Pucha! ¡Qué destino tan cruel para un ingrediente maravilloso de la cocina comiteca!
No hay cosa más rica que una tostada de manteca, se come sola o como acompañante de platillos o como elemento fundamental de una exquisitez gastronómica. La tortilla, el pan y la tostada son los elementos más polifacéticos. La tostada es casi casi como la mera madre de la tortilla. Sara, la sirvienta de casa, me daba una tostada todas las noches. Aprendí entonces que la podía comer como ella me la daba: con crema; o podía comerla con frijolitos, con guacamole o con cualquier guiso. Cuando mis papás estaban de buenas mandaban a comprar órdenes de chalupas con tío Jul. Ah, qué delicia. Mis papás se apresuraban a cenarlas, yo dejaba que se aguadaran, las doblaba como quesadilla y así las comía. La tostada es acompañante genial. Bueno, con decir que conozco gente que come los tamales con tostada. ¿Butifarras? Con tostadita. ¿Hueso? Con tostadita. Hay personas que ponen pedacitos de tostada al interior del pan compuesto y dicen que ese “crocante” le da un sabor sensacional.
Somos unos hijos de la tostada si continuamos denigrando a ese riquísimo complemento. Mucha gente prefiere cenar tostadas en lugar de pan, son igual de ricas, pero engordan menos.
Cuenta Micky que en los Estados Unidos de Norteamérica comen guacamole a la hora del Súper Bowl, lo acompañan con tostaditas comerciales, de esas que fabrica Sabritas. En Comitán, los aficionados comen su guacamole con tostaditas de manteca. Ah, qué delicia.
Basta de hacer menos a la tostada, basta de darle preeminencia a otros elementos gastronómicos. Coloquemos a la tostada en el nivel que le corresponde. Las como sin aceite, horneadas. Mi mundo es más afectuoso gracias a la tostada, con orgullo digo que soy un hijo de la tostada, sin freír. Se me hace que uno de los grandes inventos de la cocina es la tostada. La tortilla se descompone pronto, la tostada ¡no! No sé cuál es el secreto para ello, pero he visto fotografías de personas que tenían haciendas y llevaban redes de tostadas para un mes.
La tostada es hija consentida del maíz; por lo tanto, como el primer hombre maya, provengo del maíz.
Posdata: la tradición dicta que el Día de la Candelaria se comen tamalitos. ¿Por qué no inventamos un día donde se celebre con tostadas y que todos los comitecos seamos orgullosos hijos de la tostada? Dicen que San Juditas es rete milagroso, pues que haga el milagro para que su día lo celebremos con harta tostada, tostada de pata, tostada con frijolitos refritos y muchas órdenes de ricas chalupas.
¡Tzatz Comitán!
martes, 31 de enero de 2023
CARTA A MARIANA, CON UN RAYO
Querida Mariana: la Secretaría de Cultura conmemoró el natalicio del escritor Rafael Ramírez Heredia, mi maestro de cuento. Sé que muchos asistentes a su taller de narrativa lo recuerdan con afecto, con agradecimiento. Fue uno de los más grandes conductores de talleres creativos en México. En los años noventa, el Instituto Chiapaneco de Cultura lo contrató para dar un taller de narrativa, mientras Óscar Oliva impartía el taller de poesía. Muchos entusiastas aprendices acudíamos al Teatro de la Ciudad cada mes. Ahí, en forma puntual asistía el maestro, el reconocido Rayo Macoy, título del cuento que obtuvo el premio Juan Rulfo, del concurso internacional que organizaba Radio Francia, en París.
No recuerdo con certeza, pero tal vez el taller iniciaba a las diez de la mañana y se prolongaba un poco más allá de las dos o tres de la tarde, porque asistíamos entre quince y veinte personas, llegadas de varias partes del estado: Tapachula, San Cristóbal, Comitán y Tuxtla, por supuesto.
La dinámica era sencilla, conforme llegábamos así era el orden de lectura. Él no permitía que lleváramos copias para repartir, porque, decía con toda la razón, si el texto tenía errores ortográficos la lectura se fracturaba; tampoco permitía que lleváramos textos con tachaduras, debíamos (cuando menos) imprimir el texto escrito en una computadora o pasado en limpio a mano. Sí, vos sabés que a la hora de redactar cualquier texto hay palabras que se eliminan y esto obliga, en un cuento, a pintar flechitas para seguir el caminito.
El Rayo se sentaba en la cabecera de la larga mesa (el personal del Teatro unía varias mesas), dejaba un papel a su lado derecho, junto con una pluma, saludaba, hacía algún comentario y pedía que iniciara el primero de la lista. Esta persona leía, todos escuchábamos. A veces, en contadas ocasiones, después de una o dos líneas, solicitaba que iniciara la lectura de nuevo, “perdón”, y ya agarraba el hilo. Al final de la lectura cada uno de los participantes hacía comentarios acerca del texto y el maestro cerraba el círculo de opiniones. Tomaba el papel donde había hecho algunas anotaciones y puntualizaba. Era, por supuesto, el momento más importante, el que esperábamos todos los participantes. Nieto del no menos famoso Rafael Ramírez Castañeda, el creador de la escuela rural y de las misiones culturales, heredó la vocación de ser lector. En una entrevista dijo que leía a todas horas, pero nunca fue un niño nerd, ¡no!, era un gran lector, atento lector, pero era bien pueblo. De acá pepenó muchas historias que luego llevó a sus libros. Comenzó a escribir de manera profesional cuando tenía un poco más de veinte años; es decir, cuando lo conocí había sido lector durante más de cuarenta años y escritor durante más de veinte. Estaba curtido en literatura.
Siempre alabé y reconocí su compromiso. Escuchaba con la misma atención todas las lecturas, desde la primera hasta la última. No sé cómo le hacía. Sus comentarios también eran con similar profesionalismo. A veces llegaba medio crudo, porque al bajar del avión el viernes por la tarde tomaba algunos tragos, ya que era un gran bohemio, pero al iniciar el taller su capacidad de escucha atento estaba al ciento por ciento. Nunca mostró cansancio. Claro, cuando había llegado medio crudo, a las dos o tres de la tarde, ponía las manos sobre la mesa, se paraba y decía que fuéramos a una cantina a tomar una cerveza fría con botana. Todo era aprendizaje. Nos enseñó que la vida era la que había llevado desde niño: la lectura de muchos libros a la par de las vivencias en contacto con las personas, en la calle, en la cantina, en el prostíbulo, en las escuelas, en las plazas.
Una vez, ya radicando en Puebla, me envió un correo y dijo que el Fondo de Cultura Económica había reunido sus cuentos y los había publicado. Un fin de semana viajé a México para comprar el libro que está dedicado a muchos amigos, más de cien, más de quinientos. Me dio gusto hallar mi nombre.
En Puebla, una mañana triste de 2006, me enteré que el maestro había fallecido. Murió de un cáncer que le hizo una mala jugada. Lamenté mucho la noticia, junto con muchos lectores, escritores y asistentes a sus talleres. Fue uno de los más grandes conductores de talleres de cuento, hombre generoso y crítico severo. No era complaciente en sus juicios. Sabía que la única manera efectiva de que sus alumnos crecieran en materia literaria era siendo un crítico imparcial y riguroso, señalando errores y destrozando egos.
Posdata: el cuento del Rayo Macoy también es uno de los grandes cuentos de la literatura mexicana, tiene todo el sabor del buen lenguaje popular trasladado al arte. Es un texto que releo con gusto. El Rayo Macoy es la historia de un boxeador que llegó a ser un triunfador y que como muchos boxeadores mexicanos terminó en la miseria más abyecta. ¿Ya lo leíste? Te lo recomiendo.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 30 de enero de 2023
ORACIÓN POR EL TÍO GILBERTO BERMÚDEZ BERMÚDEZ
Que Dios te reciba con la alegría que derramaste en vida, a la hora de la convivencia, a la hora de ir a dejar sombreros a la frontera con Guatemala, a la hora de brindar con los compadres, a la hora de correr por la casa de tía Juanita Bermúdez y de tío Guillermo Bermúdez.
Que te reciba con el aroma de los pinos del rancho de tus padres: Hierbabuena; que te dé el azul del cielo, el frío sabroso de la madrugada, la caricia del sol al aparecer tras las montañas.
Que oigás el mugido de las vacas y el salto armonioso del venado, el canto de los pájaros y el vuelo de los patos que migran.
Que bebás agua limpia del nacedero, que al poner tus dos manos la recibás como recibiste los dones en vida, agradecido.
Que destine el mejor árbol para vos, el de dos ramas con el mismo apellido: Bermúdez. Árbol pródigo, generoso.
Que te tenga destinado un buen asiento, como el que todas las mañanas recibía a tía Juanita, hermana de mi abuela paterna, a la hora que extendía la mano para recibir la moneda que dejaba el niño que, gozoso, iba al patio trasero donde estaban los tanques para nadar.
Que te bendiga con el aroma de los cartuchos (alcatraces) que crecían generosos en el jardín y cuidaba Chepito.
Que te dé un lugar privilegiado para cuidar a tu familia, a la tía Maty, a tus hijos Reynaldo, Mario, Miguel, Gil y Ofe, a tus nietos y demás gajos de tu gentil árbol.
Que las mejores palabras te acompañen, que brinqués la cuerda de la vida eterna; que tu carne sea una con tu espíritu y todo sea parte del infinito.
Que lo sembrado en la tierra dé frutos en tu nuevo espacio y tu árbol siga dando sombra, oxígeno y sea hogar para cien chupamirtos y diez mil orquídeas.
Que cada charco sea como un mar lleno de peces, sardinas, tortugas; que el arco del delfín sea como tu sonrisa.
Que tus ganas de vivir sean el camino que ahora anden tus pasos; que no necesités bastón para caminar ni usés cubreboca, que tu aliento sea el mismo que acarició el patio de tu casa.
Tu casa, donde una vez me recibiste porque mis padres fueron de viaje; tu casa, donde escuché en radio la transmisión del partido inaugural del México 70. Patio generoso, donde jugué chinchinagua con Mario, Gil y Miguel.
Que Dios te lleve a lugares bonitos, como vos nos llevaste una vez a Los Lagos de Montebello; que Él te provea lombrices para ensartar en los anzuelos y pescar pececitos en la Laguna Encantada o Esmeralda.
Que tus manos sigan arando la tierra, poniendo estrellas en el cielo, acariciando nubes en lo alto.
Que te sea fácil nombrar el tiempo sin tiempo, que no haya más espera que la vida eterna.
Que los años por delante sean una eterna primavera, que siempre haya rosas, que todo esté verde, húmedo, que haya luz por doquier, que todo sea como una esquina iluminada.
Que Dios te conserve en un rincón amable, por los siglos de los siglos.
Que descansés en paz.
domingo, 29 de enero de 2023
CARTA A MARIANA, CON PILDORITAS
Querida Mariana: siempre llevo una pluma, un pedazo de papel y un libro. Nunca me aburro. Si debo esperar leo el libro o dibujo o escribo. Una pluma, un pedazo de papel y un libro son los ingredientes para ser feliz. Hubo un tiempo que fui más sofisticado. Tenía libretas donde pegaba documentos, fotografías, dibujaba y escribía. Se volvieron un gran archivo. Muchas personas me regalaron fotografías y programas valiosos: “para tu libreta”, me decían. Te he contado que esas libretas se volvieron materia morbosa codiciada. ¿Qué tanto conservaba ahí? Un día las quemé todas. Sí, con ellas se perdió un archivo valioso, para mí y para la historia de Comitán. Hubo papeles que sólo estaban en mis libretas. Desde entonces pensé que no debía acumular. Ahora llevo un pedazo de papel y una pluma, los empleo para escribir. A veces, alguna de las cartas que te envío las escribo en el parque mientras espero o mientras hago fila para pagar el servicio de televisión por cable (servicio del que nos quejamos muchos. Mi mamá aprovecha ver las misas por la tarde, las ve y escucha con intermitencias. A cada rato aparece el mensaje: “señal no disponible”. Mi mamá pregunta si no es posible que remedien ese fallo tecnológico. No, mamá, le digo, este servicio es chafa. Y así la llevamos. Nosotros, como todos los usuarios, cumplimos con el pago puntual y la empresa del cable nos da cada vez menos canales y cada vez con más fallos. Ah, país, te amo mucho, pero reniego de tu modo de ser mediocre y rascuache).
El otro día revisé la gaveta del escritorio de la oficina y hallé un papelito con pildoritas escritas a bote pronto. Te las comparto, sólo como un divertimento, como muestra de pierdetiempos, de mamaditas, de orgasmos mentales precoces:
• Era tan racista que no comía nueces “de la india”.
• Juan era tan discriminador que no toleraba ninguna raza indígena. La que más odiaba era la totoNACA.
• Pedro, primo hermano de Juan, no comía las espiNACAS.
• Era tan bobo que pensaba que comiendo Vitamina C sabría de todo.
• Hablaba como español, pero no era de España. Él aseguraba que hablaba así porque comía muchas empanadas de SETAS.
• Como era medio sordo equivocaba las palabras. No tomaba limonada porque no le gustaba que fueran de limones DEPRIMIDOS, ¡EXPRIMIDOS!, corregía la abuela.
• Así como hay verduras, ¿hay verBLANDAS?
• Así como hay hortaliza, ¿hay hortaCORRUGADA?
• Se creía tan superior que nunca tomaba CARTA BLANCA.
• “Siempre hay un pero”, dijo doña Llana a don Áspero.
• Como era medio sordo equivocaba las palabras. Cuando le ofrecían un platillo japonés con algas, se levantaba de la mesa y decía que las japonesas aparte de culonas eran unas ofrecidas.
• Así como hay martillo, ¿hay martitú, martiél?
• ¿Las herramientas nunca dicen verdades?
• El acorde se acordó que tenía acuerdos y huyó de la banda.
• El tango dijo tengo tingo y tongo y se puso a bailar un ritmo desordenado.
• Doña Soponcio se casó con don Patatús. Cuando nacieron sus gemelos, todo mundo supo que se llamarían: Telele y Tramafat.
Sí, son mamaditas. Así me divierto. Veo una palabra y la pongo a rodar como si fuera canica, en cuanto entra al hoyo (la canica), ¡chiras, pelas!
Posdata: en los papelitos escribo muchas boberitas. En las libretas tenía ideas para cuentos, que se malograron, pero también tenía recaditos. A la gente de acá le interesaba enterarse de los recaditos y no de los cuentitos. Quemé las libretas. Me consideraban un simple recadero y no un escritor. Ahora, ni recibo recaditos ni los envío. A vos te comparto las boberitas, los divertimentos. No, no, las mamaditas ¡no! Capaz que se enoja tu novio.
¡Tzatz Comitán!
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