lunes, 10 de abril de 2023
CARTA A MARIANA, PARA BORDAR EL MUNDO (primera parte)
Querida Mariana: comparto videítos con los amigos. Es una serie que se llama: Para bordar el mundo, con Alejandro Molinari. Escribo textitos sencillos y los leo ante la cámara del equipo de Arenilla (Roberto, Cielito y Paty). Sólo escribo y leo, ya mis compañeros de trabajo se encargan de hacer la posproducción y de treparla a la página.
Comparto con los amigos. El otro día recibí un atento mensaje donde una amiga me felicitaba porque declamaba muy bien mi poema. Agradecí su generosidad, el elogio, pero me hubiese gustado decirle que el textito no era poema y que no lo había declamado, simple y sencillamente lo había leído.
Otro compa me dijo que esos textitos son prosa poética, ¡ah, eso sí, eso puede ser! Pero siguen siendo prosa, textitos.
En Arenilla Revista compartimos también frases relacionadas con Comitán en el twitter. Como son frases sencillas, amorosas para el pueblo, les llamamos tuitazos. Un día, otra amiga generosa nos dijo que eran poemas mínimos. Pues no, son frases simpáticas, tal vez alguna de éstas llega a ser una frase afortunada y eso nos da mucho gusto.
La generosidad de la licenciada Chusy y de la doctora María del Carmen permitió que una mañana despertáramos con la agradable noticia de que un tuitazo lo habían elegido para ponerlo en forma pública sobre una pared. Ahí sigue ese tuitazo, con mi nombre como autor. Ah, qué generosidad. Ya luego nos dio gusto también hallar que esta campaña ha crecido, han elegido versos de poemas de autores chiapanecos (esos fragmentos sí parte de poemas) y nuestro pueblo se ha iluminado con paredes llenas de palabras hermosas. Lo nuestro es un tuitazo, como los textos “Para bordar el mundo”, son textitos que no alcanzan la dimensión de un poema, y a la hora que los leo ¡no declamo!, porque si declamara tendría que aprender de memoria el texto y vos sabés que eso no se me da. Se me dio, cuando participé en obras de teatro debí memorizar los parlamentos y lo hice con perfección, pero a mi edad, eso ya es tarea imposible. ¡Leo! Siempre he sido un buen lector, así que aprovecho ese don para leer los textos para bordar el mundo. Antes leía mejor, ahora, con la prótesis dental me cuesta tantito, pero aún leo en forma digna. Cuando ya comience a tataratear ¡me callaré!, pero por el momento sigo honrando a mis padres, a mi pueblo y a mi Dios. ¡Leo!, no declamo. No son poemas, son textitos, tal vez como lo definió mi compa: prosa poética, eso sí lo acepto.
Y resulta que uno de esos textitos llamó mucho la atención, el textito tuvo un título: “La muchacha de la ventana”, lo grabamos en el barrio de La Pila, cerca de los chorros, un lugar simbólico. Uf, gustó mucho. ¿Y ahora? A cada rato me pregunto: ¿Cómo, Alejandro, superás ese texto? ¡Difícil! Parece que ese textito fue como mi “Cien años de soledad”. Gabriel García Márquez siguió escribiendo después del deslumbrante éxito de “Cien años de soledad”, siempre dijo que consideraba a “El amor en los tiempos del cólera” como su mejor novela. ¡Mentira! Él supo que ya no habría talento para superar los “Cien años de Soledad”, pero, ¡claro!, era difícil que aceptara que ya no superaría esa obra. Una de sus últimas novelas fue “Memorias de mis putas tristes” y vos, yo, y medio mundo, sabemos que es una obra menor, casi casi con definición de malita. Pucha, el Premio Nobel de Literatura, se quedó en la orilla. Yo, gracias a Dios, seguiré bordando el mundo, desde Comitán. Escribo cada texto con pasión, pero, oh, dioses de la palabra, qué difícil será superar a mi texto de la muchacha de la ventana.
Pero que quede claro, mi niña bonita, escribo textitos y los leo, no escribo poemas ni los declamo. Cuando yo escriba un poema lo diré con todas sus cinco letras. Esa será mi pretensión. Por el momento escribo textillos y los leo. Claro, los leo con pasión, los interpreto, para que llegue con toda intensidad a la audiencia. Soy un buen lector, así que leo con emoción para transmitir mi mensaje. Nunca me clavo en el texto, siempre levanto la mirada y veo a mi audiencia, hago lo que llamo Lectura Respetuosa.
Posdata: el tuitazo que Chusy y María del Carmen hicieron favor de elegir para pintarlo en una pared del barrio de Guadalupe dice así: “Navegantes, felicidades, arribaron a buen puerto: ¡Comitán!” Desde este puerto maravilloso bordo el mundo y lo comparto, son bordados, soy un simple artesano de la palabra. Espero bordar una de estas mañanas un tejido que supere a la Muchacha de la ventana, o cuando menos que lo iguale.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 9 de abril de 2023
CARTA A MARIANA, CON PERSONAJES DE CÓMICS
Querida Mariana: un cuarteto genial: Susanita, Mafalda, Paty y Manolito. Sí, sí, tenés razón, falta Felipe, el de los dientes salidos; Miguelito, el que tiene el cabello como amontonamiento de hojas; Guille, el hermanito de Mafalda; y Libertad.
Todo mundo ama a Mafalda, por eso la licenciada Paty Ramírez se sentó a su lado; pero muchos lectores tienen a sus consentidos. No falta el que ama a Manolito, quien es un apasionado de la paga, él es feliz con el sonido de la campanita de la máquina registradora, a la hora que entra el dinero y no a la hora que sale. Pero, hay gente que se identifica más con Libertad, la pequeña niña que, como su nombre indica, ama su nombre.
Las preferencias dicen mucho de la personalidad de los lectores, porque no es lo mismo amar el pensamiento de Manolito que amar el pensamiento de Libertad.
¿Susanita? Ella es una fifí, odia la pobreza, la aborrece. Digamos que ella está muy cerca de Manolito, cuando menos en la concepción material del mundo.
Todo mundo ama a Mafalda. No sé qué edad tenía la comiteca Paty cuando cayó en sus manos la primera tira cómica creada por el genial Quino.
Qué orgullo para Argentina, qué orgullo que Quino haya nacido en su pancita y que en la cabeza de Quino haya nacido Mafalda. ¿Mirás lo que digo? Del cuarteto genial sólo Paty nació de la pancita de su mamá, porque las otras tres personitas que aparecen en esta foto (que, confieso, robé del muro de la abogada) nacieron de la mente de Quino, ah, ¡mente brillante!
Los mexicanos somos malinchistas. No podemos negar que en nuestras venas corre sangre de la Malinche. Digo esto porque no he visto en algún lugar del país una imagen de nuestros personajes de revistas ilustradas y vaya que tuvimos grandes personajes, ahí está Chanoc y Kalimán, sólo para mencionar a dos, pero hay más. Me encantaría sentarme en una banca al lado de Memín Pingüín.
Me cuentan que en Tangamandapio, tierra de Jaimito, el cartero, sí existe una escultura que lo recuerda. Jaimito no fue personaje de revista de monitos, pero sí fue un personaje que popularizó la televisión, en el programa del Chavo del Ocho, quien fue su creador. Claro, como en el país somos solemnes, las autoridades mandaron a hacer una estatua que colocaron sobre un pedestal. Ah, otra cosa habría sido si hubieran hecho una escultura colocada al piso, como acá se ve que colocaron a Mafalda con sus amiguitos. Jaimito, el cartero, lo colocaron a la altura de las esculturas de héroes; es decir, por encima del pueblo. ¡Lástima!
Paty se aventó un viajecito por Sudamérica, llegó a Buenos Aires, Argentina, y no sé si llevaba en su agenda el deseo de tomarse foto al lado de Mafalda. Lo que sé, es que acá está el testimonio gráfico. Ella podrá decir qué dice la placa que está en el suelo.
Qué orgullo para Argentina. Acá una comiteca está al lado de la gran Mafalda, la niña que odia la sopa. ¿A Paty le gusta la sopa? ¿Cuál, después de Mafalda, es su personaje favorito?
No me estás preguntando, pero a mí me encanta el hermanito de Mafalda, siempre con su chupón. Me encanta porque tiene una tortuga como mascota, que se llama Burocracia; me encanta porque él está enamorado de Brigitte Bardot, la más hermosa actriz francesa de los años sesenta, y que hoy es una anciana maravillosa, llena de arrugas, que se dedica a proteger a las focas. Qué mujer más bella. Es de la misma estirpe de Mafalda.
Posdata: busqué en Internet y hallé la placa. Ah, genial. Dice: “Mafalda. Personaje creado el 29 de septiembre de 1964 por el caricaturista y escritor argentino Joaquín Salvador Lavado Tejón “Quino”, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2014”. Paty estuvo al lado de Mafalda, leyó esta placa. Pucha, qué orgullo.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 8 de abril de 2023
CARTA A MARIANA, CON NOMBRE LINDO
Querida Mariana: quería jugar con vos al “adiviná dónde estoy”, pero decidí que no, porque adivinarías a la primera. Cientos de paisanos y cientos de visitantes reconocen el lugar, un restaurante de prestigio en el pueblo.
¡Sí! Estoy en la palapa del Restaurante Comitán Lindo y Qué Rico; restaurante que ofrece un servicio de primera, con exquisitos platillos y que, estarás de acuerdo conmigo, tiene el nombre más bonito de todos los restaurantes del mundo.
Roberto y su mamá pensaron un día abrir un restaurante que ofreciera la tradicional cocina comiteca y lo llamaron Comitán Lindo y Qué Rico.
En realidad, lo que jugué la mañana de la fotografía fue el juego de las estatuas, estoy así como si fuera de bronce, de esos bronces prodigiosos que hace Luis Aguilar, nuestro escultor comiteco, orgullo de Chiapas. Estoy así, porque muchas personas entraban a la palapa y porque los meseros también andaban de un lado a otro. Estaba interrumpiendo el paso. Pedí a mi amigo fotógrafo que se apurara y yo (pose clásica) me crucé de brazos, para no interrumpir el prodigio que se da todas las mañanas en este espacio.
¿Ya miraste qué palapa tan bella, tan espaciosa? Cada cierto tiempo, me platicó Roberto, cambian la techumbre de palma. Este techo natural produce un ambiente fresco que ya es el agregado de lujo para una ciudad que goza de uno de los mejores climas del estado.
Comitán Lindo y Qué Rico cumple veintitrés años, en este tiempo ha confirmado su calidad. Inició sus servicios junto con el siglo, justo cuando el siglo XXI mostraba su carita, el restaurante abría sus puertas. Es un restaurante del siglo XXI con la mejor tradición gastronómica del Comitán del Siglo XX. La innovación al lado de la tradición.
Después que me tomaron esta foto salí, porque en el vestíbulo también colocan mesas para que los comensales disfruten las delicias gastronómicas al aire libre. Esa mañana vi a tres niños que desayunaban, pero, niños al fin, tomaban un sorbo del vaso y una mordida a los riquísimos antojos y corrían alrededor, al lado de una fuente y de un nicho donde hay imágenes religiosas. Los expertos nos han explicado que las culturas mesoamericanas que crecieron en la zona tenían una relación directa con el agua y cuando llegaron los misioneros españoles nos injertaron la religión castellana, en la entrada al Comitán Lindo y Qué Rico hallamos esa mezcla cultural. Roberto me sorprendió al contarme que en la administración tiene un pequeño altar y en su casa también tiene un oratorio. Aparte de la vaina religiosa, entiendo que este elemento (lo hemos platicado muchas veces) es una característica cultural que ya no existe en muchas casas. Antes, la mayoría de casas tradicionales tenía un espacio especial para la oración: el oratorio. Platico esto porque en el restaurante de Roberto hay elementos culturales que nos hablan de un Comitán anterior que convive con el Comitán pujante de este siglo XXI.
Basta que mirés con atención la techumbre de la palapa para comprender lo que digo. ¿Ya viste el piso? Es de ladrillo. En tiempos donde las baldosas novedosas están presentes en los espacios comitecos, en el Comitán Lindo y Qué Rico aún está presente el piso que fue parte importante de la cultura comiteca. Los mayores nos han dicho que el espíritu comiteco está hecho de barro, del barro de Yalchivol. Estamos hechos de aire, de agua, de maíz, de luz. Estos conceptos están integrados en este restaurante comiteco, ciento por ciento comiteco.
Posdata: qué nombre tan prodigioso: Comitán Lindo y Qué Rico. Medio mundo batalla con bautizar. ¿Qué nombre le ponen a la hija? ¿Qué título ponerle a la novela? ¿Cómo se llamará la nueva empresa? Roberto y su mamá, en instante luminoso, hallaron el nombre adecuado para su restaurante. Ese instante ha trascendido desde hace veintitrés años; ese instante seguirá dando brillo durante muchos años más. Ah, qué instante tan sublime, qué nombre tan hermoso: Comitán Lindo y Qué rico.
Por un ratito jugué el juego de las estatuas. Lo hice confiado en que las palomas no me harían las travesuras que luego hacen a las estatuas de Luis. Yo estaba bajo el cobijo de un majestuoso techo de palma. ¡Ah, qué lindo, qué rico!
¡Tzatz Comitán!
viernes, 7 de abril de 2023
CARTA A MARIANA, CON PROTECCIONES
Querida Mariana: esta unidad sí está bien vigilada. ¿Quién se atreve a desafiar al Enmascarado de Plata?
He visto muchas unidades monitoreadas y vigiladas vía satélite, las 24 horas. Entiendo que cuando una unidad sufre alguna eventualidad, el monitoreo avisa a la policía y ésta se dirige a brindar auxilio, pero imagino que no provoca el mismo impacto ver llegar a policías regordetes a ver la llegada de Santo, El Enmascarado de Plata, en su descapotable del mismo color de la máscara del luchador fantástico. Los policías actuales brindan abrazos ¡no balazos! En cambio, Santo siempre está dispuesto a soltar “la de a caballo”, llave que es fulminante.
Claro, los creyentes piensan que no hay mejor vigilante que el santo de su predilección. Así, hay muchas unidades que llevan imágenes de santos y vírgenes colgadas en los espejos retrovisores. Una vez, en el estado de Oaxaca vi un camión con el siguiente letrero en la parte trasera: “¡Alto blancos!, este camioncito está protegido por el negro San Martín de Porres”. Me hubiera gustado ver qué habrían hecho los del Ku Klux Klan con semejante anuncio en una súper carretera en USA.
¿Y si los delincuentes son jóvenes y no tienen conocimiento de quién es El Santo? Ah, querida mía, pues ellos sufrirán las consecuencias, porque quienes sí conocen la historia del Santo ya ni se acercan, porque saben que les puede suceder lo mismo que les pasó a las Mujeres Vampiro o a los Zombis. Ya podés imaginar cómo los dejó, así dejará a los que se atrevan a atentar contra esta unidad: quedarán sin colmillos, todos sholcos, y los zombis dejarán de ser torpes y se convertirán en gente común, y, vos sabés, para un tipo estúpido no hay peor cosa que de pronto comience a tener cierto grado de inteligencia.
Debo decir que hay una enorme distancia entre la vigilancia (que conlleva el sentido de protección), al del simple acto de ser juzgón, porque he visto, vos también, unidades que dicen: “Esta unidad está vigilada por mi vieja”, algunas unidades agregan: “por mi suegra”. A menos que la vieja o la suegra sean luchadoras de Sumo, dudo mucho que la delincuencia se alarme ante la imagen de una mujer con un rodillo amasador en la mano.
No hubo luchador más famoso que El Santo; este santo no fue cualquier santo, fue el mejor santo profano que existió en nuestra patria. Nunca, qué pena, el cine mexicano se atrevió a confrontar a Santo contra uno de los grandes héroes del cine norteamericano. Pero si Santo se atrevió a combatir a monstruos e hizo papilla a Drácula y al Hombre Lobo, no sé cómo le habría ido a Batman o a Superman en un entre con el luchador mexicano. Tal vez acá Superman habría encontrado que no sólo la kriptonita era su veneno, una “de a caballo” lo habría inmovilizado, tal vez para siempre. ¿Quién vuela por Nueva York después que el Santo jalaba la cabeza del contrincante como si fuera un caballito de feria de pueblo?
Posdata: ¿por quién está vigilada y protegida la camioneta de tu papá? En estos tiempos hay que buscar una súper protección, ya no basta el rastreo satelital. Ahora hay aplicaciones que hackean las señales cósmicas y las disfrazan. Más vale la vigilancia y protección de luchadores que saben aplicar la de a caballo o un buen tirabuzón.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 6 de abril de 2023
CARTA A MARIANA, PARA MOVER LOS PIES Y EL ESPÍRITU
Querida Mariana: los bosques son prodigiosos. En los bosques los misterios juegan a las escondidas. A veces camino por el parque central y éste se convierte en un bosque y, cuando menos lo espero, aparece el misterio de la vida. A veces aparece en forma de enigma, a veces en forma de zarigüeya traviesa, a veces, como en la ocasión de esta fotografía, en forma de bendición.
Ah, vos sabés que, de todos los instrumentos musicales, el que más me gusta es la batería. Ya te conté que a veces sueño con comprar una batería y cumplir mi deseo de darle batacazos y disfrutar la vida. Pero, hasta el momento sólo la batería de cocina es la que tengo en casa.
Lo pienso, porque mi casa es pequeña, pequeñísima. ¿En dónde puedo aislarme para que mi gusto no perjudique la tranquilidad de los míos? No sé cómo lo hacen los bateristas a la hora del ensayo. Investigaré.
Pero, mientras tanto, disfruto mucho cuando veo y escucho a alguien que toca el instrumento. Así me pasó la tarde de la fotografía. Pasé por el parque central, iba a la oficina de Arenilla; es decir, el parque sólo era la senda para llegar a mi destino, pero de pronto, el parque se convirtió en el maravilloso bosque en que a veces se vuelve y vi que había un gran templete en medio de árboles y una audiencia que escuchaba la participación de un grupo musical: una cantante, una guitarrista, dos tecladistas (un chico y una chica) y Sofía Ozuna Morales, ¡la baterista!
Me detuve, porque nadie puede eludir esos misterios mágicos. Me detuve a un lado del templete y vi y escuché; escuché la voz afinada de la cantante, que era acompañada por un grupo de chicos talentosos. Fue acto organizado por una iglesia cristiana, la mayoría de la audiencia era cristiana, asimismo los integrantes del grupo. Sofía es cristiana.
Pensé que esto sólo es posible en el Comitán de 2023, porque frente al templo católico de Santo Domingo y al lado del templo católico de Santo Domingo había manifestaciones de dos iglesias diferentes: una cristiana, que presentaba un espectáculo musical en un templete frente a la fuente del parque; y en el auditorio del Centro Cultural, los Testigos de Jehová presentaron una conferencia acerca de la muerte de Cristo. Ah, ya hubiera querido ver al padre Carlos, en los años cincuenta. Hoy, existe una convivencia de muchas iglesias. La iglesia católica ha perdido muchos fieles, por diversas causas, y estas ovejas extraviadas se han ido a otras iglesias, donde encuentran lo que buscan sus espíritus.
Y Sofía le da con todo a la batería, y lo hace muy bien. Disfruté tres o cuatro alabanzas, me maravillé con los movimientos precisos de la baterista, acá un batacazo a una tarola, acá a un tambor y el pie, ah, qué maravilla, el pie dándole con armonía al tambor central.
En el mundo hay más bateristas varones que bateristas mujeres. Pero, en Comitán hay una niña linda que anda en los diez años de edad, pronto cumplirá sus once, que es una maravillosa baterista. ¿Sueña con tocar en grandes espacios? Sí, sueña. Entiendo que ella cumple con uno de sus sueños, de sus pasiones, y lo hace en nombre de su Dios. Ya estuvo en un templete en este maravilloso bosque en el que a veces se convierte el parque central de nuestro pueblo. Yo, maravillado, abrí mis ojos, mis oídos, mi espíritu, para llenarme de la luz de ese grupo musical y, sobre todo, del ritmo que Sofía imprimía.
Cada quien en su chamba: en el templo católico, un rato después habría misa; luego habría una representación de la muerte de Cristo, por parte de un grupo de Testigos de Jehová, que siempre andan bien guapos, trajeados; y, mientras tanto, este grupo cristiano acariciaba los oídos y las almas de todos los que ahí estábamos. Dije que la mayoría de la audiencia era cristiana, pero había un grupo que no tenía esa religión, yo, por ejemplo, era del grupo de “los otros”, sin embargo, lo que ahí sucedía era para todos: creyentes y no creyentes; era para todo mundo, porque la música es un lenguaje universal, que no hace distingos. Me bañé en la luz de ese grupo musical, el ritmo de Sofía fue caricia para mi espíritu. Y supe que el Dios de los cristianos y el de los Testigos de Jehová y los católicos y de las demás religiones del mundo estaba esa tarde ahí y permitía que, en su nombre, recibiéramos la lluvia que da vida, la que nos permite un poco de sosiego.
Posdata: ¿y cómo Sofía se aficionó a la batería? Ah, uno no sabe dónde brinca la liebre. Lo que hemos dicho es que la persona debe toparse con el motivo de lo que será su vocación. Un día me topé con revistas de monitos (cómics) y de ahí di el salto a los libros y estos han sido el motivo central de mi vida. Sofía se topó con el instrumento viendo un programa de caricaturas, en la tele. Vio que un personaje tocaba la batería, fue a reunir tambos en su casa y los armó como pensaba que era una batería y comenzó a darle de batacazos, luego ya se apuntó en una escuela de música en la Pilita Seca, con el maestro David y así comenzó la historia. Su historia comenzó a los cuatro años, ahora ya anda en diez, está a punto de cumplir los once y su historia musical va escribiendo páginas sorprendentes, apenas comienza; apenas inicia y ya es una gran baterista, la ¡baterista de Comitán! Gracias a Dios, a su Dios, al Dios de todos.
A veces el parque central del pueblo se convierte en un maravilloso bosque, y podemos ver a los duendes corriendo por entre los árboles.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 5 de abril de 2023
CARTA A MARIANA, CON HIJO DE IXTAC
Querida Mariana: ayer, Mario y yo, fuimos a casa de Romeo. Entramos y sólo hallamos a Esperancita, bordando, sentada en un butaque, en el corredor. Romeo estaba en el oratorio, dijo. ¿Quién se murió?, preguntó Mario en tono de burla. Andrés, dijo Esperancita, como si realmente sintiera la muerte de Andrés. ¿Andrés, el que te lo hace al revés?, siguió bromeando Mario. No, dijo, ella, sacando la aguja del bordado: Andrés García, el actor. Mario me quedó viendo y, sin dejar su sonrisa de Guasón, dijo: ¿Ya viste? Andrés se lo hacía al revés a Romeo.
No, yo sí entendí la congoja de Esperancita y que Romeo le estuviera rezando un padrenuestro en memoria del actor. Porque, lo supe, quien murió ayer fue Chanoc. Andrés fue Chanoc. Los de mi generación crecimos con los cómics donde Chanoc y su padrino Tzekub vivían aventuras de selva en un poblado de costa mexicana llamado Ixtac. Tzekub era un simpático viejo, bigotón, bebedor de cañabar, padrino de Chanoc, muchacho sano, apuesto, valiente.
Un día, alguien en el cine mexicano pensó que debía hacer películas de los héroes de las revistas ilustradas (lo mismo que ahora hace Marvel) y los cinéfilos vimos películas donde aparecieron Kalimán y Chanoc, sólo por mencionar a dos de los más grandes héroes de los cómics mexicanos.
¿Qué actor debía representar a Tzekub? Ah, pues nada más y nada menos que el famoso Tin Tan, maravilloso actor. ¿Y quién a Chanoc? ¡Quién más! Andrés García, quien le daba al pelo al personaje. Así pues, una tarde de los años setenta, los cinéfilos comitecos fuimos al Cine Comitán, sala donde don Rafa Pascasio programaba las cintas mexicanas, nos sentamos en una butaca de madera, pintada en rojo, con un vaso encerado lleno de Pepsi y en un papelito de estraza una orden de los riquísimos tacos dorados y cuando la pantalla se iluminó apareció el título de la película y los nombres de los actores y actrices, y como si fuera el anuncio de la serie radiofónica que decía: “Y como Kalimán, el propio Kalimán”, supimos que Chanoc sería representado por el propio Chanoc: Andrés García.
Pero, la vida es cambiante, lo sabemos, los chavos de mi generación identificamos a Andrés con Chanoc, los chavos de generación posterior ya identificaron a Andrés como Pedro Navajas, y en tiempos más recientes Andrés fue el de la bombita para la potencia sexual. Así es la vida, nosotros jamás imaginamos que Chanoc fuera a necesitar una bombita para responder a las decenas de chicas que se enamoraban de él, pero digo pues que la vida es cambiante, tanto que lo que se dijo en los últimos días acerca de Chanoc es que andaba ya cansadito y él mismo había dicho que ya, que había estado bueno, que ya se iba a despedir, y se despidió el 4 de abril de 2023.
Arrimamos unas sillas al lado de Esperancita y esperamos que Romeo saliera del oratorio, cosa que sucedió minutos después. Se murió Chanoc, fue lo que dijo al vernos, los dos nos paramos, Esperancita soltó un ay de dolor. Romeo estaba realmente triste, tanto que el bromista de Mario se guardó sus sandeces y sólo atinó a decir: lo siento mucho. No sé cuántas personas realmente sintieron la muerte de Andrés, muchas lamentaron el deceso del actor, otros lamentaron el fallecimiento de Pedro Navajas, unos más bromearon con lo de la bombita y algunos sintieron que con la muerte de Andrés se cerraba un capítulo de la vida: de tiempos donde los niños fuimos felices con las revistas de monitos y disfrutamos la película donde Andrés interpretó magistralmente a Chanoc. En la pantalla quedó para siempre la imagen del aventurero que se enfrentó a tiburones y enormísimos cocodrilos. ¿Quién no recuerda la imagen donde Chanoc viste la playera de color rojo y tiene colgado en el pecho un colmillo de tiburón?
Entendí la congoja de Esperancita y la tristeza verdadera de Romeo. Se murió Chanoc. ¿Recordás que en mi novelita “Triste historia de un cuenta historias” hay un homenaje a ese personaje maravilloso, que mereció la atención sagaz de Carlos Monsiváis? Sé que, entre tanto Supermán y Batman, nuestros héroes mexicanos se han perdido, pero los de mi generación recordamos con emoción a esos personajes que nos hicieron disfrutar muchas tardes de lectura.
Posdata: murió Chanoc. Hace muchos años murió Tin Tan y muchos lloraron al gran actor, tal vez el mejor humorista del cine mexicano, pero muchos lloraron la muerte de Tzekub y fue motivo para despedirlo bebiendo cañabar; ahora se murió Chanoc, algunos lo recordarán por la bombita, otros, como Romeo y como yo, lo recordarán porque fue más que Andrés. Cuando murió Johnny Weismüller muchos lamentaron la muerte de Tarzán, el rey de los monos.
¡Tzatz Comitán!
martes, 4 de abril de 2023
CARTA A MARIANA, CON PRIVILEGIOS
Querida Mariana: los comitecos somos privilegiados. ¿Sabés a cuántos kilómetros está la ciudad de San Cristóbal de Las Casas? ¡Ochenta kilómetros! Si esto no es un privilegio, no sé qué es el lujo espiritual. Muchos visitantes viajan cientos, miles de kilómetros, para disfrutar esta maravillosa ciudad, Pueblo Mágico de México. Nosotros la tenemos a vuelta de la esquina. Nos subimos a un taxi, una combi, un autobús de pasajeros o un auto propio y, después de una hora estamos en la maravillosa ciudad.
Ya sé, muchos paisanos dirán que el viaje de ochenta kilómetros sería más estimulante si la carretera no tuviera las decenas de topes que tiene. A cada rato hay que frenar el auto ante los topes que colocaron los habitantes de la cercanía. Pero el verdadero viacrucis es cuando grupos inconformes hacen bloqueos, sin respeto al derecho de tránsito de los otros, colocan piedras y, como el poder no actúa, ellos se convierten en poder temporal y provocan molestias en los viajeros.
Pero, cuando no hay bloqueos, la fantástica San Cristóbal de Las Casas nos queda bien cerca. Y eso es una bendición, porque, ya lo dije, muchas personas de otras ciudades, de otros países, llegan después de recorridos amplísimos.
Siempre he pensado que vivir cerca de un lugar maravilloso es algo que debe agradecerse. Imaginá el compa que vive a ochenta kilómetros de París; a ochenta kilómetros de la Antigua Guatemala; a ochenta kilómetros de Buenos Aires; a ochenta kilómetros de Nueva York; a ochenta kilómetros del Vaticano. ¿Ya lo imaginaste? ¿A poco no es un deleite? Bueno, pues lo mismo sucede con los comitecos que vivimos a ochenta kilómetros de la ciudad coleta, ciudad armoniosa.
Pero, los comitecos tenemos mojol de lujo. ¿Cuál es éste? Pues nuestro propio pueblo. Porque, igual que muchas personas viajan de lejanísimos lugares para visitar San Cris, pues igual lo hacen para conocer Comitán, tierra bellísima.
Ayer recordé que hace quince años regresé al pueblo. Vivía tranquilo en Puebla, pero, ya te conté, todas las mañanas extrañaba Comitán. Una tarde, sentado en una banca del zócalo poblano, miré el cielo y pedí a mi Dios que me permitiera regresar a mi lugar de origen. Ya sabés, soy consentido, al otro día el maestro Jorge Gordillo me brindó la oportunidad de regresar con trabajo, así que volví en abril de 2018. Desde ese día supe que debía vivir en este pueblo con la mirada novedosa. ¿A ver, compa, para qué pediste regresar al pueblo? Para vivirlo con intensidad, por esto, disfruto cada salida, cada momento, cada sonido, cada carcajada, cada llanto. Estoy en Comitán, no tengo necesidad de trasladarme cientos de kilómetros para disfrutarlo. ¡No! Me basta caminar tantito para llegar al mercado primero de mayo y pedir un vaso de atol de granillo. ¡Ah, cuántos amigos paisanos tenemos que no poseen esta bendición, porque radican en otras ciudades de la república o de otros países! Leo sus mensajes donde admiten que extrañan muchísimo las bondades y virtudes que posee este pueblo.
Los comitecos somos privilegiados. Vivimos en una ciudad vecina de San Cristóbal de Las Casas. En el tiempo A. P. íbamos cada dos meses para repartir Arenilla. Desde entonces no he vuelto, pero tengo la cosquillita para treparme a un auto y disfrutar la ciudad donde nació mi padre. Él, ya te conté, me enseñó a amar su ciudad natal y yo la admiro desde entonces. Este cariño está basado no sólo en el recuerdo familiar, se refuerza en la opinión de miles y miles de visitantes que la alaban, que la disfrutan.
Posdata: los comitecos tenemos a San Cris a la vuelta de la esquina y más cerca, qué bendición, tenemos a nuestro propio pueblo, que es también una de las joyas de la corona turística de Chiapas.
El comiteco que no valora vivir en una de las ciudades más bellas del mundo, una de las más auténticas, se está perdiendo algo importante en su vida.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 3 de abril de 2023
LECTURA DE UNA FOTOGRAFÍA
Las nubes iban en retirada. Las nubes siempre están en movimiento. Nadie sabe en qué momento adquieren su vocación de cirrus o nimbus, desde la tierra advertimos que se mueven, van de un lado hacia otro, como si su verdadero destino fuera el viaje, hasta que, gordas, bien panzonas, se abren y se desgajan en lluvia, para iniciar otro ciclo. Porque la vida no es más que esto: un ciclo.
Las nubes iban en retirada, buscando la línea del horizonte, pero se detuvieron, para formar una figura inédita, porque hallaron en la playa, en un recodo de malecón, un diálogo eterno, como el que se dio en el Paraíso. El ciclo sigue. Por esto, al mundo le duele cuando una especie se extingue, porque el viaje se detiene y los seres humanos extravían la cinta del diálogo.
El mar, así se advierte, también hizo una pausa, instantánea, pero pausa al fin. El mar siempre está en movimiento. Nadie sabe en qué lugar inicia su viaje, pero su destino es besar la orilla de la playa y retornar, como si fuera un eterno viajero que reconoce su vocación. Nunca abandona su hogar. Acá, el mar, igual que las nubes, se detuvo, para ser testigo del diálogo entre el chucho negro y el hombre de cachucha y sandalias.
La vida también detuvo su marcha, se posó, como pájaro en lo alto del árbol, y vio esta imagen que jamás volvió a darse en la tierra, en el universo. Nadie sabe quién inició el diálogo. ¿Fue el hombre del short y de la playera, el hombre que adopta la misma posición que el chucho negro? ¿Fue el animal de cuatro patas el que comenzó a dialogar? No puede saberse, porque acá, apenas en un segundo, ambos platicadores quedaron en silencio. Parece, sólo parece, que el hombre lanzó una pregunta y el chucho negro reflexiona su respuesta, o tal vez lo ve con mirada de misericordia, porque, se sabe, el animal supera en dignidad al ser humano, siempre ha sido así, desde que ambos seres aparecieron en el Paraíso.
La tierra perdió cuando los dinosaurios se extinguieron, pierde cada vez que un animal se extravía para siempre. En épocas recientes, nos dicen los sabios, el ser humano ha provocado la extinción de muchas especies. El mundo se queda trunco, pierde estrellas en el universo. El mundo pierde cada vez que las huellas de un animal desaparecen; pierde cada vez que huellas de aves dejan de hollar el cielo, las nubes.
El chucho ve al hombre y éste ve al animal. ¿Qué mirada dice más? Por supuesto que la del chucho negro, su posición, desde abajo, advierte que su humildad es la divisa que lo hace supremo, que lo hace merecedor de la luz ámbar de las nubes en retirada.
Todo se detuvo para este instante, no siempre es posible hacerlo en el tráfago de la carretera; en el desasosiego de ir a la escuela, al trabajo, al templo; el surfista no puede detenerse a la hora que la tabla está en la parte superior de la ola; sólo el halconcillo y el colibrí se detienen en el aire. Jamás he visto que una piedra detenga su carrera en un alud. Lejos estamos del milagro que captó Jaime Córdova, en Sisal, Yucatán. Las líneas oblícuas del cielo están en armonía con la diagonal que forman el chucho negro y el hombre de la cachucha. Todas las demás líneas siguen la ley de la vertical o de la horizontal. La diagonal maravillosa que forman el chucho y el hombre no volverá a darse, porque el chucho y el hombre, igual que las nubes y que el mar, siempre están en movimiento, la vida siempre está de arriba para abajo. Las pausas instantáneas sólo aparecen de vez en cuando. Los hombres somos necios, no advertimos que ahí, en el sosiego, aparece la semilla que hará llover la vida sobre los objetos, sobre el alma.
domingo, 2 de abril de 2023
CARTA A MARIANA, CON UN HOTEL
Querida Mariana: vos y yo sosegamos en casa. Las vacaciones de Semana Santa las destinamos para descansar en nuestros hogares, en nuestra ciudad, donde leemos, vos en una hamaca y yo en un sofá que ya está a punto de irse al suelo, porque la madera ya está apolillada, pero es mi asiento favorito.
Vos leés, escribís guiones y tomás muchas fotografías del entorno; yo leo, escribo cartas o cuentos, pinto y dibujo, ahora dibujo mucho y coloreo con plumines que me obsequió Fanny.
Pero, bueno, eso es lo que hacemos vos y yo; hay millones de personas que abandonan temporalmente sus casas y van a la maravillosa aventura de conocer otras regiones. Nuestra patria, lo han dicho los carteles turísticos, tiene una oferta diversa, hay playas, montañas, desiertos, lagunas y más espacios. Hay para todos los gustos. Hay personas que aman visitar grandes ciudades (Monterrey, Guadalajara, Mérida, Puebla o, por supuesto, la maravillosa Ciudad de México), pero otras personas aman visitar pequeñas ciudades que ostentan el distintivo de ser pueblos mágicos (en Chiapas tenemos cuatro: San Cristóbal de Las Casas, Chiapa de Corzo, Palenque y Comitán). Quienes prefieren un pueblo mágico que tenga un clima agradable, se deciden por nuestro Comitán.
En el pueblo, lo sabés, hay una amplia oferta hotelera, con buen servicio y agradables espacios, pero uno de los hoteles más bellos y distinguidos es La Casa del Marqués de Comillas. Los comitecos sabemos que este hotel tiene el patio central más amplio, porque los fundadores, Don Víctor Manuel y el doctor Newlson (que descansan en paz), adquirieron dos monumentales casonas tradicionales comitecas, tiraron la división y las hicieron una y el resultado es un espacio que permite el goce de la mirada, porque cuando el huésped abre la puerta en la mañana, después de un confortable descanso, se encuentra con un patio central rodeado por cuatro corredores que permite disfrutar el cielo y la vista de las torres del templo de San José, templo que es orgullo cositía.
Los fundadores fueron amantes del arte y desearon que quienes se hospedaran en su hotel regodearan su espíritu con pinturas exquisitas.
Te he contado que en los años sesenta fui feliz cuando iba al templo de Santo Domingo. ¿Era un gran adorador del culto religioso? No, la verdad es que, como a todos los niños, la misa me aburría, pero, en compensación, el interior del templo de Santo Domingo me obsequiaba con estímulos artísticos, porque el padre Carlos contrató al gran artista Javier Mandujano Solórzano (el maestro Güero) para que hiciera cuadros monumentales con imágenes religiosas, así que cuando iba a misa mi mirada se llenaba con colores e imágenes portentosas. Los católicos de los años sesenta tuvimos una pinacoteca sensacional, en un pueblo que carecía de museos de arte. Un día llegaron el padre Mejía y el Padre Joel, al padre Carlos lo mandaron a San Sebastián, y los nuevos curas santodomingueros bajaron las pinturas, porque, entiendo, su idea de la teología de la liberación no contemplaba muros con arte. Perdimos el espacio.
Por fortuna, otro día, ya muchos años después los comitecos conocimos la noticia de la apertura de un museo de arte: el Hermila Domínguez de Castellanos. ¡Genial! Lástima que el recinto presenta más obra de artistas oaxaqueños que de chiapanecos.
¿Y esto, dirás, qué tiene que ver con el hotel La Casa del Marqués de Comillas? Como dije, los fundadores fueron amantes del arte y siempre generosos pensaron que los huéspedes debían llevarse lo mejor de Comitán, así, aparte de disfrutar un patio hermoso, tradicional de la traza comiteca, en las paredes y habitaciones existe una muestra plástica donde los artistas comitecos ¡sí están representados! Hay cuadros hermosos de Aurora Argüello, de Mario Pinto Pérez y del artista de Tzimol: Aarón Abadía.
Posdata: antes de ir a los lugares turísticos emblemáticos cercanos (Los Lagos de Montebello, El Chiflón, las Tres Tzimoleras, San José Coneta, Las Guacamayas, Las Nubes) y conocer la belleza de Comitán, los huéspedes tienen una experiencia sublime al disfrutar la tradicional amabilidad comiteca y experimentar la sensación que tuvieron los antiguos moradores de esas casas de abolengo. La arquitectura tradicional de inicios del siglo pasado donde habitó la gente de paga del pueblo está a disposición de todos los visitantes.
sábado, 1 de abril de 2023
CARTA A MARIANA, CON REQUINTO
Querida Mariana: el maestro Antonio es mi amigo, por eso me dio chance de jugar, porque sólo como juego o en el sueño podría aparecer como estoy en esta fotografía, al lado de grandes músicos, orgullo de nuestro pueblo mágico. Digamos que soy como el quinto en discordia, un metidito. Pero, así como el Álex Lora, cuando aparece en la tele le dice a su mamá que prenda la grabadora; yo te grito a vos: ¡trepá la foto en La Nube!, para que nunca llueva el olvido. Que, cuando menos en la ficción, yo aparezca como ejecutante de la marimba.
Ah, esta foto es para mi álbum nostálgico. Sucede que fui a comprar pollo que quería mi mamá y al regreso de la pollería “Doña Julia” vi y escuché que en el atrio de El Calvario andaba con todo la Marimba Orquesta Lira de Oro. Como ya estoy viejo, y mi mamá ya casi no me regaña cuando llego un poco tarde a casa, estacioné mi tsurito y bajé para escuchar la marimba. Estaba de buenas, porque siempre me siento bien cuando Ani y Yoyi me atienden en la pollería que inició doña Julia Gómez, que, también, tenía un carácter agradable; y me puse más de buenas cuando vi y escuché la magistral interpretación de los maestros Sergio Antonio Domínguez Villatoro, Antonio Domínguez Villatoro, Ramón Abadía Gordillo y Caralampio Alfaro Reyes. Los mencioné, querida mía, en el orden que aparecen en la foto. A mí ignorame.
Ya te conté que, en una navidad, el Viejito de La Nochebuena me trajo una marimbita. Era un instrumento maravilloso, hecho con la pulcritud y precisión de los marimberos de la región. Casi casi estoy seguro que fue una marimba hecha en La Trinitaria, pero no lo afirmaré. Por desgracia ya no vive el Viejito de La Nochebuena para corroborar mi dicho. Si he de ser sincero, no manifesté la misma alegría que cuando, un año antes, el Viejito se aventó la buena puntada de traerme un carro de pedales, color plateado, casi casi como el que usaba el Santo, el enmascarado de plata, en las películas. Entiendo que mi papá, hombre maravilloso, quería injertarme el gusto por la música. Él contrató al maestro Cruz Courtouis para que me impartiera clases de marimba. El maestro llegaba tres veces por semana, en las tardes, hasta que me armé de valor y le dije a mi papá que no quería aprender a tocar marimba. No le dije, pero el sueño de toda mi vida ha sido ¡la batería! Pero, la mañana de El Calvario agarré un par de bolillos, me paré detrás de la marimba, en la sección donde se lleva la melodía, al lado del experimentado maestro Toñito, mientras Sergio Antonio tomaba la selfi del recuerdo. El maestro Sergio es baterista, él domina el instrumento que desde siempre me guiña un ojo.
No quise aprender a tocar marimba, a pesar de que habría sido muy satisfactorio para mi papá, pero, en compensación, puedo decirle al espíritu de mi papá que disfruto escucharla. Como mi amigo Marco Polo, en mi adolescencia, al lado de la palomilla, ponía atención para ver en qué barrio había guateque y bajábamos. Mientras ellos bailaban con alguna muchacha bonita, debajo del manteado, en el patio central, yo me recargaba en un pilar, con una cuba en la mano, y disfrutaba el maravilloso sonido de la marimba. Ah, mi corazón retumbaba de alegría al oír ese sonido tan arrecho; mis ojos se llenaban de luz al ver a mis amigos mover los pies con ritmo, llevando a sus muchachas a la esquina del patio, para ver si ellas cedían y se iban a bailar a lo oscurito, ahí donde las mamás ya las perdían de vista.
Siempre que escucho una marimba procuro estacionar el auto y oírla en vivo y a todo color. Eso es un privilegio que tenemos en Chiapas y en pocos lugares más de la república. ¿A poco no has detenido tu caminar cuando en la Ciudad de México aparece en cualquier banqueta una marimba? Muchos citadinos pasan de largo, porque llevan prisa, pero la mayoría de comitecos se detiene, hace una pausa, para sentir ese abrazo que nos recuerda que somos de una tierra que ama la marimba. Todo mundo ya nos lo advirtió: nacemos, crecemos y morimos con ese sonido ancestral. A mí, la verdad, me vale una pura y dos con sal el debate del origen de la marimba. Cuando nací ya la encontré en Comitán, acá la he gozado, acá he conocido a geniales ejecutantes, como los que acá mirás. Bueno, en realidad, en este cuarteto, sólo dos le estaban tupiendo a la marimba, el maestro Toñito y el maestro Ramón. Sergio, ya lo dije, toca la batería, y el maestro Caralampio toca el bajo. Bueno, la verdad es que todos son ejecutantes de otros instrumentos, porque, tal vez te acordás que el maestro Caralampio impartía clases de piano en el Centro Cultural Rosario Castellanos, además de dar clases de Educación Artística en escuelas de nivel preescolar y de nivel primaria. Ahora ya es maestro jubilado y siempre que lo llaman acompaña a los grupos musicales.
Para que mirés la calidad de la melcocha diré que el maestro Toñito ha tocado la marimba durante más de cuarenta y dos años. Hacé una pausa, por favor, y paladeá el dato: más de cuarenta y dos años; es decir, a tu edad agregale diez. ¡Toda una vida! Él comenzó por necesidad y por gusto. La marimba le ha ayudado a tener su paga (tan necesaria en todos los tiempos), pero, además, le ha permitido disfrutar la vida, porque su mirada se ha llenado de gratas imágenes. Es placentero saber que él, gracias a su talento musical, provoca tantos sentimientos nobles en la audiencia. Él ha visto reír y llorar a muchísimas personas. Ha visto a quinceañeras felices cuando el padrino las presenta en sociedad; asimismo, ha visto llorar a la abuela cuando el nieto celebra el término de sus estudios y se gradúa de médico; ha visto bailar a niños, muchachos y adultos. El otro día miré que se paró una señora, como de noventa años, y con andadera dio pasitos tun tun. ¡Genial! Los bolillos sobre las tablillas de madera provocan la caricia más sublime al alma.
En esta fotografía le robé los bolillos al maestro Ramón, sólo para la foto. ¿Cómo te suena el apellido del maestro? Claro, él nació en Tzimol, tierra bendita de Chiapas, lugar prodigioso, pero dice que terminó de crecer en Comitán, así que ya es más tenocté que caña. Ramón, a la edad de seis años, comenzó tocando batería, pero luego se pasó a la marimba. A veces ha cambiado de oficio, pero sostiene que regresa a la música, porque es lo de él, dice una frase hermosa: “en la música encuentro los detalles que necesito para vivir”. ¡Qué frase tan certera, tan llena de luz!
La marimba orquesta Lira de Oro, a pesar de que tiene el nombre de un metal precioso y caro en su nombre, cobra lo justo. Si querés amenizar una tu fiestecita, en forma sabrosa y bullanguera, la contratás por cinco horas, a mil la hora. El contrato tiene que ser así, porque vos sabés que el traslado no es sencillo. Para el traslado de una marimba, de perdida, se necesita un camioncito que la lleve.
El maestro Caralampio también comenzó a tocar a la edad de seis años. Bueno, la música estaba en el patio de la casa paterna, porque él es hijo del famosísimo maestro Manuel Alfaro, que fue más conocido como Manuel Hijo, esto habla de la tradición familiar, porque si hubo Manuel Hijo también existió un Manuel Padre. Los comitecos que, ya sabés, siempre son simpáticos y a todo le encuentran al mencionar la marimba de Manuel Hijo también decían: “Manuel te hago uno”. Pucha, qué llevados, qué arrechos.
La mañana de El Calvario puse mucha atención en la forma como el maestro Sergio tocaba la batería. Digo pues que es como una asignatura pendiente. El otro día pensé en comprar una batería moderna, de esas que sólo tienen pequeñas tabletitas acústicas. Pero luego pensé que mi mamá, lindísima mujer, no me regaña por llegar un poco tarde a casa, pero se molestará con el ruido de los baquetazos. Tal vez me convenga más olvidar mi sueño de niño y seguir siendo un admirador de los bateristas.
Nunca te he preguntado qué instrumento musical te habría gustado aprender a tocar. ¿El piano? ¿El arpa? ¿El güiro? ¿El pandero? ¿La marimba?
No dejo de agradecer la bendición de los festejos religiosos. Siempre que hay festejo en los templos católicos, la junta encargada de los festejos reune paguita para contratar marimba y que el santo festejado o virgen cumpleañera tenga la alegría de una marimba. Dios siga enviando bendiciones a esas personas que continúan con la tradición y riegue también bendiciones a los ejecutantes que, debajo de una carpa, le dan con todo.
Posdata: ah, cómo disfrutaba ver cómo mis amigos pasaban el brazo derecho por la espalda de la muchacha bonita y hacían un arco con su brazo izquierdo para recibir las manos de la chica que había aceptado la clásica invitación: ¿bailamos? A mí me daba pena hacer este protocolo. Desde el principio pensaba que me dirían: no, gracias. ¿Qué hacer en este caso? Para evitar la pena, me recargaba sobre un pilar y tomaba una cuba. A veces, después de cuatro cubas agarraba valor, pero la chica decía que no, porque estaba borracho, entonces mandaba a la susodicha a la región menos transparente del pueblo. Nunca fui bailador, pero siempre disfruté el sonido de la marimba, como hasta hoy día.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 31 de marzo de 2023
CARTA A MARIANA, CON UNA CHICA BONITA
Querida Mariana: ayer estuve en el parque central del pueblo. Hubo concierto de marimba. Ah, qué gusto para el cuerpo y para el espíritu. La gente mueve los pies al ritmo de la música, no faltan las personas que se ponen de pie y bailan, con pareja o sin pareja, total, se trata de dar gusto al cuerpo. Se mueven como papelitos al aire, pierden la esencia corporal y se convierten en mariposas en el vuelo. Quienes por ahí pasan se detienen, me tocó ver a una pareja con el hijo agarrado de las manos, se pararon, quién sabe hacia dónde se dirigían, pero hicieron una pausa, el niño nunca sabrá, pero un ave maravillosa aleteó frente a su cara un ratito: el colibrí de la marimba, esto hará que su espíritu reconozca para siempre este instrumento, porque, en Italia, tierra de mis ancestros, los niños se topan con sonidos de acordeón. Estas diferencias culturales son las que hacen divertido al mundo.
Escuché dos canciones, porque, igual que muchos, llevaba prisa, pero me detuve, porque esa pausa era como elíxir para el alma, para embolar los sentidos en forma plena. No identifiqué la primera canción, pero sí la segunda: Bonita, de Arcaraz. Y recordé que don Luis Arcaraz, el famoso autor de esa canción, anduvo en Comitán en los años setenta, en 1974, se presentó en el Club de Leones, lugar donde las marimbas comitecas sonaron bien sabroso e hicieron bailar a los comitecos.
Don Luis vino con su orquesta, orquestón. Todos los músicos se pararon frente al maravilloso escenario que tenía el Club. Ahora el Club de Leones es un templo religioso, los leones se fueron y otros personajes realizan ahí sus rituales, porque amigos que eran hijos de Leones me contaban que cuando era admitido un nuevo integrante del Club, la comunidad leonina rugía. Ah, debió ser impresionante ese instante, donde los hombres imitaban el rugido del rey de la selva, lo hacían en un espacio de Comitán.
La orquesta de Luis Arcaraz alegró el baile de fin de año de la generación de preparatoria 1971 – 1974, bueno, la de una mitad de la generación, porque en ese año, a pesar de que había compañerismo y amistad entre el grupo, en un momento apareció una desavenencia y un grupo encabezado por José Luis Molina (hijo del gran marimbista don Cliserio) se opuso a la asociación formalmente constituida que era dirigida por Raúl Sánchez (gran tenista, el mejor de Chiapas, en ese tiempo, que descansa en paz) y la división se dio. Así que el grupo de José Luis amenizó su baile con Acerina y su danzonera y el baile del grupo de Raúl fue amenizado por Arcaraz. Esa noche, maravillosa noche, hubo un momento en que anunciaron la famosa canción y todos los que ahí estaban bailaron la canción “Bonita”, que escuché ayer en el parque, interpretada en marimba.
Posdata: otro día te contaré del baile de Acerina, porque yo me pasé al grupo de José Luis, por eso, una noche, precisamente en el Club de Leones, Raúl me dijo que era un traidor. Si ahora me preguntás por qué dejé el grupo oficial, digo que no sé. El grupo de José Luis me cercó en los pasillos de la prepa y me explicaron por qué habían iniciado un movimiento de insurrección. Ser un insurrecto me pareció una posición muy digna, así que firmé el documento donde quedaba inscrito para siempre como insurrecto. Admiré a todos mis compañeros, lo sigo haciendo. José Luis siempre fue alumno de diez, alumno brillante; Raúl ¡no!, él era de media tabla, pero, ¡pucha!, fue el mejor tenista joven de Chiapas, un verdadero campeón.
En un verso de la canción “Bonita”, el autor le pide a la muchacha “que haga pedazos su espejo para ver si así deja de sufrir su altivez”. Ayer pensé que no, que las muchachas bonitas no deben quebrar sus espejos, al contrario, deben consentirlos, para consentir su imagen, para saberse lindas, que los pretendientes hagan hasta lo imposible para que ellas también se fijen en ellos. Por supuesto, las muchachas bonitas, que lo son todas, deben apapacharse, amarse, ser altivas.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 30 de marzo de 2023
CARTA A MARIANA, CON UN SURSUM CORDA
Querida Mariana: ¡sursum corda! es un latinajo. Aprendí la frase cuando era niño y me gusta repetirla. Lo hago en voz baja, sólo con la alegría del espíritu, porque si lo digo en voz alta no faltará quien diga que soy un fantoche y piense: ve éste, con trabajo habla en castellano y ya nos quiere apantallar con latín.
Llegué a las instalaciones de la primaria, de nuestro Colegio Mariano N. Ruiz, y cuando tomé la foto donde están estos tres estudiantes del sexto grado, grupo “C”, mi espíritu gritó: ¡sursum corda!
Me enseñaron que sursum corda significa “arriba corazones”, por eso la digo constantemente, sobre todo cuando hay un acto glorioso como el que realizaron estos Marianitos.
¡Sursum corda!, porque mi vida está señalada por la Mariano y por vos, Marianita de mi vida. ¡Sursum corda!, porque estos chicos, que acá se ven bien seriecitos, inteligentes, plenos, son unos verdaderos campeones del conocimiento.
No sabía que así como hay las conocidas olimpiadas donde los deportistas compiten para llevarse el oro, también existen olimpiadas de Matemáticas. ¡Genial! Pues resulta que Leonardo Emmanuel Velasco Mazariegos ganó la Olimpiada de Matemáticas que realizó la Zona Escolar 006 y, días después, obtuvo el triunfo a nivel regional. De veinticinco reactivos, ¿cuántos pensás que respondió en forma impecable? ¡Veinticinco! Leo presentó un examen perfecto. ¡Ah, qué mente tan brillante! ¡Sursum corda!
Admiro los talentos deportivos, porque sé que cada logro es la culminación de muchas horas de esfuerzo, de entrenamiento, de disciplina. En cada triunfo está presente la constancia, la voluntad, la pasión. Pero, de igual manera (o tal vez un poco más, por la inclinación que tengo hacia lo que proviene de la mente) celebro los logros del intelecto.
Así pues, celebro mucho los triunfos de los otros dos chicos: el de Regina Ramírez Sesma y el de Luis Enrique León Albores, quienes obtuvieron el segundo lugar y el primer lugar, respectivamente, en el Concurso de Conocimiento Infantil, de sexto grado, donde participaron todas las escuelas de la zona escolar 006. ¡Ah, qué orgullo! ¡Qué chento se siente el Colegio Mariano N. Ruiz por estos logros! En todo éxito de la vida existe una voluntad personal, más apoyos de cercanos, de entrenadores, de amigos y de familiares. En el caso de estos chicos está presente el apoyo de los maestros (en especial del profe Rodolfo Ventura Ramos) de los directivos (de mi querida maestra Kenita, directora del nivel primaria) y, en forma destacada, de los papás. Cuando en casa los papás están pendientes todo es como una burbuja afectuosa.
El día que estuve con los chicos en el colegio entendí lo que mi amiga Lupita Albores me envió en mensaje de WhatsApp. Te cuento, estaba en el parque central con otra amiga: Lupita Mijangos, cuando vi a Lupita Albores pasar frente a nosotros, alzó la mano y siguió caminando en forma rápida, hecho la mocha. Adiós, adiós. Pucha, pensé, de mejores calles me han corrido. Pero, al otro día, Lupita me mandó a decir lo siguiente: “Te comparto con gran alegría, que ayer en el parque no pude pararme a saludarte, porque iba a la Matías de Córdova, donde estaba la prueba de la Olimpiada del Conocimiento, de nivel primaria, y mi hijo participó. Ahora es el representante del Colegio”. Ah, mamá gallina, orgullosa de su pollito. ¡Cómo no! Iba carrereando porque iba a felicitar a su hijo, por este logro. ¡Sursum corda!
Posdata: es un gran lugar donde los chicos encuentran el camino para potenciar sus capacidades. El Colegio Mariano N. Ruiz ¡es un gran lugar! Cientos y cientos de ex alumnos conservan grata memoria de su paso por esta institución. Cada alumno pepena lo que le servirá para su desarrollo intelectual y moral. Los campeones nos hacen sentir orgullosos del trabajo, pero los que no participan en olimpiadas del conocimiento o del deporte también tienen un sitial de honor en el destino que se forjan, por eso ¡arriba corazones!, y que se permita el latinajo: ¡sursum corda!
¡Tzatz Comitán!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











