martes, 23 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON UNA MAÑANA FAMILIAR
Querida Mariana: mi hermana Esther Molinari, con hijos y nietas. No son todos, la familia es más grande, gracias a Dios. Todos maravillosos.
Ya te conté que mi hermana ha venido dos veces a Comitán, para saludar a su hermanito. Ahora que parte del equipo de Arenilla estuvo en la FIL de Guadalajara, dimos una vueltita por la CDMX y, lo digo con orgullo, alboroté el gallinero familiar, porque mi hermana quería verme, abrazarme. Claro que sí, dije, le hacemos un huequito al tiempo y nos vemos, y ¡nos vimos!, gracias a Dios.
Ellos, por un rato, dejaron sus actividades cotidianas para darnos el gusto de saludarnos.
Me citaron a las ocho y media de la mañana en el Restaurante Don Toribio, que está muy cerca del hotel donde nos hospedamos. Ese día, martes 9 de diciembre 2025, día glorioso, teníamos una cita en Casa Chiapas, así que Dora Patricia Espinosa y yo estuvimos con mi familia un rato, un buen rato, sólo un pequeño rato, para desayunar y para saludarnos. Mi querida sobrina Xiadani, quien siempre está muy pendiente de los deseos de su abuelita Esther, procuró que el encuentro fuera muy cerca del City Express Alameda, lo que nos permitió que Dora Patricia y yo camináramos. Llegamos a tiempo, tan a tiempo que los esperamos. Se entiende, mi hermana vive en el Estado de México, así que el trayecto no es tan sencillo como el que hicimos nosotros.
En la fotografía estamos Martín y su hija Pamela, quien, entiendo, ya se tituló; detrás está Alejandra, la nieta de mi papá que no ha venido a Comitán, ella vive en Tepotzotlán, Estado de México. Ale se dedica a organizar eventos como bodas, bautizos, bueno, cualquier celebración que merezca un guateque especialísimo. Me invitó para ir a verla en un próximo viaje, para que me lleve a conocer el Museo Nacional del Virreinato, dice que es prodigioso. No lo dudo. He visto algunas fotografías en Internet y se ve la magnificencia del espacio, como magnífico fue el espacio que reservó Xiadani para que nos reuniéramos. Estuvimos en el patio central de un edificio majestuoso. Vos sabés, la gran Ciudad de Los Palacios es única, maravillosa. El restaurante está en Simón Bolívar 31, en el Centro Histórico. El patio está circundado por gigantescas pilastras de piedra, como de cuello de jirafa. Llamó mi atención que Xiadani le pidió a un mesero que uniera dos mesas para que estuviéramos juntos y el mesero dijo que era imposible: las mesas están atornilladas al piso. Oh, qué desilusión, debimos desayunar en dos mesas. Así que estás avisada si vas a hacer una reunión con toda tu familia hacelo en un restaurante donde puedan unir las mesas.
Dora Patricia y yo pedimos un poco de fruta, un té de limón y unos molletes sin queso (el mesero, abusivito, dijo que molletes sin queso no son molletes, bueno, pues, dijimos, tráiganos dos mitades de pan con frijolito y pico de gallo). Desayunamos muy bien. Estuve muy contento, satisfecho, agradecido con Dios por la bendición de estar con la familia. Hicieron falta los demás integrantes. No llegaron porque tenían compromisos ineludibles. Nosotros también teníamos cosas por hacer.
Dije que en la foto estamos Martín, Pamela, Ale, Xiadani, mi hermana y yo.
Todos, ¡todos!, extrañaron a mi Paty. ¡Que venga!, pidió mi hermana, lo mismo los sobrinos. Todos, digo, son muy generosos. Dora Patricia me dijo que debíamos pagar nuestro consumo. No, le dije, no saqués paga, dejá que ellos me consientan, que ellos me reciban, porque cuando das ¡recibís! Yo les di mi cariño sin medida y recibí toneladas de bendiciones. Mi hermana, con ochenta años de vida, es una pichita hermosa. Me contó que el Centro Histórico de la gran CDMX no tiene secretos para ella, porque ella creció ahí, en una casa al lado de donde ahora está el gran Museo de la Ciudad de México, en José María Pino Suárez, así que ella conserva muchos secretos de ese espacio y ninguno de los misterios del Centro Histórico le son desconocidos.
Posdata: en 2025 nos vimos en un lugar que para ella no es ajeno, ella, de niña, recorrió todas estas calles, por supuesto que caminó la calle Simón Bolívar, tal vez nunca entró a esta fastuosa residencia. El acto estaba reservado para que ahí se reuniera con su hermanito, que la ama mucho, que la respeta, que le desea lo mejor del mundo, a ella y a toda la familia, porque todos son personas buenas. Martín, que acá lo ves muy formalito, es un ejemplo de vida, ya te conté que se dedica a reparar chunches electrónicos y ya mayor decidió que estudiaría el bachillerato, lo hizo y cuando llegó por su certificado y a dar las gracias, una mano generosa lo detuvo, la persona le dijo que adónde iba, él tenía pase automático a la profesional, en la UNAM. Debía aprovechar estudiar lo que él domina: la ingeniería electrónica. Lo pensó dos minutos y se inscribió. ¡Ya se tituló! Ah, qué maravillosa historia, conmovedora. ¿Y qué decir de Xiadani? Ella trabaja como diseñadora en uno de los periódicos más importantes del país. Es una niña linda. Dios bendiga a todos.
Nos despedimos, trepamos a un Uber y fuimos a Casa Chiapas, donde también fuimos muy bien recibidos.
¡Tzatz Comitán!
