miércoles, 11 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON LA PREPA ANTIGUA

Querida Mariana: la foto que comparto con vos es un testimonio gráfico de excelencia. La robé del muro de Álex Flores Cancino, nieto del maestro Javier Flores que acá aparece al lado de sus alumnos de la clase de Modelado, en 1970. El maestro Javier fue mi maestro en cuarto de primaria en la Escuela Fray Matías de Córdova y luego volví a ser su alumno en la clase de Historia de México, ya en bachillerato, precisamente en este edificio, en 1974. Era muy ordenado, un talentoso dibujante, siempre nos estimulaba para que estudiáramos, se emocionaba a tal grado que las lágrimas aparecían en sus ojos. Era un buen hombre, un catedrático comprometido. Acá lo mirás muy formal, con su corbata y las manos unidas, que era una posición corporal que demostraba su carácter tranquilo. Jamás de los jamases lo escuché alzar la voz, no como otros que eran explosivos. Puedo decir que, incluso en tiempos donde los maestros hacían uso de la regla no para trazar líneas en el pizarrón sino para golpear las manos de los niños, nunca vi que él haya tratado de corregir a algún alumno haciendo uso de la violencia. Él no estaba de acuerdo con ese dicho de “la letra con sangre entra”, él siempre fue un maestro que pregonaba que la letra entraba con cariño, con paciencia, fue todo un caballero. Esto recordé cuando vi la fotografía que compartió Álex. Además, recordé lo que acá se ve. La puerta de la dirección y el cancel de tablas donde estaba la secretaría. ¿Ya identificaste el lugar? Este edificio alberga ahora el Centro Cultural Rosario Castellanos. Donde se ve el cancel de tablas es el vestíbulo, si das unos pasos hallarás la entrada. Como ahora caminan por ahí todos los que asisten al Centro Cultural, en los años setenta, cientos de alumnos entrábamos para ir a los salones que estaban diseminados al lado de los corredores. Las fotografías de los grupos estudiantiles en estos tiempos muestran otro rostro. Acá sorprende que sólo hay una chica, que está al fondo. Digo que el maestro Javier era muy puntual para todos sus actos, así que esta fotografía tiene la relación exacta de los nombres de todos los alumnos. Por esa relación sabemos que la chica es Carmen Morales Serrano, hija de Don Rafael Morales y de Doña Yoli Serrano, hermana de la famosa actriz y cantante Irma Serrano, hija del poeta chiapaneco Chanti Serrano. La fotografía es especial, sorprende, por bella y porque permite ver muchos aspectos de aquellos tiempos. Si ponés atención mirarás que el trabajo creativo de los estudiantes era también de gran relevancia, porque la mayoría de trabajos muestra figuras humanas, que son de difícil realización. A mí me tocó como director el doctor Elías Macal (él fue quien me recibió cuando regresé a medio año de la prepa de San Cristóbal de Las Casas) y el arquitecto Roberto Zúñiga, quien dio clases al grupo de físico matemáticos (no éramos muchos, recuerdo a Daladier Anzueto, a Marirrós Bonifaz, a Javier Aguilar, a Miguel Román, a Rafa Pinto, a Jorge Pérez). Los compañeros de mi generación fueron los que impulsaron el movimiento de huelga que llevó a comprometer a la autoridad a construir edificios nuevos para la secundaria y para la preparatoria. Acá podemos ver que el espacio no era el más idóneo para que funcionara como institución educativa, basta que mirés el “entablado” que servía para dividir la entrada de la secretaría. Y esto no fue todo. Como ya los salones eran insuficientes, las autoridades hicieron otro cancel de madera para improvisar talleres en un corredor exterior. No me lo creás, pero una amiga me dijo que si tenía necesidad de hacer pis salía de la escuela e iba a casa de una compañera para hacer sus necesidades, porque los baños de la escuela no eran muy higiénicos. Esta fotografía refrescó mi memoria. Volví a recordar el interior de la dirección y cómo, con la güerita, solicitaba mis calificaciones en la ventanilla de la pared de tablas. En esta fotografía se alcanza a ver la ventana que abría para atención de alumnos. Recordé al secretario que era el maestro Reynaldo Avendaño, fundador de la escuela y quien era experto en cuestiones de lenguaje, él impartía la clase “Ejercicios lexicológicos”. El maestro Rey siempre llegaba de traje, era un viejecillo lindo, muy formal, casi sabio. Yo lo quise mucho y siempre, siempre, puse atención en su clase, cuando la mayoría de compañeros hacía desmadre. Por eso, ya te conté que cuando llegué a presentar mi examen final en estado inconveniente (bolo, qué vergüenza), él me perdonó la estupidez, ignoró el examen que nunca respondí, porque todo lo veía borroso y el maestro me puso diez de calificación, sin duda valoró todo mi desempeño durante el año. ¡Ah, qué maestro tan humanista, de la misma estirpe del maestro Javier Flores Torres! ¡Tzatz Comitán!