miércoles, 2 de septiembre de 2026

CARTA A MARIANA, CON RECONOCIMIENTO

Querida Mariana: sí, es foto de privilegio. Estoy con Jesús Ramón Jiménez Fuentes. La imagen es de la tarde del día 28 de agosto de 2026, cuando el Museo Arqueológico de Comitán celebró su cumpleaños número 33. Hubo un guateque feliz, un festejo, diría Octavio Paz, con arco y lira. En el protocolo inicial hubo una remembranza de los orígenes del museo, entrega de reconocimientos y luego el mar de la pintura hizo presencia con los oleajes de la obra plástica de Juan Chawuk. Una tarde similar a esta de 2026, la del 28 de agosto de 1993, estuvo Jesús Ramón en el acto inaugural del recinto, él, jovencísimo, con entusiasmo de agua transparente, se presentó a laborar, lo que digo es que en el cumpleaños 33 del museo también hubo velitas y un pastel para Jesús Ramón porque ese día cumplió treinta y tres años de laborar en la institución. Como él lo mencionó: es orgullo de toda una vida. Hice una cuenta rapidísima y concluí: Jesús Ramón ha vivido tantos años y más de la mitad ha estado encima de ese árbol enormísimo que es parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Llegó hace treinta y tres años, no sé cuántos tenía cuando entró a laborar al museo, pero era jovencísimo, tenía mucho menos de los treinta y tres que ha acumulado ahí. Su vida, entonces, ha estado imbricada en el museo, ha crecido junto con él. Ha tenido oportunidad de conocer mucha vida, a través de las obras prehispánicas que ahí se exhiben y de las obras de exposiciones variadas que ha montado, porque él, junto con otros compañeros, es un museógrafo especializado, el tiempo le ha otorgado la experiencia suficiente para hacer montajes de excelencia. Querida mía: vos sos amante de ir a museos, has tenido la oportunidad, en tus viajes, de visitar muchos, de variadas temáticas, sabés que una buena exposición tiene como eje principal una adecuada museografía. En el Museo Arqueológico de Comitán, se nota la mano de Jesús Ramón y sus compañeros, porque las exposiciones proponen un recorrido limpio, donde cada obra, como si fuese un platillo, hace maridaje con la que continúa. Me encanta escuchar a Jesús Ramón, habla de su profesión con ese orgullo que da alcanzar el fin deseado. Él, con una frase excepcional, dice: “Desde la nada logramos un diseño total”, las obras están ahí, pero necesitan de una mano que las guíe, para que el camino del visitante sea pleno y satisfactorio. Jesús Ramón inició como custodio, velador y, gracias a sus estudios de licenciatura y maestría, logró ascender a museógrafo especializado. Una trayectoria relevante, ejemplar. El día del cumpleaños 33, Jesús Ramón recibió un reconocimiento con la siguiente leyenda: “Reconocimiento a Jesús Ramón Jiménez Fuentes, por más de 30 años de trayectoria, entrega y compromiso con el Instituto Nacional de Antropología e Historia, dejando con su labor una huella en la historia de nuestra institución. Con gratitud y reconocimiento a su invaluable dedicación. 33º Aniversario – 2026. Museo Arqueológico de Comitán. INAH”. Una placa sencilla, pero que resume toda una vida dedicada al servicio de las mejores causas de la patria. Cuando me enteré de ello llegó a mi memoria un recuerdo: Rufino Tamayo, el gran artista plástico, de trascendencia mundial, laboró varios años en el Museo de Antropología, de la Ciudad de México, el contacto con las piezas prehispánicas le permitió una mirada especial, que luego se reflejó en su pintura. Jesús Ramón tiene, asimismo, una mirada aliada a la memoria, del pasado y del presente, del pasado prehispánico de esta zona, una región heroica, con grandes florecimientos. Se ve a leguas que Jesús Ramón disfruta su trabajo, le imprime pasión, porque sabe que en sus manos está la oportunidad de presentar una exposición que dignifique la obra y que, a la vez, permita que los visitantes la disfruten en todo su esplendor. La sala de exposiciones se abre como una flor, como si estuviera encerrada en un invernadero, para que sea agua limpia, para que los visitantes la beban en forma invisible, pero tangible, para que el espíritu se fortalezca. El trabajo de Jesús Ramón continúa alimentando la savia de nuestras ceibas milenarias. En las salas del museo está la sabiduría de nuestros antiguos y en la sala de exposición temporal está el fruto de ese conocimiento, las nuevas propuestas, las novísimas. Posdata: vamos a museos y no siempre pensamos en el trabajo previo. Hay todo un proceso de montaje y de curaduría. Jesús Ramón, con sus compañeros, logran el prodigio de entregar una mirada profesional a las demás miradas del mundo. El pueblo de Comitán puede sentirse orgulloso de la labor que realizan en el museo arqueológico, porque es palpable y visible el esmero y la mano profesional. Es un museo digno, más que bello. Jesús Ramón ata cintas de luz en su diario caminar y en su labor. Como Jesús Ramón dice: el museo lo hacemos todos. Todos construyen el Todo. ¡Tzatz Comitán!