jueves, 14 de mayo de 2026
CARTA A MARIANA, CON TIEMPO REVERTIDO
Querida Mariana: “Hermilo Vives y Sucesores” cierra sus puertas. Así lo dijo el contador Moya, en redes sociales. La noticia impactó a muchas personas mayores del pueblo. Los jóvenes no saben la trascendencia que tuvo ese negocio, iniciado por el papá del maestro Hermilo, hace más de noventa años. El fundador marcó el destino de la tienda que vendió productos fotográficos, cámaras, rollos, focos, lámparas diversas, baterías y muchos más chunches del ramo. Digo que marcó el destino, porque su sucesor fue quien continuó en la atención de clientes. El maestro Hermilo Vives Werner, hijo del fundador, se casó, pero no tuvo descendencia, así, la picardía comiteca, de inmediato bautizó al negocio como “Hermilo Vives sin Sucesores”. Ahora, en mayo de 2026, el contador Moya dijo que la negociación cerrará sus puertas. ¿Para siempre? ¿Y ahora qué se viene para el porvenir?
Por ahí ya lo dijeron, se cierran las puertas de un negocio tradicional y con ello también se clausura una época. Lo mismo sucedió cuando cerró sus puertas la Zapatería Nueva, de mis tíos César y Maty.
Digo que la noticia del cierre de “Hermilo Vives y Sucesores” impactó a personas mayores, porque de inmediato afloraron a sus mentes anécdotas vividas en esa tienda.
Hace años, el maestro Hermilo le dio una remozada al negocio, instaló una isla en el vestíbulo, diseñó exhibidores en las laterales y colocó su escritorio en el fondo. La isla fue la antesala para quienes deseaban saludarlo; quienes sólo llegaban a comprar no pasaban de ahí, si había necesidad de alguna atención especial, el maestro dejaba su búnker y acudía al vestíbulo. Un grupo de muchachas se encargaba de la atención a clientes, una de ellas trabajó en la empresa más de treinta años.
Casi al final de los años sesenta y principios de los setenta yo acudía con frecuencia al negocio para comprar rollos fotográficos o a dejarle rollos a color para que fueran revelados. El maestro, con la pulcritud y tranquilidad con que siempre ha hecho sus cosas, llenaba un formato de Kodak, que era el comprobante de lo solicitado. ¿Sabés cuántos días pasaban para que las fotografías llegaran a las manos del cliente? Varios días, muchos, porque en la ciudad no había un laboratorio que revelara las fotografías en color, así que el trámite era tardado, porque el maestro Hermilo enviaba los rollos a la Ciudad de México, donde los laboratorios Kodak se encargaban del proceso (que era rápido), pero la tardanza estaba en los días que tardaba el rollo en llegar a México y en el regreso. Ahí aprendimos una lección de paciencia, la que siempre ha sido galardón de la personalidad del maestro. Una vez, mi amigo Fernando me dijo que vio a mi papá en mangas de camisa y pensó: “la vida no debe ser tan difícil”, lo mismo podemos decir todos aquellos que fuimos alumnos del maestro Hermilo en relación con la paciencia: “la vida puede ser metódica, sencilla, sin apresuramientos”, porque, ya lo dije, él siempre toma las cosas con tranquilidad, a tal grado que en estos tiempos camina con un sosiego que es ejemplar, ya se ayuda con un bastón, pero cuando sube a su auto, marca Topaz, nadie puede pensar que él camina con lentitud Matusalénica.
El maestro Hermilo dio clases de matemáticas en la secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz y en la Escuela Secundaria y Preparatoria del Estado, un día dejó de hacerlo; se dedicó en cuerpo y alma a su negocio “Hermilo Vives y Sucesores”. Hace días, el contador Moya dijo que ya cerrará su negocio. ¿Cuántos años dedicado a ese oficio? No lo sé, pero muchos, muchos. El negocio viene del siglo pasado, es uno de los más antiguos del pueblo y uno de los de más trascendencia.
El negocio cierra sus puertas y con ello cierra una época, a la vez abre una ventana para la nostalgia, para el recuerdo y para el reconocimiento, reconocimiento a un hombre maravilloso.
Posdata: el maestro Hermilo, como muchos comerciantes, llegaba a cumplir con su responsabilidad todos los días. A la hora del cierre, cerraba con llave, colocaba candados y luego hacía la señal de la cruz ante cada una de las puertas, las encomendaba a Dios, para que les echara un ojo y evitara a los delincuentes.
Pienso que la rutina del maestro Hermilo se modificará ahora en adelante en forma rotunda, en los últimos tiempos lo veía salir de su negocio, caminar con pasos lentos hacia el templo de Santo Domingo para orar y luego regresar al negocio para adentrarse en el fondo, donde siempre estuvo su escritorio. “Hermilo Vives y Sucesores” cierra sus puertas. Pucha, qué noticia tan de mariposa posada en una flor, sin posibilidad de vuelo.
¡Tzatz Comitán!
