domingo, 6 de septiembre de 2026
CARTA A MARIANA, CON DIÁLOGOS
Querida Mariana: acá están el pintor José Alfredo Gómez Pinto y el ingeniero Álex Hiram Morales Torres. Dialogan. Están en la sala de exposiciones temporales Rufino Tamayo, del Museo de Arte Hermila Domínguez de Castellanos. Dialogan. Platican como si estuvieran sentados en una banca del parque o en una sala, tomando un café. Gracias a los avances tecnológicos que vive el Comitán de estos tiempos, dialogan frente a una cámara y lo que ellos platican llega, a través de las redes sociales, a todo el mundo. ¡Sí, a todo el mundo! No existen estadísticas, pero, tal vez, uno de los diálogos que Álex Hiram sostiene con sus invitados a llegado a verlo y a oírlo algún compa que esté en Asia. Tecnológicamente esta posibilidad está contemplada en el espectro del mundo actual. Nosotros, los comitecos, podemos hacer lo contrario, ver, alguna vez, un podcast que se desarrolle en China. No entenderemos, porque ya lo dijeron nuestros mayores: hay cosas que no se entienden, porque está en chino.
José Alfredo y Álex Hiram platicaron acerca del proceso creativo del primero, porque José Alfredo se ha dedicado a las artes plásticas desde hace tiempo. Él, hasta donde entiendo, nació en Las Margaritas, Chiapas, centro neurálgico de la cultura tojolabal. De su tierra de nacencia ha pepenado lo que los expertos llaman “las raíces culturales”; es decir, lo que sostiene al árbol de la identidad. Ha pepenado esencias de la tierra del tsejeb. Mirá qué coincidencia, la mañana del día que José Alfredo y Álex Hiram dialogaron en el museo de arte, estuve en casa de Alermo, en la comunidad de Cajcam, llegué para entregar un ejemplar impreso de nuestra revista Arenilla, pero llegué temprano y cuando entré a su casa vi que toda la familia desayunaba: Alermo, su esposa, la mamá de Alermo y sus dos muchachos. Ah, la mesa era un ramo de flores culinarias: frijolitos de la olla, choricito bien sazonado, ejotes, rodajas de pepino, tortillas del comal y café. “¿Querés acompañarnos?”, preguntó Alermo. Yo, lo sabés, ya había desayunado en casa, a las seis, después de hacer mi taichí de viejito y darme un baño. Pero no pude negarme, no pude hacerlo, porque era un privilegio acompañar a la familia de Alermo a degustar esas exquisiteces. Ah, qué desayuno tan maravilloso. A lo único que no le entré fue al choricito, pero a todo lo demás le entré con la pasión de un alma bendecida. Al final, la esposa de Alermo fue por un pan de elote, lo partió y ofreció. También lo probé. Delicioso. Luego, ella se paró y calentó algo en el comal, lo sirvió. ¿Sabés qué era? Tsejeb. Sí. Qué coincidencia cultural, que regusto de punto y seguido. Nosotros, en el desayuno, también platicamos, pero fue una charla íntima, lo dicho no pasó de ese espacio. En cambio, el diálogo de José Alfredo y Álex Hiram sí cruzó las paredes del museo y llegó a muchos sitios. Ah, qué bendición de tiempos, de posibilidades tecnológicas que permiten dialogar en público, para un público virtual que, quién sabe hasta dónde está. Y el podcast no sólo puede verse en vivo, los expertos dicen que queda en “la nube” y cualquier oyevidente puede verlo después del tiempo.
La tarde en Comitán estaba plena, con aire templado, como si el pueblo hubiese recuperado su clima original. Nada de calor. Todo estaba como para ejercer esa costumbre maravillosa de los habitantes de La Pilita Seca, que se llama banquetear. Los que banquetean platican sabroso en la banqueta y dejan que la tarde pase contenta, como agua que se bebe. José Alfredo y Álex Hiram, como si banquetearan, dialogaron bien sabroso, acerca del arte, del proceso creativo y de las raíces tojolabales del artista.
Conocí a José Alfredo hace años, cuando estuve frente a un mural que pintó en su tierra. ¿A Álex Hiram? A él tengo el gusto de conocerlo hace más tiempo, he visto cómo ha crecido su desarrollo profesional y he visto cómo ha crecido su familia. La tarde que fui al museo tuve el placer de saludar a sus dos hijos, ah, cómo han crecido. Ambos chicos (el niño y la niña, él mayor) juegan tenis de mesa, son muy buenos en ese deporte. También tuve el gusto de saludar a Carito, la esposa de Álex, quien lo ayudaba en la transmisión del podcast. Tarde de río con aguas de oro, con aguas limpias de septiembre.
Posdata: a veces se abre la tarde como si fuera una granada, como si los granos rojos danzaran sobre el chile en nogada; a veces, la vida es una suerte con astillas que no lastiman, al contrario, vuelan como alas de colibrí.
¡Tzatz Comitán!
