miércoles, 7 de octubre de 2026
CARTA A MARIANA, CON VUELOS
Querida Mariana: sólo un par de alas para el vuelo. ¡Qué sencillo! Te parás en el balcón y mirás los pájaros hacer piruetas en el aire, ¡en el aire! Desde siempre, el hombre ambicionó volar, salía de su cueva en busca de un mamut y veía que el pterodáctilo pasaba por encima con la fuerza de un DC10 de la Fuerza Aérea. ¡Fuerza Aérea!, en estas dos palabras se encierra el prodigio del vuelo. Resulta que los seres humanos, desvalidos desde su origen, sólo alcanzan (algunos) a tener fuerza terrícola y no les da para más que para levantar grandes rocas o levantar pesas en gimnasios encerrados.
Sólo un par de alas para el vuelo. Desde niño, al entrar al oratorio o ir a misa de domingo en Santo Domingo, vi las esculturas de ángeles soportando una lámpara de pie, con las alas plegadas. ¿Por qué estaban ahí como castigadas? ¿Se habían portado mal? ¿Por qué no mandaban al carajo esas lámparas y volaban por los cielos de Comitán como lo hacían las felices y parlanchinas chinitas? ¿De verdad estaban castigadas? La maestra de catecismo nos había enseñado que un ángel se rebeló contra Dios, el mero mero del cielo, y lo castigó. La maestra contaba que Luzbel era un ángel bellísimo, hacé de cuenta el Henry Cavill del cielo. ¿Dios tuvo envidia de esa creación suya? Pensó que la belleza total era Él, nadie más podía ser tan bello y resulta que el tal Luzbel (luz bella) era hermoso. Así que lo condenó a los infiernos. De nada le sirvieron sus alas para eludir el vacío.
Sólo un par de alas para el vuelo. Sin embargo, el ser humano no ha podido injertarse alas como los ángeles o los pájaros. Cuando el hombre se dio cuenta que ningún ser humano podía injertarse alas, buscó un sucedáneo, un chunche que volara por él, entonces inventó el avión, la avioneta, el helicóptero, y ahora el dron.
Ah, si esto lo hubiera sabido Don Chico que Vuela, de Laco, no se habría dado el ramalazo que se dio. Además, Dios mío, qué cabrona la gente, cuando supieron que Don Chico que Vuela llegaría tras lomita, los cabrones le hicieron encargos, como los comitecos acostumbraban hacer cuando un compa viajaba a la Ciudad de México por la Cristóbal Colón. Es conocido el chiste sobado de un compa que le hizo un encarguito al que viajaría: ¿podés llevarle un disco a mi hermano? ¡Claro que sí! A la mera hora resultó que el disco era un disco de molino y no uno de música. Don Chico que Vuela no alcanzó a agarrar altura ni un metro, apenas aleteó en el vacío desde la torre y se vino hacia abajo. El madrazo fue supremo, porque todos los encargos hicieron que el peso fuera a la triple potencia.
Un par de alas para el vuelo y nadie ha logrado el prodigio. Juan me contó su sueño una mañana, dijo que estaba en un llano, había un par de ovejas a su alrededor, comiendo hierba, un pequeño arroyuelo fluía a sus pies, vio una mariposa posarse sobre el lomo de una de las ovejas y luego la vio alzar el vuelo, dúctil, limpio, entonces Juan, en su sueño, abrió los brazos como los tiene abiertos el cristo de Copoya y comenzó a levitar, despegó los pies del suelo, ingrávido, gentil, no necesitó aletear, le bastó abrir los brazos, como en posición de vuelo y esa forma resultó la ideal para la levitación, conforme transcurrió el tiempo él sintió que se alejaba más y más del suelo, las ovejas habían quedado abajo, el arroyuelo, la tierra, sintió un aleteo cerca de su nariz, era ¡la mariposa!, que parecía saludarla. Estaba volando, en su sueño, de pronto, en su sueño, pensó a qué hora se detendría, le dio miedo seguir en ascenso, entonces, como si despertara de un sueño, se desplomó como bulto de arroz, cerró los ojos para no ver el instante que se haría polvo en la tierra. ¡Despertó! Dio gracias a Dios. Dijo que no volvería a volar, ni en sueños.
Posdata: un par de alas para el vuelo. Un vuelo para las alas. Igual que vos no tengo alas, pero vos y yo volamos, volamos mucho, nada de churros, volamos con el apoyo de las alas de los libros.
¡Tzatz Comitán!
