viernes, 10 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON EL HOMBRE QUE VINO DE POLONIA
Querida Mariana: el papá de mi amado Gutmita es “El hombre que vino de Polonia”, así lo dice su hijo. Pucha, suena como a título de novela. El otro día platiqué con un amigo, cuando me preguntó sobre mis orígenes paternos, tomé lo que dice Gutman y dije que mi bisabuelo fue un hombre que vino de Italia. Viéndolo bien, todos los ancestros son personajes de novela, personajes geniales, con defectos y virtudes. Rascar en la herencia familiar es hallar sorpresas. Por eso mucha gente no se interesa por el tema, sin reconocer que el conocimiento es la sustancia que aporta vida.
Hay gente que reniega del pasado familiar, hay otras personas que, por el contrario, se enorgullecen de sus raíces. Todo es válido, pero yo soy del grupo que rasca en los orígenes, hasta donde es posible. Buscar la savia que nos alimenta es como un gran viaje. Vos, ¿tenés idea de todas las vidas que se han tejido en torno a la tuya? ¿Sabés que sos parte de un gran entramado? Digo que nadie puede evadir el legado familiar, cada uno es producto de todos los nudos e hilos sueltos que han tejido los viejos.
Don Abraham, papá de mi amado Gutmita, nació en Polonia y de allá se descolgó hasta llegar a tierras chiapanecas. Los ancestros de Gutmita están en aquella región del mundo. El abuelo allá vivió. ¿A qué se dedicaba? ¿Cuáles eran sus gustos? Gutmita sabe que él es la confluencia de tantos caracteres y personalidades. Gutmita estudió en el seminario, estaba a punto de recibirse como sacerdote cuando el mensaje divino le llegó, casi como si estuviera en el Monte Sinaí, escuchó una voz que le dijo: “Pichito, tu camino no está en seguir el manto de Cristo, sino en seguir las faldas de cientos de muchachas bonitas, sabrosas, jacarandosas”; y mi amado Gutmita, siempre obediente, despreció la casulla y se dedicó, como un zorro astuto, a perseguir a las chicas con la prédica del amor. El hombre que vino de Polonia tuvo hijos, uno de éstos fue mi amado Gutmita, acá, en este país del nopal, ha dado lustre al árbol genealógico que le fue entregado en herencia.
Gutmita es un gran cuenta chistes, se sabe muchas anécdotas, todas las cuenta en forma pícara y simpática. Cuando lo escucho trato de imaginar cómo fueron su abuelo y su bisabuelo. ¿Habrán sido traviesos como él lo fue? ¿Mi amado Gutmita los superó?
Él es hijo del hombre que vino de Polonia. ¡Ah, qué título tan bello! ¡Insuperable! Yo soy bisnieto del hombre que vino de Italia. Tengo muchos amigos cuyos árboles genealógicos vienen directamente de España. Mi apellido paterno es Torres, ni qué buscar. Los orígenes de tal apellido están sembrados en la madre patria. En algún momento de la historia mi ancestro llegó de España. Soy tataranieto del hombre que vino de España. De eso estamos hechos. Tengo amigos que quisieran borrar el pasado negro de la Conquista, les llaman asesinos. Sí, no es para celebrar tal afrenta que cometieron con los antepasados que vivían en el territorio de lo que hoy es México, pero yo siempre pienso que alguno de sus antepasados fue de ese grupo violento, porque los apellidos de esos compas son españoles netamente. ¡No! Me dicen. Pues no, puede ser que ellos sean descendientes, por ejemplo, de los emigrados que recibió Lázaro Cárdenas, que fueron españoles de abolengo, inteligentes, nobles. Pero, para eso, es necesario conocer y reconocer los árboles genealógicos. ¿Tenés apellido Anzueto, García, López, Espinosa, Ramírez…? Pues tus ascendientes están en España, la tierra de los hombres que nos conquistaron. No hay vuelta de hoja. ¿De qué lado se inclina la balanza? ¿Hacia la bondad, hacia la maldad? No lo sabemos. Tal vez todas las historias son una mezcla, un tachilgüil. Los seres humanos, lo dijo Nietzsche, estamos inclinaditos al mal. ¿Has pensado si alguien de tu familia, en 1700 o 1600, fue perseguido por la ley, por alguna travesura, mínima o trágica? ¿Qué se le va a hacer? ¿O lo contrario? Tal vez uno de tus ancestros llegó a ser un gran personaje que aportó dones a la humanidad.
Posdata: y resulta que ahora somos ramas de esos grandes árboles y aportamos nuestras historias personales. Quienes tienen descendientes siguen brindando aportes al gran testimonio común. Somos gajos de esa leyenda. El agua inunda muchas orillas. El hombre que llegó de Polonia conoció a una mujer en Chiapas, se casó, tuvo hijos y escribió una historia que jamás imaginó. Así es el agua de la vida, a veces llega del cielo en forma de lluvia; a veces es arroyo que abona tierras; a veces es un tsunami que brota violento del mar. En Europa y en otros países del mundo hay mujeres que nacieron en México y al casarse con extranjeros formaron una familia; de ellas bien puede decirse que son mujeres que llegaron de México. Todo es una gran línea que se dibuja al paso del tiempo.
En la foto está el hijo del hombre que vino de Polonia. Acá está, muy guapo, ayudado con la IA. ¿No que no tronabas pistolita?
¡Tzatz Comitán!
