martes, 8 de septiembre de 2026

CARTA A MARIANA, CON UNA MAÑANA DE CONVIVENCIA

Querida Mariana: te presento la mejilla de Alan Josué Alfaro Abarca. Él es fotógrafo, retratista, y músico solista, toca el sax, la trompeta y la batería. La mañana del domingo estuvo muy activo tomando fotografías de los participantes de una carrera pedestre que el grupo “Muévete Chiapas” organizó a favor de Casa Hogar Don Bosco y Santo Domingo, A. C. Alan es integrante del grupo organizador. Digo que él estuvo muy activo tomando fotografías, andaba de un lado a otro, algunos le extendían la mano y otras lo saludaban de beso. Uno de estos saludos quedó impreso en su mejilla, me acerqué y le dije que daría machetazo a caballo de espadas, frase que en México usamos para decir que nos metemos en terrenos de expertos sin serlo; es decir, le tomé una fotografía al fotógrafo. Él se dejó tomar la foto y me platicó un poco de lo que ya te conté: es músico y fotógrafo aficionado. Si alguien tiene un guateque y quiere ambientar el sitio puede ponerse en contacto con él y contratarlo. Tiene una página que se llama “Horizonte Abarca”, que honra el apellido materno. Yo no hago retratos en fotografía como él, pero acerqué la cámara del celular y tomé esta foto. ¿Por qué lo hice? Porque el rostro de Alan muestra un poco lo que viví esa mañana de domingo en el parque central, mi parque. Desde que salí de la oficina, vi a muchas personas corriendo. La ruta inició a las siete de la mañana en mi parque y ahí mismo fue la meta. Te he platicado que en los años sesenta, el Colegio Mariano N. Ruiz entregaba medallas de aprovechamiento y de buena conducta cada fin de año. El colegio sigue otorgando medallas. No sé en cuántas instituciones educativas se da este ritual, ritual que sí se da en las carreras como la que comento. Los participantes pagaron ciento cincuenta pesos en la inscripción y esto les concedió el derecho para obtener una medalla al cruzar la meta. Las medallas se pagaron con parte de ese dinero y el restante será para ayuda de la Casa Hogar y de la otra institución. Estas carreras son de las llamadas “con causa” y los participantes contribuyen con su donativo. Corren entusiasmados, ahí van en plebe, en lugar de correr en solitario, lo hacen en comunidad. La vida se potencializa al ciento por ciento, hay aplausos, gritos de “tú puedes” (vos podés) y de “la meta está cerca”, mensajes motivadores para que los participantes le echen vapor a los últimos metros, porque el fin ya está por alcanzarse. Los participantes llegaron a la meta, recibieron su medalla y fueron a la mesa para tomar un plátano (guineo) y un agua. No pregunté, pero no entendí el porqué los plátanos estaban partidos a la mitad, debe tener su explicación. Mientras los participantes llegaban y recibían felicitaciones por sus cercanos o por nuevas amistades, Alan tomaba fotos. Yo también había tomado una antes, antes de llegar a la subida, lo hice porque vi a una pareja donde el hombre llevaba sobre sus hombros a su hijo. Me encantó la escena. Digo que, para mí, las dos fotos sintetizan el jolgorio y alegría de estos actos comunitarios, donde todo es alegría, donde todo es salud, donde todo es convivencia. El padre cargó al hijo, lo hizo partícipe de la carrera, desde un sitio privilegiado, porque siempre es mejor ver la vida desde arriba, tal vez recibió la gran lección y ya nunca más será una oruga, soñará con ser un pájaro alado. ¿Que si corrí? Ah, pues, me conocés, caminé ¡sí!, mientras los demás corrían, sudaban, yo, muy tranquilo caminaba sobre la banqueta, cuidando de no resbalar, porque ya te dije que el otro día escuché que una chica le advertía a la otra: “Cuidado, estas lajas son muy traicioneras” y también escuché que una señora le decía a otra: “estas lajas me dan miedo” y caminaba con el mismo cuidado con que yo lo hago. Uf, nunca estamos exentos de un resbalón. Dios bendiga. Me gusta caminar, pero desde que enlajaron todas las subidas y bajadas ya no camino seguro, lo hago titubeante. ¿A quién se le ocurrió, en una ciudad con pendientes, poner laja en las banquetas? Por ahí deben estar los nombres. Dios los perdone. Posdata: terminé reclamando, cuando lo único que recibí esa mañana fue estímulos de alegría, saludé a varios amigos, lástima que sólo recibí saludo de manos, ninguna chica se apiadó de este viejo, no recibí el saludo que sí recibió el jovencísimo Alan. ¡Tzatz Comitán!