martes, 20 de enero de 2026
CARTA A MARIANA, CON JOYAS
Querida Mariana: ¿on toy? Sí, en Guadalajara, en el vestíbulo abierto del edificio que se llama Distrito Joyero, al lado de una gran avenida, la Mariano Otero, que es la avenida donde está la Expo Guadalajara.
Conocí la Expo Guadalajara porque ahí se realiza la gran Feria Internacional del Libro. Vos sabés que el equipo de Arenilla fue a la FIL a presentar la revista en el 2025. Experiencia sensacional. En el 2025, los asistentes casi casi le pegaron al millón. ¿Mirás? Ah, qué festejo tan bello, todo motivado por el libro, maravilloso objeto cultural. Pero, me contaron, durante todo el año hay diversos eventos en la Expo Guadalajara: congresos médicos, de modas, exposiciones ganaderas, uf, de todo. Y cada persona acude de acuerdo a sus intereses. En los últimos días de noviembre y primeros de diciembre, casi un millón de personas nos acercamos para vivir la gran experiencia de andar entre libros, lectores, autores, editores y demás hierbas adobadas con la palabra escrita y oral. Hay gente que le encanta ver vacas, otras son felices viendo vestidos. Nosotros somos felices viendo, palpando, decodificando, oliendo libros. Cada uno elige el camino de su gajo de felicidad.
Ya te conté que con Dora Patricia Espinosa casi no salimos del recinto porque nos la pasamos bomba y deseábamos aprovechar al máximo la experiencia de estar en medio de millones de libros. Salíamos sólo para ir a comer. El día de esta fotografía, en lugar de ir al departamento (que nos quedaba a una cuadra) le dije a Dora Patricia que fuéramos a buscar una pizzería, para comer una vegetariana, sin queso. Caminamos entonces por esta gran avenida, la Mariano Otero. Por acá debe haber una placita, dijimos. Caminamos, caminamos, pasamos por un Oxxo, por un Starbucks, por una agencia de Mexicana (cerrada), por tianguis de autos, por agencias. De pronto mi mirada fue jalada como con imán y vi, antes que el edificio posterior, la escultura en bronce que acá mirás. Fue prodigioso, porque en medio de ruido de autos, camiones, caminantes apresurados, la banqueta se abrió a un espacio de sosiego. Tomame una foto, le pedí a Dora Patricia.
Luis Aguilar tiene razón, el arte en la calle hace la gran diferencia; el maestro Mancilla dice lo mismo con respecto al libro, cuando alguien se topa con muchos libros puede hallar uno que sea el que lo convierta en un gran lector. ¿Cuántos peatones han hecho lo mismo que yo al caminar frente a esta escultura? Sé que mucha gente lleva prisa, pero a veces hay gente que puede hacerse una pausa y esta obra permitió que nuestro apresurado caminar en busca de comida física botaneara tantito el alimento espiritual, tan necesario para el alma.
El edificio posterior, ya lo dije, es el Distrito Joyero (en Guadalajara vi, desde el Uber, varios centros joyeros, me pregunté si Jalisco es productor de joyas, no lo sé, pero lo que sí advertí es que ahí se mueve mucha paga).
Dora Patricia me tomó la foto, disfrutamos la obra cierto tiempo y luego seguimos buscando una pizzería artesanal. Caminamos varios kilómetros. No entramos al Distrito Joyero, según nosotros ya habíamos estado frente a la joya mayor. No me regañés. No recuerdo el nombre del autor. En mi cabeza aparece el nombre de Soriano, pero al regresar a Comitán busqué en el Internet y nada hallé, ¡nada!, lo mismo que en mi cabeza. ¡Uf! En la base de la escultura está una placa con el nombre del autor, yo digo que vi: Soriano, pero acá en la fotografía no se alcanza a ver. Tal vez un día, mi amigo Luis Molina o mi amiga Eva Morante, que viven en Guadalajara, pasen por ahí y me digan qué dice la placa (el otro día entré a Google maps y repetí el recorrido que hicimos con Dora Patricia y ¡cabal! encontré este vestíbulo, pero -lo mismo- de lejos no se alcanza a ver qué dice la placa). En fin, por el momento nos quedemos con Soriano. La obra es bella. A mí me proporcionó ese hilo de luz tan necesario, el hilo donde se cuelgan las lámparas que alumbran el camino.
No entramos al edificio con varios niveles. En la azotea hay un restaurante y una estructura de cristal que permite el paso de luz al interior, donde hay más de sesenta locales especializados en venta de joyería. ¡Pucha! ¡Genial! Todo está tan bien organizado que hay una oficina de mensajería, para que quien compra esas bellezas que gustan tanto a tantos se haga el envío con toda comodidad, sin salir al exterior (recordé que, en un tiempo, en Comitán, al lado de una tienda de abarrotes muy exitosa abrieron una sucursal bancaria, casi casi como para que por una ventanita depositaran la paga).
Posdata: Luis tiene razón, en cada placita, en cada recoveco debe asomar el arte escultórico para que el tránsito desbocado del día encuentre un sosiego, una manera de justificar la vida. A mí me dio mucho gusto hallar este remanso en medio del trasiego impetuoso de esa avenida en Guadalajara. Fue como una mano que nos detuvo, que nos dijo que todo estaba bien, que el río de autos que pasaba a nuestro lado estaba en la otra orilla.
Antes de enviarte la carta le mando un mensaje a Dora Patricia. Su memoria privilegiada me avienta un salvavidas a mitad del mar: ¡sí, es una obra de Juan Soriano! Bendigo a los socios de ese espacio que no sólo pensaron en ágatas, rubíes, diamantes y oro, también pensaron en el bronce que se convierte en materia de sueño cultural. ¡Bien!
¡Tzatz Comitán!
