sábado, 14 de marzo de 2026

CARTA A MARIANA, CON ESPACIOS PÚBLICOS

Querida Mariana: ¡orden! El licenciado Héctor dice que en la vida debemos tener orden. Orden en la vida personal y en la vida comunitaria. Tiene razón. Las vidas de muchos son desordenadas, asimismo muchos pueblos son desordenados. Los que vivimos el Comitán de los años sesenta (nostálgicos irremediables) sostenemos que nuestro amadísimo pueblo fue más ordenado, en todos los aspectos. Vos mirás una fotografía de los años sesenta y hallás una ciudad más afectuosa; es decir, más ordenada. Casi como por contagio, la gente de ese tiempo era también más ordenada. Mario Vargas Llosa, en su novela “Conversación en la catedral”, hace que un protagonista se pregunte: “¿En qué momento se jodió el Perú?”. Los que vivimos el Comitán de los años sesenta y, gracias a Dios, seguimos en el pueblo nos preguntamos lo mismo: ¿en qué momento se jodió nuestro amado Comitán? Comitán sigue siendo un pueblo afectuoso, no ha extraviado su árbol genealógico, pero ahora su árbol está con cierta plaga, tiene algunas ramas cortadas, ya su fronda no es la de antes, tiene pajaritos todavía, pero a veces cantan con una cierta tristeza contenida y esto hace que en el aire flote una niebla llena de polvo. Y como siempre sucede, el entorno hace que la gente se contagie, por lo que ahora la población también se ha vuelto desordenada, esto significa que hemos perdido un poco el sentido de identidad y el sentido de fraternidad. Se dice en forma nostálgica (ah, qué pinche palabrita) que en el Comitán de los años sesenta todos nos conocíamos, conocíamos nuestras virtudes y defectos. Con el natural crecimiento de las ciudades, las sociedades se transforman, abandonan su vocación esencial. Diré una obviedad: Comitán ya no es el mismo. Digo esta perogrullada para reafirmar que el pueblo ya no tiene el orden que una vez tuvo, que aún se percibía en el aire de los años sesenta. ¿En qué momento dejamos de ser lo que éramos: un pueblo afectuoso? No sé si lo mismo podría decirse de toda la patria, tal vez sí. México fue un país amigable, ya no lo es. La violencia siempre ha existido, la gente cabroncita siempre ha jodido el mundo, pero, todo mundo lo reconoce, nuestra patria nunca tuvo estos índices de violencia y este tema no sólo se refiere a grupos delincuenciales, ¡no!, el ciudadano de a pie, el que tiene un trabajo honesto también ha cambiado su comportamiento, se ha vuelto más individualista y con ello ha hecho que la casa común se desordene. Así como tenemos el ejemplo de la respuesta que la gente tuvo ante la iniciativa de Lázaro Cárdenas en el momento que decretó la nacionalización de la industria petrolera, así también tenemos en nuestro pueblo el ejemplo del momento en que decidieron construir el templo de San José. Las crónicas cuentan que la gente colaboró con tejas. En una fotografía se ve el momento en que decenas de personas llegan ante una mesa y entregan desde joyas hasta gallinas para cubrir los gastos de la expropiación petrolera; en Comitán también hubo filas con personas que cargaban tejas para ayudar a la construcción del templo. ¿En qué momento perdimos el sentido del orden? Ayer me senté un rato en la placita que está al lado del templo de El Calvario. Se trataba de poner orden en mi vida personal, con un poco de sosiego, con el abrazo del chal del aire comiteco. Había otras personas, sentadas, recibiendo la bendición del pueblo; desde ahí veíamos a la gente caminar por las banquetas; vi a un nevero que ya iba con rumbo a su casa (siempre relaciono el barrio de La Cruz Grande, con el hogar de varios neveros y boleros), todavía llevaba nieve en los botes porque mucha gente le pidió conos. Era hora que pasaría el camión de la basura, los vecinos comenzaron a llevar las bolsas y cajas con desechos, bajo la mirada de una empleada del ayuntamiento, que estaba pendiente de que nadie colocara basura antes de la llegada del campanero. El montón de basura se fue haciendo más grande, más ancho. Pensé que algo de la tranquilidad de la placita se interrumpió con esa montaña de basura. ¿No hay otra manera más digna de hacer la ruta? Ah, ni me quedés viendo, yo no soy el encargado del departamento de limpieza. ¿De verdad no hay otra forma? Orden es lo que quiere la vida. Y nadie pone orden. Comitán se ha vuelto una ciudad desordenada. Conforme comenzó a llenarse de basura la placita comencé a sentirme mal. Decidí seguir mi camino, abandonar la placita de El Calvario e ir a un espacio más amplio: mi parque, el parque central, el parque que se llama Benito Juárez, pero que es propiedad de Alejandro Molinari. Me paré y revisé qué había en esas cuatro bases de hierro que están en la placita de El Calvario (bases hermosas, fabricadas en la Fundidora San Rafael, de Puebla). Dicen los que saben que el desorden inicia al cambiar la vocación de los objetos, cuando una bicicleta fija, para hacer ejercicio, se vuelve un tendedero de ropa sucia; cuando un automóvil, para hacer un traslado, se convierte en un lugar para echar cotz; cuando una maceta, para sembrar flores, se vuelve un cenicero donde los fumadores apagan sus cigarros. Pensé que esas bases ya dejaron de ser para lo que fueron creadas y ahora (¡lo juro por Dios!) son pequeños basureros, revisé (como si fuera el inspector) las cuatro bases y los huecos que tienen en la parte superior son recipientes llenos de basura. La gente pasa y deja su basura ahí y los de limpieza municipal son incapaces de limpiarlas, así se crea el desorden. Hablo de un pequeño espacio, ya ni quise ir a ver la jardinera que está en una lateral, porque supe que es otro basurero, con una pequeña valla metálica toda torcida, toda desordenada. ¡Orden hace falta en el pueblo! ¿En qué momento Comitán se volvió un pueblo desordenado? ¿Qué rima con desordenado? Posdata: en algún momento, una autoridad quiso poner orden en esta plaza, pagó el costo de las bases bellas (¿eran bases para lámparas?) y todo relució. Más tarde, otra autoridad se llevó las lámparas (así como se llevaron bancas de hierro, se ve cómo las cortaron) y nos quedó esto, que sólo sirve para que el peatón (ciudadano contaminado con el desorden) lo use como basurero. ¡Dios mío! ¿En qué momento se jodió Comitán? ¿En qué momento se volvió un pueblo sin orden habitado por ciudadanos desordenados? ¡Tzatz Comitán!