viernes, 13 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON CANTO DE AMOR
Querida Mariana: siempre he estado a la moda. En los años setenta usé el cabello largo y pantalones acampanados. Compré un par de zapatos bostonianos, con plataforma gruesa (sólo una vez los calzé, porque, la verdad, estaban muy jodidos, regresé a mis zapatos de ante, que me encantaban, con plataforma delgada). He escuchado la música que ha ido creciendo conmigo. Sí, escuché a Pedro Infante, a nuestra paisana Irma Serrano (“Qué estás haciendo Martina, que no estás en tu color”), a Pedro Vargas, a Julio Iglesias (“Tiré tu pañuelo al río, para mirar cómo se hundía”), a Napoleón (“no he oído otra cosa más triste que el canto de un grillo”), al enormísimo negro Barry White, a Joan Manuel Serrat, hasta llegar a Maluma y al Camilo (“¿Cómo te sientes? Cómo voy a sentirme, ¡del culo!”).
Tuve un radio de esos que se compraban en La Línea (la frontera con Guatemala), que tenían una cubierta de piel, color café; luego un pequeñísimo radio pero potente (que aún conservo, como con diez bandas), ahora escucho música que transmite Alexa (mi mamacita pedía Radio Felicidad -no sólo la música sino también el nombre decía mucho de su carácter- y ahora con mi Paty que pide “Alexa, música de Keiichi”. Pucha, Corea me invade).
Escribí con lápiz (sin goma en la parte superior) y en cuadernos modestos, engrapados; luego ya usé bolígrafos y libretas con argollas (hubo un tiempo que usé pluma fuente, mi madrina Cari me obsequió una pluma chapada en oro que usaba tinta china, pucha, me sentía todo un dandy de la escritura), luego comencé a usar máquina mecánica (aprendí bien con el maestro Jorge y sigo siendo muy ducho con el teclado, casi tanto como dice Gabriel que era su mamá, Rosario Castellanos); luego pasé a la máquina eléctrica y de ahí, el gran salto, al procesador de textos (que es donde ahora te escribo esta carta).
Dibujé en cuadernos de dibujo y hubo un momento que pasé a la Tablet, donde hay aplicaciones que permiten hacer dibujos con pinceles y colores digitales (toda una revolución).
Donde sí me estacioné fue en los relojes, usé un modesto Haste (que en su tiempo no eran tan modestos), luego uno que me regaló mi papá (sin marca visible), que compró en un viaje que hizo a la Península de Yucatán, que tenía como carátula un paisaje marino. Como el reloj es algo estorboso un día decidí que preguntaría la hora con amigos (porque en ese tiempo los relojes sólo daban la hora), así que no tuve más algo que ciñera mi muñeca. Ahora no uso, no tengo esos relojes apantallantes que miden la cantidad de pasos que uno da, que avisan los mensajes que llegan a los celulares o al Inbox.
Pero digo que he estado a la moda, porque un día se puso de moda el Twitter y comencé a hacer lo que Dora Patricia Espinosa y yo llamamos “Tuitazos” (hoy el Twitter es Equis, para estar a la moda, ahora esas pildoritas las llamamos “ExTuitazos”. ¿Qué son estas grageas que tienen pocas palabras? Hay gente que ha comprendido que son un canto de amor a Comitán, porque cada “ExTuitazo” tiene relación con nuestro pueblo, es como un mantra, como una ablución para lavarse la cara en la mañana, para activar el espíritu, para tener conciencia que vivimos en un pueblo único. Voy a compartir los tres más recientes, uno dice: “Comitán no tiene caparazón, ¡tiene alas!”; va un segundo: “Si oís los pasos de la calma, estás en Comitán”; y uno más: “Comitán, ¡sos prodigiosa!”.
¿Eso es todo? ¡Claro! Acá está dicho todo, en grageas, como diría el poeta Sabines: “en pequeñas dosis”. Cada “ExTuitazo” es como la cuenta de un rosario, ahora la colección de Extuitazos ya perdió la cuenta, son un titipuchal de piedritas. Como siempre, algunas son hallazgos, otras son pequeñas chaquetas mentales, pero reunidas son ya un bello canto de amor. Bueno, así lo considero yo, cada persona tiene su forma de decir: te quiero. Así amo a mi pueblo, con dulcecitos para el hoyito de la muela.
Sigo estando a la moda. Uso X para expresarme. Pucha, en mis tiempos de preparatoriano padecí el encargo de encontrar el valor de la X en una ecuación malsana.
Posdata: una amiga poeta, muy querida, me dijo un día que debía hacerse un libro con esas semillitas para que luego crecieran hasta llegar a las nubes, me dijo que debía solicitar apoyo para la impresión de tales grageas. Ah, vos -le dije- querés que llegue a las puertas, que toque, para que me las avienten encima. Así estoy contento. Los “ExTuitazos” los comparto en redes sociales todos los días. Pasan desapercibidos por la mayoría de lectores, pero a mí me tiene esto sin cuidado, porque soy yo quien reza todas las mañanas, soy yo quien bajo las lianas del afecto de mi pueblo y me enredo en ellas, soy yo quien agradece la bendición de vivir en Comitán, soy yo quien -como tiuca desbordada- canto sus glorias, su aire, su parpadeo de mariposa.
¡Tzatz Comitán!
