lunes, 18 de mayo de 2026
CARTA A MARIANA, CON TONELADAS
Querida Mariana: este mundo es maravilloso, incomprensible, ajeno y lleno de alambre de púas. El otro día, mi amado Gutmita me dijo que es sobrino de Doña Carmen, mejor conocida como Carmen Reata. ¡Dios mío! En mi juventud escuché que el tío Eugenio llegaba “bien reata”, algunas sobrinas, más de pueblo, decían: “bien riata”, porque en el pueblo se dice reata o riata y nos referimos a lo mismo. Es simpático e incomprensible nuestro lenguaje, la e tiene el mismo valor de la i, así que si decimos pini, ya sabemos que cambiamos la e por la i, tal vez porque en los años sesenta, escuchábamos la única estación radiofónica de Comitán, la UI, y como la terminación era la i, una letra que, a decir de Gabilondo Soler, es delgada y simple. ¿Mirás? Sí, delgada sí, pero ¿simple? Parece que sí, porque es una letra sin complicaciones, de las letras es la más sencilla, basta dibujar un palito parado; en cambio, las otras vocales tienen sus complicaciones y sus recovecos. La vocal más sencilla es la i, tal vez por esto la gente, para evitarse complicaciones dice riata, en lugar de reata. Pero si le preguntamos a la abuela achacosa de la Real Academia nos dirá que lo prestigioso es decir reata y no riata, pero acá, en el pueblo la gente le manda mil toneladas de riata a la Real. ¿No mirás que en Villaflores realizaron un agravio mayor? Ellos son fregones, porque a la Real la rebautizaron como Rial. Ah, qué genialidad. Allá la i se impuso sobre la e.
Y digo toneladas de reata, porque en mi infancia, en la primaria, había un malcriado que se agarraba su penecito, del tamaño de su dedo meñique y, como si fuera un trailero decía: “pélenme diez toneladas de reata”. ¡Por el amor de Dios! Sin duda que esa frase la escuchó en el barrio, porque era del barrio de La Pila, donde ya he dicho que siempre ha sido un barrio bravo, basta recordar que en una calle paralela al templo de San Caralampio hubo el famoso señorío de Tía Maty, una de las dos mujeres que regenteaban chicas malas, ahí se lucían las reatas de los comitecos.
Porque en el pueblo, perdón, más que referirse a lo que dice el diccionario, la palabra reata se emplea más para referirse al pene. Busqué en el Internet y hallé lo obvio, en nuestras regiones se usa la palabra reata para definir a una persona que es valiente o que es muy hábil en una actividad. “Este compa es bien reata”, quiere decir que es bueno para hacer lo que hace, si sigo con las malcriadezas puede extenderse al plano sexual, “un buena reata” es un amante excelso. Quien tiene un pene pequeño nunca escuchará que alguien le diga el término reata, en cambio, al que calza grande sí dirán de él: tiene una gran reata. No sé si el Gutmita me contó el chiste de aquel compa que era temido en los burdeles, porque tenía tatuado el pene, en reposo las chicas leían “Villada”, pero ya erecto mostraba toda la frase escrita: “Vila Villa, hijos de la jijada”.
En Comitán cuentan pues que en un consultorio médico, el doctor le decía al paciente: “No es nada de la consulta, compadrito” y le daba la receta que surtía la esposa en un local anexo, ahí el médico anotaba “MTR” que significaba: Metele toda la reata.
Posdata: ya no sé por qué te platico todas estas cosas extrañas. Ah, ya lo recordé, porque mi amado Gutmita es sobrino de Doña Carmen Reata, que andá a saber por qué le decían así. No es un apodo común, no es tan ofensivo, digo yo. Por ejemplo, el apodo de Doña María Sabrosa, es un apodo sin ofensa, le decían así porque era una gran cocinera. Pero hay apodos que sí son ofensivos. Otra mujer a la que le agregaron un objeto fue Toña Machetes. En el pueblo tuvimos a una Carmen Pijuy, ella sí se molestaba mucho cuando le decían su apodo, los estudiantes pasaban a su tienda, donde vendía dulces, al salir, no faltaba el malcriado que preguntaba: ¿no vendes’té pijuyes? Ah, hacía el coraje del día, la señora. No le pregunté al Gutmita el origen del apodo de su tía, él lo cuenta orgulloso, pues cómo no, si él es bien reata. ¡Ya no digo más!
¡Tzatz Comitán!
