domingo, 9 de agosto de 2026

CARTA A MARIANA, CON LIBRO RECIENTE DE AMÍN

Querida Mariana: la canción dice: “llegó diciembre y sus posadas”. En el Comitán de 2026 puede decirse: “llegó agosto con un libro”, un libro de Amín Guillén Flores. “Trudi” es el nombre del más reciente libro de Amín. Amín es un incansable investigador. Hubo un tiempo que se dijo que en Chiapas “debajo de una piedra aparecía un poeta”, Amín ha llevado tal aserto al extremo, levanta una piedra y encuentra un tema para realizar una investigación que da luces a nuestra historia. No sé cuántos años lleva Amín dedicando su tiempo, su vida, a bordar hilos de nuestro entramado cultural. Su sed de conocimiento es inagotable, no hay agua que sacie su sed. Es un apasionado. Sé que no puedo llamarle temprano, porque él es un animal nocturno. Yo me duermo a las ocho y despierto a las cuatro de la madrugada, mientras yo duermo él trabaja. No sé a qué hora se acuesta, pero sé que dedica muchas horas de la noche para cotejar datos, para revisar documentos, para redactar hallazgos, para darle forma al próximo libro. En Comitán todo mundo reconoce su generosidad intelectual. Él invierte horas y horas en levantar piedras llenas de musgo y, con el cordel del investigador, hace medidas del tiempo. Uno de sus lemas es: si no hay documento que valide la información no sirve. Qué bueno que dentro de los temas a desarrollar no están los diez mandamientos divinos, porque ya lo miro hurgando en los desiertos de oriente buscando las piedras que cargó Moisés. Amín es serio, hombre de carácter, desde niño lo fue. Él y yo fuimos compañeros en la primaria Fray Matías de Córdova. Nunca se dejó, ya mostraba parte de su personalidad, la vida es un juego, pero hay que jugarlo con seriedad. En los últimos tiempos veo que no desperdicia minuto alguno, todo el calendario no es más que el feliz pretexto para sus investigaciones y hallazgos. A veces lo veo en alguna cafetería frente al parque central, mi parque, cualquiera pensaría que está sosegado, ¡mentira!, lo que para otros es un receso, para él es la continuidad de su labor como investigador. La mente de Amín no tiene sosiego, es una maquinita divina que siempre está en actividad. En una mesa cercana veo al contador Moya y pienso que en algún momento de la historia, el libro de Comitán dirá que en esos cafés al aire libre se sentaban dos mentes brillantes, así como se habla de Jean Paul Sartre y el café de París. A Moya y a Amín les encantan los cafés. Amín me invitó una mañana a un programa de radio y al terminar me dijo que tomáramos un café, no podía negarme, pensé que sería una desatención de mi parte no aceptar, así que fuimos a La Esquina de Belisario y pedimos dos cafés. Juro, querida mía, que me sentí extraño, es algo que nunca hago, pero un segundo después pensé que era un privilegio de la vida estar con Amín platicando frente a mi parque y me sentí pleno. Amín y yo somos amigos, nos queremos, nos admiramos y nos respetamos. Él dice que hay gente que quiere amarrar navajas, ni él ni yo lo admitimos, que vayan a amarrar navajas a los gallos de sus gallineros. Aprecio a Amín, reconozco su talento y su dedicación para atender asuntos que ayudan a desentrañar las telarañas de nuestra historia. Cuando acudo a alguna conferencia que imparte le doy mi opinión sin ambages, la mayoría de las veces lo felicito, cuando pienso que se pasó de tiempo, cuando no habla en forma llana, se lo hago saber, él, sabio, acepta mi comentario. No se trata de que me haga caso, se trata de un ejercicio intelectual entre amigos, yo siempre lo hago en buen plan, porque el plan de nuestra vida es caminar juntos, él por su vereda y yo por la mía, pero siempre en busca de la cultura. Posdata: ahora tengo entre mis manos su más reciente libro, lo leeré este fin de semana, es un texto breve, ilustrado con muchas fotografías. Por el momento celebro la aparición de este opúsculo, que, sin duda, requirió muchas horas invertidas para su consecución. “Trudi” se incorpora a su vasta bibliografía, enriquece la biblioteca de nuestro pueblo. ¡Tzatz Comitán!