domingo, 15 de marzo de 2026

DIÁLOGOS SIN SALIDA

─Estamos jodidos, Alejandro, porque no pensamos en grande. ─Demos gracias a Dios que, cuando menos, ¡pensamos! ─Pensamos tilibriz. Decime, ¿quién piensa en ganarse el Óscar? ¿Quién en ganar el Nobel de Literatura? Decime, ¿quién? ─No sé, decime vos. ─Te estoy diciendo que nadie, en Comitán todo mundo piensa nuégado, o muégano, ¿cómo se dice? ─No sé. ─Hmm, vos, nada sabés. Bueno, sé que vos decís que no pasás de Chacaljocom, así no se puede. La gente debería soñar con llegar a los grandes teatros, a los grandes museos. Decime, ¿qué artista plástico piensa exponer en el Guggenheim, en Nueva York? Decime. No, mejor no me digás, vas a decir: no sé. ─Pues es que no sé. Tal vez tenés razón y… ─¡Claro que tengo razón! Por eso estamos jodidos. Ahora dicen que estamos en la globalización. ¡Mentira! En Comitán seguimos encerrados en nuestra burbuja. Algunos se atreven a salir, pero ¿qué pasa cuando están en otra parte? A ver, ¿qué dicen los estudiantes cuando se titulan? Decime y no me digás no sé, chingado. ─Pues no sé, este, tal vez piensan en regresar. ─¡Eso! Vaya, hasta que atinaste, anotate un punto a tu favor. ¿Se te hace pensar en grande volver a la tierra? A mí me da no sé qué, ahí los veo en otros lugares, abriéndose camino en espacios canijos, pero siguen añorando su tierra, ay, mis panitos compuestos, ay, mi atol de granillo. Así no se pinches puede. Esa nostalgia impide el crecimiento, porque es como un grillete que los tiene atados de las patas. ¡Alas, alas!, joder, alas para volar, para llegar a lugares donde nadie ha llegado. ¡No! Vos, ya lo sé, estás jodido, además ya estás viejo. Ah, pediste regresar a Comitán y acá estás feliz. Te faltó pensar en grande, cuando fuiste chavo. Fuiste a la Ciudad de México, ¿a qué? ─Pues ya lo he platicado en varias ocasiones, me encantaba ir a la Biblioteca Central Universitaria de la UNAM, a leer. ─¿Te la pasabas leyendo? ─Bueno, iba al cine, a veces, con los compas íbamos a comer carnitas y echar la cerveza. Eso, los fines de semana echábamos trago en el departamento. ─Sí, ya los estoy viendo, ya medio bolos están poniendo casetes de marimba y están llorando por su pueblito amado. ─Pues sí, tenés algo de razón. ─¿Algo? Mudenco, tengo toda la razón, porque lo que vos hacías es lo que hace medio mundo de Comitán, estar amarrado con la cuerda de la nostalgia. ¡Ay, mi pueblito, mi familia, mi noviecita santa, mi comidita! ¿Nunca viste la película “Cinema Paradiso”? ─Sí, cómo no, es una película muy buena, ganó un Óscar como mejor película extranjera, es italiana. ─Italiana, de la misma tierra que tus ascendientes. Si la viste recordarás que el viejo proyeccionista, Alfredo, le dice a Totó, cuando éste va trepar al tren para ir a Roma: “Vete, no vuelvas, no nos llames”. Con esto, Alfredo le estaba diciendo: pensá en grande, amarrate las alas, volá, volá, el mundo es tuyo. ─Pero Totó vuelve. ─Regresa, pero sólo para estar en el entierro del viejo Alfredo, sólo para encontrarse con el fantasma de la nostalgia que lo quiere amarrar de nuevo. ─¿Y lo amarra? ─Ahora te voy a imitar: no lo sé. No lo sé, porque hay incluso dos finales en la película. Pero la película juega con nuestras emociones. La vida exige no dejarse llevar por emociones. Quienes lo hacen son los que no piensan en grande. Por eso, estamos jodidos, porque acá nadie piensa en grande, todo mundo ignora lo que dijo Alfredo: Andate, no volvás, no nos llamés, olvídate de Comitán, regresá cuando hayás triunfado en grande, cuando seás presidente de la república, cuando ganés el Nobel de Literatura, el de medicina, cuando ganés un Óscar. Y ya me voy, porque vos ni caso me hacés, ahí te dejo con tu nostalgia de viejo romántico. ¡Cotz!