martes, 19 de mayo de 2026
CARTA A MARIANA, CON FOTOGRAFÍA DE RAYMUNDO ZENTENO
Querida Mariana: el Colegio Mariano N. Ruiz invitó a Raymundo Zenteno. El prodigioso escritor y cuenta cuentos estuvo en el pueblo el día 14 de mayo de 2026. Estuvo con estudiantes de la primaria del colegio y, a las doce y media del día, se reunió con el magisterio. ¡Un maestro frente a maestros! En la primaria estuvo en el patio central, rodeado por decenas y decenas de niñas y niños. La mayoría de niños y niñas disfrutaron la presencia de Raymundo, quien, con habilidad innata contó cuentos y mostró barquitos de papel y voló aviones, también de papel. Antes del final de su actuación se acercó un niño y le pidió que le regalara el avioncito amarillo, de factura impecable y vuelo afortunado. Sabés que luego hay avioncitos pochorocos, que no vuelan bien, que apenas se sueltan de la mano del niño caen en picada. El avioncito de Raymundo era una nave casi interplanetaria, de esos avioncitos que son amigos del aire y vuelan y vuelan y dan vueltas y más vueltas, regodeándose en la burbuja del aire. Raymundo, por supuesto, le obsequió el avioncito al niño, quien regresó feliz a sentarse en el piso para continuar disfrutando la actuación del cuenta cuentos prodigioso. ¿De dónde agarró valor el niño para levantarse y caminar hacia Raymundo a solicitarle el avioncito? Pienso que no lo reflexionó mucho, lo hizo porque deseaba tener ese avioncito, supo que era una oportunidad única y lo hizo también porque percibió que Raymundo, escritor noble y bueno, no iba a negarle la petición. Raymundo le obsequió un objeto que vuela y el niño tuvo en sus manos la capacidad de vuelo. Miles y miles de niños y niñas en todo Chiapas recuerdan los programas radiofónicos que transmitió Raymundo en la radio chiapaneca, “Radio ombligo” fue un programa exitosísimo, todos esos niños fueron tocados por el vuelo de la imaginación (es una pena que las autoridades le hayan quitado el presupuesto. Le hacía mucho bien a la sociedad. Es una pena, porque Raymundo, como pasa seguido en este país, es un talento desperdiciado. Es una pena, porque las autoridades gastan en basura en las ferias de pueblo y botan el dinero contratando a cantantes y bandas insulsas, que son apología de la violencia y siembran ignorancia. Raymundo es un sembrador de sueños, de árboles inteligentes, de nubes imaginativas. Qué pena que siga ignorado).
Raymundo, al lado de su hija Victoria, llegó a Comitán la tarde del 13 de mayo. El Maestro Huguito, director del colegio, solicitó que se apartara una habitación doble en el Hotel Internacional, que está a una cuadra del parque central del pueblo. Cuando Raymundo preguntó en dónde estaba el hotel, le dije que a pocos pasos de la Casa Museo del doctor Belisario Domínguez. ¡Ya sé dónde está!, dijo. Ambos viajaron en el ADO, tomaron un taxi y llegaron al hotel, con maletas cargadas de libros (libros para la presentación y libros escritos por él, para la venta, el libro que te platiqué estaba a la venta en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, en el módulo de Chiapas, que es un libro sensacional y se llama “Cuentos jerigonzos y otras hormigas”).
Como lo hace la escritora española Rosa Montero, gran viajera, Raymundo Zenteno se paró frente a la ventana del cuarto (les correspondió el 211) y tomó una fotografía. El testimonio es: ¿qué se ve desde el lugar donde estoy? Esto deberíamos hacer cada día, cada instante. Tomó la foto y, de inmediato, me la envió por WhatsApp. Ah, la disfruté. Supe que el gran Raymundo ya estaba en Comitán, era un día de fiesta, lo fue todo el siguiente. Parte de la comunidad del Colegio Mariano N. Ruiz disfrutó de ese guateque juguetón, brillante.
Posdata: cuando el niño se acercó a pedirle el avión a Raymundo y éste se lo dio, dijo que podía enseñarle a hacer el avión a alguna maestra para que luego se hiciera la réplica. Al término de su actuación un panal de niños lo rodeó, le preguntaron cosas, pidieron las fotos del recuerdo. Salimos apresurados, porque ya debíamos ir, del plantel San Sebastián, al plantel Los Sabinos. Llegamos, de nuevo bajó las grandes maletas y dispuso los libros en una tarima (la actuación de Raymundo Zenteno y de Ovidio Vázquez fue en el bosquecito que está a la entrada. Ah, fue un escenario perfecto para que apareciera la magia de la imaginación). Todo fue excepcional, la palabra sobrevoló las cabezas de la audiencia y aterrizó en el espíritu. La palabra fue un avioncito de papel, amarillo. Al término nos despedimos de todos y Dora Patricia Espinosa y yo llevamos a los invitados al Restaurante 1813. Pedimos la comida y antes que llegara, Raymundo y Dora Patricia fueron al tsurito, sacaron papeles y el escritor, sobre la mesa, le enseñó cómo hacer el avioncito. Dora Patricia imitó los dobleces que Raymundo hizo (también Victoria se unió al grupo de creadores. ¿Yo? Ya me conocés, siempre me pierdo la aventura, lo que sí no perdí fue la oportunidad de verlos, de ver cómo doblaban la hoja y construían un maravilloso objeto que superaba al gato volador). Comimos. Cuando el mesero preguntó si podía levantar el plato, Raymundo dijo ¡no!, estoy comiendo, ya había terminado las enchiladas que pidió, pero, con el dedo seguía levantando el mole sobrante, que estaba riquísimo, imperdible.
La foto muestra la tarde del 13 de mayo de 2026, día en que Raymundo llegó a Comitán. La torre del templo de Santo Domingo emerge como un submarino sobre el techo de lo que fue el Cine Comitán, ahí se ven las claraboyas canceladas, que eran las ventilas que, al caer la tarde, los empleados abrían para que entrara un poco de aire, en la sala repleta de cinéfilos divertidos al ver las delicias que Chaplin hacía en la pantalla, en un prodigioso blanco y negro, en cine mudo.
¡Tzatz Comitán!
