viernes, 23 de enero de 2026
CARTA A MARIANA, CON EL INSTITUTO CHIAPANECO DE CULTURA
Querida Mariana: esta foto la robé de la UNICACH. Es la efeméride de la creación del Instituto Chiapaneco de Cultura. Vi la foto y un caudal de imágenes me refrescó la memoria. Ahí conocí a muchas personas que admiro y quiero. La primera imagen, por supuesto, fue la del Doctor Andrés Fábregas Puig, director del ICHC. Ah, cuántos nombres, cuántas historias: Socorro Trejo, Marissa, José Luis Ruiz Abreu, Uberto Santos, Mario Nandayapa, Óscar Palacios, Gustavo Ruiz Pascacio, Yolanda Gómez Fuentes, Rubén de Leo, Carlos Gutiérrez, Jesús Morales Bermúdez, Gabriel Hernández, el maestro Muciño, así como Heberto Morales Constantino, Miguel Ángel Godínez.
Supe del Instituto Chiapaneco de Cultura en el pueblo. En ese tiempo (te he contado) muchas actividades culturales se realizaban en el pueblo, por mediación de esa institución, que tanto bien le hizo al estado de Chiapas. Sus directivos fueron gente comprometida que tenían un plan perfectamente diseñado para llevar cultura a todos lados. Acá conocí a Héctor Cortés Mandujano, a Pepe Falconi, a Dolores Castro, al gran Quincho Vázquez, a Eraclio Zepeda, a Blanca Margarita, a Elva Macías y a muchos más. Venían, compartían su obra y nosotros la disfrutábamos y aprendíamos.
Un día me enteré que harían una selección para becarios del Centro Chiapaneco de Escritores, sometí mi obra a concurso. No gané, pero en compensación Jesús Morales Bermúdez me dijo que me invitaba a integrarme al taller de cuento que, cada mes, impartía el famoso Rayo Macoy, Rafael Ramírez Heredia. El último viernes de mes viajaba, con mi Paty y mis hijos, a Tuxtla para asistir al taller. Nos hospedábamos en el Hotel Bonampak (donde también se hospedaba el Rayo) y el sábado, muy temprano, pasaba a dejar a los hijos y a mi Paty con la familia y yo iba directamente al Teatro de la Ciudad, donde eran las sesiones y donde Don Carlitos Trejo, director del teatro, nos recibía. No recuerdo cuánto tiempo duró estas idas y venidas, pero fueron muchas. Llevaba mi grabadora reportera y cuando leía mi texto grababa los comentarios del maestro. Al regresar al pueblo reproducía la grabación y estudiaba las recomendaciones del Rayo. Fue un ejercicio formidable, a tal grado que logré transcribir un decálogo del escritor de cuento, formulado por el maestro. Por desgracia, en medio de tanto desplazamiento perdí ese decálogo que ni el Rayo tenía.
Una vez invité a varios integrantes del Centro Chiapaneco de Escritores. En el auditorio de la UDS impartieron una cátedra acerca de la obra de Rosario Castellanos. Recuerdo que Mario Nandayapa dijo que hasta ese momento se dio cuenta de la trascendencia del Centro Chiapaneco de Escritores, muy serio dijo que deberíamos escribir los testimonios de cada uno, para completar una historia en el ámbito creativo de Chiapas. Hasta la fecha nadie ha hecho tal recuento. Hace falta. Todo está por hacerse.
El 21 de enero de 1987 se fundó el Instituto Chiapaneco de Cultura. Este edificio lo visité muchas veces, ahí platiqué con quienes luego se volvieron mis amigos de vida. Tuve la oportunidad de presentar en la galería (que estaba en la primera planta) una exposición de collages (que antes estuvo expuesta en los corredores de la Biblioteca Rosario Castellanos, de acá). El amigo poeta Armando Ramírez, del taller de Óscar Oliva, me dijo que su hermano había asistido a la exposición y que él era muy estricto en su juicio crítico y que, por primera vez, le había gustado un trabajo creativo. Me sentí bien. Fue un buen abrazo. Hablo de los años noventa del siglo XX.
Nunca participé en alguna lectura en el auditorio, pequeño, que tenía el Instituto Chiapaneco de Cultura, pero sí recuerdo haber asistido a varios recitales, uno de ellos el impartido por Alí Chumacero, una noche que se le pasaron las copas y llegó a leer un poco con la lengua de trapo.
Después del tiempo del Ateneo en Chiapas, el gran movimiento Cultural se dio bajo la dirección del Doctor Andrés Fábregas Puig y el equipo de colaboradores. Mucho está por escribirse. Es necesario contar con el testimonio de quienes fueron actores en ese periodo histórico.
Posdata: el edificio tenía líneas simétricas, recuerdo las escaleras que llevaban a las plantas superiores, en un cubículo estaba la oficina de Socorrito Trejo, con frecuencia pasaba a saludarla. Ella siempre ha sido muy generosa conmigo. Cuando organizaba los Encuentros Literarios Femeninos (mirá) ella me invitaba a moderar alguna mesa. Yo le decía que era un encuentro de mujeres. ¿Horma de qué me miraba? ¿Me hablaba al tanteo?
¡Tzatz Comitán!
