lunes, 20 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN CAMPEÓN DE VIDA
Querida Mariana: ¡sí, es foto de privilegio! Estoy con Charly, él es un chico formidable. No hay adjetivo para honrar su genio.
Charly nació con Síndrome de Down, una condición especial. Por suerte él nació en un hogar con una mamá y un papá excepcionales. La mañana que estuve en casa de Charly, su mamá comentó que en cuanto su hijito nació los médicos le dijeron que había nacido con SD. La noticia fue inesperada, pero segundos después la mamá y el papá dijeron que Dios les había hecho un regalo especial, especialísimo. La mamá todavía se cimbra cuando recuerda cómo algunos expertos recomendaron terapias especiales a partir de los catorce días de nacido, terapias difíciles de hacer para una criaturita, pero la mamá supo que ahí estaba la diferencia y ahora, cuando Charly tiene más de treinta años de vida, cuando es un triunfador, un hombre completo, la mamá y el papá se sienten orgullosos porque desde el primer día hicieron lo correcto: amaron a su hijo, lo respetaron y le proveyeron todo lo que era necesario. Charly estudió un rato en el Colegio Mariano N. Ruiz (ahí lo conocí), el lema del colegio es “Hacer lo ordinario de manera extraordinaria”, la mamá y el papá de Charly han hecho cosas extraordinarias para que su hijo haga todo lo ordinario en forma espectacular.
No hay adjetivos admirativos que hablen de la grandeza de Charly, del hogar de Charly. Todo ahí es como una bendición divina, como un corazón que da flores cada mañana, una campana que toca en madrugada a la hora que canta el cenzontle y riega sueños, sonrisas, voluntades, aire a toda asta.
No hay adjetivos, la vida de Charly es un enormísimo barco que boga en mil mares, un árbol que medita desde hace años y se concentra en afianzar sus raíces; Charly es una orilla siempre dispuesta, es afectuoso, impalpable en su cariño a la vida. La mañana que estuve con él me acarició la panza y dijo: ¡jo jo! Su mirada es como un sol en lo alto, pero cálido, afectuoso, como era el sol en mis tiempos de niño acá en Comitán. Charly me abrazó, me besó en la mejilla. Charly es así, un niño que es marea permanente, una multitud de bondad en uno solo, una corriente de relucientes primaveras.
Charly posee mil dones y los reparte como si fuera un canasto de mimbre lleno de frutos buenos. Estuve con él más de dos horas, su papá y su mamá ofrecieron un vaso de agua con fruta natural; pensé que Charly (cuando lo conocí le decía Carlitos) es esa mano que da de beber al sediento. Los seres humanos, los mayores, no lo sabemos, no lo reconocemos, pero siempre necesitamos esa flor que Charly da en forma generosa. Cuando él me abrazó, cuando me besó en la mejilla, cuando expresó su afecto sin par, sentí que estaba en una sesión de terapia sanadora. Su mamacita le dio terapias cuando era un bebé, casi un recién nacido, le dolía en el alma, pero los expertos le dijeron que eso haría la diferencia. La diferencia es notoria, su mamá se partió el alma porque supo que ahí le estaba restaurando el espíritu a su criaturita y ahora este niño es un chico que salva todas las distancias del mundo, del universo, su desarrollo flota en la genialidad, en la blancura de lo notable.
Ahora todo mundo de acá sabe que Charly es integrante de la Selección Mexicana de Fútbol, nuestro hermoso comiteco estará representándonos en el Mundial para personas con Síndrome de Down, que se celebrará en Mérida, Yucatán.
Posdata: te conté, querida mía, que a mediados del siglo pasado, cuando una criaturita nacía con SD la escondían en su casa, la recluían. La mamá de Charly, desde el primer momento lo sacó a la calle y mostró la carita de su bebé con gran orgullo: ¡es mi hijito!, decía, mi criaturita, con gran orgullo, es el regalo que Dios me envió. Ahora, Charly se muestra al mundo con ese mismo orgullo, es un chico que abre los brazos y recibe la vida cada mañana, una vez que se llena de esa energía, vuelve a abrir los brazos y reparte energía vital. Yo fui de los privilegiados al estar junto a él una mañana en su casa. ¡Jo jo!, dijo al acariciarme la panza. Él acaricia la vida. En un momento pidió tomarse una fotografía con su papá y su mamá y les pidió que se besaran y él los abrazó. Charly es un campeón, pero sobre todo es un niño que cuelga destellos en las calles y en los árboles para que el mundo tenga un poco de luz, un poco de altura, un poco de polvo de estrellas.
¡Tzatz Comitán!
