viernes, 14 de agosto de 2026
CARTA A MARIANA, CON LO QUE FUE
Querida Mariana: vonós al Comitán de 1967. Tengo diez años de edad. Ya soy un amante del cine. Voy al Cine Comitán y al Cine Montebello.
En el Cine Comitán exhiben las películas mexicanas. Todo es con Permanencia Voluntaria, lo que significa que: pagás un boleto, entrás y, si querés, salís hasta que se agoten las funciones. Por lo regular, exhibían dos películas, la primera se repetía después de la segunda. Nunca me quedé más tiempo. Veía las dos películas y corría para la casa. En 1967 mi casa ya no está a media cuadra del parque central, ya está a cuadra y media de la Escuela Fray Matías de Córdova. Salía del cine y caminaba. En ese tiempo todo era muy tranquilo. Las sirvientas hablaban de unos famosos robachicos, llamados “enagüitas”, pero nosotros, los del centro, sabíamos que estos pelafustanes no se atrevían por nuestra zona, ellos delinquían en los barrios de la periferia y yo no iba ahí jamás, menos de noche, menos.
Siempre llegaba temprano a la función del Cine Comitán, pagaba el boleto, se lo daba al boletero y entraba a la sala, la entrada estaba franca, cuando iniciaba la función un empleado cerraba las dos hojas de la puerta abatible, los que llegaban tarde, empujaban una hoja y entraban a la sala, que tenía un pasillo central y dos laterales, las butacas eran de color rojo, de madera, cómodas.
Puntualmente se apagaban las luces, los mayores cerraban los periódicos que leían en la espera y comenzaba un Noticiero Continental, que era conducido por una voz conocida (no sé si era Fernando Marcos o Agustín Barrios Gómez. Don Fernando luego se convirtió en un gran cronista deportivo). La pantalla se iluminaba en glorioso blanco y negro y daba paso al noticiario que era una especie de revista, porque hablaba de artistas, de actos sociales y de eventos políticos (la mayoría de las notas eran sucesos de la Ciudad de México).
Ahora que lo recordé entré al Youtube y vi un documental de ese año, 1967, el noticiero inicia con la visita que le hacen a una actriz mexicana, Maricruz Olivier, ella, muy bonita, aparece en las imágenes, el conductor dice: “…cosa rara en una mujer, llega puntual…”. Digo que estamos en los años sesenta del siglo XX, este tipo de comentarios eran comunes, como común decir que las mujeres no sabían manejar bien. Ya quisiera ver a las feministas de estos tiempos. Entramos a la casa de Maricruz, en su estudio vemos una serie de trofeos obtenidos por sus participaciones en cine y en televisión. El noticiero dura seis minutos. A continuación, la voz del narrador nos explica las imágenes que vemos: el diseño del Metro, obra del presidente de la república Gustavo Díaz Ordaz (don Gustavo llegará un año después a Comitán e inaugurará mi escuela, la Matías de Córdova, tiempo después habrá la trágica matanza de Tlatelolco). El conductor del noticiero explica que la primera línea del Metro será de Chapultepec hasta el Aeropuerto (el conductor dice que es “la mayor obra urbana de nuestra historia…dos mil quinientos treinta millones de pesos…”)
De esto me enteré mientras estaba sentado en una butaca del Cine Comitán. El noticiero concluye con una nota internacional, una nota curiosa, los espectadores vemos que en la ciudad de Buenos Aires (ah, Argentina amada) los chicos se cansaron de jugar de pie y juegan sentados al fútbol. ¿Qué? Sí, sólo el guardameta permanece parado, los demás, a cuatro patas, es un decir, los chicos apoyan sus pies en el piso, asimismo sus manos, por detrás, apoyadas en el piso y así juegan, patean el balón y avanzan como chapulines desgonzados. Era 1967. Parece que tal innovación no fue aceptada, porque ya nadie juega así. Fue una moda pasajera. En el pueblo no vi que los compas jugaran tal versión. ¡Bobos los argentinos! Bueno, ni tanto, porque en el fútbol normal tuvieron al gran Maradona y al no menos talentoso Messi.
Era una sana costumbre. En la película “Cinema Paradiso” el pequeño protagonista se entera en uno de esos noticieros que su padre murió en la guerra.
Al terminar el noticiero, de inmediato iniciaba la primera película, el noticiero era como la botana. Las películas eran en blanco y negro, pero ya también en color. Al finalizar la película venía el intermedio. Nos levantábamos e íbamos a comprar una orden de tacos dorados, con queso espolvoreado y salsa roja. Los tacos, lo he dicho mil veces, eran riquísimos, los acompañábamos con un vaso de Pepsi, el vaso era encerado. Y luego volvíamos a la sala para ver la siguiente película. Todo era sensacional.
Posdata: hoy no hay noticieros, en las salas cinematográficas, antes del inicio de la película exhiben los llamados tráileres de otras cintas, para jalar a los espectadores. Hoy todo es negocio. Antes, los noticieros servían para adoctrinar a las masas; es decir, si ahora pasaran estos cortos en el cine veríamos propaganda de la 4T.
¡Tzatz Comitán!
