sábado, 29 de noviembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON LIBRO EXCEPCIONAL
Querida Mariana: ¿Cuál pluma tan fina como la del quetzal? ¿Cuál la pluma encargada de narrar los sucesos de la fundación del pueblo que hoy habitamos? La única pluma de tal proeza, la que tiene el conocimiento y el genio es la de un comiteco distinguido, nombre cuyo apellido paterno lleva la savia de la sangre castellana bañada en el Duero: Luis Armando Suárez Argüello.
El comiteco Luis Armando acaba de publicar la novela: “Don Pedro de Portocarrero. Crónica de sucesos recuperados del olvido”, donde, en forma por demás brillante, narra el origen del pueblo llamado San Cristóbal de los llanos (hoy Comitán).
Su pluma, tan colorida, bella y tersa, como la del ave llamada quetzal, retrotrae a sus lectores al siglo XVI, a los años de 1527 y 1528, lapso donde los conquistadores españoles se internaron hacia tierras guatemaltecas y fundan lo que hoy es la Antigua Guatemala y luego Don Pedro de Portocarrero sube a tierras chiapanecas y al llegar al valle hijo del Junchavín funda lo que hoy es considerada una ciudad maravillosa, que es cobijo de los llamados comitecos, pueblo que es gloria de Chiapas.
Nadie más que Luis Armando pudo escribir esta novela prodigiosa. En esta novela se recupera la figura del conquistador español, cuyo nombre estuvo por debajo de la fama de Diego de Mazariegos; en esta novela se explica el porqué de tal olvido. Cuando Don Pedro de Portocarrero funda nuestro pueblo (el primero en territorio chiapaneco), Don Diego de Mazariegos, capitán y teniente de gobernador de las provincias de Chiapa y los llanos de ellas, exige dicho rango y solicita la intervención de las autoridades de la Nueva España, quienes decretan que Portocarrero abandone el pueblo que fundó y regrese a territorio guatemalteco.
Luis Armando nos cuenta que el fundador español de nuestra ciudad es desterrado y con ello se echa tierra a su memoria.
Esperé durante años la promesa de Luis Armando, quien me aseguraba que pronto daría a conocer la novela que escribía. Tardó años, por eso, cuando vi en Facebook que ya había publicado “Don Pedro de Portocarrero. Crónica de sucesos recuperados del olvido”, corrí a adquirir mi ejemplar que estaba en promoción por Buen Fin. Pucha, lo vendió en trescientos pesos, no quiero imaginar cuál era el precio sin la promoción del Buen Fin. En fin. Lo adquirí y comencé a leerlo con avidez. Cumplió mis expectativas y fue más allá. Supe que estaba ante una gran obra literaria; supe que la pluma de Luis Armando corroboraba el pensamiento del escritor Leopoldo Borrás, quien, en cuanta oportunidad tenía, aseveraba que el mejor escritor de Comitán era Luis Armando Suárez Argüello.
Estos tiempos no son los tiempos de Rosario Castellanos, quien fue acusada por los comitecos ladinos de traicionar a los suyos, a los hacendados, al mostrar las condiciones en que vivían los indígenas en las haciendas. ¿Cómo era posible que ella, siendo hija de un terrateniente, diera a conocer cuál era el trato que los blancos infligían a los indígenas? ¿Estaba del lado de los otros? En el libro de Luis Armando uno termina seducido por la personalidad del conquistador español. ¿Cómo no? Don Pedro de Portocarrero fue un gran lector, un hombre culto, tercer conde de Medellín. El fundador de nuestro Comitán nada tenía que ver con los bárbaros conquistadores que encontramos en la historia narrada en los libros de texto gratuito; nada que ver con la imagen de los encarnizados, ignorantes, ex presidiarios, incultos y bárbaros conquistadores que acompañaron a Cortés. En tiempos donde existe una condena hacia toda la barbarie española, el conquistador de las letras comitecas, Luis Armando, nos da otro rostro, uno que nos muestra al fundador de Comitán como un hombre que, en efecto, con la espada llegó a conquistar territorios para España, para evangelizar y entregar un idioma diferente, pero que lo hizo, ¿se puede decir?, con gallardía y nobleza. Este proceso hizo que ahora nosotros hablemos el idioma castellano y millones de mexicanos profesen la religión católica. Este proceso hizo que los habitantes de esta tierra tengamos un maravilloso sincretismo de los habitantes que Portocarrero encontró y de los que nos conquistaron. Luis Armando nos dice en este libro que nuestro Comitán celebrará los quinientos años de un pueblo que fundó un conquistador español. Esto somos. El autor nos da la visión de un español culto, de ahí también venimos, por eso este pueblo aspira a la civilización, a dejar su lado bárbaro.
El autor es un gran narrador, la historia que nos cuenta es fascinante; camina por los escabrosos senderos de la historia del siglo XVI y por los toboganes prodigiosos de la imaginación, donde sólo se atreven los grandes pensadores. Es un autor travieso que trasgrede los límites del que sabe que está jugando con la creación. Hay un instante sorprendente donde se cuela el nombre de Ítalo Calvino, que en aquel siglo no era ni proyecto de vida. Cosas veredes. Luis Armando es un mago, genial, único. Honra la tradición de su padre, quien fue un gran lector, gran tipógrafo, amante de los tipos de imprenta, por eso siempre fue reconocido como un tipazazazo. Tipazazazo resultó su crío.
Posdata: el miércoles 26 de noviembre 2025 a las doce del día fue la presentación oficial, en una gran ventana televisiva: la del canal 10. La presentación se vio en todo Chiapas y más allá de estas fronteras limitadas. Luis Armando eligió a Diana Erika Cruz Jiménez y a Juan Carlos Gómez Aranda como presentadores del libro; tuvo moderador de lujo: Mario Escobar Gálvez, actual director del Sistema de Radio y Televisión de Chiapas. El programa puede verse en redes, el siglo XVI está a la mano del siglo XXI. ¡Cosas veredes!
¡Tzatz Comitán!
