jueves, 19 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON DÍA DE GUARDAR

Querida Mariana: siempre llamó mi atención eso de “día de guardar”. El personaje de Derbez diría: “¿en dónde debe guardarse? ¿En un calendario viejo? ¿En una cajita?”. Hay de días a días. Debe ser que como hay días de guardar, así hay días de gastar, días que deben echarse a volar, como si fueran papalotes (Armando Alfonzo Alfonzo los llamaba “papelotes”, tal vez porque eran papeles grandes volando). En Comitán conozco a un grupo de amigos que se reúne el día jueves de cada semana, para convivir, para echarse unos tragos. De igual manera, siempre llamó mi atención que sea el jueves y no, como dictaría el sentido común, el fin de semana. ¡No! Ellos no aceptan esos condicionamientos sociales. Recuerdo que, en los años ochenta, mi compa Javier llegaba a mi lugar de trabajo en día lunes y me invitaba a tomar unas cervezas. ¿Lunes? ¿Cómo? Sí, decía, nosotros no somos albañiles para tomar sólo el sábado. Lo decía en forma graciosa, pero aludía a una práctica común. Es cierto. El sábado parecería ser el día que los albañiles, después de una semana de jornada agotadora, ya con “su raya” en la mano se ponen de acuerdo y van a echarse unos tragos. No sé cuáles sean los días que más gente llega a los restaurantes y a los botaneros, pero si aplico, de nuevo el lugar común, diré que es el viernes, el sábado y el domingo (el domingo familiar). Yo, siempre bobo, creí que los domingos eran días de mucha actividad en los moteles, hasta que alguien me dijo que no, que estaba equivocado, porque los domingos son días de familia, así que las parejas que no son oficiales se quedan sin el ahora llamado “delicioso”. Pensaba que las jóvenes parejas aprovechaban los domingos, puede ser que así sea, pero, mi amigo explicó, la mayor afluencia en moteles es de señores con amigas, con queridas, pues. Pero, así como no hay día específico para echar trago, lo mismo sucede con echar cotzito lindo y jacarandoso. Aunque, de igual manera, llama mi atención que el llamado Día del Amor y de la Amistad (el 14 de febrero) los moteles se llenan. Un chistorete reciente dijo que los moteles el 14 de febrero se parecían a los hospitales del Seguro, porque no tenían camas disponibles. ¿Por qué tal costumbre? Debe ser feo, sobre todo pienso en las chicas, que uno deba hacer el amor por compromiso, por costumbre. Qué jodido que sea 14 de febrero y una de “las obligaciones” sea ir a un motel, un motel, con sábanas que no están bien lavadas, con alfombras con fluidos que no alcanzaron a limpiar de manera conveniente. Uf. Los que saben de la vida dicen que todos los días son días para agradecer, para decir te quiero a la persona indicada, para comenzar un nuevo estilo de vida. Eso dicen los que saben, pero la mayoría tiene fechas especiales, por ejemplo, se sabe que cada inicio de año medio mundo hace lista de buenos propósitos y dentro de éstos está el ir al gimnasio o aprender inglés. Los que saben dicen que en el mes de marzo la mayoría ya desistió. El ser humano es procrastinador por naturaleza, es huevoncito, le gusta lo fácil, desecha todo aquello que significa un cierto sentido de disciplina. En mi infancia, las vacaciones escolares eran al final de año, ahora, no sé el porqué, las vacaciones son en el verano, bueno, sí sé, es porque así la gente puede ir a descansar en un periodo donde la playa se antoja y así los restaurantes y los hoteles se llenan de visitantes que dejan su paguita. Posdata: tienen razón los expertos. Mucha gente en Comitán, en los años sesenta, iba al cine los fines de semana, era la costumbre (muchos decían que porque era el único entretenimiento), pero hubo gente que no respetaba tal rutina, por ejemplo, yo iba al cine todos los días, el domingo iba a la matiné y en la tarde al Cine Montebello, donde exhibían las películas en otro idioma (inglés, sobre todo). ¿Fui un vicioso? Tal vez, pero me encantaba. Era como un alcohólico que no respeta día y le mete en cualquier lugar a cualquier hora. Claro, hay una diferencia entre un vicioso y otro, cada uno sus dependencias. Digamos que las mías eran intelectuales: el cine y la lectura. Quiero pensar que a nadie jodía, que mis aficiones sólo (hasta la fecha) llenaban mi vida con luz, como si cada día fuera una hoja de un libro para colorear y a mí me tocara iluminarla. No tenía (ni tengo) día de guardar para ver una película o para leer un libro. Cada día inicio leyendo y lo termino haciendo lo mismo. El libro es mi ángel de la guarda, mi dulce compañía. Cada día es día de echar a volar los papalotes (sin albur). Ilustro esta carta con la portada del libro de Villoro, porque hoy jueves 19 de febrero 2026, Juan estará en San Cristóbal para hablar del libro “No soy un robot”, donde el gran intelectual reflexiona sobre el futuro de la humanidad con respecto al tema de la lectura y la sociedad digital. Viene por una invitación que le hizo el rector de la Benemérita UNACH. ¡Imperdible! Dichosos los coletos. ¡Tzatz Comitán!