martes, 21 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON MUJERES
Querida Mariana: cayó en mis manos este librincillo. Es un ensayo de la gran escritora española Rosa Montero. Sí, ahora todo lo de España está de moda. Cómo no, su selección de fútbol se coronó campeona del Mundial 2026 (espero que la FIFA ya haya abandonado su pretensión de apropiarse de palabras del castellano. ¿Recordás que prohibió que usáramos la palabra Mundial en medios de comunicación? Qué boba, sobre todo cuando en la final se enfrentaron dos seleccionados de habla española).
Digo que este librincillo cayó en buenas manos, porque como mirás es un estudio acerca de personajes femeninos. He visto que en los últimos tiempos hay muchos escritores e historiadores que se han dedicado a hurgar en vidas de personajes masculinos, para no ir muy lejos, acá en Chiapas el querido y admirado Juan Carlos Cal y Mayor, quien falleció hace poco desgraciadamente, su última obra fue “Yo, Maximiliano. El sueño del colibrí” donde revisa la personalidad del esposo de Carlota. ¿Mirás cómo lo dije? El esposo de Carlota, porque si recordás en la portada del gran libro “Noticias del Imperio” del maravilloso escritor Fernando Del Paso, aparece Carlota, quien durante mucho tiempo fue conocida como Carlota de Maximiliano, pero ahora se le da un poquito la vuelta. Algunas escritoras han dicho ya, refiriéndose a la escritora Elena Garro, que Octavio Paz fue su esposo, porque Elena está considerada como una de las grandes narradoras de este país, basta recordar su libro: “Los recuerdos del porvenir”, que es un novelón (no me quedaré con las ganas de decir que otro libro de Elena se llama “Testimonios de Mariana” y siempre que me topo con el lomo en mi pequeño librero me acuerdo de vos, bueno, esto es como una hipérbole porque en cada esquina pienso en vos, por eso a veces choca mi pie con una pinche laja).
El libro de Rosa se llama, como ya lo viste: “Historias de mujeres”, el planteamiento es muy interesante, porque ella dice que no habla de mujeres perfectas (no las hay, como tampoco hay hombres perfectos, la imperfección es marca de los seres humanos, por fortuna. Bueno, los argentinos sí creen que son perfectos. Ay, Señor, cómo les dolió perder contra España). Mirá qué dice la Montero: “…no creo que las mujeres tengamos que ser forzosamente admirables, sino que además lo que reivindico es que podamos ser tan malas, tan necias y tan arbitrarias como lo son los hombres en ocasiones…”
Cuando leí estas líneas pensé en nuestro pueblo, donde hemos tenido de todo, nunca (como dice Rosa) una mujer perfecta, pero sí mujeres que han contribuido a la construcción de nuestra sociedad. Ya te conté que en una ocasión platiqué con la maestra de teatro y narradora Lupita Alfonzo, y ella, después de que brindamos con un buen tequila, dijo: “vos y yo no cabemos en Comitán, Alejandro”, pero pues ella lo intentó contra todo y yo ahí la llevo. Pienso que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Ella lo dijo porque su vida no fue fácil, era una mujer combativa, desde adolescente, era rebelde, era contestataria, era incendiaria y para el tiempo donde ella creció Comitán aplaudía a las mujercitas recatadas, sumisas (a poco no eso fue la famosa Natalia Rovelo, quien abandonó sus sueños y a todo respondía “sí, papá”, de acuerdo a lo que contó Óscar Bonifaz, el edificio donde ahora está el Teatro de la Ciudad es un monumento a esa sumisión, el padre prometió mandar a hacerle una hermosa residencia, siempre y cuando obedeciera sus órdenes en forma completa).
Si mirás con atención la portada verás un collage de rostros femeninos, por ahí aparece uno muy conocido para nosotros: el de Frida Kahlo, una mexicana famosísima en todo el mundo, que no fue una perita en dulce, ella fue rebelde, inquieta, creadora sin ambages, revolucionaria, en el plano sexual se acostó con hombres y mujeres, no con cualquier hombre (para muestra ahí están Diego Rivera y también Trotsky, cuando estuvo en México, país donde lo asesinaron), no con cualquier mujer (la periodista Anita Bremen y la cantante Chavela Vargas, la cantante le dedicaba “Paloma negra”, y remarcaba el principio: “Cielito, ¿qué me hiciste?” y seguía: “tus caricias deben ser mías, de nadie más”.
Posdata: en 1950, al presentar su examen profesional en la UNAM, para obtener el título de Maestra de Filosofía, Rosario Castellanos se preguntó: ¿existe la cultura femenina? Setenta años después, Rosa Montero nos entrega una serie de biografías de mujeres que siempre estuvieron, que nos negamos a ver con toda su fuerza, con toda su plenitud, de seres humanos. Esto da una respuesta positiva a la pregunta de Rosario, quien también fue una rebelde a través de sus palabras.
¡Tzatz Comitán!
