jueves, 15 de agosto de 2024
CARTA A MARIANA, CON UNA BITÁCORA
Querida Mariana: ¡fanfarrias! ¡Que suenen los metales! La Universidad Autónoma de Chiapas celebra su cumpleaños número cincuenta. Generosa, como siempre ha sido, invita a todo mundo al festejo, a comer un pedazo de pastel. ¿Querían pastel? ¡Pues ahí está! Suave, esponjadito, con un sabor a nostalgia bella, que retrotrae cincuenta años de historia.
El 14 de agosto de 2024, en redes sociales, en el Youtube, la Fundación UNACH compartió el primer programa de “Memoria 50”, serie audiovisual que conduce mi querido amigo el Doctor Marco Antonio Besares, quien, con inteligencia y gran experiencia, es el encargado de dar cuerda al papalote para que vuele alto, y vaya que en este primer programa el papalote de Katia Alejandra González García voló pleno, altísimo. Katia es licenciada en la carrera de Gestión y Autodesarrollo Indígena, dijo que su escuela está en San Cristóbal de Las Casas, es un edificio que no tiene grandes espacios físicos, pero con lo que contó se ve que tiene un gran horizonte intelectual, porque quedó demostrado que la universidad, su universidad, nuestra universidad, le proveyó de elementos para que hoy realice un trabajo profesional de excelencia. Llamó mi atención que, debajo de su nombre, apareció la palabra “ilustradora”. ¿Cómo? Si ella no estudió Diseño gráfico; pues resulta que a ella, desde niña, le encantó dibujar, su abuelo le obsequiaba cuadernos con hojas recicladas y ella dibujaba, dibujaba, hoy dibuja, dibuja mucho. A través del dibujo y del diseño logra expresar la originalidad de las ilustraciones de bordados tradicionales. Una actividad maravillosa, que, digo yo, va hasta el fondo del término de moda, el concepto Chiapanequidad. Ella hurga en la raíz para mostrar la esencia.
Fue un maravilloso programa inicial, que dejó en claro la riqueza conceptual de la historia de la universidad durante estos cincuenta años. Tocó (¡qué bueno!) al Rector Carlos Natarén Nandayapa liderar la conmemoración de este cincuentenario. Durante todo el año, la UNACH ha realizado diversos actos celebratorios de gran importancia, el programa que conduce el Doctor Besares se agrega a la extensa lista de propuestas geniales.
¿Recordás que el otro día te conté que el Rector estuvo en Comitán, en la inauguración de la Exposición Itinerante “200 años de Chiapas en la Federación Mexicana. Testimonios Documentales de una Identidad (1821-1826)”, que es una muestra fabulosa de documentos históricos? La muestra fue una propuesta de mi otro querido amigo Unachense José Luis Ruiz Abreu, director de la espléndida Librería José Emilio Pacheco. Ah, pura cultura, tura, tura. ¡Fanfarrias! ¡Que suenen los metales!
El nombre del programa audiovisual “Memoria 50” indica que habrá, por lo que resta del año, cuarenta y nueve entrevistas más, con personajes destacados de la comunidad de la UNACH. Por ahí vi que mi amiga Damaris Disner, escritora y dramaturga, aparecerá en un programa. ¡Nadita! Debe estar muy chenta.
¡Memoria! Al decir la palabra, en voz alta como ahora, el término se expande, se ilumina, convoca a los hilos más tenues, pero resistentes del espíritu. ¿Cómo sintetizar una historia de cincuenta años? Es labor difícil, pero, aunado al trabajo hemerográfico, los universitarios pensaron que era posible reunir cincuenta testimonios que, a la par de entregar fragmentos históricos del pasado, nos dijeran qué han hecho las personas con el legado que pepenaron en el aula. ¿De qué manera contribuyen al desarrollo de la patria con los conocimientos que recibieron en la máxima casa de estudios de Chiapas? Pues acá está la extensa relación de entrevistas, una por cada año del festejo, como si cada testimonio fuera una velita.
Posdata: ¡fanfarrias! ¡Reja de papel de china para celebrar el cumpleaños de nuestra universidad!
El Doctor Besares agradeció al Rector, por la “extraordinaria oportunidad de hacer Memoria 50”, y nosotros agradecemos al Rector, a Marco Antonio, a Fundación UNACH y a quienes integran el equipo de producción por la oportunidad de ser testigos de este instante histórico. En este momento también aparecen los nombres de Manuel Velasco Siles y de Carlos Maciel, nombres que están ligados con el inicio de la Universidad Autónoma de Chiapas.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 14 de agosto de 2024
CARTA A MARIANA, CON JUSTIFICACIÓN
Querida Mariana: hallé esta foto en el archivo del Colegio Mariano N. Ruiz. La misma me sirve para justificar la grandeza de los integrantes de mi generación. La foto es de los años sesenta.
Los de mi generación (los nacidos en los años cincuenta) crecimos en un Comitán afectuoso, ordenado, maravilloso.
Usaré cuatro conceptos que están enredados en esta foto para justificar la dignidad del Comitán de antaño.
El primero salta a la vista. Los estudiantes del colegio se preparan para participar en algún acto cívico, en el parque central del pueblo. Dos chicas llevan una corona de flores que depositarán en algún altar de la patria; luego están los integrantes de la banda de guerra. ¿Mirás la belleza de los uniformes de gala? Posteriormente, otras chicas hermosas portan el banderín de la institución y al final el grupo de alumnos y alumnas. Lo que acá se ve no es casual, la mayoría de alumnos y alumnas de instituciones educativas comitecas portaban trajes de gala, acorde con la ocasión. Los alumnos de la Secundaria y Preparatoria de Comitán eran quienes se llevaban el primer lugar, todo mundo de acá reconocía la sobriedad, belleza y gallardía del comportamiento de los chicos y chicas. Pero, asimismo el Colegio Mariano y el Colegio Regina ostentaban uniformes de exquisito gusto (Don Guillermo Villatoro era el sastre que elaboraba los trajes de los alumnos del Colegio Mariano N. Ruiz). ¿Mirás? Así éramos, así crecimos, así nos acostumbramos, a vestir con elegancia, a comportarnos con civilidad.
El segundo elemento que retomo de esta fotografía es la belleza natural del parque, lleno de árboles, lo que permitía que los pájaros revolotearan sobre nuestras cabezas y nos recibieran con su chachalaquerío de aves arrechas.
¿Otro elemento? Salta a la vista, la enormísima estatua del Dr. Belisario Domínguez, que acá (nunca lo había visto así en otra imagen) está de espaldas, porque quien tomó la foto está colocado, más o menos, donde ahora está el busto de Rosario Castellanos, obra del escultor comiteco Luis Aguilar Castañeda (no puedo asegurarlo, pero es posible que Luis esté dentro del grupo de alumnos, porque él es ex alumno del Colegio Mariano N. Ruiz.)
¿Ves la grandeza de nuestro héroe? He comentado, en múltiples ocasiones, que la presencia de Tío Belis permitía recordar a cada instante los actos que lo convirtieron en el máximo héroe civil de nuestra patria.
¿Mirás cómo crecimos? Crecimos honrando la memoria de Belisario, nos sentimos orgullosos de ser paisanos de él, por eso somos como somos, gente honesta, integrantes del club que él, sin proponérselo, formó, seguimos honrando su ideario: la Virtud, la Alegría, el Trabajo, y el Estoicismo (VATE). El entorno marca el destino de los seres humanos. El Comitán de ese tiempo marcó a la mayoría con bien y para bien.
Y el cuarto elemento lo tenés frente a vos. Mirá la belleza del piso de este parque, con losetas hechas en la ciudad, por artesanos maravillosos, con bellos colores y diseños que alegraban la vista y el espíritu. Un día de los años setenta nos dijeron que harían una ampliación del parque íntimo, porque la manzana de la discordia no permitía ver la iglesia mayor, la dedicada a nuestro santo patrono: Santo Domingo de Guzmán. Y un día de 1979 se hizo la polvareda más grande que jamás vio nuestra generación y, como si fuese una manda, los constructores se llevaron la escultura de tío Belis, levantaron el piso y, también, ¡cómo no!, botaron algunos de estos hermosísimos árboles. Y el parque se amplió y ahora, es cierto, vemos la fachada del templo, pero no tenemos a Belisario y, como mojol desgraciado, tampoco tenemos este piso parejito, bello, limpio, hoy tenemos un pinche piso lleno de lajas, todas sholcas, todas resbaladizas. Nadie se preocupa por eso, debe ser porque los encargados de la imagen no nacieron en los años cincuenta, cuando todo era más armonioso, cuando teníamos cariño por la ciudad, cuando cuidábamos, hasta donde era posible, el corazón de nuestro pueblo.
Posdata: encontré la foto y mi corazón se llenó de alegría, de una boba alegría, porque pensé que los tiempos idos fueron mejores y esto contradice con lo que los sabios expresan una y otra vez: lo único que cuenta es el presente, los años veinte del siglo XXI, pero, ah, querida mía ¡qué tiempos tan de aire limpio!
¡Tzatz Comitán!
martes, 13 de agosto de 2024
CARTA A MARIANA, CON ATAQUES
Querida Mariana: caminaba en el parque central del pueblo, iba de la fuente al portal, donde ahora hay tiendas de ropa, venta de helados y videojuegos.
Caminaba tranquilo cuando escuché que una mujer le decía a otra: “se enfermó por atacada”. Ellas iban en dirección contraria. Oí la frase y eso me quitó la aparente tranquilidad, porque la frase ya no se despegó de mi mente. Fue tan de golpe de boxeador que ahora te hablo de ella.
“Se enfermó por atacada”. Entendí perfectamente el sentido de la oración. Sé que vos también la entendés, pero hay personas que, tal vez, no la comprenderán a cabalidad. Alguien podría preguntar: ¿fue atacada? ¿Por quién o por qué? ¡No! La fulana se enfermó “por atacada”, no porque haya sufrido un ataque. ¿Entonces? En Comitán el término “atacada” se usa como sinónimo de atracón, si se enfermó por atacada, significa que comió “como chucha”, porque el que es chucho para beber es un gran bolo, es un atacado.
La fulana se enfermó porque no se moderó en la comida o en la cena; el que amanece todo crudo es porque se excedió en la bebida.
¿En cuántos pueblos del mundo se emplea eso de “atacado”? No lo sé. Como ya viste se aplica en la bebedera y en la comedera.
Los atacados incurren en el pecado de la gula, son chuchos para tragar.
Hay entonces una gran diferencia (cuando menos en Comitán) si decimos: “se enfermó por atacada”, que “se enfermó porque fue atacada”.
El tío Cheno decía que prefería morirse por ser atacado que por un ataque al corazón. Mirá lo que es la vida, él siempre fue muy atacado con la bebida y la comida (y otras cositas), pero el destino no le cumplió su deseo, murió de lo que había rechazado: un ataque al corazón, un ataque fulminante: un brutal paro cardiaco, cuando su corazón decidió ponerse en huelga estaba de pie, apenas tuvo tiempo para tratar de sostenerse en la mesa (que estaba llena de viandas exquisitas para que comiera). Su mano resbaló sobre la mesa y él quedó tirado en el piso, sólo la sirvienta Victoria estaba en la cocina, escuchó el golpazo, corrió hacia el comedor y halló al tío tirado, se puso en su boca el trapo que llevaba en las manos y echó la carrera hacia afuera, a mitad de la calle se quitó el trapo y comenzó a gritar como loca, estaba loca de dolor.
Gracias a Dios vos no sos atacada, cuidás mucho tu cuerpo, comés lo necesario.
“Atacarse” con la comida y con la bebida es como si nos atacáramos a nosotros mismos, como si nuestro cuerpo y nuestro espíritu fueran campos de batalla donde el ejército enemigo tiene nuestro propio rostro. Es un absurdo, pero el mundo es mundo porque hay gente moderada y gente con excesos.
He visto gente que se come cinco o seis tacos de carnitas (tan sabrosos). Los taqueros saben su negocio, aparte de preparar las carnitas en forma deliciosa, acompañan el antojo con salsas exquisitas con picante. El picante (por algo decimos que quedamos picados cuando algo nos gusta y ya no continúa) hace que la gente olvide el decoro y pida otros dos tacos.
Ahora que lo pienso tal vez también se puede aplicar el término de atacado a los chicos que están fascinados con los besos de las chicas, porque cuando andan en el fajecito ellos quieren más y más y más. Hace años (no sé si sigue esa publicidad) la empresa Sabritas lanzó el mensaje publicitario que decía “A que no puedes comer sólo una”. ¡No! Lo mismo sucede con los besitos, ningún chico queda conforme con uno de piquito, los chavos son grandes “atacados”, quieren que el besito se convierta en un gran faje que abra puertas y abra otras partes.
Posdata: todos los atacados son parte de la comunidad que “no puede comer sólo una”. El tío Cheno no sólo era atacado con la comedera y la bebedera, también en cosas de darle gusto al cuerpecito en forma completa, porque no podía “comer sólo una”, se echaba más de dos o tres en el pueblo y dos que tenía en otras ciudades. Vivió su vida como él lo deseó, sólo en la muerte no cumplió su deseo.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 12 de agosto de 2024
CARTA A MARIANA, CON UNA FOTO SORPRENDENTE
Querida Mariana: la poeta Clarita del Carmen Guillén compartió esta foto en redes sociales. Dice que pertenece al álbum particular de su hermana Loli. Francisco Domínguez ya dijo que la foto corresponde a principios de los años ochenta. ¿Mirás? ¡Pucha, qué maravilla! Así era esta parte del pueblo en esos años. Se ve parte de una jardinera del tramo peatonal que iba de esta esquina hasta el término del portal, frente a Casa de Cultura. Óscar Manuel, quien laboró en el banco, comentó que a él le tocó pasar a este edificio, porque (lo hemos comentado) antes, el Banco de Comercio de Chiapas estuvo en el portal, como a treinta pasos de este lugar. Bancomer es actualmente el BBVA, y la sucursal del centro está, precisamente, frente al Centro Cultural Rosario Castellanos. Ve cuántos cambios de nombre: Banco de Comercio de Chiapas se transformó en Bancomer y ahora es BBVA; y la Casa de la Cultura actualmente tiene el nombre de Centro Cultural Rosario Castellanos; y no sólo cambio de nombres, también cambio de vialidades, lo que era un hermoso andador lo eliminaron y ahora es una calle súper transitadísima de autos, motos, bicicletas y demás automotores.
En la parte superior del portal se mira el logotipo de Banrural, banco que, según información que hallé en Internet, inició en 1975 y pasó a mejor vida en 2023. En el pueblo tenemos amigos y amigas que laboraron en ambas instituciones bancarias: Banrural y Bancomer. Sus testimonios sirven para hallar otras piezas de nuestro rompecabezas.
Clarita está cumpliendo, porque al compartir ésta y otras fotografías nos regala instantes valiosos.
A mí me encantó esta foto. No me hagás caso, pero en la parte superior del edificio de Bancomer veo dos palabras, la primera “concesionario” y la segunda “Cairo”, así que imagino era el anuncio de alguna bebida que se vendía en la vinatería de Don Luis Bonifaz: “El Cairo”.
Sí, tenés razón, lo que más llamó mi atención fue el gran letrero de bandera que está más allá y que dice: “Cine Comitán”. Esta imagen jaló mi espíritu, porque no recordaba la existencia de dicho anuncio. Mi cabeza torcida siempre imaginó que el letrero del cine estaba en una marquesina en la parte superior de la entrada. ¡Naranjas de Chicomuselo! Como acá se ve había un gran letrero de bandera que podíamos ver todos los peatones, bien bajáramos hacia el Hotel Internacional o subiéramos hacia el parque central.
¿Mirás lo que te contado? Era un verdadero privilegio para los cinéfilos de esos tiempos que el Cine Comitán estuviera a media cuadra del parque central. Ahora, donde estuvo el cine existe una tienda de ropa, está justo frente a la Casa Museo Doctor Belisario Domínguez.
Te he contado que en los años sesenta vivía en la que luego fue la casa de Don Juanito Torres (hoy, la casa ya es de otro propietario). Mi papá y mi mamá me injertaron el gusto por el cine. En las tardes íbamos al Cine Comitán, recuerdo con emoción que, en ocasiones, antes de entrar al cine pasábamos a la Cenaduría Yuly (que atendía la mamá de mi querido amigo el arquitecto Memo Castañeda) y comprábamos unas tortas de pierna, Dios mío, eso era una delicia. Ya luego entrábamos al cine, con un amplio vestíbulo y en la taquilla mi papá compraba los boletos, que nos daban derecho a ver dos películas, con permanencia voluntaria.
Antes del letrero del cine hay otra bandera que anuncia una farmacia. No, no, por favor, no me exijás que diga el nombre de dicha farmacia, no la recuerdo. Gracias a la divinidad acá tenemos un testimonio que da cuenta precisa de que el cine tuvo un anuncio de bandera, grande, con letras claras, pero no sé decirte si dicho anuncio se iluminaba en las noches. En estos tiempos hubiera llegado con nuestro querido y admirado Don Rafa Pascacio y le habría solicitado que a Comitán le pusieran su tilde y, en forma discreta, le preguntaría si el anuncio se iluminaba en las noches, al estilo de las grandes marquesinas de Broadway.
¿Qué hace el hombre con sombrero que está inclinado, que aparece en primer plano? Debe ser un nevero, ¿verdad?
Donde están las dos personas, casi debajo del letrero del cine, recuerdo que había una gran vidriera donde el papá de Memo Castañeda (que laboraba en el cine) colocaba los carteles que llegaban de las casas productoras cinematográficas (carteles que ahora son ampliamente codiciados y que los coleccionistas encuentran en los tianguis de la Ciudad de México, como el de La Lagunilla). Los cinéfilos y toda la gente curioseaban ahí y se enteraban de los estrenos nacionales. Ah, sé que te hubiese gustado vivir esos tiempos, pero vos sos muy joven. En el año que fue tomada esta fotografía vos todavía no eras proyecto de vida. Por estos años yo andaba de novio con mi Paty. Por fortuna, ella también ha sido gran aficionada al cine (antes de pandemia íbamos todos los domingos a las salas de la Plaza Las Flores), recuerdo que en el Cine Comitán, en los tiempos de la fotografía, vimos una película con la vida de Elvis Presley.
Posdata: no recordaba ese anuncio de bandera, bandera que siempre estuvo izada, que siempre me recordó que bastaba entrar en ese espacio para vivir lo mejor de la vida.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 11 de agosto de 2024
CARTA A MARIANA, CON CUATRO PRIVILEGIOS
Querida Mariana: en ocasiones la vida nos otorga racimos de privilegios. Como si estuviera en un viñedo ahora reflexiono en ello y veo la mata prodigiosa que ha sido el nombre de Héctor Cortés Mandujano.
El primer libro de Héctor fue uno de cuentos, cuyo título es: “La muerte por todos lados la muerte”, que ahora ha reeditado.
Héctor cuenta que la primera edición apareció en 1990 (sí, ya llovió harta luz). Sucede que mi amigo Paco Flores era en ese tiempo, el director de la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez y me invitó a hacer algunos comentarios del libro de Héctor que se presentó más o menos en el lapso de 90 o 91. Ahí conocí a Héctor. Después de la presentación fuimos a una cena a casa de Paco y ahí platiqué tantito con el autor.
El segundo privilegio ya fue más sencillo, Héctor y yo nos topamos en varios encuentros literarios en Tuxtla, él recuerda que coincidimos la tarde en que Fedro Guillén se echó un bailecito con una poeta, suceso que comenté en una carta anterior. En ese tiempo, otro libro de cuentos “Palabras agitadas”, fue publicado por el Instituto Chiapaneco de Cultura, la ficha dice que fue en el año 1993, en ese año ya estudiaba literatura en la UNACH, así que iba seguido a actos culturales en Tuxtla, ahí nos saludábamos.
Con el tiempo llegó el tercer privilegio: ser un lector asiduo de su obra. Hoy tenemos comunicación por el WhatsApp, él no tiene perfil en el Facebook, pero sí envía sus colaboraciones semanales a un grupo de amigos, entre los cuales, honrosamente, me encuentro. Desde 1990 a la fecha, Héctor (así lo dice su ficha) ha publicado más de cincuenta libros, ¡cincuenta! Libros de cuento, ensayo, novelas, obras de teatro y más vainas literarias. Héctor, te lo he dicho en varias ocasiones, es un orgullo de nuestras letras chiapanecas, es un autor muy prolífico. Una de las novelas más recientes que leí de él es la que tiene el título de “Serse”. ¿Recordás que te dije que esa novela es una obra bellísima, una de las novelas más logradas que he leído en los últimos tiempos? Como amigo y lector fiel de su obra me sentí complacido al leerla.
En sus colaboraciones semanales, sus lectores nos enteramos, casi al final del año, de la extensa relación de libros leídos y de películas vistas. Son cientos en ambos casos. ¡Dios mío, qué capacidad tan fértil de aprovechar el tiempo! Aparte del trabajo, prepara conferencias, dibuja, realiza montajes de obras de teatro (donde dirige y actúa), viaja y se reúne con amigos y amigas; no desperdicia instante alguno en vivir a plenitud y con el espíritu abierto al prodigio. La vida de Héctor ha abonado al árbol del siglo XX y el renuevo del siglo XXI.
El viernes 9 de agosto de 2024 fue la presentación de la reedición del primer libro de cuentos: “La muerte por todos lados la muerte”, en el Café Cultural Casa Conejo, de la capital chiapaneca. Este libro del 24 está enriquecido con lo que Héctor cuenta acerca del proceso de edición de su primer libro, da agradecimientos a Margarita Zárate, quien envió su primer cuento a un concurso, donde el texto obtuvo el tercer lugar; y luego envió otro texto, que ya fue merecedor del primer lugar, ¡medalla de oro! A partir de ese instante quedó marcado el destino del escritor Héctor, ya el Cortés español había quemado sus naves, el Cortés chiapaneco comenzaría a navegar con viento bueno. Su amigo Jorge Arturo Díaz Pérez dio paguita para que fuera publicado su primer libro. ¡Ah, qué viento tan generoso! Hablamos, digo, del año 90 del siglo pasado. En ese tiempo conocí a Héctor en la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez, mi admiración hacia su obra literaria tiene, entonces, la misma edad que tiene su proceso creativo.
Posdata: ¿y el cuarto privilegio, ‘apá? Héctor, generoso, me invitó a enviarle una ilustración que apareciera en la portada de “La muerte por todos lados la muerte”. En cuanto recibí la invitación me puse a hacer un boceto en la tableta electrónica, se la envié, y ahora ¡acá está! Con ello se reafirma el puente que comenzó en la orilla comiteca cuando el autor llegó a esta tierra a presentar su primer libro. ¡Nadita!
¡Tzatz Comitán!
sábado, 10 de agosto de 2024
CARTA A MARIANA, CON ABRAZO PARA DOÑA MARTITA RUIZ
Querida Mariana: el 7 de agosto de 2024 ocurrió un vuelo sorprendente en el pueblo, las Águilas de Chiapas volaron espléndidas, como siempre, y amenizaron el festejo de los noventa años de Doña Martita Ruiz. Ah, qué vuelo tan espectacular, cada aleteo (que es como decir que cada nota musical, cada bolillazo) celebró la vida de Doña Martita.
Vos conocés a la festejada, la has visto en su restaurante que ahora se ubica frente al Museo Rosario Castellanos. Doña Lolita Albores nos enseñó a ver la vida, donde nada es casual, donde todo tiene un símbolo. El día de la celebración del cumpleaños de Doña Martita, todo el mundo conmemoró los cincuenta años del fallecimiento de su vecina: Rosario Castellanos; y en Comitán celebramos los noventa años de vida de Doña Martita, una mujer ejemplar, para su familia y para la sociedad en general.
Nada es casualidad. El festejo fue en el tradicional barrio de Yalchivol, en el fastuoso “El laurel”. ¿Por qué se llama así el salón de fiestas? Porque en el jardín existe un hermoso ejemplar de este árbol. Debe haber más laureles espectaculares en nuestra ciudad, pero como éste es único en un espacio delimitado se convierte en un laurel magnífico. El día de la celebración de Doña Martita estaba hermoso, como era un día soleado regaba una sombra donde los niños y niñas (hijos de algunos invitados) jugaban al amparo de una cobija de aire limpio.
Todo tiene símbolo, la familia decidió que el guateque debía ser en un lugar inolvidable y que sirviera para definir la personalidad de la festejada: El laurel. Vos y todo mundo sabe, las hojas de dicho árbol sirven para formar la corona del triunfo. Doña Martita es una campeona, no acudió a las Olimpiadas de París, pero sí recibió el afecto de toda su familia, parientes y amigos y amigas (amigas, sobre todo), todos le entregaron, con su abrazo y cariño, la corona que reciben todos los campeones de la vida. Doña Martita ha sido un ejemplo de trabajo y de resistencia. Ninguna piedra en la vida la ha detenido, con donaire, con gran fe, ha caminado durante noventa años sobre el camino que Dios le ha trazado, no ha sido un trayecto fácil, pero ella jamás se ha vencido, siempre ha demostrado una gran capacidad para hacer polvo los obstáculos. Qué gran lección de vida para todos, qué orgullo para Comitán al tener una mujer de ese talante.
En el letrero de su empresa “Super Pollo” aparece una fecha: 1979, como año de inicio; es decir, su empresa lleva cuarenta y cinco años de servir a nuestra sociedad. ¿Mirás cómo seguimos costurando la hebra mágica? Doña Martita cumplió noventa años de vida y, de pasadita, el festejo sirvió para decir que la mitad de su vida la ha dedicado a atender su negocio de pollos crujientes.
En el Comitán de los años setenta recuerdo que había algunos locales donde vendían pollos rostizados, desde la calle se veía cómo los pollos atravesados por un fierro daban vueltas y vueltas hasta que quedaban todos mareados, pero perfectamente rostizados, listos para hincarle el diente. Todas las personas que iban a disfrutar los campos cercanos a la ciudad, como San Rafael, por ejemplo, pasaban a comprar un pollito rostizado y no lo soltaban hasta chuparle el último huesito. Pero un día Comitán vivió una noticia fantástica, el inicio de la empresa de Doña Martita y su esposo; yo conocí el negocio sobre la avenida Rosario Castellanos, a pocos pasos donde está la sucursal Banamex, del centro. ¿Mirás? Otra vez aparece el nombre de la famosa escritora comiteca.
En 1979, el centro de Comitán perdió su “manzana de la discordia”, pero, en compensación, Doña Martita y su esposo, el famoso “Güero”, Julio César Ruiz Utrilla, inauguraron el pollo que fue una innovación en la ciudad. La población, por primera vez, tuvo la posibilidad de elección, unos siguieron comprando los pollos rostizados y la mayoría, de veras, probó el pollo que ellos ofrecían y se cambiaron para siempre, porque era “la receta secreta”. Sí, querida Mariana, antes que a Comitán llegara el coronel Sanders, con su pollo Kentucky Fried Chicken, Don Julio César y Doña Martita comenzaron a engalanar nuestro cogote con un pollito suave que tenía una cubierta crujiente.
El mito cuenta que Don Julio César, quien viajaba constantemente a Guatemala, por cuestiones de trabajo, conoció el famoso pollo campero que desde 1971 ofrece el pollo frito y se fijó muy bien del proceso. ¿Podría poner algo similar en nuestro pueblo? Pensó que sí y, comiteco inteligente y chambeador, emprendió el negocio que hoy es una empresa exitosísima. No me hagás mucho caso, pero el otro día me llegó el rumor (que doy por cierto) que pronto abrirán una nueva sucursal en Nicalococ, ahí donde (Rosario lo cuenta en su novela “Balún Canán”) llevaban al hermanito de la niña protagonista a volar papalotes en el llanito.
¿Querés que yo siga uniendo los nombres de Rosario y de Doña Martita? No soy yo, sólo planteo la serie de engarces que se ha dado entre ellas dos, comitecas talentosas, mujeres hechas con aroma de menta y de fuerza universal.
Mi mamá, quien goza de la amistad de Doña Martita, me cuenta que cuando Don Julio César iba a viajar a Guatemala pasaba a la casa a avisar a mi papá de la proximidad del viaje. Mi mamá revisaba un muestrario de estambres españoles que él había conseguido en aquel país. El famoso “Güero” llevaba hilaza de acá y traía los estambres que sólo mi mamá ofrecía en su tienda. Nadie sabía que esos estambres europeos se los traía Don Julio César del país vecino. Las mujeres que compraban con mi mamá se extasiaban con la calidad de esos estambres, que, dice mi mamá, eran mucho más finos que los hechos en México.
El 7 de agosto de 2024, después del homenaje que Arenilla-revista le rindió a Rosario Castellanos en el quincuagésimo aniversario de su fallecimiento, llevé a mi mamá al Salón El Laurel, que está un poco más allá del templo de la Virgen del Rosario, que tiene el atrio más amplio de la ciudad. Caminamos por el amplio vestíbulo y encontramos un cartel de bienvenida que ostentaba un croquis con la disposición de las mesas. Sudé tantito, mientras mi mamá, siempre muy derechita, saludaba. ¿Qué número de mesa le habían asignado? Por fortuna, una nieta de la festejada reconoció a mi mamá (la chef Delia) y dijo que ella tenía un asiento en la mesa principal, donde estaría Doña Martita con sus amigas. Uf. La tranquilidad volvió a abrazarme, me sentí chento, mi mamá estaría cerca de la dueña del día, de la heroína, de la mujer maravillosa, cimiento de una gran familia.
Cuando regresé por mi mamá (temprano, porque debíamos continuar con la conmemoración de Rosario Castellanos) me tocó conocer a la hija de Doña Martita: Cecy, quien vive en Palenque al lado de su familia. Mi mamá me platicó que Don Julio y Doña Martita tuvieron cuatro hijos: Cecy y tres hermanos: Walter Emilio, Julio César y Mario Alberto. La familia se ha hecho grande, ahora, el árbol ha crecido tanto como el laurel del salón de fiestas, está lleno de ramas con nietos y nietas y demás retoños. Cada integrante de la familia honra el legado de la pareja original.
En cuanto el negocio del pollo crujiente fue abierto, mi palomilla y yo acudimos a hacer fila para comprar cuatro órdenes y las llevamos al rancho de Quique, donde, sentados debajo de la sombra de hermosos árboles, disfrutamos ese riquísimo pollo, acompañado, por supuesto, de unas caguamas y luego un pitutazo de ron. Todos nos vimos y estuvimos de acuerdo que ese pollo era más sabroso que el ya agotado pollo rostizado. Fuimos de los cientos de personas que se hicieron adictos al pollo que vendía Don Julio y Doña Martita.
La vida es generosa, porque mi Paty también tiene nexos con la familia, porque ella es amiga de Milo (Walter Emilio), quien hoy es un profesional destacado en el campo de la odontología. Él radica en la ciudad de Puebla. Los cuatro hijos estuvieron el 7 de agosto de 2024 en Comitán, vinieron a honrar a su mamá, a darle el abrazo cálido que reservan los hijos sencillos a la madre que ha sido como una fortaleza, como un castillo con torres y almenas bien formadas.
Yo también conocí a Milo en los años setenta, admiraba su capacidad innata de bailarín. Eran los tiempos de las discotecas, de la Tzisquirín (del Hotel Robert’s). Milo fue como el Travolta comiteco, porque bailaba como John Travolta en la famosa película “Fiebre de sábado por la noche”.
Posdata: a los grandes restaurantes les conceden estrellas, Rosario es la gran escritora de la tierra de las nueve estrellas; Doña Martita es una de las grandes mujeres también de esta tierra. Las dos paisanas merecen la corona gloriosa de laureles. ¡Felicidades!
¡Tzatz Comitán!
viernes, 9 de agosto de 2024
CARTA A MARIANA, CON UN EQUIPO
Querida Mariana: ¿vos soñaste con ser integrante de un equipo famoso? ¿No? ¡Yo sí! En la edad de los sueños soñé con ser integrante de la selección mexicana de fútbol soccer. Yo, que nunca jugué en un equipo acá en Comitán. Ya te conté que jugaba solo, colocaba una silla pequeña en uno de los corredores de la casa y con una pelota, también pequeña, jugaba a tirar penaltis. Llegaba el momento donde Brasil y México estaban empatados a cuatro goles, el quinto jugador de Brasil había estrellado el balón en el travesaño, la oportunidad para México se presentaba en los botines del gran jugador comiteco ¡Alejandro Molinari! Si metía el gol, nuestro país, por primera vez en la vida alcanzaría la gloria del ¡campeonato mundial! Yo colocaba el balón en la marca, me hacía tantito para atrás, escuchaba el apabullante rumor del estadio, miles de aficionados hacían un impresionante silencio, mientras yo esperaba la señal del árbitro. Cuando escuchaba el sonido del pito avanzaba tres pasos y, con una gran tranquilidad, pateaba la pelotita que, como en cámara lenta, rodaba en busca de pasar por las dos patas delanteras de la sillita.
Pero no sólo en juegos que soñaba, a veces, cuando escuchaba un partido en la radio, imaginaba que todo Comitán escuchaba el juego donde Molinari participaba, imaginaba la alegría de los paisanos por saber que un chico nacido en Comitán jugaba en equipos de leyenda. No recuerdo bien, pero pienso que algún día soñé con jugar con Las Chivas y, por supuesto, ser seleccionado. Yo, que jamás practiqué el deporte.
Como justificación diré que soy un gran mirador de partidos de fútbol, en la feria de agosto, en los primeros años de los setenta, me encantaba ir al estadio municipal Dr. Roberto Ortiz a ver los cuadrangulares; y los domingos disfrutaba “la jugada” en el campo de fútbol de San José Obrero, después de dar doctrina a una bola de chiquitíos y chiquitías iba al campo de tierra roja, me paraba debajo de un árbol y disfrutaba el partido. Gocé como pocas veces la película con la vida de Pelé, cinta en blanco y negro, que exhibieron en el Cine Comitán.
Por eso, ahora que aparezco en esta fotografía de un equipo me siento chento. No es un equipo de fútbol, por supuesto, es parte del equipo de trabajo del magnífico restaurante Mahi Mahi, cocina de mar. Acá estamos Roberto, Paty, Pablo, Jeni, Ingrid, Fabi, Tannia, José Luis, Amairani, Fredy, Mónica, Malena y yo. ¿Ya hiciste la cuenta de los integrantes de esta fotografía única, inédita, que jamás volverá a repetirse? ¡Trece! Ah, qué número tan cabalístico, hacé de cuenta un equipo de fútbol, con el entrenador (el maravilloso chef José Luis) y el aguador (el tal Molinari).
El equipo de Arenilla trabajó en la producción de un videíto que mostrara las exquisiteces que preparan en el Mahi Mahi y al final a Roberto se le ocurrió que nos tomáramos la foto del recuerdo y ahora acá tenemos ese maravilloso instante, porque la foto fue realizada en las antiguas instalaciones del restaurante, el lugar donde se consolidó el sueño de un talentoso comiteco; ahora, el Mahi Mahi anda estrenando instalaciones, ya el otro día te conté del lugar tan espléndido que abrieron, un espacio donde, sin duda, se disfruta más la comida. Te platiqué que fuimos mi Paty, mi mamá, la Paty Cajcam y yo. Ah, nos pasamos un momento excelente, así vi que, en las demás mesas, las personas disfrutaban la plática, la comida y la vista formidable, donde el aire se vuelve una mariposa que se posa en las cabezas como si lo hiciera en una orquídea. Mi mamá aprovechó una hamaca y se sentó un ratito. Saqué mi celular y le tomé una fotografía, luego te la comparto.
Esta foto es única. Aparece Doña Malena, quien dijo ¡ya hasta acá!, se retiró después de un trabajo de años, ahora dedicará su tiempo a salir, a estar sin la presión del trabajo, se entiende, pero ese día aún trabajó y posó con toda la dignidad que es parte de su personalidad.
Acá, en realidad, están dos equipos: Arenilla y Mahi Mahi. Tuvieron un encuentro, pero amistoso, donde no compitieron, donde unieron talentos y esfuerzos para lograr un objetivo común: demostrar que lo comiteco es realmente sobresaliente; nuestras empresas y nuestras personas todo lo hacen a la comiteca; es decir, ¡bien hecho!
Soy escaso, lo sabés, casi no ando en grupos, pero acá estoy de metidito, en pose de jugador de fútbol, hasta adelante, pucha ¡nadita! ¿Dónde se ha visto que el aguador esté hasta mero adelante? Pues acá se ha visto, la efectividad de un equipo de fútbol se debe, en gran parte, a que el aguador esté listo. El agua es vida. Claro, en Mahi Mahi, el agua que sirven va bien preparada, con frutas y, si el comensal lo demanda, con un poquito de alcohol. ¡Ah, bebidas riquísimas!
Posdata: todos estamos contentos, así se miran nuestras caras, así quedamos después de trabajar, después de degustar los platillos exquisitos de Mahi Mahi.
Confieso que después de ir con mi mamá y con mi Paty fui otra vez y comí un pulpo zarandeado, a sugerencia de mi querido licenciado Héctor. Ah, qué cosa más deliciosa.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 8 de agosto de 2024
CARTA A MARIANA, CON LA CONMEMORACIÓN DE CINCUENTA AÑOS LUCTUOSOS
Querida Mariana: lo hicimos por ella y también por él; es decir, por Rosario Castellanos, y por el pueblo de Comitán.
Dicen que a toda capillita le llega su fiestecita; le llegó el tiempo a la gran catedral de la literatura: Rosario, y el mundo de acá le hizo su conmemoración. Cothy Soto dijo que era una conmemoración por los cincuenta años del fallecimiento de la escritora, pero también era una fiesta ¡y cantó!
Todo dedicado a Rosario en la conmemoración del quincuagésimo aniversario de su lamentable fallecimiento.
Hubo actos en el Centro Cultural Rosario Castellanos, en el Museo Rosario Castellanos y, en nombre de ella, el equipo de Arenilla-revista hizo un “en vivo”, en redes sociales. La conmemoramos en Comitán, su pueblo. Lo hicimos porque, a final de cuentas, todo es feliz pretexto para recordarla.
Paty, la de Cajcam, y yo hicimos un “en vivo”, lo hicimos porque en su muerte, ella, la gran Rosario, demostró al mundo que está más viva que nunca, quien ha sido nombrada como la mejor escritora mexicana del siglo XX sigue vivita y coleando en la mente y el espíritu de miles de lectores, en todo el mundo. Porque el mundo, el de acá y el de allá, sigue pendiente de sus pasos, del caminar de su espíritu. Hugo Álvarez, comiteco de cepa, se comunicó desde Texas, USA, nos hizo saber que él estaba pendiente de lo que acá decíamos acerca de nuestra paisana. Así, nuestro “en vivo” llegó a muchas partes del mundo.
En su pueblo, en el Centro Cultural que lleva su nombre, en el museo que lleva su nombre, y Arenilla, en su nombre, hicimos actos donde la recordamos.
¿Qué hicimos nosotros en el “en vivo”? Leímos lo que Samuel Gordon contó acerca de la muerte de su maestra. Sucede que Samuel (quien nació en Polonia) fue alumno de Rosario en la Universidad de Jerusalén y el día de la muerte de la escritora (el 7 de agosto de 1974), habló con ella horas antes de su muerte. Cuando el fatídico suceso aconteció, Israel (el chofer de la embajadora de México en Israel) llamó a Samuel y éste fue de inmediato a la residencia, luego al hospital donde no lo dejaron entrar, debido al estatus de la diplomática, pero ahí se enteró que ya había muerto. Al regreso, el chofer le narró lo sucedido: él había llevado a la embajadora a Jerusalén por unas mesas que había encargado, al regreso (en medio de lo que allá llaman “jamzín”, que son cincuenta infernales días, con un calor insoportable), en un auto de lujo, pero sin clima, Rosario entra a la residencia, se descalza, y, emocionada, imprevisible, va a “hacer un lugarcito” para que el chofer coloque las mesas, retira una lámpara (cuyos cables no están bien aislados) y recibe la brutal descarga eléctrica que la mata.
Paty es del grupo de personas que afirman: el mejor homenaje para un escritor es leer su obra, así que leímos cachitos de su narrativa, Paty leyó un cachito de un cuento del libro “Convidados de agosto” y yo leí un cachito del capítulo cinco de “Balún Canán”.
A cachitos, porque ha sido la forma en que el mundo ha ido reconstruyendo la vida, obra y pensamiento de nuestra escritora comiteca; a cachitos la honramos en Comitán a los cincuenta años de su fallecimiento. A cachitos nos hemos dado a la tarea de escudriñar en su biografía incompleta. Vos sabés que acá en Comitán somos expertos en armar historias, a veces falsas, en otras ocasiones verdaderas. La vida de Rosario ha dado para mucho. Cincuenta años después de su muerte alguien, así como si soltara un trompo en el patio de la casa, me dijo que Rosario tuvo una media hermana. ¿Qué? Sí, no llevó el apellido Castellanos, pero fue hija de Don César. En el pueblo, me aseguró, vive el sobrino.
A cachitos, así se ha ido reconstruyendo el rostro de Rosario. El otro hermano de Rosario, quien sí llevó el apellido paterno: Raúl, dijo en una ocasión que los Castellanos Figueroa habían vivido en tres casas diferentes en el pueblo. ¡Dios mío! En el pueblo sólo conocemos dos. Se supone que de niña Rosario vivió en la casa que está frente a la lateral del palacio municipal; y su pubertad en la casa que está a la entrada del Pasaje Morales. En dichas casas hay placas que así lo confirman. ¿Una tercera casa? ¿En dónde? ¿Otra media hermana? A cachitos. Pero, como Paty y miles de lectores afirman, la manera de honrar en forma respetuosa a Rosario es a través de la lectura de su obra. Y Comitán cumplió con tal encomienda, el 7 de agosto de 2024, muchos paisanos y paisanas tomamos sus libros y leímos cachitos de sus ensayos, cachitos de sus poemas, cachitos de sus cuentos, cachitos de sus novelas.
Ahora, en puerta, tenemos el festejo del próximo año. En el 2025, todo el mundo celebrará el primer centenario de su nacimiento. Los ojos del mundo estarán puestos en Comitán, la tierra de Rosario. Ella, a pesar de nacer en el entonces Distrito Federal, siempre se asumió comiteca, por eso nosotros la queremos y la reconocemos.
Posdata: el día de la conmemoración apareció en redes sociales una carta abierta firmada por un grupo de personas que han recibido la Medalla Rosario Castellanos donde solicitan que el próximo año sea nombrado Año Rosario Castellanos. Vale la iniciativa. Lo malo es que no sé quién haya redactado el documento que firman grandes personas ilustres, porque se autodenominan “galardoneados”, Dios mío, ¿así se nombra a quienes reciben un galardón?
¡Tzatz Comitán!
martes, 6 de agosto de 2024
CARTA A MARIANA, CON UN SUEÑO
Querida Mariana: tuve un sueño, hace mucho tiempo, tuve un sueño. Caminaba por un bosque lleno de árboles y de los árboles colgaban libros como frutos, era un bosque lleno de árboles que daban libros, y estos eran como el bíblico fruto prohibido, pero toda la gente ignoraba la prohibición y trepaba a escaleras, miles de escaleras, y cortaban los libros maduros, apetitosos, saludables. Cuando desperté vi, sobre el buró, la lámpara, un frasco de árnica para el dolor y un rimero de libros, los libros que siempre dejo ahí para irlos leyendo poco a poco, como todavía andaba ensoñado pensé que esos libros los había traído del sueño, sonreí, era la famosa prueba del retorno del viaje por el tiempo que aparece en varias películas.
¿Querés verme feliz? Llevame a una feria de libro, a una biblioteca, a una librería, regalame un libro. La ingeniera Carolina Penagos, de Asesores en Seguros Penagos Ruiz, me obsequió un libro de arte, una bellísima edición publicada por el grupo Quálitas: "René Magritte - Alfredo Castañeda", de Lupina Lara Elizondo. Llegué a la oficina y hallé el presente, que, jugando, contiene el pasado y es vislumbre del futuro, porque esto son los libros, todos, los lectores de estos tiempos recuperamos muchísimos libros que fueron publicados hace años, y su lectura nos sirve para ir haciendo caminitos hacia el futuro, un futuro que nos dicen no existe y sin embargo es lo que nos hace estar vivos o, cuando menos, pensar que hacia allá caminamos, porque todos los seres humanos al vivir, lo que hacemos, es abandonar el pasado, los juegos infantiles, las cenas con los abuelos, las clases en las escuelas y nos encapsulamos en el llamado futuro. Todo está en movimiento, el presente, que es lo único que nos define, es huidizo, es como una mariposa que no se aquieta, que va de un lado a otro, hasta que el pinche gato le da un zarpazo y la deja sin alas, muerta. Así es la vida de los seres humanos. El futuro es la muerte, pero mientras tanto, el ser humano vive y sueña. Yo tuve un sueño, un sueño donde los árboles del bosque daban libros.
La ingeniera Carolina me ha hecho feliz. Ella aparece en la portada de nuestro número más reciente de Arenilla, es una de las cuatro talentosas comitecas que ahí aparecen. Acabo de conocerla y de inmediato supe que es una mujer, como dicen ustedes los jóvenes, proactiva, echada para adelante. Carolina también sueña, como la mayoría de personas, pero ella lo hace poniendo ladrillos en cada circunstancia de la vida, pavimenta su futuro con la savia del entusiasmo y de la pasión, que son dos esencias que, de igual manera, definieron el trabajo de los artistas que aparecen en el libro de arte que me obsequió: Magritte y Castañeda, ambos artistas bordadores de sueños, hijos del surrealismo puro.
Algunos teóricos asumen que el surrealismo ya no tiene el impacto que tuvo en el pasado, ¡mienten!, los sueños jamás dejarán de ser abono de la siembra de los seres humanos. El surrealismo continúa en el presente y estará sembrado hasta el fin del tiempo, porque hay personas (artistas) que, cansados de la monotonía de la vida, sin cerrar los ojos, sueñan otras imágenes y las plasman. ¿Ya viste las dos imágenes de portada? En la de arriba es como una lluvia de hombres, bien trajeados, que cae sobre una serie de casas uniformadas, o ¿es lo contrario?, ¿un grupo de hombres que levitan y ascienden? Esta imagen es producto del sueño. Y la imagen de abajo también está inscrita en el mundo onírico, en el fantástico surrealismo: un granjero (mirá que su mirada coincide con la línea del horizonte) carga un animal lanudo, lo hace en un bosque de miles de primos lanudos, de hermanos lanudos. Es un valle sin montes, sin árboles, sin maleza, sin rastro de construcciones humanas, el único ser que evita la monotonía es el hombre, el granjero de mirada de azucenas confundidas.
Lo primero que asoma en la mente cuando vemos cuadros surrealistas es que esas imágenes no existen en la realidad, pero un segundo después reconocemos que son imágenes que aparecieron en sueños y no se quedaron en ese mundo, sino que se “corporeizaron” y se quedaron a vivir entre el mundo del presente, fueron como imágenes obtenidas de un pasado y dejaron de ser materia onírica para convertirse en alimento del futuro.
Hacedme feliz y llévame al bosque de mis sueños. Carolina me obsequió un fruto de ese bosque y es un fruto lleno de color, de aroma, de sabor. Lo agradezco, porque, como dijo Paty Cajcam, los libros de arte permiten el viaje por museos, por colecciones privadas, para que nuestro mundo olvide, por un momento, su cara aburrida de todos los días.
Posdata: tuve un sueño, hace mucho tiempo, tuve un sueño. A veces, como en esta ocasión, afectos me entregan frutos que me hacen regresar a ese sueño feliz, alegre, divertido.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 5 de agosto de 2024
CARTA A MARIANA, CON UN DICHO
Querida Mariana: en los juegos infantiles usábamos la frase: “el que a hierro mata a hierro muere”, lo habíamos copiado de las películas de vaqueros que veíamos en el Cine Comitán, donde el muchacho bueno atrapaba al malo, lo amagaba con tremendo pistolón y, antes de soltarle un balazo en el pecho, le decía la frase. Esta frase estaba copiada de la cita bíblica que dice: “con la vara que midas serás medido”. Jordán decía que eso era una bobera, que no siempre se cumple, decía que él tuvo un amigo jotito (gay) que tenía el pene pequeño y que la vara con que era medido no era del tamaño con la que él medía. Bobo, el Jordán.
En los años infantiles andábamos en busca de las frases “matadoras”, imitábamos todo lo que ocurría en el cine. Y también en la juventud, recuerdo una película que vimos con la palomilla en el Cine Montebello, donde actuaba Sandro, de América, el famoso cantante que vestía pantalones de cuero negro, en esa cinta Sandro se despidió de la chica llevándose el dedo índice de la mano derecha a los labios y enviándolo hacia ella. Ah, pucha, toda la chaviza salió del cine imitando ese beso que no obligaba a abrir los labios, era nada más acercar el dedo y luego enviar el beso.
Muchos amigos recuerdan que salían del cine directamente al sitio de la casa, para imitar lo que Tarzán había hecho en la pantalla, de inmediato trepaban a los árboles de jocote o de aguacate y se descolgaban de lazos imitando lianas.
Los que saben dicen que en el Comitán de los años sesenta no había más entretenimiento que ir al cine, aún no había llegado la televisión. En las funciones del día domingo, las dos salas de cine se llenaban, se hacían grandes filas para comprar boleto y en ocasiones el cine cerraba porque ya no cabía un alma más, todas las butacas estaban ocupadas y en los pasillos laterales muchas personas se aventaban de pie las dos películas de rigor. El calor era infernal, porque lo único que permitía un poco de aire eran unos ventanales que abrían cuando ya no había luz natural. Nunca nadie imaginó qué podía pasar en caso de un incendio o de un temblor. Ahora que lo pienso cierro los ojos y una escena dantesca aparece, porque las puertas de emergencia siempre estaban cerradas con inmenso candado.
Doy gracias a Dios por haber vivido mi infancia en una época que en Comitán no había más entretenimiento. Eso fue una bendición para mi vida, porque conocí y amé el cine. A medida que conocí el cine se convirtió en mi pan de todos los días. Si una buena parte de la población iba porque no había más qué hacer, yo iba porque sentía que ese mundo irreal era mucho más intenso y vivificante que el de todos los días. Cuando me topé con la frase del gran cinéfilo Emilio García Riera: “el cine es mejor que la vida”, sólo corroboré lo que había pensado desde siempre.
Gracias a Dios nunca me tocó un incendio o un temblor, ni un suceso de consecuencias lamentables, siempre salí indemne de las salas cinematográficas, cosa que no sucedía en la realidad, la pinche realidad, mientras permanecía en casa todo era maravilloso, los sirvientes cumplían mis deseos y mi papá y mi mamá me amaban sin medida, me cuidaban y protegían, pero la realidad exigía salir e ir a la escuela y ahí aparecían los cabrones abusivos, ahí se jodía la cosa, las maldades que aparecían en la pantalla y nos divertían a todos, tomaban cuerpo y me fastidiaban la vida, la hermosa vida. Supe que hay personas que traen la maldad en sus genes y para sobrevivir se manifiestan en sus peores versiones. El malvado más malvado del cine se quedaba cortito ante el tipejo que me amenazaba que si no le daba mi gasto me golpearía. Yo temeroso, metía la mano en la bolsa del pantalón y sacaba la moneda de veinte centavos que mi papá me había dado para la hora de recreo, a esa hora me quedaba ya no con una sino con las manos dentro del pantalón viendo, desde lejos, cómo el hijo de la chingada tomaba “mi” coca y “mis” galletas saladitas.
Soy un viejo de sesenta y siete y sigo prefiriendo el cine a la vida, sé que lo dicho es un absurdo, pero me gustaría ser un poco como vos, dedicar la mayor parte de mi tiempo a ver películas. Vos has elegido una hermosísima profesión. En alguna ocasión, en mi juventud, pensé que me encantaría dedicarme a la crítica de cine, escribir en revistas de prestigio y asistir a todos los festivales de cine del mundo. Ahora dedico mis tardes a ver cine en el celular. Si me invitan a ir a actos culturales me disculpo, porque, ya lo dije, como García Riera sigo pensando que el cine es mejor que la vida.
Posdata: “puedes portarte como un hombre”, es una frase de El Padrino. Nunca la he empleado. Es una bobera. Los hijos de la chingada que joden al prójimo deberían portarse como seres humanos, o, cuando menos, los deberían medir con la misma vara que miden, pero multiplicado a la enésima potencia. La vida debería ser como en el cine, pero por estos mierdas no sucede así.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 4 de agosto de 2024
CARTA A MARIANA, CON UN LIBRO DE QUIQUE Y SU "COMITANIDAD"
Querida Mariana: de lujo estuvo el acto donde Quique Robles Solís presentó su segundo libro de cuentos, libro que tiene el título picarón de “Qué pensás que estoy contando”.
Fue una gran fiesta. Nunca le he preguntado a Quique si es del equipo de Tata Lampo o de Santo Domingo. Tal vez en cosas de religión no se vale ser fanático de un equipo, como sí se vale serlo en el fútbol soccer, donde mi querido amigo fue el fan número dos de “Los Jaguares” (el número uno fue su amigo Pablo, el ex gobernador).
En el festejo de la presentación de su libro se hizo acompañar de dos grandes intelectuales chiapanecos, grandes lectores y escritores de prosapia: el orgullo comiteco Juan Carlos Gómez Aranda y Alfredo Palacios, orgullo de La Concordia.
¿Por qué mencioné lo de los equipos de Tata Lampo y de Santo Domingo? Porque San Caralampio es el santo consentido de los comitecos y Santo Domingo es el santo patrono, pero Quique tuvo el privilegio que pocos comitecos y comitecas tuvieron en la vida: fue vecino de Santo Domingo durante toda su infancia. ¡Vecino, nadita! Pensá en algún niño o niña que la puerta de su casa esté justo frente a la puerta un templo católico de importancia. ¿En Yalchivol? ¡No! El caserío está retirado. ¿En el templo de San Caralampio? Tampoco, lo que está más cerca es la ceiba. La casa de Quique estuvo mero enfrente de la entrada del templo de Santo Domingo, hacé de cuenta que fue como la ceiba de San Caralampio; claro, él fue El Roble (tal vez el niño que se acercó al privilegio de Quique, fue nuestro querido amigo Jorge Pérez, pero la puerta del templo de El Calvario daba frente a la puerta de la bodega de su casa, la cochera, no como en el caso de Quique).
Como dicen los jóvenes de hoy: “no lo diré, pero habrá señales”, porque la presentación de su libro lo hizo frente a lo que fue su casa y que hoy es el Centro Cultural Rosario Castellanos (Juan Carlos se emocionó porque dijo que en ese auditorio se aventó sus primeros rollitos políticos y participó como actor de teatro), pero no sólo eligió un lugar simbólico, sino que además lo hizo en pleno festejo de feria del santo, lo hizo el día tres de agosto de 2024, bueno, en la noche. ¡No podía ser de otra manera! Por eso, en uno de los cuentos que viene en el libro, “La mujer araña”, Quique cuenta una anécdota simpática que le ocurrió a él, junto con varios compas de su palomilla infantil, el texto inicia así: “En los primeros días de agosto, ahí frente a la calle de la casa y en el parque central, empezaba un gran argüende. Movimiento de gente, camiones, juegos mecánicos desarmados, carpas y todo lo que indicaba que se estaba instalando La Feria de Agosto…” ¡Ah, qué recuerdos! La nostalgia de Quique trepada en la rueda de la fortuna o en la “chica” de la rueda de los caballitos. La feria de agosto, la feria dedicada a Santo Domingo, se la ponían frente a su cara, frente a su espíritu. Por ello, como todo es símbolo (así nos lo dijo la querida Doña Lolita Albores), a la hora que concluyó la presentación del libro de Quique, en el parque, al lado de la fuente, muy cerca de donde estuvo su casa de infancia, una multitud se reunió para presenciar la quema de los llamados “toritos de petate”, alguien prendió la mecha y el “movimiento de gente” que Quique vivió en su infancia ¡se dio en forma espectacular! Luces, cachinflines, todo parecía en honor al santo y al espíritu del chiquitío que ahí pepenó tantas anécdotas felices. Juan Carlos instó a Quique a seguir escribiendo, a dar el legado cositía, que escriba sus recuerdos del Uninajab, de los años sesenta o las peripecias de los años setenta, vividas en la casa de huéspedes que atendía su mamá, la amada Doña Rome, en la Ciudad de México. Sí, mi querido amigo Quique tiene mucho por contar. En el prólogo del libro, Alfredo Palacios escribe que Quique cuenta anécdotas “con sensibilidad que hacen reír al lector”. En tiempos que todo Chiapas reflexiona acerca de un término interesante llamado “Chiapanequidad”, que nos invita a hurgar en la riqueza de nuestra cultura, Quique ya está hasta adentro del río llamado “Comitanidad”, para hacernos sentir orgullosos de lo que somos.
Fue un festejo luminoso. Pienso, querida niña, que desmenuzaré en otras cartas lo que ahí sucedió, porque en una carta es imposible agotar todos los destellos que ahí aparecieron. Decir, por ejemplo, que tanto Juan Carlos como Alfredo contaron anécdotas que demuestran lo que Óscar Bonifaz le dijo al ex gobernador Juan Sabines Gutiérrez: “no toda anécdota se puede escribir”, porque una cosa es la hablada y otra “la escribida”. Las anécdotas que contaron fueron geniales. Hay mucha tela para cortar. Fue una velada amistosa, con grandes temas para reflexión, sin pedantería, todo transcurrió como suceden las grandes reuniones de amigos y amigas.
Corré a comprar el libro. Ah, no sé dónde estará a la venta, anoche todo mundo compró en una mesa que puso la Librería Braulios, de Tuxtla. ¡Pucha! Pero estoy seguro que el libro estará a la venta acá, le preguntaremos a Quique y él nos dirá. En la contraportada aparece lo siguiente: “Después de leer estos cuentos, si sos comiteco confirmarás tu identidad, si no lo sos, lo serás”. ¡Todo está dicho!
Posdata: Quique presentó su segundo libro de cuentos en el corazón de nuestro pueblo, donde su espíritu niño sigue brincando la cuerda, oyendo lo que los viejos cuentan. Quique, amante de su pueblo y de su cultura, sigue abonando a ese gran Roble de la identidad, de la “Comitanidad”.
En la fotografía aparecen Juan Carlos, Quique y Alfredo.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 3 de agosto de 2024
CARTA A MARIANA, CON LA REINA DEL TEMPLO
Querida Mariana: en la fotografía está Evelyn Abarca Aguilar, Reina de la Fiesta Patronal de la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, del año 2024. Acá hizo favor de posar al lado de la imagen del Santo Patrono de Comitán.
Evelyn obtuvo el triunfo en el certamen convocado. Un día, en redes sociales apareció la convocatoria, convocatoria inédita, porque jamás (hasta donde sé) hubo una invitación similar. ¿De verdad iban a nombrar a una reina para la fiesta de Santo Domingo? Todo mundo sabe que dicha tradición correspondía a la autoridad municipal. Durante muchos años el Ayuntamiento lanzó la convocatoria para que las chicas se inscribieran y participaran en un concurso, donde salía triunfante una de ellas mediante la decisión de un jurado. Así fue durante muchos años, las autoridades del templo siempre permanecieron ajenas. Hace dos años, la dinámica se modificó, siguiendo el ejemplo de otros municipios, las autoridades gubernamentales de Comitán eliminaron el concurso y, por decisión directa, eligieron a la soberana, la admirada Abril Guillén, quien recibió la distinción y llevó su reinado con responsabilidad.
Este año la autoridad municipal hizo lo mismo, designó a la bella comiteca Fabiola Ruiz Abarca. La decisión de desaparecer el concurso fue tomada con beneplácito por la mayoría de la sociedad comiteca, ya que dicho certamen se prestaba a malas interpretaciones, por no decir malos manejos, no siempre la electa fue la que tenía mayor preferencia entre la población. Ya se evitó esa pasarela donde, así lo dijeron las feministas, se degradaba la imagen de la mujer.
Pues resulta que este año, en hecho inédito, las autoridades del templo de Santo Domingo lanzaron una convocatoria para designar a su reina. Ya sabés que en el pueblo (como en los demás pueblos del mundo) todo está sujeto al escrutinio y a la crítica. No faltaron las personas que no recibieron con agrado la noticia, pero pronto las críticas se acallaron, porque en la convocatoria quedó bien establecido cuál era el objetivo de tal acto: reunir paguita que sería utilizada en la reconstrucción del techo de la parroquia, que ya anda necesitando una buena manita de gato.
A mí se me hizo una genialidad la convocatoria, porque de inmediato me mandó a los años de mi infancia. Te cuento: resulta que antes, en la Matías de Córdova (entiendo que en las demás escuelas también) lanzaban convocatorias para elegir a la Reina de La Primavera. Las niñas bonitas eran llamadas para participar, porque la escuela debía tener una representante, pero, además, el concurso tenía un objetivo: recaudar paguita para mejoras de la escuela (que siempre las necesitaba), así que dos o tres compañeritas se apuntaban y desde el día que daban el banderazo de salida las veías con una cajita de zapatos, bien adornadita, solicitando monedas para obtener el triunfo, porque quien ganaba era la niña que más paga reunía. Ah, método genial de recaudación (ni Hacienda del Estado tiene método tan democrático). Claro, como de paga se trataba, cuando se acercaba la fecha de recuento y de elección, los papás y mamás de las chiquitías acudían a compadres y comadres para que éstos abrieran la cartera y soltaran paga, para garantizar el gane. Los estudiantes de la escuela no teníamos duda, bueno, ¡nadie tenía duda!, acá ganaría quien reuniera más dinero. Así, una mañana, en el patio de la escuela se hacía el festejo, las niñas candidatas, con sus vestiditos limpios, sus caritas lavadas y su cabello bien peinado, pasaban con la paga que habían reunido y los maestros y maestras contaban y daban a conocer la cantidad, un profe anotaba en el pizarrón al lado del nombre de la niña participante el dinero recaudado; luego venía la siguiente participante y todo mundo sabía quién estaba cerca del triunfo, porque acá mandaba la cantidad mayor de paga, la que había quedado fuera ya sabía que había perdido la oportunidad, pero, en compensación, tenía el orgullo de que, gracias a su entusiasmo, había juntado dinerito para mejoras materiales en su escuela, pucha, las niñas se ponían a la par de los más ricos de Comitán, quienes, a veces, se tocaban el corazón y soltaban paga para arreglos de las escuelas públicas o privadas. La emoción era grande, porque faltaba otra concursante, ¿lograría superar la cifra anterior o se quedaría en la orilla? (en ese momento ya no se valía que alguien levantara la mano y, como en subasta de arte, dijera: doy tanto). Todos esperábamos con emoción el desenlace, en ocasiones la última niña presentó más paga y otras veces la cantidad no superó a la anterior. ¡Listo! La elección ya estaba definida. La niña triunfadora recibía la felicitación de todos, y a partir de ese momento el papá y la mamá iban a ver a la modista para que les hiciera un traje bonito y una capa digna de toda una reina; además había que conseguir la corona que le imponía el director el mero día del inicio de la primavera. Ah, qué alegría. Recuerdo con emoción el día que mi vecina Cecy Kanter fue elegida y hubo comida en su casa, fui de chalequero, hasta que mi mamá (preocupadísima, porque no sabía dónde estaba) me fue a traer del pelo. Fue una de mis primeras pintas de casa. No sé por qué no pedí permiso, la alegría del instante me jaló con la plebe y olvidé que debía llegar a comer a casa.
Algo similar ocurrió ahora y lo celebro, lo celebro por lo alto, porque he visto que desde la llegada del padre Manuelito, un joven bien entusiasta, la actividad del templo de Santo Domingo se ha intensificado. El techo necesita arreglos, dijeron los encargados, ¿qué hacer?, se preguntaron, y desde entonces han realizado diversas actividades para recaudar dinero y la más sonada y memorable ha sido la del concurso de chicas para obtener el reinado. Ahora ya comunicaron que las chicas participantes lograron recaudar más de ochenta mil pesos. ¡Pucha, genial! Las chicas participaron sabiendo que sólo una lograría el reinado, quien reuniera más paga, pero, igual que en el concurso que te contado, las chicas del templo de Santo Domingo se deben sentir profundamente orgullosas, porque contribuyeron (como si fueran mecenas) para la reparación del techo del templo. Casi puedo decir que nos pusieron la muestra, el templo católico es de todo Comitán. Pregunto, sólo pregunto: ¿la autoridad municipal ya dio paguita para la reparación del techo? ¿El gobierno federal -dueño del inmueble- ya soltó paga? No sé, por eso pregunto. Muchas personas bien intencionadas han puesto su granito de arena, pero el grano de oro fue puesto por las chicas participantes y el más luminoso fue el que aportó Evelyn, porque ella fue quien consiguió más paga y con ello obtuvo la satisfacción de ser elegida la primera reina del templo de Santo Domingo. Un hecho histórico en el pueblo.
No sé a quién se le ocurrió tal idea, pero fue sensacional. Fue un acto con causa. Comitán debe agradecerlo, no sólo la comunidad religiosa, no sólo la comunidad católica, sino todo el pueblo, porque el templo de Santo Domingo es nuestra iglesia grande, edificio emblemático, es parte de nuestro patrimonio arquitectónico, símbolo de nuestra identidad.
Evelyn es una chica estudiante del CBtis 108, es, por supuesto, creyente, católica, hoy está contenta por su nombramiento y cumple ya con gran entusiasmo su encomienda.
Celebro cuando una persona hace lo que le corresponde, cuando no jode al prójimo, cuando su actuar es congruente con las ideas que manifiesta. En este caso, muchos católicos se muestran congruentes, aman al prójimo como se aman a sí mismos, porque la campaña que este grupo ha emprendido es digna de felicitación, están chambeando para arreglar el techo del templo, un edificio (ya lo dije) que es de todos los comitecos y comitecas. Luis Arturo, desde San Luis Potosí, se unió a la causa y donó una imagen religiosa para que fuera rifada, para que se consiguiera un poco de paguita; de igual manera, junto con el licenciado Greene, promovieron una nueva edición del libro “Así te recuerdo Comitán”, de la querida Doña Lolita Albores, pero ¿qué creés?, dicho libro no se ha vendido como se esperaba. Te juro que pensé que el libro iba a volar como pan caliente. ¡Naranjas! Esto es penoso, porque nos demuestra lo que siempre han dicho los sabios, los personajes del pasado ya no figuran en el presente. Hoy se lee poco y más poco lo que nuestros autores han escrito. Pero, bueno, una de cal por las que van de arena, las chicas participantes en el maravilloso concurso de la Reina de la Fiesta Patronal de la Parroquia de Santo Domingo consiguieron paguita y la que más consiguió fue Evelyn.
Posdata: que su Dios siga bendiciéndoles y que les siga mandando paguita. En nombre del pueblo damos las gracias y estaría bueno que no sólo diéramos las gracias, sino también paguita para ayudar al mantenimiento de ese edificio. A ver si las autoridades gubernamentales se mochan tantito.
¡Tzatz Comitán!
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